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domingo, 21 de enero de 2018

En una librería, momia argentinas...

Hace un par de días murió Dorothy Malone.
Y con ella murió parte de mi educación cinéfila. Una de esas presencias que definen como espectador y como persona. Porque fue una de esas imágenes que junto con Ava Gadner en La condesa descalza, Debra Paget en La tumba india o Eleanor Parker en Scaramouche convirtieron el visionado de una película en algo más que vivir aventuras y pasar un buen rato. Algo más turbador, oscuro y excitante.


Lo que hizo en El sueño eterno fue magia. Pilla un personaje anódino y muy secundario, una comparsa para engrandecer la figura de rompebragas de Marlowe, y con un par de miradas, un juego de lengua y puro físico, hace uno de los mejores personajes secundarios de la historia del cine, devora a Bogart y me propinó una de las mayores bofetadas. Esto es bueno, pensé de pequeño, esto es lo que quiero encontrarme en una librería.

La mejor y más perturbadora librera de la historia del cine.
Sigo buscando la Acme Book Store.

martes, 10 de diciembre de 2013

Eleanor Parker

Hoy el blog está de luto. Ayer murió Eleanor Parker, una de nuestras actrices favoritas y que protagonizó un buen puñado de películas con las que disfrutamos.


Desde la maravillosa Scaramouche hasta Con él llegó el escándalo (pero, claro, en esta salía acompañada de Robert Mitchum por lo que era buena seguro), desde la simpatía desbordante de Un millonarío para Christie a ese folletín melodramático y calenturiento de Cuando ruge la marabunta que convirtió una plaga de hormigas en metáfora de otros ardores no resueltos. El dramatismo de Sin remisión, la pura aventura imposible de El valle de los reyes, la baronesa de Sonrisas y lágrimas (personaje que consiguió que deseara que los nazis pillaran a la monja y a los niños y el prota se quedara con ésta para viajar por el mundo) o el patetismo de El hombre del brazo de oro.

Y por mucho que estas sucesos no sean inesperados, dejan un poso de tristeza ya que es una figura que ha acompañado en los viajes cinematográficos y que junto con otras muchas es responsable de la forma que tengo de disfrutar el cine, la vida, el universo y todo lo demás. Eleanor Parker me enseño que las pelirrojas son estupendas y que siempre son mucho mejores y más divertidas las pecadoras. Ah, y que un piano usado siempre suena mucho mejor.

Ahora tocará darse un homenaje un día de estos con Brigada 21.

jueves, 7 de junio de 2012

Ray Bradbury

Ayer se nos fue Ray Bradbury. Uno de mis autores favoritos del siglo XX. Mis imprescindibles, algunos cuentos de Las doradas manzanas del sol, otros de Crónicas marcianas y El hombre tatuado y una novela, quizá no de las más conocidas, pero que me produjo pesadillas cuando la leí y un par de semanas después vi su película. La feria de las tinieblas.


Imprudente regalo de alguien que me trajo "una novela de aventuras para niños" y me regalo una pesadilla llena de monstruos, ferias itinerantes, el demonio, oscuridad, tormentas y páginas y páginas de esa belleza de color verde con las que llenaba sus páginas Bradbury.

Esté donde esté, que siga escribiendo. Sin él ni la literatura del siglo XX, ni la ficción cinematográfico y televisiva hubieran sido las mismas. Con seguridad, serían peores.


jueves, 24 de marzo de 2011

Elizabeth Taylor


Para mí siempre fue la gata. 

Y viéndola en salto de cama, nunca podré entender las dudas de Brick. Pero, claro, si duda no hay obra de teatro. Si no hay obra de teatro, no hay película. Y si no hay película no hay Elizabeth Taylor ni calor ni whiski ni monstruos cuellicortos ni más calor ni cojines que vuelan.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Blake Edwards

Hace unos días murió Blake Edwards, director, guionista, productor y en sus jóvenes inicios actor de cine.



Concretamente el pasado 16 de diciembre. No fue uno de mis directores favoritos, pero sí que fue uno de los que me proporcionaron alguno de mis fragmentos favoritos y uno que más risas me ha proporcionado al recordar sus películas con un amigo. No he visto mucha repercusión mediática por su desaparición (a excepción de los blogs de cine que se resienten y lo sienten), y la que he visto me ha dado la impresión de que resumían la carrera de Edwards en una película: Desayuno con diamantes (Breakfast in Tiffany's, 1961) y, pese a lo que me gusta esa historia de amor de una prostituta y un gigoló, creo que no es definitoria de su obra. Porque para mí y ante todo Blake Edwards fue un director de comedia (aunque hiciera western, melodrama, cine negro, etc.) y es el creador de alguno de los mejores gags cómicos de la historia del cine gracias a su complicidad con aquel genio que era Peter Sellers.

El guateque (The party, 1968)

Esta escena es perfecta. Tiene el tempo justo, la duración precisa, los movimientos necesarios. Y, sobre todo, la seriedad imprescindible para que la comedia funcione. Articula a la perfección los mecanismos de indentificación y vergüenza ajena. Como en 10 y ese momento en que Dudley Moore mientras espera que un semáforo se ponga verde pita con la bocina de su coche a dos muchachas bastante más jóvenes que pasean por la calle. Ellas se detienen y miran al Moore mientras él baja la vista y el semáforo no se pone en verde. Vergüenza y retrato de la crisis de los cuarenta que tantas veces retrató en sus películas (siempre acompañads de alcohol y sexo, dos de los grandes temas de la filmografía de Edwards).

Otro recurso era la anticipación al desastre. Esa sensación que tiene el espectador de que lo que está haciendo el personaje, saldrá mal. Cualquier escena de Closeau, la abuela con la bandeja de café en 10 que lenta y agónicamente cruza la estancia, el zapato sucio de barro de Hrundi V. Bakshi.

Su comedia bebe de las fuentes clásicas del splastick (sobre todo de Laurel y Hardy), del clown, del cine mudo, de las antiguas farsas sexuales,de un enorme respeto por el género (pese a que la saga de la pantera rosa acabara convirtiéndose en una forma fácil de ganar dinero), de la pela del platano y la batalla de tartas.

Preciosa.

Y todo esto sin olvidar a Henry Mancini que junto a Peter Sellers, Julie Andrews y Jack Lemmon era su gran complice. El compositor del tema de La pantera rosa, del Moon River, de la genial fanfarria de la La gran carrera y de su aún más genial canción en el saloon, el desgarrador tema para Días de vino y rosas, las canciones de Victor/Victoria. Y sé que para seguir la tradición tendría que poner un vídeo del Moon River, pero estaréis conmigo que la languidez, la belleza, la elegancia y el sentimiento de esa canción no casan con este vuestro humilde blog. Que entre mis páginas pega más Leslie Ann Warren y su maravilloso himno no oficial a Chicago, Illinois; una canción que es la quintaesencia de la vulgaridad, la idea platónica de la estridencia y sí, me la sé de memoria.

Chicago, Illinois
Letra: Blake Edwards, Música: Henry Mancini


Se ha ido un director de comedia y, como siempre que eso pasa, este blog se duele. Nos deja sus películas, sus gags y un puñado de grandes personajes para la historia: El profesor Fate, el inspector Jacques Closeau, Hrundi V. Bakshi, el camarero borracho de El guateque y el muerto en la playa de SOB.

Y, como final, un clásico. Y sí, por lo menos una vez antes de morir quiero participar en una de éstas:

lunes, 29 de noviembre de 2010

Leslie Nielsen

La intención de la entrada de hoy era hacer un análisis concienzudo y crítico de las elecciones al Parlament de Catalunya. Iba a empezar con una cita de Chesterton, un sesudo análisis sobre la obra política de Séneca y su comparación con el llamado "oasis catalán", una mordaz crítica a ese discurso de "yo no me he equivocado, sino que el pueblo es tonto que no me ha entendido" que utilizan algunos políticos, un análisis crítico e irónico sobre el aumento de votos de la derecha y una profunda reflexión sobre la abstención que ya me estaba haciendo ganar el Premio Pulitzer sin haberme presentado ni ná. Pero esta mañana revisando mis blogs habituales y de lectura obligada me he encontrado con una noticia que empaña las elecciones catalanas, los concursos de Miss Camiseta Mojada Descamisada y la aparición de un quinto pezón con el perfil de Bing Crosby que me ha salido en la espalda.

Leslie Nielsen ha muerto.


Y como siempre pasa cuando muere un comediante, el mundo es un poco menos mundo. Da igual si te hacia más o menos gracia, lo importante es que era una persona que decidió en un momento de su vida consagrarse a hacer reír a los demás. A mí personalmente, a veces lo consiguió, otras no. Naturalmente, me quedo con los momentos de la risa: la trilogía de Agarralo como puedas (Naked Gun Trilogy) y, sobre todo, su aparición estelar y magistral en esa rotunda e incuestionable obra maestra que es Aterriza como puedas, una de las películas más divertidas de toda la historia junto con Sopa de ganso, Zoolander y Con faldas y a lo loco (entre otras, claro).


Pero no hay que olvidar que Leslie Nielsen no solo era un buen comediante, sino que además participó en los inicios de su carrera en una de las películas fundamentales de la ciencia ficción de aquella gloriosa década que fueron los cincuenta, Planeta Prohibido (Forbidden Planet, Fred M. Wilcox, 1956), una deliciosa obra maestra de robots y viajes y ciencia y una de las mejores adaptaciones que se han hecho a la gran pantalla del universo de Shakespeare. Planeta prohibido no deja de ser la mejor adaptación que se ha hecho de La tempestad superando de largo el coñazo aquel que hizo Peter Grennaway en 1991.


Aunque es normal que no se recuerde la participación de Leslie Nielsen en esta película porque su papel queda ensombrecido por dos elementos ya míticos para cualquier aficionado a la ciencia ficción americana de los cincuenta: Robbie el robot y las infinitamente cortas faldas (y, por ende, las omnipresentes piernas) que llevaba Ann Francis.


Paro hoy lo que toca es un sencillo homenaje al capitán de aquella expedición espacial y no mis obsesiones por los robots y las piernas. Así que para honrar a un comediante, nada mejor que darse un baño de youtube y reírse un buen rato a la espera del fin de semana y la visita a un aeropuerto.


- Hay que llevar a esa mujer a un hospital.
- ¿Un hospital? ¿Qué es doctor?
- Un edificio lleno de enfermos y, a veces, no hay camas. 

Seguramente una de las mejores frases de Aterriza como puedas.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Luis García Berlanga

Al no leer periódicos, ni tener tele, ni escuchar la radio me pierdo muchas de las cosas que suceden por el mundo (entre ellas las elecciones cosa que agradezco no poco porque las mínimas noticias que me llegan es para ponerme los pelos por escarpias y ratificar esa opción desangelada, esceptica y crítica que tengo por la política), pero también tiene la contrapartida de llegar tarde a según que noticias. Entre ellas que hace algo más de una semana murió Luis García Berlanga. Y me jode que el que para mí es el mejor director de cine español y uno de los mejores directores de cine del mundo mundial se haya ido. Y más cuando puedo decir y digo que tuve el inmenso placer de chocarme en plena rambla de Barcelona con el maestro. Sí, sí, como oís.

Hace mucho años iba con mi amiga Montse ha tomarnos unos goffres en vez de tomar apuntes de alguna asignatura a un local que estaba en la Rambla. Al tomar la esquina de la calle Tallers e imbuido en mi propia y fascinante conversación, no me fijé y me di de cuerpo con otro cuerpo que tomaba a su vez la esquina de la calle Tallers, pero en dirección contraria. Joder, pensé. Hostas, pensá también. ¿Quién coño? Y alcé la mirada y lo vi. Con una gorra a cuadros y una gabardina. Me miró, pidió disculpas y siguió su camino. Me quedé sin habla. Montse me miró extrañada por mi subito silencio.

- ¿Y a ti que coño te pasa ahora?
- Era Berlanga.
- ¿Y?
- Ha sido como si dios se chocara conmigo.
- Anda, tira.

Y aquí se acaba la historia. Sé que como anécdota a lo mejor no es muy buena, pero es una de esas cosas que se recuerdan.


sábado, 15 de mayo de 2010

Se fue el Ozores

Siempre que se muere un cómico, el mundo se queda un poco más solo y es menos agradable. Los cómicos, los actores de comedia, los payasos, los caricatos y toda esa ralea que hasta hace poco no se les enterraba en terreno sagrado, no se les permitía entrar en las ciudades ni acercarse a las muchachas solteras y casaderas, son uno de los seres más valiosos y que mejor debemos cuidar de toda la creación. Porque se ríen de ellos, porque se ríen de nosotros y consiguen que nosotros nos ríamos de nosotros.

¿Y por qué todo esto? Bueno, porque esta semana se ha ido uno de esos cómicos.

Antonio Ozores (Valencia, 24 de agosto de 1928 - Madrid, 12 de mayo de 2010).
Actor, escritor, dramaturgo, director, dibujante, diseñador y por encima de todo cómico.

Se habla de cerca de 160 películas, unas 200 obras de teatro entre las protagonizadas, escritas y/o dirigidas y no sé cuanta televisión y algunas novelas y etc. Un hombre que hizo gran parte del más vilipendiado cine español basado en la sal gruesa y en los felpudos femeninos. Que realizo algunas composiciones divertídisimas, que era un zorro astuto; uno de esos actores secundarios especializados en robar plano a los protagonistas. No me gustó todo lo que hizo. No creo, tampoco, que todo lo que hiciera fuera bueno. Pero le reconozco el valor a una persona que decidió que su vida sólo estaría consagrada a una única cosa: hacer reír.

Y para hacer eso hay que echarle huevos.

Porque se paga un precio: no ser tomado en serio por parte de los listos, las mentes pensantes y gafapastosos varios. Quien se dedica al humor y solo al humor, lo tiene muy crudo para ser reconocido. A no ser que haga un drama. Entonces se le reconoce como gran actor. Es la gran injusticia del mundo de la actuación. Para ser reconocido sólo se tienen dos opciones:

1. Que te reconozcan en vida un grupo de surrealistas (como le paso a Chaplin, Keaton o Lloyd).
2. Que se descuelge el cómico un día con un potente drama olvidando el tópico cierto de que la comedia es el género más difícil de todos. El más complicado, el más arriesgado, pero el más agradecido a la postre.

Así que aquí va mi homenaje a Antonio Ozores, cómico popular, con una escena de la película Yo hice a Roque III (Mariano Ozores, 1980) y que para mí es uno de los mejores diálogos que se han escrito en el cine español. Un ejemplo perfecto de lo que se llama cine del absurdo o diálogo para besugos.


martes, 12 de enero de 2010

Se fue Rohmer, 1920-2010

Esta mañana he salido como de costumbre a las doce de la librería para irme a tomar un cortado de urgencia ya que es la hora crítica en que empiezo a marearme, me entra un ataque de sueño y la única forma de evitarlo es el aire en la cara y una dosis de cafeína. Por casualidad he ojeado el periódico y me he encontrado con la noticia de la muerte de Eric Rohmer, director de cine.


No puedo decir que haya sido una sorpresa porque conocía su muy avanzada edad, pero me he sentido un poco triste por lo que supuso su cine en mi educación cinéfila ya que fue el primer acercamiento que tuve al cine francés.

(-Mentiroso.
- ¿Qué quieres decir?
- Que mientes para dártelas de interesante.
- No es mentira.
- Tu primer acercamiento al cine frances no fue Eirc Rohmer ni ninguno de la Nouvelle Vague. Ya sabemos todos quién fue el primer actor francés que te conquistó.
-¿Jean Marais?
- Por favor... Confiésalo.
- Ok. Louis de Funes. ¿Y qué pasa?
- Nada, era divertido.
- Muy divertido.
- Pero fue el que te descubrió que en Francia también hacían cine.
- Es verdad.
- Eso es lo que quería oir. Sigue tu historia.
- Con tu permiso.)

Fue una noche de mis postadolescencia en que me quedé hasta muy tarde viendo la tela y en La2 empezó una película llamada Cuento de primavera en la que aparecían hermosas muchachas (algo que después descubrí que siempre estaba en el cine de Rohmer) y muchas, muchas, muchas palabras. En noches sucesivas hicieron dos estaciones más, El rayo verde, La coleccionista y Pauline en la playa. Fui al cine a ver Cuento de verano y Les Rendez-vous de Paris. Lei sobre Rohmer y repetí el visionado de alguna de sus películas. Luego, le perdí la pista. Empecé con los juegos de Jacques Rivette y la socarronería de Chabrol.

No sé por qué no seguí con el cine de Rohmer. Me gustaba. No, me gusta. Me gusta la desorientación de sus personajes, el erotismo, sus saludables cuentos morales, su respto al personaje, las playas, la naturalidad de los gestos y la mirada, la falsa apariencia de espontaneidad de la cámara, tantas palabras a las que cuesta seguir el ritmo. Y Amanda Langlet, claro; una de esas muchachas que deseas tener como amiga que se acaba conviertiendo en algo más.


Así que otro director de cine nos ha dejado. Como siempre nos quedan sus películas, los ensayos, las entrevistas y las entradas superficiales que se pueden encontrar en los blogs (sirva éste de ejemplo). Os dejo con una escena de Cuento de verano. No es de sus mejores películas, no es una escena especialmente resaltable, pero tiene un binomio al que no me puedo resistir: chica guapa + canción marinera.


jueves, 25 de diciembre de 2008

El día después de nochebuena

¿Qué como fue la cena de anoche? Bien, supongo. Dentro de lo esperable. Invitados a última hora. Mis padres hicieron demasiada comida y toda estaba buena. Hice llorar dos veces a mi sobrino Joel. Que se vaya acostumbrando, soy muy burro. Y que solo tenga cuatro meses no me sirve de excusa. Me aburrí como una ostra. Lo siento, no soy ni muy navideño ni muy familiar. Además, a la familia que quiero la veo todo el año y ya estoy con ella... a la que no veo, bueno, será por algo, ¿no?


Lo que he hecho hoy:

1. Levantarme tarde

2. Comer poco (me he levantado empachado... y lo más patético de todo es que anoche prácticamente no comí. En días de fiesta vigilo mucho con los excesos, pero definitivamente no puedo comer huevos por la noche... ni aunque sea en la presencia simbólica de un par de trocitos de tortilla... si ni siquiera comí postre, tomé vino o café...)

3. Volver a mirar los regalos que recibí anoche. Por cierto, los regalos no los trajo ningún gordo vestido de rojo sino el tió. ¿Quién es el tió?, preguntaréis algunos. Es una tradición muy arraigada en Catalunya que consiste en adoptar a un tronco el día de la inmaculada concepción (el ocho de diciembre) y se le empieza a alimentar y a tapar con una mantita para que no pase frío hasta el día de Navidad. Los encargados de esto son los niños de la familia. Durante ese tiempo, el tió se convierte en uno más de la familia. Se le quiere, se le cuida y respeta. Hasta que llega la víspera o el día de Navidad y ese día, ese día de amor y concordia, ese día se reúne la familia alrededor del tió y se le hincha a hostias con un palo para que cague regalos. Como lo oís. A hostia pura con un palo se esloma a esa critaura mágica que hasta hacia tan poco había convivido en paz con nosotros. Es un ejercicio de violencia gratuita y de extremo sadismo que da sus frutos.


Que en mi caso fueron unos calzoncillos de Batman... sí... y no precisamente discretos sino que llevan la palabrita escrita en todo el culamen y el rostro de Bruce Wayne con la máscara en el paquete... "Siempre te ha gustado Batman", dicen. A ver, que tenga dos cómics de Batman no me convierte en su fan número uno... si ni siquiera El caballero oscuro está en mis favoritas del año. No, no habrá fotos de como me quedan. Y el álbum ilustrado de Rebecca Drautemer Enamorados que no lo tenía gracias a la manía que tengo de regalar mis libros.

4. Leer un rato La misteriosa sociedad Benedict, una muy agradable novela juvenil de aventuras que recupera un poco el espíritu de Roald Dalh con sus horribles adultos y sus aguerridos niños huérfanos o huídos. Para acabar el año, novela de aventura. Y para comenzarlo, también. Tengo la sensación que voy a entrar en una etapa de lecturas donde va a dominar la aventura, la maravilla y el entretenimiento. Cada vez tengo menos ganas de pasarlo mal con el arte. De leer historias duras, tristes y deprimentes. Ya tengo bastante con la realidad.


5. Dormir un rato. Es increíble como me ha dejado de destrozado los últimos días en la librería. Y no ha habido las aglomeraciones de los últimos años (la crisis se nota, la crisis se nota) aunque ha habido mucha gente y personas que se dejan en un golpe de tarjeta cerca de trescientos euros en libros. A ver, que no es una crítica. Que me parece muy correcto que se gasten estas cantidades en la tienda, pero, claro, es que un libro siempre es un detalle de más. Y luego vendrán los días fuertes de regalos que es Reyes...

6. Empezar a picotear los restos de dulce de anoche. Turrones de chocolate, trozos de coca, polvorones, trufas. Me he levantado con mucha hambre. Pero canina. Estoy nervioso por algo que no logro identificar.

7. Sentarme delante del ordenador con ganas de escribir en el blog, pero sin muchas cosas que decir. Así que me permitiré divagar.

Posdata escrita más tarde

Me acabo de enterar de la muerte de Harold Pinter, uno de los grandes del teatro de este siglo. Político, comprometido, activista, impertinente, siempre al lado del desfavorecido y desenmascarando las trampas de los poderosos y los políticos. Denunció guerras injustas y abusos. Autor de un teatro difícil y minoritario donde algo pequeño e insignificante desencadena la mayor de las tragedias. Y, en ocasiones, el espectador desconoce cuál ha sido el detonante. Críptico, abusurdo, difícil y estimulante.

Harold Pinter, dramaturgo.
Londres, 1930 - 2008

La amo. La amo con toda el alma. Creo que es la mujer más maravillosa. La vi sólo una vez. Se dio la vuelta y sonrió. Me miró y sonrió. Después paró un taxi de la fila. Le dio instrucciones al conductor, abrió la puerta, entró, cerró la puerta, me echó una última mirada a través de la ventanilla y luego el taxi arrancó y nunca más la vi de nuevo.
Harold Pinter, fragmento de Chicas

martes, 23 de diciembre de 2008

Sobre directores de cine y ruiseñores



Que este vídeo protagonizado por la maravillosa Zooey Deschanel sirva como extraño homenaje a Robert Mulligan, director de cine, fallecido hace unos días tras una larga enfermedad. Siempre se le recordará por dos pequeñas joyas del cine americano, Verano del 42 (Summer of '42, 1971) y, sobre todo, Matar a un ruiseñor (To kill a Mockingbird, 1962); una de las películas más bonitas de toda la historia del cine con un enorme Gregory Peck que nos demostró dos cosas:

1. Lo increíblemente difícil que es interpretar a un persona normal.
2. Atticus Finch es el padre perfecto.

Y la película tiene, además, una de las mejores bandas sonoras de toda la historia gracias a ese mago que era Elmer Bernstein.



"Cuando nos dió nuestros rifles de aire, Atticus no nos enseñó a disparar. Fue el tío Jack quien nos instruyó en sus principios, dijo que Atticus no estaba interesado en armas.
Atticus le dijo a Jem un día:
-Prefiero que disparen a las latas vacías en el patio trasero, pero se que ustedes van tras los pájaros. Dispara a todos los pájaros azules que quieras, si es que les puedes acertar, pero recuerda que es un pecado matar un ruiseñor.
Ese fue el único momento que escuché a Atticus decir que era un pecado hacer algo, y le pregunté a la señorita Maudie al respecto.
-Tu padre tiene razón-, me dijo ella. Los ruiseñores no hacen otra cosa que crear música para que la disfrutemos. No se comen los jardines de la gente, no hacen nidos en los graneros, no hacen otra cosa que cantar su corazón para nosotros. Es por eso que es un pecado matar a un ruiseñor."
(Harper Lee, Matar a un ruiseñor, 1960)

Robert Mulligan, director de cine.
Nueva York, 23 de agosto de 1925 - Lyme, Connecticut, 20 de diciembre de 2008

domingo, 28 de septiembre de 2008

Requiescat in pace - Paul Newman

Ayer por la tarde, mientras me tomaba el consabido café con leche antes de entrar a trabajar, recibí un mensaje en el móvil donde Jordi me notificaba la muerte de Paul Newman. Me dejó triste. Se había ido una de esas figuras cinematográficas que, como en su momento Jack Lemmon o Deborah Kerr, parecían eternas.

No fue uno de mis actores favoritos, lo confieso, y hubo momentos de su carrera que me cabreó o me puso directamente en su contra; su manía de hacer de rompechochos con setenta y cinco años o la sola existencia de Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, George Roy Hill, 1969). Pero me ha dejado algunos momentos impagables que forman parte de mi crecimiento personal y cinematográfico (que en mi caso, van unidos).

Mi primer recuerdo de él es El largo y cálido verano (The long, hot summer, Martin Ritt, 1958), película que vi de chiquito porque salía Orson Welles y que supuso mi primer contacto con el universo de William Faulkner. Aún recuerdo a mi madre diciendo cada vez que aparecia Paul Newman sudado, "qué guapo que es".

El sexo reprimido, el desprecio, los rencores y el calor asfixiante de La gata sobre el tejado de zinc (Cat in a hit tin Roof, Richard Brooks, 1962); película de ciencia ficción porque ningún hombre podría resistirse a una bellísima Elisabeth Taylor en ropa interior.

Y la que para mí es su mejor película y su mejor interpretación, El buscavidas (The Hustler, Robert Rossen, 1961) donde era sencillamente un perdedor, un don nadie aspirando a cuatro dólares y a la siguiente partida de billar. Melodrama contenido, cine negro, ambientes asfixiantes, mucho humo de sudor y cigarrillos, el tapete verde de las mesas, las bolas, los tacos, la inquietante presencia de George C. Scott y una escenas de amor y desengaño con Piper Laurie que me hacen saltar las lágrimas cada vez que las veo. Una de mis películas favoritas que revisaré seguramente esta noche como último homenaje.

Paul Newman (1925-2008)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Requiescat in pace - David Foster Wallace

Hoy he recibido un mazazo emocional; el escritor David Foster Wallace ha muerto. Se ha ahorcado. No puedo añadir mucho más al hecho de que era uno de mis escritores favoritos, un autor difícil, complicado, exigente, duro. Leer La broma infinita fue una de las experiencias más devastadoras, extenuantes y gratificantes de mi vida. He adaptado e interpretado en teatro alguno de sus cuentos. He leído y releído una y otra vez sus historias maravillado ante el lenguaje, la imagen y la fuerza. Me reía con su humor negro, irónico, cruel en ocasiones. Moralista sin doctrina, posmoderno con sentido del humor y de la autoparodia, exprimidor de todas las posibilidades del lenguaje. Era el mejor de su generación y sin un escritor como él, sin concesiones ni a la industria ni al lector, la literatura pierde algo indefinible y valioso.

Os recomiendo que os lancéis a su libro de relatos La niña del pelo raro y a la colección de artículos Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer ambos publicados por Mondadori. Encontraréis alta literatura, historias duras y grandes carcajadas.

David Foster Wallace (1962-2008)

Os dejo uno de sus microrelatos.

HISTORIA RADICALMENTE CONCENTRADA DE LA ERA POSTINDUSTRIAL

Cuando fueron presentados, él hizo un comentario ingenioso porque quería caer bien. Ella soltó una risotada estrepitosa porque quería caer bien. Luego los dos cogieron sus coches y se fuero solos a sus casas, mirando fijamente la carretera, con la misma mueca en la cara.

Al hombre que los había presentado no le caía demasiado bien ninguno de los dos, pero fingía que sí porque le preocupaba mucho tener buenas relaciones con todo el mundo. Después de todo, nunca se sabe, ¿verdad que no? ¿Verdad? ¿Verdad?