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jueves, 19 de septiembre de 2013

Resumiendo la Odisea. Segunda clase

- Buenos días, alumnos.
- Buenos días, señor profesor.
- Después de más de tres años perdidos en una dimensión plagada de monstruos y batidos de banana caníbales porque alguien no supo estarse quieto y no juguetear con portales que no son suyor... y no miro a nadie...
- ¿Y yo qué sabía?
- ... continuamos con nuestra clase resumiendo la Odisea para que tengáis las herramientas necesarias para hablar de ella sin necesidad de haberla leído.
- ¡Bieeeeeen!
- El profe sigue igual de guapo.
- Diría que se ha engordado.
- Sí, pero de un modo sexi.
- Apetecibles lorzas sensuales en las que untar mayonesa y frijoles para jugar al arbitro y la doctora.
- Uuuuuuuh.
- De acuerdo. Abrid el libro por la página cuarenta y seis y dibujad un pene en la frente de Shakespeare. ¿A qué queda gracioso?
- Sí.
- ¡Qué bueno!
- ¡Shakespolla!
- Pues ahora cerradlo y pinchad sobre el enlace para recordar la clase anterior.

- Mialos que guapos los novios.
- Sí, sí, sniff, sniff.
- ¿Y quiénes son?
- Ni puta idea.
- ¿Ya está?
- ¡¡¡¡Sí!!!!
- ¿Os ha quedado claro todo hasta ahora?
- Sí.
- ¿El qué?
- Que Homero estaba como un puto dios.
- Exacto. Continuamos. Antecedentes de la Odisea. El juicio de Paris.
- Como la ciudad.
- Pero sin acento.
- ¡Qué listo!
- ¡Cómo habla!
- Pos enresulta que en Grecia, ese lugar sobrevalorado e innecesario para la historia de la humanidad así en general, había muchos dioses. Pero muchos. No se sabía muy bien de dónde venían. Unos dicen que eran viajeros del futuro con habilidades mejoradas genéticamente. Otros que sencillamente eran unos jetas que se aprovechaban de que los griegos en general fueran tontos. Sea como sea, eran los putos amos.
- Profe...
- ¿Sí, niño con cara de rata?
- ¿Cómo Los sopranos?
- No digas gilipolleces. Son dioses, no una serie de la HBO con guiones de hierro, brutales intepretaciones y una complejidad moral heredera de Dostoievski. Eran dioses. Inútiles que solo follaban, castigaban o mataban.
- Vale, vale...
- Pues eso, que como todos los dioses se aburrían y se dedicaban a meterse en absurdas discusiones. Una de las más famosas es la que implicó a tres diosas: Atenea, Hera y Afrodita.


 y a un príncipe que hacía honor a todos los príncipes, Paris.
- Como la ciudad.
- Pero sin acento. Y como vuelvas a hacer el chiste te comes tus piernas.


- Pues todo empezó en la boda de Peleo y Tetis...
- Ji, ji, ji. Tetis ha dicho...
- ... a las que se invitó a un montón de gente y todos borrachos y tal. A los dioses también. A la única que no se invito fue a Eris, diosa de la discordia a la que gustaba malmeter e ir diciendo eso de tas enterao de lo que dicen de ti, pues anda que esa va fresca, mira yo no sé nada, pero yo que tú...
- Qué mal rollo.
- Mucho. Eris era malrrollera de naturaleza. De ir mirando por las ventanas, escuchar lo que dicen en la peluquería y comentar en la cola del pan. Pues a la boda no la invitaron y se dijo, pues vais a ver tos vosotros, dioses de mierda.
- Profe, profe, profe.
- Dime, espectacular pelirroja*.


- Que digo yo que esos Peleo y Tetis muy listos no son.
- Justifica tu respuesta.
- Que puestos a no invitar a alguien, pues no invita al dios del perdón, al dios de los pues no pasa nada o al de a mí me da igual. Digo yo que mejor invita a los que te pueden joder.
- Claro. Porque siempre pasa igual. En otra historia unos reyes invitan a todas las hadas que conocen, menos a la que si no invitan se va a resentir y putear. ¿Y eso qué nos enseña?
- Que dioses y reyes son idiotas.
- Muy bien. Hoy tendréis treinta segundos más de patio.
- ¡¡¡Bien!!! El profe es cojonudo.
- Y tan guapo.
- Bueno, pues que estaban todos en la boda que se besen, que se besen, y bebiendo, y los niños correteando y la abuela bailando encima de la mesa con las enaguas al aire y todos diciendo qué guapa la novia y tal, cuando aparece Eris y dice pues sus voy a joder la fiesta. ¿Y qué creéis que hace? Venga, braaaaaaaainstorming.
- Le quema el vestido a la novia.
- Se mea en el ponche.
- Contrata a una tuna para que cante durante tres horas.
- Tira el pastel al suelo.
- Mata a la abuela a golpes y luego obliga a la novia a comérsela mientras el novio sodomiza a un caribú.
- Grandes ideas, pero no. Lo que hace es ir a la mesa donde estaban los dioses y les lanza...
- Una bomba.
- Una cagada de cabra.
- Una cabeza humana.
- No, alumnos. Una manzana de oro.
-...
-...
- Pues vaya mierda. Eso no sangra ni nada.
- Los dioses se la quedan mirando mientras murmuran qué coño hace esta. Entonces Eris se los queda mirando y dice, la manzana es una regalo. Para quién, preguntan los dioses. Bueno, lo preguntan todos menos Baco que estaba ya como una cuba y dormía entre sus orines en el suelo. ¿Para quién?, dice Eris en plan interesante. Pues la manzana será pa la diosa más guapa. Y se larga.
- Menuda chorrada.
- Chorrada, sí. Pero efectiva. Recordemos que los dioses son idiotas. Así que se ponen y quién es la más guapa de las diosas.
- ¿Y a quién importa?
- A nadie, pero los dioses se interesan por temas intrascendentes. Háblales de agricultura o de curar enfermedades y la la la la, aquí no estamos. Pero diles que participen en un concurso de belleza, y todos a hostias.
- ¿Y al final quién es la más guapa?
- No se pusieron de acuerdo y tras mucho discutir y pelear quedaron tres finalistas. Atenea, Hera y Afrodita. Y estas tres se pusieron delante de Zeus y le dijeron, venga elige la más guapa.
- ¡Qué marrón!
- Pero Zeus mostró inteligencia y dijo que él las encontraba guapas por igual.
- Cobarde.
- Prudente. Piensa que se enfrentaban su hija, esposa y tía rara.
- Mejor no ponerse por medio.
- Imagina lo que serían las cenas de navidad. Así que Zeus decidió pasarle el marrón a otro. ¿A quién? A un príncipe que para matar el tiempo y dilapidar la fortuna familiar jugaba a ser pastor. Paris, hijo de Príamo rey de Troya. Así que Zeus dijo, Hermes te buscas a Paris y que se venga. Y así lo hizo y Paris se presentó y tras una larga deliberación eligió a la más guapa.
- ¿Quién?
- Eso en la próxima clase. Ahora, ensayo en el gimnasio del musical de fin de curso.
- Oooooooooo
- Sus calláis y a mover el culo.


*¿Mejor, Jordi?

domingo, 2 de junio de 2013

De por qué no he ido este fin de semana de colonias

Este fin de semana estoy solo en casa con los gatos. Pizza, una vieja película de Paul Muni y un par de capítulos de la serie de los Monty Phyton. Levantarse demasiado temprano y a escribir un rato. Absoluto silencio solo roto por los ocasionales maullidos de Zarpa preguntando si ya es hora de comer. Todo un fin de semana con la casa desordenada para mí solo. Este mediodía me espera algo para comer (aún no me he decidido) y Claudia Cardinale en Los profesionales. ¿Qué dónde están A. y los niños? De colonias. ¿Y por qué no he ido yo? Ah, amigo, para eso estamos aquí.

¿Por dónde empiezo?

No soy una persona muy sociable. Ni muy simpática. Ya sé que esto os acaba de pillar por sorpresa  por la dicharachería que he demostrado en este blog, pero no, no soy el alma de ninguna fiesta ni la alegría de las reuniones. Tiendo a convertirme en El Vigilante, observando desde la distancia y ni de coña interaccionando. No soy rápido buscando temas de conversación y la charla banal se me escapa. Así que suelo conversar con monosílabos, inquieto, buscando la salida más cercana y rezando a quien no creo para que empiece un apocalipsis zombi y así tener un tema de conversación que sí domino.

- Entonces, ¿cómo es posible que una ameba social como tú le haya tocado la lotería de acabar teniendo en su vida a alguien como A.?

Eso, junto con el origen de la vida, el secreto del sabor del arroz que hacía mi abuela y si Wert es humano y no un demonio cibernético es uno de los grandes misterios de la vida. Suerte y no hago muchas más preguntas. Para quienes no la conozcan, A. es todo lo contrario. Le encanta la gente, salir a dar vueltas por las calles, las reuniones multitudinarias, conocer gente nueva, los niños e irse a los parques con sus pinturas y dibujar sirenas, dragones o lobos en los brazos de los críos. De gratis. Solo por el placer de conocer gente y ver la sonrisa de un niño. Y el azar ha querido que la clase de colegio de Niña Zombie (las serpientes) esté rebosante de niños simpáticos con padres sociables que se han conocido y, lo que es peor, se caigan bien entre ellos. Entonces juntas a niños felices y sociables con una madre hermosa, alegre, divertida y con don social con padres simpáticos que ocupan el parque y les encanta la calle y el ruido y son todos alegres y majos y dedican el fin de semana a hacer cosas raras como salir a dar una vuelta o ver a otra gente y, ¿qué ocurre? Lo peor.

Que deciden hacer actividades... todos juntos.

Es gente rara. Ahora les ha dado por irse al parque con instrumentos de música y pinturas y organizar una orgía de actividades para los niños: canciones, cuentos, pintura, juegos y risas. Lo explicas y la reacción general es de "qué guay... esos niños crecerán sanos y con unos recuerdos maravillosos". Pero a mí me inquietan. Son una especie de secta donde hablan, se relacionan, comparten problemas, angustias y alegrías y hacen cosas juntos.

Vamos a tomar algo.
Vamos de paseo.
Vamos a celebrar un cumpleaños.
Vamos a inventar juegos.
Vamos a la nieve.
Vamos al parque.
Vamos a comer un domingo todos juntos.
Vamos a pasar un fin de semana todos juntos en una casa de colonias dejada de la mano de dios en medio de ninguna y sin servicio de habitaciones donde tendremos que hacerlo todo y los niños tendrán espacio para jugar y nosotros para hablar y explicarnos cosas y tendremos tiempo para relajarnos e imaginar otras actividades que podemos hacer todos juntos.

Así que dicho y hecho. Una fin de semana en el campo. Un montón de adultos con ganas de que los niños se vayan a dormir para emborracharse y hablar de sexo, y un montón de críos sin ganas de ir a dormir correteando como animales rabiosos por campo, pasillos y habitaciones. ¿Quieres venir?, preguntó A. Ya imagináis la respuesta. Yo en una casa de campo con mucha gente y críos solo puede acabar de una forma.


Y, la verdad, no me apetece ponerme una estúpida máscara.

Además, cuando era pequeño ya estuve de colonias en esa casa. Y no, no guardo buenos recuerdos. No me gustaba ir de colonias y... pasaron cosas. No recuerdo con exactitud qué, pero pasaron cosas. A veces no son más que flashes, pero... algo pasó y no volví a ser el mismo.




Así que nada, Jorge se queda el fin de semana en casa disfrutando de no hacer nada y la cantidad de vídeos tontos que hay por estos mundos de internet. Para colonias, Varon Dandy. Paso de un fin de semana de niños corriendo y jugando, padres hablando de los niños, del cole, de gin tónics, de los que no han ido, de niños que lloran sin mucho entusiasmo porque se han caído y padres que sana sana culito de rana así con un poco de desgana porque prefieren seguir la conversación, de ver quién hace la carne, de dónde se ha metido, de globos gigantes (en varios sentidos), penes saltarines y lavabos comunitarios. ¿Antisocial? Sí. Además, si fuera, perdería ese aire de misterio que tengo y dejaría de ser el tío ese raro del sombrero que lleva a lo niños al cole para convertirme en alguien más normal y balbuceante.

Y no me lo puedo permitir.

Por cierto, qué gusto da volver.

lunes, 24 de diciembre de 2012

A todos...


... feliz Vigilia de los Puercos. Sed buenos y que Papá Puerco os inunde de embutidos y deseos.

"- Me estás diciendo que los humanos necesitan... fantasías para hacer la vida soportable, ¿no?
- ¿DE VERÁS? ¿CÓMO SI FUERA UNA ESPECIA DE PÍLDORA ROSA? NO. LOS HUMANOS NECESITAN LA FANTASÍA PARA SER HUMANOS. PARA SER EL PUNTO DONDE EL ÁNGEL QUE CAE SE ENCUENTRA CON EL SIMIO QUE SE ALZA.
- ¿Hadas de los dientes? ¿Papá Puerco? ¿Pequeñas...?
- SÍ. A MODO DE PRÁCTICA. HAY QUE EMPEZAR APRENDIENDO A CREER EN LAS MENTIRAS PEQUEÑAS-
- ¿Para que podamos creer en las grandes?
- SÍ. LA JUSTICIA. LA COMPASIÓN. EL DEBER. ESAS COSAS."

Papá Puerco, Terry Pratchett.

lunes, 22 de octubre de 2012

Carrera popular

Ayer en Igualada hubo una carrera popular. Para los que no sepan qué es lo explicaré de forma sencilla: gente que corre porque sí y gratis por la ciudad durante indeterminados kilómetros cansándose y lo que es peor, aguantando a niños cansados. Además, sabiendo que no ganarán nada más que esa cosa que llaman "satisfacción por haber participado".

La foto es del 2009, pero tampoco cambia tanto la cosa.

Como ya podéis imaginar, no he participado. Niño Lobo sí. Ha ido con su señor padre a sudar un poco la camiseta rodeados de gente que también sudaba la camiseta. A. y Niña Zombi para el teatro con una amiga de la pequeña para ejercer de grupis de La tresca i la verdesca, grupo de música familiar que entiende que la música para niños es algo más que diminutivos y baladitas moviendo la cabeza.


Y yo me quedé en casa... recordando ese día que me hicieron correr.

Como ya podéis imaginar, no soy mucho de correr. La verdad es que hace años que no corro. Ya sé que se ha puesto de moda y que es de lo último de lo último y muy sano y bla bla bla, pero algo que se inventó para que el ser humano huyera de los animales salvajes, o sea casi como último recurso, pues muy bueno no puede ser. Tengo amigos que corren, y son buenas personas, pero siempre están que si me he hecho daño aquí, o allí, o más allá o si no corro como que no soy persona. Y yo me los miro así como con suficiencia y pienso, anda anda que pudiendo andar para que correr.

Y ayer en Igualada, cursa popular. Nunca he participado en una. Al hecho de no correr se suma que tampoco soy mucho de ser voluntario ni de actividades sociales. Pero, miento, sí que participé en una. Obligado, claro. Fue en el colegio. Un día el profesor de gimnasia (¿o era profesora? No me acuerdo, todos se parecían) apareció en el patio con sus andares fascistoides. Nos hizo poner en fila y nos soltó un discurso sobre el orgullo de ir a nuestro colegio, sobre la posibilidad de competir con otros, sobre el sabor dulce a miel rebosando por los pechos de una diosa de la victoria y el amargo sabor a bilis y mierda uno que inundarían nuestros labios infantiles si llegábamos a conocer la derrota. El sábado por la mañana sería un día de gloria que recordaría la historia escolar y permanecería en la memoria de las generaciones futuras. Un día que cantarían los bardos y llevarían pueblo por pueblo junto con las últimas noticias. Una competición de carreras entre las tres escuelas del pueblo. Vamos, algo mágico y grande.


Ese día estaba fluido y convincente. Compañeros de clase dejaron de pegarme para escucharle y las niñas dejaron de reírse para beber de sus palabras. El espíritu de una hipotética victoria corriendo empezó a verterse por mis compañeros de clase. ¿Por todos? No, porque un irreductible grupo de vagos algo gordos resistirían ahora y por siempre cualquier esfuerzo físico. Su pensamiento era, "a correr irá tu padre".

Y el profe de gimnasia, moviendo su bigote arriba y abajo (en serio, ¿profesor o profesora?) nos sonrió a los gordos y vagos y dijo las únicas palabras que nos podían convencer:

- Es obligatorio. Si no venís suspendéis la asignatura.

Joputa.

Así que un sábado por la mañana recién amanecido ya veías a todos los niños de la clase emocionados y contentos por participar en una carrera. Y también veías a un pequeño grupo cagándose en todo lo que se menea, pasando frío y viendo que esto iba para muuuuuuy largo. Porque nos hicieron ir a las ocho de la mañana para correr a las once. Temprano para que el espíritu deportivo entraba dentro de nosotros y así animáramos a los compañeros de otras clases que corrían y se dejaban los pulmones por el honor del colegio. Así que perdimos un sábado por la mañana viendo correr a niños que o no conocía, o conocía y no me caían bien, o conocía y me pegaban, y teniendo que oír frases de chavales de doce años que se pensaban que eran comentarias deportivos profesionales: "a salido muy fuerte, pero se va a quemar pronto", "eso es el flato", "¿de qué te ha hecho tu madre el bocadillo?, "solo un cao que tú tienes la boca muy grande".

Y por fin, cuando caía un solado de la hostia, nos tocó correr a nosotros. A mi categoría que era una que no escuché. A nuestras marcas, preparados, ya. Y corrí. Corrí cual gacela que sabe que morirá entre un montón de chicos que se lo tomaban en serio. Corrí como he corrido toda mi vida, sin ganas y sin prisas hasta que pensé, a tomar por culo y dejé de correr. Porque, seamos sincero, ¿qué coño estábamos haciendo? Corriendo por el honor de un colegio que no me gustaba con unos compañeros que no me caían bien a las ordenes de un profesor/a de gimnasia a quien odiaba. Así que como el joven airado que no sabía que era, me detuve en medio del recorrido


y ante la mirada sorprendida del profesor de gimnasia, empecé a andar. Un tranquilo paseo bajo el sol mientras a mi alrededor preadolescentes se deslomaban compitiendo entre ellos, llevando sus fuerzas al límite, vomitando en las lindes de la pista, esforzándose para contentar a unos adultos que nunca estarían contentos.

Que nadie me entienda mal, no era ni un héroe incomprendido, ni un visionario, ni un líder, ni un espartaco. Era un niño gordo y vago que odiaba correr y que le dijeran qué tenía que hacer. Así que el resto de la trepidante carrera la hice andando al lado de otro gordo con gafas de otro colegio en el que encontré un alma afín y teniendo que soportar los gritos del profesor de gimnasia que se dedicaba a compararme con una niña e intentar apelar a la vergüenza o al orgullo. Y como de uno y de otro voy escaso, con la calma llegué antepenúltimo y descansado.

Y recibí mi primer y último diploma a la participación. Bocadillo y para casa.

Y no volví a correr.

Si no contamos, claro, las clases de educación física del instituto, el autobús que se pierde, una lluvia traicionera, un asesino en serie, una horda de


Una de las escenas que de chiquito más me gustaban de 
El sentido de la vida de los Monty Phyton.
Vete a saber tú porqué.


zombis atropófagos, ancianas encantadoras que quieren saber si conoces a un tal Jesús, llamadas a interfonos a las tres de la mañana o matón que te espera a las cinco y con un poco de suerte llegarás antes a casa de tu abuela que él con una hostia.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Uno de tantos inconvenientes de ser abstemio

Abstemio: persona débil que cae en la tentación de negarse a sí misma un placer. 
Ambrose Bierce.

Entrada patrocinada por la Liga por la Prohibición del Alcohol y Otros Licores Espiritosos.

Miembros fundadores de la Liga.
Si hay alcohol, no hay beso. ¿Y quién no querría besarlas?

Hola, me llamo Jorge y soy abstemio. No pruebo ni una gota de alcohol desde hace unos dos años. El motivo es porque...

- Yo, yo, yo...
- A ver, el imbécil de la aleta de tiburón en la cabeza.
- Porque eras un borrachuzo que se bebía las gotas de cerveza que caían en los ceniceros e ibas lamiendo el sudor de los beodos.
- No, no era por eso.
- ¿Perdiste una apuesta?
- No.
- ¿Por que has decidido dejar el alcohol como dejaste el tabaco y ponerte a hacer ejercicio y comer más verdura y creer en el ser humano?
- Ja, ja, ja, ja, ja, ja... muy buena esa, pero no.
- No me digas, no me digas, ¡no me digas!
- ¿El qué?
- ¡Estás embarazado! AIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII QUÉ ILUSIÓN MÁS GRANDE... ¿Y cómo lo llamarás si es niño? ¿Y si es niña? ¿Y si es niño que luego se hace niña? Ya te veía yo más gordo...
- No estoy embarazado y no estoy más gordo... es que la secadora encoge.
- Sí, ya...
- ¡Qué pena! Con la ilusión que me hacía ver un pequeño tú correteando por el blog.
- Pues no. Y nada de eso es lo que me llevo un día a dejar el alcohol.
- Pero la cerveza, sí, ¿no?
- Ni cerveza.
- Hostia qué fuerte... ¿Y eso?
- Es lo que intento explicar si me dejáis, joder.
- Es que cuando explicar cosas te pones de un aburrido.
- Ya te digo.
- Es como ver una película polaca en blanco y sepia de seis horas sin subtítulos de temática religiosa sobre dos hombres en una gruta dialogando con una patata.
- Al menos antes explicabas cosas aburridas, pero ponías fotos de muchachas ligeras de ropa que entretenían la vista y podíamos pasar de ti, pero ahora...
- Algún muchacho bien formoso podría caer de vez en cuando.
- O más lucha en el barro...
- Tartas en la cara...
- ¡Pero sus vais a callar de una vez, hostia joder mierda puta cojones!
- Vale, vale...
- ¡Qué carácter!
- No sé como A. le aguanta.
- Si es que es una santa.
- Y está muy buena.

A lo que iba que soy abstemio...
- ¿No lo habías dicho ya?
... y el motivo obedece a motivos de salud.
- Menudo coñazo...
- ¿Por eso tanto rollo?
- Mi salud es importante.
- Si no decimos que no, pero tu salud es aburrida.
- El alcohol me sienta mal. Me tomo una cerveza y estoy mareado y no duermo bien y paso dos días con dolor de cabeza y malestar general y ahora solo pensar en tomar algo con alcohol... brrrrr... me da una manía. Y ya me parece bien porque no gasto tanto, duermo mejor, me ahorro las resacas, dolor de estómago y vomitonas varias, pero...
- ... pero...
- ... pero no puedo dejar de pensar en el día que nos inviten a una boda.


- Hostia.
- Hostia, sí. Porque con lo sociable que soy y con lo me gusta la gente y las multitudes, ¿cómo voy a aguantar un banquete sin nada de alcohol? Con todos esos quintales de comida que hay que tragar, la presión de los camareros llenando las copas y tú, que no, joder, que no bebo, la orquesta desafinada, las primas solteras y horteras que van repartiendo besos por las mesas y de las que te escondes, los niños corriendo inflados en azúcar, la emoción de la madre, el empanamiento de los novios porque no se enteran de nada, los viva los novios que no corea nadie, la mesa más divertida que siempre está dos más allá de la tuya, la gente que no conoces con la que compartes mesa y que son unos aburridos que se conoce entre ellos y tú a ellos no y hablan de coches o de fútbol y ellas de amigas comunes a las que odian, y la entrega de los muñequitos, y la señora mayor con las faldas arremangadas encima de una mesa, o si son patrióticos con la bandera que sea ondeando, y el pastel demasiado empalagoso, y la música llena de cantantes horteras a los que deseas una tortura lenta que se repiten y encima dicen que es la música con la que se conocieron y dices pues vaya mierda, y...
- ¿Pero os han invitado ya a una boda?
- No, pero lo preveo... lo siento en el aire... algún día tendré que aguantar una boda sobrio... O un concierto o cualquier acto donde el alcohol es refugio de antisociales y forma de romper las inhibiciones. Y yo allí, con mi refresco en la mano, sobrio, rodeado de borrachos...
- Bueno, piensa que haces algo bueno. Eres el amigo que no bebe y luego conduce y conduce a los beodos sanos y salvos a casa.
- Es que no sé conducir.
- Joder, Jorge, es que no sirve para nada.
- Te preocupas por unas cosas...
- ¿Y qué quieres que haga?
- Algo útil.
- Es mucho pedir.

Y hasta aquí la tontá del mes... no podemos prometer que no se volverá a repetir.

domingo, 26 de agosto de 2012

Por los críos

Creo que ya dije que en Igualada estamos de fiesta mayor. Y, aunque pueda sorprender a muchos de quien aparece por este blog, no soy muy participativo. Quiero decir, que me parece bien que se haga una fiesta mayor con sus cosas y su gente y sus gigantes y cabezudos y sus bailes en la plaza mayor y los juegos tradicionales y las barracas de entidades y etc., pero yo no participo. Hace años, en mi época de actor / director de teatro amateur aun participaba en la fiesta mayor. Pero desde hace un tiempo he vuelto a mis orígenes, a hacer lo mismo que cuando era un mocoso: huir de los actos y de la gente.

El cartel

Pero hace unos años entró A. en mi vida y con ella vinieron Niño Lobo y Niña Zombie. Y con ellos apareció en mis días una nueva expresión que hasta entonces no conocía, "por los críos". Y por los críos aparecen padres de otros niños que hablan de niños y de cosas de educación y de si comen o están enfermos, reuniones en el parque después del colegio, fiestas infantiles, cumpleaños, quedadas "para que corran", etc. Yo no estaba acostumbrado a esto. Era un tipo de treinta y pico años bastante inmaduro que aun le hace gracia la palabra teta en una conversación y de repente me encuentro con una maravillosa mujer y sus dos churumbeles. Hay que adaptarse. Y no me quejo, que conste. A. es adicta a estar con niños y fiestas y maquillaje y juegos y manualidades y calle y gente, y sabe que a mí todo lo que esté relacionado con gente pues no me gusta. No me obliga ni me siento obligado y cuando participo en estas cosas de críos lo hago porque quiero compartir un momento especial con ella y sus hijos.

Como ayer. Un concierto. A las diez de la noche en la plaça Cal Font de Igualada. Matizo, un concierto para críos a cargo del grupo Macedonia. Para quien no sepa quién es este grupo, una breve presentación. Cinco chicas entre trece y quince años que cantan canciones movidas repletas de palabras como fiesta, amigas, flipa, pastel, globos, etc. Letras sobre lo guapo que es un chico, lo que molan las amigas para siempre, lo chupi que es volver al cole y los remordimientos que produce hacer campana de piscina para ir al parque con tus colegas. Grupo generacional en el que las cantantes cambian en cuanto crecen y donde conceptos como entonación, vocalización o ritmo no son muy conocidos. Eso sí, dan muchos saltitos. Es un grupo que a los críos y a los pervertidos les encanta.

Macedonia también es el nombre de un país y de un postre sano.

Y allí fuimos los cuatro. Y, a ver, no es que yo sea un sibarita musical aunque haya gente que no me crea cuando digo esto, pero para un tipo que suele escuchar a Tom Waits, John Coltrane, The Delgados, Thelonius Monk, Nina Simone, The Zombies ..., pues fue duro. Primero, porque no me gusta la música. Segundo, porque no me gusta la gente y había mucha. Tercero, porque soy un soso y me cuesta relajarme y pasarlo bien aunque no sea mi ambiente. ¿Y por qué lo hice? Pues por qué va a ser. Por los críos.

Pero, ¿por qué?, me interrogué mientras en el escenario metían a un gato borracho en una licuadora.

Por dos motivos.

Uno, por que se les quiere y uno hace cosas que no le apetecen por verlos feliz. En esta categoría entra llevarlos a chiquiparks, a ver engendros como Alvin y las ardillas 2, ver cuatrocientas veces Mi vecino Totoro. No entra compartir la comida o la efusiones espontáneas de cariño.

Dos, porque si haces cosas por ellos, ellos cuando crezcan tendrán que hacer cosas por ti. A ti no te gusta llevarles a un concierto de preadolescentes que cantan sobre lo guay que es volver al cole en septiembre y reencontrarse con tus amigos y tu matón preferido, a ellos cuando crezcan no les gustará acompañarte al médico a ver a tus viejos amigos achacosos intercambiando pastillas y dentaduras. Yo tengo que volver a ver 101 dalmatas, de acuerdo, pero tú escucharas otra vez como choqué por la calle con Luis García Berlanga. Volveré a leer ese cuento de la niña y el conejito de trapo, pero tú me leerás las veces que haga falta la serie de la guardia de Mundodisco. Vamos, el típico interés y quid pro quod que nos enseñó un simpático canibal del cine.

Así que sí, que baila, baila... ya lo pagarás.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Delfines

Hoy vamos a hablar de delfines.

Cetáceos odontocetos de cabeza grande, hocico alargado, una sola aleta, carnívoros estrictos y considerados uno de los animales más inteligentes del planeta (según el maestro Douglas Adams, los delfines son la segunda especie más inteligente; los humanos, la tercera). Tienen mucha relación con los humanos, protagonizan incontables leyendas y telefilmes cursis y series sin interés. Parece ser que se comunican entre ellos por irritantes chillidos, ayudan a los marineros y matan por diversión. Delfines.


Y yo odio a los delfines.

No me gustan esos bichos. Desde siempre. No es una boutarde que digo ahora para hacerme el interesante, sino que desde pequeño que no me gustan. Los encuentro inquietantes, hipócritas, peligrosos... Con esa eterna sonrisa irónica de suficiencia en la boca y esa facilidad para dar cuatro saltitos y todos los humanos diciendo oooooh, qué bonito. Tienen una necesidad imperiosa de agradar, de que les miren y admiren, les aplaudan y les digan una y otra vez que son lo más bonito del mundo. Egocéntricos, narcisistas, psicópatas.


Los delfines son los populares del océano. Juegan en la escala más alta de la pirámide social y con la complicidad del ser humano juegan a molestar a crías de focas, a los calamares y a las demás especies. Me recuerdan a esos niños repelentes que iban al colegio. Guapos, buenos estudiantes, ayudando a las profesoras, populares, buenos en fútbol, encantadores con las muchachas, organizaban las mejores fiestas de cumpleaños, se les veía por la calle ayudando a sus madres y siempre eran el ejemplo que ponía la tuya cuando te comportabas como un crío: "no podías ser como el X, no... tan formalito y tan guapo ayudando a su madre... y a mí me toca... anda, tira, tira". Odiabas a aquel niño con muchos amigos porque sabía que todo eso era mentira. En verdad era un ser mezquino y cruel que tenía aterrorizados a los pequeños, abusaba de los débiles y seguro que en sus ratos libres se dedicaba a cortar con unas tijeras las patas de los canarios de competición de su abuelo (nunca pude probarlo, pero siempre lo sospeché).


El hecho de que no me gustaran estos mamíferos acuáticos que en mi opinión solo sirven para hacer atún, siempre ha sido algo polémico. ¡Cómo que no te gustan los delfines! ¡Pero si son muy majos! ¡Y muy inteligentes! ¡Y saltan! ¡Y sostienen pelotas en el morro! Si no te gustan los delfines... debes de ser mala persona... muy mala persona... seguro que te ríes cuando una abuela se cae por unas escaleras (sí). Soy consciente de que pertenezco a una minoría y que me quita puntos de popularidad, pero no puedo evitarlo. Odio los saltos, cabriolas y monerías. Y odio esos power-points con mensajes optimista que se cuelan de vez en cuando en el correo y aparecen llenos de mensajes de amor, bichos que saltan y moraleja cristiana. Y odio las películas de delfines y las series (decid una buena... solo una... y el episodio de Los SimpsonsLa guía del autoestopista galáctico son excepciones

)

Además, desconfío de unos bichos que pudiendo vivir fuera del mar, prefirieron seguir con el culo mojado.

lunes, 16 de abril de 2012

Cada uno tiene su Vietnam

Una de las noches que pasé en el hospital haciendo compañía a Niño Lobo no conseguía conciliar el sueño. Los nervios, la incomodidad del sofá, las continúas interrupciones de las enfermera para controlar la medicación... Y en la oscuridad de la habitación, solo podía pensar una cosa:

- No dejará de roncar el pequeño mocoso, no.

Porque Niño Lobo ronca. Y mucho. Y, como todos, niega los ronquidos y no se hace responsable de las grietas en el vidrio de la ventana que aparecen por las mañanas.

Y recordaba. Recordé mis dos únicas operaciones.

La primera fue de amígdalas.

Amygdala a punto de darle una hostia a Batman.
En serio, hay un villano que se llama así.

Era pequeño... unos cinco / seis años. Inflamación, voz de niño poseído, extracción. No recuerdo mucho de esta operación... un sueño lleno de sangre donde me hacían inflar globos, una habitación compartida con un par de niños más, la promesa de comer todo el helado que quisiera, pero al estar en invierno se trabuco en tragar todo el hielo que pudiera... poco más...

La segunda operación... bueno... dejó algunas secuelas físicas y psicológicas. Operación de fimosis a los diez u once años.

Vamos, que andaba por este mundo encapuchado.
Y para desencapuchar sólo hay una solución.

Advertencia al lector: a los que me conoce y corren el riesgo de encontrarme por la calle. Desconozco si lo que escribiré ahora será gracioso o no, pero en el caso de que lo sea y os motive a la sonrisa / risa / carcajada os pido por favor que si me encontráis por la calle, en la librería o en la puerta del colegio no me vengáis con media sonrisa en la cara y me soltéis algo así como "¡qué bueno lo de tu fimosis!". Moriréis.

Vamos a la historia. Imagino que todos vosotros, lectores ávidos de cotilleo y de truculencia, sabéis qué es la fimosis. Para quien no lo sepa emplazo a seguir este enlace donde unos expertos doctores lo explican muy, pero que muy bien.

Pincha sobre la imagen

¿Todo claro? ¿Puedo continuar? De acuerdo. Como he dicho antes, tendría unos diez u once años. La tortuga no salía del caparazón, no había manera de quitar el tapón al boli, el bote de la mayonesa no se podía desenroscar. Así que decidieron que lo mejor que se podía hacer era operar antes de que las cosas se pudieran complicar y pudiera padecer de infecciones y bla, bla, bla. El médico explicó muy lo que se me tenía que hacer. Muy profesional y con sus palabras esdrújulas y derivadas del griego. Yo me quedé con un concepto, quizá básico, pero que resumía a la perfección lo que iban a hacerme y mis miedos.

- Te vamos a cortar la polla.

Y, para redondear el asunto, el médico en cuestión, lumbreras y genio por descubrir, decidió que ya era un hombrecito y que por lo tanto nada de anestesia general... con una simple anestesia local bastaría. No solo un desconocido se iba a acercar a mis partes con un instrumento afilado, sino que además sería consciente de ello.

En un primer momento no fui muy consciente de las implicaciones de todas esas decisiones. En aquellos tiernos años de preadolescencia y preestupidez aun confiaba en la palabra de los médicos y si decían que no me enteraría de la operación, que sería cortar y cantar y que ya era todo un hombre para dormirme... que solo se dormía a los niños pequeños. Y me lo creí.

Gilipollas.

Y llegó el día de la operación. Me metieron en una habitación, me despedí de mis padre y me llevaron con el anestesista.


Y a partir de este momento que todo se torció. Porque estaba tumbadito en una camilla, solo, sin familia y con un desconocido delante que de una bandeja sacó una jeringuilla, dijo la frase "No te va a doler" que es siempre antesala de los mayores dolores y, para tranquilizarme, hizo una pregunta mientras clavaba la jeringuilla en mi entrepierna:

- ¿Te gusta el fútbol?

Tengo que dejar claro una cosa. No me gusta el fútbol. Nunca me ha gustado el fútbol. He odiado, odio y siempre odiaré el fútbol. Como deporte y como excusa para discursos de índole social, nacional y/o política. Me importan tres mierdas quien marca a quien, la forma de la pelota, si quien marca un gol más gana, si follan entre ellos, si ganar un partido es algo más que ganar un partido y me toca mucho los huevos tener que aguantar discursos de ser mejor o peor X por no gustarme tal o cual equipo de fútbol, los silbidos, bocinadas, gritos y petardos cada vez que once multimillonarios ganan a otros once multimillonarios. Nunca me ha gustado. De pequeño no me sabía el nombre de los jugadores. Mientras mis compañeros de clase coleccionaban los cromos de la liga, yo me hacía la colección de Monstruos. A la hora de patio me escabullía y solía subirme a un robot gigante para destruir Tokio mientras mis compañeros de clase le daban patadas a una cosa redonda que iba de un lado a otro. No me gustaba el fútbol. Odiaba el fútbol y no entendía nada de fútbol.

Volvamos a la historia. Tumbado en una camilla mientras el anestesista me clavaba una jeringa tras otra alrededor de mi pene y de mis testículos. Empecé a llorar. Mucho. Y él tipo este me pregunta si me gusta el fútbol. Al no contestar al primer intento, añadió.

- A mí me gusta mucho. Soy del Real Madrid.

A lo que yo contesté.

- Sí me gusta el fútbol y también soy del Real Madrid.

¿Por qué contesté esto entre hipidos y lloros? Supongo que por miedo. Mis compañeros de colegio solían vivir el fútbol de una forma muy violenta. Si no eras del equipo, eras el enemigo. Más de una vez habían acabado a tortas entre ellos por un quítame de hay ese penalti. Las frases al enemigo ni agua, que pierdan en los entrenamientos, el X bueno es el X muerto y variantes eran habituales en el patio del colegio y las conversaciones entre adultos. El fútbol, quizá no de forma intencionada, siempre me ha parecido relacionado con expresiones de puro odio y violencia. Y más cuando por culpa del azar donde te ha llevado a nacer, el deporte se confunde con la identidad y la política. Entonces, cagada. En aquella camilla mentí por miedo. Pensé, a ver si este va a ser un pirado que odia a los de otros equipos y hace una desgracia con mi pobre cuerpo...

El anestesista acabó con su trabajo. Recuerdo cuatro pinchazos dolorosos acompañados todos por la frase no te va a doler. Y para el quirófano. El cirujano se inclinó sobre mí.


Supuse que me sonreía detrás de la máscara. Me dijo que no me preocupara que no me dolería. Y empezó a cortar. Imagino que son recuerdos falsos, pero la memoria que guardo de aquellos momentos es de dolor. Y sangre. La mano del doctor llena de sangre. Y mis lloros y mis ganas de salir de allí y volver con mi familia y que no era un hombre sino un niño asustado al que le estaban cortando el pito, con el cariño que le tenía. El cirujano decidió darme conversación para tranquilizarme.

- ¿Y qué, muchacho, te gusta el fútbol?

¿Por qué tenía que preguntar eso? ¿Por qué? No podía preguntar "te gusta leer", no. Eso era demasiado difícil y complicado. La mierda del fútbol.

- Sí - dije yo.
- ¿Y de qué equipo eres?
Silencio.
- Yo soy del Barça - dijo él.
- Yo también - dije yo entre lloros. No quería contradecir a alguien que tenía un bisturí en la mano y estaba manipulando mis genitales.
- ¡Qué bien! Espero que no le hayas dicho al anestesista que eres culé porque ese odia a los del Barça y se enfada mucho.

Perfecto. Al miedo de la operación se añadió el miedo a un anestesista pirado que entraba en el quirófano hecho un energúmeno llamándome mentiroso y a un doctor que descubría que yo no era el culé que él pensaba y que el mejor culé es el culé capado y decidía eliminar del mundo un barcelonista o, por lo menos, evitar que se reprodujera. Zas, corte por lo sano y mi pene en su mano mientras lo lanza al merengue y ambos se lanzan contra mí por mentiroso.

- ¿Y cuál es tu jugador favorito?
¿No se podría callar? ¿No podría sencillamente hacer su trabajo? Bien y rápido, cerrar y enviarme a la habitación y dejarme vivir, joder. No, charla que te charla. No me sabía ningún jugador de fútbol... me iba a pillar en la mentira... y recordé un tebeo de Mortadelo donde salía la ficha de un jugador del Barça.
- Lobo Carrasco.

Lobo Carrasco.
Me salvó los huevos. Siempre lo recordaré con cariño.

- Es muy bueno.
- Sí, mucho - conseguí decir - sobre todo cuando le da a la pelota.
- Sí - y siguió cortando. En silencio.
Pasé el resto de la operación llorando y suplicando a todos esos entes religiosos en los que no creía que, por favor, cirujano y anestesista no coincidieran. Cuando todo acabó me llevaron a mi habitación e inicié la recuperación. Muy satisfactoria, así que todos tranquilos.

Todo esto recordé en el hospital mientras veía roncar a Niño Lobo y deseaba con todas mis fuerzas que cambiara de postura y que esa fuera la última jeringa de antibiótico que le pusieran por vía. Me tumbé y me puse a escuchar mentalmente a The Clash. Si no me dormía al menos escucharía buena música.

sábado, 14 de abril de 2012

Para crear un bonito trauma a tu hijo...


... sólo deja que el Sr. Conejo lo abrace.

Hay cosas sueltas por este mundo que dan mucho miedo...

P.D. Y deberíais reconocerme el mérito de no haber hecho ningún chiste fácil sobre zanahorias... para una vez que soy elegante.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El Timo de los Dientes o El Golpe III

BASADO EN HECHOS REALES

Niño Lobo anda preocupado. Seis años recién cumplidos y aun no se le ha caído ningún diente. No como a sus compañeros de curso, no... ellos ya aparecen por clases con sus orgullosas melladas, sus vacíos en la boca y los relatos de veinte euros debajo de la almohada (exagerado), juguetes, dulces, etc. Todo, claro, cortesía de  esa criatura conocida como El Ratoncito Pérez, un roedor que para construir su casita necesita los dientes de leche de los niños.

Un roedor entre por las noches en las casas y se acerca a los niños...
Parece que nadie recuerda la Peste Negra y a quien olvida el pasado le pasa algo que no recuerdo.

Cuando a niño o niña o cosa se le cae un diente la tradición manda colocarlo debajo de la almohada y a dormir. El susodicho ratón aparece por la noche, se lleva el diente y deja un regalo de agradecimiento. Se dice que es una forma de acompañar al niño en los cambios físicos y que estos no sean traumáticos. Una figura pareja a la de los países anglosajones de El hada de los dientes.

- Todo esto ya nos lo sabemos... que no somos idiotas...
- Pero puede ser que alguien haya estado hinvernando durante dos mil años y ahora se haya despertado y después de un periodo de ajuste entra en Internet y lee esto y si no lo pongo en contexto se pierde porque en su época no había ratón Pérez que valga y si lo había ya se lo hubieran comido. Hay que tener en cuenta todas las posibilidades.
- Claro... es que no pienso nunca en los pobres seres de otras épocas que despiertan en la nuestra.
- No pasa nada. Pues eso, El hada de los dientes.


Y también es una forma sutil de introducir a los infantes en la teoría económica liberal...

- O en la del trueque.

También, en la del truque... espinacas por una trucha. Un diente por un juguete. Tiene razón el imbécil que siempre me interrumpe.

Sea como sea, Niño Lobo siente que está perdiendo el tren y que se va haciendo mayor, que los demás pierden los dientes y él, integro, hiendo a clase con esa blanca y perfecta dentadura de leche... como una tía Tula de primaria se le está escapando el tiempo. Y el beneficio. Porque quiere un regalo del maldito roedor ¡ya! Así que decide que si la naturaleza no pone de su parte, tendrá que darle un empujón.

Y así empieza El Timo de los Dientes o El Golpe III


EL GRUPO

NIÑO LOBO O EL CEREBRO

Suyo es el plan y suyo es el riesgo. Cansado de ver como eran otros los que se llevaban las chuminás del Ratón Pérez, decide tomar cartas en el asunto e idea el plan perfecto: crear un diente falso que permita engañar al maldito roedor y suelte algo de pasta debajo de la almohada. Si tiene éxito, los ingresos estarán asegurados durante toda la infancia. Si fracasa, no dejara de ser la inocente broma de un niño y no tendrá consecuencias... ¿Quién puede imaginar que el cerebro de un niño puede maquinar un plan tan timo tan perfecto?

LA MADRE

Su parte del plan consiste en proporcionar a Niño Lobo los materiales que necesita para llevar a cabo el timo mágico perfecto. Necesita algún tipo de material de modelado fácil que le permita crear un diente en poco tiempo, pero con buenos resultados. Pasta fimo, responde la madre. Se le da forma y al horno unos minutos. El resultado es excelente. Niño Lobo se entusiasma y se pone manos a la obra. La madre se lo mira orgullosa de la imaginación, creatividad, picardía ygallardura de su hijo obviendo toda la carga fraude y engaño que el plan de Niño Lobo lleva intrínseco.

LA HERMANA

Suya es la parte del despiste. Con sus ojos grandes y su pelo al viento, actúa como espejismo. Participa en la creación de figuras de pasta fimo para hornear junto con el diente para que sea algo más entre un montón de algos. También es la que lleva la parte de la actuación al tener que ir declarando a voz en grito la mella (falsa) de su hermano, lo bien que se porta (así así) y lo chulo que es el diente y que seguro será un pilar formidable para la quinta o sexta residencia del Ratón.


EL OTRO

Quedarse callado, quieto y no hacer nada para no cagarla. Eso era todo lo que tenía que hacer. Sencillo. Sin complicaciones y sin instrucciones que contuvieran palabras esdrújulas. Porque si participaba, la cagaba. Seguro, fijo. Soltaba algo como "qué tonto el ratón Pérez de picar en un engaño como éste" y todo se iba al garete. Así que se le dio un lápiz sin punta y un papel de una cara para que estuviera entretenido toda la noche.

Y así estaba todo el marte por la noche. Niño Lobo amasó un diente casi perfecto, lo horneó y lo colocó debajo de la almohada. La madre facilitó los materiales y la hermana llevó su papel a la perfección en una interpretación digna de Óscar y Bafta. Y el otro se estuvo callado dibujando un círculo con cuatro lados. El diente falso se colocó debajo de la almohada, las luces se apagaron y la casa se quedo en silencio.

A la mañana siguiente Niño Lobo se despertó sabiéndose triunfante, levantó la almohada y... un papel. Nada de chucherías, dinero, juguetes o vales por un lavado de coches gratis. Una hoja de papel doblada. La abrió y apareció un mensaje escrito en letra mayúscula que decía algo así como...

NO LO VUELVAS A INTENTAR
SI NO LOS QUIERES PERDER TODOS A LA VEZ.

El grupo había olvidado un pequeño detalle en su plan... y es que el Ratón Pérez, como todas las sociedades con ánimo de lucro que actúan con nocturnidad y alevosía nunca trabaja solo.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Hace tanto y picos años...

... en un país muy lejano, nació un dieciséis de noviembre un niño que vino a llenar de alegría y alborozo a un rey y una reina que no tenían mucho poder real y cuyo título era más para que se callaran que para ir inaugurando museos de cebollas gigantes. Todo el mundo se puso muy contento y al día siguiente se hizo una gran fiesta para presentar en sociedad al pequeño Jorge. Se invitó a todo el mundo.

A los duendes, a las hadas, a los vendedores de seguros porque aunque no lo parezcan también son personas, a los centauros con sus lavabos especiales porque si no lo dejan todo perdido, a la señora de la limpieza cobra unas horas extras que no le pertocarían, pero a ver quien le discute, a los abogados que no son personas aunque les guste pensar que sí, a los monstruos bondadosos y a los monstruos malvados que comen abutardas, a los cronofilosos, a los caquitistos y a los burrucocos. Invitaron a caballeros, damas, "caballeros" que te toman algo más que la mano, "damas" que enseñan algo más que las pantorrillas, físicos, verduleras, chafarderas, músicos, truhanes, pillos y lagartonas. Penitentes, hipócritas, carceleros y carcelarios, fontaneros, asesinos, chantajistas, mujeres fatales, títeres, mataos, mandaos y abusones. Héroes, cobardes, supervivientes, llorones, quejicas, bonachones, carteristas, honrados ladrones, asaltadores de caminos, conductores de diligencias, damas con doble vida, cantantes de cabaret, honradas prostitutas y monjas con el corazón negro. Niños, niñas,  vecinos indeseables, amables desconocidos, actores, músicos, presidentes, cabareteras, magos de los de conejo en la chistera. Poetisas, escritoras, doctoras y un mimo al que se le prohibió enseguida que subiera escaleras, bajara ascensores, chocará contra cristales o imitará a los invitados.

Vamos, que vino mucha gente.

Todo el mundo estaba allí. Para la cena, el baile, la copichuela, la tertulia y el mangoneo. Una gran fiesta.


Una gran fiesta donde todo el mundo estaba invitado. ¿Todo el mundo? Bueno, no. Pero no adelantemos acontecimientos.

Entre los invitados estaba la Asociación de Brujos y Brujas de l'Anoia, la ABBA que a parte de tener que soportar una cantidad injusta de chistes musicales, solían ir a las fiestas natalicias para honrar con presentes a los recién nacidos. Estos, con la pompa y la circunstancia que merece el acto, se acercaron a la cuna donde descansaba el niño y así hablaron.

- Te concedo el don de la gracia y el ingenio.
- Escribirás grandes obras literarias que pondrán de acuerdo a público, crítica, libreros, distribuidores y señoras que piden consejo para regalar un libro para un señor que está en el hospital y que sea algo divertido que bastante tiene con lo sueño y con su hijo.
- Viajarás en el tiempo y domarás dinosaurios cantando tonadas suizas.
- No tendrás problemas con inspectores de hacienda, políticos corruptos, abogados o banqueros.
- Cuando estés contento de tus pechos rezumará leche y miel.
- A tus vecinos no les gustará el fútbol.
- No soportarás ni asedios, ni hambrunas, ni el cólera, ni la lepra.

Algunas de las representantes de la ABBA tomando el té y discutiendo sobre el capítulo de la novela que se emitirá mañana y que ellas ya conocen gracias a los posos de las tazas.

Pues así estaban, colmando de dones y gracias al bebé, cuando un gran estruendo a cazuelas sucias tiradas a la cabeza de un cocinero incompetente llenó la estancia. Y es que los reyes sin poder real sí que habían olvidado alguien. Y no a uno o a dos personas, sino que se habían olvidado de...

¡Los tres espantosos hechiceros rencorosos!


Tres personas llenas de rencor y odio y envidia y que siempre miraban así como en diagonal y más que hablar musitaban y daba una rabia... Se frotaban las manos sudadas contra la pernera del pantalón y siempre pedían descuentos en las tiendas y se colaban en la panadería y se acercaban mucho al hablar con los demás y dejaban escapar una cantidad asquerosa de perdigones.

- ¡Cómo es que no hemos sido invitados!
- ¡Qué infamia!
- ¡Qué vergüenza!
- Ha habido un error...
- Sí, por vuestra parte...
- Y la pagará el niño.
- Por que sí.
- No, el niño no.
- Sí, el niño sí.

Y acercándose los tres a la cuna movieron sus palos de poder y dijeron al unísono y a la vez.

- Tendrás todos esos dones, incluido el de los pechos que rezuman leche y miel, pero algo te impedirá que los utilices. Tendrás el ingenio, el humor y la gracia para escribir la gran novela americana de humor que revolucionará el mundo para bien, traerá la paz a Oriente medio y al de los lados, reconciliará a las familias y hará que la gente abra más libros y se cuestione más lo que sale en los medios... Pero... No, pero con mayúsculas... PERO nada de eso se hará efectivo porque... y he aquí nuestro don...

Todo el salón del baile contuvo el aliento.

-... serás muy, pero que muy, pero que muy perezoso y disperso y en cuanto te pongas a escribir sentirás la llamada de los vídeos tontos de viejas que se caen y todos tus esfuerzos se perderán en la tontá y en el "uff, es que no me apetece ahora".

Y desaparecieron entre humo y carcajadas carajilleras.

Los reyes sin poder real se desesperaron, los invitados lloraron lágrimas como puños y los cocineros agitaron puños como lágrimas. Pero entonces recordaron que entre los invitados había una bruja en la que nadie había fijado porque era alérgica a las miradas que todavía no había dado su don al enorme niño que había arrastrado a la madre a tres días de parto.

Los desesperados padres por el futuro de un hijo que ya empezaba a tener signos de abulia le rogaron que hiciera algo para evitar el fatídico designio de los tres hechiceros rencorosos.
- Un brujo o una bruja no puede quitar el hechizo de otro brujo u otra bruja.
- Pero sí matizarlo...
- Sí, matizarlo sí... pero es que yo ya le había comprado un humidificador y como he tirado el ticket y no admiten devoluciones...
Y salió por patas ante la mirada desviada de todos los invitados.

La bruja alérgica a las miradas y su humidificador.

Y así se quedaron el rey y la reina y los invitados y la orquesta y un señor de Cuenca que pasaba por allí. Compuestos y con un niño que pudiéndolo hacer todo, no hace nada por vago.

Y esto es lo que pasó el día siguiente de mi nacimiento.

Espero que les haya gustado y, moraleja, la culpa siempre es de un mago (o en este caso de tres hechiceros).

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cuestión de supervivencia

Quien ha seguido este blog desde más o menos sus inicios sabe que hay temas que se repiten de forma cíclica. Entre ellos está lo zombi, el apocalipsis, el fin del mundo y de los minutos y la supervivencia de un servidor en un entorno hostil. Vamos, si yo como ser casi humano con brazos con codos sobreviviría a un ataque de cadáveres ambulantes con ganas de comer carne fresca. O al fin del mundo así en general. Si cayera la bomba y yo emergiera de un bunker y fuera el único ser humano del planeta y tuviera que repoblarlo yo solo y luchar contra mutantes, me gusta imaginar qué posibilidades de supervivencia tendría.

Vuelvo al tema de la supervivencia porque el martes por la noche se improvisó una cena en casa con A., mi hermana M., mi buen, pero cada día más irritante, amigo Jordi y yo mismo. Niño Lobo y Niña Zombi ya habían cenado y se dedicaban a jugar en la habitación. Hablando hablando hablando le hice una pregunta directa a mi hermana.

- Oye, tú, que hablábamos el otro día... si a Jordi y yo estuvieramos en una película de psicópatas con su mascara y su machete y su mala leche y nos persiguiera... ¿qué posibilidades de supervivencia tendríamos?

Después de unas risas, dijo

- ¿Contra un tipo como éste? ¿Vosotros?


Ninguna.

Y dio por zanjado el tema. Pero, claro, que ella de por zanjado un tema no quiere decir que yo lo de por zanjado y esa noche, aprovechando un desvelo galopante, me puse a pensar en qué pasaría si nos persiguiera un psicópata y las cosas que tanto Jordi como yo tenemos a favor y en contra de sobrevivir. Para situarnos, un entorno clásico: un grupo de postadolescentes calenturientos en un viaje de alcohol, sexo y drogas en un campamento abandonado (o un camping, o un cementerio, o un parque de atracciones, o un complejo hotelero abandonado, etc.) y un tipo que es primo hermano de este otro tipo.


RAZONES POR LAS QUE SOBREVIVIRÍAMOS

1. No saldríamos en la película. Porque, ¿qué coño pintamos Jordi y yo en un viaje con postadolescentes cachondos? ¿En qué momentos nos invitarían y por qué diríamos que sí? ¿Qué tiene que ver esta gente con nosotros?


Además, y a riesgo de parece algo clasistas, ¿a un camping? ¿A un campamento abandonado? ¿A cualquier parte que tenga el adjetivo abandonado detrás? Jordi y yo somos de hotel y comodidades. Nada de dormir en el suelo, compartir habitación con desconocidos, duchas comunales y tener que salir a cagar fuera del recinto en una pequeña caseta que está justo al lado de ese bosque del que siempre sale una inquietante y muy fría bruma.

2. Vale, ponle que vamos. Pon que nos dan una fiebres o tenemos un parásito cerebral y decidimos que, qué demonios, vamos con esos frívolos gilipollas a explorar el campamento ese de la maldición y del que nadie sale vivo. Nos echarían de la camioneta por pesados y quejicas. Que si vamos apretados, huele mal, no fumes, conduces con el culo, pero mira qué mierda de sitio. Y, además, nunca, nunca, nunca pararían a recoger a ese pobre autoestopista que seguro que está pasando frío.


3. Pon que llegamos al campamento sin que nos echen y empiezan a matar a los inútiles de nuestros compañeros de viaje. No nos separamos. Ni decimos eso de "esperad aquí que ahora vuelvo. Voy a investigar". Nos encerramos en una habitación, atrancamos la puerta y esperamos que llegue la mañana siguiente y que todo este follón lo arregle otro.

A partir de aquí no sobrevivimos.

RAZONES POR LAS QUE NO SOBREVIVIMOS

1. Quien llega al final de una película slasher y se enfrenta al malo con el hacha es una chica. Ni Jordi ni yo somos chicas. Punto final.


2. No sabemos conducir, ni disparar, ni somos muy listos. No sabemos montar trampas, trabajar en equipo, estar callados. Nos colapsamos bajo presión, somos cobardes, inseguros, traicioneros, desconfiados, cínicos y antisolidarios. Cuando estamos nerviosos me da por hacer chistes racistas y Jordi se ríe por cualquier cosa. Nos pillan seguros.

3. Ni nos gusta, ni sabemos correr. A los dos pasos pararíamos agobiados y que nos claven lo que sea.

4. Somos demasiado guapos, inteligentes e ingeniosos (yo más que él, por cierto). Si no nos mata el psicópata, nos matan nuestros compañeros de viaje. Es que la envidia es el mal de este país.

5. Nos puede el humor físico y si estamos huyendo por el bosque en grupo y uno se cae, nos daría un ataque de risa. Las hostias de los otros es uno de los cúlmenes de nuestro humor.

6. Seríamos básicamente el contrapunto irritantemente humorístico a la película debido a la genial idea de un guionista/director incompetente. Nuestras absurdas muertes (Jordi ahorcado por sus propios intestinos y yo  obligado a mirar un maratón de ficción televisiva española) arrancarían aplausos entre el público.

7. No tenemos espíritu de supervivencia. En mi caso, sobrevivir consiste en tirarme al suelo, cagarme encima mientra gimoteo y tiemblo y espero convertirme en algo tan patético que al asesino le de vergüenza matarme y acabe perdonándome la vida y soltando unos euros para que coja el autobús y me largue. No funciona, claro.

Intenta dialogar con un tipo como éste.

8. No tengo sentido de la orientación. Y cuando tiene hambre Jordi no es de gran ayuda. Junta ambas cosas en un campamento maldito rodeado de gilipollas que quieren que mueras y un tipo con un hacha, un cuchillo, unas tijeras de podar, una caja de herramientas, una sierra mecánica, manos enormes, un bate de beisbol, o lo que sea y resuelve la ecuación.

9. Todo esto y muchas razones más que puede aportar Jordi o el lector de este blog, si no resulta que los psicopatas son los gilipollas con los que hemos ido de viaje... o son un grupo de escoltas que nos topamos por el bosque y a los que llamamos tarados de mierda.


Sea como sea, muertos fijos.

Ahora, ¿pasaría lo mismo con una invasión extraterrestre? ¿Y con animales furiosos y mutados? ¿Superhéroes que se han pasado al lado oscuro? ¿Amenazas subterráneas? ¿Criaturas míticas resurgidas? ¿Monjes locos? ¿Sobreviviríamos a algo?