domingo, 21 de octubre de 2012

Vuelta...

... al trabajo. La semana de descanso se acaba hoy y a partir de mañana vuelta a estar entre cajas, libros, clientes y albaranes. Y mientras cae la lluvia, los gatos se mojan y dejan llenas de pisaditas la casa, pienso qué han dado de sí estas vacaciones.

Primero, y más importante, conocer en persona a Lucia, ex-librera sexi, escritora con límite de hoja, hermosa muchacha de amplia sonrisa, mejor persona, bloguera veterana (en mis primeros balbuceos en este mundo hace casi cinco años llegué sin saber cómo a su blog y allí me quedé) y editora sexi de Automática Editorial, una editorial nacida este año y que poco a poco, sin ruido, pero sin pausa se va a ir convirtiendo en una de las imprescindibles. Quedada en Plaça Universitat, una hamburguesa de buey para comer, resistencia a la coca-cola y larga conversación de libros, librerías, editoriales y lecturas. Resulta extraño, tierno, desconcertante y cotidiano ver por primera vez a una persona a la que se ha leído desde hace cuatro, casi cinco, años y a la que se conoce y desconoce por partes iguales. Es como la imaginaba, dice mucho las palabras gin-tonic en la conversación y tiene una de esas sonrisas por las que se crean y descrean los imperios.

Y en exclusiva porque aun no ha salido publicado, me pasa un ejemplar de esto:

La estupenda portada es obra de Natalia Zaratiegui

Extraordinaria novela sobre el absurdo de la vida, las personas y las convicciones. Divertida, sin ser una novela cómica. Llena de historia de familias, sin ser una de esas plúmbeas novelas de sagas familiares. Muchos espías, pero no es novela de espionaje. Mucho amor, pero no es novela romántica. Cine pornográfico experimental, pero no es literatura erótica. Novela repleta de grandes momentos y personajes que rebosa ironía y humor, un sentido lúdico del absurdo cotidiano pese a lo mucho que este hiera y una extraña dignidad ante el silencio del mundo, de la noche y de la naturaleza. Y recuerda a Quenau, a Vian, a Chapman y Cleese sin ser nada de todo eso. Una novela con la que uno se ríe para dolerse a la página siguiente. Pero no digo más... hacedme la confianza y leer La isla de Hobson; introducirse en el juego de Stefan Themerson sin saber mucho y dejarse sorprender página a página a página a página.

Sin dudarlo, de lo mejor leído este año.

Segundo, móvil nuevo que tiene eso de las fotos y del guasap ese de los jóvenes. Es bonico, pero tanto pipipi me pone algo nervioso, la verdad.

- Tampoco tanto que nadie te escribe.
- Es verdaaaaaad, nadie me escribe.
- Porque nadie te quiere.
- Nadie me quiere.
- Mejor será que saltes por esa ventana.
- Como que paso que me puedo hacer daño.
- ...
- ...
- Esto ha sido un momento muy malo y vergonzoso. Pide disculpas a tus lectores.
- Lo siento.

Tercero, haber conseguido viejos ejemplares de baratillo de las novelas de Conan; en los próximos días me espera un maravilloso festival de fantasía clásica llena de monstruos  violencia y muchachas ligeras de ropa a punto de ser sacrificadas a dioses oscuros.. Ains, qué ganas. Al igual que una novela de Rodolfo Martínez que reúne a Sherlock Holmes y Lovecraft. Un par de novelas juveniles de aventuras. Y la primera temporada de Buffy Cazavampiros, una de mis musas por humor, sano homenaje a la serie B y la siempre agradecida imagen de chica mona pateando el culo a un monstruo. 


Cuarto, certificar de una vez por todas que los frutos secos me sientan mal después de la ingesta del lunes por la noche en la partida de rol y la descomposición estomacal que me ha acompañado durante tres días. Así que los frutos secos se une a la lista de "cosas que antes hacía y ahora no hago" y hace compañía a fumar, beber alcohol, hacer caras sexis (es broma A., esto no lo dejaré de hacer nunca), dejar jugar con cuchillos a los niños, apostar en las peleas de abuelas en el barro, ver cine español e ir predicando por las calles los peligros de la ley de la gravedad, la inexistencia de ese concepto y cómo nos dejamos dominar por un listo con peluca. Antes de la invención de la gravedad, el ser humano era más libre.

Quinto, dormir un día hasta casi las diez.

Sexto, pasear, escribir menos de lo que pretendía y pensar mucho en mi próxima partida de rol a la que tengo ganas para putear y putear y putear.

Séptimo, más cosas que recuerdo, pero me guardo. Otras que he olvidado. El sueño en los bombardeos de Londres de la segunda guerra mundial. Tener que explicarle a Niño Lobo quién es Predator porque en el colegio no enseñan nada sobre monstruos cinematográficos de los ochenta (no sé donde vamos a llegar), mucha gilipollez de gilipollas con poder y que una semana de no hacer nada se hace muy corta.

3 comentarios:

Carlos Pérez Cruz dijo...

Bueno, bueno... mi sonrisa no crea ni descrea imperios pero a ver si en algún momento... gin tonic... me entiende usté, ¿no?

A mí algunos frutos me sientan regulero, pero este blog es tan adictivo como ellos y... vale, sí, también tiene efectos secundarios... Cada día más arruguillas...

Mara Oliver dijo...

Jejeje, podría comentar mis cosas, perooo lo que pienso es: algún día pasaremos un día campestre (para que los niños disfruten y nosotros tengamos algo de lo que quejarnos, jejeje).
besotes!!!

Jorge dijo...

@Carlos, entendido queda y también espero... gin tonic... aunque soy abstemio por lo que será zumito.

Pero esas arruguillas son de las buenas.

@Mara, la queja siempre aunque lo estemos pasando bien. Para día campestre quedamos. Los niños encantados de correr.