jueves, 21 de agosto de 2014

La cabaña en el bosque

Por fin he visto La cabaña en el bosque.


Sí, ya lo sé, ya era hora. Pero más vale tarde que nunca. La compré hace unos meses y estuve esperando el momento adecuado. Y llegó cuando un día de estas vacaciones, A. se fue con los nenes a la piscina y me quedé la casa toda para mí. Y para los gatos, claro. Así que los tres nos pusimos delante de la tele y nos pusimos en el dvd esta absoluta maravilla.

Lo dejo claro desde el principio, soy de los que han quedado fascinados con esta película. Para mí es casi una obra maestra y una de las películas de terror más sobresalientes e interesantes de los últimos años. Película de terror que funciona como ensayo y reflexión sobre el género, que es un homenaje / parodía, una nueva visión a todos los clichés más manidos del tan querido género del slasher, un...,

No quiero hablar mucho más porque la gracia de esta película es verla sin saber de qué va. Como lo hizo A. cuando la vio un par de días después (un segundo visionado que engrandeció la película). Sin saber qué se iba a encontrar y sorprendiéndose en cada giro. Como la vi yo la primera vez. Admirándome ante tanta belleza. Porque The cabin in the woods es, entre otras muchas cosas, una película preciosa repleta de detalles, de secretos, sugerencias, homenajes, guiños, parodáis y etcéteras. Al igual que otra obra maestra como es Shaun of the dead. Ambas películas infinitas.

¿Qué soy un exagerado? Puede, ¿pero quién no lo es con lo que le gusta?

Y si alguien quiere saber más, otros se explican mejor que yo. ¿Dónde? Aquí:
El blog Ausente
El Cinéfago de la laguna negra.

lunes, 18 de agosto de 2014

Vuelta al trabajo

Pues sí, después de unas dos semanas de asueto y vacaciones, vuelta al trabajo.
¿Estabas de vacaciones?
 Sí.
¿Y por qué no has escrito más? ¿Dónde están las actualizaciones? ¿Dónde están la entrada del edificio malrollero que tenéis delante de casa o el de las pelis que has visto o el sueño con risas enlatadas? ¿Por qué no has escrito nada si tenías tiempo? ¿Y la playa? ¿No has escrito que has estado tres días en la playa? ¿O las dudas sobre si continuar el blog de juvenil? ¿Por qué?
Lo sé, tenía tiempo y no he escrito nada. Pero es que estaba de vacaciones y se cambian ritmos y rutinas. Por ejemplo, en estos quince días no he leído prácticamente nada. Un libro y unos pocos cómics. Y eso para mis estándares es muy poco. Ya se sabe que en vacaciones hay que aprovecha..r para hacer aquellos que no se tiene tiempo y he paseado más, he visto muchas películas, pasar tiempo con los nenes, jugar a la play con Niño Lobo y discusiones espacio temporales con Nina Zombi y horas pupulando por el piso sin hacer nada de provecho. Para eso están las vacaciones, creo. ¿Qué tendría que haber escrito más? Puede, pero la intención es que en los próximos días nos pondremos al día. Hay cosas que explicar.
¿Cómo?
Lo apuntado de los días en la playa, las películas, el libro que me he leído entre gritos de entusiasmo, y también cómo llegue a ver el culo en pompa de una desconocida a pocos centímetros de mi cara, entre otras cosas.
Ahora lo principal es concienciarme que vuelvo al trabajo y que la campaña de texto sigue allí, esperando agazapada.
Feliz regreso.



Y en unos días la fiesta mayor de Igualada... qué pereza.

viernes, 1 de agosto de 2014

jueves, 24 de julio de 2014

¿Tenéis el libro...?

- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Tenéis el libro que le vi una vez a una chica?
No dice nada más. Se queda plantada delante del librero con su sonrisa, pelo recogido, mirada franca, gafas de diseño, escote veraniego, bolso infinito.
- No sé, ¿sabes algo más del libro?
- Sí - sonríe consciente de la vaguedad de sus palabras-. Follaban.
- ¿Algo más?
- Pues me parece que al principio a ella no le gusta, pero luego sí y él es guapo.

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- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Tenéis algún libro con alguna historia?
- ¿Un libro de historia?
- No, un libro con alguna historia. De amor o de asesinos.
- Alguno tenemos.
- Pero que sea una historia que sirva para esperar. Si no es para esperar, pues no sirve.

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- Hola.
- Hola.
- ¿Tenéis uno de esos libros que enseñan a follar bien?

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- ¿Tenéis el workbook de inglés?
- ¿De qué editorial? ¿Y curso?
- De inglés y el curso no sé. Es que todo eso del colegio lo lleva más mi mujer y con cuatro hijos no querrás que me sepa dónde va cada uno, ¿no?

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- ¿Tenéis el libro que encargué?
- ¿A qué nombre se hizo el encargo?
- Al mío. ¿Ha llegado o no?

domingo, 20 de julio de 2014

Crisis lectora

En plena crisis lectora.
¿Qué significa eso?
Que puedo llegar a pasarme veinticuatro horas sin abrir un libro.
Y para una persona que cuando baja a buscar el pan se lleva un libro por si hay cola o se lleva dos libros a la boda de un amigo por si hay algún momento tonto, es mucho.
Muchísimo.
Y me desespero, claro. Abro libros y los cierro a las tres páginas. Miro una y otra vez los centenares de libros que tengo en casa por leer, pero ninguno me apetece. Releo por aquí y por allá alguna página de novelas que me gustaron. Voy como alma en pena por casa. Miro una y otra vez las mismas estanterías en la librería por si en los últimos cinco minutos ha aparecido algo nuevo que se me hubiera pasado por alto. Suspiro. Me quejo. Bufo. Pierdo el tiempo mirando las paredes y vuelvo a suspirar. Me aburren mis géneros de siempre y no me apetece nada probar algo nuevo.
Aburrido.
Desquiciado.
Quejoso.
Bastante patético, lo sé.
Al final de este bache lector siempre acabo saliendo de la misma forma. Me cae en las manos un libro totalmente alejado de lo que acostumbro a leer. Algo que nadie, ni yo, pensaría que acabaría leyendo. Creo que es una forma de relajar la mente. Dos o tres libros leyendo algo que de forma usual no leería que me sirve para reconectar con la novela negra, la fantasía, lo experimental, el terror...
¿Y qué estoy leyendo ahora?
El viernes entré en la librería después de mi consabido jueves de descanso. Mi jefe me comenta que el día anterior vino tal representante y dejó un ejemplar promocional de un libro que saldrá en septiembre y que la editorial tiene mucha esperanzas y bla bla bla y que al representante le gustó de forma inesperada. Lo cojo y miró. Me lo llevo que no tengo nada que leer. ¿En serio?, pregunta el jefe. A ver qué tal. ¿Qué libro es?
Open de Andre Agassi.


La autobiografía del tenista. Llevo tres días con ellas. Es lo único que leo ahora. La historia de alguien que no me interesa, su relación con un deporte que no me interesa, sus matrimonios, obsesión por el pelo, descripciones de partidos que no entiendo y mucho sufrimiento, odio y represión. ¿Y qué tal?

Pues bien. Es lo que necesitaba. Me permite leer, recomponer estructura lectoras y, la verdad, es que el libro está sorprendentemente bien escrito. El personaje me sigue sin interesar (aunque sorprende tanto odio por el deporte, tanta represión de sentimientos, tanta dependencia), pero admiro la sinceridad aunque ya sabemos que toda autobiografía no deja de ser una faceta de la ficción. Y no aburre, lo que es mucho.

La verdad es que no me hubiera nunca imaginado encontrándome leyendo la autobiografía de un deportista de élite. Ni me interesan las biografías ni el deporte, pero todos sabemos que las crisis acaban conllevando nuevos escenarios.

¿Y después de este? No sé. Un ensayo antropológico sobre brujería, quizás. Ya veremos.

domingo, 13 de julio de 2014

Harold Lloyd en un globo

Igualada es famosa porque nunca se hace nada.
Esa es por lo menos la cantinela que se oye en muchos de sus habitantes y que todos los que hemos vivido en ella lo hayamos dicho en algún momento.
Y no es cierto aunque, claro, si se compara lo que se hace ahora en la ciudad con lo que se ha llegado a hacer, pues sí, en Igualada no se hace nada. Pensad que estamos hablando de una ciudad fundada por Ramses II durante unas vacaciones, que ha soportado invasiones fenicias, griegas, romanas, sajonas, vikingas, aztecas, plutonianas, yankis, confederados, nazis comunistas, amazonas y muchos etcéteras. Que ha visto como su caudaloso río era utilizado para conspiraciones, pruebas nucleares, concursos de starletts. Donde se hizo el primer festival de Cannes, se enterró con honores a Alejandro Magno y aun perdura en su memoria los paseos de Gina Lollobrigida por sus Ramblas del brazo de un poderoso empresario de la zona.

Comparado con su historia, en Igualada a día de hoy no se hace nada.

Entre las cosas que se hacen, pero parece que no, en julio hay un festival que en aras de la modernidad tiene nombre en inglés. El European Balloon Festival. ¿Y qué es? Pues un festival de globos aerostáticos de nivel europeo. ¿Qué por qué no se llama Festival Europeu de Globus? Pues no sé, eso es cosa de la organización y ahí no me meto. Pues eso, globos por el cielo, hinchar los globos, saludos y actividades paralelas.
Reconozco que a mí el festival me la trae más bien floja, y perdonaréis la expresión. Los globitos nunca me ha llamado la atención y lo de volar nunca ha sido una de mis prioridades. Pero suelo estar al tanto de las actividades que se organizan a su alrededor por si hay algún concierto que me interesa (este año no es el caso) o alguna proyección (que sí lo fue).

El martes hicieron una proyección de tres cortos de Harold Lloyd con música de piano en directo. Me lo dijo mi buen, pero enervante amigo Jordi y para allá que fuimos.


La proyección la hacían en un teatro que habían acondicionado para la ocasión. Habían cubierto la sala del teatro con una tela de globo y la sensación era estar dentro de uno. A mí no me hizo ni pizca de gracia porque mi claustrofobía es importante aunque sea en espacios cerrados, pero amplios y las mofas del gilipollas de mi amigo no ayudaban.

Entrar en la sala del teatro fue una pequeña odisea. Al llegar coincidimos con un montón de señoras mayores, a los que los maleducados llaman viejas, que salían en tropel cual ñus con exceso de laca de una reunión social. Ellas salían, nosotros entrábamos. Yo, en un acto de supervivencia que se puede confundir con el egoísmo, me colé entre dos señoras que salían y casi atropello a una. Jordi, movido por no se qu
é sentimiento de amabilidad, sonrió a una de esas abuelas y le sostuvo la puerta para que saliera. ¿Resultado? Que se quedó como un pasmarote aguantando la puerta a cerca de veinte señoras que sin consideración y dominando la creación salieron todas juntitas.

Accedimos a la sala y los cortos.
El primero, flojito. Una película temprana y básica. Harold afinando el personajes.
El segundo, maestro. Una puñetera genialidad. Numbre, please? Un ejemplo de pura comedia física, de construcción de gags, de arte puro cinematográfico. Y sí, la carga emocional del montaje cinematográfico es cosa de Griffith y los rusos, pero el ritmo es creación de los cómicos americanos. Se nota que Lloyd ya había encontrado su personaje (el chico que quiere impresionar a toda costa a una chica que no se lo merece), se sentía cómodo ante la cámara y que detrás de ellas estaba el genio de Hal Roach.


El tercero, divertido, pero con hambre de largo. Una historia que necesitaba el largometraje para desarrollarse. El corto discurría a medio gas, algo apresurado en la resolución de los gags. Más metraje, más tiempo, más historia y desarrollo. Al poco llegarían los largos de Harold Lloyd y un puñado de obras maestras.

¿La reacción del público? Estupenda. Carcajadas. Entre viejos y jóvenes. Funciona. Sigue funcionando. La comedia que en los años diez y veinte se inventaron en Hollywood sigue funcionando. Los clásicos no fallan y desde la comedia griega, ver a un pobre hombre enfrentado a la gran maquinaria del universo por una china, sigue despertando empatía y carcajada.

Después del cine, paseíto y cada uno para su casa deseando que este tipo de actividades se hicieran más a menudo.