a) Una chica entra y pide recomendación de algún libro. Es lectora habitual de historias de vampiros sensibles y enamorados, pero ahora quiere cambiar un poco de genero. Algo sobre amistad entre mujeres. Le enseño Mil soles esplendidos de Khaled Hosseini. Lo mira por encima.
- ¿Es de moros?
- Bueno... sí... pasa en Afganistán.
- No, nada de moros ni de chinos que me dan mucho asco.
b) Un señor muy bien vestido se acerca al mostrador con una biblia en la mano.
- ¿Qué coño hace la biblia al lado del corán?
- Bueno, está en la sección de religión.
- Hombre, entiendo que la biblia esté en la sección de religión. Pero el corán tendría que estar en mitología... no es la religión verdadera. Y es una falta de respeto para los bueno católicos.
Porque estoy trabajando, pensé, que si no te iba a enseñar a ti lo que faltarle el respeto a un católico, gilipollas.
Pero hay un tipo de comentario que de verdad me deja sin palabras. Me refiero a lo que me he tenido que enfrentar hoy y que ha provocado que cambiara por completo mi agenda de entradas:
- Buenas tardes, ¿tenéis tal libro de tal autor?
Consulto con el ordenador si mi prodigiosa memoria no me ha facilitado el dato antes.
- No, ahora no. Pero se lo podría pedir si quiere.
- No, gracias. ¿Sabes que pasa? Es que soy de Barcelona.
- ¿Y?
- Y supongo que allí sí que lo encontraré. Imagino que es difícil que lleguen los libros a provincias... Como estáis tan lejos de Barcelona. Y aquí muchos libros no llegan, ¿verdad? Porque el último del Zafón tampoco lo tenéis, ¿verdad?
Bueno... reconozco que en este caso nuestro estimado cliente de capital tiene razón.
Igualada está a unos inacabables sesenta kilómetros de Barcelona, en una región pantanosa infestada de mosquitos del tamaño de un cerdo, rodeada de inaccesibles montañas de cuatro mil metros de altura y a la que solo se puede acceder tres meses al año cuando finaliza la temporada de las grandes nevadas y las autoridades abren el paso. Hasta hace poco no llegó a nosotros la electricidad (aún hay abuelas que saltan por las ventanas cuando se enciende una bombilla diciendo que es obra del diablo) y en las librerías estamos empezando a recibir las primeras obras de Dickens, Tackeray, Galdós y Bertrana. Esperamos ansiosos la primavera porque es cuando los trovadores vienen a nuestra ciudad y nos cuenta las nuevas del mundo. ¿Sabíais que la tierra es redonda? ¿Qué se ha descubierto algo llamado América? ¡Cómo es posible que Isabel II no sea reina de España!
Aunque algunos barceloneses puedan no creerme, esto no es Igualada.Un viajero que quiera ir a Igualada desde Barcelona tiene que enfrentarse a:
- enfermedades tropicales.
- salteadores de caminos en el tramo Esparraguera-El Bruc.
- el yeti.
- caminos sin asfaltar (en Abrera todos los coches se detienen y se pasa a coche de caballos o diligencia).
- ataques apaches.
- disfunciones temporales.
- hordas de familias caníbales que secuestran a los despistados viajeros.
- desbandadas de ñus, sendas de elefantes y ataques de periquitos salvajes.
Y cuando llegan a Igualada se encuentran con un páramo solitario donde no hay dos teatros con programación estable, conferencias, presentaciones de libros, restaurantes, bares, discotecas, locales de copas, cibercafés, entidades culturales, cines, conciertos, varias librerías con buena oferta, tiendas de cómics, colegios y guarderías, fábricas, tiendas, gente por las calles, familias que pasean a sus hijos, terrazas en verano, un festival de cine, uno de teatro infantil y uno de cortos, globos aerostáticos, conciertos gratuitos al iniciarse el verano, muchachas guapas, una provincia preciosa y por descubrir con hectáreas y hectáreas de bosque virgen y uno de los pulmones verdes de Catalunya, etc. No... todo esto pertenece a la fantasía de cuatro fanáticos e integristas igualadinos. En verdad, sólo hay un desierto donde la gente solo puede hacer tres cosas:
1. Malvivir.
2. Suicidarse.
Porque visto desde Barcelona, sesenta kilómetros es todo un mundo, otra dimensión. Y no puede haber nada más allá de la imponente Collserola con sus urbanizaciones adosadas. Tras pasar el Corte Inglés de la Diagonal finaliza la civilización y da comienzo una tierra que empieza a ser mítica y que tiene nombres tan exóticos como Lleida, Ripoll, Vic. Donde no existe la cultura, donde no tienen mar aunque nunca un barcelonés vaya a verlo (pero sabe que está allí) y donde la gente utiliza los lavabos y no se mea en la calle.
Estoy harto de la imagen de la provincia que tienen los señoritingos de la capital (y ya se que no todos, pero esta minoría todavía no me la he encontrado) y desde hoy empieza mi turno de replica. Por favor señoras y señores de nuestra capital, existe un mundo más allá de la Diagonal y que no es la Costa Brava.
Y les aseguro que ir proclamando a los cuatro vientos que son de Barcelona no hace que se despierten mayores simpatías por ustedes.
