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sábado, 17 de noviembre de 2012

Postcumpleaños

Vienen y arreglan la nevera, pero se olvidan de decir que durante un par de días el electrodoméstico se tiene que poner a tono y mejor no llenarla. Como no lo sabemos, la llenamos y resulta que el congelador enfría, pero la nevera, no. ¿Resultado? Pues que hay comida que empieza a echarse a perder y nos ennerviosamos y macago en todo lo que se menea. Llama al técnico de nuevo, pero no, que es viernes por la tarde y hasta el lunes nada. Así que paseando un coraje y unas ganas de perder el respeto por casa. Pero esto se queda en nada cuando...

Al despertar, se encuentra uno con una caja y dentro de ella, un huevo de dragón.

Con sus guardianes, claro.

Las tan ansiadas pezoneras de stripper venida a menos.

No son buenos tiempos para ser un guardián espacial

Y libros fantásticos, juveniles, amorosos, pa listos y pratchianos.

 Unos por cumpleaños, otros por coincidencia temporal. Pero todos cuentan.

Además de felicitaciones y tener a mi lado a la más mejor mujer del mundo que hace gorras y dibujitos y pese a todo sigue con la cabeza alta, las alas desplegadas luchando por hacer lo que sueña hacer con su vida. No hubo en todo el día de ayer ningún cliente imbécil en la tienda (vale que no saliera del almacén y no me enfrentara a la realidad) y no hizo frío y los gatos estaban mu graciosos (sí, estoy enamorado de ellos, ¿qué pasa?). 

Y para acabar el día, recibo la noticia de que mi mejor amiga tuvo a su Alejandra el día diez y que tanto madre como pequeña están hermosas, sanas y felices. Y consigo hablar hablar con Aurora después de tres años y pico de no vernos y dos años sin oír la voz del otro. Cosas de tener un océano en medio. Pardiez, cómo añoro La Habana.

martes, 19 de mayo de 2009

Y hoy


Mi Habana, de Daryl Anton

Pese a todo, en mi Habana.

jueves, 5 de marzo de 2009

Donde quiero estar

En una azotea, bajo el cielo de La Habana, con un par de botellas de ron, música, dominó, una noche infinita por delante y la gente que quiero, los de aquí y los de allá.

Perdonad lo sentimental... hay días que la nostalgia no puede evitarse.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

De descargas y músicos

Breve fantasía, resumen y síntesis de todas las descargas vividas en Cuba.
Con todo mi cariño a los miles de trovadores que hay en La Habana y en toda la isla.

Alguno de los mejores recuerdos que guardo de mis viajes a La Habana son las reuniones acabadas con descarga con los amigos. Pequeñas fiestas medio improvisadas en casa de alguien donde no falta ron, refresco, una partida de dominó, cigarrillos, risas y variedad de música saliendo del equipo.

Esto que no falte

Las muchachas suelen estar bellísimas con sus tejanos, sus sayas al vuelo o esas camisetas de ridículos tirantes (uno de los cuales siempre, siempre acaba deslizándose por un hombro mulato, blanco, trigueño, negro o cobrizo). Aurora, Laura, Tania, Amaya, Betty, Aniela... Se lanzan a bailar, a moverse descaradas y a coquetear, a las bromas afiladas y la mirada inocente con sonrisa lupina. La noche se desliza lenta, tranquila por una casa donde reina el buen humor y las ganas de pasarlo bien con gente que quieres. Y uno empieza a relajarse y despliega sus encantos con esa muchacha risueña de lengua rápida, vence la natural timidez y todos los problemas de socialización en entornos donde no conoce prácticamente a nadie.

Amaya, Tania, Aurora, Betty.

Ingenioso, divertido, algo faltón, humorístico pero no pesado, dosificando el halago con la broma. Y parece que todo funciona, todo va sorprendentemente bien. Esa linda muchacha te mira a los ojos, rie los chistes, una mano se desliza por la pierna, las cabezas se juntan, se habla y se escucha, se entienden, surge una pequeña chispa, la tensión, el silencio antes de la tormenta y entonces... entonces...

Entonces un gilipollas saca una guitarra.

Y todo el trabajo se va a la mierda porque, sencillamente, nadie puede competir con un músico.

Y en una canción de Sabina, en una de Aute, se convierte en el único tipo sexualmente interesante de la reunión. Un tipo atractivo, con encanto, con la típica sonrisa de niño travieso con el que será maravilloso estar, pero que traerá problemas. Y este tipo, conocedor de su buena suerte y sus encantos, se lanza a versiones de clásicas canciones de amor canalla con ese toque personal que siempre lo ha identificado. Esboza una sonrisa inocente que declara tener un alma sencilla y un obelisco entre las piernas, y anuncia que la próxima es suya y que se la dedicó a una muchacha que un día vio en un autobús y a la que regaló una rosa. Engarza tres o cuatro temas más que crean un ambiente íntimo y sientes como esa muchacha que antes hablaba contigo ahora acompaña en los coros, aplaude y ríe a sus ojos. Anuncia una última canción, algo dolorosa quizá (con toda seguridad la compuso cuando medio estaba saliendo con una de las muchachas de la fiesta y trae a la memoria tantas buenas noches habaneras sin dinero en el bolsillo). Acaba, levanta la guitarra a los cielos.

Otro tipo la pide. Es su turno el visitar los mundos de Silvio, de Pablo, de Serrat... Ésta vez son miradas descaradas a una prima seria que nota la presión ejercida por el cantante. El ron circula, ninguna de las canciones se canta porque sí, en todas siempre hay algo más, una carta, una indirecta a una de las muchachas que están allá sentadas y escuchando. Esa tensión de que quizá esa noche, el músico no dormirá solo.

El primero vuelve a pedir la guitarra. El segundo la retiene. Pelea de gallos.

Entonces alguien te mira. Todos los ojos se vuelve hacia ti y tienden la guitarra. Y tú, desgraciado, pobre catalán en las Americas, cuyo único mérito musical consiste en tocar arritmicamente la zambomba los días de navidad, saberse de memoria cuatro o cinco canciones en mal inglés, haber acompañado algunos de los coros durante la velada y desearle la muerte a un tipo que te cae bien, tú, digo, tontolaba tienes que decir que no sabes tocar la guitarra. No, ni siquiera una canción.

Y ya no cuentas para esa desconocida que si dios o lo que sea hubiese sido justo y benévolo hubiese dejado de serlo.

Hasta que un año decides que basta. Hasta aquí hemos llegado. No puedes permitir que vuelva a pasar. Hay que vencer a los músicos, cantautores y trovadores. Los tipos normales y corrientes que no sabemos de música también tenemos derecho a gozar de las mieles de la guitarra. Entonces, cuando ese trovador te ofrece la guitarra sabiendo que la rechazarás, ese año... ese año... dices que vale, que tienes una canción preparada y que la dedicas a todas esas bellas mujeres que aquí están. Pero primero, un discurso.

"Hola, gracias a todos por venir. Tengo que anunciar que hoy debuto como trovador aquí en Cuba y en el resto del mundo también. Antes de cantar me gustaría decir unas palabras. Quiero dar las gracias a mis padres, sin ellos esto no sería lo mismo, a mis hermanas, a mis amigos, a mi profesor de guitarra que ha estado un año dándome clases diarias hasta conseguir el fruto que ahora veréis, a mi coreógrafo, no es que me mueva mucho, pero mola eso del coreógrafo, a mi profesora de lengua que no me suspendió aquel examen, a las muchachas que me han rechazado sin reírse, a las camareras que me han servido trifásicos todos estos años. Y quiero que esta canción sea un homenaje a esos trovadores que tanto he admirado y admiro, a Serrat, a Silvio, a Aute, a Marc Parrot, a Adrià Puntí, a Labordeta... a Jon Bon Jovi... no he escuchado nada de él pero eso que hace con el pelo mola mucho. Espero que os guste... A mí me gusta... la compuse esta mañana y es tan buena que se la he mandado a Ana Belén en correo urgente... yo creo que la cantará, ésa canta cualquier cosa. Va por vosotros, bueno no, por vosotras (sonrisa, guiño)."


La canción del do. Letra y música: Jorge Jiménez del Moral
Basada en La canción del Do, una canción original del gran Javier Pastor.

Y así fue el debut como cantautor, así La Habana asistió al nacimiento de un nuevo caminante en esa frondosa selva que es la música. Así es como recibió el aplauso y el reconocimiento de todas esas muchachas hermosas que tanto admiraba y codiciaba.

Y sí, esa noche volvió a dormir solo. Pero sabiendo dos cosas. La primera es que las había hecho reír, y eso es muy importante. La segunda, seguramente olvidarán la enésima versión de Sin tu latido de Aute que lanzó esa noche el joven trovador de turno. Sin embargo, La canción del do... ésa, seguro que no la olvidan.

martes, 2 de diciembre de 2008

Sobre música, bailes y estertores

Continuando con el tópico, La Habana es una ciudad musical. Pero precisemos. Cuando decimos que para el cubano la música es importante, por favor, que no venga a vuestras mentes la típica imagen de un montón de mulatas bailando por las calles, que en cada esquina hay un grupo de son o que de todas las ventanas y puertas de la ciudad sale música execrada por un disco. No. La realidad musical cubana está mucho más allá de los tópicos que las agencias de viaje de aquí y de allá venden, siendo éstas las primeras en explotar la ecuación mulata+salsa:sexo convirtiendo un país preñado de tradición, cultura y atractivos en un receptáculo para viejos, y no tan viejos, caducos y patéticos en busca de carne joven con la que alimentar fantasías por cuatro duros (el viaje fue maravilloso, pero naturalmente hay cosas que no se pueden pasar por alto y la imagen de un viejo español comportándose como un chuloputas visitando la colonia con una niña que no llegaba a los dieciséis años a la que se le salían los ojos delante de un plato de comida, son de las que cuesta asimilar y olvidar).

Pero estamos aquí para hablar de música y no para hacerme mala sangre.

Y para contar un par de historias musicales que viví. Y no, antes de que os hagáis ilusiones, no bailé. Como ya expliqué en otra entrada, soy incapaz de bailar (aun no he encontrado mi pareja) pese a la insistencia de Enrique (un amigo obsesionado conque aprenda a bailar casino) y las pocas clases que me dio Aurora y su eterno reproche, "suave, suave, ¿pero es que no oyes la música?".

1. Me gusta el bolero. Se que algunos opinan que es música de viejos y pasada de moda. Y posiblemente tengan razón. Pero me gusta el bolero. Por eso Aurora y yo fuimos al "Gato Tuerto", un local donde escuchar a viejas glorias de la canción entonando viejos boleros y donde poder cantar todas esas canciones de nuestras abuelas que nos sabemos de memoria. Y fue donde comprobé que el bolero es una música que se debe escuchar dosificada. Os aseguro que en un mal momento, en una situación anímica especialmente sensible, el bolero puede ser cruel. Quiero decir, escuchar "Cuando un amigo se va" en un contexto donde empiezas a despedirte de tu mejor amiga... pues agradable no es por mucho que guste la canción, y más como lo cantó aquella mujer... desgarrada y rota porque ella también se estaba despidiendo.

2. En este mismo local, mientras nos tomábamos Aurora una malta y yo una Bucanero, asistimos a una posesión diabólica (es la única excusa posible). Entraron poco después de nosotros una pareja de catalanes (¿cómo sabías que eran catalanes, listillo? Por que hablaban en catalán. Ah, vale. Y, además, te podría decir que eran de Barcelona por esa ausencia pasmosa de vocales neutras). Un hombre ya maduro, por no decir viejuno, y una mujer de unos cuarenta y tantos años que con la luz adecuada y muchas cervezas podía pasar por atractiva. Eso sí, el vestido era precioso (siempre según Aurora). La relación entre ellos era extraña. No se comportaban como una pareja al uso, ni como matrimonio. Llegamos a la conclusión que debía ser o jefe/secretaria, o conocidos en un congreso o algo así. Él estaba chocho perdido con ella, ella más preocupada fingiendo que se lo pasaba bien. Empezó el concierto y ellos empezaron a bailar. Bueno, decir que fue apocalíptico es ser benévolo. Él bailaba como el típico español (pantalón por encima del ombligo, paso marcial, olvido total de la existencia de algo llamado cadera y cintura, brazos en posición de púgil y bamboleo rítmico del tronco de derecha a izquierda... vamos, la conocida figura de baile llamada "Yo para ser feliz quiero un camión). Ella... bueno... hablando con Aurora llegamos a la conclusión que se le habría metido un ratón en las bragas y le estaba comiendo el clítoris. Así tendría excusa para esos movimientos estertóricos de persona que lleva instalada un desfibrilador a máxima potencia. El movimiento aleatorio de pies y brazos, la cabeza que giraba, la cadera fija y una absoluta falta de ritmo y coordinación con la música que provocó que la cantante se despistara más de una vez. Aurora la miraba fascinada por alguien que tenía tanta falta de coordinación músico-motriz. ¿Todas las gallegas bailan así?, me preguntó. Supongo que no, dije. Pero luego recordé "Mira quien baila" y las verbenas de mi ciudad y, la verdad, ya no estoy tan seguro.

3. Donde peor música cubana se escucha es sin dudarlo en los taxis. La música está tan alta que suele hacer sangrar los oídos y el género rey es, sin dudarlo un momento, el cubaton una versión patria del reaggeton. Os aseguro que estar media hora en un taxi sin aire acondicionado, con ocho personas (una de ellas más cerca de lo que sería conveniente), con dolor de cabeza y oyendo a un tipo diciendo cosas como "chupa-chupa que a las mujeres lo que les gusta es el chupa-chupa" o a una tipa haciendo una declaración de intenciones tan profunda como "dame por atrás que tengo el bombi escocido" resulta, como mínimo, molesto. No quiero ser uno de esos que critican el reaggeton por su procacidad sexual, por su machismo o por su poco respeto con la tradición musical (críticas que se hicieron en su momento al jazz o al rock y que ahora se le hacen a él), yo lo critico porque, después de escucharlo durante largas horas en taxis, bares, restaurantes y tiendas, he llegado a la conclusión de que es una mierda. Y punto.

Y, bueno, de momento lo dejo aquí porque no me quiero alargar más. Aunque la sensación que me queda es que no he profundizado en nada, que esta entrada no es más que un prologo a lo que quiero contar... Supongo que ya volveré a la música en Cuba (hay mucho que me he dejado por decir... y, precisamente, lo más importante e interesante... como las descargas, las apasionantes mezclas que se están haciendo entre hip-hop, son y rock, mi debut como cantautor...).

Os dejo para compensar la superficialidad de la entrada, un vídeo de Benny More, el bárbaro del ritmo, uno de los grandes de la música en Cuba.


domingo, 30 de noviembre de 2008

Y llegó la hora de los regalos

Domingo. Último día de las vacaciones. Y a pesar de lo mucho que me gusta mi trabajo, no tengo ganas de volver a trabajar. A punto de empezar la campaña de Navidad (con todo lo que representa de locura, colas y gastos) y enfrentarse a todo lo que supone las fiestas. Y como los domingos invitan a casi todo el mundo a un punto de tristeza y melancolía, creo que es el mejor día para repartir los regalos que traje de allende de los mares. Espero que os gusten, porque para cambiarlos tendremos que esperar un tiempo.

A Cesc le traigo una azotea en Vedado con un tendedero lleno de pinzas de madera comidas por la sal.
A Automática una primera edición cubana de Las doce sillas y su correspondiente versión cinematográfica de Gutierrez Alea.
A Libélula, una canción y un trocito de mar para poner debajo de la almohada.
A Lebanon, una preciosa saya blanca para lucir en las fiestas.
A Cloe, una larga noche de ron y trova con un viejo piano que lleva su nombre.
A Laura, kilos y kilos de arena de la playa que caben en un bote de confitura.
A Jordi, una novela encontrada en un arcón con tres cartas de amor dentro.
A Montse, un balcón en Miramar donde hacer millones de cenas con los amigos que más quiera.
A Amanda, un botón que encontré en la playa y manos llenas de viento que le revuelva el pelo.
A María, un gato callejero habanero que no se casa con nadie, vive en un teatro y los tejados son suyos.
A Annabel los versos de Dulce María Loynaz "Era buena la Vida: / Había rosas. / Unos minutos antes me había sonreído un niño... / Pasó volando y me rozó la frente".
A Bruixadesol les vistes de La Habana des de el campanar del convent de San Franscico de Asís.
A AnaGalactica, un cielo estrellado y pastillas de menta.
A Paulette, un paseo tranquilo por La Habana vieja sin turistas mientras anochece con los oídos cargados de soul.
A Anita un par de trovadores que canten sus poemas en largas descargas en el Paseo de los presidentes.
A Flo, una guitarra, una cerveza y toda la noche por delante.

Y si me he dejado a alguien, que me perdone. Y si alguien viene de visita, pero no se ha presentado también. Para todos ellos en mi maleta hay un millón de recuerdos, de trocitos de mar, el sabor del congrí, la malanga, el jugo de mango y los besos que no se llegaron a dar.

Y este fantástico cielo gris sobre la Habana me lo guardó para mí.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Poemas descubiertos en un P5 y leídos frente al Malecón

En una de las muchas librerías que visitamos en La Habana (y donde nos dejamos gran parte del dinero que llevábamos en el bolsillo para comer y poder pagar los transportes que nos devolverían a casa) encontramos por casualidad el libro Golpes de lluvia de la poetisa Mayda Pérez Gallego. Aurora abre una página al azar y lee en voz alta.

Triángulos

La tercera persona del singular
te quiere (tú lo aceptas).
La primera persona te ama (bien lo sabes).
Sin embargo
tú adoras a la tercera
(quien no es por cierto la persona antes mencionada
sino otra que padece también
de ambivalencia:
puede ser él
pero
puede ser ella). Vaya idioma.


Salimos de la librería con un ejemplar para Laura, un ejemplar para Aurora, un ejemplar para Jorge.

Durante la noche los leímos en las farolas hasta quedarnos ciegos, en las sombras de las paredes que guardan tantos grises imposibles, en el ocaso en La Habana que tiñe la noche de naranja y añil. Enfermos de poesía buscábamos versos que hablaran de nosotros, que nos emocionaran o que fueran un retrato irónico de nosotros mismos. Instalados en un autobús, leemos y leemos para nosotros, para los que nos rodean y para los que no conocemos.

El otro lado del cuento

Voy a inventar el cuento de que llegas.
Que abro y eres
noticia pronta al alcance de la mano.
Que sueltas tus conejos
y yo mis tímidos leones.
Que te invento un cigarro que no daña
Que rompemos el tiempo en pedacitos
y lo echamos a volar balcón al mundo.

Voy a inventarme
al otro lado del cuento.


Y Laura nos invita a cenar. Vamos a casa de su novio y ella se instala en la cocina para deleitarnos con alguna sorpresa, para ofrecer una cena a las personas que quiere. Balcón frente al Malecón, el agua saltando, las parejas caminan por la calle y cae la tarde. Hora mágica en La Habana donde por unos segundos parece que todo es posible. Fumo un cigarrillo tranquilo para engañar el hambre. Aurora graba un vídeo, ríe, coquetea alada y magnética y hambrienta, intenta sin resultado chantajear a los cocineros para que le pasen una friturita. Saca de su bolso el libro y para distraer el hambre nos alimentamos de poesia. No funciona, pero lo pasamos bien. Leemos y nos reímos. Suena Javier Ruibal.

Aburrimiento

Lo sabes:
no esperes más que conversaciones intelectuales
citas de café
películas de al lado
a veces planes en los que me sumas y multiplicas
y yo me dejo multiplicar y crecer
pero no paso mis fronteras
ni permito que tú invadas mi territorio de sueños.
Si conoces mis pesadillas
algunos de mis poemas y mi alguna que otra pena
no creas que me has tenido.
Me dejo llevar
simplemente.
Es muy aburrido estar sola.


Fue una buena cena. Salimos a la calle y fuimos al Cocodrilo a ver un espectáculo cómico, tomar unos tragos, estar con quien quieres y cantar viejas canciones de cantantes lloricas. Acabamos tarde, felices y con ganas de arrancarle el sueño a la noche.

Una buena noche, la última que pasé en La Habana.

No compramos los libros en esta librería, pero para ilustrar sirve.

jueves, 27 de noviembre de 2008

De momentos robados

Recién despertado, algo comido, muy guapo, más delgado, muy descansado y sin ningún rastro de desfase horario empiezo a asimilar el regreso. Ahora escucho un disco que me grabó Amaya con música cubana para que me llevara un trocito de la isla conmigo (algo difícil cuando con cada viaje dejo un trozo de mí allá, calculo que en un par de años habrá más de Jorge en Cuba que en Igualada...). Me encuentro con clásicos como Bola de Nieve o el gran Benny Moré, los Van Van, son clásico, nuevas promesas de la troba, a Equis Alfonso, Silvio o Carlos Varela. Fue un hermoso detalle por parte de Amaya, una nueva amiga, un nuevo libro.

Y algunos momentos de este viaje:

* El viaje en camión por La Habana cuando íbamos a buscar el armario ropero nuevo de Aurora (próxima crónica). El viento en la cara, los baches del camino y el inmenso sol.
* Una fiesta de cumpleaños llena de muchachas hermosas, buenos amigos, muchas risas, demasiados cigarrillos y ron.
* El momento en que soñé con el final de Los paraísos disponibles y supe que un día lo escribiría.
* La deliciosa cena que preparó Luli a ritmo de Ida Maria y Javier Ruibal.
* Que confundieran a Aurora por turista y a mí por cubano.
* Jugar con los niños.
* Pimplarme más de media botella de ron añejo y no acabar ni borracho ni con resaca.
* Mi futura esposa por la calle Obispo.

No busquéis, ella no está por aquí. Aunque sí que es la calle Obispo.

* Deseos callados y boinas negras.
* Que en mi última noche en La Habana, mientras esperábamos el inicio de un espectáculo cómico, sonara Un beso y una flor de Nino Bravo y se nos rompiera la voz cuando la canción dice "Me voy, pero te juro que mañana volveré".
* La frase: "Papel higiénico, ¿dónde conseguiste?".
* El cubano hablando del cubano.
* "Todo está mal, todo está peor y encima todo es ilegal. Pero lo más gracioso de todo es que nos enseñaron a ser indisciplinados... ¿qué esperan, pues?".
* Entender la gran parte de los chistes, bromas, jerga y dobles sentidos sobre la realidad cubana que lanzan los cómicos.
* Un discreto café con Aurora mientras llovía fuera y hablábamos de amores dentro.
* Que se murieran de frío con veintitrés grados de temperatura.

* Tantos amigos.
* Tanta música.
* "Eres tan cobarde... si fueras solo un poco más lanzado ahora estarías comiendo con una de las muchachas que conociste ayer...".
* Una exposición de pintura.
* Las descargas poéticas en los autobuses cuando buscábamos y leíamos esos poemas en voz alta que al menos en un verso hablaran de nosotros.
* Lágrimas prohibidas en el areopuerto y lágrimas que se saltaron la prohibición.
* Un abrazo de Laura tan grande que me dejo dentro hasta lo que no hablamos.
* Aurora cogiéndome la mano porque los boleros son crueles.
* Tantas risas.
* Tantas buenas noches.
* Tan poco tiempo.