martes, 30 de junio de 2009

Fotografos - Richard Avedon

Richard Avedon, Nueva York, 1923 - Austin, Texas, 2004
El alma y el tiempo frente a una pared blanca





domingo, 28 de junio de 2009

Es más listo...

Como ya sabéis, tengo un sobrino. Creo que tiene unos diez meses minuto arriba, minuto abajo. ¡Y es más listo! O por lo menos eso es lo que siempre dice su abuela, o sea, mi señora madre. Naturalmente, esta afirmación siempre la he considerado la típica exageración abuelil ante las gracias y monerías de su nieto, que a la edad de diez meses se reducen a:

- Saltar en la trona para pedir su ración de rancho.
- Lanzar besitos cuando le dicen que lance un besito.
- Decir adiós cuando le dicen que diga adiós.
- Comer (mucho).
- Cagar (mucho).
- Dormir (bastante).
- Proferir gritos onomatopéyicos repletos de "os" y "as" que los adultos simulan ser una conversación.

Vamos, que aún está en pleno desarrollo de personalidad y se limita a repetir como un loro las cuatro gracias que le enseñan.

La verdad, y que conste que quiero mucho a mi sobrino, yo todo esto lo veía como lo típico en un crío de diez meses. Quiero decir, que sí, vale, son monos, pero de ahí a declararles como los más listos del mundo... bueno, es exagerado, ¿no? Sí que mi sobrino está espabilado y es muy gracioso y según parece está sobreestimulado, pero de ahí a catalogarlo de listo... pues... bueno... Pero mi señora madre, su abuela, insitía.

- De verdad, Jorge, ¡es más listo! Si vieras lo que hace...

Y me lo quedaba mirando esperando una prueba de esa sorprendente inteligencia de la que todo el mundo hablaba. Sólo lo veía comer, la verdad. Y pedir cuatro juguetes o ensuciarse con arena las piernas y luego comérsela. No es para tanto, pensaba. Pero un día... que un día entre tanto libro en la librería tirara al suelo un libro de Jose Mª Aznar y lo pisara. A lo mejor sí que es listo...

Y empecé a dudar. Tenía que investigar. Desenterré de los fondos de mi antigua habitación mi equipo ACME de detective privado (ya os contaré algún día mis divertidas aventuras como detective y los fascinantes casos de corrupción, violencia y detergente en los que me vi inmerso) que consiste en:

- Sombrero.
- Gabardina vieja con olor a bourbon.
- Periódico cortado para simular dos ojos.
- Las reglas del Cluedo.
- Una copia de la película Cliente muerto no paga.

Ya estaba listo.

Modelo de comportamiento e inspiración de mi etapa de detective.

Mandé a un clon a la librería y durante dos semanas seguí a mi sobrino con total discreción. Y aquí van las conclusión. De acuerdo, lo reconozco. Mi madre tenía razón. ¡Mi sobrino es más listo! Y a las pruebas me remito.

1. Pide su comida.
2. Reconoce a la gente.
3. No se acaba de fiar de su tio.
4. Llora si se le llama fascista.
5. De su fantastico libro de animales con textura sólo quiere acariciar el pelo de la página del conejo.
6. No gatea. Pero no porque sea un inútil, sino porque sabe que ya lo llevaran en brazos de un lugar a otro.
7. Se incorpora sólo.
8. Los viernes se dedica a su negocio de robo de coches de lujo para exportar a los países del este.
9. Ha organizado un peligroso cartel de narcotráfico de drogas duras con los niños del parque. Se le empieza a conocer como el "Master de Igualada". Se ha saltado todas esas sabandijas que son los intermediarios y compra directamente a la fuente.
10. Ha traducido al fenicio antiguo toda la colección de Teo incluído los polémicos álbumes de Teo entra en una adolescencia conflictiva y Teo y su primara vomitada en una discoteca.
11. En una tarde corriguió las incongruencias históricas de Hamlet y Enrique V.
12. Cuando se ha cagado encima, se queja. Como un adulto, vamos. Si el adulto no está borracho, claro.
13. Sabe diferenciar las personas de las que sacará comida de las que solo sacará que le enseñen la lengua. A éstas siempre se las queda mirando como diciendo, ¿por qué los adultos siempre sacan la lengua?
14. Y lo que me convenció definitivamente de la mente prodigiosa de mi sobrino. Consiguió montar con dos hermanas suecas un trío. E hizo fotos y vídeo.

En serio, ¡es más listo!

jueves, 25 de junio de 2009

Crónica de una obra XI

Resumen de lo publicado: Total, que me fui con la pelirroja y acabamos en una piara de cerdos con unos cuantos minotauros muy enfadados delante. La pelirroja me dio una espada para defenderme, pero no la cogí bien al vuelo y se perdió entre la mierda de los cerdos. Poco a poco los compañeros se reunieron. La pelirroja desapareció y nadie se creyó que había estado conmigo sí, sí, una pelirroja ya te gustaría. Cuando nos pusimos en formación dispuestos a defender cara nuestra vida ante los minotauros, una poderosa voz lo paralizó todo. Era Ciocco. Estaba rabioso. Ahora sí que nos habíamos metido en problemas.

ADVERTENCIA: Esta entrega de la fastuosa y fascinante y muy verdadera Crónica de una obra contiene abundantes muestras de vocabulario vulgar, procaz, lleno de palabras gruesas y muy poco sutiles. A los oídos finos y sensibles se les aconseja sustituir cada palabra malsonante por una bonita, como por ejemplo, azahar. No sé, me gusta el azahar pero se me hace un poco empalagoso. Pues canela, si lo prefieres. No, hombre, no, azahar ya está bien. Como quieras. Aunque una crepe con canela...

- ... pedazos de mierda de yak enfermo y sifilítico. Hatajo de gilipollas cara de ratas, subnormales imbéciles... que os follen, eso digo yo, que os folle un troll con la polla astillada y llena de pus gangrenosa para que os deje el culo como la cara de vuestras putas madres panda de imbéciles, estúpidos oligofrénicos. ¡No os dije que no entrárais en la posada! ¿No os lo dije? Pero como parece que tenéis los oídos llenos de mierda y el cerebro os rebosa esperma de cabra montesa comida por las ratas no escucháis, no, los señoritos tienen que hacer lo que les sale de la polla, ¿para qué hacer caso a Ciocco? ¿Para qué? Total, el sólo lleva siglo viviendo en este mundo y nosotros somos unos mamones analfabetos imbéciles, atontados y comemierdas...
- Pero es que... - dije yo.
- ¡Cierra tu puta boca imbécil! ¡Cierra ese orificio por donde solo sale mierda y escucha tontolava, lameculos, gilipollas, calzonazos, que tu cerebro tiene la misma consistencia del vomito de un borracho que se ha pasado comiendo garbanzos, y tus compañeros de mierda, esas panda de soplapollas tienen la personalidad de la diarrea que me sale de mi hermoso culo cada vez que como acelgas llenas de esputos y gargajos de leprosos... ¡Es que seréis imbéciles! Sois un grupo de...

Dos horas. Ciocco llevaba así dos horas. Nosotros cinco sentaditos en un banco de la plaza del mercado mientras el pequeñín daba vueltas a un lado y a otro soltando esas perlas por su boquita. No nos atrevíamos a alzar la mirada y mucho menos a hablar. Cada vez que uno de nosotros se atrevía a decir cuantro sonidos, Ciocco empezaba a recordar a nuestras madres y no acababa hasta el coño de la puta babosa del que salió vuestra putrefacta familia en el pleistoceno.

La irrupción de Ciocco en la piara de cerdos evitó una pelea entre minotauros y pringados. Su intervención decidida, enérgica y acojonante evitó el derramamiento de sangre. Resolvió la disputa con los minotauros al conseguir que el yesero pidiera disculpas. Éste en un principio se negaba, pero un golpe en los testículos con el báculo le hizo cambiar de idea. Los minotauros aceptaron las disculpas y se despidieron de nosotros diciendo que tenían un poblado que arrasar. Nos quedamos solos con Ciocco.

- Acompañadme.
Salimos a la plaza oliendo a cerdo, sangrando y provocando que las viudas se desmayaran a nuestro paso.
- Sentaos.
Nos sentamos.
Respiró hondo.
- ¿Pero qué coño os pasa a vosotros? ¿Sois imbéciles o es que de pequeños os distéis con el pico de una plancha y vuestro cerebro se convirtió en mierda? Sois la panda de héroes más patética y asquerosa que en mi puñetera vida he visto...

Y etc.

Cuando el sol empezaba a declinar, las paradas del mercado empezaban a recogerse y los pobres de Falac se peleaban por los deshechos que habían dejado los perros, Ciocco acabó su monólogo.

- Pero bueno, no pasa nada. Un error lo tiene cualquiera. Anda, coged vuestras armas.

Hizo un par de movimientos con sus manos, alzo al cielo un antiguo cántico místico, abrió y cerró su túnica (lo que no era agradable ya que su bellotita giraba de un lado a otro como un péndulo epiléptico), puso los ojos en blanco y empezó a temblar y a contraerse en sí mismo. Se hizo el silencio, gritó al cielo
Coño qué susto
y una densa y profunda nube de humo surgió de la nada cegándonos.
- Joder.
- Hostia.
- No veo una mierda.
- ¿Dónde estáis?
- Coff, coff.
- ¿No estarás fumando Jorge?
- Que no coño.
No veo una mierda.
- El que faltaba... ya decía que estabas muy calladito hoy.
Estaba ocupado.
- ¿Comiendo?
¿Por qué no te vas a la mierda? Necesito comer mucho, soy una persona nerviosa.
- Y como no tienes sexo.
Pues anda que tú.
- ¿Quién me ha tocado el culo?
- ¿Tú tampoco... ya sabes...?
¿Qué coño te importa?
- Mierda, he tropezado.
- En serio, ¿quién coño me está tocando el culo?
- ¡Os queréis callar de una puta vez, joder!

Por segunda vez la voz de Ciocco hizo que nos calláramos.
El humo se disipó. Ante nosotros aparecían una montaña de armas. De todos los tamaños y dimensiones y formas.
Pero... ¿qué es esta mierda?
- Armas - dijo Ciocco -. ¿No os gustan?
Llenas de moho y herrumbre. Amarillas de óxido. Cascos y armaduras sujetos con cuerdas y grapas. Una daga sin hoja. Espadas sin empuñaduras. Piedras.
- Pero si están hechas un asco.
- Es lo que he pillado en tan poco tiempo. Lo tomáis o lo dejáis. Encima de pobres delicados... hay que joderse.
- Yo paso de pillar un arma - dije. - Me quedo con la espada que me ha dado la pelirroja.
Los demás no me escucharon y empezaron a pelearse por el arma menos destrozada. Tras unos cuantos insultos, empujones y mordiscos, todos acabamos armados.
Todos no.
Todos acabamos armados, menos Jordi.
El paleta se agenció un palo con un pincho. El mimo se llenó los bolsillos de piedras. El yesero se pilló una navaja trapera, un caña para sacar ojos, una empuñadora molona, un par de dagas llenas de mugre y una cuchara. El electricista pillo un arco sin cuerda y unas flechas sin punta.

- Hala - dijo Ciocco. - Ya estáis armados. En las bolsas tenéis comida para el viaje y dinero. No os lo gastéis en putas. Pues salís del pueblo por esa dirección, giráis a la izquierda, a la derecha dos veces, pasáis por debajo de un puente, otro puente, donde está la hoguera de la bruja no, al lado veréis el cadáver de un perro en descomposición, pues ahí tampoco, sino que más adelante tras unos arbustos donde van los jóvenes a jugar a cruzados blancos entrando en la cueva roja veréis un arbol que parece un palillo cojo, pues a la izquierda, a la izquierda, todo recto tres centímetros, a la derecha, a la derecha, bajáis, subís, dais tres vueltas a la pata coja y ya habréis encotrado el camino que os llevará a las amazonas. ¿Entendido? Pues adiós.

Y Ciocco se fue.

Y nos quedamos solos.
- ¿Qué hacemos? - dijo el electricista.
- Yo tengo hambre - dijo el paleta.
- ¿Y si nos hacemos una foto? - propuse.
- ¿Alguien ha traído cámara?
- Yo no.
- Ni yo.
- Yo tampoco.
- Menos aún.
- ¿Si queréis os hago un dibujo?
Quien habló era una preciosa muchacha rubia que nos observaba subida a una tapia.
- Vale - dijimos. - Así tendremos un recuerdo.
Y posamos.
Tres horas después nos dio el dibujo y nos despidió con un beso y un suerte.
- Ha quedado chulo, ¿verdad?
- Sí... aunque tú no eres tan guapo.
- ¿Por qué me ha puesto un libro en las manos?
Joder, hasta salgo yo y todo.
El mimo señalaba su entrepierna mientras se metia un dedo en la oreja.
- Sí, tú has quedado bien. Bueno, ¿qué? ¿vamos?
- Vamos.
Y nos pusimos en camino para encontrar nuestro destino y la aventura.
- Una cosa - dije -. ¿Alguien estaba escuchando a Ciocco cuando nos dio la dirección?

Silencio.

Dibujo de grupo. Más majos.
¿Y por qué llevo un libro en las manos?
Eso lo descubriréis próximamente.

Un retrato cortesía de A.

Nota: si alguien quiere contribuir a la creación de la galeria pictórica de estas terribles y veraces aventuras, pues nada, encantando de recibir los dibujitos.

miércoles, 24 de junio de 2009

Post verbena, así que iremos rapidito

Primero, espero que hayais pasado una buena verbena de Sant Joan, que no estéis muy perjudicados, que conservéis todos los dedos, que las hogueras ardieran dentro y fuera de la casa, que se quemaran deseos y que hicieseis esos rituales en los que nadie cree, pero que se acaban por hacer de quemar lo viejo impregnado de rocio de la noche, semen de bufalo, tres escupitajos de diferentes colores, enterrarlo todo en tierra consagrada, mearse encima y saltar cuando den las doce y treinta y siete.

Como estoy de postverbena y tengo una más que agradable resaca, no me enrollaré mucho. Dejaré un poema. Solsticio de verano. La naturaleza se regenera. Y nosostros con ella.

LA PURA VERDAD de Francisco Urondo

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme, pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.

Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.

lunes, 22 de junio de 2009

Sobre decoración y buen gusto

1. Una máquina del millón. Imprescindible para adornar con sus sonidos y su bolita que suba y baje incontables noches románticas.

2. Una cabeza de toro/ciervo/jabalí/reno/contable para poder colgar en sus colmillos o cuernos las llaves, los paraguas y las bufandas. Te ahorras el perchero y el colgador. Y encima es estético.

Para colgar los abrigos esto va de puta madre.

3. Una de esas lámparas tan divertidas que el pie es una mujer desnuda y que cuando se encienden se les ilumina los pezones. A los críos les encanta.

4. Un cuadro de dos cabezas enormes enamoradas que se miran a los ojos con ruiseñores y unicornios correteando por detrás, ninfas sentadas en flores, puentes, arco irís (mínimo tres), con tono de azul noche, muchas estrellas, un rio o dos y si se puede meter un acantilado, pues mejor.

5. Naturalmente, espejo en el techo y neón de alguna marca de cerveza.

6. Cama redonda, de agua, sábanas de seda roja.

Esta cama también valdría. ¡Pero mirad qué feliz se le ve a la muchacha!

7. Una imagen de un Cristo. Sí, ya sé que no soy religioso, pero es que está imagen es la monda lironda. Es una figura a tamaño real con las llagas en las manos. Se llena una pipeta de mercromina o agua con colorante y cuando se apreta, el Cristo sangra por las llagas. Delirante. Tronchante. Esto anima cualquier fiesta.

8. Otra imagen de Cristo, pero ésta para la habitación. La gracia está en que cuando te mueves los ojos del hijo de María se abren y se cierran. Ahora sufro con los ojos abiertos, ahora con los ojos cerrados, ahora con los ojos abiertos... Imaginaos lo que debe ser en según que situaciones que ocurren en una casa.

9. De sillas, cajas de fruta. Es estético y, además, sirve para ir al mercado ahorrando la bolsa de plástico y colaborando con el medio ambiente.

10. Una cama elástica.

Y si no puede ser cama de agua, una combinación de ambas para el salón.

11. Una figura de Lladró de una pastorcilla dando de mamar a un ternero mientras una oca le sube las faldas.

Éstas son algunas de las ideas que me han boicoteado para la decoración del piso. ¿Os lo podéis creer? Y por eso os pido vuestra ayuda, si consideráis que las ideas son buenas, que merecen la pena, que debo luchar por ellas, sispli, dejadme un comentario de apoyo. O si tenéis alguna idea que vaya en la idea de la decoración elegante y art decó que quiero darle a nuestro nuevo hogar.

Y si no os gustan las ideas también podéis dejar un comentario... qué le vamos a hacer. Seguro que A. lo agradece y conseguirá nuevos argumentos para no dejarme un póster de Carmen de Mairena como punto kitsc y gracioso.