jueves, 10 de diciembre de 2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

Lecturas imprudentes - El divino marqués

Con catorce años mis padres me compraron una colección de libros entre los que encontré Justine o los infortunios de la virtud, de El marqués de Sade. Le comenté a un conocido que sentía una enorme curiosidad por leerlo. Su respuesta fue:

- No lo hagas. Con la edad que tienes aún conservas una inocencia respecto al sexo que seguramente el marqués te arrebataría para siempre.

Naturalmente, después de aquellas palabras me abalancé sobre el libro y lo devoré en tres febriles noches. Y entre pulsiones, malas caras, desagrado e incredulidad, me sorprendí a mí mismo lanzando más de una carcajada por las desventuras de esa tontolaba de Justine.

¿Si destruyó algo de mi inocencia respecto al sexo? Bueno, me dio cierta flexibilidad, cierto humor y cierta teoría, pero a la hora de la verdad fui tan inocente y torpe como todos. Quiero decir que con los pantalones bajados por primera vez ante una mujer, a uno se le olvida toda la literatura leída.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sobre blogs, comentarios y lavabos públicos.

La entrada que inicio ¡AHORA! tiene su origen en dos lecturas recientes.

Pero antes, una petición.

Exijo desde ahora mismo un ganchito en las puertas de los lavabos de todos los lugares públicos, especialmente en bares, cafeterías, discotecas, estaciones y areopuertos. Porque una persona entra y va a hacer pipi o caca y se tiene que quitar la chaqueta. ¿Y dónde la deja? Colgada de la puerta, diréis. No. Porque se puede caer en esos charcos de procedencia misteriosa y que albergan extraños fluidos de no se sabe donde. Un gancho, exijimos un gancho, ya.

Aquí iba a poner una foto de un lavabo público, pero hasta yo tengo mis límites.

Y ahora vayamos al meollo de la cuestión. Lo que me ha llevado a esta entrada es:

1. Una de esas siempre oportunas e interesantes reflexiones que el bueno de Sebastián nos hace en su blog.

2. Un mail que el buen amigo de Albert me envió preñado de buenos consejos para intentar solucionar, o por lo menos llevar con elegancia, los problemas que tengo con la conexión a Internet en casa.

Así que vayamos por partes que es como mejor salen las autopsias.

El amigo Sebastián reflexiona sobre los blogs y sobre la categoria clasista de estos que por no se sabe qué motivos se establece. Me explico. La calidad y la importancia de un blog se mide por los comentarios que éste recibe. Muchos comentarios es bueno. Pocos, es malo. Naturalmente, ni él ni yo estamos de acuerdo con una valoración así; valoración que es habitual.

- ¿Tienes un blog?
- Sí.
- ¿Y cuántos comentarios recibes?

¿Importa?

Quiero decir que creo que una persona no abre un blog y empieza a explicar su vida, sus fantasías, sus cines y cervezas y cosas de esas para encontrar comentarios. Creo que una persona lo abre porque considera que tiene algo que decir y tenga o no tenga comentarios lo hará igual. Y un blog es una herramienta para compartirnos con el mundo, para inventarnos un personaje que escribe que tiene mucho o poco que ver con nosotros. ¿O acaso también en eso dependemos de la opinión, la aprobación y la visita de los demás? Yo escribo para divertir y para que me lean, no importa si conozco o no a quien esto lee.

Y a ver, tampoco seré hipócrita, porque yo soy el primero que le encanta que le comenten las entradas y me hace una ilusión terrible ver que tengo tres o cuatro comentarios, pero no abrí un blog y no le dedico mucho tiempo de mi vida por ese motivo.

Nop, un blog se alimenta de sus lectores, de las ganas de su autor y de conexión a Internet.

Los motivos que me llevaron a abrir un blog y a conservarlo tras casi un año y medio son:

1. Hacer reír a los posibles lectores.
2. Conocer gente.
3. Divertirme mucho haciéndolo.
4. Centro de experimentación literario.

Y lo haría igual si tuviera comentarios como si no. Porque sé que mi mensaje...

- ¿Mensaje ha dicho?
- Sí.
- Madre de dios... ¡qué crecido está!

... alguien lo lee. Y si ese alguien me deja un comentario, bienvenido. El blog se enriquece, pero no depende. Lo peor es cuando algo que se hace por gusto se convierte en obligación.

Lo que me lleva a una reflexión sobre algo que me ha dado el blog y que enlaza con el punto dos. Conocer gente. Porque lo mejor de haber abierto un blog es la gente que he conocido.

Desde que se oí hablar por primera vez de esto del internet que siempre venía acompañado de argumentos en su contra que hablaba de la enajenación, separar de la realidad, dejar de relacionarse con personas, etc. Adicción, estatismo, mutismo, zombizicados delante de la pantalla. Alejados de la realidad, la calle y las personas.


Y no digo que no haya pasado, pero no exageremos. Son argumentos que también aparecieron cuando se masifició el uso de la televisión, del teléfono, del telégrafo, de la imprenta, de la escritura, del fuego, etc. El miedo al cambio y todo eso y que hay personas que no saben cómo manejar lo nuevo. Como utilizarlo y evitar ser utilizado. Como con la iglesia, vamos.

En mi caso ha sido todo lo contrario. No me he encerrado más en mi pequeño mundo, sino que se me ha abierto mucho más. Y es que lo que he encontrado en estos mundo de internes es una extraña comunidad de amigos/conocidos/saludados que nada tienen de virtuales. Personas con las que compartes unos momentos por pantalla de ordenador y que se convierten en partes importantes de la vida. Hay como una curiosa sensación de solidaridad, de compañía, de amistad.

Y pongo ejemplos:

1. Digo que busco un libro y una muchacha que vive en Londres me lo envía.
2. Recibo mails que preguntan cómo estoy con eso del sueño o sencillamente porque han visto un vídeo que han pensado que me gustaría.
3. Alguien publica un libro de poesía y me ofrezco para promocionarle en la librería donde trabajo.
4. Felicitaciones de cumpleaños.
5. Saber que si un día me voy de viaje a México, Argentina, Galicia, Madrid, Granda, etc. puedo avisar a unas personas y con toda seguridad estaremos compartiendo unas cervezas y unas palabras. Lo mismo si esas personas vienen un día a Igualada.
6. Una visita de alguien a Igualada. Una visita de alguien a Madrid.
7. Proyectos, colaboraciones y risas.
8. Y amistad. Porque no se me caen los anillos (como se suele decir) en considerar grandes amigas a unas cuantas muchachas que me he encontrado por aquí.

El blog no me ha cerrado ningún mundo, sino que me lo ha hecho mucho más grande. Y lleno de personas para conocer que son un bálsamo para mi absoluto pesimismo con la raza humana. Cuanto menos confio en ella en general, más importancia doy a las relaciones uno a uno.

Y si pensáis después de leer esto que esta entrada no la he podido escribir yo, que seguramente alguien se ha echo pasar por mí, o me han lobotomizado, o unas vainas enormes se esconden debajo de mi cama, tranquilos, no me ha pasado nada de eso.

Pero, eso sí, gracias a Internet he conocido a una gente muy maja. ¿Queréis conocerlos?



Venid... venid... unios a nosotros... unios...

jueves, 3 de diciembre de 2009

Sobre sueños y pintura experimental rusa

No sé si lo he comentado alguna vez, pero en mis pesadillas suelo ser monotemático.
Salen zombis.


Con posibles variantes y disparidad de argumentos. Porque mis sueños no se forman por imágenes sueltas o sensaciones, sino que constituyen toda una narración perfectamente coherente y filmada (mis sueños tienen textura de cine por lo que aparecen sus planos, contraplanos, picados, movimientos de cámara, travelllings, efectos especiales, banda sonora y una vez incluso subtítulos). Así que gracias a mis recurrentes pesadillas llegué a conformar una pentalogía zombie bastante apañada que si queréis un día os explico con lujo de detalles. Avanzo, eso sí, algunas cosas:

1. En la segunda parte tenía una hija que huía conmigo de una Igualada infestada de zombis. Al final del sueño la perdía en la estampida que se originó en el tunel de Bruch.
2. En la cuarta parte me encontraba con vacas zombis y una sociedad de ricos ociosos que se dedicaban a sacrificar personas a zombis que tenían encerrados para divertirse.
3. Historias que incluyen reflexiones sobre quién es el verdadero monstruo y cosas de esas.

Ah, y mis zombis son de los lentos.

Menos los últimos zombies que han aparecido en un sueño se parecían más a este tipo:


Que no es que me parezca mal, pero supongo que mi subconsciente se dio cuenta de que estaba cayendo en la autoparodia y decidió explorar nuevos territorios antes de banalizar a un monstruo clásico.

Porque desde hace unos días los protagonistas de mis sueños han cambiado.

- ¿Ahora son animadoras?
- ¿O exploradoras curiosas?
- ¿Equipos de lucha en mermelada femeninos?

Pues no. Ninguna de estas opciones. Últimamente mis sueños se han visto llenos de extraterrestres. Sip. Alienígenas. Seres de otras galaxias.

- ¿En plan Mathilda May en Lifeforce?

Ni mucho menos. De momento me han aparecido en sueños dos tipologías de extraterrestre.

1. El clásico y siempre bien recibido hombrecillo verde de toda la vida que iba sin sutilezas arrasando con todo lo que pillaba por delante.


2. La variante Invasión de los ultracuerpos con su consabido control mental y mi descubrimiento del problema, mi poca credibilidad y mi lucha contra ese tipo de pensamiento único. Descubría las personas invadidas gracias a unas gafas (innegable homenaje a John Carpenter) que me permitían ver una especie de aureola verda que emergía de esas personas. Naturalmente, personas de mi entorno más próximo eran extraterrestres. Ya tenemos el drama y los dilemas morales.

¿A qué se ha podido deber este cambio?

Una posible explicación es que estoy madurando como persona. Que estoy dejando de sentir paranoia por una amenza imposible, pero más que problable (un ataque zombie) a favor de una amenza improblable, pero más que posible (un ataque extraterrestre). También creo que se debe a la sobresaturación que últimamente recibo de los zombis y que me hace decantar por otros posibles focos de paranoia. Aunque creo el motivo de que ahora se me aparezcan extraterrestres se deba a una obsesión que tengo de bien pequeñito.

En ocasiones, en una película o una serie de televisión se habla de qué se pediría si aparece un genio y concede tres deseos. Aunque los deseos en sí suelen cambiar (y van desde tenerla más grande, a ser feliz, a tener mucho dinero, a ser invisible, y etc.) uno de ellos siempre está presente.

La paz mundial.

Y yo siempre he creído que era un mal deseo. No porque esté en contra de la paz, que no es el caso, sino porque lo considero un deseo poco pensado e imprudente. Y egoista, porque no decirlo. Porque pongamos por caso que un día un precioso niño de ocho años pide a un genio la paz mundial y el genio se la concede. De repente las armas desaparecen, los países firman acuerdos, las fronteras se abren, los dictadores ceden el poder a fuerzas democráticas y se retiran con sus respectivas colecciones de porno, los hombres rata de Ucraina dejan de arrasar los campos y las familias monoparentales, los niños del barrio de la Lata dejan de tirar piedras a los niños del barrio de la Plata y en todo el mundo se hace una gran fiesta mayor de felicidad, hermanamiento y concordia.

¿Adónde conduciría esta situación? A parte de aumentar los índices de paro y la esperanza de vida, nos dejaría a merced de las posibles invasiones extraterrestres que con toda seguridad se abalanzarían sobre un planeta indefenso. Y, halá, la raza humana volviendo a hacer el ridículo y convertida es esclava de una raza superior de tostadoras mutantes, o insectos gigantes, o amazonas plantígradas.


¿A que no es muy inteligente?

Por tanto, niños y niñas, hay que pedir siempre como tercer deseo la paz universal para procurar que los posibles habitantes del insondable universo nos dejen tranquilos. ¿De acuerdo? Además, sería egoista pedir la paz sólo para el planeta Tierra. ¿Y si en la otra punta de la galaxia hay dos civilizaciones en guerra perpetua y a punto de la extinción? ¿No les estaríamos haciendo un favor?

La paz para todo el universo. Conseguido eso podríamos desabrocharnos los pantalones y disfrutar del resto del día.

- Pero...
- ¿Sí?
- ¿La paz universal no nos dejaría a merced de la invasión de una civilización de otra dimensión y/o universo paralelo?
-...
- ¿Y cómo hemos llegado a hablar de esto?
- Ni idea, en esta entrada quería hablar de pintura experimental rusa.
- Es que te acabas liando y ya se sabe...
- Sip.

martes, 1 de diciembre de 2009

Pues empezamos bien...

Diciembre. Mes de un frío de cojones, cenas navideñas, reuniones con familiares, cagar el tió y cosas de esas...

La frase anterior me la podría ahorrar porque no viene al cuento, pero ya que está escrita la dejo. Son las tres y media del primer día de diciembre y vuelvo a estar entre mapas. Suena exáctamente la misma música de la última vez y me llega a los oídos una conversación que no quiero oír, no quiero oír, no quiero oír porque es algo personal y no me apetece enterarme de los problemas de esas dos personas. Pero las palabras siguen llegando. Es lo que tiene ser el único cliente del bar.

Sigo con mis problemas de conexión a internet...

Tengo un servicio contratado que desde hace casi un mes no me funciona. Todas y cada una de las llamadas que he hecho al servicio técnico de la compañía que me proporcionó el router no me han servido de nada... bueno, sí, cabrearme y calentarme la oreja con el teléfono. ¿Qué compañía decís? Bueno, no diré el pecador, pero dejaré una pista para bien que lo pilla.


Los del servicio técnico son personas amables. No como las cancerberos que atacan en primera línea de fuego, hablan tan rápido que se oye como se rompe la barrera del sonido e intentan por todos los medios que en un momento de despiste digas un sí que ellas entienden como que todo está solucionado.

Los del ST hablan conmigo, de hacen mover el ratón y me dan este tipo de soluciones:

1. Miré las pantallitas de abajo. ¿Qué sale? Pues no debería salir eso.
2. ¿Está conectado?
3. Es cosa de una antenas. En un par de días debería estar arreglado.
4. Le apunto la incidencia para una revisión (que luego resulta que no apuntan nada y cuando reclamo, pues nada, cara de imbécil que es una de las mejores que sé hacer).
5. Pues sí que es raro, sí.
6. Espere unos días a ver si se soluciona...
7. ¿Y no puede navegar dice?
8. Navege con GPRS. Es más lento, no carga cierta páginas y a veces no abre el correo, pero mientras tanto.
9. Pues no sé que más puedo decirle... le apunto la incidencia y otros se encargarán de ellas.
10. Apunto la incidencia.
11. Apunto la incidencia.
12. Apunto la incidencia.

Sea como sea no se soluciona y nos vamos poniendo nerviosos. Casi un mes sin poder consultar mi correo con normalidad (diez minutos para que se abra el correo) y cosas de esas. Y se vuelve a llamar. Y, aviso, con muy buena predisposición, humor y sabiendo que esas voces al otro lado del teléfono están haciendo su trabajo.

- No, no se anotó su última incidencia.
- Cojonudo...
- Le pedimos disculpas, pero alguien no hizo bien su trabajo.
- Vale, ¿y eso que me arregla a mí?
- Le pido disculpas. Tendría que abrir una nueva incidencia.
- Ya... ¿y cuándo lo tendré solucionado?
- No se lo puedo decir porque en principio ya lo tiene arreglado...
- Pero no me funciona.
- ¿Está conectado a Internet?
- Sí, llevo media hora conectado y cada vez que abro me sale la pantalla de error.
- Vaya... porque su zona tiene buena cobertura. ¿Vive cerca de la policía nacional?
- ¿Y eso qué tiene que ver?
- Nada, nada... ¿La abro una incidencia?
- Es que no me soluciona nada... llevo cinco llamadas hoy y nadie me dice nada y me pasan de una persona a otra y no soluciono nada...
- Lo lamento...
- ¿Me puede poner con el departamento de bajas, por favor?
- ¿Con servicio técnico?
- Con el departamento de bajas.
- Sí, un momento.
Canción horrorosa...
- Estamos intentando ponerle con el departamento de baj...
Clik
- ¡Han colgado!

Y vuelta a empezar.

- Holasoylijsoidjbievenido enquepuedoayudarle
- Perdona, ¿tú nombre?
- ¿Qué?
- ¿Tú nombre?
- XXX - ¿Por qué siempre es un nombre trisilábico?
- Vale, te explico la misma historia...
- ¿Es usted el titular de la línea?
- No, soy su pareja.
- ¿La titular está en casa?
- Sí.
- Que se ponga.
- A. ponte.
- Sí bla bla... sí soy la titular... sí.... departamento de bajas.
Clik.

Han vuelto a colgar.


Pues nada se vuelve a llamar.

- Mira, esta es la tercera vez que llamamos para que nos pongan con el departamento de bajas.
- Ahorita mismo le paso, un momento por favor.
Música horrible.
- Departamento técnico.
- No, he pedido con el departamento de bajas.
Clik.

Total que después de muchas llamadas, cabreos y perdernos una siesta conseguimos hablar con el departamento de bajas. Una muchacha muy amable también con nombre trisilábico. Me escucha, me entiende, me pide disculpas y me dice que para darme de baja tengo que pagar 150 euros.

- ¿Qué?
- Sí.
- A ver si lo entiendo. Me estáis cobrando un servicio que no tengo, no me solucionáis el problema, no me apuntáis las incidencias que me ocurren por lo que no puedo solucionar el problemas, no puedo trabajar en casa, porque parte de mi trabajo lo hago en casa e internet no lo utilizo para bajarme porno o música, cuando llamo se me falta el respeto, se me cuelga tres veces cuando pido que me comuniquen con bajas, me marean de un lado a otro durante cuarenta minutos, me hacen esperar oyendo una música espantosa y repetitiva de una estrofa de duración, me estáis alterando y poniendo de mal humor, no me ofrecéis una solución factible porque la única que me decís es que espere a ver si se arregla, entiendo que al no darme lo que estoy pagando soís vosotros los que rompéis el contrato y encima de todo esto me dices que tengo que pagar por una cantidad infinita de errores vuestros.
- Sí.

Y sabiendo lo injusto que es esto, que no se puede generalizar, que hay personas que hacen bien su trabajo y todo eso pero

¡Hijos de puta! ¡Pero qué pedazos de hijos de puta que soís!

Y es por esto por lo que no actualizo lo que quisiera ni contesto los mails y cosas de esas. Porque estoy pagando un servicio que no me dan y no puedo acceder a Internet en el confortable calor de mi hogar. Seguiré luchando para ver si lo soluciono en los próximos días, o al menos antes del 2012, y consigo volver a una mínima normalidad.

Y si nada de esto funciona, pues nada, llamaré a mi tito, que él si que sabe solucionar los problemas con el diálogo.