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jueves, 19 de marzo de 2015

Combate casi épico

Ayer en la tienda asistí a un épico combate...


Bueno, matizo, a los prolegómenos de lo que podría haber sido un épico combate entre:

En la acera, un señor de unos sesenta años con una pésima dentadura con los ojos desorbitados, mascullando, maldiciendo y con los puños alzados (pruebas evidentes que de que había entrado en furia y no contralada)

Enfrente, un muchacho de poco más de treinta años, transportista en una agencia de libros, metro noventa y que lleva más de doce años cargando paquetes y cajas de un lado para otro.

¿El motivo? Un quítame de ahí ese camión que tengo que pasar y no quiero subirme a la acera ni esperarme.

¿Y yo? En medio.

Estamos ya de lleno en la vorágine de Sant Jordi. Pedidos, libros, muchos libros, demasiados libros que llegan en cajas. Y esas cajas, a pesar de lo que cuentan tradiciones y leyendas, no aparecen por arte de magia ni las traen los elfos de Sant Jordi. Esforzados transportistas se levantan a las cuatro de la mañana y empiezan a repartir cajas repletas de libros por toda Cataluña. Aquí treinta cajas, allí, quince. Allí, veinte. Y solo de un proveedor. Porque otro transportista traerá veinte cajas más de otro proveedor y...

Ayer tocó Anaya. Veintiséis cajas llenas de libros. Tanto el jefe como yo nos abalanzamos con la plataforma para ayudar al transportista. Descargar uno solo esas cajas es una putada. Entre tres, la putada se reparte y es más rápido. Total, que en el mismo momento en el que el camión aparca y sale el camionero, empiezan los pitidos del coche que tiene detrás.

Hay que reconocer que la calle donde está la librería no es agradecida. Es estrecha y de mucho paso. No hay sitio para aparcar y los camiones grandes lo tienen difícil, pero entre todos y con un poco de paciencia, vamos haciendo. El transportista, entres hostias y joderes mascullados que rebelan que lleva unas cuantas horas con esta mierda, hace señas al coche para que pase por el lado subiéndose un poco en la acera. El señor que está dentro del coche hace ese gesto tan internacional de en un movimiento rápido, con un mano doblar el codo del otro brazo mientras este cierra la mano en un puño, se agita levemente mientras en una conjunción de ojos y mandíbula se insinúa algo así como te lo voy a meter por el culo como me vuelvas a decir lo que tengo que hacer.

El transportista suelta otro gesto obsceno que no logré ver cuál era y suelta eso tan conocido de

- ¡Pero será gilipollas el tío!

a voz en grito provocando que el susodicho tío, gilipollas según el transportista, entre en furia y aunque pierda algún punto en defensa, lo suma a la fuerza de sus sesenta y pico años llevados de aquella manera. Sale del coche y se acerca a donde nosotros estamos descargando cajas. Con paso decidido agarra por la camiseta al transportista con un mano y alza un puño con la sana intención de estampárselo en toa la jeta porque a mí no me llama gilipollas ni mi puta madre. El transportista se zafa de la presa del conductor enfurecido, se coloca la camiseta y lanza al aire un "como me vuelvas a tocar te comes a hostias, tío mamarracho" en un ataque de rabia tan grave y fulminante que olvida las normas básicas de gramática. A esto que yo me encuentro entre los dos sin caja ninguna y sin pensar me encaro al señor enfurecido y sin tocar le pido que se calme, que no pasa nada, que ya acabamos, que no es necesario insultar ni agredir, que estamos trabajando y ahora acabamos, que nadie tiene que insultar a nadie y etcéteras. El señor enfurecido alza un puño y veo en su mirada perdida y asesina que quiere pegarme a mí,

... no soy bueno en peleas. No me gusta pelearme. Las únicas peleas que concibo son las que pasan en Las Vegas y siempre que haya barro por medio. De pequeño me pegaban mucho y aprendí a pelear de esa forma guarra que combina mordiscos, tirones de pelos, manotazos e intentos de asfixia. Eso era en el colegio. Desde entonces no me he visto metido en peleas ni quiero verme en ellas. No sé como reaccionaría si me viera en una. Y no quiero saberlo...

pero un amigo que iba con él en el coche lo detiene y se lo lleva diciéndole que no vale la pena. El transportista está más calmado y bajo la vigilancia de mi jefe y le dice al señor que ahora está un poco menos enfurecido que le ayudará a pasar al lado del camión. Todo parece que se acabará hasta que desde la librería sale el grito de un cliente que ha asistido a todo eso

- ¡¡¡¿Es qué nunca has trabajado, gilipollas?!!! Deja de pegar que todavía te va a dar un algo.

La gente no ayuda.

Porque tras eso, los ánimos se volvieron a caldear y de nuevo estuvieron a punto de llegar a las manos porque uno se sintió herido en su honor y el otro andaba muy quemado. Sea como sea, la pelea no llegó a ocurrir, el coche pasó tras seguir las indicaciones del transportista, mi jefe y yo descargamos todas las cajas, firmamos el albarán y la mañana siguió su curso.

Diez minutos de gritos, agarrones, insultos y una larga cola de coches pitando como locos en una descarga que hubiera llevado tres.

Queda inaugurada la temporada de Sant Jordi.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Resumiendo la Odisea. Segunda clase

- Buenos días, alumnos.
- Buenos días, señor profesor.
- Después de más de tres años perdidos en una dimensión plagada de monstruos y batidos de banana caníbales porque alguien no supo estarse quieto y no juguetear con portales que no son suyor... y no miro a nadie...
- ¿Y yo qué sabía?
- ... continuamos con nuestra clase resumiendo la Odisea para que tengáis las herramientas necesarias para hablar de ella sin necesidad de haberla leído.
- ¡Bieeeeeen!
- El profe sigue igual de guapo.
- Diría que se ha engordado.
- Sí, pero de un modo sexi.
- Apetecibles lorzas sensuales en las que untar mayonesa y frijoles para jugar al arbitro y la doctora.
- Uuuuuuuh.
- De acuerdo. Abrid el libro por la página cuarenta y seis y dibujad un pene en la frente de Shakespeare. ¿A qué queda gracioso?
- Sí.
- ¡Qué bueno!
- ¡Shakespolla!
- Pues ahora cerradlo y pinchad sobre el enlace para recordar la clase anterior.

- Mialos que guapos los novios.
- Sí, sí, sniff, sniff.
- ¿Y quiénes son?
- Ni puta idea.
- ¿Ya está?
- ¡¡¡¡Sí!!!!
- ¿Os ha quedado claro todo hasta ahora?
- Sí.
- ¿El qué?
- Que Homero estaba como un puto dios.
- Exacto. Continuamos. Antecedentes de la Odisea. El juicio de Paris.
- Como la ciudad.
- Pero sin acento.
- ¡Qué listo!
- ¡Cómo habla!
- Pos enresulta que en Grecia, ese lugar sobrevalorado e innecesario para la historia de la humanidad así en general, había muchos dioses. Pero muchos. No se sabía muy bien de dónde venían. Unos dicen que eran viajeros del futuro con habilidades mejoradas genéticamente. Otros que sencillamente eran unos jetas que se aprovechaban de que los griegos en general fueran tontos. Sea como sea, eran los putos amos.
- Profe...
- ¿Sí, niño con cara de rata?
- ¿Cómo Los sopranos?
- No digas gilipolleces. Son dioses, no una serie de la HBO con guiones de hierro, brutales intepretaciones y una complejidad moral heredera de Dostoievski. Eran dioses. Inútiles que solo follaban, castigaban o mataban.
- Vale, vale...
- Pues eso, que como todos los dioses se aburrían y se dedicaban a meterse en absurdas discusiones. Una de las más famosas es la que implicó a tres diosas: Atenea, Hera y Afrodita.


 y a un príncipe que hacía honor a todos los príncipes, Paris.
- Como la ciudad.
- Pero sin acento. Y como vuelvas a hacer el chiste te comes tus piernas.


- Pues todo empezó en la boda de Peleo y Tetis...
- Ji, ji, ji. Tetis ha dicho...
- ... a las que se invitó a un montón de gente y todos borrachos y tal. A los dioses también. A la única que no se invito fue a Eris, diosa de la discordia a la que gustaba malmeter e ir diciendo eso de tas enterao de lo que dicen de ti, pues anda que esa va fresca, mira yo no sé nada, pero yo que tú...
- Qué mal rollo.
- Mucho. Eris era malrrollera de naturaleza. De ir mirando por las ventanas, escuchar lo que dicen en la peluquería y comentar en la cola del pan. Pues a la boda no la invitaron y se dijo, pues vais a ver tos vosotros, dioses de mierda.
- Profe, profe, profe.
- Dime, espectacular pelirroja*.


- Que digo yo que esos Peleo y Tetis muy listos no son.
- Justifica tu respuesta.
- Que puestos a no invitar a alguien, pues no invita al dios del perdón, al dios de los pues no pasa nada o al de a mí me da igual. Digo yo que mejor invita a los que te pueden joder.
- Claro. Porque siempre pasa igual. En otra historia unos reyes invitan a todas las hadas que conocen, menos a la que si no invitan se va a resentir y putear. ¿Y eso qué nos enseña?
- Que dioses y reyes son idiotas.
- Muy bien. Hoy tendréis treinta segundos más de patio.
- ¡¡¡Bien!!! El profe es cojonudo.
- Y tan guapo.
- Bueno, pues que estaban todos en la boda que se besen, que se besen, y bebiendo, y los niños correteando y la abuela bailando encima de la mesa con las enaguas al aire y todos diciendo qué guapa la novia y tal, cuando aparece Eris y dice pues sus voy a joder la fiesta. ¿Y qué creéis que hace? Venga, braaaaaaaainstorming.
- Le quema el vestido a la novia.
- Se mea en el ponche.
- Contrata a una tuna para que cante durante tres horas.
- Tira el pastel al suelo.
- Mata a la abuela a golpes y luego obliga a la novia a comérsela mientras el novio sodomiza a un caribú.
- Grandes ideas, pero no. Lo que hace es ir a la mesa donde estaban los dioses y les lanza...
- Una bomba.
- Una cagada de cabra.
- Una cabeza humana.
- No, alumnos. Una manzana de oro.
-...
-...
- Pues vaya mierda. Eso no sangra ni nada.
- Los dioses se la quedan mirando mientras murmuran qué coño hace esta. Entonces Eris se los queda mirando y dice, la manzana es una regalo. Para quién, preguntan los dioses. Bueno, lo preguntan todos menos Baco que estaba ya como una cuba y dormía entre sus orines en el suelo. ¿Para quién?, dice Eris en plan interesante. Pues la manzana será pa la diosa más guapa. Y se larga.
- Menuda chorrada.
- Chorrada, sí. Pero efectiva. Recordemos que los dioses son idiotas. Así que se ponen y quién es la más guapa de las diosas.
- ¿Y a quién importa?
- A nadie, pero los dioses se interesan por temas intrascendentes. Háblales de agricultura o de curar enfermedades y la la la la, aquí no estamos. Pero diles que participen en un concurso de belleza, y todos a hostias.
- ¿Y al final quién es la más guapa?
- No se pusieron de acuerdo y tras mucho discutir y pelear quedaron tres finalistas. Atenea, Hera y Afrodita. Y estas tres se pusieron delante de Zeus y le dijeron, venga elige la más guapa.
- ¡Qué marrón!
- Pero Zeus mostró inteligencia y dijo que él las encontraba guapas por igual.
- Cobarde.
- Prudente. Piensa que se enfrentaban su hija, esposa y tía rara.
- Mejor no ponerse por medio.
- Imagina lo que serían las cenas de navidad. Así que Zeus decidió pasarle el marrón a otro. ¿A quién? A un príncipe que para matar el tiempo y dilapidar la fortuna familiar jugaba a ser pastor. Paris, hijo de Príamo rey de Troya. Así que Zeus dijo, Hermes te buscas a Paris y que se venga. Y así lo hizo y Paris se presentó y tras una larga deliberación eligió a la más guapa.
- ¿Quién?
- Eso en la próxima clase. Ahora, ensayo en el gimnasio del musical de fin de curso.
- Oooooooooo
- Sus calláis y a mover el culo.


*¿Mejor, Jordi?