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viernes, 7 de septiembre de 2012

Dando un aire nuevo a nuestro hogar

Desde hace unos días vengo pensando que nuestro piso necesita un cambio de aires; un cambio en la decoración de nuestro hogar para dotar de color, vida y sentido del humor. Los cambios son buenos... Hago unas propuestas.


Una forma divertida de incentivar que nuestras visitas se laven las manos después de ir al baño. Como tiene dos orificios, jabón de dos colores. Uno verde y el otro rojo, para la típica hemorragía imprevista.

A los críos les encantará.



¿Qué se va la luz? No hay problema Velas tamaño humano. ¿A quién no le gusta ver como se deshace poco a poco una efigie humana?

Y con lo que les gusta a los críos encender y apagar velas.



Una mesa que necesito. Arma imprescindible para asaltantes nocturnos y ataques zombis inesperados. A. imagínate que el de la sombra soy yo, con más contornos y en calzoncillos dispuesto a defender nuestro hogar. ¿A qué mola?

Niño Lobo y Niña Zombi se darían de tortas por reventar algunos cráneos.



Para gastar una broma... Cariño, sin querer he atropellado a Sigilo. Y venga una risas...

A los críos les encantan los objetos de broma.


Quien no haya querido nunca un luchador de sumo en su vida que levante la mano. Es una mesa perfecta. Artística, con sentido del humor y de la curva. Y, además, si tenemos algún invitado molesto lo sentamos que vea durante todo del café las posaderas del luchador y listo.

¿Y qué opinarán los críos de esto?

Y por último, he decidido empezar una nueva colección. Dicen que el coleccionismo compulsivo y obsesivo es bueno para la salud porque distrae de querer pegarle fuego a desconocidos o de esa fascinación por las hachas que se resbalan en la rabadilla de un vecino. Siendo así y viendo que por problemas de espacio no puedo continuar con mi colección de estatuas ecuestres, aquí mi nueva afición.


¿Qué opinas A.?

jueves, 20 de octubre de 2011

Entre otras cosas... el anti espíritu de la navidad

Después de un día en el que me he leído una novela mediocre, he estado en casa de mis padres y he sustraído sin que se dieran cuenta y sin que quisieran detenerme dos novelas de Wilkie Collins que tengo ganas de releer, pasar de puntillas por un parque y volver a repetir a Niño Lobo y Niña Zombi que no me van a ver el pelo allí dentro mientras haya niños y pelotas y niños con pelotas (y que podría ser el origen del argumento de la portada que publiqué hace dos días y que me sigue runruneando pese a las interesantes teorías de Bellota y Sebastián), haber visto un capítulo de Bored to death donde hacen un chiste cruel sobre amores, un niño y un cura y que me ha hecho mucha gracia, ayudar a hacer deberes de inglés a Niño Lobo y constatar que me voy haciendo mayor por ver a un grupo de adolescentes, quedarme mirando a uno de ellos y pensar "¿cómo puede llevar esos pelos?", llego a casa y después de cenar un buen bocadillo de jamón me siento ante el ordenador y empiezo a ver esos mundos llenos de tontás con las que me entretengo tanto.

Y mientras miraba cosas como un interruptor


un pastel


o una chaqueta


mis inocentes y siempre puros ojos se topan con algo que me hacen exclamar un "joooooder" y una sonrisa aflora a mis labios. Tengo ante mí la antesala al robo de la navidad, el símbolo de lo que será finales de diciembre en mis manos, el representante del antiespíritu navideño y lo que quedará en los hogares de todo el mundo cuando robe la navidad.


Lo definen como Escultura de Niño Ángel. Imaginaos esto en todos los hogares, todas las casas, todos los negocios y todos los colegios. La imagen de esta navidad.

¿Y qué vas hacer para impedirlo Capitán Chistorra? ¿A qué esto no te lo esperabas, gordo embutido en mallas?