jueves, 22 de junio de 2017

Cuatro días de asueto...

... y la intención es hacer muchas cosas, pero...
... entra el factor niña (y dejo los puntos suspensivos que esto no es una novela de Albert Espinosa).

Por x motivos tengo cuatro días festivos seguidos, lo que no es muy usual. Y siempre hago planes.

- Acabar de rever la segunda temporada de Twin Peaks antes de ponerme con la tercera.
- Ver alguna de las películas de cine negro de serie B que tengo guardadas para cuando encuentre hora y media.
- Leer y hacer que esa maldita pila de libros pendientes mengue un poco.
- Cocinar algo nuevo.
- Paseos tranquilos.
- Ordenar la casa que está hecha un pequeño desastre, pero, claro, con siete seres vivos aquí dentro qué queremos.
- Colgar los pósters nuevos por la casa. Decidir qué se cuelga y dónde se cuelga. El de Wonder Woman es fijo, los otros tenemos que decidirlo.
- Leer algo que supere las ochocientas páginas. Me da igual si es fantasía, drama social en Nueva York, terror de susto y no quiero seguir leyendo o clásico del XVIII con sus doncellas acosadas, sus galanes egoístas y su estilo epistolar (sí, hace tiempo que pienso en releer Pamela. Mira tú, con la de cosas que hay para leer).
- Otras cosas que vayan surgiendo.

Pero, claro, todo estoy topa con una férrea resistencia llamada niña de dieciséis meses que camino a punto de aprender a correr y todo lo que está a mi alcance es para tocar y qué divertido que es esto de pintarme en la barriga.

Todos los bonitos planes destruidos por una bebé que no entiende que mi té es mi té, no su té y que no tiene edad para beber té y que lo dejes, coño.

Surgen otros, sí, como lo de ir mañana a la piscina (ya os contaré. Y sí, odio la piscina), pero de los que me he propuesto me gustaría cumplir uno, solo uno. Creo que no es pedir demasiado. Aunque antes tendré que pedir permiso a la nena si le va bien o prefiere volver a mirar el dichoso cuento de En Pinxo i la orquesta; apasionante historia de un perro vestido de rojo que acompaña a una orquesta para un concierto secreto en el bosque. No sé qué sentido tiene reunir a toda una orquesta en un bosque porque el libro no da más detalles. Ignoro si viven en un mundo donde la música de Saint-Saens está prohibida o si es una secta extraña de músicos templarios, no sé. Seguro que en la próxima media hora volverá a leerlo.


domingo, 11 de junio de 2017

Reseña de After o mejor dicho, un comentario a propósito de una lectura que me hizo sentir sucio y no en el sentido de uuuuuh

Primer libro del Qué leo, qué reseño 2017

Ya leí After.
¿Qué tal fue?
¿Cómo explicarlo?
Como si una civilización alienígena parasitaria decidiera que había llegado la hora de expandir su territorio mediante el asesinato, el saqueo, la matanza y la nula atención a cualquier tipo de norma sanitaria o higiénica y, tras rebozarse en todas las heces que ha encontrado en su camino por la galaxia, incluida la mierda de gargonte, que como todo el mundo sabe, es la mierda más contaminante y vomitiva de la galaxia y sus cuatro dimensiones paralelas colindantes capaz de hacer llorar de dolor y vergüenza a los más desalmados traficantes de mangos prepúberes y bragas usadas de monjas palmípedas coleccionistas de patatas fritas con forma de Elvis. Digo que estos alienígenas, después de abusar y reproducirse y sin haberse bañado en siglos por lo que su cuerpo no es más que una costra inmensa de tiritas con sangre reseca, mocos con personalidad y doctorados en medicina y literatura comparada, secreciones pustulantes de colores desconocidos usados solo en paletas de texturas en películas mangas prohibida en los siete reinos, hallaran un habitat perfecto en mi cerebro y tras horadar mi cráneo con una máquina perforadora, montaran una fiesta que tiene más de orgía diabólica que de alegre celebración entre amigos, llenaran mis cavidades cerebrales de esputos sangrantes y tras provocarse varios cortes con discos viejos de Ennio Morriconne se lanzaran a mantener relaciones sexuales con mis neuronas mientras les dicen a qué te lo estás pasando bien, nena, y explican chistes de curas y loros irlandeses.
Como esto, pero peor.
Mucho peor.

Como podréis imaginar después de esta pequeña descripción de cómo mis otroras cuerpo y mente quedaron reducidos a un amasijo de carne temblorosa y gimoteante con la ropa interior sucia, esto no pretende ser una reseña tranquila, ponderada y pretendidamente imparcial. Esto último nunca he pretendido serlo. Ni aquí ni en mi anterior blog. Lo primero y segundo será imposible dada la naturaleza misma de la novela. No solo lo que trata, si no como lo trata. Y me voy a centrar únicamente en el primer libro. No he leído ni voy a leer los otros cuatro (cuatro libros más...) por lo que si en los siguientes volúmenes los protagonistas sufren un cambio copernicano y se convierten en lápices de colores con poderes o hay una revelación final que hace que toda la saga se vea con otros ojos, mala suerte. Me centro en lo que he leído.

Esto lo comento porque si alguien quiere utilizar el argumento para rebatir esta especia de reseña de que como no me he leído el resto de las partes no puedo opinar, que se lo ahorre. No lo considero válido. Se puede comentar un libro por él mismo (como la segunda parte de una pentalogía fílmica o el número quince de un cómic) sin necesidad de establecer relaciones con su entorno. ¿Qué éste puede aportar más datos? Es posible, pero en este caso juzgo a After por él mismo.

¿De qué va esto? After no deja de ser la enésima revisión del tópico de chica buena conoce a chico malo y empiezan una tormentosa relación. No podemos decir que es una vuelta de torno a tan conocido cliché porque en esta novela lo único que se hace es perpetuar todos los motivos del subgénero sin aportar nada nuevo. Tessa es una buena chica; buena estudiante, buena hija, buena novia, buena en todo. Acabado el instituto se va a la universidad, un antro de perdición lleno de chicos atractivos que te miran así como de lado, fiestas, drogas y pelanduscas tatuadas y con hierro en la cara. Allí conocerá a Hardyn, el malo más malote de todos los malotes y, claro, entrarán en una espiral de amor y pasión que los llevará a conocer el cielo y el infierno en una misma escena plagada de clichés. Una relación estructurada en la cantinela de guardería "los que se pelean se desean" y fundamentada en dos pilares:

- él no puede comprometerse porque está así como raro con la vida por algo que pasó y por eso tiene ese carácter.
- ella sufre un profundo complejo de enfermera que le hace perdonar todo lo que él haga en alas de un futuro amor y porque solo con su cariño él se curara.

Vamos, lo de siempre. Él como ventilador activo de tirar mierda porque es así, pero te quiero. Ella aceptando esa mierda porque si lo quiero mucho y me lo trago todo, él se abrirá a mí y seremos mu felices. Una relación tóxica que hiede a maltrato psicológico a un paso del físico presentada como el culmen del romanticismo.

Y a diferencia de lo que he leído en otras partes de que los personajes son tan repugnantes el uno con el otro porque solo es ficción, una novela, y presenta un relación tóxica para ver como evoluciona, mi teoría es que para la autora (en esta caso, en mi opinión, la voz narrativa del narrador se confunde en muchas partes con la voz de la autora) realmente cree que esto es una relación romántica. Esta novela es una fantasía, un juego imaginativo con la imagen pública de alguien conocido (como la novela que escribí con catorce años con Michelle Pfeiffer de protagonista... y sí, aun la tengo guardada y no, no la leeréis nunca). Lo repite una y otra vez a lo largo de la novela, si se pelean tanto y son tan malos uno para el otro es porque son especiales y su amor es especial. Te insulto porque te quiero y, además, eso lo hace especial. Como el amor de Catherine y Heatcliff o de Elizabeth y Darcy.

(Nota al margen: mira, por esto no paso. Debería haber una ley que prohibiera la utilización de Cumbres borrascosas, Jane EyreOrgullo y prejuicio en este tipo de novela. Y más cuando se demuestra por los comentarios que aparecen en las novelas que sencillamente los personajes / narradores / autores no han entendido nada de lo que iban esas novelas. Dejad en paz a las Brontë y a Jane Austen.

Un día sus cadáveres volverán a este mundo y devorarán a todos aquellos que han utilizado el nombre de su obra en vano. E incluyo a Tess de Thomas Hardy. ¿A qué escribo un cuento sobre esto?).

Además la novela me ha parecido un inmenso canto al ego masculino. Desde la misma base de justificar todas y cada una de las execrables acciones de Hardin, hasta las vergonzantes escenas de sexo donde todo acaba en un "Pero qué bien que follo, ¿verdad nena?". Por cierto, ¿qué obsesión con el tema de la inocencia y virginidad de Tessa, ¿no? Ella, alma cándida y espiritual jamás tocada por nadie (ni por ella), que solo ha visto un pene de refilón en una foto y que descubre los placeres de la carne de la mano de alguien mayor, más experimentado y que no le importa que sea algo torpe. Al contrario, le pone más su inocencia y que nadie a parte de él la haya tocado (sorprendente doble moral, él es un follatodo y no pasa nada. Aparece un personaje femenino follatodo y es una furcia que mira lo que hace con su cuerpo y no se respeta).

A veces parece que el valor que Tessa tiene para Hardin es el valor de su pureza e inocencia. La mujer parece reducida a algo bonito y valioso que hay que proteger de un mundo malo y corrupto que la echara a perder. Y, claro, nadie mejor que un tipo malote para protegerla. El tema de la virgnidad de Tessa se convierte en epicentro de la novela y protagonista de la revelación final; una novela sobre el valor de la virginidad no como decisión personal de una mujer, si no como eso lo ven y lo valoran los hombres.

Escenas sexuales mál explicadas donde él domina, donde lo importante es el placer que recibe él o admirar lo bien que da placer. No me pareció una relación de igualada si no una relación donde hay que dejar claro una y otra vez que él es lo más.

Ese momento en que ella justifica que un tipo quisiera abusar de ella diciendo que claro, él iba borracho y ella estaba dormida en su cuarto.

Una visión del amor en el que éste es violento, duele, provoca infelicidad, insomnio, angustia, ganas de matar y estrangular, celos incontrolables, control de teléfonos, amigos, vestimenta, explosiones de mal humor o alegría injustificadas. Pero eso sí, nuestro amor es especial.

Todo esto, y mucho más, me lo he encontrado en casi seiscientas páginas de la peor literatura. Porque After es una novela machista, tóxica, envenenada y, encima, está mal escrita.

Conceptos básicos como economía narrativa (se mal describe todos y cada uno de las acciones de los protagonistas y no aportan nada), pobreza lingüística, repetición constante de la misma estructura (se ven, se admiran, se pelean, follan, se pelean, se reconcilian y vuelta a empezar), una caprichosa y aleatoria organización de los capítulos (creo que esto se debe a que la novela parece que está escrita por teléfono y a lo que salga sin plan, estructura o idea de lo que se estaba haciendo), pobreza en una caracterización mínima de los personajes principales y despreocupación de esto con los secundarios; personajes estos que se contradicen de capítulo a capítulo y que están solo por las necesidades de la trama aunque eso volatilice la construcción del personaje que se hizo dos capítulos atrás.

Una novela pobre y torpe que necesitaba de forma urgente un trabajo de edición y que alguien tomara decisiones. Como quitarle las cuatrocientas páginas que le sobran. Seamos sinceros, esta historia se explicaría mejor y diciendo lo mismo en ciento ochenta páginas.

Y encima, si con todo esto no bastara, After es una novela muy aburrida. Puedes ser torpe, estar mal escrito, adjetivar de más y sin sentido, pero no aburras. Al final mi lectura la hice con el piloto automático puesto y deseando que todo esto se acabara cuanto antes.

Cuando acabé la lectura de After, dejé el libro a un lado y me fui a pegarme una larga ducha. No es broma. Después de leer esto me sentía sucio. Y durante dos días no pude abrir un libro por miedo a que me apareciera Hardin con su olor a menta.

Fueron dos días duros, desagradables y perdidos. Podría haber estado leyendo cualquier otra cosa, jugando que mi hija pequeña, estar con los mayores echando una partida al Símbolo arcano, ver como crece una pared o darme cabezazos contra una roca. Cualquier otra cosa. Pero al menos ahora ya la he leído y puedo decir con conocimiento de causa a todos esos padres que vienen a la librería a comprarla lo que se van a encontrar dentro. Sobre todo si para quien la compra tiene doce años. O como aquella pareja que la quería comprar para una niña que iba de hacer la comunión ("como su prima mayor la estaba leyendo y ella no quiere ser menos...").

Ya he leído After.
¿Contentos?

Ps. En concreto escribí esa novela con esta imagen de Michelle Pfeiffer.


Su personaje en la comedia de John Landis In to the night.
Tengo que ver la película de nuevo.
Y no, no verá nunca la luz.

domingo, 4 de junio de 2017

Lo que se escucha en casa

Nos ha salido una nena musical. Desde bien pequeña, la música le tranquiliza y divierte. Exige por las mañanas su ración de canciones. Y lo que más se escucha en casa desde hace semanas es esta canción:


Buen gusto el de una niña de quince meses, diréis.
Sí, por supuesto. Es mi hija.

Aunque supongo que también influye que no pongamos música infantil, nada de sintonias de dibujos animados o últimos éxitos de radio formula (¿aún se utiliza la expresión radio formula o es algo de antes de haber nacido yo?). Así que entre lo que escuchamos en casa, amplio y variado, Niña Dragón elige y su favorito es Nathaniel Rateliff.

Y si os lo estáis preguntando, su libro favorito es 


La triste y dura historia de Bumba, un chaval de barrio que quiere entrar en la banda de maleantes de su hermano mayor conocido en los arrabales como El Granos.

Pero este cuento ya lo explicaremos en otra ocasión.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Resultado del reto Qué leo, qué reseño. Mucha cal y quizá un poco de arena

Se acabó.
Quien quiera proponer o votar tendrá que esperarse un año porque esta edición está cerrada.
Y he aquí el resultado, los siete libros que me debo leer sí o sí por orden de más votados.








No sé qué pensar de esta selección. Tres títulos prometen ser al menos interesantes. Uno no estoy seguro si está hecho para hacer daño o no. Tres van a matar sabiendo qué temas, formas, tonos e historias me hacen más daño y me dejan más tocado. Durante cada minuto de mi lectura estaréis en mi pensamiento y no sé si lo que piense os va a gustar. Y aunque soy consciente que tanta mala leche esconde un aprecio hacia mi persona, doler, duele igual.

Se han quedado a las puertas títulos como Mutados 1, El sinsentido del amor, Los jóvenes de la élite, En los zapatos de Valeria...

Ahora tocara leer y reseñar. Con tiempo, calma, té y en algunos casos muchas pausas.

ANEXO
Como cada año aparecen títulos interesantes que no llegan al podio final. Para contrarrestar alguna de las lecturas propuestas, me acogeré a estos libros como tablas de salvación.





También quería leer Xenogénesis y Negro, pero ni uno ni otro los he encontrado disponibles. Uno agotado, el otro me parece que no editado por estos lares y ni uno ni otro en bibliotecas. Quedan pendientes.

Ahora a leer.
Espero que lo hayáis pasado bien e iremos colgando reseñas los próximos días.

lunes, 29 de mayo de 2017

Pedazos de vida...

... que se encuentran en los libros de segunda mano.


He encontrado dedicatorias, exlibris, un par de pétalos de flores (que mancharon la página), un cuento escrito en una servilleta de bar, dos cartas, pero hasta ahora, ninguna fotografía. Imagino que se utilizó de punto de libro y en Melisande se quedó. Luego, el libro se vendió vete a saber la razón y de mercadillo a mercadillo hasta llegar a mis manos.

Conservaré la fotografía por si un día puedo devolvérsela a alguna de las personas que salen en ella.

jueves, 25 de mayo de 2017

Oso vs. Tiburón, Chris Bachelder

Bienvenidos al espectáculo del siglo.


Me llegó esta novela a la librería y la devoré en un par de días. No he hablado antes de ella porque necesitaba digerirla. Desde ya, y junto con La casa de arenas movedizas, una de las novelas de este año.

Oso vs. Tiburón es una despiadada, brutal, durísima, muy divertida, y en ocasiones tierna y triste, sátira sobre una sociedad mediatizada hasta límites absurdos sobre un combate entre un oso y un tiburón (en condiciones ideales) que se celebrará en Las Vegas. Desde la experiencia directa de una familia (los Norman) que viaja al combate asistimos a un desfile de personajes, situaciones, narradores, voces, etc. que teje un retrato despiadado de una sociedad que vive por y para un combate que realmente creen imprescindible, una sociedad enferma de entretenimiento, de pasarlo bien, de disfrute para ocultar terribles vacíos e incógnitas.

El señor Norman vive un viaje inconcluso por su propia vagancia, de descubrimiento de ciertar verdades sobre el mismo, su familia y la sociedad. Ideas revolucionarias como apagar el televisor o amar libremente a un tiburón. La promesa eterna de una felicidad aun mayor en la siguiente área de servicio, el siguiente programa de entretenimiento, el siguiente combate. La señora Morgan mirando continuamente su teléfono para saber qué tiempo hace por el sitio por el que están pasando ya que el que dice la tele es más real que el que se ve a través de la ventana.

Una sátira que remite a David Foster Wallace (al que se cita tres veces), a Calvino, a DeLillo, a los clásicos ingleses del XVIII, a los recursos de la telecomedia como realidad alternativa y la omnipresencia de la televisión.

La novela es del año 2001 y resulta terriblemente actual y, en cierta forma, en esa sociedad consumista de diversión nos vamos convirtiendo. Imagino la novela escrita ahora con la presencia de las redes sociales. ¿Qué discusiones podrían tener los fanáticos del oso contra los fanáticos del tiburón por twitter? La eterna conectividad a un teléfono.

Es triste, eviscera una momento de la cultura americana (y casi por extensión del mundo occidental), deprimente, pero a la vez terriblemente divertida. Es una novela en la que te ríes. Mucho. Sobre todo en su primera parte y cuando entran en acción los medios. Quizá en alguna parte resulte algo obvia en su intento de dejar claro de qué va el mensaje, pero es algo que no molesta. Por lo menos a mí no. No es perfecta (y quizá por eso me gusta más), pero me resulta irresistible como lector. Frases cortas, rapidez de acción, concentración de la información lo que exige atención al lector. Una novela ideal para una relectura y para clubes de lectura donde se busquen novelas que polaricen entre amores y odios.

Automática sigue creando un catálogo muy interesante del que soy muy seguidor. Mucho y buenos títulos con alguno imprescindible y un puñado de obras maestras. ¿Cuáles? Para mí...



 Como lectores (y libreros) necesitamos este tipo de editoriales.

domingo, 21 de mayo de 2017

Qué leo, qué reseño. Resumen de cómo va el tema

Ha pasado algo más de una semana y faltan pocos días para acabar el tema y vamos con un pequeño resumen de cómo está el tema.

Ha sido divertido volver a hacerlo y verme atrapado en la maraña de lecturas que me pide la gente. Aunque la participación es baja que en la ediciones que montaba en el blog de juvenil, lo que es normal ya que este blog es bastante menos popular que aquél, el entusiasmo de los que han participado es contagioso. Para bien y para mal. Para buenas lecturas y para ensañarse con el caído.

Hay veintitantas propuestas.

De momento hay tres claras ganadoras.


Como podéis ver, van a hacer daño.
Mucho daño.
A alguien que es un sol y más bueno...
Que es padre de una niña preciosa de quince meses. ¡Cómo podéis hacerle esto a un padre!... ¿o es demasiado rastrero jugar esta baza?

 Pero no son definitivas.
Aun se puede evitar que lea ciertas cosas. Y estaría muy agradecido una conspiración para evitar que perdiera mi tiempo leyendo libros que ya sé que no me van a gustar. Pero a lo mejor te llevas una sorpresa, dice un optimista. No lo creo. Mi instinto cargado de prejuicios e ideas preconcebidas pocas veces me falla y, por otra parte, ¿habéis visto las portadas?

Todavía queda tiempo hasta el viernes para otras propuestas y votaciones que varíen ese ranking del infierno. Podéis dejar las propuestas y votos en esta entrada o en la anterior.

Sed buenos... y si es necesario recurrir al soborno, adelante, decidme vuestros precios.

sábado, 20 de mayo de 2017

Sobre habaneras y el tiempo

En esta entrada hablaremos de habaneras.

Pero antes...

Hoy ha sido un día productivo.
He visto dos películas.
Una me ha gustado mucho, la otra me ha gustado a trozos y me ha provocado un divertido ataque de vergüenza ajena. ¿Cuáles son? La primera es The sorcerers, una película de terror inglesa del 1967 con Boris Karloff que se mostraba como un contrapunto al goticismo imperante de la Hammer; violenta, malsana, cruel. La otra es Play Misty for me, de Clint Eastwood; su primera película y es interesante y vibra un futuro buen cineasta, aunque tenga unos minutos en medio que sea un documental de jazz por un lado y por otro algunas de las imágenes más cursis que me han vomitado a la cara sin misericordia ni compasión (¡esa cascada! ¡esa escena de sexo! !esas caricias en el pelo!). Suerte que vuelve a aparecer Jessica Walter y todo se anima.

Pero no quería hablar de cine.
A. y los nenes se han ido a una sesión de teatro infantil. A. maquilla, Niña Zombi como espectadora y Niño Lobo como presentador. Yo no he ido utilizando vilmente a Niña Dragón como excusa y me he quedado en casa viendo al bueno de tito Clint leyendo poesía por la radio y siendo un capullo. La nena pequeña se ha dormido y tan ricamente. Cuando se ha acabado la película, vestir a la nena y para la calle a pasear.

Me encuentro la ciudad tomada por corredores.
Ya sabéis, esa gente que corre por propia voluntad sin zombis que los persigan ni nada de eso.
Y gente con tambores haciendo ruido.
También por propia voluntad.
Total, que esquivando a unos y a otros me pierdo por calles ignorando que la nena señala todo aquello que yo quiero fingir que he visto.

En esas que llego a una plaza. Suena música. La nena señala y yo me acerco.
Habaneras.
No me gustan las habaneras.
Nunca me han gustado... entonces, ¿por qué durante un segundo he sentido un deseo de pararme y escuchar? Me fijo en los espectadores y, claro, son ancianos. Todos ellos. El más joven tendría unos sesenta y pocos y el mayor ya es una edad indefinible que va de los ochenta a la eternidad. Todos sentados y escuchando en silencio a cuatro señores mayores que desgranan las penas de un marinero al compás de un acordeón.

Me he parado un momento y he tenido un arrebato proustiano sin magdalena ni perfume ni patada en los huevos ni nada. Desde que era pequeño, en todas las fiestas mayores que recuerdo, había un concierto de habaneras. Y recuerdo que siempre y de forma inmutable los espectadores eran señores y señoras mayores, también conocidos como viejos y viejas. No recuerdo a nadie joven. Ni maduro. Ni entrado en año, pero de buen ver. Solo ancianos. Por tanto, ninguno de los ancianos que están hoy sentados aquí oyendo las mismas habaneras de siempre eran cuarentones hace treinta años oyendo las mismas habaneras de siempre. Porque no había cuarentones. Estaban en los tiros al blanco, paseando a los niños o pensando en lo sinsentido que son sus vidas y en todas las posibilidades perdidas. No estaban escuchando habaneras. ¿En qué momento de la vida empezaremos con las habaneras? ¿Me pasará a mí? ¿A todos?

Como dicen los científicos, en condiciones ideales imaginemos que llegamos a viejos en una sociedad en paz, justa y equilibrada con una pensión digna que nos hace enfrentarnos a la vida de forma tranquila. ¿Llegará el día en que me pondré la camiseta por dentro del pantalón, un sombrero de paja y del brazo de A. nos iremos los dos a las cinco de la tarde a coger sitio para el concierto de habaneras que empieza a las ocho? A mí no me gustan las habaneras. Tengo mis gustos musicales y es más o menos malo, pero es mío. Los cantos marinos (a no ser que sean coros de marineros condenados a vagar en un navío fantasma expiando sus pecados) no me interesan, pero por lo que parece llegará un día que sí. Y lo mismo pasara con aquel que escucha heavy, el de cool jazz o el de cantos escoceses. Todos nosotros envejeceremos un día e iremos a cubrir la plaza de todos esos ancianos que hoy escuchan habaneras. ¿Llegará el día en que oiré a mi padre decir que se van al concierto de habaneras? ¿Será ese día el día en que escucharé ladrar a los perros?

He continuado mi camino con algo de desanimo sabiendo qué me depara el futuro y mirando a mi hija desconocedora de lo que la vida le espera.

jueves, 18 de mayo de 2017

Capturando al diablo

Esta mañana, mientras la nena dormía, A. preparaba el taller que tenía que hacer en el colegio y los nenes estaban en el suyo forjando un futuro (pobrets ells), he visto The devil rides out, una película de terror satánico de la época gloriosa de la Hammer con guión del maestro Richard Matheson y dirección firme y hermosísima (sobre todo en interiores) de Terence Fisher.

Dos carteles, dos títulos, la misma película. 

Naturalmente, la película me ha encantado.
Es una maravilla del terror y la ambigüedad y una película preciosa (maravillosa la fotografía de Arthur Grant).
Sí, he dicho preciosa.
En el mismo sentido que es preciosa Quien puede matar a un niño, No profanar el descanso de los muertos y Mil gritos tiene la noche o esa preciosidad el terror contemporáneo que es Oculus.
Pero de esta concepción de la belleza cinematográfica ya hablaremos otro día.

Y una vez acabada la película me he sorprendido volviéndola a ver y capturando momentos. Buscando esas imágenes y miradas que aún ahora recuerdo y que creo que es lo que me llevaré de la película.




 




Esta última se va directa a fondo de pantalla.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Reto Nicolas Cage. Rumble Fish

Volvemos a la normalidad y volvemos al reto Nicolas Cage.

Hoy, su tercera película

Rumble Fish, Francis Ford Coppola, 1983
Conocida por estos lares como La ley de la calle

Tercer trabajo cinematográfico y primera colaboración con su tito Francis. La película es lo suficiente conocida como para dedicarme a hacer un resumen de su argumento. Es una película que me gusta / aburre / fascina / olvido a partes iguales. Cuando la vuelvo a ver, es como si fuera la primera. Es una película que como los sueños acabo olvidando. Imagino que eso no es malo. La película no deja de ser un sueño de su protagonista, una visión onírica y nada realista; un espectáculo visual que rompe la naturalidad y el realismo. Como sueño, la película se me escurre en la memoria. Conservo la presencia de Tom Waits tras la barra de la cafetería, el inmenso reloj, los peces... y Diane Lane, claro. Pero es que desde que era pequeño y la vi por primera vez en Calles de fuego me es imposible no acordarme siempre de Diane Lane.

¿Y Nicolas Cage? Interpreta a Smokey, uno de los integrantes de la banda de Rusty y rival por el control de ésta y el interés amoroso de Patty.


Como casi todo en la percepción que tengo de esta película, su presencia se acaba diluyendo. Continúa con esa expresión de eterno estado alterado de conciencia y ojos a medio abrir. La verdad es que, de momento, poco podía hacer para competir con el carisma de Matt Dillon y la icónica presencia de Mickey Rourke.

Próximamente, un nuevo título. Uno en el que nuestro héroe comparte cartel con otro joven actor de voz gutural y ojos entornados.


sábado, 13 de mayo de 2017

Qué leo, qué reseño. Versión Mil matices

He pensado y meditado muy detenidamente si hacer o no hacer esta entrada. Quería recuperar cosas del blog de literatura juvenil, pero no sé por qué he empezado con esta... con algo que me ha abocado a los más infectos pozos de la literatura con algunos destellos esperanzadores. Supongo que en el fondo no lo pasaba tan mal o que realmente el ser humano tiene muy mala memoria.

Total, que vuelvo a hacer una edición de Qué leo, qué reseño.


Que más o menos será lo mismo, pero algo diferente porque la experiencia es un grado y no me quiero volver loco como la última vez.

- Perdón, perdón, perdón.
- El lector del pañuelo de leopardo.
- Es que no sé de qué puñetas estás hablando. Nunca he ido a tu blog de literatura juvenil porque éste ya me parecía suficientemente malo y no quería sufrir más y no sé que es eso de leer y reseñar.
- Bueno, pues lo explico. Un poco de historia...
- Pero que no sea muy larga.
- No lo será.
- Promételo.
- Lo prometo.
- Por los jóvenes castores y Russ Meyer.
- Por los jóvenes castores y Russ Meyer.

Hace mucho tiempo, en un lugar y espacio diferentes, un tipo decidió celebrar algo en un blog pidiendo a la gente que escogiera sus lecturas. Los lectores del blog proponían títulos y los títulos que tenías más votos, el susodicho tipo tenía que leerlo y hacer una reseña. Lo que empezó como una fiesta acabó en una orgía de sangre, destrucción y locura porque, en general, la gente es mala y decidieron recomendarles libros que sabían que no le gustarían o directamente malas novelas. Para hacer daño. Esto acabó dañando para siempre el espíritu y el físico de ese joven lector que acabó parte de sus días convertido en un atractivo amasijo de carne gimoteante y lleno de babas que hacía sus necesidades encima sin que nadie lo limpiara.

O algo así.

Y ahora, cuando ya se ha recuperado de esas taras vuelve con la intención de repetir el experimento. Igual, pero diferente.

¿Las reglas? En principio son éstas.

* Vale cualquier libro de narrativa de cualquier género.
* ¿Qué se considera narrativa? Se valorará según mis criterios.
* No es necesario ser seguidor del blog, ni poner un banner, ni hacer publicidad, ni donar parte de vuestro patrimonio al editor de este blog, ni enlazar, ni... Pero si alguien quiere publicitarlo, adelante. Cuanto más seamos, más nos podemos reír.
* No hay premio; solo la satisfacción de sentirse como un dios con un poder muy pequeñito.
* Plazo desde hoy hasta el 26 de mayo 2017. A partir de ese día se irán sucediento las reseñas con una perioricidad algo caprichosa. Este no es un blog solo de libros y se hablarán de otras tontas.
* No valen ni segundas ni terceras ni cuartas partes.
* Se leerán solo los siete libros que reciban más votos.
* Repito, se leerás solos los siete libros que reciban más votos.
* Si hay muchos candidatos, una mano inocente (o sea A.), elegirá por sorteo los afortunados.
* Las propuestas se dejan en forma de comentario en esta entrada o se me envía un mail que contenga en el asunto la palabra tetera.
* No vale el contra voto.
* Se fomentará la discusión entres los participantes.
* No existe el límite de propuestas.
* Mi buen, pero insufrible amigo Jordi puede votar. Sin restricciones.
* Si tenéis algún problema para votar, podéis hacerlo por twitter, instagram, con un mail...
* Y no se me ocurren más.

Desconozco si montar esta edición de Qué leo, qué reseño en este blog tendrá el éxito de convocatoria de otras ediciones. Sea como sea, conozco a personas que les hará una ilusión tremenda. Así que si os gusta la idea y queréis darle difusión os estaré muy agradecido.Y salga como salga, será divertido.

Espero.

Quedan abiertas las líneas.
No os cebéis, pero recordad siempre que yo lo haría.

jueves, 11 de mayo de 2017

La casa de arenas movedizas, Carlton Mellick III

Hace ya casi seis años escribí una entrada en este mismo blog donde decía que quería leer una novela llamada La vagina encantada de un tal Carlton Mellick III. Su argumento (una vagina que es en realidad un portal a otro mundo y su posterior exploración) merecía mi aplauso, mi interés y que durante todo este tiempo no lo olvidara.

Hace un par de semanas, pedimos y recibimos en la librería un depósito con los libros de la pequeña, pero ya imprescindible editorial, OrcinyPress. Entre ellos, la colección bizarro. Y en ella, un libro llamado La casa de arenas movedizas.

Y en la solapa, esta cara.


¡Ostias! Yo conozco a este tipo.
Tiro de memoria y sí, es el autor de La vagina encantada. No es el libro de la vagina, pero la historia de dos hermanos buscando a sus padres por una casa infinita me interesa. Mientras hacía planes para ahorrar y comprarme el libro, A. se me adelanta y me lo regala.

El libro me dura dos días.

Nada mal contando que debido a Niña Dragón mi tiempo de lectura del desayuno prácticamente ha desaparecido y que empieza a no encontrarle sentido echarse una siesta.

Durante su lectura paso del desconcierto, a la sorpresa, a la maravilla. Un viaje extraño y apasionante a un mundo diferente que mezcla fantasía, ciencia ficción, muchas dosis de terror, mucho de novela de iniciación, parámetros de la literatura juvenil, la perversa inocencia de las historias de Roal Dahl y destellos de la belleza que podemos encontrar en el cine de Cronenberg.

Un estilo claro y sencillo para una novela que cambia y se metamorfosea sin que ninguna de las sorpresas que guarda sea efectista o gratuita. El lector no sabe a lo que atenerse, pero todo tiene sentido. Una gran imaginería, un universo propio y fascinante. Una lectura llena de matices, capas y significados. Podemos quedarnos con una visión superficial (una novela de aventuras terriblemente divertida y entretenida) o, si nos atrevemos, ir más allá y entrar en las sombras sabiendo lo que allí nos espera. Y todo acompañado de un gran sentido del humor; unas veces, cruel. Otras, tierno.

Lo que resulta admirable es la capacidad del autor para que todo el delirio de su argumento e imágenes no se quede en el efectismo o el chiste.  La novela tiene una estructura férrea (aunque a veces no sea muy sutil en la forma en que los hermanos consiguen información) y todos los elementos que aparecen lo hacen por algo. Es extraño, es bizarro, grotesco, pero no accesorio.

De momento, una de mis novelas del año. Me quedo a la espera de más traducciones de la obra de Carlton Mellick III y a la exploración a fondo del catálogo de Orciny Press. En un momento en que el panorama literario parece cada vez más homogéneo, es una alegría y respiro encontrar obras, autores, editoriales que buscan y abren nuevos caminos.

Por cierto, si queréis conocer qué publica Orciny Press, picad aquí. Es una de esas editoriales de la que lo quiero todo.

domingo, 7 de mayo de 2017

Sobre parques y uno de tantos infiernos

Para entender el dramatismo y alcance de esta entrada tengo que dejar claros dos puntos:

1. No me gustan los niños.
2. Odio los parques infantiles.

Mi más puto peor infierno.

Sé que cualquier afirmación tiene sus matices y hay niños que después de conocerlos me llegan a caer bien y he pasado grandes ratos y grandes conversaciones en parques infantiles, pero en general las dos afirmaciones son ciertas y válidas desde hace muchos años.

¿A qué viene esto?
Bueno... ya sabéis que ahora tengo una hija, carne de mi carne, sangre de mi sangre, a la que modelar a mi imagen y semejanza para que acabe superándome y se convierta en una hermosa diosa oscura repleta de crueldad, ambición y elegancia. Tiene...

- ¡A.! ¿La niña tiene catorce meses y pico o ya tiene quince?

...catorce meses y pico. Esto implica que ya anda. Y tiene ganas de andar y conocer mundo, salir a la calle, socializar. A pesar de llevarla a museos de taxidermistas, conferencias sobre la influencia de Demócrito en el universo desconocido de la hípica azteca, permorfances que tan de moda se han puesto en la red de estaciones de metro abandonadas de Igualada. A pesar de todos mis esfuerzos, de mi lucha tanto silenciosa como llena de irritantes quejas impropias de alguien de mi edad, la niña quiere ir a parques infantiles (y encaramarse encima cuando escribo, que es donde ahora la tengo).

En Igualada tenemos muchos parques. Son parques muy correctos, amplios, espaciosos. Lugares donde los niños, pequeños y grandes, pueden jugar tranquilos. Lugares que al caer la noche, los adolescentes pueden ir tranquilos a darse el lote, beber algo, fumar algún porro que otro (los que fumen, claro) y hablar, hablar, hablar. Donde los ancianos pueden ir a hablar, quejarse de los jóvenes, arreglar el mundoY estos parques suele estar cerca de terrazas de bares. Los primeros, llenos de críos corriendo. Las segundas, llenas de padres tomando unas cervezas y con un ojo en los niños.

Otra cosa que no me gusta son las terrazas de los bares y eso de "salir a tomar algo".
Para mí implica "estar".
Y no me gusta solo "estar".
Pero de esto ya hablaremos otro día.

¿Y todo esto a qué viene?
El lunes fue festivo y salimos A., la nena y un servidor a dar una vuelta. También venía con nosotros una sobrina de A. de la que estábamos de canguro y que tiene...

- ¡A.!, ¿cuántos años tiene tu sobrina?

... casi tres. Pasamos a ver a un tío de A. y decidimos "ir a tomar algo" a una terraza cerca de un parque. Niña Dragón y la sobrina vieron el parque y se lanzaron a la conquista del tobogán.
El horror.
Un parque que estaba vacío, de repente, como surgidos de veta a saber dónde, aparecieron un ejercito de mocosos de diferentes edades que empezaron a correr, subir, trepar, saltar, chillar, gritar, empujar, dar vueltas... entre ellos estaban las dos niños y un enorme, y atractivo, tipo con su corpachón y cagándose en todo. 
Un puto infierno.
Apareció una niña que se dedicó a ir detrás de Niña Dragón molestándola. La empujaba, le tiraba a los pies juguetes para que la pequeña los pisara y luego quería pegarla porque los había pegado. ¿Debía intervenir en el conflicto arrancándole la cabeza a esta arpía o dejar que lo resolvieran ellas solas? ¿Qué protocolo hay en los parques? Críos que sin miramientos cascaban a otros por un quiero subirme yo primero. Niñas que ocupaban el tobogán y solo dejaban que se tiraran sus elegidos (desconozco si tras pago de tributo). Críos con miradas perversas que corrían de un lado a otro sin miramientos por las pequeñas que estaban a mi cargo. Y ellas convertidas a su vez en monstruos para otros niños. Brutalidad infantil que se retroalimentaba.
Y los padres contemplando aquello. Bueno, no, yo estaba perdido en medio de aquello; una especie de circo romano sin la parte divertida (la de los leones comiendo cristianos) donde los padres prueban las aptitudes de supervivencia de su progenie.

Idea para cuento: un parque extremo donde los niños pequeños muestran su valía. Acceso a armas. El dolor está glorificado. Una especie de cúpula del trueno para menores de cinco años. Falta encontrar cómo desarrollarlo para que no se quede en un simple chiste.

- Ya podéis ir a jugar, nenes. Cuando traigan las fantas y las patatas os aviso.

Los niños se lo pasan bien, por eso. Supongo que ellos no perciben ese clima de violencia. O disfrutan participando en él. Yo iba extraviado entre los niños, con miedo a que olieran el pavor que exudaban mis feromonas como un triste skaven de nivel bajo y vinieran a por mí. 

Al final todo acabó con A. viniendo al rescate diciendo esas palabras tan maravillosas de "vamos a dar una vuelta", pero aun pervive esa media hora de puro terror.

Y sí, ya lo sé. Ya sé que cuando vaya a un chiquipark será peor.
Mucho peor.

jueves, 27 de abril de 2017

Crónica con unos días de retraso de un Sant Jordi en domingo

Como hemos vuelto al blog, volvemos a las crónicas de Sant Jordi; una fiesta que después de no sé cuántos años se ha convertido en mi memoría en un único día del libro amenizado con escenas de lluvia.

Domingo 23 de abril de 2017.
Siete de la mañana.
Suena el depertador y el librero se caga en la madre que parió a todos los despertadores del mundo. Con la rabadilla un poco adolorida por culpa de la carga de cajas de la noche anterior, intenta levantarse. No puede. Un gato duerme encima de su pecho como bruja que quisiera arrebatarle el aliento. Lo aparta con cuidad no vaya a despertarse el animalico y para el lavabo. El típico primer pipí de la mañana (y puede que el último hasta la noche... cuando llega Sant Jordi el librero se pone en plan circuito cerrado y ningún fluido abandona su cuerpo porque literalmente ese día no tiene tiempo ni para echar una gota).

Se viste frikoso, tentacular y estiloso y para la cocina a hacerse un té. A medio pasillo un bebé de catorce meses lo intercepta con alguno de sus primeros y balbuceantes pasos y exige su atención y que le entretenga.
- Es que no tengo tiempo, cariño.
Le da igual. Es un bebé y no tiene tiempo para esas monsergas. Alza los brazos y con mirada autoritaria exige que lo lleve con él a la cocina y le abra el cajón del menaje para que pueda repartirlo por el suelo. Es su rutina de ejercicio todas las mañanas y no puede permitir que un gordo friki cualquiera por mucho que sea su padre se la interrumpa.

Cocina. Desayuno rápido. Esquiva de menaje. Coger al bebé a cuello y llevarlo con A. Comunicarle a A. que me voy, hasta luego. A. hace un ruido que puede ser asentimiento, queja o invocación, se alza la camiseta del pijama y el bebé, en un movimiento rápido que algo tiene de portal dimensional, pasa de estar en brazos de su padre en pecho de su madre en milésimas de segundo.

El librero comprueba que lo tiene todo y para la plaza de Cal Font.


Donde siempre y la hora de siempre.
Cuando llega algunas paradas de librerías ya han empezado a montarse. Como todos los años, la librería donde trabaja se comporta como una diva. Llega última y, si puede, se va primera. A las ocho en punto empezamos el montaje. Llega la furgoneta, se descargan caballetes, mesas y cajas de libros. Muchas cajas. Y todas llenas de libros, claro. Este año llevamos unos 2500 ejemplares a la parada. Bastante menos que otros años, pero lo suficiente para que el librero sienta una ligera punzada en la espalda por el esfuerzo y su manía de coger las cajas de forma totalmente incorrecta. A las nueve y media, parada montada y primeras ventas.


Algo que parece una revista, pero que no sabemos exactamente qué es (quien lo vendió no se acuerda y no lo hemos logrado identificar), una novela de amoríos y achuchones  y la primera petición de "lo más vendido".
- Acaba de empezar el día, no sé lo que será lo más vendido.
- Anda que no lo sabéis. Si está pactado. Si sois todos unos mafias.
No sé si se refiere a los libreros, a los tipos con gafas, a los bordes con camisetas lovecraftianas o a los reptilianos que dominan el mundo del libro igualadino. Y si es este último caso, no sé cómo se ha podido enterar y como sigue vivo. Tendré que informar a la Branquea Epsilon de posibles filtraciones.





Hace un muy buen día. Sol, cielo despajado, el bendito calor. En poco tiempo la plaza se anima y a partir de las once y media se desata el infierno. Una mañana como nunca antes. Gente y más gente, compradores lanzados buscando su libro (o libros) entre las paradas. Al ser domingo, la gente se anima más por la mañana. Los refuerzos vienen (entre ellos derrochando lisura, A.) y el librero se encuentra siendo el centro de todo. Clientes que le llaman, compañeros que le reclaman, gente que alza el brazo, chilla, llama por su nombre, etc. Jorge, Jorge, perdona, este libro, Jorge, perdona, tenemos este libro, está el libro de, Jorge, Jorge, Jorge. El librero acaba estallando y a un grito de "callaos todos", silencia a un cliente y tres colaboradores. Establece el orden y a ver sí, el libro es este, no no lo tenemos, míralo en la lista.

Una locura. La sección de infantil desaparece por las hordas de familias que se acercan. Nunca habíamos vendido tantos libros para niños a una velocidad igual. Cuando a las once y media viene A., que cada año acaba adueñándose de esa sección, solo encuentra espacios vacíos. Por primera vez tengo que decir a algún cliente que los libros de esa edad que pide se han acabado. Todos. Lo mismo ocurre con juvenil, con fantasía, con novela general. Con libro práctico, no. Ni cocina, ni ensayo, ni economía... el año que viene habrá que traer menos libros de esas temáticas.

Y al poco... la señora mayor.
Como en todas las buenas historias, y en la mayoría de las malas, siempre hay una señora mayor.
- Perdona, niño. Oye... perdona.
- Lo siento, estoy atendiendo a esta chica.
- Pero es que yo quiero preguntar algo.
- Estoy atendiendo.
- Pero es que quiero preguntarte algo.
- Señora, va esta chica y después va esta señora. Cuando acabe con ellas, estoy por usted.
- Si quieres puedes atender a la señora, me puedo esperar.
- No, vas tu primero.
La señora espera entre refunfuños.
- Dígame.
- Quiero un libro para mi nieto de policías que vayan en moto. En coche no, en moto.
- No tengo ninguno.
- De policías en moto.
- Sí, no tengo ninguno.
- Pero yo quiero uno.
- Pero no tengo.
- Pues vamos a ver cómo lo arreglas porque mi nieto, que es muy listo, quiere un libro de policías en moto y tengo que llevárselo.
- Tengo alguna novela de detectives para niños.
- ¿Van en moto?
- No, suelen ir a pie y en una de las novelas pillan un taxi.
- Si no salen policías en moto, no. ¿Tendrás para hoy?
Y así un rato largo. El trabajo se acumula y esta señora sinceramente cree que si insiste mucho, hasta que el librero pida que le disparen para ahorrarse tanto sufrimiento, por arte de magia aparecerá un libro de policías en moto para su nieto.

Y yo con poco tiempo solo puedo conseguirle algo así.

¿Dónde tenemos los libros de robótica en ingles? ¿El libro del que hablaban hoy en la tele? ¿El libro más vendido? ¿Algo para un adolescente sin violencia, ni sexo, ni chicas, ni palabrotas? (¿y en serio quiere que a un adolescente esto le interese?). Viene a vernos la misma chica que cada año nos pregunta dónde tenemos libros sobre una cámara fotográfica concreta y el señor que cada año va preguntando por todas las paradas si tenemos libros de cruz de caravaca. Adolescentes que se agrupan donde tengo la gran variedad de libro juvenil que llevo y discuten virtudes y defectos de las novelas, reseñas que han leído, libros que quieren leer y novelas que consideran que debería haber traído. Y tras un grupo viene otro y otro y otro. O adolescentes con sus padres buscando un libro y llevándose cuatro. Y luego dicen los viejos que los jóvenes no leen ni tienen interés. Como se nota que no conocen, o quieren conocer, a ninguno. Pero de esto ya hablaremos.

Como todos los años, el librero se quema los brazos y la cara. El calor aprieta y parece que la gente no tenga casa ni sitio donde ir. La plaza está a reventar. Mini entrevista a media mañana para un diario local y la consabida pregunta de los más vendidos. Muy harto de esa obsesión con una ridícula lista de libros más vendidos que parece ser el objetivo único y último del día de Sant Jordi. En vez de la celebración de la lectura y el libro, es el festejo del más vendido, del más popular. La lista que se publica al día siguiente es deprimente. De los más vendidos, un puñado no hay por donde cogerlos y un par son directamente malos libros. Pero los medios hacen mucho y si desde grandes grupos, radios y televisones se machaca que ese título se va a vender mucho, lectores medio zombis sin mucho criterio se lanzan a comprarlo aunque no sepan ni quien lo escribe ni de qué va (lo siento, cada año que pasa soy más radical con este tema).

Por suerte no solo se buscan los más vendidos y la variedad de libros vendidos y buscados en Sant Jordi es mucho mayor de lo que pueda parecer en la aburrida lista de los más vendidos.

Los pies, doloridos. La espalda, machacada. Algo de mareo por el sol y el subidón de azúcar por casi un litro de zumo de melocotón. Dolor de cabeza de tanto llamar por el nombre e ir de un lado para otro.


Eso sí, en ningún momento se pierde la elegancia tentacular.

Un señor pide sumar él los libros porque no se fía de lo que le digo.
El padre que por sus santos huevos, palabras textuales, le compra a su hijo un libro de Los Cinco "porque este me gustaba a mí de pequeño y te gustará a ti".
La visita de una de las jóvenes lectoras preferidas de librero que acaba llevándose un par de libro "porque confío en ti".
El placer cruel que supone ver la cara de decepción que pone los que buscan los libros más vendidos y decirles que estos se han acabado.
Recomendar a Shirley Jackson, Donald Ray Pollock, Joan-Lluís Lluís, El club de las canguros, los cómics de Raina Telgemeier, los cuentos de Aitor Solar, Sentinels y Dragon Girl de Martín Piñol, siempre Terry Pratchett y otros muchos libros, novelas e historias que se recomiendan con mayor o menor acierto, pero desde la honestidad.
Kamasutras especiales.
Libros para quien no le gusta leer y es un poco tonto.
Un libro que han dicho en la radio y que iba de algo así como de un hombre al que le pasan cosas y es de filosofía, pero sin dibujos.
Lo que quieras, total no lo va a leer.
El paseo de Alcalde y sus dos vueltas a la plaza. Cuando se le planteó la posibilidad de una tercera o una cerveza no lo dudó. La rubia tira mucho.
Visita de Niña Dragón con los abuelos a los que a golpe de encanto les saca un libro.
Visita de Niño Lobo y Niña Zombi que vienen a buscar sus cómics de Ms. Marvel y Detective Conan respectivamente.
Visitas de conocidos y amigos.

El día acaba pasando. 
Tantos nervios, tantos preparativos (desde enero con esta mierda), tanta caja, libros, novedades, nervios, pedidos, etiquetas, decisiones y lecturas para un día. Que sí, que es bonito, especial y todo lo que se quiera, pero, joder, que es un día. Extenuante, cansado y agotador.

A las nueve menos cuarto de la noche, llamada del jefe y a recoger la parada. Quien a las nueve no ha comprado un libro es que no se lo merece. En menos de veinte minutos y a una velocidad casi imposible, recogemos la parada. Se carga la furgoneta y a la librería. Se llevan muchos menos libros de vuelta (lo que es bueno) y cuando dos días después se haga el recuento de parada, se darán cuenta que se ha vendido más de la mitad de los libros.

Salir de la tienda y para casa. Agarrarse a la pequeña como si no hubiera un mañana y soltarla para ir a buscar unos bocadillos para cenar. El cansancio aparece y ni A. ni yo podemos casi movernos. Nos ponemos un capítulo de una serie ligera y a cenar.

Y pensar que al día siguiente empezará el post Sant Jordi. Devoluciones, reposiciones, balances y gente que el día de Sant Jordi le dio pereza salir a la calle y exige el descuento porque sí. Estos argumentos tan desarrollados son encantadores. 

Otro Sant Jordi. Un buen Sant Jordi. No pasará a la historia. Tranquilo y sin muchos incidentes; como me gustan. Ya sé que a quien lee esto prefiere machetes, accidentes, ninjas, concursos de camisetas mojadas, clientes bordes, mordiscos, defecaciones siderales, muertes por asesinatos, caídas tontas, bailes exóticos en barras calientes, motoristas salvajes que buscan el amor verdadero y batallas épicas entre aqueos y trogloditas, pero este año no tiene nada esto. Ha sido casi agradable y tranquilo. 
Lo siento.
A lo mejor el siguiente es peor. Y más divertido.


 Un par de imágenes del ambiente de la plaza sacadas de InfoAnoia.