lunes, 22 de junio de 2009

Sobre decoración y buen gusto

1. Una máquina del millón. Imprescindible para adornar con sus sonidos y su bolita que suba y baje incontables noches románticas.

2. Una cabeza de toro/ciervo/jabalí/reno/contable para poder colgar en sus colmillos o cuernos las llaves, los paraguas y las bufandas. Te ahorras el perchero y el colgador. Y encima es estético.

Para colgar los abrigos esto va de puta madre.

3. Una de esas lámparas tan divertidas que el pie es una mujer desnuda y que cuando se encienden se les ilumina los pezones. A los críos les encanta.

4. Un cuadro de dos cabezas enormes enamoradas que se miran a los ojos con ruiseñores y unicornios correteando por detrás, ninfas sentadas en flores, puentes, arco irís (mínimo tres), con tono de azul noche, muchas estrellas, un rio o dos y si se puede meter un acantilado, pues mejor.

5. Naturalmente, espejo en el techo y neón de alguna marca de cerveza.

6. Cama redonda, de agua, sábanas de seda roja.

Esta cama también valdría. ¡Pero mirad qué feliz se le ve a la muchacha!

7. Una imagen de un Cristo. Sí, ya sé que no soy religioso, pero es que está imagen es la monda lironda. Es una figura a tamaño real con las llagas en las manos. Se llena una pipeta de mercromina o agua con colorante y cuando se apreta, el Cristo sangra por las llagas. Delirante. Tronchante. Esto anima cualquier fiesta.

8. Otra imagen de Cristo, pero ésta para la habitación. La gracia está en que cuando te mueves los ojos del hijo de María se abren y se cierran. Ahora sufro con los ojos abiertos, ahora con los ojos cerrados, ahora con los ojos abiertos... Imaginaos lo que debe ser en según que situaciones que ocurren en una casa.

9. De sillas, cajas de fruta. Es estético y, además, sirve para ir al mercado ahorrando la bolsa de plástico y colaborando con el medio ambiente.

10. Una cama elástica.

Y si no puede ser cama de agua, una combinación de ambas para el salón.

11. Una figura de Lladró de una pastorcilla dando de mamar a un ternero mientras una oca le sube las faldas.

Éstas son algunas de las ideas que me han boicoteado para la decoración del piso. ¿Os lo podéis creer? Y por eso os pido vuestra ayuda, si consideráis que las ideas son buenas, que merecen la pena, que debo luchar por ellas, sispli, dejadme un comentario de apoyo. O si tenéis alguna idea que vaya en la idea de la decoración elegante y art decó que quiero darle a nuestro nuevo hogar.

Y si no os gustan las ideas también podéis dejar un comentario... qué le vamos a hacer. Seguro que A. lo agradece y conseguirá nuevos argumentos para no dejarme un póster de Carmen de Mairena como punto kitsc y gracioso.

domingo, 21 de junio de 2009

Visto y oido

1. En la librería. Dos señores con aspecto de personas que saben pensar y que dicen palabras esdrújulas y difíciles. En las manos, un libro de Sorolla.

- No, no me lo llevo - dice uno de ellos al librero dejando el libro encima del mostrador. Dice a su compañero -. El problema de Sorolla siempre ha sido el mismo... no saber cómo atrapar bien la luz. Además, el retrato del caballo no es realista.

Intento del librero de no desencajar la mandíbula. A ver, entiendo que no te guste Sorolla (bueno, en verdad no lo entiendo), pero que digas que no sabe... él... la luz... ¡no me toques las pelotas! Debe der ser uno de esos tipos que fundan un clubes de sobrevalorados, citan mal a Oscar Wilde e intentan desesperadamente demostrar al mundo que como son muy listo, su apreciación del arte es diferente y correcta. Jodidos pseudointelectuales.

Es verdad, aquí no hay luz ni mierda ni ná.

2. Nuevamente en la librería.
- Un libro para una señora mayor. Le gusta mucho leer.
- A ver... está éste... y éste... y éste... y éste... y éste...
- No, no, no, no sé, no, no.
- ¿Y un libro de cuentos?
- ¿Cuentos? Te he dicho que es para una persona mayor.
- Bueno, cuentos para adultos.
- No, cuentos no. Es una persona que le gusta leer. Que le expliquen una historia de principio al final. Además, a mí no me gustaría que me lo regalaran.
- Ya, pero no es un regalo para ti.
- No, pero regalar un libro de cuentos sería como insultar a la persona.

3. En la calle paseando con A. Un chico y una chica. Ambos visten de blancos. Él tiene el hálito de los elegidos. Ella, si lo mira con más admiración, en cuanto de un paso resbalará.

ÉL: Lo que pasa es que yo soy Medium (se coloca bien el flequillo).
ELLA: ¿De verdad?
ÉL: Sí, aunque nunca he desarrollado mis facultades (se coloca bien el flequillo).
ELLA: Guau...
ÉL: ¿Verdad? (se coloca bien el flequillo).

La médium de la tele. ¿Todos los médiums llevan el mismo peinado?

4. - Lo que pasa es que tú estás muy enamorado y yo estoy muy ocupado.
Frase dicha por un amigo delante de su pareja.

5. Una buena amiga.

- Tú a tu pareja siempre tienes que decirle que está estupenda. Aunque esté horrible. A veces me pongo delante del espejo y empiezo estoy horrible, mira las piernas, estoy vieja y entonces X viene y me abraza y me dice que estoy estupenda. Y se me pasa la depre. Pero no me lo dice por mí, no, lo dice por él. Porque si me dice que no estoy estupenda me entra la depre, si me entra la depre me emparanoio y si me emparanoio luego no hay chiqui chiqui. No es listo ni nada. Pero a mí ya me va bien.

6. La misma amiga.

- Pues mírame a mí, lo sobada que estoy y lo estupenda que estoy.

Y mañana hablaremos del boicot que me están haciendo por el tema de la decoración del piso.

¿Tan horrible es proponer una lámpara como ésta para poner en la mesita de noche?

viernes, 19 de junio de 2009

Lecturas

La mujer que lee.
Plaza II de mayo, Barrio de Malasaña, Madrid.

jueves, 18 de junio de 2009

Malasaña Connection III (y final)

Después de horas de ingesta alcohólica descontrolada para convencer a nuestros posibles, pero no seguros, pero no descartables terribles y quizá inexistentes enemigos solo producto de la paranoia que la Agencia nos transmite desde el primer día, pero a lo mejor no, de que Cesc y yo sólo eramos dos hermosos, apuestos e inteligentes catalanitos en Madrid en manos de una simpática, pero cada vez más violenta, guía llamada Bellota nos reunimos con Marta, nuestro agente logístico, en una plaza cuando en el barrio de Malasaña tocaron las diez y pico en algún reloj atrasado. Cesc había entrenido el tiempo robando teléfonos móviles en las barras de los bares para, según él, conservar las manos ágiles (se crió de pequeño en un barrio duro sin suelo y para subsistir tuvo que agenciarse los objetos personales de las cada vez más ruidosas hordas turísticas de Igualada).

Apareció Marta. Sus ojos asustados vigilaban las calles.

- Creo que me han seguido.

Quizá la Otra Agencia estaba detrás de nuestros pasos.

- O a lo mejor no.

Quizá la Otra Agencia no existía.

- O a lo mejor sí y no me he dado cuenta porque quien creía que me seguía no era la persona que me seguía y quien me seguía me ha despistado.

- Vamos a tomar una caña – dijo la agente Bellota -. Así los despistaremos.

- ¿Qué tal han ido las croquetas?

Silencio.

Flasback

Casa Julio. Hora indeterminada porque no llevaba reloj. Entramos. Pensamos que es un buen lugar para hacer el intercambio. Nos sentamos. Y nos enteramos de por qué Cesc quería venir a este lugar precisamente. En una de las paredes cuelga una foto de uno de nuestros agentes más concienciados socialmente, pero más inútiles en misiones de tierra: Bono, el que tiene como tapadera pertenecer al grupo músico-vocal U2. Hablamos con una venerable señora que dice ser quien prepara las famosas croquetas.

Casa Julio y sus imprevisibles croquetas.

- Pues sí, Bono estuvo aquí, pero no comió croquetas. Comió tortilla que también me sale muy buena y café. Mucho café. Muy simpático el señor con sus gafas y su inglés. Los otros eran unos sosos. Me dijo que muy buena la tortilla. Le dije que nada, que ya sabía donde estaba su casa. Y luego me llamaron de Nueva York para preguntarme si me gustaban los boleros. Hombre, no me disgustan, pero tanto como para ponerme a escuchar un disco. La verdad es que prefiero el trash metal y la coprofagia vaginal. ¿Les pongo unas croquetas?

Aceptamos. ¿Qué podía pasar? Nos puso delante doce enormes croquetas de queso, de espinacas con frutos secos, etc. Bellota cogió uno de los tenedores. Partió una de las croquetas, la pinchó y entreabrió los labios mientras su lengua emergía para acariciar el relleno.

- ¡Detente! – dije.

- ¿Qué pasa?

- Mira a tu alrededor.

La gente se afanaba sobre las croquetas. Comían ansiosas la pasta y el relleno. Empezaban a babear. Se entelaban los ojos. Las manos empezaban a temblar y a hacer movimientos espasmódicos. No controlaban su cuerpo. Empezaron a emitir un extraño olor corporal que invitaba a encerrarse en una piara de cerdos para respirar aire puro. Se les caían los pantalones y sus antes entendibles palabras se convirtieron en simples gorjeos incomprensibles. Empezaron a empujarse unos a otros.

No, no se habían convertido en adolescentes.

Zombies. Habíamos asistido al nacimiento de una plaga zombie.

- ¡Nunca conseguiréis los documentos! ¡Nunca! ¡El mundo será nuestro! ¡O no! - eran las carcajadas de las venerable señora desde la cocina. Aunque también podría haber sido el ruído de la fritanga.

Los tres nos miramos y en un momento supimos lo que teníamos que hacer. Para esto nos había entrenado la agencia, para eliminar a unos cuantos no muertos en un espacio reducido sin aire acondicionado.

Aspecto que teníamos al salir de Casa Julio.
Luchar contra zombies siempre te cambia.

Fin del flasback

- Bien, hemos matado a una quincena de zombies y casi nos vamos sin pagar.

Cañas y más cañas. Cena de fritanga. Un par de reyertas con ninjas bulímicos de los que se encargó Marta solita gracias a sus conocimientos del sutil arte del ikebana. Conversación de última hora de la noche sobre el futuro, sobre la Agencia, sobre los peligros que comporta ser agentes secretos. Bellota nos explica su sueño de un negocio propio para repartir obleas entre la gente que se porte mal. Cesc se apunta encantado. Se reparten obleas (también conocidas como hostias) a cinco euros el par. Marta disfruta de la violencia que se respiraba en el bar. Filmación de una snuff. Un par de tiroteos al salir y medio barrio en llamas. No aparece en las noticias porque la Agencia difunde la noticia de una nueva pandemia de furor sexual entre las personas que en su nombre tenga una A y que las caquitas de Messi de esa mañana eran un poco claras. Se detiene el país.

Nos despedimos de Bellota. Ha sido un placer trabajar con ella. A dormir.
Fin del primer día de viaje.

A la mañana siguiente:

- Visita y matanza en el Rastro siguiendo el ídem de una posible red de narcotráfico de oregano adulterado.
- Búsqueda de códigos secretos en libros de viejo donde aparezca la palabra Nueva York. Son libros muy peligrosos que contienen información espeluznante y de mucho susto.
- Más fritanga y comer de pie.
- Comer sentados más fritanga.
- Cañas, aunque alguien se da al agua.
- Despedida de Marta en el areopuerto. Haz buen uso de los libros.
- Vuelo tranquilo si no contamos el hecho del secuestro por terroristas prusianos que nos llevó a vivir inimaginables aventuras en Jamaica/Helsinky/Buenos Aires/San Luís de Potosí/La Habana/Ódena/San Francisco/Teruel y casi, pero al final no porque no nos dio tiempo, Saigon. Si queréis, otro día os las cuento.
Imagen que corresponde a nuestras delirantes aventuras en Helsinki.
El de la foto es Cesc disfrazado para pasar desapercibido.

Gracias al simpar Capitán Chistorra por capturar este momento.

- Vuelta a casa.

Y os preguntaréis si al final de la aventuras hicimos el tan importante y vital intercambio de documentos que cambiarían la historia de la humanidad para siempre jamás. La verdad es que no. Nos olvidamos. Es lo que tiene ir a pasar unos días a una ciudad como Madrid, que su gente te acoge, te aprecia, te hace sentir bien, te da su cariño y amistad, te cobra sus cervezas y lo olvidas casi todo salvo pasarlo bien y querer a las personas con quien estás.

martes, 16 de junio de 2009

Algunas cosas que he aprendido en unas semanas de convivencia

1. Posiblemente la peor frase que se puede decir cuando se empieza a vivir con alguien es: "Voy a traer mis pantalones viejos cómodos de estar por casa". La única prohibición. Nada de pantalones viejos. Si quiero pantalones cómodos, me los compró nuevos. Pero, ¿cómo pueden ser cómodos unos pantalones nuevos? Lo comento con una amiga. ¿Cómo se me ocurre ni siquiera mencionar ese tema? Pantalones viejos cómodos... ¿Por qué los hombres tenéis esa fijación en piezas de ropa viejas, roñosas, feas y espantosas para poneros por casa?

2. Dalsy, a parte de ser la pronunciación china del nombre de un personaje de Jane Austen, según parece es mano de santo para cualquier pequeña indisposición de un niño.

Dalsy apareció y con él se fue el dolor de barriga y la indisposición.
¿Milagro, ciencia, casualidad? Y con jeringa incluida.


Lo que me llevó a una de mis graves y profundas reflexiones, ¿por qué los medicamentos tienen nombre de personajes de novelas de fantasia heróica? Baccidal, el elfo. Ibuprofeno, hijo de Ibrupox, gran mago de las legiones oscuras de Caos y mitad. Amoxicilina, guerrera bárbara de las legendarias e ignotas tierras del norte. Gelocatil, el pícaro kender adicto a las setas alucinógenas y las rubias de largas piernas. Thiordem, paladín al servicio del justo, pero disecado rey Flatoril. Salbutamol Aldo-Union, terrible grey de asesinos en la ciudad de Menjugate. Etc.

3. Las acelgas están buenas. En serio, nunca lo habría dicho. Con patatas y habas, pasado todo por la sarten con aceite y unos trocitos de embutido frito.

4. Lo feliz que puede hacer que traigan vuestra primera nevera.

5. Que el amor es una forma de desmadurar juntos.