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martes, 10 de junio de 2014

Rik Mayall

Ayer entré un momentito en mi cuenta de twitter. Entre la sobredosis de información, tonterías, quejas, noticias, falsas noticias, cositas graciosas, fotos y comentarios, me encontré con la noticia de que Rik Mayall había muerto.

Como siempre que muere un cómico, me sentí triste. La muerte de alguien que ha dedicado su vida a hacer reír a los demás siempre me afecta. Y más cuando, como en este caso, es uno de esos cómicos que contribuyeron en la infancia / adolescencia a sentar las bases de lo que entiendo ahora por humor, comedia, gags, construcción de sketch, etc. Lo descubrí, como todos en mi generación, con la mítica serie The Young Ones donde interpretaba a Rick, el odioso, irritante y molesto estudiante anarquista. Una serie que practicaba un humor rudo, grosero, anárquico, molesto que me encantaba. Incorrección, salvajadas, desafíos a la autoridad y romper límites humorísticos. Una serie que nos mostró un humor diferente al que muchos nos hicimos adictos (como demuestra mi amor por Monty Phyton y The League of Gentelment entre otros).

Además, a este tío le debo una de las mayores carcajadas que he soltado en mi vida; un largo sketch de la serie que desarrolló junto a Adrian Edmonson llamada Bottom que explicaba una partida de ajedrez que no se llegó a jugar. Y Briefer Encounter, una película para televisión donde se relata la historia de amor entre un chico y una chica entre los que hay una química inmensa, pero donde ambos son psicópatas... aunque esto no lo recuerden siempre.

Luego le perdí la pista y no seguí sus trabajos más recientes. De vez en cuando buceaba en vídeos y recuperaba escenas y momentos; histéricos, gritones, muchos de ellos geniales. Un humor salvaje, violento, histérico y a la vez, fino y muy meditado con el que me siento muy identificado.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Blake Edwards

Hace unos días murió Blake Edwards, director, guionista, productor y en sus jóvenes inicios actor de cine.



Concretamente el pasado 16 de diciembre. No fue uno de mis directores favoritos, pero sí que fue uno de los que me proporcionaron alguno de mis fragmentos favoritos y uno que más risas me ha proporcionado al recordar sus películas con un amigo. No he visto mucha repercusión mediática por su desaparición (a excepción de los blogs de cine que se resienten y lo sienten), y la que he visto me ha dado la impresión de que resumían la carrera de Edwards en una película: Desayuno con diamantes (Breakfast in Tiffany's, 1961) y, pese a lo que me gusta esa historia de amor de una prostituta y un gigoló, creo que no es definitoria de su obra. Porque para mí y ante todo Blake Edwards fue un director de comedia (aunque hiciera western, melodrama, cine negro, etc.) y es el creador de alguno de los mejores gags cómicos de la historia del cine gracias a su complicidad con aquel genio que era Peter Sellers.

El guateque (The party, 1968)

Esta escena es perfecta. Tiene el tempo justo, la duración precisa, los movimientos necesarios. Y, sobre todo, la seriedad imprescindible para que la comedia funcione. Articula a la perfección los mecanismos de indentificación y vergüenza ajena. Como en 10 y ese momento en que Dudley Moore mientras espera que un semáforo se ponga verde pita con la bocina de su coche a dos muchachas bastante más jóvenes que pasean por la calle. Ellas se detienen y miran al Moore mientras él baja la vista y el semáforo no se pone en verde. Vergüenza y retrato de la crisis de los cuarenta que tantas veces retrató en sus películas (siempre acompañads de alcohol y sexo, dos de los grandes temas de la filmografía de Edwards).

Otro recurso era la anticipación al desastre. Esa sensación que tiene el espectador de que lo que está haciendo el personaje, saldrá mal. Cualquier escena de Closeau, la abuela con la bandeja de café en 10 que lenta y agónicamente cruza la estancia, el zapato sucio de barro de Hrundi V. Bakshi.

Su comedia bebe de las fuentes clásicas del splastick (sobre todo de Laurel y Hardy), del clown, del cine mudo, de las antiguas farsas sexuales,de un enorme respeto por el género (pese a que la saga de la pantera rosa acabara convirtiéndose en una forma fácil de ganar dinero), de la pela del platano y la batalla de tartas.

Preciosa.

Y todo esto sin olvidar a Henry Mancini que junto a Peter Sellers, Julie Andrews y Jack Lemmon era su gran complice. El compositor del tema de La pantera rosa, del Moon River, de la genial fanfarria de la La gran carrera y de su aún más genial canción en el saloon, el desgarrador tema para Días de vino y rosas, las canciones de Victor/Victoria. Y sé que para seguir la tradición tendría que poner un vídeo del Moon River, pero estaréis conmigo que la languidez, la belleza, la elegancia y el sentimiento de esa canción no casan con este vuestro humilde blog. Que entre mis páginas pega más Leslie Ann Warren y su maravilloso himno no oficial a Chicago, Illinois; una canción que es la quintaesencia de la vulgaridad, la idea platónica de la estridencia y sí, me la sé de memoria.

Chicago, Illinois
Letra: Blake Edwards, Música: Henry Mancini


Se ha ido un director de comedia y, como siempre que eso pasa, este blog se duele. Nos deja sus películas, sus gags y un puñado de grandes personajes para la historia: El profesor Fate, el inspector Jacques Closeau, Hrundi V. Bakshi, el camarero borracho de El guateque y el muerto en la playa de SOB.

Y, como final, un clásico. Y sí, por lo menos una vez antes de morir quiero participar en una de éstas:

lunes, 13 de diciembre de 2010

Fragmento de un sueño

Ayer tuve un sueño. Bueno, mentira, tuve muchos. Pero hay un fragmento de uno de los sueños que recuerdo con especial precisión. Y aviso, mis sueños siempre tienen argumento, siempre tienen impronta cinematográfica y siempre son muy detallistas.

Un servidor y el escritor y humorista Martín Piñol (y que también es padrino de mi blog de literatura juvenil) caminábamos a paso rápido por una calle desierta huyendo de un grupo de armarios empotrados que consideraban que habíamos sido demasiado simpáticos con sus novias en nuestro número cómico. Huyendo huyendo como buenos supervivientes (aunque los envidiosos nos llamarían cobardes) acabábamos escondidos en un coche abandonado con la compañía de un travesti que respondía al nombre artístico de Canela y que solía trabajar disfrazada de superheroina porque, según palabras textuales, "los frikis de este mundo también tienen derecho a vivir la fantasia de tirarse a una heroina con un buen par de tetas".

 Canela era algo así.

Nos hacían gracia los comentarios de Canela y acabábamos convenciéndola de que se viniera a vivir con nosotros (según parece Martín Piñol y yo compartíamos piso), dejara la prostitución y se dedicara a ser cómica aprovechando todo el potencial de anécodtas que su trabajo le había dado. Ella aceptaba y a partir de entonces vivíamos fantásticas y muy divertidas aventuras (entre las que estaban quitarle el miedo escénico a Canela o los consejos que ella nos daba para ligarnos a dos cómicas que, naturalmente, pasaban de nosotros).

Pero el sueño continuaba y se rizaba el rizo. Todo lo que soñado anteriormente no era más que el visionado del capítulo piloto para una serie de televisión que Martín Piñol y yo habíamos escrito y protagonizábamos. En ella queríamos hacer un retrato del mundo del cómico de bar, de sus relaciones, de cómo trabajaba, preparaba el material, etc. En un momento del sueño lo definíamos a unos directivos diciendo que era una mezcla entre:




Reconozco que lo de Fulci me despista un poco, la verdad.

El piloto lo habíamos rodado para una cadena de televisión española, pero nos las habían rechazado con el argumento de "una serie de risa española no puede durar menos de dos horas y vosotros prentendéis que los capítulos no pasen de veintiun minutos. Anda y que os follen, pringados." Pero el visionado del piloto no lo hacíamos con esos directivos, sino con otros señores con corbata que nos acababan de comprar la serie para otra cadena de televisión. ¿Cuál? Pues ésta:


Nos llamaban genios de la comedia y nos daban absoluta libertad creativa y un sustancioso cheque.

Fin del sueño.

A veces es que le daría una cantidad de besos a mi subconsciente que me lo comería y todo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Leslie Nielsen

La intención de la entrada de hoy era hacer un análisis concienzudo y crítico de las elecciones al Parlament de Catalunya. Iba a empezar con una cita de Chesterton, un sesudo análisis sobre la obra política de Séneca y su comparación con el llamado "oasis catalán", una mordaz crítica a ese discurso de "yo no me he equivocado, sino que el pueblo es tonto que no me ha entendido" que utilizan algunos políticos, un análisis crítico e irónico sobre el aumento de votos de la derecha y una profunda reflexión sobre la abstención que ya me estaba haciendo ganar el Premio Pulitzer sin haberme presentado ni ná. Pero esta mañana revisando mis blogs habituales y de lectura obligada me he encontrado con una noticia que empaña las elecciones catalanas, los concursos de Miss Camiseta Mojada Descamisada y la aparición de un quinto pezón con el perfil de Bing Crosby que me ha salido en la espalda.

Leslie Nielsen ha muerto.


Y como siempre pasa cuando muere un comediante, el mundo es un poco menos mundo. Da igual si te hacia más o menos gracia, lo importante es que era una persona que decidió en un momento de su vida consagrarse a hacer reír a los demás. A mí personalmente, a veces lo consiguió, otras no. Naturalmente, me quedo con los momentos de la risa: la trilogía de Agarralo como puedas (Naked Gun Trilogy) y, sobre todo, su aparición estelar y magistral en esa rotunda e incuestionable obra maestra que es Aterriza como puedas, una de las películas más divertidas de toda la historia junto con Sopa de ganso, Zoolander y Con faldas y a lo loco (entre otras, claro).


Pero no hay que olvidar que Leslie Nielsen no solo era un buen comediante, sino que además participó en los inicios de su carrera en una de las películas fundamentales de la ciencia ficción de aquella gloriosa década que fueron los cincuenta, Planeta Prohibido (Forbidden Planet, Fred M. Wilcox, 1956), una deliciosa obra maestra de robots y viajes y ciencia y una de las mejores adaptaciones que se han hecho a la gran pantalla del universo de Shakespeare. Planeta prohibido no deja de ser la mejor adaptación que se ha hecho de La tempestad superando de largo el coñazo aquel que hizo Peter Grennaway en 1991.


Aunque es normal que no se recuerde la participación de Leslie Nielsen en esta película porque su papel queda ensombrecido por dos elementos ya míticos para cualquier aficionado a la ciencia ficción americana de los cincuenta: Robbie el robot y las infinitamente cortas faldas (y, por ende, las omnipresentes piernas) que llevaba Ann Francis.


Paro hoy lo que toca es un sencillo homenaje al capitán de aquella expedición espacial y no mis obsesiones por los robots y las piernas. Así que para honrar a un comediante, nada mejor que darse un baño de youtube y reírse un buen rato a la espera del fin de semana y la visita a un aeropuerto.


- Hay que llevar a esa mujer a un hospital.
- ¿Un hospital? ¿Qué es doctor?
- Un edificio lleno de enfermos y, a veces, no hay camas. 

Seguramente una de las mejores frases de Aterriza como puedas.

martes, 19 de octubre de 2010

Hazme reír

Una de las películas vistas estos días ha sido esta Hazme reír (Funny people, Judd Apatow, 2009). Me gustó. No me entusiasmó, pero me gustó. Habla de la vida de un cómico al que le diagnostican una grave enfermedad y como eso hace cambiar su vida. Sí, lo sé, el argumento es manido, pero estos cambios que se producen en el protagonista por esa experiencia cercana a la muerte no lo convierte necesariamente en mejor persona. Quizá las decisiones que tomamos en una segunda oportunidad también pueden nacer del egoismo, de la falta de empatía, de la inseguridad o de no aceptar que el tiempo ha pasado.


La película es demasiado larga (sobre todo es su segundo tercio), cae en algún cliché y hay personajes secundarios desaprovechados. Pero me gustó. ¿Por qué?

1) Es una comedia muy triste. Habla de la muerte, de la soledad y de la amargura. Con humor, claro, pero es que la gente que vive en esos mundos, o que se siente sola, o traicionada, o vacía, o no querida o se lo toma con humor o se pega un tiro. Va sobre gente triste que siempre tiene un chiste en la boca para defenderse y ocultarse. Para no enfrentarse. En una de las mejores y más divertidas escenas, los dos protagonistas contratacan con chistes la noticia de que quizá la enfermedad no tiene cura. Habla sobre la inmadurez, sobre el paso del tiempo... todo es triste, aunque uno se rie. Casi casi como la vida.

2) Va sobre cómicos. Los protagonistas son gente que se dedica a hacer reír a los demás. Por muy tristes o amargados que estén, lo suyo es hacer reír. Gente que es graciosa, que se cree graciosa o que no lo es. Pero todos ellos quieren y desean que los demás se rían. Cobran por ello, claro, pero también se ve que buscar la risa es algo vocacional. Se habla del día a día de esos monologistas profesionales que tanto prestigio y buen nombre tienen en Estados Unidos. De su competencia, de sus miserias, de cómo crean los chistes, cómo los preparan. O se los roban. Del pánico ante el público. Y me gusta los cómicos. Hay que ser muy inteligente para conseguir hacer reír a la gente. Como siempre, la comedia es lo más difícil.

3) Sale Adam Sandler y me gusta Adam Sandler. Creo que es mejor actor de lo que la gente cree y de lo que él mismo cree. En esta película su mirada es de pura tristeza. Es gracioso siendo una persona muy triste y muy patética. Y esto es difícil. Además, Adam Sandler juega con su propia imagen de cómico de películas cutres. Hay una reflexión sobre sí mismo y su papel, su personaje ante el público, sobre sus películas de pedos y sobre su gusto por el escenario y el cara a cara con el público.

4) La banda sonora está chula.

5) Me hizo reír, me hizo pensar y me hizo escribir.

martes, 5 de octubre de 2010

Una clase magistral de teología parda


Una de las mejores diatribas contra eso tan peligroso que es la verdad absoluta por
Rowan Atkinson, uno de los grandes.
 Recordemos siempre que quizá son los otros los que tienen la razón.

lunes, 9 de agosto de 2010

Dos de las caras de la comedia

De momento el no tener vacaciones no me está afectando. Ya llegarán los tiempos (la primera semana de octubre para ser más concretos) en los que Jorge se paseará por Igualada en calzoncillos, con un hacha mientras persigue a señoras respetables gritanto "se lo envuelvo para regalo", "no ha llegado", "se lo puedo encargar si quiere" porque tiene la psique cargada y el ánimo revuelto. La necesidad del descando de verdad. Aunque, claro, con la suerte que tengo seguro que la prueba del sueño me la harán en periodo vacacional y me lo revientan todo. Es que lo preveo... entre mi innato pesimismo y los poderes de ver el futuro que me ha dado la narcolepsia veo unas vacaciones cargadas de sueño, paseando por casa con cojines atados en la cabeza para evitar que me haga daño, sin tomarme la medicación (tengo que estar limpio para la prueba), sin poder comer sopa y teniendo continuas visiones del futuro... una y otra vez... visiones de lo por llegar...

Pero de momento no hay vacaciones y los días los dedico a vender texto, buscar lectura y ver primeros capítulos de series por... por... como decirlo sin buscarme problemas... por... bueno, de forma legal, claro. Entre las que he visto destaco dos grandes experiencias, ambas dos series extremadamente locales, hechas en los únicos paises donde se pueden hacer, pero que consiguen hacerse universal. Ya sabéis, el viejo adagio de lo pequeño se hace grande y de lo local al edificio entero.

La primera de ellas sólo podía ser americana y, más en concreto, sólo podía ser de Nueva York.


Bored to death
. De la prestigiosa HBO. Una serie cuyo piloto es tirando a aburrido, pero progresivamente va ganando en calado, en calidad y en diversión hasta convertirse en una pequeña joya y un descubrimiento. Las vidas de tres fracasados que intentan ser felices por todos los medios aunque, la mayor parte de las veces por no decir todas, sean los medios equivocados o que les harán más infelices. En una serie de humor intelectual, llena de referencias a la sociedad culta de Nueva York (en concreto, Brooklyn), hija bastarda del mejor Woody Allen (el de los ochenta, vamos, no ese de ahora que parece una mala copia de sí mismo... casi que se ha convertido en Edward Burns y eso es para chillar de pánico), de la estética de las películas de Wes Anderson (sobre todo Academia Rushmore y Los Tenembaums), la banda sonora compuesta por grupos indis, el humor puramente judio con el que me identifico tanto...

¿Y de qué va? Un escritor semifracasado para superar una ruptura amorosa y en plena depresión se ofrece como detective privado sin licencia. A partir de ahí empieza a "investigar". Naturalmente, esto es solo una excusa para hacer un retrato despiadado del artista pseudointelectural neoyorkino. Tras fracasados que no lo saben, tres seres patéticos que aspiran a la felicidad, pero boicotean los recursos para conseguirla. Eso sí, a la serie se le puede achacar que en ocasiones se recrea en su propia intelectualidad y parece diseñada y dirigida al mismo público que el que retrata su protagonista: pseudointelectuales de ciudad. Lo mejor sin duda es un inmenso Ted Danson que se ventila sin compasión a todo bicho viviente que aparece en escena.

En el otro extremo tenemos la otra serie que he estado viendo estos días.


Una serie que empecé a ver con A. y que a ella, pese a que un par de gags le hicieron mucha gracia, renuncia a ver. "Vela tú solito y a mí déjame en paz". ¿Cómo definir esta serie? Bueno... primero de todo decir que es británica, más en concreto de la BBC2 y... busca de adjetivos... bueno... pues... se le podrían aplicar los siguientes: desagradable, opresiva, escatológica, molesta, políticamente muy incorrecta, incómoda, repulsiva. Vamos, que me encanta. ¿De qué va? Bueno... en verdad es una de esas series estructuradas en escenas o gags independientes protagonizados por un cuarteto de actores que interpretan a casi la totalidad de los infraseres que aparecen en escena, pero que en verdad conforman un argumento único. ¿Cuál? El de sacar toda la mierda y todos los secretos del desde ya mismo mítico pueblo de Royston Vasey (del que el cartel de bienvenida promete que nunca volverás a irte).

Los dueños de una de la tiendas del pueblo.
Por una vez, la belleza interior y la exterior van unidas.


Una serie basada en un humor inteligente, surreal y atrevido, a la vez que cafre, desagradable y molesto heredero directo de Monty Phyton, The young ones o Little Britain. Impagables todos los personajes, pero de momento me quedo con el veterinario (adoro cada vez que aparece) y los tios del "protagonista", una adicta al orden y la limpieza y un extraño señor de físico más extraño todavía que colecciona sapos y le da una larga charla a su sobrino sobre por qué no debería mastubarse mientras esté bajo su propio techo.

Ambas series me gustan y con ambos tipos de humor me siento identificado y encuentro escenas, situaciones o momentos que me hacen mucha gracia o que me llevan a la carcajada (sobre todo en la segunda, pero es que la humillación y el dolor siempre me han parecido muy graciosos en la ficción). Son muy diferentes con unos recursos cómicos muy disntintos y casi contradictorios, pero ambas me llegan, me llenan y me conducen a la risa. Que en el fondo es lo que uno le pide a la comedia.

jueves, 15 de julio de 2010

Informáticos

Si ya por naturaleza soy tonto (y pronto explicaré el origen de mi tontura) esta serie está provocando suicidos masivos de mis neuronas y colapsos cerebrales que impiden una correcta circulación de la sangre y el oxígeno.


Una de esas series basadas en un humor absurdo, fácil, surreal y, en ocasiones, escatológico con el que me siento tan identificado.

sábado, 15 de mayo de 2010

Se fue el Ozores

Siempre que se muere un cómico, el mundo se queda un poco más solo y es menos agradable. Los cómicos, los actores de comedia, los payasos, los caricatos y toda esa ralea que hasta hace poco no se les enterraba en terreno sagrado, no se les permitía entrar en las ciudades ni acercarse a las muchachas solteras y casaderas, son uno de los seres más valiosos y que mejor debemos cuidar de toda la creación. Porque se ríen de ellos, porque se ríen de nosotros y consiguen que nosotros nos ríamos de nosotros.

¿Y por qué todo esto? Bueno, porque esta semana se ha ido uno de esos cómicos.

Antonio Ozores (Valencia, 24 de agosto de 1928 - Madrid, 12 de mayo de 2010).
Actor, escritor, dramaturgo, director, dibujante, diseñador y por encima de todo cómico.

Se habla de cerca de 160 películas, unas 200 obras de teatro entre las protagonizadas, escritas y/o dirigidas y no sé cuanta televisión y algunas novelas y etc. Un hombre que hizo gran parte del más vilipendiado cine español basado en la sal gruesa y en los felpudos femeninos. Que realizo algunas composiciones divertídisimas, que era un zorro astuto; uno de esos actores secundarios especializados en robar plano a los protagonistas. No me gustó todo lo que hizo. No creo, tampoco, que todo lo que hiciera fuera bueno. Pero le reconozco el valor a una persona que decidió que su vida sólo estaría consagrada a una única cosa: hacer reír.

Y para hacer eso hay que echarle huevos.

Porque se paga un precio: no ser tomado en serio por parte de los listos, las mentes pensantes y gafapastosos varios. Quien se dedica al humor y solo al humor, lo tiene muy crudo para ser reconocido. A no ser que haga un drama. Entonces se le reconoce como gran actor. Es la gran injusticia del mundo de la actuación. Para ser reconocido sólo se tienen dos opciones:

1. Que te reconozcan en vida un grupo de surrealistas (como le paso a Chaplin, Keaton o Lloyd).
2. Que se descuelge el cómico un día con un potente drama olvidando el tópico cierto de que la comedia es el género más difícil de todos. El más complicado, el más arriesgado, pero el más agradecido a la postre.

Así que aquí va mi homenaje a Antonio Ozores, cómico popular, con una escena de la película Yo hice a Roque III (Mariano Ozores, 1980) y que para mí es uno de los mejores diálogos que se han escrito en el cine español. Un ejemplo perfecto de lo que se llama cine del absurdo o diálogo para besugos.


martes, 30 de marzo de 2010

Y para todos vosotros un regalito

Un clásico del mundo del humor y del títere.


martes, 14 de octubre de 2008

Sobre mitos y erotismo II

Preámbulo

Un día de esos plagado de gilipollas. Supongo que una vez al mes los dejan salir para que los que trabajamos de cara al público no nos hagamos ilusiones y lleguemos a creer que el mundo es un lugar maravilloso lleno de gente amable.

Pero pasemos a cosas más agradables. Continuo con la lista de mis mitos eróticos cinematográficos ordenados por décadas tal como me lo pidió Jordi. Así que si en la anterior entrada nos encontrábamos en lo que llamaron "los felices años veinte", ahora nos adentramos en lo que serían los duros treinta, el verdadero inicio del siglo XX.

Años treinta. Carole Lombard.

En los años treinta se estableció definitivamente el panteón de diosas cinematográficas. Estamos hablando de la época de eclosión de figuras imprescindibles como Greta Garbo paseando su soledad por todas las épocas, la fresca belleza de Paulette Goddard o la irrupción de la gran Marlene Dietrich con su esquiva belleza, su voz grave y su mirada de voy a traerte muchos problemas, nene. Lana Turner hace sus primeras películas, pero de momento es una actriz que empieza (lo de incendiar pantallas vendría después). Joan Crawford paseaba su desprecio a diestro y siniestro siendo la menos sutil de las mujeres fatales y de Inglaterra desembarcó una pequeña actriz que vendría a cambiar para siempre la historia del cine: Vivien Leigh.

Pero de todas ellas yo me quedo con una pequeña mujer nacida un 6 de octubre de 1908 (este año se cumple su centenario) en Indiana bajo el nombre de Jean Alice Peters, pero que para la historia sería Carole Lombard.

¿Y por qué? Era una mujer guapa, pero no espectacular. Elegante, sofisticada, con bonita voz. No tenía un físico rotundo que mareara por sus curvas. No protagonizo ninguna escena que elevara la temperatura corporal de las salas. No utilizo su cuerpo como arma sexual ni aparecía vestida de frac seduciendo con voz grave (¡divina Marlene!). Pero tenía algo que dentro de mi mundo resulta de lo más erótico que pueda existir:

Sentido del humor (¡já! ¿que os pensabais? ¿qué esto iba a ser un desfile de tetas y culos? No, señores. Soy algo más profundo que eso... no mucho más, vale, pero un poquito sí).

Carole Lombard y Robert Montgomery posando llenos de glamour en una pausa de rodaje de Mr. & Mrs. Smith (1941) de Alfred Hitchcock

Lo siento, el sentido del humor lo encuentro muy erótico. Una mujer divertida, malhablada, irónica, faltona, un poco cruel, con el sentido del ridículo extirpado en el momento de nacer, payasa, etc. Alguien de risa fácil, con la que reír dentro y fuera de la cama. Y Carole Lombard era una de estas mujeres. Se cuenta que era una de las personas más divertidas y antidivas de Hollywood. Y malhablada. Muy malhablada. Además, fue la única actriz que trató de tú a tú al maestro Hitchcock. Y por esto él la adoraba.

¿Momentos?

Varios. La cruel parodia que hacía de Greta Garbo en Al servicio de las damas (My Man Godfrey 1936) de ese desconocido mago del humor que era Gregory La Cava, cuando intentaba seducir a William Powell. Los ataques de hipocondría en La reina de Nueva York (Nothing Sacred, 1937) de William A. Wellman y con guión de Ben Hetch y Dorothy Parker (no acreditada). Y toda la película, cada una de las escenas en las que aparece o se la nombra en Ser o no ser (To be or not to be, 1942) de Ernst Lubitsch como la adorable Maria Tura.

Era una cómica nata, una payasa sin contemplaciones, un ángel venido a la tierra para hacer reír. Una mujer guapísima y elegante. Cuando veo alguna de sus películas (y no las veo poco, por cierto) no puedo dejar de sentir ese punto de erotismo que tiene la comedia. Porque una mujer riendo siempre será más atractiva y erótica que cualquier trágica.

Y un par de apuntes biográficos. Se casó dos veces. Una con William Powell, del que se divorció dos años más tarde pero con el que le unió una fuerte amistad, y con el macho entre machos de la época Clark Gable formando uno de esos matrimonios de ensueño. Murió en un estúpido accidente aéreo a la edad de 33 años.

La comedia todavía la echa de menos.


Escena de la película de 1932 No man of her own donde formó pareja por primera y única vez con Clark Gable. Como comprenderéis, el hecho de que en esta película sea librera hace ganar algunos puntos... y siempre los mágicos estantes altos.

martes, 30 de septiembre de 2008

Ben Stiller es Dios

El sábado fui al cine a ver el acontecimiento cinematográfico del año. ¿Una película inédita de John Ford? ¿El hallazgo de la primera película catalana rodada ¡un año antes del invento del cine!? ¿Una película donde solo aparecen mujeres besándose y monstruos dándose de hostias? (Esta película existe y es una maravilla). No. Algo mucho más importante. El estreno de Trophic Thunder, última película dirigida, protagonizada, producida y escrita por ese Dios de la comedia y de las artes en general llamado Ben Stiller.


Fueron dos horas de película que se hicieron un suspiro. Dos horas de disfutar como un chiquillo con una sátira enorme del mundo del cine, de los actores, productores, del género bélico, del teatro... de todo. Pasándolo bien como hacía tiempo que no lo ocurria. Cuando salí del cine iba en una nube. Hay cosas en esta vida que no fallan, y éste hijo de Nueva York es una de ellas.

Para mí Ben Stiller es Dios. Cada treinta de noviembre celebro su natalicio en compañía de un buen amigo con una cena y el tradicional intercambio de regalos de obtejos tontos que hayan aparecido en una película de Ben Stiller. Tengo en casa películas suyas que suelo revisitar una y otra vez. Una de mis películas favoritas es Zoolander, obra maestra que no acepta discusión y un clásico desde el momento mismo de su estreno. Soy fan absoluto pese a Noche en el museo (hasta Dios puede equivocarse y si no mira el ornitorrinco) porque me ha regalado cosas como Algo pasa con Mary, Mistery Man, Starchy y Hutch, Los Tennembauns, Matrimonio compulsivo (película donde mi buen amigo Jordi estuvo a punto de morir por un ataque de risa tan descomunal que olvidó respirar) y tantas tantas otras con las he pasado unos grandes momentos. Y lo considero un Dios, y un Dios guay. De los que hacen gracia y se humillan y no van todo el día enfurruñados por la creación diciendo que todo es pecado y que debemos arrepentirnos por cosas de las que no somos conscientes. Además, con una religión como ésta en algo supero a las religiones mayoritarias: yo sí he visto a Dios y contemplado su obra.

Os dejo una pequeña muestra de su obra. Una escena de su antiguo programa de televisión The Ben Stiller Show donde se hizo muy conocido por sus parodias de Bono, Bruce Springsteen, Tom Cruise o la que he puesto aquí.



Seguramente será una chorrada, pero a mí cosas como esta son las que hacen que el mundo sea un lugar maravilloso.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Hay días que empiezan siendo una...

Pues eso, que para un día que tengo fiesta me lo paso con dolor de cabeza, cansancio, sueño, ganas de meterme en la cama y estarme el resto del día quejándome en silencio. Una noche poblada de pesadillas con gente que se va, que dice cosas raras, que no me ve, que me pierdo, que no me encuentro, en blanco y negro y con subtítulos (sí... he vuelto a soñar con subtítulos, yo, aquí donde me veis, hablando en francés e inglés según la persona y subtitulado en castellano).

Me levanto. Demasiado tarde para hacer todo lo que tenía que hacer. El bar donde desayuno lleno de gente y dos críos en su cochecitos llorando y chillando como si tuvieran sanguijuelas dentro de los pañales mientras las respectivas madres hablan del nuevo gran hermano y les tiran la ceniza del cigarrillo en la cabeza. El día es de esos tontos que ahora sale el sol, ahora hace frío y tú como un idiota chaqueta puesta, chaqueta fuera. Y por si fuera poco me para un tipo por la calle para preguntarme si ha llegado el libro que tenía encargado en la librería. Reprimo las ganas de golpearle la cabeza con una barra de acero (no llevo ninguna encima) y me limito a decirle que es mi día libre y que no recuerdo todos los encargos que hacemos (unos cincuenta al día). El dolor de cabeza persiste.

Abres el periódico. La película que se estrena una mierda, no hacen nada interesante en la tele. Políticos sonrientes dedicados a pelearse entre ellos, peloteo a famosillos, una guerra, un asesinato, violencia contra las mujeres, contra los niños, contra los indefensos.

Paseo por la ciudad. Me gusta Igualada, pero hoy cansa. A casa a comer. ¿Me echo una siesta? No, que a la noche entonces no habrá quien me duerma (si es que empiezo como los abuelos). Intento de escribir una entrada en el blog. Nada. Cantidad de temas en la cabeza, pero no articulo ni una sola frase coherente. Me dedico a vagar por la red. Nada interesante. Ni siquiera pornografía. Traduciré la canción de Amélie-Les-Crayons. Las cinco de la tarde. Me largo a dar una vuelta.

Intento leer en un bar, pero el libro se cae de las manos. Creo que se me está reblandeciendo el cerebro. Información para el viaje de estas vacaciones (las tendré en noviembre y vuelvo otro año a La Habana a ver a mi amiga Aurora a quien hecho demasiado de menos y con la que tengo muchas cosas de las que hablar). El viaje demasiado caro. Tampoco me ha confirmado Aurora que le vayan bien las fechas. Miro por internet. Una compañía de tercera es la única opción. Aunque con la suerte que tengo ya me veo empujando el avión para que despegue. Mejor me voy a tomar un café. Encuentro con conocido. Me charla de temas que no llevo yo y de los que no puedo decidir. Me duele la cabeza. Entro en el bar. Un café con leche. Me abordan tipas extrañas pidiendo tabaco. Me pierdo en la belleza serena de la camarera y en su precioso acento cubano. Si no fuera tan cobarde...

Salgo del bar. Podría comprarme un libro. Podría ver si hay algo nuevo en música. Vuelvo a casa. Intento leer. Escucho una y otra vez la misma canción. Miro el mail. No confirman nada. Podría escribir. Tengo historias empezadas que podrían llegar a algo. Naturalmente no lo hago. Empiezo a ver vídeos por youtube. Y ocurre.



Es una tontá que me salva el día. Adoro a esta panda de gilipollas con su humor generacional y chorra. Así que durante una hora he estado viendo vídeos, riendo, reconociendo sus mismos referentes ochenteros (Marty McFly, los Bicivoladores, Hulk Hogan, Rosa León...). Y el dolor de cabeza se ha ido... quizá no del todo, pero ha decidido darme un pequeño respiro, una tregua hasta próximamente.

Bueno, pues escribiré sobre esto en el blog. Sobre un mal día y como algo tan tonto como un tipo vestido de mujer lo ha salvado. Y lo segundo. Esa adorable criatura llamada Cloe ha actualizado su blog. Y me ha dado un premio (según parece en la blogsfera se entregan premios y se dicen cosas bonitas unos a otros). Es el premio Parasceldo 2008 y se entrega porque este blog:

"Otorga a la palabra un sentido mágico. Un sentido que en la magia se le llama verbo. Y eso quiere decir que se puede crear. La palabra es la fuerza, pero hay palabras que tienen más o menos fuerza. Hay poder en la palabra, pero también hay palabras de poder. Este poder no se limita a la palabra, sino que está presente también, de alguna manera, en los símbolos, en la magia, las imágenes, y las letras."

No sé muy bien qué significa todo esto, pero es bonito.

Quiero darle las gracias a Cloe por pensar en mí y decir que esto que escribo la anima. Me ha emocionado. Una de las muchas cosas buenas que me ha traído tener un blog es poder entrar en contacto con personas como ella.

Y aquí van mis premiados:

- A María porque unas palabras suyas me hicieron abrir un blog. Por su mirada, por su mundo y por Camille.

- A Amanda por permitirme entrar en su cabaret. He encontrado músicas, películas, a Celia Jonhson y Trevor Howard. Y, si ella me lo permite, una buena amiga y un amor platónico.

Y ya está. Como dijo Meryl Streep después de disparar a Goldie Hawn, hay días que empiezan siendo una mierda pero acaban arreglándose. Buenas noches y, como dice un gran amigo, salud y pajillas.

martes, 16 de septiembre de 2008

Le escucho

Un día como hoy hace quince años, la NBC emitió el primer capítulo de la que considero que es la mejor sitcom (o comedia de situación, o telecomedia o lo que sea) de la historia de la televisión, y casi que diría de la historia de la humanidad: Frasier.


Fue un 16 de septiembre de 1993 cuando el doctor Frasier Crane, psiquiatra, snob, pedante, bueno, comprometido, cariñoso, inmaduro, volvió a las pantallas de televisión después de estar años en Boston como lugareño con tamburete propio en otra obra maestra de la televisión, Cheers. Ahora lo encontramos en Seattle, divorciado de la castradora Lilith y como celebridad menor de la radio gracias a su programa. Soltero de oro en el mejor apartamento que se ha visto jamás en televisión, de repente su perfecto mundo se va al traste cuando tiene que llevarse a vivir con él a su padre, policía retirado, la terapeuta de éste, a Eddie, el mejor perro de la televisión, y una horrible butaca. Así da inicio uno de esos milagros que de vez en cuando se dan en televisión.

Lo mio con Frasier fue amor a primera vista. Llegué a ella un par de años después, cuando Canal+ la emitió un verano a las 21:00 (creo recordar y si me equivoco me corregís) y en seguida me vi en ese humor y cogí cariño a los personajes. No solo a Frasier, que es casi una representación televisiva de algunas de mis obsesiones y manías como bien me han recalcado muchas veces mis amigos, sino a su padre, a Niles, el hermano aun más snob, o a la maravillosa Rose, uno de esos personajes que quieres como amiga y amante.

Creo que es una de las representaciones de comedia más puras que existen y la demostración que la mayor parte de las veces, menos es más. En Frasier hay pocos personajes pero perfectamente construidos y con fuertes lazos entre sí, poco escenarios (casi se pueden reducir al maravilloso apartamento de Frasier, la radio y el Café Nervossa) y espisodios de veinte minutos de duración con unos guiones de hierro donde en muchas ocasiones pasaban más cosas que en esa hora y media a la que nos tienen acostrumbrados las telecomedias de este país.

Y para mí tiene el valor de ser terapéutica. Me explico... de vez en cuando tengo uno de esos días duros con un millón de cosas en la cabeza (trabajo, responsabilidades, soledad, desengaños amorosos, etc.) y en los que solo se tienen ganas de descansar en silencio. Pongo un dvd de Frasier y eligo un capítulo al azar solo para que me haga reír y me haga olvidar uno de esos asuntos amorosos que llenan los días de silencios. Y entre la comedia me encuentro con esto:

Bueno, es difícil decir qué quiero. Ha pasado tanto tiempo desde que me enamoré realmente de alguien. ¿Conoces esa sensación que tienes después de la primera cita, cuando ni siquiera puedes quedarte dormido? Simplemente te quedas en la cama, despierto, pensando en ella. Eso es lo que quiero.

O cuando curé un dolor de espalda al ver un capítulo donde Frasier tenía un dolor de espalda producido por el estrés que le provocaba un trabajo que no le satisfacía del todo, de tener cuarenta años y seguir soltero y llevar tiempo sin salir con una mujer, por vivir con su padre, etc. Su caso se alejaba de mi caso solo en un hecho (yo tengo treinta años) y en el momento en el que Frasier se da cuenta de esto, yo me doy cuenta de que también es estrés. Y el dolor desaparece.

En mi vida Frasier ha sido muy importante. Especialmente por lo que me ha hecho reír, por su humor ácido, por la ternura, por las veces que mis amigos me han dicho que soy Frasier Crane y por la esperanza que, como él, yo acabe un día de estos con mi Laura Linney.

Os dejo dos fragmentos de la serie. Me hace especial gracia esta escena porque describe muy bien la personalidad de los dos hermanos y la relación con su padre.



Y éste lo pongo por lo que os comentaba antes de mi identificación con Frasier. Como a él, también me cuesta ver las señales que me manda una mujer... o no las entiendo o las entiendo mal o acabo haciendo el ridículo...



Y espero que no os veáis afectados por lo que se conoce como Sindrome de Frasier Crane, algo que sólo ven gracioso una persona de cada diez.

jueves, 7 de agosto de 2008

Elogio de la risa

El tipo que tenéis aquí al lado tocando un violonchelo con los pies y sentado encima de un tambor (aunque mal mirado podría ser una barrica de vino) es una de las personas que más aprecio en esta vida. ¿Quién es? Jacques Offenbach, músico. Sí, soy consciente que nunca lo he conocido y que lleva muerto unos 128 años, pero eso no es un inconveniente para toda la compañía que me ha hecho en buenos y malos momentos (nada mejor que su cruel sátira de las relaciones humanas para esos momentos en que te parten el corazón), lo que me ha emocionado otros pasajes de su obra y, sobre todo, lo que me ha llegado a hacer reír.

Pero hagamos una presentación un poco más formal. Gente que lee, Jacques Offenbach. Jacques Offenbach, gente que lee.

Este señor es músico. Nació en Colonia (Alemania), el 20 de junio de 1819, y murió en París, el 5 de octubre de 1880. Compuso conciertos para violonchelos, operetas en un acto, en dos, en tres y en cuatro. Operas bufas y una gran ópera. En mi particular panteón de deidades de la música lírica es uno de los doce grandes dioses que se sientan a la diestra de Beethoven y se beben su vino y levantan las faldas de las cocottes. Junto a él hay gente como Rossini, Mozart, Verdi, Boïeldieu, Strauss y tantos otros. Pero Jacques Offenbach es uno de los más queridos y admirados. ¿Y por qué? Bueno, la razón es muy tonta. Me hace feliz.

Prácticamente toda la obra de Offenbach se inscribe dentro del género cómico. Sus operetas son joyas de orfebrería donde se unen algunas de las mejores melodías del siglo XIX, momentos musicalmente hermosos, paródicos, críticos al sistema en el que vivía y del que vivía (el Segundo Imperio de Napoleon III), en ocasiones cruel, compasivo con ciertos sujetos del género humano (jóvenes poetas, desarraigados, pobres y artistas) y sin compasión con los ricos, los militares y cualquier atisbo de poder. Su música es popular, divertida y poco pretenciosa. La escribía para que gustara, para que la gente la cantara, para ganar dinero y vivir bien. Era divertido, ingenioso, tenía talento, le gustaba su trabajo, pero ni entonces ni ahora Jacques Offenbach está lo suficientemente reconocido. Y creo que se debe al hecho de que gran parte de su obra sea comedia. Entonces, como ahora, la comedia está infravalorada. Títulos como Orfeo en los infiernos, La bella Helena, Los cuentos de Hoffman, Les brigands, La vie parisienne, Fantasio, etc. merecerían ser cuidados, guardados y escuchados hasta la saciedad como cura contra lo peor que tiene el ser humano dentro precisamente porque con su música denunció todo esto: los convencionalismos, la hipocresía de la sociedad, la doble moral, los intolerantes, la corrupción de los poderosos, la arbitrariedad de la justicia y todo esto con una música brillante y chispeante y muy divertida. Y, además, Offenbach tuvo una virtud que ningún otro compositor puede decir que tenga: nunca fue aburrido.

Y para muestra un botón. Un fragmento de su obra Orfeo en los infiernos. Os pongo en contexto. El matrimonio entre Orfeo y Euridice no pasa por su mejor momento. Ella se aburre muchísimo. Engañada o dejándose engañar por el dios de los infiernos muere y se va a vivir al Infierno esperando encontrar la alegría y la marcha que le falta a su matrimonio. Aunque Orfeo es feliz al ver a su mujer muerta, la presión de la opinión pública (los convencionalismos de la sociedad) le hacen ir al Olimpo a pedir, de mala gana, que le devuelvan a su mujer. Zeus accede a los ruegos de Orfeo y decide ir al Infierno a por Euridice aunque su única intención es beneficiarsela. Euridice se aburre en el Infierno porque no es la mitad de animado de los que ella imaginaba. Zeus llega a la habitación de Euridice, se enamora (por no decir que se pone cachondo perdido) y ayudado por Cupido hace una de sus famosas metamorfosis para meterse en la cama de la "virtuosa" esposa de Orfeo. A continuación, el duo de amor entre Euridice y Zeus convertido en... bueno, mejor lo veis. Cantan los maravillosos Laurent Nouri y Natalie Dessay.



Después de ver esto, ¿alguien puede seguir pensando que toda la ópera es aburrida?

Y para finalizar, como alguien dijo la obra de Offenbach cumple la función de remediar la estupidez de la vida, darle un descanso a la razón y estimular la actividad mental. Vamos, que si escuchas a Offenbach seréis más inteligentes y mejores persona. Así que ya lo sabéis.

jueves, 17 de julio de 2008

Viajando con Sullivan

Hace unos días vi junto a un amigo Los viajes de Sullivan (Sullivan's Travels, 1941) del gran Preston Sturges. Para él fue la primera vez, para mí sería la quinta o la sexta. Disfrutamos mucho con el visionado de la película aunque mi amigo acabara durmiéndose (no se lo tengáis en cuenta, estaba muy cansado y era muy tarde). Yo volví a quedarme maravillado por lo que pasaba ante mis ojos y volvía a reír y llorar en esos momentos precisos donde la película deja de ser ficción y se hace vida.

Vi la película por primera vez hace unos años en los cines Mèlies de Barcelona, en una de esas maravillosas sesiones de reposición de clásicos. Entré en el cine con la intención expresa de verla, pero también para estar un par de horas fuera de Barcelona. Poca gente, buen público, se apagaron las luces, y empezó la película de la única forma que no podía imaginar que empezaría una comedia de los años cuarenta: con una violenta y trepidante pelea en el techo de un tren en marcha. A partir de ahí, la maravilla. Fue una experiencia única. Una revelación, la certeza de que había visto una de las películas de mi vida, una de esas expresiones artísticas que me definen como persona como puedan ser La venus del espejo de Velázquez, la canción Lo que me dice tu boca de Javier Ruibal o Orgullo y prejuicio de mi adorada Jane Austen. Mi entusiasmo por la película fue tan grande que al salir del cine tenía ganas de compartir esa película con todo el mundo, de gritarlo al viento, de decirles que se estaban perdiendo algo grande y único. Tuve que conformarme con llamar a un amigo para compartir mi entusiasmo. Eran cerca de las doce de la noche. Mi amigo no lo entendió muy bien.

Con el tiempo me la compré en DVD en cuanto fue editada y de vez en cuando me gusta reencontrarme con ella. Pero, ¿qué explica esta película? Estamos en un Estados Unidos hundido en la Gran depresión de los años treinta. Un director de cine de éxito (el Sullivan del título) gracias a sus comedias y musicales decide dar un cambio radical a su carrera haciendo un drama social que refleje las contradicciones del mundo, una visión desoladora de la raza humana y la lucha por la supervivencia, con final trágico y deprimente pero con un poquito de sexo (como le insiste repetidamente su productor). Decidido a hacer la película se viste de mendigo para vivir en primera persona las miserias, el hambre y el frío. Por el camino se encuentra con una joven aspirante a actriz que le acompañará en su viaje.


¿Pero qué fue lo que me gusto de esta película para que me entusiasmara de esta forma? Podría decir que todo lo que en ella aparece, pero si tengo que destacar algo...

1. Un guión de hierro. Posiblemente uno de los mejores guiones de la historia. Escenas increíblemente bien dialogadas, grandes gags visuales y una serie de personajes secundarios entrañables y humanos.

2. La propia parodia que la película hace de si misma, porque Sturges hace una película con todos los elementos que pretende hacer Sullivan en la suya, pero con un fantástico tono de comedia.

3. Su defensa a ultranza de la comedia como el mejor de los géneros. Para Sturges, y para Sullivan al final de la película, lo más hermoso que hay en el mundo es hacer reír a los demas. Como se dice en un momento de la película, cuando a una persona se lo han quitado absolutamente todo, aun le queda una cosa. Ya podéis imaginar cuál es.

4. Veronica Lake.


Actriz de un metro cincuenta, con una melena rubia de larga onda que le cubría un ojo (peinado que se puso de moda entre las mujeres de la época y que tuvo que ser prohibido en las fábricas de armamento por el alto indice de accidentes que se producían), con un carisma exquisito para la comedia, con una mirada perfecta para el cine negro (donde brilló al lado de Alan Ladd en películas como El cuervo o La llave de cristal), con una gran belleza y fotogenia... No es de extrañar que en los cuarenta fuera una de las grandes estrellas de Hollywood. A partir de los cincuenta, su carrera sufrió un declive del que no se recupero. Matrimonios fracasados, adicciones varias, malas elecciones en su carrera, problemas mentales acabó su vida alcoholizada y trabajando de camarera en Nueva York olvidada de todos y por todos. Murió en 1973 con solo cincuenta años de hepatitis.

Pero no era esto lo que quería contar de Veronica Lake. En verdad, todo esta entrada solo es para confesar una cosa: estoy perdidamente enamorado del personaje de La chica en Los viajes de Sullivan. Posiblemente sea el personaje más adorable de la historia del cine. Y es como me gusta recordar a Veronica Lake, sentada a la barra de un bar invitando a un desconocido a desayunar mientras le explica que se vuelve a casa porque Hollywood es un asco, vestida de noche y cargada de fina ironía.

miércoles, 9 de julio de 2008

Inversión de futuro

Hoy he tenido uno de esos arrebatos consumistas de los que con toda seguridad me arrepentiré a finales de mes, pero que ahora por ahora me llenan de alegría y que con el tiempo se convertirá en una de las inversiones más inteligentes que he hecho en mi vida.

Como hoy no trabajo he dedicado la mañana a pasear por Igualada. Después del desayuno típico en l'Agulla, ojear los periódicos hasta la sección cultural y escuchar la misma canción de Emily Loizeau por enésima vez, me he acercado a Posa'l disc, una pequeña y modesta tienda de música donde te sientes como en casa. Repaso rápido a las novedades en música, alguna me llama la atención, pero no tanto como para comprarla, me acercó al mostrador y le pregunto al encargado si ha llegado. Me mirá y me dice que sí. De un pequeño armario ha aparecido ante mí una enorme caja con10 DVD's que contienen la mejores películas de Harold Lloyd. Ha sido un momento de suprema felicidad.


Harold Lloyd (Nebraska, 20/04/1896 - Los Angeles, 08/03/1971) forma junto con Chaplin y Keaton la sagrada trinidad del humor en la época dorada del cine mudo. Y los tres juntos se encuentran entre los mejores humoristas de toda la historia desde la aparición de la primera célula hasta ayer mismo.

Sin embargo, Harold Lloyd nunca ha sido tan popular como sus compañeros de generación. Aunque en los años veinte era el cómico más conocido y taquillero, las generaciones siguientes no le han hecho toda la justicia que merece un profundo conocedor de los engranajes de la comedia y la creación del gag. Aunque su imagen sea una de las más repetidas en la historia del cine, uno de sus mayores iconos y que todos lo hayamos visto en alguna ocasión (y para comprobar esto me remito a la última fotografía que aparece en esta entrada). Aunque Rafael Albertí le dedicara un poema en el libro Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, el gran Harold sigue sin encontrar su lugar en la memoria de los cinéfilos.

Pero todo esto da igual. Hoy mismo, después de comer me he visto una película de Harold Lloyd. El estudiante novato de 1925. Ha sido una experiencia fantástica donde la comedia se encuentra en estado puro. El largo gag donde poco a poco se va descosiendo su smoking en una fiesta y un sastre intenta cosérselo sin que nadie se de cuenta, el partido de rugby que cierra la película, la preciosa segunda entrada de la chica, etc. Muchos hallazgos, mucha comedia y mucha maravilla en una película que no llega a los ochenta minutos. Y tengo por delante tantas películas, tantos minutos, tanta comedia.

Lo que me gusta de Harold Lloyd es su precisión para construir el gag, las persecuciones finales llenas de pelígrosas acrobacias y saltos de un tranvía a un carro (cuando no existían trucos de montaje, ni transparencias, ni nada de todo eso y el máximo control de seguridad eran unos colchones en el suelo), las tiernas, y en ocasiones absurdas, escenas de amor. Y porque se nota que Harold Lloyd sigue la máxima de que la comedia es algo muy serio y trata con respeto y dedicación el género más difícil. Y porque, como dice mi buen amigo Jordi, soy muy receptivo al humor físico.



Y por último una apreciación de índole personal. La imagen de Harold Lloyd colgado del reloj fue una de las responsables que entendiera el cine como una experiencia casi física que me ha durado hasta ahora. En casa explican que cuando salía esa imagen por televisión me lanzaba a gritar, a llorar, a volverme casi loco de nervios porque ese hombre se iba a caer (era muy pequeño, no imaginéis a un tipo de treinta años con un ataque de llanto y convertido en un amasijo de carne lloroso y balbuceante... esto solo me pasa cuando veo ¡Qué bello es vivir!) Fue una de las imágenes que me acompañaban de pequeño en mis pesadillas.