viernes, 11 de septiembre de 2015

Reto Nicolas Cage. "Aquel excitante curso", 1982

Empezamos por el principio. Con la entrada de hoy da inicio el reto Nicolas Cage, un repaso a toda su filmografía en estricto orden cronológico. ¿Por qué hago esto? Parte de aburrimiento y malsana fascinación por un personaje como Nicolas Cage, capaz de lo mejor y lo peor en una misma película.

Pero antes de empezar con la reseña de la película que supsuo la primera aparición de Nicolas en el cine, una breve introducción. ¿Quién es Nicolas Cage?


Nació en Long Beach, California, el 7 de enero de 1965. Hijo de August Floyd Coppola, profesor de literatura, y Joy Vogelsang, bailarina y coreógrafa. Sobrino del director de cine Francis Ford Coppola (autor de obras maestras como La conversación o Corazonada) y la actriz de Talia Shire, primo de Sofia y Roman Coppola y Jason Schwartzman. Su nombre completo es Nicolas Kim Coppola, pero al empezar su carrera se cambió el apellido para impedir que lo acusaran de nepotismo. ¿De dónde viene el Cage? Dicen que de su admiración por el superhéroe Luke Cage.


Nicolas debe de ser un buen frikazo por este y otro detalle. Uno de sus hijos se llama Kal-El. Sí, como Superman. Y a mí no me dejan poner Buffy, El doctor, Godzilla o Sarah Ellen Furiosa.

Nominado al Óscar dos veces. Ganador de uno. Ganador de una Concha de plata en San Sebastián y un Globo de Oro. Ha trabajado con Coppola, Lynch, De Palma o Scorsese. Ha protagonizado sonoros taquillazos y tremendos taquillazos. Lo consideran uno de los mejores y a la vez peores actores. Es capaz de lo mejor y lo peor.  Se ha convertido en un personaje y casi en un género en sí mismo. Creador del estilo interpretativo "Noveau Shamanic" del que promete libro.

¿Y dónde empezó todo?


En Fast Times at Ridgemont High, Amy Heckerling, 1982.
Agradable comedia estudiantil conocida en España por el título Aquel "excitante" curso (no entiendo las comillas, la verdad). Escrita por Cameron Crowe, posterior director de cine. Debut de Amy Heckerling en la dirección, a la que debemos la divertida versión noventera de Emma de Jane Austen conocida como Clueless, pero que también nos torturó con su díptico de Mira quién habla. En su reparto coincidieron numerosos nombres que por entonces empezaban a labrar su carrera. Sean Penn, Jennifer Jason Leig, Forest Whitaker, Phoebe Cates, Judge Reinhold, Eric Stolz, James Russo, etc.

La película es una comedia sobre las andanzas románticos / sexuales / estudiantiles de un grupo de estudiantes de secundaria. Tiene momentos divertidos y no pretende ser otra cosa que algo entretenido. Se convierte en un retrato de usos y costumbres de principios de los ochenta y de las nuevas modas en ropa y ocio (el centro comercial convertido en nuevo lugar de paseo y relaciones). Una de esas películas de estudiantes y desnudos tan de principios de los ochenta (pienso en la fundacional Porky's), pero con una mayor dosis de ironía y cierto punto de tristeza. Justamente famosa la escena de Phoebe Cates saliendo de la piscina e convirtiéndose en icono sexual de una época.

Pero, ¿dónde está Nicolas Cage en todo esto?
Pues haciendo hamburguesas y aplaudiendo en un partido de fútbol. La actuación de Nicolas dura unos diez segundos en toda la película (y redondeando hacia arriba).

¿Su escena debut?


Haciendo hamburguesas. Es el tipo que esta de espaldas.


Primera vez que se le ve la cara en pantalla con expresión de "soy mejor que todo esto".


Aplaudiendo en el partido de fútbol americano. Prefigura al héroe de acción que conoceremos después.

Y ya está. Esta es la primera interpretación de Nicolas Coppola (como aparece en los créditos) en el cine. No dice una palabra, no interacciona con nadie. Solo está. Marcando carácter, físico y presencia. Esperando a su siguiente película para debutar como protagonista en


martes, 8 de septiembre de 2015

Sobre una de esas noticias que dicen que cambia la vida, pero no sé... mientras no se parezca a Bela Lugosi

Han pasado tres meses, y como manda la tradición, ya lo puedo decir.
Resulta que A. está embarazada.
Y, por tanto, voy a ser papá.


Y sí, pese a la sorpresa de muchos, yo soy el padre. Sé que esto ha causado diversas reacciones que van desde la gracia (¡Jorge con un niño!), hasta la preocupación (Pero, A., sabes que el padre es Jorge, ¿no?) o la estupefacción (Entonces... ¡Jorge no es virgen! ¡Quién lo hubiera dicho!), pero sea como sea vamos a ser padres, pero solo A. se está llevando los mareos, los ardores, las molestias, las pruebas y los análisis.

Para A. será el tercero, para mí será el primero.

Y con el anuncio de tener un hijo vienen los miedos que han perseguido a todo aquel que será padre.
¿Seré un buen padre?
¿Lo haré bien?
¿Soy justo por traer a un ser vivo a este mundo superpoblado y repleto de cabrones?
¿Y qué pasa si se parece a Bela Lugosi?
¿Y si estamos trayendo a la vida a un nuevo Stalin?
¿O al que pondrá de nuevo de moda la lambada?
¿Es mejor que sea niño o niña?
¿Volveré a dormir tranquilo una noche?
¿Me seguirán haciendo gracia las películas donde los niños son malvados o las pasan putas?
¿Es verdad que durante más de un año me convertiré en una figura secundaria conocida como no-bebé o no-mamá?
¿Se supone que ahora tengo una responsabilidad con el mundo y tengo que dejarlo mejor de lo que lo he encontrado?
A pesar de mi evidente antipatía, ¿me veré cercado de consejos ridículos y supersticiones varias?
¿De verdad Buffy y El Doctor son tan malos nombres?
Y, lo más importante, ¿se verán afectadas de alguna forma mis partidas de rol?

Capdemunt puedes dejar de reírte.

Ahora a esperar. Según las pruebas que nos dieron ayer el crío estará hecho para mediados de marzo... sobre el trece o así, vamos que echando cálculos y tal... no, no me libro de Sant Jordi con el permiso de paternidad. Primera decepción, y eso que no ha nacido. Si es que...

Ayer, por cierto, fuimos a la primera ecografía. Sí, claro, que emocionante y todo eso de ver como se mueve... eso... dentro de la barriga de A. y oír el corazón, pero a la vez fue muy decepcionante. Me explico.

Desde hace muchos años soy muy aficionado a ciertos documentales que se pueden encontrar en páginas especializadas por internet donde señoras y señores, señoras y señoras, señores y señores, señor, señora y señora, señor, señor y señora y varias combinaciones más demuestran sus afectos y los afectos que se producen en el día a día de varios oficios. A saber, bomberos, electricistas, mayordomos, masajistas, profesoras de yoga, miembros del honorable gremio de maestros y educadores, etc. Y enfermeras. y doctores, claro. Así que en el momento en que hicieron que A. se quitara los pantalones y la ropa interior y la hicieron tumbar en una camilla con estribos, y una de las enfermeras se armara con un aparato de aspecto fálico, le colocara algo parecido a un condón (toda precaución es poca y de alguna parte salió Terminator, ¿no?) y un gel en la punta para que todo vaya suave, suave, se acerca a A. y le dice algo así como relájate y... zasca, venga dale dale, pues yo estaba en una esquina observando todo eso y pensando, ¿dónde está la música? ¿y las demás enfermeras? ¿y las posturas imposibles? ¿Por qué no me invitan a acercarme? ¿Mienten los documentales? ¿Estoy equivocado? ¿O es que este es otro problema de la sanidad pública y los afectos enfermeriles se encuentran en la privada? ¿Acaso estoy errado?

Nada de cariños, nada de afectos, nada de erotismo latente, ni jadeos.
Silencio, profesionalidad y un test de Rorschach en movimiento en la pantalla.
- Y ese es el embrión. Se ve muy bien, La cabeza, los bracitos, la columna...
Manchas en blanco y negro que se mueven mucho. No acabo de distinguir nada y hago un acto de fe. Es extrañamente emocionante, pese a lo decepcionado que me siento.
- ¿Qué tal?
- Bien, se mueve y tal. ¿No te recuerda a Bela Lugosi, A.?
- No.
- No sé, no estoy tranquilo.
- No se parecerá a Bela Lugosi.
- Bellucci te oiga. Y mientras no sea pelirrojo.
- Al menos ahora tienes tema interminable para el blog.
- Eso sí.

Advertidos quedáis.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Un reto tonto para pasar el rato que tiene a Nicolas Cage su centro y motor

Soy de retos tontos.
En mi extinto blog de literatura juvenil, durante tres años dejé que fueran los lectores del blog los que eligiesen mis lecturas. Eso llevó a consecuencias catastróficas porque solo una mínima parte de los lectores proponían libros interesantes o que podrían gustarme, decantándose la mayoría por la innecesaria crueldad, libros horribles y risas rozando la locura al imaginarme leyendo según que "novelas". Siempre se hacía sobre esta época y, seré sincero, lo añoro. Añoro la tontería y la chorrada. 

¿Podría proponer un nuevo reto?, me dije un día mientras hacía una de esas cada más frecuentes meadas de madrugada. ¿Pero qué?
Libros, no.
Grabar vídeos cayéndome de diferentes escaleras para hacer una comparativa, tampoco.
Apuntarme a bailes tradicionales, menos.
¿Qué?
Pues cine.
¿Hacer que los lectores del blog elijan las películas que debo ver?
Era tentador, pero me enfrentaba a tragarme el dueto A dos metros sobre el cielo de Mario Casas  o 50 sombras de Grey. Claro que con un poco de suerte la gente pensaría que me horroriza la serie B o las películas de monstruos y por ahí me podría escapar, pero es jugar con fuego.
¿Y si elijo yo como me torturo?
¿Por qué no puedo ser yo el amo de mi destino, el capitán de mi alma?
¿Pero qué podría ver que fuera de verdad un reto?
Acabé la meada y me volví a la cama sin tener una idea clara y con cuerpo de reto tonto.

Entonces recordé.


En este capítulo de esta extraordinaria serie se discute la existencia y sentido de Nicolas Cage en la historia del cine. ¿Es un buen actor? ¿Es un mal actor? ¿Es un ángel o un demonio? ¿Es lo que queremos que sea? ¿Una metáfora de los cenobitas?
Sí, me dije, ¿por qué no? Siempre he sentido una fascinación / repulsión / simpatía por la figura de Nicolas Cage. 



Se ha convertido en un género en sí mismo, en una parodía con destello de genialidad, con una filmografía que sobrepasa los ochenta títulos y que bascula entre lo brillante y lo absolutamente demencial. Y quiero verla. Así que el reto es el siguiente:

ver toda la filmografía de Nicolas Cage en estricto orden cronológico volviendo a ver todo aquello que he ya he visto y reseñando cada película a razón de una a la semana.

Ya sé que esto supone ver el remake de The wicker man, La mandolina del capitán Corelli o Ciudad de ángeles, pero también volver ver Corazón salvaje, Cotton club o Snake Eyes, amén de otras muchas maravillas, rarezas, abominaciones.

¿Qué podría dedicar mi tiempo a algo más útil y provechoso?
Sí, claro, pero entonces no sería un reto tonto y esto perdería el poco sentido que tiene.

Por cierto, A. ya me ha dicho que con ella no cuente. Que me apañe yo solito.

domingo, 16 de agosto de 2015

De como empecé en esto del rol. Parte 1 de, en principio, 3 que ya sabéis que o me alargo o no llego o...

Hace unas semanas, en un lunes normal de partida, con los muñequitos en la mesa, las patatas en el bol, Alcalde y Juan abrazando la cerveza, entró en casa Nanuc, también conocido como Capitán Chistorra y responsable directo del blog de La partida del lunes, y dijo con voz poderosa y pose de esas épicas que hacen que lancemos un "ooooooh" admirado

- ¡Nenes! Que este año se cumplen cinco años de La partida del lunes.

Y, claro, nos vinimos arriba.


Pero, ¿qué es La partida del lunes se preguntará alguno?
Pues un grupito de gente maja de edades comprendidas entre "no te importa" y "lo preguntas otra vez y sabrás lo que es tener un pie dentro del culo" que se reúne cada lunes para jugar al rol.
¿Qué es el rol?
Es un juego de imaginación / cooperación / risas y cachondeiu / erotismo que tiene múltiples sistemas, pero que reduciéndolo mucho consiste en vivir aventuras interpretando a un personaje y tirando dados.
¿Pero eso del rol no es eso de pirados que matan indigentes porque se lo dice unos elfos?
Anda y vete a la mierda.

El anuncio de los cinco años provocó diferentes reacciones.

- ¡Cinco años ya!
- ¡Cómo pasa el tiempo!
- Tú pasa la cerveza que te la quedas mucho rato.
- ¿Este dado es mío?
- Que Jorge no dibuje ningún río.
- Habrá que hacer una cena, digo.
- O comida.
- Que haya cerveza.
- Y una camiseta de la partida, Ali.
- Sí, ya, si ya lo pienso.
- ¿Y a Jorge qué le pasa?
- Está muy callado.
- ¿Tú sabes qué le pasa, Ali?
- No os preocupéis, ha entrado en modo flashback y tardará un rato en volver.
- Pues aprovechamos y le vaciamos la bolsa, ¿no?
- Pues claro.
- ¡Y de dónde ha sacado éste trece pócimas sanadoras!
- ...

Sí, yo estaba en modo flashback. Si hace cinco años de La partida del lunes, hace diez de las primeras partidas con Nanuc y hace más de aquellas primeras dos partidas... Cogí un dado de veinte, lo lamí y entre en modo arrebato proustiano. Volvía a tener catorce años y alguien llamó a la puerta de casa. Abrí y era Toni, un antiguo compañero de colegio con el que había mantenido un contacto intermitente. Quería hablar conmigo de algo importante. Fuimos a mi cuarto y me enseñó el libro que llevaba bajo el brazo.


- ¿Y esto qué es?
- Es que me han regalado esto y pensando con quién jugar, nadie mejor que Jorge para dirigir una partida. ¿Qué te parece? ¿Le echas un vistazo?
Juego de rol, leí. Me sonaba de lejos aunque no lo situaba.
- Claro - dije - Déjamelo.
Me lo dejo y lo leí. O, por lo menos, lo intenté leer. Me encontré con un farragoso libro lleno de reglas que no acababa de entender, consejos para dirigir una campaña y muchas estadísticas. De daño, de ataque, de situación del daño, de carga, de pasos, de... Una ficha para crear un personaje y muchas tiradas de dado. Vamos, que no entendí mucho, pero sí lo suficiente como para que todo aquello me interesara y me imaginara dirigiendo una de esas cosas que se llamaban campañas. Así que llamé a Toni y le dije que vale, de acuerdo, pero que creía que todo aquello me venía un poco grande y que no sabía por donde empezar. Me dijo que si quería, él había quedado con un grupo para jugar y que me podía apuntar para ver cómo funcionaba todo aquello. Perfecto. El sábado por la tarde en el café del Ateneu Igualadí.

Llegó el sábado y mi primera partida de rol. ¿Cómo fue? Algo decepcionante. Me encontré con un grupo de juego ya formado y yo era un elemento extraño y aunque era primera partida y nadie tenía que retrasar para que yo me creara un personaje y todo eso, no dejaba de sentirme como "el extraño", como el negro que Los Cazafantasmas que estaba allí, pero casi nadie se acuerda que forma parte de la aventura.

Primero, creación de personajes. Un par de horas entre tiradas, explicaciones, cálculos y demás. Al final, un elfo con la hostia de percepción, un arco muy majo y una aventura por delante.


A la media hora de empezar la partida estaba muerto.
Un orco.
Mi participación en la aventura consistió en caminar un buen rato, llegar a un claro, subirme a un árbol para hacer guardia, bajar del árbol cuando acabé la guardia, irme a dormir, despertarme porque atacaban unos orcos, disparar una flecha, morir bajo el hachad de un orco.
Fin.
El máster entre risas me dijo que tenía que abandonar la mesa porque al estar muerto no podía quedarme a ver cómo se desarrollaba el resto de la aventura.
Dos horas para crear un personaje, media hora de juego en la que no hice nada y fuera de la partida. Me fui para casa pensando que esto del rol era una mierda.

Dos semanas después me volvieron a invitar para otra partida. Nuevo personaje, nueva campaña. Tardé algo menos en hacerme el personaje, un guerrero humano con problemas de sobrepeso y relaciones personales. La aventura consistía en buscar un tesoro o algo así y teníamos que descubrir la entrada a una cueva y el único que podía decirnos dónde estaba era un posadero. Como personajes llegamos a la posada. El máster nos la describe agazapado detrás del manual. Tenemos que conseguir que nos digan dónde está la cueva. ¿Cómo lo hacemos?
Uno de los jugadores se va a dar un largo baño.
Dos se van a jugar a los dados a los establos. Ellos solos.
Nos quedamos dos hablando con el posadero que responde a toda nuestras preguntas con un "No".
- ¿Hay alguna cueva por los alrededores?
- No.
- Estamos de viaje, ¿nos recomienda algún lugar para visitar?
- No.
- ¿Conoce alguna leyenda sobre el lugar?
- No.
Etcétera.
Y dados. Tiradas de dados. Muchos dados. Abro una puerta. Tira dado. Pregunto. Tira dado. Miro. Tira dado. Voy al baño. Tira dado. Fallas. Te pierdes por la posada y no encuentras el baño (esto fue así). Con todo esto estuvimos una hora. La partida se estancó en ese punto y nada de lo que hiciéramos o dijéramos hacía avanzar la campaña. El máster nos decía que no hacíamos la pregunta correcta, la que salía en el manual, y, por tanto, hasta que no la hiciéramos no avanzábamos. Esto provocó una partida absurda con personajes paseando por la posada, tomando baños y sentándose a leer. Al final los jugadores nos cabreábamos (llevábamos tres horas de partida y aun no había pasado nada) y decidimos que si por las buenas no, sería por las malas. Sacamos cuchillos y a torturar al posadero, a su mujer, a sus hijas, a sus hijos para que nos dijera dónde coño estaba la cueva. ¿Su respuesta?
- No.
A la mierda.
Mi personaje volvió a morir a manos de uno de los camareros y volvieron a decirme que me fuera. Llevaba cuatro horas y media en esa casa y solo quería salir de allí. Volví a mi conclusión.
Esto del rol es una mierda.
No se volvió a quedar.

Pero algo quedó.

¿Qué pasó en aquellas dos partidas? ¿Qué sucedió para que algo que ahora me apasiona, divierte y espero con ganas durante toda la semana se me presentara como algo tedioso, aburrido y que solo servía para perder horas de mi vida que podía dedicar a escribir, ver una película o hacerme una paja?

Supongo que con la experiencia y la perspectiva de los años, la frustración de aquellas dos partidas se debió a la inexperiencia. Tanto de jugadores como de máster. Unos por ir desorientados y otro por atenerse demasiado a las reglas y a la historia que marcaba el manual. El máster anteponía su papel y su historia a las necesidades del grupo sin prever que si los jugadores se estancan hay que ayudarles por el bien de la historia. Un máster inflexible y unos jugadores perdidos en un océano de reglas que no entendían dieron como resultado horas tediosas creando personajes para pocos minutos de juego o una larga sesión donde no pasó absolutamente nada. Me frustré porque veía las posibilidades del juego, pero que no llegaron a concretarse.

Así que me olvidé de que existía algo llamado juegos de rol durante muchos años. Fue una anécdota que se olvidó. Hasta que muchos años después, alguien entró en la librería donde trabajaba con una propuesta que cambiaría mi vida para siempre.


CONTINUARÁ...

- En serio, A, ¿qué le pasa a Jorge? Se ha quedado con cara de atontoliao.
- Es lo que le pasa cuando se pone en modo flashback.
- ¿Y le dura mucho?
- Unas tres entradas...
- Es que lo toca tirar.
- Ya tiramos nosotros por él, ¿no?
- Sí.
- ¿Qué hace?
- Nos entrega todo su material y entra primero en la sala esa oscura donde se oye una respiración agitada...

viernes, 14 de agosto de 2015

Unos días de vacaciones

Hemos estado tres días fuera.
De vacaciones.
No lo había anunciado en ningunas de las redes sociales a las que soy cada día menos asiduo (cosas de aburrirme mortalmente), porque me entró la paranoia de los cacos adictos a twitter e instagram que buscan a sus víctimas entre los que tienen menos de trescientos seguidores para desvalijarles la casa y llevarse los libros, las bolsas de promoción, la verdura del huerto de mi padre y poca cosa más...
Es lo que tiene leer ciertos artículos que no deberían cruzarse conmigo. Debería confiar más en las máquinas asesinas que tengo por gatos que en las medidas de prevención, pero no puedo evitarlo. Pensar que alguien puede llegar y desordenar mis libros... la tele os la podéis llevar tranquilos, pero mis libros ni los toquéis.

¿Dónde hemos estado? En el Pirineo, zona de Ribera de Cardós, Esterri d'Aneu, Escaló y otros etcéteras; escenarios de la infancia de A.






Ella ha vivido un viaje de sabor proustiano en la casa donde vivió dos años y donde todavía estaban sus libros escolares, su cama o los dibujos que había hecho de pequeña. Un viaje cargado de valor emocional y significado que quiso compartir con Niño Lobo y Niña Zombi y con un menda, aunque reconozco que un servidor estaba más preocupado por la aparición de posibles cultos satánicos y caníbales en las calles de un pueblo de montaña. Es un defecto mío, veo cultos paganas apocalípticos en todos los pueblos que visito.

Ha sido un viaje muy agradable y tranquilo. Reconozco que no he llevado muy bien, pero siempre con dignidad, el estar continuamente rodeado de montañas. A ver, me encantan las montañas, pero siempre que me dejen un sitio por donde salir. Estar paseando y mirara hacia donde mirara solo viera montañas reconozco que me agobió.

Lectura tranquila de una de esas antologías que se publicaron hace muchos años bajo el nombre de Alfred Hitchcock y donde se encuentra nombres como Bradbury, Matheson, Fredrick Brown junto a un monton de ilustres desconocidos que deparan muchas agradables sorpresas. Estoy consiguiendo todos los números de la colección gracias a los mercadillos de segunda mano... Eso sí, a veces la memoria falla y me encuentro con dos y tres ejemplares del mismo títulos.

Además, leo con bastante deleite John muere al final de David Wong, novela divertida e ingeniosa que peca de ser demasiado larga. Seiscientas páginas agotan la broma, la verdad, aunque tiene momento descacharrantes y admiro su capacidad para aunar en una misma escena el horror con el absurdo con el humor con la tragedia con lo soez y elegante. Por esas cosas, un poquito de envidia despertó y una sensación abrasadora de yo también puedo hacerlo.

Paseos, mucha conversación con A. y los nenes, risas, juegos de mesa de zombis con los que entretener a los críos y entretenerme yo, nada de tele. Pensar mucho y escribir mucho en la cabeza. Cuatro notas, algunas ideas, pero sin encontrar todavía la determinación.