jueves, 13 de octubre de 2011

Chocolatada popular y viejos enemigos

Ayer 12 de octubre fueron las fiestas de mi barrio. El barri de la font vella, lo llaman. Porque hay una fuente y ya es mayor. Sin proponerlo acabé participando en los actos que organizaban. Empezando a las ocho de la mañana con les alegres i traquejades matinades que a golpe de gralla sin alegría, sin contento y pensando en asedios medievales y aceite caliente. Para alguien que le cuesta dormir y que cada minuto dormido es sudor de santo, despertarse por música madrugadora provoca mal cuerpo todo el día, dolor de ojos y bastantes puntos de mal humor. En mi caso, les alegres son una cruel ironía.

Pasó el día esperando que se hicieran las cinco porque a esa hora se produciría uno de esos crossovers de colecciones que tanto gustan a los fans. El insigne Capitán Chistorra junto con su prole se iban a venir a casa a pasar la tarde entre manualidades y chocolate. Pero hubo un cambio de planes. En la plaça Pius XII, chocolatada popular.

La plaza. Sin chocolate.

Supongo que no sorprendo a nadie si digo que no soy mucho de chocolatada populare. Vamos, ni chocolatada ni nada que tenga el adjetivo populares detrás. Nada de baile, paella, botellón, partido o linchamiento. Como mucho sería más de turba con antorchas siguiendo al monstruo hasta el molino histórico para azuzarlo y luego sentirme culpable y darme cuenta que el verdadero monstruo era yo. 

Y no soy de chocolatada porque no me gustan las multitudes ni más de seis personas en un mismo sitio y porque me dan miedo los abuelos. Supongo que todas partes pasa lo mismo, pero en estos lares, en cuanto hay un rumor de algo gratis, una hordas de abuelos se lanzan a lo gratis enarbolando su edad, el respeto que se merece la tercera edad y codos huesudos que buscan carne fresca y firme para clavarse y provocar hemorragias internas. 


Abuelos que solo abandonan su banco en el parque o en el paseo para pillar algo gratis en una fiesta o para coger sitio siete horas antes de que empiece el baile. Y sé que es mi futuro, que dentro de muchos años yo seré igual y lucharé de forma enconada con los niños de tres a nueve años por un vaso de chocolate que ni siquiera me gusta y un par de melindros que se quedan pegados en el paladar. 

Tras el chocolate, la animación infantil. Un poco demasiado chillada, un poco demasiado caótica, pero Niño Lobo se despachó a gusto saltando con Chistorra y su Piltrafilla, mientras Niña Zombie, que odia las multitudes, pero adora el chocolate, se encaramaba en mis hombros y lo contemplaba todo con una sonrisa, pero que nadie me toque.

Acabada la animación, Chistorra & family se vinieron a casa a acabar el domingo con una cena improvisada a base de congelados y embutidos. Lo mejor fue el reencuentro de Chistorra con la escalera de la muerte. Esa escalera pulidita antisuperhéroes que demostró que el ser humano es el único animal que tropieza las veces que haga falta con la misma piedra. Porque claro, hasta aquí muy ji ji ji y ja ja ja y qué majos todos juntos y qué amigos y mira al pequeño con la espada laser y al mayor con eso puesto (¿qué coño lleva puesto?) y a Niña Zombi y a la Niña Chistorra jugando y mira tú cuántas películas de silencios que tienes y miras los libros y ji ji ji y ja ja ja... pero no olvidemos que Chistorra y yo somos enemigos. Claro, él es un superhéroe y yo soy un supervillano. Y no hay mucho más. Nos enfundamos los uniformes y venga a hostias y te odio y mataste a mi periquito y has estropeado mi plan para provocar que las mujeres le tengan alergia a la ropa interior y no podrás dominar el mundo...

Si fueréramos Superman y Lex Luthor, pues más o menos así.
Clavaditos, vamos.

Vamos, lo que quiero decir es que es una relación de amistad complicada. Porque vamos de ropa de calle y hola qué tal nos vemos el lunes para el rol. Nos ponemos el uniforme y pim pam pum hostia va hostia viene. Pero también estoy contento porque la amistad no se resiente. Hemos conseguido separar el día a día de nuestros oficios de super héroe patético y cutrillo / super villano elegante, sofisticado y con un sentido del humor exquisito.

Sea como sea, fue un buen final de día que amaneció alegre y con grallas. Y, por cierto, Capitán Chistorra (y me pongo el uniforme de villano) un adelanto de mi próximo y malvado plan... En cuanto empiece noviembre prepárate porque... porque...

¡¡¡Voy a robar la Navidad!!!
¡¡¡¡¡Ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja!!!!!

Y sí, como escribió Terry Pratchett, hay que estar muy loco para escribir una risa demencial con cinco signos de exclamación.

1 comentario:

EL CAPITÁN CHISTORRA dijo...

La verdad es que volver al "lugar de los hechos" fue algo duro para mí. La "escalera de la muerte" marcó para siempre mi vida como súper-heroe, pero demostré nuevamente que nada puede detenerme.
Y por cierto, coincido en la tregua que llevamos a cabo para regalar a nuestros "pimpollos" una velada de juegos, espadas láser, dragones prohibidos, bolsos de color rosa y gritos de Niño Zombie de "Soy el rey de los frikis".
Pero lo que no sabes es que, mientras te dedicabas a freir tus "cloquetas", los "fanfruts" y a preparar el pan con tomate... yo analizaba hasta el más mínimo rincón de tu base "no tan secreta" para descubrir tus planes. Incluso los de robar la navidad...
Y ya me he puesto en contacto con el Corte Inglés para actuar en consecuéncia!
Una vez más, el bien vencerá!

Saludos y pajillas