miércoles, 10 de junio de 2015

El arte de empezar. Matice's version

En su imprescindible blog, mi admirado Dr. Insermini ha empezado una nueva sección donde habla, reflexiona y se emociona sobre el arte de empezar una película. Primeros planos, primeras secuencias, primera escena y compases. Habla de sus principios preferidos y aclara que no tienen por qué ser bonitos, si no que se centra en aquellos electrizantes, que golpean y sacuden, que en unos minutos captan la esencia de la película, dan el tono y establecen, o no, una complicidad con el espectador. Me gustó la idea y me gustaron los inicios que propuso.

Le pedí permiso para hacer lo mismo.
Me lo ha dado y empiezo. Iré de uno en uno, así tengo excusa para futuras entradas.

Detention (Joseph Khan, 2011)

Una de las últimas películas que he visto y uno de los últimos inicios que más me han gustado. ¿Por qué?

Por lo dicho antes, es un principio de película absolutamente maravilloso porque marca lo que será la película y si el espectador se sentirá cómodo / gustará lo que vendrá en sus siguiente hora y media.

Los diferentes tipos de humor desde el más referencial hasta el más burdo, el tono de comedia adolescente, la amalgama de géneros y tonos, un montaje frenético que explica, contradice, puntúa y comenta lo que pasa. Y deja clara su mezcla de comedia y terror slasher. El principio es una gozada y la película una maravilla con la que no todo el mundo conecta ni a la que todo el mundo le ve la gracia. Yo conecté de maravilla, pero claro, tengo una especial debilidad por la película de instituto en cualquiera de sus formatos, desde la comedia al terror, pasando por la parodía, la comedia dramática o el melodrama. Ponme unas animadoras, unas taquillas, populares, marginados y planos de cabezas en pasillo y ya me tienes ganado durante una hora y media. Luego me gustará más o menos, pero allí me tendrás.

En cine, cada uno tiene sus pecados.

lunes, 8 de junio de 2015

Excurisón a Bellprat y su Vila del Llibre

Ayer decidí empezar oficialmente mis vacaciones y lo hice con una excursión a la vila de Bellprat. ¿La excusa? Que mi hermana pequeña Mo hacia un cuentacuentos en el pueblo contratada por la organización de la feria del libro que de forma anual se organiza allí.

Bellprat es un pueblo pequeño situado en la Baixa Anoia (lo siento, Jordi, no tuve tiempo de hacer ninguno de los trámites para transitar por tus tierras) donde desde hace unos años se organiza una feria del libro de segunda mano y de editoriales independientes.


Un lugar bonito y acogedor con calles estrechas, libre de coches, casas de piedras y repleto de rincones donde crecen los rosales. Ayer rebosaba de escritores, editores y buscadores de libros. Paseos por el pueblo rebuscando en las paradas, entrando en las casas abiertas donde había cestos repletos de libros antiguos, un taller de caligrafía donde A. fue feliz y volvió a ser alumna y no maestra,


presentaciones de libros, recitales de poesía de los que huía (creo que en el infierno hay un círculo cuyo castigo es asistir a recitales de poesía de aficionados y teatro infantil), y cuentacuentos que es para lo que fuímos. Mo defendió como pudo el cuento impuesto por la editorial y triunfo ante un público entusiasta de dos niños y ocho adultos.

Fue una mañana agradable. Sol, gente, pero sin que molestara, libros, búsqueda y, en un arrebato de romanticismo y nostalgia, no pude dejar de imaginar que Bellprat era uno de esos maravillosos pueblos donde en un mundo ideal sería tan fácil encontrar que los pocos habitantes del lugar participan en un rito pagano que sacrifica a los turistas que buscan "lo real del mundo rural" o que la extraña señora Antonieta deja suelto a su hijo por las noches para que haga nuevos amigos y sea feliz jugando.


Paseando por aquellas callejuelas y perdiéndome entre libros y portales, no costaba nada imaginarme solo, extraviado, sin encontrar a aquellos con los que había ido de excursión y perseguido por una figura amenazante que solo quiere afilar su hacha con mis intestinos. Aunque, claro, si no hay libros es difícil que yo vaya de excursión y si he ido, seguramente, el del hacha sería yo, pero esto es otro tema.

Bellprat es un escenario ideal para un slasher como debe ser, con efectos cutres, desnudos gratuitos, mucha sangre, actores horribles, mucha oscuridad para ocultar los defectos de la producción y toneladas de carcajadas. Un entorno ideal para una horrible historia de desmembración sobre, no sé, un ser inadaptado que solo quiere hacer amigos que se carga excursionistas o runners de montaña.

Lanzo la idea. Creo que es un buen entorno para una orgullosa película de serie B con aspiraciones de Z. Un entorno ideal para una vacaciones de pesadilla.

Ah, ¿si compre algo? Sí, claro.


jueves, 4 de junio de 2015

A las cinco te esperas

Soy asquerosamente puntual. Quien me conoce lo sabe. Soy de esos seres irritantes que si dicen que te pasan a buscar a las ocho, a las ocho suena tu timbre. De los que si quedamos en la puerta del cine a las siete, a la siete están apoyados en una pared leyendo un libro. No lo puedo evitar. Si quedamos a una hora, remuevo cielo y tierra y me planifico todo el día para estar a esa hora en el lugar donde quedamos. Si no antes. Si digo que estoy, estaré. Muy pocas veces he llegado tarde a un sitio o no he aparecido. A veces si me he dormido o me han retrasado. Una vez llegué diez minutos tarde a una conversación que se preveía muy tensa y que, efectivamente, fue muy tensa.

De forma voluntaria no llego tarde. Nunca.
Salvo una vez, pero fue por un buen motivo.

Pasó en el colegio. Durante un tiempo me vi metido en peleas. Siempre ha sido agradecido cascarle al gordito con gafas que lee mucho. Un clásico, vamos. A ver, no voy a entrar en un ejercicio de memoria autocompasiva porque todo eso pasó hace mucho, pero uno de esos días me vi inmerso en una de las situaciones más absurdas que he vivido.

Durante unos días un niño al que llamaremos Misifú había estado buscándome no recuerdo el motivo. Todo acabó resolviéndose una tarde.

- ¡Eh, tú, gordo!
- ¿Qué?
- A las cinco vas y te esperas.
- ¿Por qué?
- Porque te voy a dar la paliza de tu vida.
- ¿Por qué?
No recuerdo el motivo por el que me quería pegar, lo siento.
- ¿Te ha quedado claro?
- Sí, pero quieres que me espere.
- Sí.
- ¿Por qué?
- Porque a las cinco tengo que hablar con la seño quiere hablar conmigo y no podremos salir juntos al patio.
- Entonces me espero un rato en el patio y luego sales y me pegas.
- Sí.
- Vale.

Naturalmente no esperé. Puedo ser muchas cosas, entre ellas algo gilipollas, pero conozco mis límites. No iba a dejar que me dieran una paliza y, encima, esperar por ella. Así que a las cinco salimos del cole y ante la mirada estupefacta del público que había concurrido al espectáculo y que ya tenían el ancestral grito de "pelea, pelea, pelea" en los labios, me fui a casa de mi abuela a hacer los cuatro deberes que tenía y merendar.

A la media hora vino Misifú a casa de mi abuela a buscarme para ir a jugar a su casa.
- No te has esperado a las cinco.
- Es que no podía llegar tarde a casa de mi abuela.
- Pero no te he pegado.
- No te preocupes, ya lo harás otro día.
- Ya.


jueves, 28 de mayo de 2015

Z

Una lectura fascinante.


Nunca he sido muy dado a leer libros de no ficción, salvo si eran estudios de cine o literatura. No suelo leer libros de historia, ensayo, biografía... hasta ahora. En pleno cambio lector empiezo a encontrar el placer en los libros de historia. Dicen que eso es síntoma de madurez. Espero que no, o por lo menos que no lo sea demasiado.

Los últimos días los he pasado perdido en el Amazonas acompañando a Percy Harrison Fawcett en la que fue la última expedición buscando El Dorado, o la ciudad de Z que viene a ser lo mismo. Todo esto en 1925. Entró en la selva y nunca salío. Y todavía hoy no se sabe en cierto qué sucedió con él y con sus acompañantes, su hijo y una amigo de éste.

El libro es estupendo. Reúne historia, aventura, apuntes de thriller, reflexiones sobre la cultura popular, maravillosas ideas que vienen directas del pulp, la mitología de El Dorado y la conquista,  denuncia sobe el holocausto que se produjo con los indígenas, ligera advertencia sobre la desflorestación que se está cometiendo con la selva... Y un protagonista fascinante, el tal Percy Harrison Fawcet, que parece surgido de una novela de H. Rider Haggard y que sirvió de modelo para el progagonista de El mundo perdido de Conan Doyle y uno de las fuentes inspiradoras de Indiana Jones (y aparece como coprotagonista en una de las novelas del famoso arqueólogo).


Aventurero, visionario, antropólogo avanzado, defensor de los indios, colérico, intransigente, violento. Y obsesionado con encontrar en pleno Mato Grosso las ruinas de una civilización perdida... Z, el Dorado, la Atlántida... de riguroso arqueólogo a la figura que se deja entrever en sus últimos escritos de una búsqueda espiritual y trascendental, ¿una puerta a otro mundo? Toda una pseudoreligión nació alrededor de su figura y su búsqueda.


Me encantan las historias de obsesión y aventura. La capacidad de alguien de ir hasta el final para conseguir algo que es imposible. Sobre todo si es El Dorado, civilizaciones perdidas, otros mundos en éste... Una búsqueda que trasciende la locura.