miércoles, 14 de diciembre de 2011

martes, 13 de diciembre de 2011

El hombre de mimbre, 1973. Algunas breves consideraciones.

El hombre de mimbre (The wicker man, Robin Hardy, 1973)


1. No conocía nada de ella así que me puse a verla sin saber ni de qué iba, ni cómo contaba la historia, ni qué me iba a encontrar. Lo único que sabía es que salían Christopher Lee y Britt Ekland.

2. Después de verla me reafirmo en la idea de que prefiero quedarme encerrado en una habitación con Britt Ekland que con Christopher Lee, por mucho que me guste como actor este señor.


3. Sí, la película es de terror en el sentido no terrorífico del término. Pero también es un documental etnográfico, un discurso histórico sobre paganismo, un musical folk, una reflexión sobre la religión, una comedia de situación, una historia de timos, etc.


4. Es una de las pocas veces que la expresión "película de culto" tiene su completo sentido. O te gusta y la encuentras interesante y bellísima, o la odias por estúpida y tomapelos Claro, que también puedes decir eso de está bien y a otra cosa.

5. No hay sangre, ni sustos, ni muchachas corriendo por el bosque, ni efectos especiales, ni gore. Todo es tranquilo, calmo y lento...

6. Me encantan las historias de pueblos malrrolleros. Esas historias de tipos que vienen de fuera y entran en un pueblo que parece encantador  y empiezan a cagarse en las costumbres de los pueblerinos y como espectador te va viniendo un mal rollo porque detrás de la señora que pela habas en la puerta de su casa se agazapa un caníbal y el viajero acaba convertido en el plato principal de la barbacoa popular de la fiesta mayor. Como Roston Vasey de mi querida serie The league of gentelmen.


7. Una buena película, vamos. Interesante, perversa, rara, peculiar, escalofriante, divertida, sensual, musical, terrorífica...

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Bolas por navidad

Supongo que alguien más se habrá dado cuenta, ¿pero no hay una semejanza muy inquietante entre el niño de la lotería de este año con ese aire a pueblo de los malditos que tira de espaldas


y el Hombre Alto de Phantasma?


lunes, 5 de diciembre de 2011

Primeros terrores cinematográficos

En el número de diciembre de la revista Scifiworld, en su sección de "Menú fantástico" me encuentro con el siguiente párrafo firmado por un ente demoninado El Guardian:

El cine de terror alcanza su máxima intensidad en su combinación con el público infantil. Pese a que paradójicamente este género suela ser sistemáticamente no recomendado para este sector de la audiencia, es en las mentes vírgenes y aún imaginativas de los niños donde su impacto es mayor y más duradero, acompañándoles durante toda la vida. Es por ello que con la edad adulta es mucho más difícil encontrarse con momento terroríficos que realmente nos dejen un poso de malestar duradero, y normalmente las mejores posibilidades se puedan hallar en terrores más abstractos, psicológicos o metafísicos, a la manera de Lynch, Cronenberg o similares.

Al leer este párrafo pienso dos cosas:

Lo poco que me gustan los adverbios acabados en "-mente" aunque alguno se me cuele.
Las imágenes cinematográficas que aterrorizaron mi infancia.

1. Más que las gemelas o el doblaje, el hacha de El resplandor. Luego crecí y vi la película entera y reafirme lo que para muchos es mi mayor herejía cinéfila; no me gusta Stanley Kubrick.


2. Al grito de "Se va a caer, se va a caer", Harold Lloyd inauguró a mis tres años uno de mis mayores gritos de terror. Incluso ahora, cuando alguien menciona el hombre mosca mi primer pensamiento es para el genio del humor y no para David Hedison o Jeff Goldblum.


3. Un descuido. Esas manos, un grito y la voz de Vincent Price. Desde entonces el terror a que me enterraran vivo y la fascinación por la adaptaciones de Roger Corman hizo de Poe.


4. Un clásico. Mi primer contacto con el monstruo fue un reportaje que hicieron del cine de Víctor Erice. Entre juguetes y anuncios se coló esta escena en la tele y me hizo consciente de que los niños también podíamos morir.


5. El mayor grito de mi infancia. Cuatro año y el susto. ¿Quién le iba a decir a mi madre que la historia de un chico y una chica saliendo del cine se iba a convertir en una tarde intentando calmar a un niño y a una niña?


6. No fueron los extraterrestres con sus cremalleras, ni el tipo dentro de la urna. Una cruz tras la nuca. No puedes fiarte de los adultos. Ni de los padres, ni de la policía. Los adultos son tus enemigos. La gran moraleja de Invasores de marte.


7. La sección de terror del videoclub. Calle Santa Ana de Santa Margarida de Montbui. Portadas de películas de serie Z, imágenes que luego he relacionado con Lucio Fulci o con zombis atómicos. Mario Bava. Sexplotaixon. Demons, templarios cadavéricos, imágenes satánicas, carritos de bebes de los que rezumaba sangre, policías que volvían del más allá, interminables slashers, sangre, sangre y más sangre.


Y la imaginación hace el resto.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Este viento ocre de un desconocido

Librería. Devolucionando que no dejan de llegar libro y necesitamos espacio. Sí, lo sé, mala época con las navidades encima, pero qué quieres. Nos sobran libros. Así que Jorge, uno de nuestros libreros más veteranos, armado con un bolígrafo Bic casi vacío (es que ahora no duran nada) y un par de hojas repletas de títulos de libros para devolver se lanza a una espeluznante aventura que tendrá horripilantes consecuencias.

Patim patam patum, Jorge está devolucionando libros en la sección de deportes, ese mundo desconocido. Para Jorge la sección de deportes, junto con religión y economías, son agujeros negros de esos que inventó Stephen Hawkins. Nada sabe de ellos y cuando le explican algo de ellos, no entiende nada. Suele quedarse con cara de idiota... bueno, con cara de más idiota, cuando algún cliente le pide consejo.

- ¿Cuál es la biografía más literaria de Guardiola?
- ¿Me puedes recomendar un libro para ganar dinero en bolsa muy fácil y muy rápido?
- Dame un libro que hable de la grandeza de Cristo y que deje mal a las otras religiones, por favor. Es para mi nieto.

Pero para el trabajo de hoy solo necesita saber leer y hacer líneas más o menos rectas tachando los títulos que ya ha encontrado. Mejora tu paddel, encontrado. El mus y el zen, encontrado. Quince o veinte libros sobre el Barça, encontrados. Libros que dan consejos para subir una montaña, sobrevivir y luego bajarla. Hecho. ¡Qué trabajo más fácil y agradecido!, piensa Jorge. Hoy es un día tranquilo y feliz.

Idiota.

Porque cuando menos se lo espera entra LA pareja y más en concreto, el miembro masculino de la pareja y, por favor, nada de chistes soeces o dobles entendidos. La muchacha se dirige a la sección infantil. El muchacho se dirige a la sección de deportes y se pone a hojear los libros que explican que lo mejor para ir a pasear por el campo es poner un pie delante de otro, no tratar de mover los dos al mismo tiempo. Jorge chista cuando ve que tendrá a un cliente mariposeando por la sección y no podrá hacer su trabajo con calma, pero no pasa nada. El muchacho se pone de cuclillas porque la sección de montaña está en los barrios bajos de las estanterías. Jorge se sitúa detrás del chico, que parece buena persona y ecologista y macrobiótico y lleva barba de tres días y seguro que hace pan de lentejas es su casa y todo, y va leyendo los títulos de los libros sobre dominó. El chico pregunta si molesta, Jorge dice que no.Y de repente, sin previo aviso, el muchacho se inclina hacia delante, apoya una mano en el suelo, alza de forma casi imperceptible las posadera y...


La pierna de Jorge se ve azotada de forma inclemente por un viento ocre que le trae los aromas del desierto cuando se viaja entre dos camellos con problemas intestinales. La pernera del pantalón se mece por el aire por culpa de ese exabrupto ventosil que tiñe de rubio los pelos de las hermosas y fuertes piernas de Jorge. A sus odios llega un suspiro aliviado del muchacho, un "ains que a gusto me he quedado", un abrir las celosías del alma y ventilar los malos olores que tanto secretos provocan... Parece que a Jorge los vientos cual metralleta en manos de una abuela lo han paralizado, como a esas personas que ven como un motocultor sin control se abalanza hacia ellos y el pánico les impide desplazarse a un lado e impedir una muerte lenta, dolorosa y estúpida. El muchacho, con la sonrisa del desahogo en su cara, gira su cabeza y cual gato de Cheshire dice.

- Lo siento.

Mientras inicia una segunda salva. Jorge solo consigue darse la vuelta y alejarse de ese invisible hongo químico que se desplaza entre los libros. Como se suele decir, se lo ha tragado, en toda la cara, para peinarse. Ya puede borrar de su lista de cosas que no le han pasado nunca la número 89, "que un desconocido me pee con conocimiento de causa y alevosía". Y estupefacto y afectado aun puede rescatar de su orgullo maltrecho el que no ha dicho después de recibir la descarga y las disculpas, ese horrible "no pasa nada" que casi aparece entre sus labios.