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jueves, 13 de mayo de 2010

Diez días por delante

Sí, diez días de descanso



en los que espero hacer eso, descansar. Aunque sea un poco. Además me gustaría leer, escribir un montón de mails que tengo atrasados, escribir un poco de lo mío, preparar la partida de rol (con lo que supone de mapas, monstruos y putadas para los jugadores), ver películas, pasear con A. y los nenes por Igualada, salir a cenar, ir al cine algún día, a comprar dados, perder el tiempo miserablemente y, por lo menos un par de veces, levantarme muy tarde.

Y escribir en el blog, claro, que me apetece volver a la dinámicas de hace un tiempo. La verdad es que esto del sueño me ha limitado mucho porque muchos mediodías los dedico a echarme siestas para sobrellevar la tarde con toda la dignidad posible y limitar las salidas a una sobre la siete y media en busca de algo de azúcar. Un zumo de piña, por ejemplo. Así que si algún lector se pasa por la librería a partir del día 24 y me quiere traer un zumo, un poco de chocolate o algo dulce tendrá mi más eterno agradecimiento, un lugar en el cielo de los justos y alguna compensación. ¿Cómo cuál? No sé... lavar el coche, masajes, dar recados, adivinar el futuro, explicar un cuento por la noche, hacer la colada, pintar el recibidor... O lo que me pidan... Eso sí, no prometo hacerlo bien.

Esta imagen es cuando ayudé a una señora a cruzar la calle.
No preguntéis qué pasó.

Ah, y me dejaba algo para hacer estos días. Releer a Kurt Vonnegut, ese tipo de escritor necesario que nos recuerda que el mundo es cruel, estúpido y absurdo ante el cual sólo nos quedan dos opciones que el mismo autor resume muy bien.

"Reír y llorar pueden ser respuestas al agotamiento y la frustración. Por mi parte prefiero reír, simplemente porque hay menos que limpiar después. "

Kurt Vonnengut.
Admirado, respetado y plagiado.


Si no habéis leído nada de Vonnengut, ya tardáis. Merece mucho la pena, ¿verdad Bellota y Leola? Por mi parte es uno de mis imprescindibles.

Nos vemos estos días.

domingo, 4 de octubre de 2009

Cosas del fin de semana

Viernes: Nuevo día de descanso. Dos a la semana. Domingos y viernes. ¿Motivo del cambio? Fácil... vuelvo a clases. Sip. Vuelven las épocas de entrar en un aula y salir de ella; los calcetines largos, los pantalones cortos, la camisa por fuera, los libros apretados en el pecho, la mirada pícara y la manzana para la profesora...

- ¡Por fin aprenderás a leer!
- No son clases de lectura.
- ¿A no? ¿Y de qué son entonces?
- Pues...
- ¿De qué? ¿Eh? ¿De qué? ¿De buenos modales? ¿De centros florales? ¿De dicción?
- No... son de... de...
-Venga.
- Clases de baile.
- ...
- Vuelvo a bailar. Como Billi Elliot.
- ¿Tú? ¿Bailar?
- Pues sí. A bailar. Pero lo que me gusta. Salsa, merengue, cha cha cha. Ritmos latinos. Timbales, trompeteo y percusión. Un dos tres - cinco seis siete. Lateral. Camínalo. Señorita. Sesenta y nueve. Páseala. Enchufla. Sombrero. Enchifla doble. Dile que no. Vacilala.
- ¿Y has engañado a alguien para que baile contigo?
- Sip. Y esto es más o menos lo que queremos conseguir con un par de clases.



Accesible, ¿no Silvia?

Sábado: Día tranquilo en la librería. Más venta de novela/ensayo/poesia que de libros de texto. Menos mal. Ya era hora. Al salir, una de las últimas cerveza en una terraza y enseñarle a un niño lo siguiente.



Verlo correr por la plaça de Cal Font gritanto al viento "Soy Clint Eastwood" llena de orgullo. Cena posterior de un gran bocadillo de salchichas y película de dibujos.

Domingo: Teatro. Los tres cerditos. Demasiado larga y la expectación por la aparición del lobo. Será el villano de la función, pero siempre será la estrella del cuento. Comida en casa de la mama. Me llevo las películas de El señor de los anillos, Infiltrados y Amanecer de Murnau. Y mi DVD. No me llevo ningún libro.

- ¡Milagro! ¡Milagro!

Creo que coger cuarenta la última vez fue demasiado. Aun estamos pensando dónde colocaremos todo eso.

Y ya está. Entre otras cosas, esto es lo que da un fin de semana.

(-Vaya final más soso.
- Es que es un tio soso.
- Bueno, a lo nuestro... el boicot y la revolución...
- Sí... sí... a humillar a Jorge.
- ¿No se humilla sólo?
- Eso no será pensamiento independiente, ¿verdad?
- No... no...
- Jorge dice que va a clases de baile, que alguna noción tiene, que ha hecho un año y medio de salsa... ¡Mentira! Jorge baila así:



- Ya no tienes credibilidad, payaso... Ja ja ja ja ja.
- ¿Pero ha tenido alguna vez?
- Tú calla y rie.
- Ji ji ji.)

lunes, 25 de mayo de 2009

En estos días, cosas que han pasado

1. Según parece el nuevo Xavi funciona bien. Hubo un amago de típica rebeldía adolescente, pero parece que después de sentarnos y hablar largo y tendido, hemos llegado a un acuerdo. Él funcionará sin problemas y yo me comprometo a no cagarme en todos sus muertos a la mínima de cambio. "Los sistemas informáticos también tenemos nuestros sentimientos... y duele mucho cuando alguien nos insulta o nos pega con el ratón cuando cometemos un error... Todos nos esquivocamos".

2. Estoy de vacaciones. Sí, una semanita de vacaciones. ¿Qué como me siento?



Sí, ya lo sé. Ya sé que la asociación vacaciones/baile ya la utilicé en otra ocasión, pero no lo puedo evitar. Además, este número es estupendo, ¿verdad?

3. Sobre los libros que regalo. Todo va bien. Han llegado peticiones y la mayoría ya se han atendido. Si alguien está interesado que se pronuncie pronto, la oferta sólo dura hasta finales de mes.

4. Mi terrorífico plan para dominar el mundo sigue su curso. Todo va más o menos bien... mi supejercito de hombre radioactivos ya está activo, pero tengo problemas para enseñarles a atarse las zapatillas. Además, se pelean mucho entre ellos y no consigo que entiendan la diferencia entre un potencial enemigo y una carretilla llena de pelas de patatas.


Por cierto, si a alguien le interesa algún ministerio o cargo específico en el nuevo orden mundial que en un pis pas voy a montar, que me lo diga y lo hablamos. Eso sí, tendrá que saber que tarde o temprano será traicionado y tendrá que partir al exilio en una villa del siglo XVI en la Toscana. Advertidos quedáis.

5. No he visto películas, no he acabado ninguna novela, he escrito un poco y he pensado bastante. Mucha música y redescubrir todas las canciones.

6. Otras cosas maravillosas que quedan fuera de las competencias de este blog.

7. Volvemos a la carga.

jueves, 9 de abril de 2009

Y ahora... cinco días

Pues sí, a partir de este momento, cinco días de vacaciones.

Viernes Santo - Sábado de gloria - Domingo de resurrección - Lunes de Pascua - Sant Crist d'Igualada.

Y lo que siento en estos momentos sólo puedo expresarlo de una manera.


"I Am What I Am", del musical La cage aux folles

Y poco más puedo añadir.

viernes, 27 de marzo de 2009

Un simple juguete del destino...

Sinceramente creo que los dioses se han confabulado en contra mía. Se dedican a darme ideas, hacer que conciba ilusiones, a ponerme el sabor del azul en los labios y, luego, en un movimiento cruel de los dados, me lo arrebatan todo... ¿Por qué?, pregunto yo, las rodillas hincadas en el suelo y la mirada perdida entre las nubes, ¿por qué?, pregunto yo con las lágrimas desbordándose por unos ojos marrones llenos de personalidad, encanto y señorío, ¿por qué...?

Que sí... que sí... ¿Qué ha pasado?

No sé por donde empezar.

Empieza por el principio. Es un buen sitio.

El principio... Al principio no había nada y luego vinieron los dinosaurios en naves espaciales...

No tan al principio.

¿Egipcios?

Más para acá.

¿Visigodos?

Joder que pareces tonto... ayer.

Bueno, como quieras (trago de ron) ayer fui a Posa'l disc y...

No me digas más. Querías pedir una película que está descatalogada. Lo de siempre, vamos.

No... peor... peor... ¡Quería pedir seis películas y cinco están descatalogadas!

¿Y qué películas eran?

Pues películas que necesito. Tres de la enorme Imperio Argentina

Grande...

La mejor.... y la trilogía de Carlos Saura con Antonio Gades.

¿Y?

Pues que las tres de Imperio descatalogadas y las de Saura pues tres cuartos. Carmen y Bodas de sangre ya no se encuentran.

Pero te traen El amor brujo.

Sí, pero no es eso. Encuentras editadas desde hace un montón de años las mayores chorradas del cine español, y algunas de sus películas fundamentales para entender su historia y su evolución, ésas, tururú.

Si ya... ¿Y qué piensas hacer?

Pues seguir buscando y quejándome... y mirar por el youtube los vídeos que están colgados.


Primer acto de Carmen de Carlos Saura
Con Laura del Sol, Cristina Hoyos y Antonio Gades



Habanera, Carmen de Carlos Saura
con Laura del Sol y Antonio Gades
Música: Bizet ; voz: Maria Callas


Realmente, el baile es una de las expresiones artísticas más hermosas.

En eso estamos de acuerdo. Y no te cabrees que en una semana tendras El amor brujo.

Eso sí, pero del coraje que me entró que me compré cinco novelas de la Dragonlance.

Flamenco y la Dragonlance en una misma tarde... Tus gustos son...

Variados y eclécticos. Y creo que esa es una de las claves por las que soy casi feliz.

En el fondo eres un optimista.

Sip... mal que me pese...

martes, 2 de diciembre de 2008

Sobre música, bailes y estertores

Continuando con el tópico, La Habana es una ciudad musical. Pero precisemos. Cuando decimos que para el cubano la música es importante, por favor, que no venga a vuestras mentes la típica imagen de un montón de mulatas bailando por las calles, que en cada esquina hay un grupo de son o que de todas las ventanas y puertas de la ciudad sale música execrada por un disco. No. La realidad musical cubana está mucho más allá de los tópicos que las agencias de viaje de aquí y de allá venden, siendo éstas las primeras en explotar la ecuación mulata+salsa:sexo convirtiendo un país preñado de tradición, cultura y atractivos en un receptáculo para viejos, y no tan viejos, caducos y patéticos en busca de carne joven con la que alimentar fantasías por cuatro duros (el viaje fue maravilloso, pero naturalmente hay cosas que no se pueden pasar por alto y la imagen de un viejo español comportándose como un chuloputas visitando la colonia con una niña que no llegaba a los dieciséis años a la que se le salían los ojos delante de un plato de comida, son de las que cuesta asimilar y olvidar).

Pero estamos aquí para hablar de música y no para hacerme mala sangre.

Y para contar un par de historias musicales que viví. Y no, antes de que os hagáis ilusiones, no bailé. Como ya expliqué en otra entrada, soy incapaz de bailar (aun no he encontrado mi pareja) pese a la insistencia de Enrique (un amigo obsesionado conque aprenda a bailar casino) y las pocas clases que me dio Aurora y su eterno reproche, "suave, suave, ¿pero es que no oyes la música?".

1. Me gusta el bolero. Se que algunos opinan que es música de viejos y pasada de moda. Y posiblemente tengan razón. Pero me gusta el bolero. Por eso Aurora y yo fuimos al "Gato Tuerto", un local donde escuchar a viejas glorias de la canción entonando viejos boleros y donde poder cantar todas esas canciones de nuestras abuelas que nos sabemos de memoria. Y fue donde comprobé que el bolero es una música que se debe escuchar dosificada. Os aseguro que en un mal momento, en una situación anímica especialmente sensible, el bolero puede ser cruel. Quiero decir, escuchar "Cuando un amigo se va" en un contexto donde empiezas a despedirte de tu mejor amiga... pues agradable no es por mucho que guste la canción, y más como lo cantó aquella mujer... desgarrada y rota porque ella también se estaba despidiendo.

2. En este mismo local, mientras nos tomábamos Aurora una malta y yo una Bucanero, asistimos a una posesión diabólica (es la única excusa posible). Entraron poco después de nosotros una pareja de catalanes (¿cómo sabías que eran catalanes, listillo? Por que hablaban en catalán. Ah, vale. Y, además, te podría decir que eran de Barcelona por esa ausencia pasmosa de vocales neutras). Un hombre ya maduro, por no decir viejuno, y una mujer de unos cuarenta y tantos años que con la luz adecuada y muchas cervezas podía pasar por atractiva. Eso sí, el vestido era precioso (siempre según Aurora). La relación entre ellos era extraña. No se comportaban como una pareja al uso, ni como matrimonio. Llegamos a la conclusión que debía ser o jefe/secretaria, o conocidos en un congreso o algo así. Él estaba chocho perdido con ella, ella más preocupada fingiendo que se lo pasaba bien. Empezó el concierto y ellos empezaron a bailar. Bueno, decir que fue apocalíptico es ser benévolo. Él bailaba como el típico español (pantalón por encima del ombligo, paso marcial, olvido total de la existencia de algo llamado cadera y cintura, brazos en posición de púgil y bamboleo rítmico del tronco de derecha a izquierda... vamos, la conocida figura de baile llamada "Yo para ser feliz quiero un camión). Ella... bueno... hablando con Aurora llegamos a la conclusión que se le habría metido un ratón en las bragas y le estaba comiendo el clítoris. Así tendría excusa para esos movimientos estertóricos de persona que lleva instalada un desfibrilador a máxima potencia. El movimiento aleatorio de pies y brazos, la cabeza que giraba, la cadera fija y una absoluta falta de ritmo y coordinación con la música que provocó que la cantante se despistara más de una vez. Aurora la miraba fascinada por alguien que tenía tanta falta de coordinación músico-motriz. ¿Todas las gallegas bailan así?, me preguntó. Supongo que no, dije. Pero luego recordé "Mira quien baila" y las verbenas de mi ciudad y, la verdad, ya no estoy tan seguro.

3. Donde peor música cubana se escucha es sin dudarlo en los taxis. La música está tan alta que suele hacer sangrar los oídos y el género rey es, sin dudarlo un momento, el cubaton una versión patria del reaggeton. Os aseguro que estar media hora en un taxi sin aire acondicionado, con ocho personas (una de ellas más cerca de lo que sería conveniente), con dolor de cabeza y oyendo a un tipo diciendo cosas como "chupa-chupa que a las mujeres lo que les gusta es el chupa-chupa" o a una tipa haciendo una declaración de intenciones tan profunda como "dame por atrás que tengo el bombi escocido" resulta, como mínimo, molesto. No quiero ser uno de esos que critican el reaggeton por su procacidad sexual, por su machismo o por su poco respeto con la tradición musical (críticas que se hicieron en su momento al jazz o al rock y que ahora se le hacen a él), yo lo critico porque, después de escucharlo durante largas horas en taxis, bares, restaurantes y tiendas, he llegado a la conclusión de que es una mierda. Y punto.

Y, bueno, de momento lo dejo aquí porque no me quiero alargar más. Aunque la sensación que me queda es que no he profundizado en nada, que esta entrada no es más que un prologo a lo que quiero contar... Supongo que ya volveré a la música en Cuba (hay mucho que me he dejado por decir... y, precisamente, lo más importante e interesante... como las descargas, las apasionantes mezclas que se están haciendo entre hip-hop, son y rock, mi debut como cantautor...).

Os dejo para compensar la superficialidad de la entrada, un vídeo de Benny More, el bárbaro del ritmo, uno de los grandes de la música en Cuba.


domingo, 19 de octubre de 2008

De como aprendí a bailar, pero nunca bailé

Aunque no os lo creáis soy un inútil para algunas cosas. Sí, ya se que cuesta de aceptar y que claman las voces diciendo que no, que no eres un inútil luz de mi vida. Pero sí, para algunos temas soy un inútil. Me refiero que no puedo participar en una operación de neurocirugía, soy incapaz de disparar un arma (y que para esto sea un inútil para los restos de mi vida), no puedo construir una máquina del tiempo para viajar hacia atrás y ver a Nina Simone en concierto y no puedo bailar.

Y lo he intentado. De verdad, pero hay algo superior a mí que hace que me convierta un inútil en el momento de pisar una pista de baile. Para empezar tengo a la naturaleza en mi contra. Tengo poco oído musical y creo que me extirparon de pequeño el sentido del ritmo. En una discoteca me veréis pocas veces lanzado a la pista como un energúmeno moviéndome en espasmos epilépticos. Soy el típico tío que arrastra los pies y bebe de su gin tónic mirando alrededor buscando el momento oportuno para huir. Durante un año y medio estuve asistiendo cada viernes a clases de bailes de salón. Ritmos látinos. Salsa, cha-cha-cha, merengue, samba y unas pequeñísimas nociones de tango. Me desenvolvía bien, adquirí ritmo y soltura. En casa practicaba delante de un espejo y llené el mp3 de salsa y merengue para ir descifrando poco a poco su ritmo. Me sorprendía repitiendo los pasos de baile en un semáforo y bailando en el almacén de la tienda al ritmo de los sonidos en mi cabeza.

Y llegó el momento de la verdad. Paseo por una calle. Suena desde una ventana una canción del gran Héctor Lavoe. A mi lado una muchacha preciosa que me pide que baile con ella. Y dije que no. Sencillamente, no pude. Un año y medio de clases tirados por la borda (y tranquilos que esto no fue una oportunidad perdida. Esa muchacha es una de mis mejores amigas y unos días después tuvimos un bolero de despedida, los dos abrazados llorando y bailando al ritmo de Olga Guillot).

Eso es que tienes vergüenza, me diréis. No lo creo. Los que me conocen bien saben que en mí no existe eso que llaman sentido del ridículo (si he salido en una obra de teatro en bikini comprenderéis que el hecho de que me vean bailar no supondría mayor problema). Inseguridad, entonces. Un poco sí que hay, pero cuando participo en un recital también me siento inseguro, o cuando dejo a alguien leer un cuento o cuando hacía teatro. ¿No te gusta bailar? No, si lo peor de todo es que me encanta bailar. Los viernes que iba a clases era feliz y estar moviéndome al ritmo de la salsa y el merengue era maravilloso. En casa bailo cuando no me ve nadie. ¿Entonces qué? Sinceramente, no lo se.

Yo creo que tengo el mismo problema con el baile que el que tengo con la poesía. Le tengo demasiado respeto. Y si veo que no lo voy a hacer bien, si siento que no lo haré bien, prefiero no hacerlo. Cuando siento la presión de bailar, de seguir el ritmo, de llevar bien a la mujer, de conducirla y fluir... si noto que no puedo, no lo hago. Pese a que mi profesora de baile me animaba diciendo que lo hacia bien, que era bueno y que tenía a mi favor lo mucho que disfrutaba. Y en las clases no pasaba nada, pero en la pista de baile... no puedo, lo siento, no puedo.

Un amigo me dijo que el único problema es que todavía no he encontrado a mi pareja de baile; esa muchacha que me dejara cogerla entre los brazos y sacará de mí al bailarín. Me gustaría pensar que será así de fácil.

Así que a la espera de que aparezca esta muchacha que me saque a bailar, me quedo sentado a la barra observando como los demás bailan. Porque me gusta ver a personas bailando. Me gusta la danza clásica, la contemporánea, los ritmos latinos, los pasodobles, el tango... me gusta ver a bailarines profesionales moviéndose por una pista, la emoción de ver los musicales de Carlos Saura, un buen bailaor o bailaora de flamenco... Me emociona ver bailar... y en ocasiones, como ésta, acabo llorando.