lunes, 21 de febrero de 2011

Fotógrafos - Barbara Morgan

Bárbara Morgan
(Buffalo, Kansas, 1900 - Tarrytown, Nueva York, 1992)







domingo, 20 de febrero de 2011

Últimas películas vistas en el cine y lo que me han parecido en opinión rápida y superficial

Más allá de la vida (After pa llá de la live), Clint Eastwood.

Después del disgustarro que me llevé con Invictus (aburrida, soporífera, partidos mal rodados, simplista, etc.), tenía ganas de quitarme ese mal sabor con uno de esos ejercicios de cine que Eastwood cuando quiere sabe hacer (ej: El jinete palido, Bird, Sin perdón, Million Dolard Baby, Corazón blanco, cazador negro, Mistic River o aquella preciosa y pequeña El aventurero de medianoche). Y el disgusto me lo quité a medias. Un gran prólogo el de tsunami, el tempo ese de "pa-que-correr-si-tenemos-tiempo" al que nos tienen acostumbrado Eastwood, el sabor clásico que sabe moderno, la fuerza y atractivo de Cecile de France, una cata a ciegas, la escena del metro. Pero... pero la película se queda a medio gas con una desarrollo y una conclusión excesivamente complacientes. Poco riesgo y todo muy bonito, cuando lo que imperaba era un tono sombrío. Querer la redención de sus tres personajes. Buscar una salida que suena a falsa. Según Jordi es que Eastwood ya le ve las orejas al lobo y quiere asegurarse la tranquilidad del alma. Y, por cierto, y dejando de lado la película, me di cuenta que en la bolsa de chucherías del cine ha desaparecido el ladrillo. Mal rollo.

RED (en inglés también es RED, vamos, rojo o bermellón que era una canción de Rocío Durcal que decía busca que te busca, busca el bermellón, y luego se liaba a decir colores ), Robert Schwentke

Una inmensa chorrada. Del cómic original no queda nada (bueno, la calva del protagonista) y lo que ofrece es un conjunto de tiros, chistes sobre la edad, actores serios no interpretando, la sonrisa que todos conocemos de Bruce Willis, más tiros y la imagen de Helen Mirren agarrada a una metralleta y liándose a tiros.

Reconozco que me entretuvo, pero advierto que tengo una facilidad inmensa para dejar el cerebro en casa y tragarme casi cualquier mierda que me echen el una pantalla grande y pasármelo bien (las excepciones a esta regla suelen ser cualquier película que tenga un punto de relación con Michael Bay y, lo siento, cine español con honrosas excepciones). No la recomiendo y reconozco que pensado friamente tiene pocos atractivos y pocas cosas que justifiquen su visionado. Tampoco esta vez había ladrillo en las chucherías.

El discurso del rey (The king dicursso o speech que tambíen se puede decir), Tom Hooper.

Película que me gustó mucho. Y eso que parte de un material que consigue sacar lo peor de mí y que ha provocado que a mis ojos se hunda la carrera de muchos actores (ej: Michelle Pfeiffer y aquel engendro de las mentes prodigiosas). Para que nos entendamos una película que reune las siguientes características:
- Basada en hechos reales.
- Una historia de superación.
- Alumno problemático + profesor con métodos especiales.
- Amistad entre dos personas que ámbitos muy distintos.

Como leí no recuerdo dónde, solo los ingleses pueden hacer una película con todo esto y que el espectador se la trague con ganas. Supongo que se debe al humor que impera por toda la película, el buen hacer de todo el reparto, la particular gracia de los encuadres y Geoffrey Rush, el único heredero posible del legado del inimitable y mítico Vincent Price. Los ladrillos de las chuches definitivamente han desaparecido. ¿Recorte de gastos o conspiración mundial?

Enredados (Enredation two half), Nathan Greno y Byron Howard

La mejor película Disney (que no Disney/Pixar) en años. Fui a verla con A., Niño Lobo y Niña Zombie un domingo por la tarde a las seis. Sí, podéis llamarme loco y suicida. Pues, oh sorpresa, silencio y atención en todo el cine a lo que sucedía en pantalla. Una historia entretenida, unos personajes carismáticos (grande el camaleón), la princesa Disney que más me gusta y una mala con unas peras, quiero decir, con unas tetas que vamos. Se notaba la ascendencia siciliana en la mala. Y encima iba escotada... anda que las malas salían así en las películas de dibujos de crío, todas tapadas hasta el cuello. Vamos, que me lo pasé muy bien, me divertí, pido una película sola para el grupo de maleantes de la taberna (y es que todos pueden perseguir su sueño), es emocionante, muy bonita, muy tierna y recomendable.

Eso sí, no podía ser perfecta. Dos audiciones que vinieron a querer arrancarme los oídos de cuajo... no, de querer arrancar la garganta, los pulmones, las cuerdas vocales y todo el aparato fonador a los responsables del desaguisado de la canción de los títulos de crédito finales. Con todos mis respetos, pero señor David Bustamante y señora Marta Sánchez, ¿qué les han hecho los niños para cantar así? Inenarrable y torturante.

Y el trailer de Torrente 4. Vamos a ver... se apagan las luces, empiezan los anuncios de todas esas películas que no iremos a ver y la primera es el vídeo ¿musical? con la ¿canción? estrella de las nueva andanzas de Torrente. ¿Alguien lo ha visto? ¿Alguien a visto a eso que se llama David Bisbal teniendo un ataque de epilepsia en los pasillos de una cárcel mientras cuatro chicas que ¿bailan? se van desnudando hasta quedar en ropa interior mientras el rizos va gorgoteando eso de aquí te pillo aquí te mato y enseña un pezón (¡enseña un pezón el rizos y yo queriendo arrancarme los ojos!) y sale Torrente tirándose peos y graciosillos y se pueden preveer los chistes de mariquitas en las duchas y que se me cae el jabón y todo eso? Vamos, horrible y vomitivo. La cara de los críos al ver a aquellas cuatro mozas en casi pelotas era un poema. Y los oídos del respetable por la ¿cancioncita? de los cojones y la "dicción" y "estilo" y "savoir faire" de Bisbi aun no se han recuperado.

El tema de los ladrillos necesita una entrada para él solo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

lunes, 14 de febrero de 2011

La fascinante y nunca suficientemente ponderada historia de las viejas espías inglesas lesbianas que viven en els Hostalets de Pierola

Uno de los infinitos temas de El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, John Ford, 1962) es la relación entre la historia y la leyenda. El senador Ransom Stoddard explica su historia para deshacerse (ya sea por honor o remordimiento) de su leyenda. Los periodistas que escuchan la verdad tras el mito deciden callar esta verdad y dejar que la leyenda siga viva. Es un tema clásico en la filmografía de Ford (ahora recuerdo Fort Apache) y algo muy significativo en la construcción del imaginario mitológico americano. Y diría que en todo imaginario mitológico.



¿A qué viene este prólogo y que tiene que ver con el título de esta entrada? Bueno. Primero la historia.

La librería está llena de personajes peculiares. Tenemos al Pelucas, un tipo con un desorden maniaco-compulsivo que le hace mirar todas y cada una de las páginas de un libro antes de comprarlo y que llega a pedir la retirada de toda una edición porque hay una línea en la portada que parece una arruga y eso le pone nervioso. Tenemos al Yo tengo un millón de amigos con e-book que es un señor nada respetable que siempre que viene chilla y se indigna y nos ofende y nos injuria y nos repite que nunca tenemos los libros que quiere y que si los tenemos son muy caros y que como puede ser y que él tiene amigos con e-books que se descargan quinientos libros al día y gratis y que vergüenza y que así queremos llevar un negocio, cobrando la cultura.

Y tenemos a las Hermanas Inglesas, unos personajes que aparecen por navidad arrastrando sus raidos abrigos de punto, sus carros de la compra y su olor a muerte que se acerca despacio. Entran, deambulan mascullando por lo bajo, desordenan todo lo que pueden y a la hora y media salen de la tienda con su compra de tarjetas de felicitación y libros de matemáticas. Todos los años el mismo ritual. Paseo, tarjetas de felicitación y matemáticas. Según me contó una compañera de trabajo son hermanas, viven en els Hostalets de Pierola y tienen un montón de perros.



Esta es la historia. Pero, claro, antes de la historia yo tenía mi historia. O si queréis. La leyenda. Porque para mí estas dos viejas que nos visitaban cada año por navidad con sus carros chirriantes y su olor duro y rancio a mucha vida por detrás, eran dos luchadoras, dos espías inglesas lesbianas que huyendo de su pasado y de los nazis acabaron viviendo entre perros entrenados para matar en Els Hostalets de Pierola.


Quizá tuviera una visión algo romántica de ellas pero siempre que abrían la puerta de la tienda y las veía caminando en angulo de noventa grados, con sus gorros calados hasta las mandíbulas imaginaba un Londres de 1941 acosado por la bombas. Elly corre entre los escombros. Entre sus manos lleva una cartera con valiosa información que le ha podido arrebatar a Henry, un doble agente que trabajaba para los nazis, un chico que era de su confianza hasta que descubrió a la víbora fascista que vivía en su pecho. Oye entre el sonido de las bombas y el derrumbe de los edificios como la siguen. Como Henry y sus secuaces teutones se acercan cada vez más hasta que Elly no tiene más remedio que esconderse en un convento donde conocerá a Harriet, una joven huerfana que vive con unas simpáticas monjitas que hacen unos pasteles que están... vamos... ummm... Allí entre miedos, risas, abrazos, besos y sorprendentes traiciones de alguna de las hermanas, Elly y Harriet se enamoraron.


Pero en esos momentos, con la sombra de Hitler destruyendo Europa, hay cosas más importantes que su amor. Elly escapa del convento una noche porque no quiere poner más en peligro a Harriet, pero esta la sigue. Después de una discusión y una reconciliación, consiguen entregar el maletín y su valioso contenido al alto mando. Henry muere después de una cruenta lucha y desbaratan los planes del malvado oficial de las SS Hemil Kartofen, megaespia malvado que quería esclavizar a los habitantes de York gracias a su fascinante espectáculo de sombras doradas. A partir de ese momento Elly y Harriet se convertirán en la pareja de espías enamoradas favorita del MI6 y su vida serán misiones y más misiones donde se enfrentarán a científicos malvados de las Antillas, la cabeza de Hitler y sus cansinos chistes, ejercitos de zombis gobernados por Mututa Tambú, maestro vudú y dueño de una fábrica de colchonetas de Estepona. Pelearán con krakens, con mutaciones diabólicas de confundir los genes de mamuts con velocirraptores, volverán a encontrarse con la cabeza de Hitler y con el cerebro de Henry dentro de un gorila de seis metros. Vivirán apasionantes aventuras en el music-hall bajo el nombre artístico de Pulgita y su muñeca de tamaño natural. No habrá isla tropical con secta que quiere reistaurara el reich, ni desierto con base secreta, ni ciudad con dirigentes corruptos y mutados, que no verá como estas dos hermosas espías inglesas lesbianas desbaratan sus planes y consiguen un mundo más justo y libre.

Pero el tiempo pasa y la guerra fría se acaba y matar nazis ya no es tan divertido y los comunistas dejan de ser una amenaza y Elly y Harriet se convierten en dinosauros de otra época. Deciden colgar la pistola, el bolígrafo metralleta, la pinza del pelo explosiva y las frases sarcásticas y mudarse a Els Hostalets de Pierola, un pueblo tranquilo que les gustó mucho cuando estuvieron allí luchando contra el hermano gemelo y más malvado de Henry que planeaba hacer construir en las montañas de Montserrat un teatro de ópera donde se programaría Wagner las veinticuatro horas del día. Allí se aficionaron a la cría de perros asesinos y a las matemáticas puras y siguieron viviendo un amor cada vez más reposado y tranquilo. Y cada navidad cogen el autobús que las lleva a Igualada y en una librería compran más matemáticas y tarjetas de navidad para felicitar a todos aquellos espías de los viejos tiempos que todavía viven.

¿Y a qué perro que visten así no se ve inundado de incontenibles ansias asesinas?

Y le expliqué mi teoría a mi compañera de trabajo. Y ella, después de fliparlo una vez más con la de mierda que tengo en la cabeza, me explicó la verdad. Que eran inglesas, que eran hermanas y coleccionaban perros. Y punto. Que todo lo demás eran imaginaciones mías. No pude evitar sentir un punto de tristeza. E hice lo único que un ser humano puede hacer en estas situaciones. Negar la realidad y refugiarse en la imaginación y en la leyenda.

Como los periodistas de la película de Ford, yo también prefiero la leyenda a la historia. Y cuanto más demencial sea la leyenda y más monstruos y espías y efectos especiales tenga, pues mejor.


Escena de aquellos dos clientes que durante una temporada se robaban las novelas negras que llegaban de novedad y de cómo lo solucionaron de forma civilizada y con tres explosiones.

domingo, 13 de febrero de 2011