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martes, 18 de febrero de 2014

jueves, 7 de junio de 2012

Ray Bradbury

Ayer se nos fue Ray Bradbury. Uno de mis autores favoritos del siglo XX. Mis imprescindibles, algunos cuentos de Las doradas manzanas del sol, otros de Crónicas marcianas y El hombre tatuado y una novela, quizá no de las más conocidas, pero que me produjo pesadillas cuando la leí y un par de semanas después vi su película. La feria de las tinieblas.


Imprudente regalo de alguien que me trajo "una novela de aventuras para niños" y me regalo una pesadilla llena de monstruos, ferias itinerantes, el demonio, oscuridad, tormentas y páginas y páginas de esa belleza de color verde con las que llenaba sus páginas Bradbury.

Esté donde esté, que siga escribiendo. Sin él ni la literatura del siglo XX, ni la ficción cinematográfico y televisiva hubieran sido las mismas. Con seguridad, serían peores.


domingo, 6 de diciembre de 2009

Lecturas imprudentes - El divino marqués

Con catorce años mis padres me compraron una colección de libros entre los que encontré Justine o los infortunios de la virtud, de El marqués de Sade. Le comenté a un conocido que sentía una enorme curiosidad por leerlo. Su respuesta fue:

- No lo hagas. Con la edad que tienes aún conservas una inocencia respecto al sexo que seguramente el marqués te arrebataría para siempre.

Naturalmente, después de aquellas palabras me abalancé sobre el libro y lo devoré en tres febriles noches. Y entre pulsiones, malas caras, desagrado e incredulidad, me sorprendí a mí mismo lanzando más de una carcajada por las desventuras de esa tontolaba de Justine.

¿Si destruyó algo de mi inocencia respecto al sexo? Bueno, me dio cierta flexibilidad, cierto humor y cierta teoría, pero a la hora de la verdad fui tan inocente y torpe como todos. Quiero decir que con los pantalones bajados por primera vez ante una mujer, a uno se le olvida toda la literatura leída.

viernes, 7 de agosto de 2009

Aquellas añoradas lecturas imprudentes...

... que formaron mi infancia.

Valentina, de Guido Crepax
Gracias a un primo que dejaba sus tebeos tirados por el suelo.