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viernes, 1 de marzo de 2013

Shakespe... ¿qué?

Esto ha pasado hoy en la librería.

Ha entrado un señor y se ha dirigido al mostrador.
- Buenos días.
- Buenos días.
- Vengo a buscar un encargo. Me enviaron un mensaje diciendo que estaba aquí.
Me alarga del recibo del encargo. Lo compruebo en el ordenador y, sí, el libro ha llegado. Lo busco entre los libros reservados y lo dejo en el mostrador. Es un libro de lo que se conoce como autoayuda o crecimiento espiritual con altas dosis de misticismo atlante.
- ¿Algo más? - pregunto.
- Sí. ¿Tienen algo de eso? - y me alarga un papel. Lo cojo y leo tres palabras.

Libros sobre Shakespeare

Dudo.
- ¿Qué busca? Un libro sobre Shakespeare o un libro de Shakespeare.
- Busco eso.
- ¿Una biografía?
- No, eso. ¿Qué tiene?
- Biografía sobre Shakespeare ahora no tengo ninguna, pero podemos pedirla. De Shakespeare tengo obras de teatro y los sonetos, claro.
- ¿Qué teatro?
- El de Shakespeare.
- No, yo busco esto que he apuntado - coje el papel y me lo vuelve a enseñar-. Mira, Libros sobre Shakespeare.
- Sí, Shakespeare. Ya sabe, Hamlet, Romeo y Julieta... - Ser o no ser, pienso.
- No sé, no conozco.
- Shakespeare. Es uno de los nombres más importantes de la literatura mundial.
- Es que en un libro que leí aparece este nombre y pensé que sería interesante. ¿Así que es teatro?
- Sí, ya sabe, Hamlet, Romeo y Julieta, Otelo - dejo el resto de la obra del bardo inglés en suspenso.
- Así que este hombre escribe teatro. No, no me interesa. Yo pensaba que Shakespeare era una filosofía como el budismo, el tantra o la ayuderva. No, teatro no quiero. ¿Cuánto te debo?
- Dieciséis euros.
- Tenga. Gracias. Que pase un buen día.
- Buen día.

Esto no puede haber pasado

domingo, 29 de enero de 2012

Chéjov y Foix

Hoy hace 152 años murió Anton Chéjov.



Hoy hace 25 años murió J.V. Foix.


No está de más recordar a dos nombres fundamentales para entender la literatura europea.

Reconozco que al ruso lo he seguido desde hace muchos años y puedo considerarme devoto de su teatro del no pasar nada, pero pasar todo y de sus cuentos. Durante años preparé el personaje de Tréplev por si acaso un día me decidía al suicidio escénico y montaba La gaviota. Es autor de relectura anual y sigue siendo un cuentista moderno al que no hemos alcanzado todavía. Como Kafka. Sin preguntas ni respuestas ni conclusiones ni moral ni ayuda. Vida y vacío. El final de La dama del perrito. Un precipicio cotidiano.

Fragmento de la película de Louis Malle, Vania en la calle 42
El doblaje no hace justicia ni al monólogo ni a los actores.

A J.V. Foix lo he leído de forma intermitente y nunca en profundidad. El problema que tengo con la poesía. Leo y releo, pero aún no he aprendido a leer bien. Pereza mental, diría uno. De vez en cuando, saturado de prosa, abro y leo un par de poemas de Foix y limpio la mente. Leo a Foix y a mil poetas más, pero siempre con esa sensación de que me estoy perdiendo algo. Bueno, algo por no decir todo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Entre otras cosas...

... a mi compañera de trabajo, por un quítame de ahí esos libros de texto que no llegan, le dijeron que pertenecía a, y cito, "la mafia catalana de los libros de texto" que suele dedicarse a expoliar a los trabajadores obligándoles a pagar precios abusivos por unos cuadernos. Mi compañera ni lo afirmó ni lo negó. Se limitó a reírse. Luego, en al almacén, me comentó que sí, que es verdad y que en el reparto que se hizo a principios de años entre la mafia china, la italiana, la rusa y la mexicana, a los catalanes les había tocado el libro de texto. Nadie lo quería... es más tranquilo y da menos quebraderos de cabeza las drogas o los órganos humanos.

Aquí una imagen de lo que mi compañera de trabajo suele hacer los domingos y lunes que tiene fiesta.
¡Venga subiendo los precios de Vicens Vives!

... me ha salido un orzuelo (o mussol, como se dice en catalán). Desconozco si alguien me lo ha pegado, ha sido mal de ojo, por dormir poco o por disgustos banquiles. Sea como sea, y a pesar de ir estos días por al vida bendecido por Atenea, molesta un poco. Y a mi ya expresión de ojos tristes (o a lo Óscar Wilde, como me dijeron) se le añade una caída de ojos algo depresiva. Y no.


... a una de las tiendas que hay en mi calle se le ha roto las barras de seguridad. Ahora ya no pitan cuando alguien se lleva un par de calcetines de más como relleno de sujetador o unos pantalones camuflados en el carrito del bebé, sino que pita toda la puta y santa noche. Eso provoca que lo oiga, me obsesiones y no pegue ojo. Y encima me convierta en mala persona. Porque A. duerme como una bendita y me entran ganas de despertarla. Por molestar. Para no ser el único que está despierto. Y mientras, en la calle, cada diez segundos diez molestos pitidos. A. ha ido hoy a comentar el asunto a la tienda y la muchacha que trabaja allí le ha dicho que sí, que ya estaban en ello, pero en un tono así como de me la pela porque mi casa me pilla lejos y a mí no me molesta. A. ha ido de buen rollo. Y me ha comentado que como esta noche vuelva a pitar mañana ira en un plan algo diferente.


... he vuelto a ver En lo más crudo del crudo invierno (Kenneth Branagh, 1995) y me he sorprendido a mí mismo echando de menos los ensayos teatrales, los nervios del estreno, las discusiones por el personaje y la dirección de actores.


domingo, 3 de octubre de 2010

"Los tres cerditos" o consejos para sobrevivir tú y tus hermanos a posibles eventualidades

El domingo pasado fuímos al teatro. Eramos A., Niño Lobo, Niña Zombi y un servidor. La obra, Los tres cerditos, en la versión para títeres que hicieron los amigos de Teatro Arbolé. Pero esta entrada no será una crítica sesuda y postestructuralista de la obra de teatro (que estuvo bien), ni de la catarsis infantil que supuso la aparición estelar, esperada y nunca defraudante de uno de los villanos más universales y queridos de toda la historia de la literatura, la historia de la historia, la historia de las religiones, etc. El lobo feroz (silencio total en el teatro, los niños de todas las edades callados... ha entrado el lobo). El motivo de esta entrada es un comentario que me hizo A. al salir del teatro (¿o fue después en la calle? ¿o al día siguiente en La partida del lunes? Tanto viaje en el tiempo al final despista...). Me comentó que había oído a una madre quejarse del motivo que lleva a los cerditos largarse al bosque, construir sus respectivas casas, enfrentarse al lobo feroz y convertirse en mitos. Al momento de decirme esto no le di mayor importancia, pero al tener una semana aburrida en el trabajo y tiempo para pensar, que le empecé a dar vueltas y he llegado a una conclusión. Esa madre que se quejaba está equivocada. Esta versión de los cerditos ha hecho un gran favor a su progenia. Y ésta, un día lo agradecerá. Y ahora lo explicó.

El lobo feroz versión Teatro Arbolé

En la versión que conocía y que me explicaba mi abuela de chico, el motivo de que los cerditos se fueran a vivir al bosque es que ya eran grandes y decidían que había llegado la hora de independizarse. En versiones posteriores esto cambió y era la madre la que echaba a sus hijos de casa porque ya estaba harta, harta, harta de tener que vivir como una esclava por sus hijos. Así, carretera y manta y ahora os apañáis solos. En la versión de Teatro Arbolé (y supongo que de la zona de Zaragoza de donde son oriundos) el motivo por el que se largan los cerditos es éste: viven en una granja a cuerpo de cerdo los tres cerditos y su padre (hay una ausencia de la figura materna). Sólo duermen y comen. Un día el granjero, que también es el titiritero y se establece como dios demiurgo sobre los gorrinos, se lleva al padre de los cerdos a una habitación a parte y cumple la función social del marrano: pasar a un estado superior de su existencia convertido en jamón, chorizo, morcillas y demás esquisitices. Los cerditos descubren esto (en una escena de terrible e inocente gore; uno de ellos abre la puerta del corral y encuntran colgadas las visceras de su padre en un momento que nos lleva inmediatamente a pensar en el famoso plano de La matanza de Texas estableciendo un curioso puente entre este cuento infantil y el posterior cine de terror ochentero).



Al descubrir el fatal destino de su padre, los gorrinos, muy inteligentemente, huyen como alma que se lleva el porquero y se esconden en el bosque. Allí la historia sigue como todos la conocemos.

La queja de aquella primera madre supongo que se debía la hecho de la muerte del padre. Comentaba que en una obra para niños, era muy fuerte que mataran al padre y lo convirtieran en jamón. Supongo que encontraba mucho mejor el mensaje de tú crece, crece que tu madre te acabará echando, gorrón. A los niños no les importó, la verdad. Ellos esperaban la aparición del lobo y el resto del cuento es paja. Y no se les vio muy afectados ni traumatizados, la verdad. Supongo que era de esa corriente de pensamiento que hay que ocultar a los niños la idea de la muerte como si los niños no supiran ya que la muerte existe.

A mí, y aquí viene la parte de profunda reflexión, me gustó esta nueva versión de la huída de los cerdos por la moraleja que encierra. ¿La del valor de trabajo? No, ni por asomo. ¿La de llévate bien con tus hermanos porque un día te pueden cerder un sofá en su casa si te persigue un psicópata asesino? Se acerca, pero no. La moraleja que yo estraje de esa obra de teatro y que espero que haya calado en subconsciente de los niños que asistieron a la representación es la siguiente:

Si una especie diferente a la tuya te alimenta y te deja que hagas lo que quieras sin pedir nada a cambio, es que seguramente te querrá comer. No te fies de especies distintas (se incluyen en esta definición ratas mutadas, extraterrestres, pollos radioactivos, mutantes atlánticos, abogados que se anuncian por televisión, etc.) porque seguramente te están engordando para comerte.


Esta nueva versión del origen de la huída de los cerditos (que a lo mejor no es nueva, pero que no conocía) también sirve como advertencia contra posibles granjas humanas. Si un grupo de humanos te llevan a vivir a una casa rural y te alimentan sin pedir nada a cambio, y no, hombre, no que esto está pagado, que come lo que quieras, si lo que nos gusta es que la gente sea feliz, pero qué delgado que estas macho, ¿quieres otro huevo frito?, ¿un poco más de puchero?, te pongo a ti el chorizo, ¿vale?, seguramente lo que querrán es engordarte y comerte. Seguro.  Esta versión de los cerditos es una advertencia sobre el posible canibalismo de hipotéticas familias excentricas que viven en el campo. Una advertencia a algo que seguramente no, pero a lo mejor puede ocurrir. Y da la solución, deja que la familia (o la persona, o el grupo social) canibal se coma a tu padre y huye al bosque con tus hermanos.

Es un gran consejo porque, total, si sobrevivís todos a los caníbales (o a la especie mutada o venida del espacio exterior o interior que todo es posible) tus padres acabarán echándote de casa de todos modos y acabarás sólo en el bosque con tus hermanos enfrentándote a un lobo.

martes, 4 de mayo de 2010

Pequeña crónica de la Fira de Titelles de Lleida de un jurado narcoléptico

Vamos, que con el título de esta entrada os chafó cualquier sorpresa y ya sabéis de lo que voy a hablar. Sí, del pasado fin de semana cuando estuve en Lleida como jurado de la XXI Fira de Titelles. Bueno, para ser más exacto desde el jueves 29 de abril a las 17:00 horas hasta el 2 de mayo a las 17:00 horas. Cuatro días de machaque continuo, de titeres, de 30 obras de teatro, de hablar, de valorar, de pasear, de comer y, sí, de dormir en algunos espectáculos. ¿Qué como fué? Pues así. Empezamos.

Obras vistas: 27. En principio tenían que ser 30 obras de teatro, pero una nefasta organización el sábado impidió que viera 3 de las obras al no tener un asiento guardado como jurado. Esto tuvo también un lado positivo y un lado negativo. Me perdí una de las obras más aburridas de toda la feria, pero me perdí dos grandes obras de teatro. Queja presentada, disculpas aceptadas y para casa.

Nivel de las obras vistas: Medio tirando a bajo. Vi muy pocas obra de las que dijera aquello de "Joder, pedazo obra que visto, hostia". Todo era de un tono muy "pst, está bien", "es mona", "no está mal". Eso sí, algunas de las que vi se anclaban a las frases: "joder qué truño", "madre de díos, que pesado es el cabrón cuando quiere", "tendrían que pegarle por presentar esto" y "no sé, me he quedado frito". Lo sorprendente es que hablando con jurados de otros festivales, tierras y países me decían que el nivel del festival era muy alto. Lo que plantea dos posibilidades: o yo no me entero, o el nivel de los otros festivales es para echarse a temblar.

Pere el Gran: Jurado como yo. Y compañero de habitación y vehículo. Gran amigo y gran concertista por las noches.

Y el jurado se quedó dormido en: Tres obras con total alevosía. Una porque era todo muy oscuro, muy denso, muy con musiquita de nanás y, claro, no pude evitar cerrar los ojos. Otras porque era un rollo, punto. Y otra porque o me dormía o me levantaba y empezaba una matanza de marionetas.

Lo que más se ha hecho: Ver teatro y comer. Comer mucho. Dos aperitivos diarios. El desayuno en el hotel (no entiendo a esos que van a un hotel y desayuna un platano y un yogur. ¡Qué hay embutido! ¡Y pan! ¡Y que entra en el precio! Hay que atiborrarse hasta que no se puede comer más y luego repetir!).

Personajes: este año no hubo muchos personajes interesante a diferencia del año pasado. Se puede destacar al italiano alto con cara de pasarlo siempre bien, la señora holandesa que iba perdida por Lleida y no sabía qué hacer o dónde ir, la respetable anciana que le daba miedo a Pere el gran, compañero de viaje. Y la pija, claro. Esa jurado que revoloteaba por allí y se suponía que tenía alguna función.

Guyi-Guyi: adorable cocodrilo protagonista de la obra homónima. Acabó siendo una de las grandes obras de este festival y se llevó por lo menos tres premios. Las actrices eran maravillosas, la historia de una sencilles ultra efectiva y la manipulación, genial. Una gran técnica, una gran interpretación y uno de los mejores momentos de toda la fira. Y premio del público a la mejor obra infantil.


Tendencias: las obras presentadas tenían unos rasgos en común que me llevó a pensar en la tendencia de esta año en el mundo del títere y la marioneta. A saber:
- El fuego: casi todo el mundo en un momento u otro encendía una antorcha, un palo o una hoguera.
- Los cigarrillos: A fumar se ha dicho. Todo el mundo con el tabaco o puro en la boca. Como se nota que la ley del tabaco está al acecho y la gente se aprovecha.
- Linternas.
- Tierra.
- Títeres feos de cojones. Pero feos. Mal hechos, con expresión de desencajada que parecían víctimas potenciales de un científico loco que ha creado mutantes degenerados exponiendo los cuerpos a las más diversas plagas venidas del espacio exterior.
- Oscuridad. La gran mayoría eran espectáculos oscuros de cojones. De aquellos que uno fija la vista en el escenario y al finalizar éste se da cuenta que se ha dejado la mitad de ella.

Pirómides: Novela de Terry Pratchett que me acabé en Lleida.

Vistas: Las que tenía del hotel. Mejor este año que el anterior.


Suerte: la de habernos perdido las dos obras más aburridas de la fira. Si es que tenemos una intuición.

Alegría: la de reencontrarnos con Roser, una payasa de coche tuneado que conocimos el año pasado y que es una de esas personas que sientes que el tiempo compartido siempre es corto. Considerada ya una amiga.

Los viajes de Tuf: Novela de George R.R. Martin que empecé en Lleida.

Fantômas probablemente: la obra que pudo ser y no fue. Una lástima.

Circo: el que nos ofreció los Escarlata Circus con su Devoris Causa en el que fue uno de los mejores espectáculos de la fira aunque no fuera de títeres (aunque saliera una hecha con col, unas zanahorias y algunos vegetales más). Pues circo, baile, calor, comida, sudor, cuchillos, violencia y diversión.

A.: a quien añoré cada minuto.

Caselles: nombre de una imponente librería de Lleida. Preciosa con sus cinco pisos y su gran fondo. Porque no tenía ni tiempo ni dinero que si no...

Poe: a parte de ser un escritor américano, daba nombre al que fue considerado el mejor espectáculo para adultos. Títeres de terror. Y daba miedo. Espectacular manipulación.


Feria de abril: Ni pisarla este año. Una lástima.

Fumar: mucho.

Beber: algo.

Dormir: poco.

La frase: "El año que viene volvemos. Ya sea como jurado, programador o marionetas."

La propina: Un hermoso vídeo de títeres. Disfrutadlo.


martes, 27 de abril de 2010

Sobre el oscuro mundillo teatral

Buenas,

las devoluciones bien, gracias. Acabamos de empezar y no sé si algún día acabaremos. Con el tema de la lluvia en Sant Jordi nos han sobrado más libros de los que esperábamos y las devoluciones serán mucho mayores. Más cajas, vamos. Hoy hemos empezado y...

pero no era de esto de lo que quería hablar. Hoy toca teatro. Por dos motivos.

UNO

En estos últimos días me he tragado más de cuarenta obras de teatro en formato DVD o formato raro de la hostia que sólo se puede ver por ordenador. ¿El motivo? Los amigos del Teatre de l'Aurora de Igualada me pidieron si podía ver esas obras y votar las que me gustaran más y que podían programar en el teatro. Estas obras se presentaron en el concurso que organiza la RED (¿qué es la RED? Pinchad aquí y os lo explican muy bien) llamado el Circuito. Vamos, que se presentan las compañías y si salen las más votadas pues tienen un número de bolos asegurado. Pero para votarlas alguien tiene que ver esas obras. Y sí, me toco a mí junto con el buen compañero de Lluis. En total nos tragamos entre los dos un centenar. Y llegamos a algunas conclusiones:

1. Ninguna obra nos entusiasmó. Algunas gustaron bastante, otras un poco, la mayoría dejaron indiferentes, algunas aburridas y otras repugnantes.
2. Hay una gran afición en que los hombres aparezcan con corpiño, zapato de tacón alto y mariposeen por el escenario.
3. Hay un abuso enorme de la proyección y los recursos multimedias. Ya basta.
4. Ver un espectáculo donde un actor se orina en escena, llena un bote con su pís, le pone un dosificador y lo esparce por la sala para acto seguido hacerse una paja y dos hombres lo entierran no es agradable. Será teatro experimental, pero es desagradable.
5. Mucha tierra. Mucha. Cantidades industriales de tierra en escena. ¿Es que nadie piensa que luego alguien tiene que limpiar el teatro?
6. La provocación por la provocación no es provocación es tontería.
7. Ver un espectáculo donde una chica aparece desnuda llena de sangre (supongo que falsa, pero con estos del experimental nunca se sabe) y empieza a chillar o algo así y a llenarse de tierra (creo) y de tinta, tampoco es agradable.
8. El espectáculo que más gustó es ese en el que los actores eran actores, el texto era un buen texto y procovaba una reacción maravillosa en el espectador.
9. Muy interesantes las propuestas de las primeras compañías. Sobre todo las chicas.
10. Ver a un actor sentado en una silla durante una hora y media soltando un rollo increíble mientras lo enfocan y desenfocan es aburrido.
11. Basta de monólogos sobre madres e hijas. En serio, todos dicen lo mismo.
12. A pesar de lo que temía, no he sufrido grandes daños mentales. Alguno hay y creo que un par no son del todo irreparables.
13. A algunos actores. Hay una cosa que se llama clases de dicción. Otra que se llama impostar. Otras que se llama utilizar la voz. En serio, funcionan. Que la obra sea pretendidamente naturalista no obliga a mascullar, hablar flojito y atropellar las sílabas. El oído del espectador lo agradece.
14. A las compañías. Las grabaciones con calidad, por favor. Cambiad de cámara. Y no os paséis con la post-producción. Que esto es teatro y no una telenovela.
15. Eso sí, de vez en cuando te encuentras con espectáculos como éste. Y con actrices como ésta.



Y sólo por eso merece la pena ver tanta obra.

DOS

Por segundo año consecutivo me voy para Lleida para ser jurado en La Fira de Titelles que se celebra en dicha ciudad. Repito lo mismo que el año pasado: soy altamente corruptible así que acepto todas las ofertas. Ya pasaré la correspondiente crónica del evento y de la fantástica e irrepetible actuación de Pere el Grande y un servidor. Si nos han vuelto a invitar es que no lo hicimos tan mal. De jueves a domingo. 30 obras de teatro. Espero que el nivel sea más alto que el anterior, que no nos encontremos obras de genios teatrales y que haya muchas risas, algunas cervezas y sobredosis de patatas bravas. Y un espectáculo como éste. El mejor del año pasado.


martes, 30 de marzo de 2010

Y para todos vosotros un regalito

Un clásico del mundo del humor y del títere.


martes, 19 de enero de 2010

Escenas de matrimonio chejovianas

El viernes fui al teatro. Si hasta el día de hoy no he dicho nada es porque no he podido. Hace apenas un par de horas me han dado el alta en la clínica de control de la ira donde he estado haciendo reposo. Ya puedo hablar de ello con calma y sin arrancarle las cejas a mordiscos a ningún celador, ni grapar la frente a la lengua de mi compañero de habitación, un simpático canibal al que tenían en tratamiendo por robo incontrolado de letras "d".

¿Y por qué una visita al teatro me ha convertido en una versión de La Masa pseudointelectual? Muy sencillo. Fui a ver una obra de Chejov.

Yo al salir del teatro después de ver una obra de Chejov.

- ¿Y no te gusta Chejov?

Al contrario, adoro a Chejov. Considero que es el cuentista más importante de la historia y que junto con Sófocles, Shakespeare, Moliere y Lope de Vega, el más importante dramaturgo. He leído todas sus obras de teatro y he imaginado un montón de veces montando La gaviota. Incluso llegué a plantearme interpretar una vez a Treplev. No es por nada que tenga en contra de Chejov. Es porque... bueno... era un montaje de dos pieza breves del autor ruso, El oso y La pedida de mano. Dos obras deliciosas y maravillosas de un humor fino, elegante, sutil. Dos breves piezas cómicas que diseccionan el alma humana, las relaciones hombre/mujer, el estamento matrimonial, las relaciones familiares, etc. Vamos, dos piezas tan maravillosas como cualquiera de los Entremeses de Cervantes.

- ¿Entonces? ¿Qué pasó?

¿Qué paso? Que un tipo que se hace llamar director de teatro profesional toma entre sus manos dos piezas de Chejov y las transforma en esto:



Al acabar la obra, salí del teatro intentando controlar la furia y hacer como hago siempre, fingir que no había pasado nada y escribir una crítica demoledora para el New Yorker. Pero recordé que no colaboraba con la revista y mi ira se desató. Grité a los cielos y empecé a romper cosas convirtiéndome en un monstruo que ansiaba destrucción. La ciudad de Igualada se paralizó.

Resultado de mi furia: dos intentos de abollar un contenedor, el programa del teatro medio roto y la dislocación de un hombro, el mío.

Al final consiguieron reducirme dos niños escoltas con sus silbatos y me internaron en una clínica hasta el día de hoy, donde descanso más calmado y donde el recuerdo de aquel montaje teatral se va diluyendo entre las películas de destape de los setenta, la serie Z de monstruos acuáticos y las lecturas de autopsias escandinavas que almaceno en mi cabeza. La gruta de donde salen mis peores pesadillas.