"¿Parecemos el tipo de individuos que entrarían en un campamento en la noche, a hurtadillas, anestesiar a alguien amputarle una pierna y llevársela?". Monty Phyton, El sentido de la vida.
La respuesta fácil al enunciado sería ¡Qué bello es vivir!, película que desde sus títulos de crédito hasta su campanillazo final me convierte en un amasijo tembloroso y balbuceante de carne llorosa que resulta entre patético y abofeteable.
¿Qué es algo cursi, moralista y conservadora? ¿Y qué? La narración de la película es fascinante, sale Donna Reed y solo con eso justifica su visionado, plagada de grandes escenas (el baile encima de la piscina y su posterior resolución en un paseo bajo la luz de la luna, la noche de bodas, la búsqueda del dinero, la escena del teléfono), sale Gloria Grahamme y también con la aparición de esta diosa del cine negro justifica el visionado, bascula con un mágico equilibrio entre la comedia y el drama en la misma escena, los actores están todos soberbios (¡joder, sale Thomas Mitchell y Lyonel Barrymore y Ward Born), es ejemplo de lo mejor del cine clásico americano, está plagada de esos detalles que solo tienen las grandes obras (el beso en la frente de un amigo a un amigo, los rayos de luna que saldrán por el pelo, el tapiz, los pétalos de Susie...), tiene el mejor ángel de todo el cine y, joder, que me gusta y punto.
Otras películas que me han hecho soltar lagrimita son;
Muchas. Incontables. De humor absurdo, elegante, verbal, físico, grueso, desagradable... me gusta la comedia en casi todas vertientes. Desde Medianoche a Porky's pasando por Jacques Tati y Ben Stiller.
Pero puestos a poner imagen, pongo las de este díptico. Algunas de mis mejores carcajadas se las lleva estas dos joyas de Edgard Wrigth, Simon Pegg y Nick Frost.
Y sí, Shaun of the dead es una de mis películas favoritas y una de las mejores que dio el principio de siglo. He dicho.
Ninguna. No me he dormido nunca viendo una película. Quizá me pasara cuando era bebé, pero no guardo memoria y, de todas maneras, no creo que pasara. Las películas me gusta, me aburren, me irritan, cabrean o emocionan, pero no me provocan somnolencia.
Con una excepción
No me gusta especialmente Stanley Kubrick y no me gusta nada 2001 aunque me interesan algunos planos. Ara, cuando el astronauta cruza el infinito... que me entra un qué se yo, un yo qué sé que me quedo dormidito y más agustito...
Finales de los ochenta. Entradas para el cine que le daban a mi padre por las fechas del santo patrón de los curtidores. Un grupo de amigos del colegio. Un montón de chavales gritanto en el extinto Cine Rosa de Igualada. Schwarzenegger en paños menores zurra a unos tipos en una sauna. Una de esas saludables películas de acción de los ochenta. Y esta en concreto dirigida por uno de esos artesanos con fotogramas de oficio que saben colocar una cámara, entienden la grandeza de un montaje con aire clásico y nos ha dejado un puñado de buenas películas de tiros, el señor Walter Hill.
Por cierto, que fue en una de sus películas donde tuve mi primer flechazo con Diane Lane, Calles de fuego, aquel mítico cómic con aire de western lleno risas, música, chica guapa, chico duro y malos con chupa de cuero.
Luego vi Cotton club y ya fue un amor para toda la vida.
7. Una película de uno de tus directores favoritos
John Ford, Alfred Hitchcock, Alexander MacKendrick, Howard Hawks, Mijail Kalatozov, Ernst Lubitch, Martin Scorsese, Marco Ferreri, Brad Bird, Billy Wilder, Vittorio de Sica, Ben Stiller, George Sidney, Florián Rey, Luis García Berlanga, Luis Buñuel, Charles Laugthon, Vicente Minelli, Akira Kurosawa, Park Chan-wook, Edgard Wright, y muchos etc. Y Paul Thomas Anderson.
Punch Drunk Love, Paul Thomas Anderson, 2002
Creo que de los directores contemporáneos, Paul Thomas Anderson es uno de los que mejor ruedan los besos. Como en Magnolia... El durísimo beso de Julianne Morre a Jason Robards al principio de la película, o, mi favorito, el beso desesperado, hermoso y salvador que se dan John C. Reily y Melora Walters en el restaurante
y que unos años después se versionó de una forma tan elegante en la divertida Megamind.
El estupendo calendario con el que este año se ha lucido la editorial Impedimenta me recuerda que hoy es el cumpleaños de Anne Brontë con el epígrafe, a la sombra de sus hermanas en flor. Y es que debe ser duro ser escritora y tener por hermanas a Charlotte y Emily.Y más cuando una practica una literatura más fría, más cerebral, más controlada y, en apariencia, menos apasionada y, seguro, menos visceral que sus hermanas.
Me gusta mucho las dos novela de Anne Brontë. Agnes Grey en su perfecta configuración del personaje de la institutriz que tan importante fue para la narrativa inglesa del siglo XIX. Me gustan las historia de personajes tan cotidianos y vidas tan anodinas. Y La inquilina de Wildfell Hall, una novela llena de sutileza psicológica que fue masacrada por la crítica del momento atacando sus valores morales. No se puede presentar de forma tan cruda la corrupción de un hombre, decían. Y eso de que la protagonista abandonara a su marido por maltrato psicológico... Alejada del romanticismo de sus hermanas, de la pasión de una y la redención de otra, Anne Brontë se apoyaba más en el realismo y en lo posible. Los pobres pocas veces dejan de serlo y los cabrones solo lo dejan de ser cuando asoman las orejas del lobo...
Y esto, además, me ha recordado que tengo el siglo XIX muy dejado en estos momentos de lectura de novela negra, ciencia ficción, fantasía, juvenil y demás ejemplos de cultura literaria popular y de género. Así que el calendario de Impedimenta me ha hecho pensar que tengo que volver a ese siglo tan querido en el aspecto literario.
***
Y siguiendo con el juego piniculero que empecé ayer, hoy toca...
2. Una película que odies
Soy muy consciente que hay otras películas que merecen, y tienen, mi odio, pero con Titánic tengo una relación especial. Fui al cine y sufrí tres horas y pico de tontería cinematográfica condensada. Algunos de mis mayores odios expuestos sin pudor en una película. El melodrama barato, la historia de chico pobre / chica rica, el abuso tecnológico, el guión endeble, personajes caricaturescos, situaciones forzadas, metraje alargado porque sí, música machacona, canción central horripilante, el pelo del DiCaprio al que me ha costado mucho perdonarle esta película, manipulación emocional, etc. Y al salir lo pagué a gritos con mi buen, pero irritable amigo Jordi que se tuvo que tragar todos los sapos que me produjo la historia de la vieja pesada y la mierda del collar y el puto barco que no se hundía ni a tiros y los dos tortolitos que no se morirán, joder...
Unos días después comentaba mis impresiones sobre la mierda de película con un grupo de conocidos. Al decir "No me ha gustado Titánic" con estas palabras y con una inusual elegancia, una de las chicas del grupo me soltó la perla "Pues si no te ha gustado Titánic tú no debes querer a tu novia, ni tener sentimientos, ni ser bueno, ni cariñoso ni nada. No me extrañaría que hasta le llegaras a pegar".
En el estupendo blog No me des pataditas en la butaca que administra Lola Alted (no comentes las películas... las frases lacónicas dejan universos de interpretaciones y lo hace muy adictivo) propone este juego. Ella lo vio en un facebook e imagino que si se sigue el camino se llegará al origen. El juego es sencillo y cinematográfico. Treinta días, treinta películas. Cada película bajo un epígrafe. No soy mucho de estos juegos de blog, pero éste me ha hecho gracia y me ha hecho pensar en las películas vistas, casi vistas y por ver. No prometo cumplir a rajatabla el tema de los treinta días consecutivos porque hay días que no querré hacerlo, no tendré tiempo o hablaré de otra cosa. Pero que antes de que acabe el año he hecho 30 días, 30 películas, seguro.
Y empezamos.
1. Tu película favorita
Va cambiando. Cuando era muy joven era el primer Indiana Jones, luego Casablanca, luego Magnolia, luego Zoolander, etc. A día de hoy y sin saber lo qué durará:
Sí, la pedazo de obra maestra de David Lead. Los amores de un tipo normal / una tipa normal. Diálogo cotidianos. Miradas fugaces y trenes que llegan y se van. La música, los recuerdos, el guión de hierro y uno de los finales más terribles de la historia del cine en su dolorosa cotidianidad. Pero de todo esto ya hablaba aquí.