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domingo, 21 de enero de 2018

En una librería, momia argentinas...

Hace un par de días murió Dorothy Malone.
Y con ella murió parte de mi educación cinéfila. Una de esas presencias que definen como espectador y como persona. Porque fue una de esas imágenes que junto con Ava Gadner en La condesa descalza, Debra Paget en La tumba india o Eleanor Parker en Scaramouche convirtieron el visionado de una película en algo más que vivir aventuras y pasar un buen rato. Algo más turbador, oscuro y excitante.


Lo que hizo en El sueño eterno fue magia. Pilla un personaje anódino y muy secundario, una comparsa para engrandecer la figura de rompebragas de Marlowe, y con un par de miradas, un juego de lengua y puro físico, hace uno de los mejores personajes secundarios de la historia del cine, devora a Bogart y me propinó una de las mayores bofetadas. Esto es bueno, pensé de pequeño, esto es lo que quiero encontrarme en una librería.

La mejor y más perturbadora librera de la historia del cine.
Sigo buscando la Acme Book Store.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Que 10 años no es nada...

Ayer o mañana se cumplieron o se cumplirán diez de trabajo como librero.


Para estar seguro tendría que levantarme de la silla, apartarla, acariciar a Sigilo, caminar, acariciar a Zarpa, abrir la puerta del que muy pronto dejará de ser mi despacho, buscar una carpeta, abrirla, cerrarla porque no he encontrado lo que busco, mover papeles, entretenerme con una vieja libreta llena de cuentos, cerrarla, seguir buscando, estornudar por el polvo, y esto qué hace aquí, seguir buscando, encontrarme con viejas fotos, algún cadáver, restos de comida, algo de nostalgia que expulso del pueblo con brea y plumas... todo para ver si por casualidad encuentro la hoja de vida laboral que mandan cada año y ver la fecha en la que empecé a trabajar. Pero como todo esto me da una pereza horrible, pues nada, a la hipótesis que para eso está y si tantos científicos la han utilizado será por algo.

10 añitos ya. Y para que fue... sí, hace 10 años... que acompañé a mi buen, pero insoportable amigo Jordi a comprarse un libro de música y me dio por preguntar entre la marabunta al que sería mi jefe si necesitaban a alguien. Y me dijo, deja tu currículim y lo dejé y me llamó y empecé a trabajar. Ya sé que como historia le faltan ninjas, destete, monstruos, caníbales y números musicales con pasteleros troskistas, pero en ocasiones la realidad no viene con acompañamiento de setenta músicos.


2005. Reinaba sin discusión en las ventas Dan Brown y Ruiz Zafón. El libro de buenos sentimientos con niño que se puso de moda fue El curioso incidente del perro a medianoche (trono que después han ocupado El niño con el pijama de rayas y Wonder). Libros del asteroide empezó su andadura y recuerdo que uno de los primeros libros que tuve que colocar fue Las dos inglesas y el amor. El libro electrónico era un rumor. Muchos se quejaban de lo caro que eran los libros y de que los jóvenes no leen y están todo el día con las pantallitas. Hay cosas que no cambian. No conocía a A. Estaba a un año de ir por primera vez de viaje a La Habana y encontrarme con uno de esos sitios donde iría a morir y dónde me tendrías que buscar (otro es Las Vegas y hay un par más que me guardo en secreto). Aun trabajaba como gerente y chico para todo en un teatro y hacía teatro amateur como actor y esperando una oportunidad como director. Iba cada semana al cine (Igualada tenía dos cines) y leía mucho.


Y la gente.
Aunque mi experiencia como recepcionista y chico de la limpieza en unas piscinas municipales me había hecho pillar mucha tirria a los nadadores, y trabajando en un teatro había provocado que me mirara con reticencia a los músicos y actores (es que son muy raros, en serio), diez años como librero en una librería general donde se vende desde el último best seller, filosofía, autoayuda atlántica y cuántica, libros infantiles, derecho, filosofía, cartas de ángeles custodios, cocina, novelas así sería de pensar y leer mucho, fantasía, tiros y tetas, etc., han provocado que odie al mundo. Así en general. De entrada, odio. Luego, a lo mejor, me relajo y no me molesta (mucho) que respires. Sobre todo en esa temporada de texto que extiende sus tentáculos desde finales de junio hasta finales de octubre.


Recuerdo a la señora que buscaba un libro de hace dos años sobre un chico que quiere a una chica y que la portada era azul (sí, me ha pasado lo de la portada azul).
El señor que preguntó si vendíamos cuerda.
El señor que preguntó si vendíamos collares de perro.
La señora que quería todos los libros del mismo tamaño y altura, pero de diferentes colecciones porque quería decorar la habitación de su hijo.
El señor que intentó agredirme porque eso de la ley antitabaco le estaba quemando mucho.
La señora que después de insultarme se quejó de que tenía poca empatía y parecía que su encargo me importaba poco.
El chico que quería cambiar un libro de texto medio forrado, roto y con el nombre puesto alegando que ya no hacía el curso y que el libro no estaba tan mal.
El señor que creía que Shakespeare era un tipo de medicina alternativa.
La señora que me preguntó si El diaro de Ana Frank tenía final feliz.
El chico que buscaba Las raciones extraordinarias de Poe en cocina.
Y muchas, muchas, muchas más.


Diez años como librero y espero que sean muchos más, la verdad. A pesar de ser un trabajo tan cansado (y sí, ya sé que hay trabajos más duros, exigentes y desagradables, ya lo sé. Imagino que ser clasificador de heces para los servicios secretos de un país dictatorial no tiene que ser muy motivador, pero cada uno se queja de lo que conoce, leche), es un buen trabajo. Incluso pese a la gente. Tienes la esperanza de que entre tanto libro que recomiendas, encuentres un lector de verdad que busque algo más allá del libro de moda, de la novela de intriga cutre de la temporada, de la redacción escolar con ínfulas de Paul Auster que los críticos han aupado y convertido en fenómeno de un par de meses. Un buen libro, un buen lector. Y de vez en cuando, pasa. Un libro que recomiendas a alguien y cambia la vida de ese lector ya sea para envenenarlo, ya sea para reconciliarlo.






En estos años he hecho amistad con un puñado de clientes. He odiado y he sido odiado por otro puñado. Se dice que soy un buen librero, un gilipollas, que sé de lo que hablo, un borde, simpático, serio, agradable... Creo que con los años he perdido algo de frescura e ilusión, pero he ganado experiencia, claro. Espero estar otros diez, veinte, treinta años como librero vendiendo lo que no me gusta y recomendando como un desesperado aquello que creo debe conocerse y leerse con la esperanza de que una o dos personas se arriesguen y me hagan caso. Permitir descubrir y dejar que me descubran lecturas.


Ordenar, devolver, colocar, abrir cajas, cerrar cajas, volver a ordenar. Hacer los servicios de novedades, las reposiciones, los encargos, reclamar encargos que no llegan, volver a reclamarlos, controlar los libros que llegan, reclamar algún error, colocar los libros. Quejarse. Leer un par de capítulos sueltos. Comenar las novedades. Buscar un libro. Atender. Recomendar libros de secciones de las que no se tiene ni idea (¿un buen libro sobre bolsa? ¿algo de derecho? ¿la mejor guía para contactar con los ángeles?) diciendo que no se tiene ni idea. Hacer presupuestos. Atender cien mails diarios. Llamadas telefónicas. Mucho encargos (una media de cincuenta al día). Ordenar albaranes. Ordenar facturas. Hacer previsión de pagos. Actualizar precios. Recibir paquetes. Hacer devoluciones (mirar, decidir, albaranar, encajar y devolver). Atender. Buscar libros y no encontrarlos. Ordenar. Equivocarse (decir que un libro no está y está, no recordar un título, decir que un libro está agotado y no estarlo, no conocer a un autor que se tiene delante, a veces pasarse de listo). Barrer. Quitar el polvo. Decidir si hoy suena música o no. Mucho trabajo. Un buen trabajo, aunque no da tiempo de vestirse de tweed, tomarse un té y leer a Jane Austen con un gato en el regazo.

Mi librera favorita.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Reto Nicolas Cage. "Aquel excitante curso", 1982

Empezamos por el principio. Con la entrada de hoy da inicio el reto Nicolas Cage, un repaso a toda su filmografía en estricto orden cronológico. ¿Por qué hago esto? Parte de aburrimiento y malsana fascinación por un personaje como Nicolas Cage, capaz de lo mejor y lo peor en una misma película.

Pero antes de empezar con la reseña de la película que supsuo la primera aparición de Nicolas en el cine, una breve introducción. ¿Quién es Nicolas Cage?


Nació en Long Beach, California, el 7 de enero de 1965. Hijo de August Floyd Coppola, profesor de literatura, y Joy Vogelsang, bailarina y coreógrafa. Sobrino del director de cine Francis Ford Coppola (autor de obras maestras como La conversación o Corazonada) y la actriz de Talia Shire, primo de Sofia y Roman Coppola y Jason Schwartzman. Su nombre completo es Nicolas Kim Coppola, pero al empezar su carrera se cambió el apellido para impedir que lo acusaran de nepotismo. ¿De dónde viene el Cage? Dicen que de su admiración por el superhéroe Luke Cage.


Nicolas debe de ser un buen frikazo por este y otro detalle. Uno de sus hijos se llama Kal-El. Sí, como Superman. Y a mí no me dejan poner Buffy, El doctor, Godzilla o Sarah Ellen Furiosa.

Nominado al Óscar dos veces. Ganador de uno. Ganador de una Concha de plata en San Sebastián y un Globo de Oro. Ha trabajado con Coppola, Lynch, De Palma o Scorsese. Ha protagonizado sonoros taquillazos y tremendos taquillazos. Lo consideran uno de los mejores y a la vez peores actores. Es capaz de lo mejor y lo peor.  Se ha convertido en un personaje y casi en un género en sí mismo. Creador del estilo interpretativo "Noveau Shamanic" del que promete libro.

¿Y dónde empezó todo?


En Fast Times at Ridgemont High, Amy Heckerling, 1982.
Agradable comedia estudiantil conocida en España por el título Aquel "excitante" curso (no entiendo las comillas, la verdad). Escrita por Cameron Crowe, posterior director de cine. Debut de Amy Heckerling en la dirección, a la que debemos la divertida versión noventera de Emma de Jane Austen conocida como Clueless, pero que también nos torturó con su díptico de Mira quién habla. En su reparto coincidieron numerosos nombres que por entonces empezaban a labrar su carrera. Sean Penn, Jennifer Jason Leig, Forest Whitaker, Phoebe Cates, Judge Reinhold, Eric Stolz, James Russo, etc.

La película es una comedia sobre las andanzas románticos / sexuales / estudiantiles de un grupo de estudiantes de secundaria. Tiene momentos divertidos y no pretende ser otra cosa que algo entretenido. Se convierte en un retrato de usos y costumbres de principios de los ochenta y de las nuevas modas en ropa y ocio (el centro comercial convertido en nuevo lugar de paseo y relaciones). Una de esas películas de estudiantes y desnudos tan de principios de los ochenta (pienso en la fundacional Porky's), pero con una mayor dosis de ironía y cierto punto de tristeza. Justamente famosa la escena de Phoebe Cates saliendo de la piscina e convirtiéndose en icono sexual de una época.

Pero, ¿dónde está Nicolas Cage en todo esto?
Pues haciendo hamburguesas y aplaudiendo en un partido de fútbol. La actuación de Nicolas dura unos diez segundos en toda la película (y redondeando hacia arriba).

¿Su escena debut?


Haciendo hamburguesas. Es el tipo que esta de espaldas.


Primera vez que se le ve la cara en pantalla con expresión de "soy mejor que todo esto".


Aplaudiendo en el partido de fútbol americano. Prefigura al héroe de acción que conoceremos después.

Y ya está. Esta es la primera interpretación de Nicolas Coppola (como aparece en los créditos) en el cine. No dice una palabra, no interacciona con nadie. Solo está. Marcando carácter, físico y presencia. Esperando a su siguiente película para debutar como protagonista en


jueves, 3 de septiembre de 2015

Un reto tonto para pasar el rato que tiene a Nicolas Cage su centro y motor

Soy de retos tontos.
En mi extinto blog de literatura juvenil, durante tres años dejé que fueran los lectores del blog los que eligiesen mis lecturas. Eso llevó a consecuencias catastróficas porque solo una mínima parte de los lectores proponían libros interesantes o que podrían gustarme, decantándose la mayoría por la innecesaria crueldad, libros horribles y risas rozando la locura al imaginarme leyendo según que "novelas". Siempre se hacía sobre esta época y, seré sincero, lo añoro. Añoro la tontería y la chorrada. 

¿Podría proponer un nuevo reto?, me dije un día mientras hacía una de esas cada más frecuentes meadas de madrugada. ¿Pero qué?
Libros, no.
Grabar vídeos cayéndome de diferentes escaleras para hacer una comparativa, tampoco.
Apuntarme a bailes tradicionales, menos.
¿Qué?
Pues cine.
¿Hacer que los lectores del blog elijan las películas que debo ver?
Era tentador, pero me enfrentaba a tragarme el dueto A dos metros sobre el cielo de Mario Casas  o 50 sombras de Grey. Claro que con un poco de suerte la gente pensaría que me horroriza la serie B o las películas de monstruos y por ahí me podría escapar, pero es jugar con fuego.
¿Y si elijo yo como me torturo?
¿Por qué no puedo ser yo el amo de mi destino, el capitán de mi alma?
¿Pero qué podría ver que fuera de verdad un reto?
Acabé la meada y me volví a la cama sin tener una idea clara y con cuerpo de reto tonto.

Entonces recordé.


En este capítulo de esta extraordinaria serie se discute la existencia y sentido de Nicolas Cage en la historia del cine. ¿Es un buen actor? ¿Es un mal actor? ¿Es un ángel o un demonio? ¿Es lo que queremos que sea? ¿Una metáfora de los cenobitas?
Sí, me dije, ¿por qué no? Siempre he sentido una fascinación / repulsión / simpatía por la figura de Nicolas Cage. 



Se ha convertido en un género en sí mismo, en una parodía con destello de genialidad, con una filmografía que sobrepasa los ochenta títulos y que bascula entre lo brillante y lo absolutamente demencial. Y quiero verla. Así que el reto es el siguiente:

ver toda la filmografía de Nicolas Cage en estricto orden cronológico volviendo a ver todo aquello que he ya he visto y reseñando cada película a razón de una a la semana.

Ya sé que esto supone ver el remake de The wicker man, La mandolina del capitán Corelli o Ciudad de ángeles, pero también volver ver Corazón salvaje, Cotton club o Snake Eyes, amén de otras muchas maravillas, rarezas, abominaciones.

¿Qué podría dedicar mi tiempo a algo más útil y provechoso?
Sí, claro, pero entonces no sería un reto tonto y esto perdería el poco sentido que tiene.

Por cierto, A. ya me ha dicho que con ella no cuente. Que me apañe yo solito.

miércoles, 24 de junio de 2015

Lo que he visto hoy

Por x motivos que ya relataré, hoy he estado prácticamente todo el día solo en casa. Desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Y sí, sé que podría haber dedicado el día a algo productivo, como escribir, o útil, como ordenar la casa, hacer estanterías, construir un bote para cuando crezcan las aguas e Igualada tenga por fin paseo marítimo, ensayar mi número musical con la peluca nueva o deshacerme de una vez del cadáver del tercer baúl. Pero no. Instalado delante de la tele me he pasado el día viendo una película tras otras intercaladas con lectura. El total, cinco películas.


Correcta y modesta adaptación del Soy leyenda del gran Richard Matheson. Aprobado raspado, pero con el gran Vicent Price demostrando una variedad enorme de emociones. Es uno de esos actores, como Robert Mitchum o Rod Steiger, que si sale en una película, esta vale la pena. Además, es interesante comprobar la presencia seminal de los zombis de Romero.


Adoro esta película y adoro el cine de Tourneur.
Menos es más, sugerencia, sugestión y cómo aprovechar escasos medios.
Con esta película inauguro un ciclo que quiero dedicar al director, uno de mis favoritos.


La vi cuando era pequeño gracias al enamoramiento de mi madre por Sidney Poititer. Muy buen thriller y Rod Steiger demostrando poderío, presencia y matices. Algo late entre estos dos policías.


La mejor adaptación de La isla del doctor Moreau. A H.G. Wells no le gustó mucho, pero eso creo que fue porque no llegó a ver la de los setenta ni la delirante versión de los noventa con Marlon Brando. Buen tono, impactante final, ambiente lujurioso preCode, un Charles Laugthton pletórico y Lugosi jugando con voz y manos. Y todo en setenta y pocos minutos. Tengo que investigar más en el cine de los treinta.


Comedia negra sobre un tipo que mata que no es mal tipo y que discute con sus mascotas. Me ha gustado el tono colorido y de comedia de situación que enmascara una realidad terrible. Ryan Reynolds sin ser un actor que me guste en especial, cumple muy bien. Como bien están el resto del reparto amén de lo guapísimas que están tanto Gemma Arterton como Anna Kendrick. Dirige Marjane Satrapi, autora del cómic Persépolis. Buen pulso y mucho humor.

Vamos, contento con lo visto.
Y pensando en abrir un blog sobre las películas que veo...

sábado, 13 de junio de 2015

Volviendo al terror

Ayer me quedé de canguro en casa. A. estaba invitada a una de esas fiestas de cumpleaños que montan cada dos por tres sus amigas (y que suelen acabar degenerando en karaokes, disfraces y meadas y peleas callejeras) y me dejaron a Niña Zombi y a una amiga a dormir.
- No te molestarán.
Niño Lobo se fue con su padre.
Hice la cena a las niñas y se encerraron en su habitación a ver películas y a hablar de lo que hablen las niñas de ocho años. La única consigna que le dije a Niña Zombi fue:
- No existo.
A lo que ella contestó.
- Vale.
Me puse una pizza al horno, vi un par de capítulos de Parks & Recreations y me puse una película.

Oculus, Mike Flanagan, 2013

Un buen cuento de terror sobrenatural. Por momentos muy hermoso y con el acierto de convertir un espejo en el elemento central de terror y no en un accesorio. Dos hermanos se reúnen para enfrentarse a algo traumático que sucedió cunado eran niños. 

La película es elegante y consigue eso tan difícil de equilibrar bien los hechos del pasado y del presente, alternarlos, confundirlos y mezclarlos sin que sea caótico, el espectador no se pierda y resulte terriblemente inquietante. Aunque en su parte final tira de algún susto fácil, la película es más un ejemplo de terror sugerente, psicológico y paranoia. Inquietante.

Y este película me lleva a investigar sobre espejos y me topo en el libro que estoy leyendo ahora 


con la referencia a una película inglesa de 1945 títulada Dead of night donde un grupo de gente se reúne y se explica cuentos de miedo. Algo pasa y deja de ser una película de historias para convertirse en una unidad.


No la he visto, pero quiero remediarlo. Como todas esas películas de la Hammer, de terror italiano de la estirpe de Bava, de gótico castizo español que no he visto. Así que en esto estamos, buceando en las enormes lagunas que tengo en género fantástico y terror e intentando ponerle remedio.
Leyendo hasta altas horas de la noche ensayos sobre literatura y cine de terror, adentrándome en un género que me gusta, interesa y apasiona, pero que no entiendo muy bien el motivo nunca he tratado en profundidad. Y pensando si es normal que las niñas estén en la habitación tan calladas, sin un ruido, o que los gatos estén ambos sentados a su puerta en actitud de esfinge, vigilantes en medio de una casa oscura y silenciosa.

miércoles, 10 de junio de 2015

El arte de empezar. Matice's version

En su imprescindible blog, mi admirado Dr. Insermini ha empezado una nueva sección donde habla, reflexiona y se emociona sobre el arte de empezar una película. Primeros planos, primeras secuencias, primera escena y compases. Habla de sus principios preferidos y aclara que no tienen por qué ser bonitos, si no que se centra en aquellos electrizantes, que golpean y sacuden, que en unos minutos captan la esencia de la película, dan el tono y establecen, o no, una complicidad con el espectador. Me gustó la idea y me gustaron los inicios que propuso.

Le pedí permiso para hacer lo mismo.
Me lo ha dado y empiezo. Iré de uno en uno, así tengo excusa para futuras entradas.

Detention (Joseph Khan, 2011)

Una de las últimas películas que he visto y uno de los últimos inicios que más me han gustado. ¿Por qué?

Por lo dicho antes, es un principio de película absolutamente maravilloso porque marca lo que será la película y si el espectador se sentirá cómodo / gustará lo que vendrá en sus siguiente hora y media.

Los diferentes tipos de humor desde el más referencial hasta el más burdo, el tono de comedia adolescente, la amalgama de géneros y tonos, un montaje frenético que explica, contradice, puntúa y comenta lo que pasa. Y deja clara su mezcla de comedia y terror slasher. El principio es una gozada y la película una maravilla con la que no todo el mundo conecta ni a la que todo el mundo le ve la gracia. Yo conecté de maravilla, pero claro, tengo una especial debilidad por la película de instituto en cualquiera de sus formatos, desde la comedia al terror, pasando por la parodía, la comedia dramática o el melodrama. Ponme unas animadoras, unas taquillas, populares, marginados y planos de cabezas en pasillo y ya me tienes ganado durante una hora y media. Luego me gustará más o menos, pero allí me tendrás.

En cine, cada uno tiene sus pecados.

jueves, 14 de mayo de 2015

Tres historias sobre viajes en el tiempo

Me gustan los viajes en el tiempo. Eso es algo que quien más o menos lee estas tontás que cada vez escribo con más tiempo intermedio lo sabe. Así que hace un par de fines de semana, aprovechando que A. y los nenes se iban a esas inquietantes colonias anuales con otras familias y donde se pasan un fin de semana de juegos y borracheras, me enclaustré en casa para una maratoniana sesión de películas y series. Fueron catorce maravillosas horas. Entre las historias que vi, tres fueron sobre viajes en el tiempo. Y todas muy diferentes.

Detention, Joseph Kahn, 2011

Lo que a priori parecía un slasher más donde alguien con máscara mata animadoras, se convirtió en una enorme fiesta con la que disfruté horrores. Se habla de ella como "comedia de horror", pero no es eso. Y sí, pero es mucho más. Porque Detention se alza como un homenaje a los años noventa como imaginario pop, una apuesta firme y consciente por la comedia de instituto (por la que reconozco que tengo debilidad) y una mezcla de slasher, viajes en el tiempo, mutaciones, cambios de cuerpo, parodia que se extiende desde El club de los cinco hasta las torture porn con la saga Saw a la cabeza pasando por Donnie Darko o Ponte en mi lugar.

Una realización que recuerda a los mejores video clips, un sentido del humor rápido y referencial, locura, buenos actores conscientes de lo que están interpretando y una velocidad endiablada. Eso sí, no es una propuesta para todo el mundo. Entendería a lo que no le vieran la gracia. Que no es mi caso, porque ya estoy deseando volver a verla.


Frequently Asked Questions about time travel, Garret Carrivick, 2009

Tres amigos, un pub, una guapa desconocida, Bonnie Tyler y fugas temporales en los lavabos. 
Una muy agradable y divertida comedia inglesa sobre tres tipos normales tirando a patéticos metidos en una aventura que les viene demasiado grande. Frikismo, referencias, paradojas temporales, mucha cerveza y una reflexión sobre la amistad y la madurez. 

Tiene ideas muy interesantes (como los asesinos de celebridades... gente que viaje en el tiempo para matar a personas que admiran en el mejor momento de sus carreras porque no pueden soportar el declive de sus estrellas) y un tono que me recuerda a la Ealing y a los mejores capitulos de la etapa anterior del Doctor Who.


Safety not guaranteed, Colin Trevorrow, 2012

Si vi esta pelícua fue exclusivamente porque en ella salía Aubrey Plaza (conocida por ser April en la maravillosa serie Parks and Recreations), una actriz por la que cada día siento más debilidad. 

Pensaba que era una comedia y no. Tres periodistas investigan un extraño anuncio en un periódico donde se solicita un compañero para un viaje en el tiempo. Y lo que parecía que podía ser una comedia irónica se convierte en una película terriblemente triste (y, en ocasiones un poco aburrida) sobre la soledad, el amor perdido y esa horrible sensación de no pertenecer a la época correcta. Mucho silencio y a la vez mucha palabra. Y mucha tristeza.

¿Me gustó? Sí. Los actores están todos muy correctos, tiene momentos muy conseguidos y consigue que el espectador sienta la tristeza de unos personajes y ese pequeño atisbo de esperanza.  Sí que tienes momentos irónicos o divertidos, pero predomina un ambiente gris y esa terca e inútil voluntad de sus personajes de recuperar lo que se perdió (un amante, la juventud, la familia...) y su negativa a aceptarlo. Y esta negativa que para alguno de ellos es inmadurez y no aceptación del paso del tiempo, para otros es su salvación y el acicate necesario para la imaginación y lo imposible.

Realmente muy interesante.

sábado, 10 de enero de 2015

Cosas que he hecho en este día de hoy que todavía no se ha acabado

Pues lo primero de todo, despertarme e ir a hacer un pipí, pero esto a pocos les importa.
Sentarme a leer mientras me tomo el primer café con leche y sobrepasar las 1000 páginas de Guerra y paz. Ahora ya todo es cuesta abajo y espero que los personajes empiecen a ser algo felices. Por mi parte, estoy siendo muy feliz mientras está durando su lectura. Me hace sentir dichoso y pequeñito ante la obra de Tolstoi. Es demasiado grande y hermosa y me cuesta asimilarla toda.

He jugado un par de partidas al Zombie Kidz, un juego de mesa que les han traído con unos días de retraso los Reyes a los nenes.


Un juego muy sencillo y resultón para hacer partidas rápidas y cooperativas. Para niños pequeños es ideal porque se entiende al poco de empezar a jugar y, según la suerte con el dado, la partida es sencilla o se complica en la estrategia. Tanto a Niña Zombie como a Niño Lobo les ha gustado y es uno de esos juegos a los que iremos volviendo de tanto en tanto. Eso sí, para evitar la monotonía tendremos que ir creando nuestras propias reglas.

He visto un par de pelis. A. y los nenes se han ido al monte de excursión y me han dejado en casa con gatos, manta y café.  ¿Qué he visto? Un clásico del cine español como Historias de la radio y una película que aun no había visto de uno de mis directores favoritos, Días de gloría del enorme Jacques Tourneaur.

Una película que no es más que un puro ejercicio de propaganda bélica (se rodó en el 44) donde los rusos son majísimos y unos héroes a los que admirar (los nazis provocaron extraños compañeros de cama). El guión es justito, por no decir malo de narices, las interpretaciones bastante acartonadas (Gregory Peck estaba tiernecito en su papel debut en el cine y la actriz protagonista, la bella Tamara Toumanova confunde en una escena seducir con abrir muchos los ojos y las aletas de la nariz), el presupuesto me imagino que era irrisorio, algunos momentos son ridículos, la evolución de los personajes es bastante tonta y los momentos románticos, mal pegados e increíbles, provocan bastante vergüenza ajena.

Pero la dirección de Tourneaur hace que una pequeña película propagandística sea una pequeña joya repleta de detalles y hallazgos. Y eso que el espectador tiene la impresión de que Tourneaur no se la tomó muy en serio. Pero momentos como la representación teatral de Nina, la aparición del nazi en la guarida o la ejecución de unos de los secundarios, que argumentalmente es tonta como ella sola y da origen a uno de esos momentos de vergüenza, pero esta resuelta con elegancia formal. ¿Recomendable? No diría tanto a no ser que seas muy fan del director.




Y estoy sin teléfono móvil. De una mal caída se ha roto la pantalla. No se enciende. Ha muerte y yo tan tranquilo. Ahora estoy en ese punto en el que pienso si me arriesgo a cambiar de compañía y me dejo querer por ofertas. De momento estoy tranquilo y dichoso. Descansado. Leer sin oír ningún pitido, sin consultar, sin depender sin quererlo de un aparato con botones. Vamos, unas verdaderas vacaciones.

domingo, 4 de enero de 2015

Primera película...

... y empezamos el año con mal rollo.


Me quedo solo en casa con un resfriado rondando y temiendo lo que pueda pasar mañana. No solo es lunes, si no que es la víspera de reyes. Regalos de última hora, nervios, colas y algún que otro encargo que no ha llegado con los consabidos reproches. Paciencia, que dicen. Pongo le película, me entierro en la manta y me dispongo a pasar dos horas angustiado. Y como.

Una pareja. Un pueblo de casas blancas, luminoso y de sol inclemente. No hay adultos a la vista. Muchos niños.

Ya sé que tiene sus cositas de guión (reacciones del protagonista y etc.) y que no es perfecta, pero no importa. Con escenas como la de la piñata, el paseo lento y tenso por la iglesia, los niños tomando posiciones en la barca... La narrativa lenta, la sonrisa de los infantes, la lumionsa y asfixiante fotografía de Jose Luis Alcaide donde el sol y la luz se hacen terror, la angustiosa banda sonora de Waldo de los Rios, el inteligente uso de la elípsis y muchos detalles para una película que consigue estremecer y angustiar.

Y aviso, es obligatorio verla en su versión original. Con la pareja protagonista hablando en inglés y luchando por entenderse con el resto del reparto, que habla en castellano. La angustia crece. Sobre todo en ella, la incomprensión con los demás y el silencio y la terquedad en ocultarle cosas de su pareja. Cada "nada" que él contesta es un mal presagio.

Además, las historias de maldad infantil siempre me han fascinado. Una crueldad pura, "inocente", llena de sorpresa y juego. Quemar un hormiguero o perseguir un gato. La aterradora mirada inocente de un niño.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Gene Tierney

No podía dejar pasar este 19 de noviembre sin recordar que tal día como hoy, hace unos cuantos años, nació en Brooklyn, Gene Tierney, una de mis mayores obsesiones cinéfilas desde aquel primer visionado de Laura al que siguió El filo de la navaja, El embrujo de Shangai, Que el cielo la juzgue, El diablo dijo no, la adorable El fantasma y la señora Muir y tantas otras.

Ante ella solo queda la admiración, el silencio y ponerme otra película.