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viernes, 1 de enero de 2021

Un puñado de lecturas de este 2020 que se ha ido

Mi amiga Cristina me pide una lista de las lecturas del año 2020 y si me lo pide mi amiga Cristina, obedezco. Son un puñado de títulos de todos los que he leído este año. No incluyo dos novelas que me gustaron mucho, pero que no acabé (efecto Bolaño, al llegar a su último tercie acabaron agotándome... las tengo en la reserva para ver si algún día venzo el cansancio). Ha sido un año bastante pésimo. Las circunstancias del virus y confinamientos acabaron con mis ganas de leer y ha sido más bien agónico. Además, muchos empezados y abandonados. Los que siguen son los que más recuerdo. Irán más o menos por orden de lectura, no por orden de preferencia.

El quimérico inquilino, Roland Topor, Valdemar


Para mí es una comedia. Negrísima y, seguramente, sin gracia, pero una comedia al fin y al cabo. Como los cuentos de Kafka o la Eraserhead de David Lynch. Un pobre tipo en un inmueble y un abismo hacia la locura. La alienación, el conformismo, el desdoblamiento de la personalidad para agradar a ese monstruo llamado sociedad. La novela es cruel con su personaje y con el lector, claro. Al final solo queda un grito ahogado y el conocimiento de que ni la locura es una salida.

No sé si fue la mejor novela para empezar el año, pero sí fue una de las mejores lecturas.

El árbol del ahorcado, Dorothy M. Johnson, Valdemar


La película de El árbol del ahorcado (Delmer Daves, 1959) es una de esos tótems en mi vida. El cuento que le da título no tanto, pero es una obra realmente apasionante. Como toda la narrativa de Dorothy M. Johnson. Temas clásicos en la narrativa del oeste, pero dotados de una vida particular y un gusto por el drama íntimo y personal.

Saga La rueda del tiempo, Robert Jordan, Timum Mas


Me gusta La rueda del tiempo. Me gusta mucho La rueda del tiempo. Es larga, repetitiva y confusa, pero a la vez es terriblemente entretenida y, por momentos, muy emocional. Si soy sincero la sigo leyendo por todos y cada uno de los personajes femeninos; sus aventuras son más interesantes, ellas son personajes más cuidados, cercanos y divertidos y son el cerebro y el corazón de la aventura. Ellos, están y se quejan. Las novelas tienen un gusto exquisito para la descripción de lugares y gentes, para el movimiento de tropas y las sorpresas que volumen tras volumen nos va dejando. Sí, ya sé cómo acabará y es muy poco probable que los protagonistas mueran, pero el viaje está siendo muy divertido. Llevo ocho partes de las catorce. Quizá son demasiadas, pero se me harán pocas.

Alma vagabunda, Todd Mayfield, EsPop Ediciones


Curtis y Superfly son dos discos muy importantes para mí; de esos que te definen como persona y pondrías en cualquier lista. Con estos antecedentes la lectura de esta biografía iba a ser necesaria. El libro es apasionante. Iba con el temor de encontrarme con una hagiografía del músico, pero fueron infundados. Muchas luces, muchas sombras Un hombre complejo, no siempre simpático ni agradable; uno de los genios de la música del siglo XX, voz para inquietudes y fantasmas. La edición de EsPop es maravillosa (como todo su catálogo) y la biografía es una lectura intensa y absorbente. Al terminarla no solo sientes más cerca a Curtis Mayfield y la comprensión de sus canciones aumenta, si no que el confuso siglo XX, la lucha por los derechos civiles, la evolución del soul y la música popular se iluminan mejor.

Harley Quinn. Cristales rotos, Mariko Tamaki y Steve Pugh, Hidra


Novela gráfica que reinventa el origen de Harley Quinn convertida en esta ocasión en una adolescente problemática que busca respuestas. Un excelente cómic sobre la forja de la identidad, el desarraigo, el desconcierto adolescente y la creación de mitos. El dibujo de Steve Pugh es maravilloso.

Muertes perfectamente evitables, Deirdre Sullivan, LaGalera Editorial


Se ha convertido en una de mis novelas juveniles favoritas. La historia de dos hermanas en un pueblo de Irlanda y sus sutiles conexiones con la brujería. Identidad, confusión, violencia, abusos, y todo explicado en un ambiente mágico y por momentos casi onírico donde la fantasía se sobreentiende y todo podría ser producto de una imaginación demasiado poderosa. Han pasado meses, pero la novela sigue viniendo a mí. Ojalá más novelas juveniles como ésta donde se abren nuevos caminos. Las autoras irlandesas están haciendo cositas muy, pero que muy interesantes.

Teniente Bravo, Juan Marsé, Seix Barral (edición descatalogada. Se puede encontrar en la colección contemporánea de DeBolsillo, pero falta uno de los cuentos).


Son cuatro los cuentos que componen el libro, pero el que se te queda pegado a la memoria es el que da título al libro. La desventura tragicómica y patética de ese teniente Bravo saltando un viejo potro de gimnasia. Uno de los mejores cuentos en lengua castellana, un puñetero prodigio narrativo, de composición, con un punto de vista inteligentísimo y un perfecto sentido del ritmo y la progresión. Una anécdota cuartelaria elevada a alta literatura y a agudo retrato de una época y de un sentido de la masculinidad que, por fortuna, vamos superando.

Dendritas, Kallia Papadakis, Automática Editorial


El fracaso, la decepción, la condena al olvido... Dendritas habla del universo cotidiano de una familia de origen griego y cómo sus vidas se hunden. No hay grandes tragedias, solo el peso del fracaso, del universo cotidiano y de cada uno de los sueños que se tienen acaban hechos añicos. Al final no hay solución, solo incertidumbre y un día más. Maravillosa.

La sonrisa olvidada, Margaret Kennedy, Ediciones del Viento


No sé si es una novela divertida con un poso triste, o una novela triste terriblemente divertida. Sea como sea, la peripecia de tres ingleses en una pequeña isla sirve para hablar de la memoria, el legado, el dolor y sanar las heridas por medio del rito y la palabra. Diga lo que diga no le haré justicia a esta pequeña miniatura. Ah, y sale uno de los personajes más gilipollas que he tenido el placer de encontrar en una novela.

Despertar a l'infern, Kenneth Cook, Males Herbes


Como con El quimérico inquilino, para mí Despertar a l'infern es una comedia. De nuevo negrísima. Y violenta, asfixiante, desesperante y agónica. El descenso al infierno físico y moral de un pobre tipo en una ciudad perdida en mitad de Australia. La novela es perversa porque el lector siente un extraño placer en la cantidad de perrerías y putadas que le suceden al protagonista porque, la verdad, un rato gilipollas y cretino, es.

Jacques Offenbach y el París de su tiempo, Siegfried Krakauer, Capitán Swing


Jacques Offenbach es mi pastor, con su música nada me falta.
Orfeo, La gran duquesa, Helena, el puñado de bandoleros, los timadores del París del Segundo Imperio, la música, los cabarets, el can can, la guerra... una sociedad absurda que Kracakuer retrata partiendo del genio musical del Boulevard en una biografía social adictiva y absorbente.

Espontánea, Aaron Starmer, Gran Travesía


Las explosiones espontáneas como metáfora de lo jodido que es la adolescencia. Una novela juvenil fresca, distinta, divertida, ambigua y terriblemente triste. El desarraigo y el desconcierto adolescente llevado al límite.

Y ya está. Ha habido más, pero con estas doces es suficiente.
Para el próximo año, leer quizá no más, pero sí mejor. Ensayos de cultura popular, LIJ que busque nuevos caminos y formas, profundizar en literatura de humor, en la literatura cubana y en los cómics de Wonder Woman. Y lo que vaya surgiendo.

jueves, 27 de agosto de 2020

Donde vuelvo con los libros. 2 reseñas como dos soles.

Hay malas costumbres que no llegan a irse del todo.

La pedicura intracutánea, aterrorizar a campistas con una máscara, machete y ganas de carne fresca y escribir comentarios de recientes lecturas. No me gusta, lo había dejado, pero de vez en cuando recaigo y me pongo a pensar que tal libro si le hago reseña, que tal otro si escribo sobre él a lo mejor encuentra lector, que si... Mierda y mil veces mierda porque me dije que no volvería a las andadas y aquí estamos de nuevo. Y más si, como es el caso, se trata de literatura juvenil.


Alguien me comentó en alguna red social (no recuerdo dónde) que Dare me (¿por qué no se ha traducido el título? Un Rétame queda la mar bien...) no le había gustado porque no había ningún personaje simpático. Otra lectora me comentó algo parecido, que en la novela de Megan Abbott no se había podido identificar con ningún personaje y eso le había provocado mucho rechazo. A mí me ocurre lo contrario, que absolutamente todos los personajes sean egoístas, egocéntricos, crueles, víctimas y verdugos y que la autora no haya jugado la baza fácil de la identificación es lo que me atrapó. Eso y que esté ambientada en el cruel universo de las animadoras de instituto; submundo que me gusta y al que estoy dedicando un ciclo en mi blog de cine.

Dare me es un thriller psicológico; una entrenadora nueva llega al instituto y revoluciona el equipo de animadoras a base de trabajo y exigencia ganándose la enemistad de una y la admiración de otras. Se entra en un juego de poder, secretos y venganza que, naturalmente, acabará conduciendo a la tragedia. Y a la diversión, claro, porque gran parte de la gracia de la novela es ver cómo se construye poco a poco la trama y como se pavimenta el camino hacia un inevitable final en el que todo saldrá mal. Muchos silencios, muchas palabras por decir, muchísima manipulación, claro, y todo explicado por un narrador muy poco fiable y que distorsionara lo sucedido para ajustarlo a su mundo.

Megan Abott es una escritora muy hábil, como ya demostró en una novela anterior que publicó la imprescindible Es POP Edicines, Reina del crimen, y su gusto por los narradores "olvidadizos", los personajes turbios, la violencia soterrada que acaba estallando y las tramas complejas. No busca ponerle las cosas fáciles al lector ni trata el género juvenil con condescendencia (como sí hacen otros muchos autores de literatura "adulta" cuando se ponen a escribir para jóvenes) y arma su novela con contundencia narrativa y literaria.

Dare me es un thriller ambientado en un instituto y protagonizada por las reinas de éste, las animadoras. Hace un análisis preciso del nivel de exigencia física, del sacrificio que supone ser una animadora, de los personajes que deben inventarse (ahora eres una animadora) y de todas las renuncias. Un grupo complejo, ambiguo donde dota de vida y voz propia a los personajes esquivando los estereotipos, pero donde se la juega con el trío protagonista. 

Abby y Beth son las reinas abejas de las animadoras y mantienen una relación de amistad compleja, dura, llena de silencios y manipulaciones donde no sabes quién es cruel con quién ni quién es el manipulado. Esta amistad se pone a prueba con la llegada de Colette, la nueva entrenadora, otro personaje turbio y complicado. Las relaciones de poder que se establecen entre las tres es el armazón de la novela y lo que hace que ésta sea tan adictiva. 

Reconozco que esperaba poco de ella y me ha dado mucho. Dare me ha sido una gratísima y compleja lectura y la que provocó que me entraran muchas ganas de volver a leer literatura juvenil después de un tiempo alejado de ella porque solo encontraba lo de siempre y explicado de la misma forma.

Y si a alguien le da pereza el libro, en Netflix podéis encontrar una serie basada en la novela. No se conforma con ser una traslación, si no que hace crecer el mundo, le da más complejidad y protagonizada por una fascinante Marlo Kelly como Beth. Le sobran filtros azules, cámara lenta e hieratismo a alguno de los actores, pero es entretenida y cruel. A mí me vale.


*** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** *** 


Pero si ha habido una sorpresa en las lecturas juvenil que he hecho últimamente es Muertes perfectamente evitables de Deirdre Sullivan que ha publicado La Galera Editorial. Es una de esas historias que sin saber muy bien por qué tocan cuerdas y fibras precisas y acaban haciédolas tuyas y explicándote. Suena cursi, lo sé, pero con novelas que me han gustado mucho me cuesta explicarme. 

Que recuerde un mazazo emocional parecido tendría que retroceder a la lectura de La temporada de accidentes de Moïra Fowley-Doyle. 

Deirdre Sullivan. Como me ocurrió con Moïra Fowley-Doyle y Maggie Stiefvater, mientras leía su novela solo quería pedirle matrimonio y que me rechazara.

Y sí, ambas tienen muchos puntos en común, Irlanda, familias complejas, brujería, toneladas de ambigüedad y un acercamiento diferente y esquivo al fantástico. La historia de dos hermanas en un pueblo nuevo está cargada de aristas y ambigüedad, gracias a un narrador poco fiable y que los elementos fantásticos pueden ser o no y no dejan de ser traslaciones de lo que les ocurre a las protagonistas funcionando como contrapunto y sombra.

De ritmo tranquilo, donde la historia y los personajes crecen poco a poco y donde el lector debe acostumbrarse a este discurrir lento. No hay grandes momentos épicos ni revelaciones, todo es más tranquilo... e inquietante. Porque es una novela de secretos y el lector asiste como se desvelan poco a poco y cambian la historia. Pero algo inquietante y turbio discurre por todas la páginas, una violencia implícita que no proporciona una lectura tranquila. Ritmo lento, pero no tranquilo. Algo no funciona en ese pueblo y Deirdre Sullivan consigue trasmitirlo muy bien al lector por medio de la mirada de Madeleine. No es una lectura cómoda.

Esto es lo que busco en una novela; no quiero el terreno conocido y cómodo donde sé qué me voy a encontrar. Quiero novelas que me reten y me expliquen otros mundos y otras dimensiones. Muertes perfectamente evitables busca abrir otros caminos en el género y encarar los temas de otra forma. ¿Por qué explicar lo mismo? Hay una voluntad literaria en la forma en que está escrita la novela, el narrador parcial, la ambigüedad, el gusto por una prosa lírica, evocativa, descriptiva, crear escenas de onirismo y fantasía (los paseos nocturnos de Madeleine, su romance...), coquetear con el terror y tener como referente Siempre hemos vivido en el castillo. En esa tradición literaria se adhiere Deirdre Sullivan; ese gótico rural con pequeños destellos de paganismo. Y hablar de "temas importantes" sin que en ningún momento suene a sermón, lección o se coman lo que es importante, la literatura.


Para mí Muerte perfectamente evitables se ha convertido en una novela importante; una de esas que no sabes por qué te explican y con las que doy la tabarra en la librería insistiendo en ella. Vale la pena acercarse a este universo. Y perdonad las cursilerias.

jueves, 22 de junio de 2017

Cuatro días de asueto...

... y la intención es hacer muchas cosas, pero...
... entra el factor niña (y dejo los puntos suspensivos que esto no es una novela de Albert Espinosa).

Por x motivos tengo cuatro días festivos seguidos, lo que no es muy usual. Y siempre hago planes.

- Acabar de rever la segunda temporada de Twin Peaks antes de ponerme con la tercera.
- Ver alguna de las películas de cine negro de serie B que tengo guardadas para cuando encuentre hora y media.
- Leer y hacer que esa maldita pila de libros pendientes mengue un poco.
- Cocinar algo nuevo.
- Paseos tranquilos.
- Ordenar la casa que está hecha un pequeño desastre, pero, claro, con siete seres vivos aquí dentro qué queremos.
- Colgar los pósters nuevos por la casa. Decidir qué se cuelga y dónde se cuelga. El de Wonder Woman es fijo, los otros tenemos que decidirlo.
- Leer algo que supere las ochocientas páginas. Me da igual si es fantasía, drama social en Nueva York, terror de susto y no quiero seguir leyendo o clásico del XVIII con sus doncellas acosadas, sus galanes egoístas y su estilo epistolar (sí, hace tiempo que pienso en releer Pamela. Mira tú, con la de cosas que hay para leer).
- Otras cosas que vayan surgiendo.

Pero, claro, todo estoy topa con una férrea resistencia llamada niña de dieciséis meses que camino a punto de aprender a correr y todo lo que está a mi alcance es para tocar y qué divertido que es esto de pintarme en la barriga.

Todos los bonitos planes destruidos por una bebé que no entiende que mi té es mi té, no su té y que no tiene edad para beber té y que lo dejes, coño.

Surgen otros, sí, como lo de ir mañana a la piscina (ya os contaré. Y sí, odio la piscina), pero de los que me he propuesto me gustaría cumplir uno, solo uno. Creo que no es pedir demasiado. Aunque antes tendré que pedir permiso a la nena si le va bien o prefiere volver a mirar el dichoso cuento de En Pinxo i la orquesta; apasionante historia de un perro vestido de rojo que acompaña a una orquesta para un concierto secreto en el bosque. No sé qué sentido tiene reunir a toda una orquesta en un bosque porque el libro no da más detalles. Ignoro si viven en un mundo donde la música de Saint-Saens está prohibida o si es una secta extraña de músicos templarios, no sé. Seguro que en la próxima media hora volverá a leerlo.


domingo, 11 de junio de 2017

Reseña de After o mejor dicho, un comentario a propósito de una lectura que me hizo sentir sucio y no en el sentido de uuuuuh

Primer libro del Qué leo, qué reseño 2017

Ya leí After.
¿Qué tal fue?
¿Cómo explicarlo?
Como si una civilización alienígena parasitaria decidiera que había llegado la hora de expandir su territorio mediante el asesinato, el saqueo, la matanza y la nula atención a cualquier tipo de norma sanitaria o higiénica y, tras rebozarse en todas las heces que ha encontrado en su camino por la galaxia, incluida la mierda de gargonte, que como todo el mundo sabe, es la mierda más contaminante y vomitiva de la galaxia y sus cuatro dimensiones paralelas colindantes capaz de hacer llorar de dolor y vergüenza a los más desalmados traficantes de mangos prepúberes y bragas usadas de monjas palmípedas coleccionistas de patatas fritas con forma de Elvis. Digo que estos alienígenas, después de abusar y reproducirse y sin haberse bañado en siglos por lo que su cuerpo no es más que una costra inmensa de tiritas con sangre reseca, mocos con personalidad y doctorados en medicina y literatura comparada, secreciones pustulantes de colores desconocidos usados solo en paletas de texturas en películas mangas prohibida en los siete reinos, hallaran un habitat perfecto en mi cerebro y tras horadar mi cráneo con una máquina perforadora, montaran una fiesta que tiene más de orgía diabólica que de alegre celebración entre amigos, llenaran mis cavidades cerebrales de esputos sangrantes y tras provocarse varios cortes con discos viejos de Ennio Morriconne se lanzaran a mantener relaciones sexuales con mis neuronas mientras les dicen a qué te lo estás pasando bien, nena, y explican chistes de curas y loros irlandeses.
Como esto, pero peor.
Mucho peor.

Como podréis imaginar después de esta pequeña descripción de cómo mis otroras cuerpo y mente quedaron reducidos a un amasijo de carne temblorosa y gimoteante con la ropa interior sucia, esto no pretende ser una reseña tranquila, ponderada y pretendidamente imparcial. Esto último nunca he pretendido serlo. Ni aquí ni en mi anterior blog. Lo primero y segundo será imposible dada la naturaleza misma de la novela. No solo lo que trata, si no como lo trata. Y me voy a centrar únicamente en el primer libro. No he leído ni voy a leer los otros cuatro (cuatro libros más...) por lo que si en los siguientes volúmenes los protagonistas sufren un cambio copernicano y se convierten en lápices de colores con poderes o hay una revelación final que hace que toda la saga se vea con otros ojos, mala suerte. Me centro en lo que he leído.

Esto lo comento porque si alguien quiere utilizar el argumento para rebatir esta especia de reseña de que como no me he leído el resto de las partes no puedo opinar, que se lo ahorre. No lo considero válido. Se puede comentar un libro por él mismo (como la segunda parte de una pentalogía fílmica o el número quince de un cómic) sin necesidad de establecer relaciones con su entorno. ¿Qué éste puede aportar más datos? Es posible, pero en este caso juzgo a After por él mismo.

¿De qué va esto? After no deja de ser la enésima revisión del tópico de chica buena conoce a chico malo y empiezan una tormentosa relación. No podemos decir que es una vuelta de torno a tan conocido cliché porque en esta novela lo único que se hace es perpetuar todos los motivos del subgénero sin aportar nada nuevo. Tessa es una buena chica; buena estudiante, buena hija, buena novia, buena en todo. Acabado el instituto se va a la universidad, un antro de perdición lleno de chicos atractivos que te miran así como de lado, fiestas, drogas y pelanduscas tatuadas y con hierro en la cara. Allí conocerá a Hardyn, el malo más malote de todos los malotes y, claro, entrarán en una espiral de amor y pasión que los llevará a conocer el cielo y el infierno en una misma escena plagada de clichés. Una relación estructurada en la cantinela de guardería "los que se pelean se desean" y fundamentada en dos pilares:

- él no puede comprometerse porque está así como raro con la vida por algo que pasó y por eso tiene ese carácter.
- ella sufre un profundo complejo de enfermera que le hace perdonar todo lo que él haga en alas de un futuro amor y porque solo con su cariño él se curara.

Vamos, lo de siempre. Él como ventilador activo de tirar mierda porque es así, pero te quiero. Ella aceptando esa mierda porque si lo quiero mucho y me lo trago todo, él se abrirá a mí y seremos mu felices. Una relación tóxica que hiede a maltrato psicológico a un paso del físico presentada como el culmen del romanticismo.

Y a diferencia de lo que he leído en otras partes de que los personajes son tan repugnantes el uno con el otro porque solo es ficción, una novela, y presenta un relación tóxica para ver como evoluciona, mi teoría es que para la autora (en esta caso, en mi opinión, la voz narrativa del narrador se confunde en muchas partes con la voz de la autora) realmente cree que esto es una relación romántica. Esta novela es una fantasía, un juego imaginativo con la imagen pública de alguien conocido (como la novela que escribí con catorce años con Michelle Pfeiffer de protagonista... y sí, aun la tengo guardada y no, no la leeréis nunca). Lo repite una y otra vez a lo largo de la novela, si se pelean tanto y son tan malos uno para el otro es porque son especiales y su amor es especial. Te insulto porque te quiero y, además, eso lo hace especial. Como el amor de Catherine y Heatcliff o de Elizabeth y Darcy.

(Nota al margen: mira, por esto no paso. Debería haber una ley que prohibiera la utilización de Cumbres borrascosas, Jane EyreOrgullo y prejuicio en este tipo de novela. Y más cuando se demuestra por los comentarios que aparecen en las novelas que sencillamente los personajes / narradores / autores no han entendido nada de lo que iban esas novelas. Dejad en paz a las Brontë y a Jane Austen.

Un día sus cadáveres volverán a este mundo y devorarán a todos aquellos que han utilizado el nombre de su obra en vano. E incluyo a Tess de Thomas Hardy. ¿A qué escribo un cuento sobre esto?).

Además la novela me ha parecido un inmenso canto al ego masculino. Desde la misma base de justificar todas y cada una de las execrables acciones de Hardin, hasta las vergonzantes escenas de sexo donde todo acaba en un "Pero qué bien que follo, ¿verdad nena?". Por cierto, ¿qué obsesión con el tema de la inocencia y virginidad de Tessa, ¿no? Ella, alma cándida y espiritual jamás tocada por nadie (ni por ella), que solo ha visto un pene de refilón en una foto y que descubre los placeres de la carne de la mano de alguien mayor, más experimentado y que no le importa que sea algo torpe. Al contrario, le pone más su inocencia y que nadie a parte de él la haya tocado (sorprendente doble moral, él es un follatodo y no pasa nada. Aparece un personaje femenino follatodo y es una furcia que mira lo que hace con su cuerpo y no se respeta).

A veces parece que el valor que Tessa tiene para Hardin es el valor de su pureza e inocencia. La mujer parece reducida a algo bonito y valioso que hay que proteger de un mundo malo y corrupto que la echara a perder. Y, claro, nadie mejor que un tipo malote para protegerla. El tema de la virgnidad de Tessa se convierte en epicentro de la novela y protagonista de la revelación final; una novela sobre el valor de la virginidad no como decisión personal de una mujer, si no como eso lo ven y lo valoran los hombres.

Escenas sexuales mál explicadas donde él domina, donde lo importante es el placer que recibe él o admirar lo bien que da placer. No me pareció una relación de igualada si no una relación donde hay que dejar claro una y otra vez que él es lo más.

Ese momento en que ella justifica que un tipo quisiera abusar de ella diciendo que claro, él iba borracho y ella estaba dormida en su cuarto.

Una visión del amor en el que éste es violento, duele, provoca infelicidad, insomnio, angustia, ganas de matar y estrangular, celos incontrolables, control de teléfonos, amigos, vestimenta, explosiones de mal humor o alegría injustificadas. Pero eso sí, nuestro amor es especial.

Todo esto, y mucho más, me lo he encontrado en casi seiscientas páginas de la peor literatura. Porque After es una novela machista, tóxica, envenenada y, encima, está mal escrita.

Conceptos básicos como economía narrativa (se mal describe todos y cada uno de las acciones de los protagonistas y no aportan nada), pobreza lingüística, repetición constante de la misma estructura (se ven, se admiran, se pelean, follan, se pelean, se reconcilian y vuelta a empezar), una caprichosa y aleatoria organización de los capítulos (creo que esto se debe a que la novela parece que está escrita por teléfono y a lo que salga sin plan, estructura o idea de lo que se estaba haciendo), pobreza en una caracterización mínima de los personajes principales y despreocupación de esto con los secundarios; personajes estos que se contradicen de capítulo a capítulo y que están solo por las necesidades de la trama aunque eso volatilice la construcción del personaje que se hizo dos capítulos atrás.

Una novela pobre y torpe que necesitaba de forma urgente un trabajo de edición y que alguien tomara decisiones. Como quitarle las cuatrocientas páginas que le sobran. Seamos sinceros, esta historia se explicaría mejor y diciendo lo mismo en ciento ochenta páginas.

Y encima, si con todo esto no bastara, After es una novela muy aburrida. Puedes ser torpe, estar mal escrito, adjetivar de más y sin sentido, pero no aburras. Al final mi lectura la hice con el piloto automático puesto y deseando que todo esto se acabara cuanto antes.

Cuando acabé la lectura de After, dejé el libro a un lado y me fui a pegarme una larga ducha. No es broma. Después de leer esto me sentía sucio. Y durante dos días no pude abrir un libro por miedo a que me apareciera Hardin con su olor a menta.

Fueron dos días duros, desagradables y perdidos. Podría haber estado leyendo cualquier otra cosa, jugando que mi hija pequeña, estar con los mayores echando una partida al Símbolo arcano, ver como crece una pared o darme cabezazos contra una roca. Cualquier otra cosa. Pero al menos ahora ya la he leído y puedo decir con conocimiento de causa a todos esos padres que vienen a la librería a comprarla lo que se van a encontrar dentro. Sobre todo si para quien la compra tiene doce años. O como aquella pareja que la quería comprar para una niña que iba de hacer la comunión ("como su prima mayor la estaba leyendo y ella no quiere ser menos...").

Ya he leído After.
¿Contentos?

Ps. En concreto escribí esa novela con esta imagen de Michelle Pfeiffer.


Su personaje en la comedia de John Landis In to the night.
Tengo que ver la película de nuevo.
Y no, no verá nunca la luz.

domingo, 4 de junio de 2017

Lo que se escucha en casa

Nos ha salido una nena musical. Desde bien pequeña, la música le tranquiliza y divierte. Exige por las mañanas su ración de canciones. Y lo que más se escucha en casa desde hace semanas es esta canción:


Buen gusto el de una niña de quince meses, diréis.
Sí, por supuesto. Es mi hija.

Aunque supongo que también influye que no pongamos música infantil, nada de sintonias de dibujos animados o últimos éxitos de radio formula (¿aún se utiliza la expresión radio formula o es algo de antes de haber nacido yo?). Así que entre lo que escuchamos en casa, amplio y variado, Niña Dragón elige y su favorito es Nathaniel Rateliff.

Y si os lo estáis preguntando, su libro favorito es 


La triste y dura historia de Bumba, un chaval de barrio que quiere entrar en la banda de maleantes de su hermano mayor conocido en los arrabales como El Granos.

Pero este cuento ya lo explicaremos en otra ocasión.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Resultado del reto Qué leo, qué reseño. Mucha cal y quizá un poco de arena

Se acabó.
Quien quiera proponer o votar tendrá que esperarse un año porque esta edición está cerrada.
Y he aquí el resultado, los siete libros que me debo leer sí o sí por orden de más votados.








No sé qué pensar de esta selección. Tres títulos prometen ser al menos interesantes. Uno no estoy seguro si está hecho para hacer daño o no. Tres van a matar sabiendo qué temas, formas, tonos e historias me hacen más daño y me dejan más tocado. Durante cada minuto de mi lectura estaréis en mi pensamiento y no sé si lo que piense os va a gustar. Y aunque soy consciente que tanta mala leche esconde un aprecio hacia mi persona, doler, duele igual.

Se han quedado a las puertas títulos como Mutados 1, El sinsentido del amor, Los jóvenes de la élite, En los zapatos de Valeria...

Ahora tocara leer y reseñar. Con tiempo, calma, té y en algunos casos muchas pausas.

ANEXO
Como cada año aparecen títulos interesantes que no llegan al podio final. Para contrarrestar alguna de las lecturas propuestas, me acogeré a estos libros como tablas de salvación.





También quería leer Xenogénesis y Negro, pero ni uno ni otro los he encontrado disponibles. Uno agotado, el otro me parece que no editado por estos lares y ni uno ni otro en bibliotecas. Quedan pendientes.

Ahora a leer.
Espero que lo hayáis pasado bien e iremos colgando reseñas los próximos días.

lunes, 29 de mayo de 2017

Pedazos de vida...

... que se encuentran en los libros de segunda mano.


He encontrado dedicatorias, exlibris, un par de pétalos de flores (que mancharon la página), un cuento escrito en una servilleta de bar, dos cartas, pero hasta ahora, ninguna fotografía. Imagino que se utilizó de punto de libro y en Melisande se quedó. Luego, el libro se vendió vete a saber la razón y de mercadillo a mercadillo hasta llegar a mis manos.

Conservaré la fotografía por si un día puedo devolvérsela a alguna de las personas que salen en ella.

domingo, 21 de mayo de 2017

Qué leo, qué reseño. Resumen de cómo va el tema

Ha pasado algo más de una semana y faltan pocos días para acabar el tema y vamos con un pequeño resumen de cómo está el tema.

Ha sido divertido volver a hacerlo y verme atrapado en la maraña de lecturas que me pide la gente. Aunque la participación es baja que en la ediciones que montaba en el blog de juvenil, lo que es normal ya que este blog es bastante menos popular que aquél, el entusiasmo de los que han participado es contagioso. Para bien y para mal. Para buenas lecturas y para ensañarse con el caído.

Hay veintitantas propuestas.

De momento hay tres claras ganadoras.


Como podéis ver, van a hacer daño.
Mucho daño.
A alguien que es un sol y más bueno...
Que es padre de una niña preciosa de quince meses. ¡Cómo podéis hacerle esto a un padre!... ¿o es demasiado rastrero jugar esta baza?

 Pero no son definitivas.
Aun se puede evitar que lea ciertas cosas. Y estaría muy agradecido una conspiración para evitar que perdiera mi tiempo leyendo libros que ya sé que no me van a gustar. Pero a lo mejor te llevas una sorpresa, dice un optimista. No lo creo. Mi instinto cargado de prejuicios e ideas preconcebidas pocas veces me falla y, por otra parte, ¿habéis visto las portadas?

Todavía queda tiempo hasta el viernes para otras propuestas y votaciones que varíen ese ranking del infierno. Podéis dejar las propuestas y votos en esta entrada o en la anterior.

Sed buenos... y si es necesario recurrir al soborno, adelante, decidme vuestros precios.

jueves, 11 de mayo de 2017

La casa de arenas movedizas, Carlton Mellick III

Hace ya casi seis años escribí una entrada en este mismo blog donde decía que quería leer una novela llamada La vagina encantada de un tal Carlton Mellick III. Su argumento (una vagina que es en realidad un portal a otro mundo y su posterior exploración) merecía mi aplauso, mi interés y que durante todo este tiempo no lo olvidara.

Hace un par de semanas, pedimos y recibimos en la librería un depósito con los libros de la pequeña, pero ya imprescindible editorial, OrcinyPress. Entre ellos, la colección bizarro. Y en ella, un libro llamado La casa de arenas movedizas.

Y en la solapa, esta cara.


¡Ostias! Yo conozco a este tipo.
Tiro de memoria y sí, es el autor de La vagina encantada. No es el libro de la vagina, pero la historia de dos hermanos buscando a sus padres por una casa infinita me interesa. Mientras hacía planes para ahorrar y comprarme el libro, A. se me adelanta y me lo regala.

El libro me dura dos días.

Nada mal contando que debido a Niña Dragón mi tiempo de lectura del desayuno prácticamente ha desaparecido y que empieza a no encontrarle sentido echarse una siesta.

Durante su lectura paso del desconcierto, a la sorpresa, a la maravilla. Un viaje extraño y apasionante a un mundo diferente que mezcla fantasía, ciencia ficción, muchas dosis de terror, mucho de novela de iniciación, parámetros de la literatura juvenil, la perversa inocencia de las historias de Roal Dahl y destellos de la belleza que podemos encontrar en el cine de Cronenberg.

Un estilo claro y sencillo para una novela que cambia y se metamorfosea sin que ninguna de las sorpresas que guarda sea efectista o gratuita. El lector no sabe a lo que atenerse, pero todo tiene sentido. Una gran imaginería, un universo propio y fascinante. Una lectura llena de matices, capas y significados. Podemos quedarnos con una visión superficial (una novela de aventuras terriblemente divertida y entretenida) o, si nos atrevemos, ir más allá y entrar en las sombras sabiendo lo que allí nos espera. Y todo acompañado de un gran sentido del humor; unas veces, cruel. Otras, tierno.

Lo que resulta admirable es la capacidad del autor para que todo el delirio de su argumento e imágenes no se quede en el efectismo o el chiste.  La novela tiene una estructura férrea (aunque a veces no sea muy sutil en la forma en que los hermanos consiguen información) y todos los elementos que aparecen lo hacen por algo. Es extraño, es bizarro, grotesco, pero no accesorio.

De momento, una de mis novelas del año. Me quedo a la espera de más traducciones de la obra de Carlton Mellick III y a la exploración a fondo del catálogo de Orciny Press. En un momento en que el panorama literario parece cada vez más homogéneo, es una alegría y respiro encontrar obras, autores, editoriales que buscan y abren nuevos caminos.

Por cierto, si queréis conocer qué publica Orciny Press, picad aquí. Es una de esas editoriales de la que lo quiero todo.

jueves, 20 de abril de 2017

A tres días...

A tres días de Sant Jordi.

Aquí Sant Jordi to valiente aplastando a una lagartija con una enfermedad cutánea.

Tres días para mi ¿doceavo?, ¿treceavo?, ¿quincoajesivotresmilyunnabo Sant Jordi? No sé, son muchos ya. Y tengo una ilusión... Otro año de madrugar, cajas, libros, caballetes, maderas, montar a toda prisa y demás historias apasionantes que tanta gracias os hace. Y esta año al caer en domingo será raro. ¿Vendrá más o menos gente? Mi apuesta es que se concentrará más al mediodía y a partir de las seis de la tarde... hasta que empiece el fútbol más o menos. Porque me han dicho que hay fútbol y que juega alguien contra alguien haciendo algo, pero desconecté de quien me lo explicaba. Con el fútbol me pasa lo mismo que cuando me explican algo de reparaciones (ver entrada anterior) o cuando me dan una dirección.

Aun tengo libro que etiquetar y meter en cajas. Tengo que preparar todo el material que llevaré a la parada. Infiltrar títulos minoritarios que recomendaré con un punto de violencia aunque haya una voz interior que me dice que para qué si la gente solo pedirá lo de siempre aunque haya cambiado de portada y la última mierda que diga la tele que se vende. Ultimar detalles y toda ese trajín que tanta pereza me da.

Pero todo eso será el domingo y hoy es hoy.

Y hace un año no escribí ninguna crónica de Sant Jordi por lo que lo haré ahora muy brevemente intentando capturar el momento. Traer al presente un instante del pasado e intentar pintarlo con todos sus colores y afeites a la semejanza del gran poeta aleman Gustav von Samenbach cuando escribió Allí donde el dolor escuece donde recreaba la tortícolis que le produjo contemplar durante seis horas los monumentales pechos de piedra de una caraitide llamada Helga que conoció en un viaje por Tebas, Ciudad Real.

Básicamente el Sant Jordi pasado fue como los otros Sant Jordi con el único detalle distintivo de que llovió.
Mucho.


- Oooh, qué poético,
Los cojones.
- ¿Qué?
Los cojones del santo padre.
- Pero el día gris, las parejas enamoradas paseando bajo la lluvia con la rosa en la mano, los suspiros aleteando por toda la plaza, la magia de un día llena de agua refrescante, libros, rosas...
Lo vuelvo a decir. Los cojones.
Los pies mojados, los libros mojados, las cajas mojadas, los libreros mojados, los plásticos mojados y retirados por clientes mojados con paraguas mojados que quieren ver los libros y, sí, los mojan. Niños mojados con manos mojadas que quieren coger libros que no estaban mojados y enseñarlos a sus mojados progenitores que les dirán que no y devolverán el ahora sí mojado libro a la pila de libros mojándolos todos.
Maravilloso, vamos.
Un día lleno de magia, sí.

Y no recuerdo nada más. Ni gente, ni anécdotas. Solo lluvia y ganas de cerrar el chiringuito e irme a casa con A. a cenar el ya tradicional kebab de la noche de Sant Jordi.

El domingo, Sant Jordi. Como todos los años estaré en la Plaça de Cal Font de Igualada. Llevaré mi habitual atractivo robusto y una camiseta de Chtullhu. Si me queréis, traedme una zumito o algo de comer. Nada de café ni alcohol, que ya no uso de eso. Si no me queréis, no vengáis a verme. ¿Para qué vamos a pasar un mal rato los dos?

Prometo pasar la tradicional reseña del día de Sant Jordi y prometo que ese día lo pasaré bien y mi atractivilidad se multiplicará por un millón. Pero los días de antes y después, me quejo.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Que 10 años no es nada...

Ayer o mañana se cumplieron o se cumplirán diez de trabajo como librero.


Para estar seguro tendría que levantarme de la silla, apartarla, acariciar a Sigilo, caminar, acariciar a Zarpa, abrir la puerta del que muy pronto dejará de ser mi despacho, buscar una carpeta, abrirla, cerrarla porque no he encontrado lo que busco, mover papeles, entretenerme con una vieja libreta llena de cuentos, cerrarla, seguir buscando, estornudar por el polvo, y esto qué hace aquí, seguir buscando, encontrarme con viejas fotos, algún cadáver, restos de comida, algo de nostalgia que expulso del pueblo con brea y plumas... todo para ver si por casualidad encuentro la hoja de vida laboral que mandan cada año y ver la fecha en la que empecé a trabajar. Pero como todo esto me da una pereza horrible, pues nada, a la hipótesis que para eso está y si tantos científicos la han utilizado será por algo.

10 añitos ya. Y para que fue... sí, hace 10 años... que acompañé a mi buen, pero insoportable amigo Jordi a comprarse un libro de música y me dio por preguntar entre la marabunta al que sería mi jefe si necesitaban a alguien. Y me dijo, deja tu currículim y lo dejé y me llamó y empecé a trabajar. Ya sé que como historia le faltan ninjas, destete, monstruos, caníbales y números musicales con pasteleros troskistas, pero en ocasiones la realidad no viene con acompañamiento de setenta músicos.


2005. Reinaba sin discusión en las ventas Dan Brown y Ruiz Zafón. El libro de buenos sentimientos con niño que se puso de moda fue El curioso incidente del perro a medianoche (trono que después han ocupado El niño con el pijama de rayas y Wonder). Libros del asteroide empezó su andadura y recuerdo que uno de los primeros libros que tuve que colocar fue Las dos inglesas y el amor. El libro electrónico era un rumor. Muchos se quejaban de lo caro que eran los libros y de que los jóvenes no leen y están todo el día con las pantallitas. Hay cosas que no cambian. No conocía a A. Estaba a un año de ir por primera vez de viaje a La Habana y encontrarme con uno de esos sitios donde iría a morir y dónde me tendrías que buscar (otro es Las Vegas y hay un par más que me guardo en secreto). Aun trabajaba como gerente y chico para todo en un teatro y hacía teatro amateur como actor y esperando una oportunidad como director. Iba cada semana al cine (Igualada tenía dos cines) y leía mucho.


Y la gente.
Aunque mi experiencia como recepcionista y chico de la limpieza en unas piscinas municipales me había hecho pillar mucha tirria a los nadadores, y trabajando en un teatro había provocado que me mirara con reticencia a los músicos y actores (es que son muy raros, en serio), diez años como librero en una librería general donde se vende desde el último best seller, filosofía, autoayuda atlántica y cuántica, libros infantiles, derecho, filosofía, cartas de ángeles custodios, cocina, novelas así sería de pensar y leer mucho, fantasía, tiros y tetas, etc., han provocado que odie al mundo. Así en general. De entrada, odio. Luego, a lo mejor, me relajo y no me molesta (mucho) que respires. Sobre todo en esa temporada de texto que extiende sus tentáculos desde finales de junio hasta finales de octubre.


Recuerdo a la señora que buscaba un libro de hace dos años sobre un chico que quiere a una chica y que la portada era azul (sí, me ha pasado lo de la portada azul).
El señor que preguntó si vendíamos cuerda.
El señor que preguntó si vendíamos collares de perro.
La señora que quería todos los libros del mismo tamaño y altura, pero de diferentes colecciones porque quería decorar la habitación de su hijo.
El señor que intentó agredirme porque eso de la ley antitabaco le estaba quemando mucho.
La señora que después de insultarme se quejó de que tenía poca empatía y parecía que su encargo me importaba poco.
El chico que quería cambiar un libro de texto medio forrado, roto y con el nombre puesto alegando que ya no hacía el curso y que el libro no estaba tan mal.
El señor que creía que Shakespeare era un tipo de medicina alternativa.
La señora que me preguntó si El diaro de Ana Frank tenía final feliz.
El chico que buscaba Las raciones extraordinarias de Poe en cocina.
Y muchas, muchas, muchas más.


Diez años como librero y espero que sean muchos más, la verdad. A pesar de ser un trabajo tan cansado (y sí, ya sé que hay trabajos más duros, exigentes y desagradables, ya lo sé. Imagino que ser clasificador de heces para los servicios secretos de un país dictatorial no tiene que ser muy motivador, pero cada uno se queja de lo que conoce, leche), es un buen trabajo. Incluso pese a la gente. Tienes la esperanza de que entre tanto libro que recomiendas, encuentres un lector de verdad que busque algo más allá del libro de moda, de la novela de intriga cutre de la temporada, de la redacción escolar con ínfulas de Paul Auster que los críticos han aupado y convertido en fenómeno de un par de meses. Un buen libro, un buen lector. Y de vez en cuando, pasa. Un libro que recomiendas a alguien y cambia la vida de ese lector ya sea para envenenarlo, ya sea para reconciliarlo.






En estos años he hecho amistad con un puñado de clientes. He odiado y he sido odiado por otro puñado. Se dice que soy un buen librero, un gilipollas, que sé de lo que hablo, un borde, simpático, serio, agradable... Creo que con los años he perdido algo de frescura e ilusión, pero he ganado experiencia, claro. Espero estar otros diez, veinte, treinta años como librero vendiendo lo que no me gusta y recomendando como un desesperado aquello que creo debe conocerse y leerse con la esperanza de que una o dos personas se arriesguen y me hagan caso. Permitir descubrir y dejar que me descubran lecturas.


Ordenar, devolver, colocar, abrir cajas, cerrar cajas, volver a ordenar. Hacer los servicios de novedades, las reposiciones, los encargos, reclamar encargos que no llegan, volver a reclamarlos, controlar los libros que llegan, reclamar algún error, colocar los libros. Quejarse. Leer un par de capítulos sueltos. Comenar las novedades. Buscar un libro. Atender. Recomendar libros de secciones de las que no se tiene ni idea (¿un buen libro sobre bolsa? ¿algo de derecho? ¿la mejor guía para contactar con los ángeles?) diciendo que no se tiene ni idea. Hacer presupuestos. Atender cien mails diarios. Llamadas telefónicas. Mucho encargos (una media de cincuenta al día). Ordenar albaranes. Ordenar facturas. Hacer previsión de pagos. Actualizar precios. Recibir paquetes. Hacer devoluciones (mirar, decidir, albaranar, encajar y devolver). Atender. Buscar libros y no encontrarlos. Ordenar. Equivocarse (decir que un libro no está y está, no recordar un título, decir que un libro está agotado y no estarlo, no conocer a un autor que se tiene delante, a veces pasarse de listo). Barrer. Quitar el polvo. Decidir si hoy suena música o no. Mucho trabajo. Un buen trabajo, aunque no da tiempo de vestirse de tweed, tomarse un té y leer a Jane Austen con un gato en el regazo.

Mi librera favorita.