jueves, 31 de diciembre de 2009

Lo que hice ayer

Pues primero de todo me desperté. Abriendo los ojos, claro. Y pensé, otra noche con sueño ligero y sueño (del de soñar) demasiado detallado. Recuerdo los detalles. El estreno de la nuev obra de Albert Espinosa La sorprendente historia del niño pez donde él y dos actores más se recuelcan desnudos por un suelo de tierra mientras una veintena de niños corren alrededor jugando. Ya está. Tres horas. No lo pillo. Me encuentro con mi jefe y me dice que la obra le ha cambiado la vida y la encuentra llena de significados ocultos. Pienso que quizá él ha leido el programa de mano. Al salir del teatro me encuentro con Albert Espinosa y me pregunta qué tal, qué me ha parecido. Le digo que le escribo un mail y le cuento. No he pillado nada, no he entendido nada y salgo del teatro pensando que quizá el problema es mío. De repente me doy cuenta de que el teatro no tiene salida. Mierda.

Pues eso que abro los ojos. Me levanto y voy a hacer un pipí. Como todo el mundo, vamos. El pipí de las mañanas es uno de esos grandes pequeños placeres que deberíamos saborear cada día en lo que realmente vale (saborear en un sentido metafórico de la palabra, claro, aunque si alguien quiere bebérselo, adelante, no seré yo quien lo impida). Una ducha tranquila y relajada con agua muy caliente. Me visto y al comedor. Los nenes viendo dibujos. A. desayunando. Me preparo el desayuno que consitirá en un café con leche y alguna tostada. El pan muy tostado. Casi negro. Me siento ultracansado y soñoliento. Si es que no me sientan bien los días de fiesta.

Anulamos la excursión a Barcelona y la cambiamos por una visita a la óptica u ojerería para comprarme unas gafas nuevas. Y la revisión, claro. El motivo de la compra de gafas no es la coquetería. Una niña de dos años me largo una patada el verano pasado y desde entonces mis gafas pendían de un suspiro para pasar a mejor vida. Finalmente, el día de navidad decidieron que había llegado su hora. Y adiós. Han sido unos buenos años, pero aquí nos quedamos. Grité y maldije al cielo por su osadía y crueldad. ¿Por qué? ¿Por qué a mí? No puedo estar sin gafas. No veo bien; todo es un cúmulo de sombras distantes, de imágenes borrosas que se pierden, nada concretas, caras perdidas en un mar de niebla... Y no puedo leer porque al pasar las hojas me pegan en la nariz. Así que solución de emergencia. Tendremos que reanimar a las moribundas. Celo. Sí. Voy con celo en las gafas. Aguantando la patilla inutilizada. Por la calle, sintiendo ojos acusadores que me miran y murmuran, mira ése, lleva celo en las gafas.

Te entiendo tanto, muchacho.

Así que aparecimos los nenes, A. y yo en la óptica. Elegir la montura. Yo intenté utilizar la tradicional táctica masculina para elegir. La primera que me gustar, pues ésa. Y ya está. A. utilizó la clásica mirada femenina de por favor, mira más. Y así hicimos. Para el nene todas me quedaban bien. La nena estaba más preocupada por explorar su rostro en el espejo y comprobar cuánto podía sacar la lengua. Cuando elegí la montura me hicieron pasar a la revisión ocular. Presión. Siempre siento una infinita presión cuando me colocan ese aparato monstruoso en la cara y me piden que mire unas letras en la pared. ¿Recordaré el abecedario? Y la pregunta... ¿lo ves bien o mal? Pues depende, contestaría yo. Depende del ánimo del día. Según tu humor, un mismo hecho lo contemplas desde una óptica más optimista u pesimista. No se puede reducir a un simple bien o mal. ¿Y todos los matices de los días? Pero no creía que la óptica u oftalmóloga u ojerera quisiese preguntar eso, así que me decanté por el bin o mal. Después de las preguntas, las letras y el movimiento inquietante de ruedecitas la declaración: aumento de la miopia y aparición de lo otro que no recuerdo el nombre, lo de no ver de cerca, vamos. Antes de reyes tendré las gafas nuevas. Hasta entonces, a seguir con el celo...

Salida de la óptica. ¿Dónde vamos a comer? El nene propone y los adultos... bueno, ¡qué no haría uno por la sonrisa de un niño! Así que vamos a... a... MacDonals. A comer. La verdad, ir a una hamburgueseria me aturde. Y por varios motivos.

1. La gente.
2. El olor.
3. La presión. ¿Qué eliges? Y todos esos nombres tan ridículos Mcnosequé con queso y algo parecido a carne. Y las colas. Al menos me colé, y eso sienta bien.

No me gusta comer en esos sitios. No es que sea un sibarita, pero aquello que me llevé a la boca sólo tenía gusto a pan. Pero ver a los nenes felices con sus productos de merchandaising en la mano gracias a una empresa corporativista que vende la rapidez y la insipidez de sus productos como modelo de vida valío la pena. Y me permitió observar a mi alrededor y contemplar los ritos de apareamiento del adolescentis idiotis masculino.

Realmente en la adolescencia el nivel de hormonas aumenta a la misma velocidad que el nivel de neuronas desciende. Me explico. Chica mona se acerca a mesa donde chico mono está comiendo con dos amigos menos monos. Ella inicia el cortejo de acercamiento con sonrisas, disimulos, pero dejando claro quién le gusta. El chico sabe que gusta e inicia por su parte su prosodia de movimiento rituales para hacerse valer ante la muchacha que consiste en:

- tomarle del pelo.
- hacerle bromas.
- tirarle bolas de papel.
- y sonreír mucho.

Macho exhibiendo la calidad de sus genes. ¿Pero a quién?

Ella queda complacida por los gestos del macho alfa y se sienta a su lado cuando el espacio es realmente casi inexistente, lo que demuestra dos cosas:

- ella quería sentarse al lado de él.
- él ya podría dejarle un poco de espacio, joder.

Sigue el ritual. Continuan con las bromas y tal aunque en esta ocasión participan los amigos del chico. ¿Competencia? No, ya que esos dos estaban completamente dominados por el macho alfa. ¿Entonces? ¿Por qué en un momento ella se levanta ofendida de la mesa y se larga del local dejando al chico con cara de idiota y con las palabras "no te vayas" colgando del labio? Sus amigos lo miran y él reconstruye la sonrisa y suelta un par de chites crueles a propósito de la muchacha.

¿Por qué? ¿No le gusta la chica? Mi teoría es que en la adolescencia, el macho alfa vive supeditado a la opinión de los miembros de su tribu. O sea, los ritos de masculinidad o desafio no se exhiben para la muchacha, sino para los demás chicos. Antes la aprovación de los amigos, que estar con la chica que te gusta.

Por suerte para la raza humana, esta actitud cambia con el tiempo. O no, que sigue habiendo mucho gilipollas suelto.

Después de comer (sic) para casa para echar una siesta y vivir el resto del día entre la modorra de un miércoles convertido en domingo con el resultado de asistir a la primera vez en que un niño de cuatro años ve El temible burlón y se extasía con Burt Lancaster y sus acrobacias.



No lei nada y la noche me la tiré tumbado en el sofá no haciendo nada. Ni pensar siquiera. Hasta que llegó la hora de ir a la cama y decidí estrenar el pijama que me había comprado por la mañana. Imposible dormir con pijama. Imposible. Es incómodo. Los pantalones se suben, da calor, la camiseta se pliega alrededor del cuerpo impiendo una correcta circulación de la sangre. A media noche hice lo que tenía que hacer; quitarme el pijama. Y los calzoncillos. Yo duermo desnudo, en pelotas, con todo mi cuerpo respirando. ¡Qué gusto dormir desnudo! En invierno y en verano. Alegría para el cuerpo. Así por la mañana parte de mí pueden despertarse tranquilas sin encontrar oposición. Y, por cierto, dormido me parezco una cantidad bárbara a este señor:

Pero en bolas.

Y ya está. Hoy ya es otro día. Y al ser el día que es, feliz año, sed buenos, pasadlo bien, comed lo que querais, bebed lo que el cuerpo os deje, acostaos con quien deseéis y todo eso que se dice. Ah, y haced un montón de propósitos para incumplirlos uno a uno.

martes, 29 de diciembre de 2009

Lo que he hecho en la librería estos días...

Pasar unas ocho horas diarias, básicamente.

Vivir desde dentro ese espíritu consumista y navideño tan propio de estas fechas. Con el que estoy de acuerdo, claro, que para algo trabajo en un comercio. Porque, vamos a ver, no me apetece ser hipocrita. Como librero me encanta que la gente relacione la navidad con regalar algo, con gastar, con gastar, con gastar, más, más, más. Cincuenta euros, cien euros, doscientos euros en libros. Sí, sí, gastad, gastad, malditos. Lamentablemente las ventas han bajado respecto al año pasado. No mucho, vale, pero lo suficiente como para darnos cuenta de que sí, de que este año poco dinero se ha movido. Algunos claro, para otro ha sido un año cojonudo.

Envolver regalos. Y soy un maestro en ello. Calculo a ojo la medida del papel y ras. Su regalo, gracias. Lo que más he envuelto:

- Larsson. Sigue reinando desde la tumba.
- Vampiros enamorados y postadolescentes.
- Libros sobre el Barça y fútbol. Me reservo mis destructivos comentarios.
- Los libros del ratón que huele.

Y algún libro que he recomendado y me han hecho caso. Sobre todo Ojos violeta de Stephen Woodworth, una inteligente mezcla de novela negra y ciencia ficción donde los muertos son igual de hijosdeputa que los vivos. Ya he creado algún adicto que clama por su continuación. A ver si entre todos creamos un nuevo fenómeno.

Alguna conversación:

- Hola, ¿tenéis el libro Los ojos del guaracharo de la editorial Hala guarra?

***

- ¿La sección de geografia escandinava dónde la tenéis? Llevo un rato dando vueltas y no la encuentro.

***

- Querría un libro bonito para mi nieto. Tiene ocho años.
- Pues mire, éste está muy bien. Es...
- ¿Cuánto vale?
- Sobre los quince euros.
- Muy caro, muy caro. Menos, menos.
- Vale... pues éste. Sale sobre los diez/doce dependiendo del tamaño.
- Madre de dios, qué caros.
- Esta colección sale por unos seis setenta.
- Demasiado.
- ¿Qué presupuesto tiene?
- Pues no sé, pero estos son todos demasiado caros.
- Es que más baratos y nos vamos a cosas para niños muy pequeños.
- Pues no sé.... que se quede sin libro. Le compraré esa wii que me ha pedido. ¿No es muy cara, no?
- No, no lo es.
Y sonrisa maléfica.

Limpiar cincuenta libros. Resulta muy aburrido.

Elegir libros para el tio, los reyes y el cumple de A. Al final ella se llevo la serie completa de Fabulas. Una muy inteligente mirada adulta a los cuentos de hada de toda la vida.


Ordenar libros, catalogar los libros infantiles que tenemos por temáticas, ojear, leer páginas sueltas, sorprenderme por el reciente éxito de una novela española pésimamente escrita, idear algún cuento que espero que la pereza infinita me deje escribir, reorganizar la sección de fantasia y terror y otras cosas para mantenerme ocupado en los momentos de paz y sosiego.

Pensar en el blog... el parón me ha frenado mucho y tengo que encontrar una nueva línea de trabajo... veremos que pasa el año próximo... pienso en una reorganización, en una nueva línea editorial... que vendrá a ser la misma por cierto.

Y llegar a la conclusión de que mi trabajo me entusiasma, aunque me agote, me cabree y más me queje que otra cosa.

lunes, 28 de diciembre de 2009

En resumidas cuentas

Bueno, pues allá vamos.

Reinstaurada la conexión normalizada vuelvo al blog con toda la agenda disparada por los aires, los planes sin poder cumplirse y cosas de ésas. Así que supongo que borrón y cuenta nueva y empezar de cero, o menos uno, no sé... aún no lo tengo decidido. Y como no hay nada decidido, pues ahora haré un breve resumen de lo que ha pasado estos días que he estado fuera de los círculos bloggeros.

- Las navidades bien. Lo mejor es que desde el 24 hasta el 27 no hemos cocinado nada porque nos hemos podido acoplar a alguna de las múltiples comidas/cenas de familia. Esto hace de las navidades algo mucho menos estresante.

- Los regalos del tió. Naturalmente, los consabidos calcetines gentileza de mi madre. Además de una bufanda y guantes a juego. Además de Hiperion. ¿Cómo sabía el tió que quería exactamente ese libro que llevaba separado en la librería unas pocas semanas? Qué listo, qué listo, madre de dios. Pero es posible que algunos de vosotros pregunte qué es el tió. Pues bueno, como este blog se debe a sus lectores aquí van dos explicaciones.

1. Primera explicación.
2. Segunda explicación (cortesia del impagable Capitán Chistorra).

Al menos este año no me ha vuelto a tocar esto.
Eso sí, son cómodos.

- He leído bastante y bastante bien (entendiéndolo todo y no quedándome enganchado en las esdrújulas). Entre lo mejor que he leído dos títulos.

Las estrellas, mi destino de Alfred Bester. Brutalísima novela de ciencia ficción que trasciende el género para convertirse en una de las mejores novelas de aventuras que he leído en mi vida. Una especie de conde de montecristo en el siglo XXV, una brutal venganza, un ritmo imposible y vertiginoso, una inteligencia brutal y una amalgama y punto de inicio de un millón de temas de los que se nutrirá la posterior novela de siglo XX. Ya sea ciencia ficción o no.

De verdad, esta lectura junto con el Universo de locos de Frederick Brow y El mapa del tiempo de Felix J. Palma ha sido de lo mejorcito de este año. Y encima refuerza mi teoría que todo género sólo es un medio, no un fin.

La otra lectura que me ha entusiasmado estos días es El dramaturgo de Ken Braun. Después de tanta novela sueca con tanta corrección, tan limpio, tan educado, tan cerradito, se agradece horrores una novela negra como las que de verdad me gustan a mí: sucia, desagradable, violente, alcohólica. Una novela impresionante con un personaje destrozado por todo y todos que huele a resaca de miércoles y cigarrillos rancios. De lenguaje violento y brusco, de argumento mínimo, lo que importa es su protagonista y su viaje hacia la nada, la desesperación y el nihilismo. Que se quiten los Sartre, los Camus y los existencialistas pesados con sus monólogos. Los dos últimos capítulos exponen mejor la crueldad de la vida y lo absurdo de ésta que muchos tratados psicológicos. He dicho.

- Me he echado unas risas enormes con lo de la mujer que se tiró al Papá. Ay qué gracia. De lo mejor que han hecho por televisión estas navidades. Estoy deseando que saquen la edición especial con música graciosa y risas de fondo.

- Cine. Mucho. Clásico. El temible burlón, ¡Qué verde era mi valle!, Luna nueva, El hombre que pudo ser rey, etc. Vamos, que tenemos un buen gusto para el cine que tira de espaldas.

Maravillosa película de aventuras donde hay exostismo, humor, acción y a Sean Connery se le ve el culo.
Y a A. le hizo una ilusión...


- Con las drogas ya no me duermo. Casi nunca. Eso sí, el cansancio y el sueño son compañeros de viaje. Pero bueno, vivimos. Eso sí, los sueños son cada vez más reales, más detallados y más largos. El de hoy, pues bueno, una película sobre una película sobre una película. El de hace dos noches fue tres tristes trailers de tres buenas películas. Y hace una semana una de horror zombie que si fuera capaz de rodarla provocaría pesadillas, alucinaciones y malestar a todos los posibles espectadores.

- Y hoy es el cumple de A. Así que ya estáis todos con las felicitaciones, ¿vale?

Y otras cosas que dejaré para otro momento porque en un cuarto de hora empiezo a trabajar y no vayamos a llegar tarde.

Nos vemos mañana.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Probando... probando...

Uno dos... uno dos... probando... probando...

Aquí Charly Bravo a Águila Roja, ¿me se oye?

Piiiiii piiiiii piiiii

No sé si corre alguien por estos lares a estas alturas... ¿ME SE OYE?

Pues bueno que sólo pasaba un momento para decir que ya tenemos conexión normalizada. Vamos que he vuelto.



Y es para quedarme.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Sin conexión

Manténganse a la espera.

Y eleven sus cantos y plegarias a Mónica Bellucci por una pronta recuperación de este vuestro humilde blog.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Historias y alguna moraleja

1. Hace un tiempo hablaba con mi buen amigo Jordi de lo que haríamos cuando tuviéramos una máquina del tiempo.

- ¿Te imaginas ir al estreno de Turandot?
- O a un concierto de Nina Simone... eso sí que sería genial...
- O al estreno de Psicosis y ver la cara de los espectadores.
- O viajar a la antigua Roma.
- Sí.
Momento de silencio que rompió Jordi.
- ¿Te has dado cuando de cómo somos?
- ¿Además de guapos, sexis e inteligentes?
- Además de eso. Somos la polla.
- ¿Qué quieres decir?
- Nos dan una máquina del tiempo y qué hacemos, nos vamos al cine, de concierto o a hacer turismo.
- ¿Y qué querías hacer?
- Joder... podríamos matar a Hitler o algo importante, ¿no?
Otro momento de silencio que rompí yo.
- ¿Pero en serio nos ves matando a Hitler?
- Bueno...
- ¿O haciendo algo importante?
- Pues no.
- Somos unos inútiles, Jordi, acéptalo de una vez. Nuestro lema de vida ya sabes que es "Ya lo arreglará otro."
- Es verdad... No sé en que estaba pensando.
- Ese es tu problema, que piensas.

Moraleja: Como muy bien nos enseñó aquella maravilla que se llama El increíble hombre menguante, el secreto de la felicidad está en la aceptación. Ya sea que acabarás teniendo el tamaño de una molécula, ya que en verdad eres un inútil.

Pues yo no me veo haciendo esto, la verdad. Además, las mallas se sientan fatal.

2. ¿Por qué a los adultos ya no se nos regalan juguetes? Llega un momento en la vida en que todo se convierte en ropa, colonia y objetos útiles. ¿Dónde se quedaron los tentes, los muñequitos de indios y vaqueros y los juegos de mesa? ¿Por qué el juego en los adultos ha quedado reducido a acompañar a los niños en SUS juegos y alguna que otra fiesta con otros adultos y siempre con la sensación de ser excepcional?

3. Llevaba un tiempo dándole vueltas al regalo de reyes de A. Y no sabía muy bien qué podía regalarle. Había pensado en algún libro o película, pero me parece que seré poco original. Pensando pensando se me ha ocurrido algo que le gustará, que le sorprenderá y que no le dejará indiferente. Una reforma completa de nuestro cuarto de baño. Y he encontrado la pila de manos perfecta. Aquí os la dejo y espero opiniones. Favorables, claro.

Y A., si lees esta entrada... sáltate esta parte, no vaya a ser que se estropee la sorpresa.


4. En la librería. Entran tres preadolescentes. Uno apenas se tiene en pie, otro apenas puede abrir los ojos. Habla el que parece el líder intelectual del grupo.
- Hola. ¿Tenéis pegamento para esnifar?
- Eh... no.
- Pues entonces dame tres mapas mudos del mundo.
Se lo doy.
- No tienen.
- Vaya.
- Te dije que fuéramos a una papelería.
Reflexión: ¡Pero qué les pasa a los jóvenes!
Reflexión2: ¿Yo he dicho eso?

Señor, señor, que grande que es esta película.

5. Y sé que había prometido hablar de mi cumple. Y lo haré. Pero entre la mala conexión y una pereza casi infinita que se deslizan los días sin hacerlo. Igual como lo de los mails, escribir o enseñar a utilizar los cubiertos a mi super ejercito de hombres radiactivos. Así que, decidido. Una agenda. Expondré los temas de los que hablaré próximamente y me ceñiré a ellos.

- La novela Déjame entrar.
- Más sueños de zombis. Y volviendo al terror puro.
- El plan por la dignificación del cine porno que pretende iniciar mi buen amigo Jordi.
- Mi cumpleaños. Violencia, sorpresas, velas, pastel, embutidos, reconocimientos, deportes extremos, etc. Con la participación especial de Joan Collins, Charles Bronson, Emmanuel Kant y Hazao Mizayaki. Sin olvidar, claro, a Audrey Hollander. ¿Quién? Dejemos que sean las palabras de Jordi las que la presenten.

Eso es hacer algo. Y merece una calle, joder. Ella ha hecho más por el bien de la humanidad que muchos de esos que tienen una calle.


- Una vuelta a Crónica de una obra. No soporto más amenazas nada veladas.
- Y otras muchas historias escacharrantes, divertidas, tremebundas. Y confesiones muy personales del tipo que nunca hago caso a las agendas.

jueves, 10 de diciembre de 2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

Lecturas imprudentes - El divino marqués

Con catorce años mis padres me compraron una colección de libros entre los que encontré Justine o los infortunios de la virtud, de El marqués de Sade. Le comenté a un conocido que sentía una enorme curiosidad por leerlo. Su respuesta fue:

- No lo hagas. Con la edad que tienes aún conservas una inocencia respecto al sexo que seguramente el marqués te arrebataría para siempre.

Naturalmente, después de aquellas palabras me abalancé sobre el libro y lo devoré en tres febriles noches. Y entre pulsiones, malas caras, desagrado e incredulidad, me sorprendí a mí mismo lanzando más de una carcajada por las desventuras de esa tontolaba de Justine.

¿Si destruyó algo de mi inocencia respecto al sexo? Bueno, me dio cierta flexibilidad, cierto humor y cierta teoría, pero a la hora de la verdad fui tan inocente y torpe como todos. Quiero decir que con los pantalones bajados por primera vez ante una mujer, a uno se le olvida toda la literatura leída.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sobre blogs, comentarios y lavabos públicos.

La entrada que inicio ¡AHORA! tiene su origen en dos lecturas recientes.

Pero antes, una petición.

Exijo desde ahora mismo un ganchito en las puertas de los lavabos de todos los lugares públicos, especialmente en bares, cafeterías, discotecas, estaciones y areopuertos. Porque una persona entra y va a hacer pipi o caca y se tiene que quitar la chaqueta. ¿Y dónde la deja? Colgada de la puerta, diréis. No. Porque se puede caer en esos charcos de procedencia misteriosa y que albergan extraños fluidos de no se sabe donde. Un gancho, exijimos un gancho, ya.

Aquí iba a poner una foto de un lavabo público, pero hasta yo tengo mis límites.

Y ahora vayamos al meollo de la cuestión. Lo que me ha llevado a esta entrada es:

1. Una de esas siempre oportunas e interesantes reflexiones que el bueno de Sebastián nos hace en su blog.

2. Un mail que el buen amigo de Albert me envió preñado de buenos consejos para intentar solucionar, o por lo menos llevar con elegancia, los problemas que tengo con la conexión a Internet en casa.

Así que vayamos por partes que es como mejor salen las autopsias.

El amigo Sebastián reflexiona sobre los blogs y sobre la categoria clasista de estos que por no se sabe qué motivos se establece. Me explico. La calidad y la importancia de un blog se mide por los comentarios que éste recibe. Muchos comentarios es bueno. Pocos, es malo. Naturalmente, ni él ni yo estamos de acuerdo con una valoración así; valoración que es habitual.

- ¿Tienes un blog?
- Sí.
- ¿Y cuántos comentarios recibes?

¿Importa?

Quiero decir que creo que una persona no abre un blog y empieza a explicar su vida, sus fantasías, sus cines y cervezas y cosas de esas para encontrar comentarios. Creo que una persona lo abre porque considera que tiene algo que decir y tenga o no tenga comentarios lo hará igual. Y un blog es una herramienta para compartirnos con el mundo, para inventarnos un personaje que escribe que tiene mucho o poco que ver con nosotros. ¿O acaso también en eso dependemos de la opinión, la aprobación y la visita de los demás? Yo escribo para divertir y para que me lean, no importa si conozco o no a quien esto lee.

Y a ver, tampoco seré hipócrita, porque yo soy el primero que le encanta que le comenten las entradas y me hace una ilusión terrible ver que tengo tres o cuatro comentarios, pero no abrí un blog y no le dedico mucho tiempo de mi vida por ese motivo.

Nop, un blog se alimenta de sus lectores, de las ganas de su autor y de conexión a Internet.

Los motivos que me llevaron a abrir un blog y a conservarlo tras casi un año y medio son:

1. Hacer reír a los posibles lectores.
2. Conocer gente.
3. Divertirme mucho haciéndolo.
4. Centro de experimentación literario.

Y lo haría igual si tuviera comentarios como si no. Porque sé que mi mensaje...

- ¿Mensaje ha dicho?
- Sí.
- Madre de dios... ¡qué crecido está!

... alguien lo lee. Y si ese alguien me deja un comentario, bienvenido. El blog se enriquece, pero no depende. Lo peor es cuando algo que se hace por gusto se convierte en obligación.

Lo que me lleva a una reflexión sobre algo que me ha dado el blog y que enlaza con el punto dos. Conocer gente. Porque lo mejor de haber abierto un blog es la gente que he conocido.

Desde que se oí hablar por primera vez de esto del internet que siempre venía acompañado de argumentos en su contra que hablaba de la enajenación, separar de la realidad, dejar de relacionarse con personas, etc. Adicción, estatismo, mutismo, zombizicados delante de la pantalla. Alejados de la realidad, la calle y las personas.


Y no digo que no haya pasado, pero no exageremos. Son argumentos que también aparecieron cuando se masifició el uso de la televisión, del teléfono, del telégrafo, de la imprenta, de la escritura, del fuego, etc. El miedo al cambio y todo eso y que hay personas que no saben cómo manejar lo nuevo. Como utilizarlo y evitar ser utilizado. Como con la iglesia, vamos.

En mi caso ha sido todo lo contrario. No me he encerrado más en mi pequeño mundo, sino que se me ha abierto mucho más. Y es que lo que he encontrado en estos mundo de internes es una extraña comunidad de amigos/conocidos/saludados que nada tienen de virtuales. Personas con las que compartes unos momentos por pantalla de ordenador y que se convierten en partes importantes de la vida. Hay como una curiosa sensación de solidaridad, de compañía, de amistad.

Y pongo ejemplos:

1. Digo que busco un libro y una muchacha que vive en Londres me lo envía.
2. Recibo mails que preguntan cómo estoy con eso del sueño o sencillamente porque han visto un vídeo que han pensado que me gustaría.
3. Alguien publica un libro de poesía y me ofrezco para promocionarle en la librería donde trabajo.
4. Felicitaciones de cumpleaños.
5. Saber que si un día me voy de viaje a México, Argentina, Galicia, Madrid, Granda, etc. puedo avisar a unas personas y con toda seguridad estaremos compartiendo unas cervezas y unas palabras. Lo mismo si esas personas vienen un día a Igualada.
6. Una visita de alguien a Igualada. Una visita de alguien a Madrid.
7. Proyectos, colaboraciones y risas.
8. Y amistad. Porque no se me caen los anillos (como se suele decir) en considerar grandes amigas a unas cuantas muchachas que me he encontrado por aquí.

El blog no me ha cerrado ningún mundo, sino que me lo ha hecho mucho más grande. Y lleno de personas para conocer que son un bálsamo para mi absoluto pesimismo con la raza humana. Cuanto menos confio en ella en general, más importancia doy a las relaciones uno a uno.

Y si pensáis después de leer esto que esta entrada no la he podido escribir yo, que seguramente alguien se ha echo pasar por mí, o me han lobotomizado, o unas vainas enormes se esconden debajo de mi cama, tranquilos, no me ha pasado nada de eso.

Pero, eso sí, gracias a Internet he conocido a una gente muy maja. ¿Queréis conocerlos?



Venid... venid... unios a nosotros... unios...

jueves, 3 de diciembre de 2009

Sobre sueños y pintura experimental rusa

No sé si lo he comentado alguna vez, pero en mis pesadillas suelo ser monotemático.
Salen zombis.


Con posibles variantes y disparidad de argumentos. Porque mis sueños no se forman por imágenes sueltas o sensaciones, sino que constituyen toda una narración perfectamente coherente y filmada (mis sueños tienen textura de cine por lo que aparecen sus planos, contraplanos, picados, movimientos de cámara, travelllings, efectos especiales, banda sonora y una vez incluso subtítulos). Así que gracias a mis recurrentes pesadillas llegué a conformar una pentalogía zombie bastante apañada que si queréis un día os explico con lujo de detalles. Avanzo, eso sí, algunas cosas:

1. En la segunda parte tenía una hija que huía conmigo de una Igualada infestada de zombis. Al final del sueño la perdía en la estampida que se originó en el tunel de Bruch.
2. En la cuarta parte me encontraba con vacas zombis y una sociedad de ricos ociosos que se dedicaban a sacrificar personas a zombis que tenían encerrados para divertirse.
3. Historias que incluyen reflexiones sobre quién es el verdadero monstruo y cosas de esas.

Ah, y mis zombis son de los lentos.

Menos los últimos zombies que han aparecido en un sueño se parecían más a este tipo:


Que no es que me parezca mal, pero supongo que mi subconsciente se dio cuenta de que estaba cayendo en la autoparodia y decidió explorar nuevos territorios antes de banalizar a un monstruo clásico.

Porque desde hace unos días los protagonistas de mis sueños han cambiado.

- ¿Ahora son animadoras?
- ¿O exploradoras curiosas?
- ¿Equipos de lucha en mermelada femeninos?

Pues no. Ninguna de estas opciones. Últimamente mis sueños se han visto llenos de extraterrestres. Sip. Alienígenas. Seres de otras galaxias.

- ¿En plan Mathilda May en Lifeforce?

Ni mucho menos. De momento me han aparecido en sueños dos tipologías de extraterrestre.

1. El clásico y siempre bien recibido hombrecillo verde de toda la vida que iba sin sutilezas arrasando con todo lo que pillaba por delante.


2. La variante Invasión de los ultracuerpos con su consabido control mental y mi descubrimiento del problema, mi poca credibilidad y mi lucha contra ese tipo de pensamiento único. Descubría las personas invadidas gracias a unas gafas (innegable homenaje a John Carpenter) que me permitían ver una especie de aureola verda que emergía de esas personas. Naturalmente, personas de mi entorno más próximo eran extraterrestres. Ya tenemos el drama y los dilemas morales.

¿A qué se ha podido deber este cambio?

Una posible explicación es que estoy madurando como persona. Que estoy dejando de sentir paranoia por una amenza imposible, pero más que problable (un ataque zombie) a favor de una amenza improblable, pero más que posible (un ataque extraterrestre). También creo que se debe a la sobresaturación que últimamente recibo de los zombis y que me hace decantar por otros posibles focos de paranoia. Aunque creo el motivo de que ahora se me aparezcan extraterrestres se deba a una obsesión que tengo de bien pequeñito.

En ocasiones, en una película o una serie de televisión se habla de qué se pediría si aparece un genio y concede tres deseos. Aunque los deseos en sí suelen cambiar (y van desde tenerla más grande, a ser feliz, a tener mucho dinero, a ser invisible, y etc.) uno de ellos siempre está presente.

La paz mundial.

Y yo siempre he creído que era un mal deseo. No porque esté en contra de la paz, que no es el caso, sino porque lo considero un deseo poco pensado e imprudente. Y egoista, porque no decirlo. Porque pongamos por caso que un día un precioso niño de ocho años pide a un genio la paz mundial y el genio se la concede. De repente las armas desaparecen, los países firman acuerdos, las fronteras se abren, los dictadores ceden el poder a fuerzas democráticas y se retiran con sus respectivas colecciones de porno, los hombres rata de Ucraina dejan de arrasar los campos y las familias monoparentales, los niños del barrio de la Lata dejan de tirar piedras a los niños del barrio de la Plata y en todo el mundo se hace una gran fiesta mayor de felicidad, hermanamiento y concordia.

¿Adónde conduciría esta situación? A parte de aumentar los índices de paro y la esperanza de vida, nos dejaría a merced de las posibles invasiones extraterrestres que con toda seguridad se abalanzarían sobre un planeta indefenso. Y, halá, la raza humana volviendo a hacer el ridículo y convertida es esclava de una raza superior de tostadoras mutantes, o insectos gigantes, o amazonas plantígradas.


¿A que no es muy inteligente?

Por tanto, niños y niñas, hay que pedir siempre como tercer deseo la paz universal para procurar que los posibles habitantes del insondable universo nos dejen tranquilos. ¿De acuerdo? Además, sería egoista pedir la paz sólo para el planeta Tierra. ¿Y si en la otra punta de la galaxia hay dos civilizaciones en guerra perpetua y a punto de la extinción? ¿No les estaríamos haciendo un favor?

La paz para todo el universo. Conseguido eso podríamos desabrocharnos los pantalones y disfrutar del resto del día.

- Pero...
- ¿Sí?
- ¿La paz universal no nos dejaría a merced de la invasión de una civilización de otra dimensión y/o universo paralelo?
-...
- ¿Y cómo hemos llegado a hablar de esto?
- Ni idea, en esta entrada quería hablar de pintura experimental rusa.
- Es que te acabas liando y ya se sabe...
- Sip.

martes, 1 de diciembre de 2009

Pues empezamos bien...

Diciembre. Mes de un frío de cojones, cenas navideñas, reuniones con familiares, cagar el tió y cosas de esas...

La frase anterior me la podría ahorrar porque no viene al cuento, pero ya que está escrita la dejo. Son las tres y media del primer día de diciembre y vuelvo a estar entre mapas. Suena exáctamente la misma música de la última vez y me llega a los oídos una conversación que no quiero oír, no quiero oír, no quiero oír porque es algo personal y no me apetece enterarme de los problemas de esas dos personas. Pero las palabras siguen llegando. Es lo que tiene ser el único cliente del bar.

Sigo con mis problemas de conexión a internet...

Tengo un servicio contratado que desde hace casi un mes no me funciona. Todas y cada una de las llamadas que he hecho al servicio técnico de la compañía que me proporcionó el router no me han servido de nada... bueno, sí, cabrearme y calentarme la oreja con el teléfono. ¿Qué compañía decís? Bueno, no diré el pecador, pero dejaré una pista para bien que lo pilla.


Los del servicio técnico son personas amables. No como las cancerberos que atacan en primera línea de fuego, hablan tan rápido que se oye como se rompe la barrera del sonido e intentan por todos los medios que en un momento de despiste digas un sí que ellas entienden como que todo está solucionado.

Los del ST hablan conmigo, de hacen mover el ratón y me dan este tipo de soluciones:

1. Miré las pantallitas de abajo. ¿Qué sale? Pues no debería salir eso.
2. ¿Está conectado?
3. Es cosa de una antenas. En un par de días debería estar arreglado.
4. Le apunto la incidencia para una revisión (que luego resulta que no apuntan nada y cuando reclamo, pues nada, cara de imbécil que es una de las mejores que sé hacer).
5. Pues sí que es raro, sí.
6. Espere unos días a ver si se soluciona...
7. ¿Y no puede navegar dice?
8. Navege con GPRS. Es más lento, no carga cierta páginas y a veces no abre el correo, pero mientras tanto.
9. Pues no sé que más puedo decirle... le apunto la incidencia y otros se encargarán de ellas.
10. Apunto la incidencia.
11. Apunto la incidencia.
12. Apunto la incidencia.

Sea como sea no se soluciona y nos vamos poniendo nerviosos. Casi un mes sin poder consultar mi correo con normalidad (diez minutos para que se abra el correo) y cosas de esas. Y se vuelve a llamar. Y, aviso, con muy buena predisposición, humor y sabiendo que esas voces al otro lado del teléfono están haciendo su trabajo.

- No, no se anotó su última incidencia.
- Cojonudo...
- Le pedimos disculpas, pero alguien no hizo bien su trabajo.
- Vale, ¿y eso que me arregla a mí?
- Le pido disculpas. Tendría que abrir una nueva incidencia.
- Ya... ¿y cuándo lo tendré solucionado?
- No se lo puedo decir porque en principio ya lo tiene arreglado...
- Pero no me funciona.
- ¿Está conectado a Internet?
- Sí, llevo media hora conectado y cada vez que abro me sale la pantalla de error.
- Vaya... porque su zona tiene buena cobertura. ¿Vive cerca de la policía nacional?
- ¿Y eso qué tiene que ver?
- Nada, nada... ¿La abro una incidencia?
- Es que no me soluciona nada... llevo cinco llamadas hoy y nadie me dice nada y me pasan de una persona a otra y no soluciono nada...
- Lo lamento...
- ¿Me puede poner con el departamento de bajas, por favor?
- ¿Con servicio técnico?
- Con el departamento de bajas.
- Sí, un momento.
Canción horrorosa...
- Estamos intentando ponerle con el departamento de baj...
Clik
- ¡Han colgado!

Y vuelta a empezar.

- Holasoylijsoidjbievenido enquepuedoayudarle
- Perdona, ¿tú nombre?
- ¿Qué?
- ¿Tú nombre?
- XXX - ¿Por qué siempre es un nombre trisilábico?
- Vale, te explico la misma historia...
- ¿Es usted el titular de la línea?
- No, soy su pareja.
- ¿La titular está en casa?
- Sí.
- Que se ponga.
- A. ponte.
- Sí bla bla... sí soy la titular... sí.... departamento de bajas.
Clik.

Han vuelto a colgar.


Pues nada se vuelve a llamar.

- Mira, esta es la tercera vez que llamamos para que nos pongan con el departamento de bajas.
- Ahorita mismo le paso, un momento por favor.
Música horrible.
- Departamento técnico.
- No, he pedido con el departamento de bajas.
Clik.

Total que después de muchas llamadas, cabreos y perdernos una siesta conseguimos hablar con el departamento de bajas. Una muchacha muy amable también con nombre trisilábico. Me escucha, me entiende, me pide disculpas y me dice que para darme de baja tengo que pagar 150 euros.

- ¿Qué?
- Sí.
- A ver si lo entiendo. Me estáis cobrando un servicio que no tengo, no me solucionáis el problema, no me apuntáis las incidencias que me ocurren por lo que no puedo solucionar el problemas, no puedo trabajar en casa, porque parte de mi trabajo lo hago en casa e internet no lo utilizo para bajarme porno o música, cuando llamo se me falta el respeto, se me cuelga tres veces cuando pido que me comuniquen con bajas, me marean de un lado a otro durante cuarenta minutos, me hacen esperar oyendo una música espantosa y repetitiva de una estrofa de duración, me estáis alterando y poniendo de mal humor, no me ofrecéis una solución factible porque la única que me decís es que espere a ver si se arregla, entiendo que al no darme lo que estoy pagando soís vosotros los que rompéis el contrato y encima de todo esto me dices que tengo que pagar por una cantidad infinita de errores vuestros.
- Sí.

Y sabiendo lo injusto que es esto, que no se puede generalizar, que hay personas que hacen bien su trabajo y todo eso pero

¡Hijos de puta! ¡Pero qué pedazos de hijos de puta que soís!

Y es por esto por lo que no actualizo lo que quisiera ni contesto los mails y cosas de esas. Porque estoy pagando un servicio que no me dan y no puedo acceder a Internet en el confortable calor de mi hogar. Seguiré luchando para ver si lo soluciono en los próximos días, o al menos antes del 2012, y consigo volver a una mínima normalidad.

Y si nada de esto funciona, pues nada, llamaré a mi tito, que él si que sabe solucionar los problemas con el diálogo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

lunes, 23 de noviembre de 2009

Mis icoños. Cine I

Esta nueva serie de entradas viene motivadas por dos motivos:

a) Un buen amigo me dijo una vez.

- ¡Con lo que te gusta el cine y lo poco que hablas de él en el blog!
- Mira...
- Pues ya sabes lo que te toca.
- ¿Es una orden?
- Sí.

b) Un tipo listo de esos que leen libros gordos sin dibujos, habla con acentos y pronuncia la hache dijo una vez que para los que pretenden ser escritores (y supongo que para el resto de enfermos que quieren dedicarse a algún tipo de creación, llámalo, artística) la verdadera influencia son esas lecturas que marcaron en la infancia (llama lecturas, llama películas, llama ilustración, etc.). Y que la posterior creación no dejan de ser reescrituras de todo aquello que se leyó de niño.

No sé que de verdad puede haber en esta afirmación, ni siquiera si la afirmación es correcta o verdadera o si tan siquiera existe y no es más que uno de esos recuerdos inventados que acabamos creyendo que pasó (como lo de quedarme tres nochesaislado en aquella cabaña en el bosque con un montón de universitarias borrachas con toneladas de cerveza, nata montada y una mochila llena de juguetes sexuales...), pero me gusta.

Así que después de valorar esto, debatirme entre la realidad y el sueño, pasar una tarde en la librería con el fascinante trabajo de puntear facturas (¿algún voluntario para sustituirme? Es muuuuuy divertido, de verdad), necesitar un par de días para hablar de mi cumple y bla bla bla, que me he decidido a hablar de todas aquellas expresiones culturales que de alguna manera, para bien o para mal, marcaron mi infancia y por ende mi vida como ¿adulto responsable?

Y hoy toca cine. Pues vamos. No cierro los ojos, porque si no me duermo, pero echó la mirada atrás e intento recordar algún mito o icoño cinematográfico que marcara mi infancia... A ver...

Si con cinco o seis años alguien me hubiera preguntado quién era mi actor favorito con total seguridad habría respondido...


Sí, Yul Brynner.

Y no preguntéis porqué, pero de pequeño este actor ejercía en mí una atracción magnética. Una total fascinación desde el día que vi aquella película llamada Almas de metal (Westworld, Michael Crichton, 1973), una interesante película de ciencia ficción que durante un tiempo consideré la mejor película de la historia del cine (hasta ese momento había visto poco cine, la verdad, y en nada llegaría a mis manos la versión original de King Kong y entonces sí que mi vida cambiaría). Yul Brinner era uno de los robots que se rebelan en la película y aparecía con su clásico atuendo de pistolero, vestido de negro de arriba a abajo; entonces no sabía que esto remitía directamente a otra película que al verla de pequeño me hizo disfrutar como un loco, Los siete magníficos, donde para más inri aparecía Steve McQueen, pero de éste tipo ya hablaremos.


Para mí Yul Brynner es una figura muuy importante en mi infancia. Por haberse convertido en mi primer héroe y referente cinematográfico, porque me descubrió el western como género y sentó las bases para el cine de John Ford, Sergio Leone, Howard Hawks, Clint Eastwood, Anthony Mann y tantos tantos otros que convirtieron el cine en arte.

Porque gracias a Los siete magníficos años después descubrí Los siete samurais que me descubrieron a Akira Kurosawa, que me descubrieron el cine japonés, que me llevó a Por un puñado de dólares, que me llevó a Goldoni...

Porque recuerdo a mi madre cosiendo mientras mirábamos las películas en la tele y lanzando un suspiro de tanto en tanto acompañado siempre de la frase "Pero qué guapo que era" (frase que también decía con Paul Newman, Rock Hudson, Tirone Power, Cary Grant, Sidney Poitier, etc.)

Porque nunca entendía porqué Anne Baxter en Los diez mandamientos prefería la compañía del pesado de Moisés al único Ramses II válido para la historia.

Porque la primera vez que me encontraron tatareando una banda sonora era ésta:



Porque me supuso un mazazo verlo cantando y bailando en El rey y yo. Aquel no era el mismo tipo que se liaba a tiros con Elli Wallach y su banda de forajidos.

Porque la primera vez que lloré por la muerte de un actor fue por la suya. En aquellos años los actores de las películas eran eternos, semidioses que siempre estarían allí y al ver la noticia en el telediario me sentí un poco huérfano y un poco más sólo. Ya entonces el cine era algo muy personal, muy importante y de amor visceral.

Y, por último, por mucho que me aburra esta película, reconozco que me gusta esta escena y la canción. Supongo que como me dijeron una vez, en el fondo soy algo ñoño. Además, nunca hay una mala excusa para ver a Deborah Kerr.


domingo, 22 de noviembre de 2009

jueves, 19 de noviembre de 2009

Sentado entre mapas

Una cafetería/librería de Igualada especializada en literatura de viajes (aunque a mi lado aparecen los últimos símbolos perdidos, las mujeres que no son amadas, el planeta, etc. Pero se entiende, no solo de viajes al valle de los asesinos vive el lector - ni el dueño, claro). Estoy escribiendo aquí porque desde hace unas dos semanas tengo muchos problemas con mi conexión de Internet en casa...

- Pero muchos muchos.
- Y tanto.
- Dos semanas sin pornografía.
- Ni vídeos de chinos cayéndose por escaleras.

... y en este bar hay conexión wifi y me permite consultar correos, contestarlos y perder el tiempo con las múltiples posibilidades que ofrece la red...

- ¿Además de porno?
- Además.
- Guauuuuu.

... para mi trabajo y mi deleite. Pero en casa es imposible... la conexión lenta y agónica, clamando que la dispare, que la deje morir e ir al paraiso de las conexiones lentas donde se encuentran pacientes usuarios que no les importa esperar veinte minutos para ver el correo...

- La espera y la paciencia son virtudes.
- A ver, sí, son virtudes. Si esperas a un amigo en una estación, si no te importa alargar veinte minutos más la cena con una muchacha porque no traen la cuenta... Pero si lo que esperas es ver tu correo porque hace días que te tienen que enviar un mail importante y lo único que encuentras es publicidad de una agencia de viajes, la oportunida de ganar mucho dinero con cigarrillos ingleses o una de esas cadenas de niños enfermos que han desaparecido y que si no la sigues te caerá una pianola encima, pues no es una virtud. Es una tocada de huevos.

... y de verdad, intento no ponerme borde cada vez que llamo al servicio técnico. De verdad. Soy comprensivo, comunicativo, paciente y todo eso. Entiendo que son personas que hacen su trabajo y que no pueden hacer más, pero, joder, después de tres días de espera, de media hora colgado al trabajo para que al final me digan que nada, que espere a que me llame alguien...

- ¿Quién es ese alguien?
- No lo sé. Nadie lo sabe.
- ¿Dios?
- No, Dios no.
- Ah.
- Es un ser más misterioso y poderoso que controla las ondas de señal de las antenas y que me permitirán...
- Descargar porno.
- ... utilizar Internet de una forma normalizada.

Así que aquí estoy. Sólo en el bar (si no se cuenta al camarero, claro). Sentado entre mapas de destinos a los que nunca he ido. Imaginándome en ellos en buena compañía. Pero imaginándonos en Cuba más. Suena música agradable para escuchar en un bar y no prestar atención.

- Vete a tomar la pastilla que si no te duermes.
- Sí, gracias. Ahora vuelvo.
- Drogata...
- ¡Qué vergüenza!
- Tan joven y sin poder pasar sin pastillas.
- Míralo... qué vergüenza...
Seguro que es drogadicto.
- Ya viene.
- ¿De qué hablábais?
- Nada... nada... del tiempo...

¿Y por qué estoy escribiendo todo esto que no conduce a nada?
- Sí, ¿por qué?
Porque ahora que vuelvo al blog pues resulta que no se muy bien por dónde empezar, de qué hablar, cómo enfocar la que es sin duda una nueva etapa... Tengo algunos temas, pero no sé muy bien cual atacar primero...
- ¿Cuáles son?

1. Una crónica veraz de mi fiesta de cumpleaños. Sexo, violencia, drogas, música francesa...
2. El proyecto cinematográfico de mi buen amigo Jordi para dignificar el cine porno.
3. Alguno de los sueños que he tenido últimamente (incluido el del ataque de las zombis buenorras y la necesidad que tenía de comer chocolate).
4. Los nuevos objetos que he ido encontrando para la decoración del piso. Necesito vuestro apoyo porque, extrañamente, A. se muestra ligeramente recelosa.

- Pues que decidan los lectores... si te queda alguno después del parón, claro.
- Pero es que quiero hablar de los tres.
- Pues que los pongan en orden.
- ¿Sí? ¿Es buena idea?
- Es una idea... no nos pidas más.
- Pues hecho. Que decidan los lectores.

Pues eso. Ya diréis algo. Ahora cierro esto y me voy a trabajar. Tengo toda una sección infantil que reordenar.

- Hoy os habéis portado muy bien.
- Sí...
- Estoy muy orgulloso de vosotras.
- Porque nos has pillado bajos de azúcar que si no...
- Ya verás, ya.

Un servidor alternando el sueño con la lentitud de conexión.

martes, 17 de noviembre de 2009

Volver...

Bueno, intentaré que esto vuelva a la normalidad. Poco a poco y con buena letra, como decía aquel. Así que nos ponemos al día.

1. Tema resonancia magnética: pues no me la pude hacer. No. Ni de coña. ¿Por qué? Bueno, es que a parte de todo soy claustrofóbico. Y la idea de meterme en ese tubo... pues bueno... que fue algo duro que digerir. Pero como soy un muchachote muy valiente y decidido, que me solté la chuleria de enfrentarse a los miedos y chorradas de esas y para adelante. Anda. Ese día me levanté decidido y con ganas de comerme el mundo. Me puse mis calzoncillos de Batman para darme ánimos y fui al hospital. Sentadito en la sala de espera me iba poniendo nervioso. Una enfermera muy simpática me vino a buscar y me acompañó a una cabina donde podría cambiarme.

- Quítatelo todo...
- Pero señorita... si apenas nos conocemos...
- Menos los calzoncillos...

Y cerró la puerta. Me desnudé y me arrepentí de haberme puesto los calzoncillo de Batman, porque, claro, me dieron una de esas horribles batas que se abren por atrás... La idea de ir caminando por los pasillos del hospital con un enorme Batman en mis nalgas empezó a tirarme para atrás. Pero después de perder minutos de mi vida atando la bata de forma correcta, estaba preparado para enfrentarme a la resonancia. Total, ¿qué puede pasar? Todo el mundo me había dicho que no pasaba nada, que sólo haría ruido.

Un grupo de médico muy simpático me dio la bienvenida y me explicó como iba a ser todo. Sólo tenía que tumbarme y ellos se encargaban de todo. Pues nada. Me tumban en la máquina. Es una camilla, un tubo... siento la pobre descripción, pero no llevaba las gafas puestas. De repente me atan la cabeza con una cinta, me ponen almohadillas en la sienes, me dan un trozo de plástico para que aprete si pasa algo y me meten en un tubo estrecho... muy estrecho... Y me meten dentro.

Respira... respira... no pasa nada... respira... son profesionales... Le doy al aviso de emergencia.

- Dejadme respirar, soy clautrofóbico, por favor, sacadme de aquí...
- Tranquilo, tranquilo, respira... no pasa nada... esto es normal... respira...
- Vale, volvamos a intentarlo.
- Ok. Cierra los ojos y piensa en cosas agradables.
- Vale.

Cerré los ojos y pensé en cosas agradables. Y esto es lo que pensé.

a. ¿Y si los médicos en verdad se han escapado de una cárcel psiquiátrica y se cayeron bien entre rejas y medicación y han decidido montar un ejército de psicopatas que eliminará a los usuarios de resonancias magnéticas?
b. ¿Y si la radiación me deja ciego, o tonto, o me da superpoderes inmensos y me convierto en un Hulk miope?
c. ¿Y si en el momento en que estoy encerrado hay un ataque zombi y mueren todos y me quedo allí dentro sin poder salir?
d. ¿Y si por culpa de los imanes de la resonancia viajo en el tiempo y acabo en un mundo paralelo controlado por fans de David Bisbal?

Total, que no habían dejado de entrarme en el tubo que se me ocurrió abrir los ojos y noté que no podía mover los brazos, que si pasaba algo no me podría levantar, que estaba estrecho y con poco aire... Empecé a llorar y a gritar que quería salir de allí dentro. Que, por favor, me sacaran.

Y eso hicieron. Me acompañaron al vestuario, me puse mi ropa y salí del hospital con una horrible sensación en el cuerpo. Me fui a desayunar con A. y con Jordi y el agobio se fue hiendo.

Y visto que no pueden hacerme una resonancia, me harán un TAC. No es para diagnosticar, sino para eliminar otras opciones (llámese tumor, llámese control mentar, llámese gusano subtropical que se ha aposentado en mi cerebro). Tengo hora en diciembre... Viendo como suele ir la medicina en este pais, aun estoy de suerte.

¿Y si al salir del tubo me encuentro con esto?
No puedo sobrevivir armado sólo con unos calzoncillos de Batman y muchas ganas.


2. Aunque no actualice las lecturas, voy leyendo. Novela negra, sobre todo. Delante del ordenador paso poco tiempo por el problema de los ojos. Me duelen si estoy mucho tiempo mirando la pantalla. Es horrible, pero bueno, también pienso que si empiezo a no hacer cosas acabaré por no hacer nada.

3. Me estoy volviendo abstemio... Ahora estoy enganchado al zumito de piña. Dejando el café a partir de las cuatro de la tarde... ¿Y todo esto por qué? Porque por muy paradójico que suene, por la noche me cuesta dormir.

4. Quiero agradecer todo el apoyo y las muestras de afecto que he recibido. Y, sobre todo, todas las bromas, chanzas e ironias que me han acompañado desde la primera vez que mi cabeza cayó en un ataque de sueño. Institucionalizado está lo de "Bello durmiente", como lo de "Buenas noches" a media tarde, "Que la preocupación no te quite el sueño" y cosas de esas. Todo por la normalización.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Al loro...

Buenas,

un par de cosas muy breves.

1. Visita al neurólogo bien. El miércoles tengo resonancia magnética. Me mirará el cerebro por dentro para descartar cosas que empiezan por t o por c (es que parace que no se pueden pronunciar las palabras). Tengo miedo de lo que encuentren... ¡Tengo tanta mierda en la cabeza! Tanta serie B, literatura inglesa, zombies, teorías físicas, lujuria desenfrenada, etc.

2. Por culpa de esto que me sucede, resulta que no puedo mirar la pantalla de un ordenador porque me empiezan a llorar los ojos, me pinchan alfileres en las sienes y me entran unas enormes ganas de dormir... Es lo que tiene mantener la mirada fija. Como casi no puedo escribir, actualizaré menos y escribiré menos mails todavía. Tengo algunos pendientes que llegarán, no hay problema. Pero para continuar la comunicación... bueno... tengo que recurrir a lo clásico de la carta y el correo... Así que de los que tengo dirección... lo siento, no os libreréis de mí. Si alguien quiere, que me la mande.

3. Por esto mismo, he vuelto a escribir ficción a mano. Es curioso, las frases salen más largas...

Un abrazo y de momento os vuelvo a dejar... a ver como va todo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Apoyo

Noche. El coche llevaba aparcado cerca del acantilado cincuentra y siete minutos. Asiento de atrás.

Él ya tenía los pantalones por los tobillos. Ella mecía sus tirantes a medio brazo.

Él mira hacia abajo.

- Me tendrás que animar de otra manera... ya sabes.

Ella le mira a los ojos. Pasea una lengua por los labios. Abre la boca.

- ¡Venga bonita! ¡Tú puedes! ¡Tú puedes! ¡Animos! ¡Animos! ¡Aupa bonita, aupa bonita!

Primera y última cita; pero aunque la otra ella agradeciera tímida las incondicionales muestras de apoyo, a veces la vergüenza ante desconocidos pesa más que las ganas de explorar nuevos territorios.

viernes, 30 de octubre de 2009

El bello durmiente

Buenas,

salgo un momento de mi crionización para explicar algo que creo modificará sustancialmente mi vida. Resulta que desde hace mucho tiempo tengo problemas para dormir. Duermo poco y lo que duermo es ultraligero oyendo todo lo que ocurre en la calle, en las casas de los vecinos y en mi misma cama. Eso me afecta a mi devenir diario porque voy luego con los ojos cargados de sueño todo el día, paso unos mediodías horribles y, luego, por las noches pese al cansacio, desvelado. Una jaqueca me suele acompañar durante el día y la sensación de que me quedo dormido en cualquier parte.

Pues bueno, estos últimos días ha sido así. Me quedaba dormido. Así, por la buenas. Estaba hablando con A. y de repente... a dormir. Estaba delante del ordenador... y a dormir.

Ayer fue el día máximo. Todo el día durmiendo. Me levanté con una sensación de sueño horrible. Fui a Vodafone a pedir la reparación de mi móvil, me tomaron el pelo, pero estaba demasiado cansado como para reaccionar. Fui a un bar a escribir, me encontré con un amigo y me dormí en el bar. La sensación de párpados muy pesados (como ahora mismo) y no poder focalizar mi atención en un punto concreto, las imágenes dispersas

(acabo de despertarme)

pues eso... que me duermo. Y en el bar lo hice. Fui para casa e intentaba mantenerme despierto leyendo, pero al momento volvía a caerme dormido. Llegó A. de trabajar y me encontró dormido. Comiendo, dos cabezadas. Intento de siesta. Para el médico. En el coche y en la consulta. Para urgencias. En la recepción de urgencias. En la silla de ruedas (cómoda) y en la camilla. Análisis de sangre y orina. Insistencia en el tema de las drogas. No, no se droga. Análisis correctos. Sano como un toro. ¿Y el sueño?

Narcolepsia.


A la espera de la opinión del neurólogo.

Pero tiene toda la pinta. Supongo que eso explica los esfuerzos para mantenerme despierto los mediosdias a base de café ultravenoso, las siestas pesadas, las cada vez más habituales salidas de la librería en busca de café y la sensación continua de sueño. ¿Y por qué se ma ha intensificado ahora en vacaciones? Porque no tengo actividades que me mantengan en tensión. Nada de atender a clientes, ir a trabajar, moverme de un lado a otro...

La verdad, estaba preocupado. Con ataques así te pasan ideas raras por la cabeza, pero cuando me dijero que seguramente sería narcolepsia me quede tranquilo. Sólo es sueño. Sólo me duermo. No pasa nada.

Naturalmente esto puede frenarme algunas aspiraciones sociales:

1. Será difícil que llegue a conducir un autobús escolar.
2. La cirugía me queda restringida.
3. Lo de ser controlador aéreo... en otra vida quizás.
4. Lo mejor es que me acostumbre a llevar casco.
5. Nada de comer sopa cuando estoy sólo para evitar un posible ahogo.

Y algunas ventajas

1. Si alguien me aburre me puedo dormir y tengo una excusa perfecta.
2. Puedo alargar lo de sacarme el carnet de coche.
3. Me convierte en una persona especial.
4. Y otras que supongo que ya ire descubriendo.

Y, además, uno piensa en lo bien que se lo van a pasar mis amigos con sus bromas y coñas y ya se siente satisfecho.

Ya os ire contando como evoluciona todo esto...

Buenas noches.

Y os dejo un vídeo científico y didáctico sobre la narcolepsia (que, repito, aunque no es seguro es lo más probable que tenga).


sábado, 24 de octubre de 2009

Comunicado oficial

Se hace saber al respetable público lector que este vuestro humilde blog queda momentaneamente en estado de crionización. Usease que de momento no avanzará más allá de esta entrada. El motivo es sencillo, el autor de toda esta tontá necesita concentrar todos sus esfuerzos, energias y ansias en un proyecto en el que se embarcó hace poco y que no avanza por dispersión de palabras: viajar en el tiempo.

Así que de momento y hasta nuevo aviso, este blog se queda como el amigo Solo


En un tiempo que esperemos sea breve, este blog volverá a abrir sus puertas.

Nos vemos en los bares.

P.S. Todo esto no quiere decir que no vaya a seguir chafardeando en vuestros blogs, escribiendo mails (tarde, lo sé) y otras cosas. Y si alguien me quiere para algo me encontrará en la dirección de correo que aparece en mi perfil. Un abrazo a todos.

viernes, 23 de octubre de 2009

Quinto día de las vacaciones

Hoy pretendía hablar de la absurda medida que el Ministerio de Cultura de España (todos firmes) ha impuesto a la película Saw VI calificándola de película X por su alto contenido violento, relegando su estreno únicamente a salas de cine X (vamos, las porno de toda la vida con sus suelos pegajosos, sus hombres de negro en los lavabos y sus gemidos mientras disfrutan de perlas como Vino a por trabajo y le comieron lo de abajo, Sueño de un chapero de verano o Sé lo que os hiciesteis últimamente en el ano - títulos reales -) que no tienen el equipo necesario para la proyección de esta película; un proyector de 35 milímetros, por ejemplo. Una medida hipócrita y propia de tiempos pretéritos y más viendo las películas violentas que se estrenan cada semana y la violencia que nos somete continuamente la televisión (y no solo hablo de las noticias, sino de los espectáculos del corazón y los programas de testimonio entre otras cosas). Para mí es una forma de censura y motiva preguntas cómo los criterios para censurar ésta y no, por ejemplo, Antricristo de Lars von Trier (donde aparecía una ablación), la saga Hostel (torturas a turistas americanos) o Mentiras y gordas (apología del sexo inseguro y las drogas... espera... ¿en esta película no participa en el guión la actual ministra de cultura?). ¿Qué criterios se han seguido? ¿Pasaría lo mismo si la dirigiera Spielberg? ¿O si fuera una película española? No soy fan de la serie, he visto las tres primeras entregas y tuve bastante, pero me inquieta que pueda sentar un precederte y que a partir de ahora cinco personas en un despacho decidan qué podemos ver y qué no podemos ver. Quiero seguir teniendo mi derecho a no ver una película y entrar en la sala de al lado. Además, el único país del mundo donde esta película ha tenido problemas ha sido esta España que a pesar de todo siempre seguirá siendo de pandereta.

Venga, payasete, pa tu casa que aquí no te quieren.

También había pensado retormar aquellas declaracions de Vicente Molina Foix donde consideraba el cómic como tontería que no aprovecha nada y donde se exclamaba de que se hiciera caso a este arte (arte lo pongo yo y no él) en páginas de diaros, en críticas o en premios.Y de la repercursión que tuvo su artículo en varios medios (adictos al cómic y no adictos) olvidando que Molina Foix en ese caso ejerció su derecho de opinar sobre lo que no tiene ni puta idea, como todo español que se precie. Continúa la estela de los filósofos de barra, los taxistas y los tertulianos que lo mismo te hablan de microeconomía babilónica, de hípica azteca, de plisados y nueva temporada en Cíbeles o de cómo arreglar un país con cuatro tópicos manidos.

También lo siento por ti. No eres arte, no eres serio, no eres difícil, no eres profundo. Sólo monigotes que no hablan de nada importante.

También había pensado hablar de aquella vez que me dio por encender la tele y me encontré con la noticia de la muerte de una niña (creo que había sido también violada) y con una reportera con micrófono en mano y cámara por atrás se acercaba a la madre de la víctica y le preguntaba con una sonrisa y a la salida de reconocer el cadáver, cómo se sentía. O la vez que en un reportaje de Callejeros (¡mira, un yonqui!) enfocaron un primer plano de cadáver de una mujer muerta en un accidente de tráfico robándole a la fallecida toda intimidad en su muerte y regalando a los familiares un bonito recuerdo de exposición pública de su dolor y perdida. O aquellos concursos de niños de tres años expuestos a los focos alimetando las ansias de triunfo de los padres y que para mí no dejan de ser una muestra más de explotación, por no llamarlo prostitución, infantil.

Pero luego uno se pone a pensar y se da cuenta que todo esto produce mala sangre y demuestra la profunda estupidez del ser humano... Supongo que me he levantado con ánimos calientes y propensos a enfadarme con este tipo de cosas... Y eso que no he abierto ningún periódico... Pretendía hablar de todo eso, pero luego he recordado el aniversario de una película que me dejo una profunda huella cuando la vi por primera vez, que marcó un antes y un después en el cine de terror y ciencia ficción, que demuestra que los trucos clásicos funcionan, y que hay películas que en su entretenimiento, son arte. Así que no hablaré de nada que me ponga de mal humor o haga salir la persona intransigente que anida dentro. Hablaré de una gran película.


Y es que hay días que sólo el cine, la música, el arte, el cómic o la ilustración salvan.

Y el amor, claro. Pero esto me lo guardo.

jueves, 22 de octubre de 2009

Cuarto día de vacaciones

Jueves. 11:31. Tiempo: gris, llueve. Vestido de igual modo que el martes (la consabida ropa de ir por casa). Recién duchado. Me tengo que afeitar; además, la barba me crece a retales y, como dice siempre mi padre, parezco un loco. O como dice uno de mis camereros habituales, "pero afeitate hombre, serás guarro". No sé porque sigo iendo a ese bar. Suena en la radio un disco de la Spanish Harlem Orchestra que pillé ayer de la biblioteca. La casa está ordenada. Siento la pereza y la modorra pese a que hace ya un par de horas que me levanté. El café con leche me ha quedado bueno y he desayunado dos tostadas de pan de payés con aceite. No sé por qué, pero últimamente es lo que me apetece desayunar. Tengo que ir a comprar butifarra para hacer la comida aunque la idea de salir a la calle con esta lluvia me tira para atrás...

La foto no es de Igualada. De momento, y hasta que el cambio climático no lo solucione, no tenemos paseo marítimo.

Suerte que tengo mi supergorra nueva para días de otoño/invierno. A. dice que me queda pequeña. No sé, yo creo que, como en aquel cuento de Woodhouse, el problema no es de la gorra, es de mi cabeza.

Y de vacaciones. El cuarto día. Es curioso lo que pasa en vacaciones... Siempre se hacen planes. Y de varios tipos:

Ambiciosos: Iré a descubrir las verdaderas fuentes del Nilo (que, por cierto, como todo, están en Igualada)
Domésticos: Ordenaré los armarios.
Imposibles: Me leeré el Ulyses de Joyce.
Míticos: Descansar.

- No es divertido.
- Más bien diría patético.
- ¿Dónde está tu ingenio, Jorge?
- Yo que sé... ¿no está con vosotros?
- Nop...
- A ver si lo encontráis.
- Valens... Tú sigue.

Pues eso que se hacen planes que no se cumplen. En mi caso han sigo los siguientes:

- Releer La broma infinita.
- Volver a ver La trilogía de la venganza.
- Escribir mi proyecto de novela cómica total (lo siento, no hay enlace).
- Escribir no sé cuantos mails pendientes.
- Hacer un par de llamadas.
- No hacer nada durante un buen rato.
- Volver a hablar con mi diseñador del tema de los trajes para mi super ejercito de hombres radiactivos con los que pretendo conquistar el mundo y erigirme como tirano megauniversal y despiadado, pero encantador y con un particular sentido del humor. La propuesta que me hizo es ésta:


Y, qué queréis que os diga, cuando entre en vuestras ciudades con mi ejercito, pues muy serio no va a parecer. No sé... esto de querer dominar el mundo es más complicado de lo que pensaba.

Y de momento no se ha cumplido ninguno de estos planes. Salen otros o cuando hay el tiempo para hacerlo, pues se prefiere hacer otra cosa como tumbarse en la cama en la mejor compañía y... hablar, claro. O ver dos películas seguidas. O quedar con una amiga para desayunar. Mirar escaparates.

¿Y me preocupa no haber hecho de momento nada de lo que me había propuesto? La verdad, no. En absoluto. Supongo que parte de la gracia de las vacaciones es saltarse cualquier plan que se hubiera hecho.

- Jorge, Jorge...
- Dime.
- Hemos encontrado tu ingenio.
- ¿Dónde estaba? ¿De vacaciones?
- Nop, estaba imaginando.
- ¿El qué? ¿Nuevos chistes, nuevas gracias con las que sorprender y admirar a los lectores?
- Esto... no... que dice que él también está de vacaciones e imagina lo que quiere.
- Y es...
- Esto.


-...
-...
-...
- Sin palabras. Cierro esta entrada. Me siento avergonzado.

- ¿Se fue Jorge?
- Sí.
- En serio tenemos que hacer algo. Este blog está degenerando. ¿Dónde se quedaron las reseñas de libros o películas? ¿Las entradas noñas de tipos saltando sobre un charco? Ha puesto un dibujo de superheroinas atadas... Esto es lo más bajo en lo que ha caído este blog. Debemos recuperarlo por el bien de los lectores.
- Venga... pues... llevamos hablando de revolución una temporada, pero no hacemos nada. ¿Cuándo empezamos?
- Pronto... en cuanto superemos la pereza.
- Bendita pereza.

martes, 20 de octubre de 2009

Segundo día

Segundo día de las vacaciones. Son las doce menos diez. Ando con el típico pantalón de ir por casa y el típico jersey que solo se saca a la calle cuando hay que bajar la basura (por cierto, ¿cómo es posible que dos personas generemos tanto residuos? Si los descuartizamientos los hacemos fuera de casa...). En la calle suena un pasodoble (no me preguntéis por qué, pero me gusta), no hace frío en el piso y hago tiempo hasta que acabe una lavadora. Parece que este año lo de descansar lo voy a conseguir. Nada de largos viajes o grandes proyectos. Si consigo escribir un par de buenas páginas y ver unas cuantas películas estaré más que contento. Y pasear con A., y leer, y tomarme un cortado en un bar fumando un cigarrillo y ojeando el periódico para certificar que le mundo es y será una porquería.

Así que desde la tranquilidad, boletín de noticias.

TARARÍ TARARÍ TARARÍ TARARÍ

- ¿Qué era eso?
- Se suponía que la sintonía...
- Joder...
- Bueno, ¿vamos?
- Vamos.
- Hola, soy Jorge Jiménez del Moral y esto son las noticias.
- Hola, soy otro Jorge Jiménez del Moral y esto no son las noticias.
- Como primera noticia informar que un buen amigo mío está enfermito en casa sin poder hablar.
- Desde aquí le deseamos un pronta recuperación y que vuelva a hablar prontito.
- Pero no mucho.
- Bueno, que hable lo que quiera, ¿no?
- Desde la redacción...
- Hola, soy la redacción...
- ... le hacemos este pequeño regalo.



- Es que siempre le ha gustado la lucha grecorromana.
- Otras noticias. La Llibreria Aqualata, librería en la que trabajo ha abierto un facebook.
- ¿Vosotros también?
- Sip. Si los políticos tienen, ¿por qué nosotros no? Tenemos bastante más cosas que decir que ellos.
- Si alguien quiere seguirnos que nos busque...
- ... poniendo en el buscador "Llibreria Aqualata" y enseguida se verá arrastrado a un mundo de recomendaciones, tontás y pedantería.
- Claro, como te encargas tú.
- Exacto.
- Y ahora el parte del tiempo. ¿Tiempo?
- Gris, llueve, coje paraguas.
- Gracias.
- Cultura.
- No hay tiempo para la cultura. Esto son las noticias y en las noticias no hay tiempo para eso. Pero sí para el deporte.
- Sí, ayer me enteré que hay liga y cosas de esas del fútbol.
- El fútbol, ese deporte que consiste en dar patadas a algo y que los niños juegan en la calle.
- Exacto. Yo una vez jugué al fútbol.
- ¿A sí? ¿Y qué pasó?
- Nada, era el típico chupaposte que se saltaba las reglas. Al final me dieron un balonazo en la cara, marqué gol y decidí dejar el fútbol en el momento álgido de mi carrera deportiva. Para que se me recordará como un mito.
- Guauuuu... ¿y se te recuerda?
- No... Última hora... Por fin lo anunciado se ha producido. Los zombies están invadiendo las calles de Europa en una orgía de sangre y destrucción.
- Ja, toma, toma, toma teníamos razón.
- Exacto. Es el Apocalípsis. Nos quedan nada de nada porque estamos todos condenados.
- Pero teníamos razón.
- Aprovechen para llamar a sus familiares y seres queridos y decirles lo que de verdad pensáis de ellos.
- Nos informan de que tenemos una imagen de esos zombies.


-...
-...
- Está buena la zombi, ¿eh?
- Está muerta y te quiere comer.
- Sí, pero te has fijado... se le ven las tet...
- Gracias por su atención y pórtense bien en este Apocalípsis.
-...
- Oye, ¿no te estarás haciendo una...?
- No... quizá...
- Madre de Dios...
- A joderse... haber llamado a otro alter-ego... Pero reconoce que tiene su punto.
- Pues sí.
- Pues ya está. ¿Me pasas la crema de manos y los crispis?

lunes, 19 de octubre de 2009

Lecturas

Dibujo tomado del blog Librosfera.

sábado, 17 de octubre de 2009

Lo sueco no deja ver el bosque

Desde que con diez u once años leí por primera vez El halcón maltés (gracias a una edición que le regalaron a mi padre en el banco y que venía acopañada por El sueño eterno, y que devoraría de forma compulsiva justo después, y fotogramas de las películas de Bogart) que soy un lector asiudo, fiel y entusiasta de lo que se ha venido a llamar género negro.

Preciosa portada de una edición barata de El halcón maltés. No tiene nada que ver con la historia, pero una buena espalda es una buena espalda.

Casi podría decirse que es mi género favorito y el que mayores satisfacciones me ha dado. A partir de entonces lo lei todo, desde los relatos del padre de todos Arthur Gordon Pym, los crímenes campestres de tia Agatha, los duros, durísimos detectives y maleantes de la época dorada del género (lo que va de los años veinte hasta los cincuenta en América), Maigret, los espias desencantados de Le Carre, los sádicos autores contemporáneos franceses, las visitas a los bajos fondos de Caralho o Méndez, etc.

Eso sí, mis favoritas siempre han sido las de la época dorada. Dashiell Hammet, Raymond Chandler, William Irish, Davis Goodis, W.R. Burnett, Jim Thompson, etc. Tipos duros, mujeres malas, policias y políticos corruptos, violencia seca, muertos por doquier (a ver quien es el guapo que se cuenta los muertos de Cosecha roja), critica social no tan solapada, crímenes casi perfectos... maravilloso. Disfruto como un crío cada vez que leo o releo una de esta novelas.


Y últimamente gracias al fenómeno Larssonn (fenónemo que no acabo de entender porque sus novelas, bueno, vale, están bien.... ¿pero de verdad son para tanto? Quizá es que he leído mucha novela negra, pero para mí sus tres obras no dejan de ser novelas del montón, poco originales, entretenidas, con un buen personaje femenino, pero sin nada que no hayamos leído mil veces en otras novelas...) la novela negra se ha vuelto a poner de moda. O eso nos dicen...

¿Seguro?

Trabajo en una librería y sí, se vende más novela negra que antes pero... Pero lo que se vende en líneas generales de novela negra es lo siguiente:

- Larsson
- Otros autores suecos (léase el bluff de Assa Larsson, Camilla Lackberg, Mari Jungstedt...) sobre todo si viene acompañado de frases del estilo:

- La novela que le quitó el sueño a Larsson.
- En la línea del maestro de la novela negra Larsson.
- Lo que podría haberle gustado a Larsson si no la hubiera espichado.
- A Larsson seguro que no le hubiera gustado, pero por si acaso cuela nosotros la publicamos.

Esto está muy bien porque la nueva ola de autores suecos es muy interesante, muy parecida toda eso sí, pero muy interesante. Pero ocurre un fenómeno muy curioso (y sigo hablando en líneas generales), el público lector sólo quiere este tipo de novelas. Sueca. Y punto. Al ofrecer novela negra de otras latitudes (americana, francesa, alemana, china, inglesa, surafricana, española, etc.) se muestran reacios y desconfiados como si ya no habláramos de los mismo.

- Es que me gusta la novela negra sueca porque utiliza de excusa el crimen para diseccionar la sociedad contemporánea.
- Sí, como ha hecho la novela negra desde que nació allá en las baratas revistas de quiosco.

- Es que de ésta no hablan en los suplementos culturales...
- ¿Y?
- Que no debe ser buena.

- ¿Nada sueco nuevo?
- Pues no.
- Entonces no leo.

Por lo que hablamos entre libreros la tendencia entre el público lector mayoritario es ésta; un par de títulos, una tendencia concreta y ya está. El resto pasa desapercibido e ignorado. Ni siquiera tomado en una mínima consideración. Cada temporada aparece un título o una temática y la mayor parte de las ventas consiste sólo en eso. En estos cuatro año que llevo trabajando en la librería he vivido los siguientes fenómenos:

- Novela sueca con Larsson a la cabeza.
- El secreto para ser felices por medio de frases manidas y soluciones fáciles.
- Vampiros sensibles que brillan en la luz y que piensan que la virginidad es algo importante.
- Niños muriendo en campos de concentración.
- Pseudo novelas históricas sobre iglesias que se levantan.

Y ya está. Libros y libros y libros y libros de éstos y miradas de suspicacia por cualquier otro título recomendado.

Y da rabia. Lo siento. Ya se que en un aspecto puramente práctico es cojonudo porque asegura unas ventas, pero como librero de raza da pena ver tanto buen título ignorado que se devolverá a la librería sin una sola venta. Y todo por esa tendencia a la uniformidad que se está creando ya sea por presión, por influencia o por falta de curiosidad. Y me estoy refiriendo a novelas como El poder del perro, La química de la muerte, Total Kheops, la saga de Charlie Parker, las maravillosas novelas de enigmas de Fred Vargas, El dramaturgo, el personaje de Méndez, a Lorenzo Silva, a Petra Delicado, y muchas más que ahora me olvido porque medio cerebro lo tengo en vacaciones.


Lo que quiero decir con todo este rollo es que más allá de una moda o una tendencia hay mucho más, infinidades de posibilidades que dejamos perder quizá por miedo a arriesgarnos a territorios desconocidos. Y algunos de ellos resultan deliciosamente perversos y estimulantes, como las novelas de John Connolly donde la pesadilla, el horror y todo lo perverso del ser humano están minuciosamente detallados en unas intrigas apasionantes, entretenidas e inteligentes.

Y si no se quiere ver el bosque, da igual. Lo importante es leer, aunque sólo sean suecos.

O no. Que lo que menos quiero es tener una verdad absoluta.