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lunes, 9 de junio de 2014

Un par de las películas que he visto

El ídolo de barro (Champion, Mark Robson, 1949)

Tengo una debilidad enorme por las películas ambientadas en el mundo del boxeo. Será por el despliegue físico, la rudeza y porque se quiera o no, casi todas acaban rozando el universo del género negro. En el caso de El ídolo de barro, no lo roza, se sumerge en un mundo de sombras (muchas) y luces (pocas) para explicarnos la historia de una ambición desmedida y la historia de un desgraciado que por ser alguien lo perderá todo.

Kirk Douglas está estupendo al igual que Arthur Kennedy y Paul Stewart. Lola Albright está guapísima, pero me gana lo mala, malísima que es Marilyn Maxwell sobre todo chuleando a un cachondísimo Kirk Douglas con aquello de "no soy barata". Como buen ejemplo de cine negro es oscura, ambigua, pesimista. Tiene un combate final espectacular, sienta bases y estructuras para el posterior cine de boxeo y tiene uno de los mejore y más elegantes flashbacks que he visto en una película.


A raíz de lo que comentaba el Doctor Insermini en su blog sobre películas donde el protagonista se convierte en su propio perseguidor, me viene al recuerdo una película que vi hace mucho años de madrugada en La2 cuando emitían películas en versión original; una variación de ese tema. 

Solo en la noche (Somwhere in the night, Joseph L. Mankiewicz, 1946)

Un tipo se despierta con amnesia. Le llaman George Taylor y tiene una carta donde su esposa le dice que le odia. Y empieza una carrera para saber qué le ha ocurrido y quien es.

Una película de género negro que recuerdo me gustó mucho y que en un nuevo visionado me ha ghustado algo menos, pero sigue siendo una estupenda película para pasar un buen rato. Me gusta pese a todos los "peros" que se le puedan poner (dirección discreta, algún diálogo no muy afortunado, momentos inverosímiles, por ejemplo), pero la sensación continua de paranoia, la búsqueda de la identidad, la oscuridad del entramado y que es cine negro, leñe, y con eso ya me tienen conquistado.


miércoles, 21 de mayo de 2014

El director y la actriz

Joan Bennet y Fritz Lang en el rodaje de Perversidad.

domingo, 2 de marzo de 2014

Mujeres malas en blanco y negro y alguna en color 1

Desde hace tiempo llevo pensando iniciar una sección de periodicidad peregrina a las que ya os tengo acostumbrados donde hable de mis malas cinematográficas favoritas. Me ronda, me ronda, me ronda, pero hasta hoy no me he decidido. ¿Y por qué? ¿Acaso Jorge ha superado su ya famosa pereza, se ha despegado de la novela de turno y ha decidido hacer algo útil con este blog? No, ni por asomo. El motivo es la gran bronca que me metió mi buen, pero pesado y cada día más cansino amigo Jordi. Vino a casa a cenar y tras saludar a A. y a los nenes, se encaró conmigo y a gritos me dijo algo así como "¡Actualiza ya de una puta vez la mierda de blog que tienes que me aburro un huevo en el gimnasio, joder, tarado de los cojones! He traído helado".

No cené bien esa noche ni dormí bien. ¿Cómo podía ser tan mala persona? ¿Cómo? Estaba obligando a la ameba social que es Jordi a aburrirse en el gimnasio y ser presa fácil de conversaciones sobre fútbol, coches o a tener que contestar preguntas del tipo "¿me queda bien este músculo aquí?". No podía hacer que hablara con desconocidos o, dios no lo quiera, hacer nuevos amigos. Me di cuenta de que Jordi en parte dependía de mí para seguir siendo el tío ese raro del gimnasio que no habla con nadie ni se acaricia lúbrico la panza delante del espejo. ¿Y cómo entretenerlo? No es muy complicado. Viejas que se caen, bomberos parisinos, películas de monstruos, listas interminables de sinónimos de "puta"... Y mujeres. Mujeres en blanco y negro. Mujeres malas en blanco y negro. Y alguna en color.

¿Y por dónde empiezo? Bueno. Por una película que vi por primera vez hace poco y que se ha encumbrado en el olimpo de mis tropecientas películas favoritas. Y por la mala que aparece, domina, subyuga, manipula, miente y enamora en cada paso, cada mirada y cada "no puede evitarlo".
Jane Greer en Retorno al pasado.

Película de 1947 dirigida por uno de mis directores favoritos, el francés Jacques Tourneur. La película es uno de esos maravillosos ejercicios de cine negro de los años cuarenta. Como decía Robert Mitchum, pareja protagonista de Jane Greer, una de esas películas iluminadas por cerillas (Doctor Insermini, gracias por el apunte). La historia del tipo que intentó dejar su pasado atrás, pero la casualidad y unos bonitos ojos hace que tenga que enfrentarse a todo aquello que abandonó atrás. ¿Y qué fue este problema? Pues una muchacha llamada Kathy.


Para mí, una de las peores (o sea mejores) mujeres de esas que llaman fatales que dio el cine clásico. Mala, manipuladora y mentirosa. En toda la película no dice nada que sea verdad ni hace nada que sea honesto. Eso sí, aletea las pestañas como nadie y se mueve con esa elegancia que solo puede traer problemas. Y, claro, cualquier tipo que ande a su alrededor no solo encuentra problemas, sino que se revuelca con ellas. Nadie como ella para empuñar con frialdad y elegancia un revólver. 


Y para presentarse como una pobre víctima de las circunstancias. Y desde su primera aparición sabemos que es mala. Pero da igual. Porque, seamos sinceros, entre ella y la sosita de la novia del pueblo de Robert Mitchum, ¿con quién nos quedaríamos?

viernes, 8 de noviembre de 2013

Sin conciencia

Quien sigue más o menos este blog sabe que una de mis pasiones más confesas es el cine. Y dentro del cine, el cine clásico. Y dentro de lo clásico, el cine americano de los treinta / cuarenta / cincuenta. Y dentro de ese cine americano tengo tres géneros
- comedia
- western
- cine negro.
En especial, este último.

Desde chiquito me siento fascinado por las historias de detectives, mafiosos, ladrones poca monta que aseguran que este será su último golpe, atracos que salen mal, viciosos y asesinos, jugadores, locales clandestinos, oscura fotografía, ambigüedad moral, fatalidad y muerte. Y violencia, claro. Películas violentas. Secas, duras, impasibles.

El fin de semana pasado vi Sin conciencia dirigida por Bretaigne Windust en 1951 (aunque gran parte del metraje lo dirigió el maestro Raoul Walsh, uno de los tuertos de Hollywood que nos dejaron maravillas tras maravilla) y me sorprendió lo terrible y violenta que era. Eso, y que la sombra de una película de cine negro bastante desconocida es muy alargada. Viendo la investigación de Bogart y la trama que ante él se despliega, un maravilloso asesinato en una barbería, me vino aquella otra muerte en Promesas del este. Y esa sequedad del disparo sin remordimiento, el día a día de los ladrones y asesinos que luego nos enseñará Scorsese y Los Soprano y ese villano en diferido que domina toda la película como se enseñoreaba Keyser Soze en Sospechosos habituales. Y tantos otros.
Quizá exagero y se me ha ido la cabeza con la influencia, pero cada uno se construyo su historia del cine. Y esta me gusta mucho.


Pero no ha sido la única incursión en el cine negro de los últimos días. The big combo, Al rojo vivo, Retorno al pasado (otra vez), Perdición (otra vez y otra vez y otra vez)... Y este fin de semana toca Deseos humanos.

Y no, no me he olvidado de ellas. Pero ellas merecen sección aparte.