martes, 20 de enero de 2009

Sobre Sant Jordi y un café

Pues bueno, que ayer empezó de forma casi oficial la campaña de Sant Jordi. Sí, ya se que estamos en enero y que hasta abril no toca, pero ayer recibimos la visita de dos representantes (Jordi de Àgora y Gerard de Random) y empezaron con las insinuaciones de campaña, presentando algunas de las apuestas, algunos títulos mediáticos y cosas de esas.

¿Qué? ¿Qué hay un par de personas que no saben qué es la fiesta de Sant Jordi? Pues lo explico, pero breve. Que si ahora me entretengo echo a perder un montón de entradas para los próximos días.

Sant Jordi es la fiesta importante en Catalunya. Se celebra cada 23 de abril no importa en que caiga. Digamos que es un día festivo (aunque se trabaja) y cultural. La tradición arranca de una leyenda muy arraigada en estos pagos (que ya explicaré con calma y lujo de detalles cuando la fecha se acerque) y de la voluntad de unos libreros de vender más. Porque en este día lo más importante es el libro.

La tradición dicta que los libreros sacan sus negocios a la calle. Se montan paradas en las plazas de la ciudad (de todas las ciudades y pueblos y aldeas y villas de Catalunya) y se exponen los libros. La gente compra y regala libros. Porque la tradición dicta que las muchachas regalan un libro a sus enamorados. Y viceversa. Y enamoradas a enamoradas y enamorados a enamorados. Y se regala también entre la familia, a los amigos, y a los que se llaman Jorge, Jordi, Jordina, Yuri, Georges, Gorgina, George, Giorgio, etc. (que para algo es su santo y espero que todos os acordéis). Y una rosa. Estos son los regalos de Sant Jordi: un libro y una rosa. Una fiesta muy de enamorados (en verdad, en Catalunya se considera que este día es el verdadero día de los enamorados). Las calles se llenan de gente que busca libros, compra, chafardea, consulta y, en ocasiones, roba. Prácticamente a todo el mundo le gusta esta fiesta porque se hace en primavera, porque la gente está más contenta, porque hay libros, etc.

Aspecto a primera hora de la mañana de la Plaça de Cal Font (centro neurálgico de la fiesta en Igualada) y de la parada que los de la Llibreria Aqualata montamos el año pasado. Yo estoy detrás de la cámara.

Y para los libreros es el día grande. Muchas librerías viven el resto del año de los réditos que les ha dejado este día. Porque se venden muchos libros. Pero muchos. Muchos, muchos, muchos. Algunos de ellos serán acogidos con ilusión y cariños, otros se olvidarán en la mesilla de noche o en alguna estantería. Porque es un día que se regalan libros, muchos de ellos porque lo dicta la tradición.

Era mi fiesta favorita del año. El día que esperaba con ilusión y me zambullía en las paradas de libros a un euro y llegaba a casa cargado con veinte o treinta libros viejos, amarillos, rotos o escritos. Me encantaba ese día y solía pasarlo en la calle. Hasta que empecé a trabajar como librero.

Desde ese día odio Sant Jordi.

Da mucho trabajo un solo día. Demasiado. Existe la creencia que un librero empieza a preparar la campaña Sant Jordi un par de días antes, como mucho una semana. No señores. Es un trabajo de meses. De ver novedades, comprarlas, meter en cajas, preparar la parada, buscar gente que trabaje ese día, libros arriba y abajo, representantes que llegan y se van y todos tienen en su fondo el libro que más se venderá ese año, etc.

Algunas de las cajas llenas de libros que llevamos a la Plaça de Cal Font el año pasado para Sant Jordi.

¿Y por qué me dedico ahora a hablar de Sant Jordi si la fiesta es en abril? Porque estamos a punto de empezar la campaña y he decidido que iré escribiendo entradas para que sepáis todo el trabajo que comporta ese día. Si os interesa, claro.

Y porque quiero hacer un retrato del trabajo del librero en la fiesta grande del libro y reparar así un agravio histórico: cuando al día siguiente se hace balance de lo que ha traído el día de Sant Jordi siempre se habla de tres factores, autores, lectores y editoriales. Del librero, nunca. Y, en mi modesta opinión, creo que es importante.

Y así vuelvo al principio. Ayer llegaron dos representantes con las primeras novedades para Sant Jordi y las primeras promesas de ventas astronómicas de sus libros. Empezamos a ordenar el almacén con vistas a todo los que nos llegará. Empezamos a decidir qué haremos este año, pocos títulos y mucha cantidad, o muchos títulos y poca cantidad. Aunque el resultado está más que claro, muchos títulos y mucha cantidad. De eso no nos libramos.

***

Y no creáis que me he olvidado de lo que había prometido. La relación café-libros. Pues es muy sencilla. A finales del siglo XVII se fundaron las muchas revistas literarias que permitieron la difusión de la lectura a más potenciales clientes. Este aumento de las revistas coincidió con la popularización en Europa del café como bebida social y como local (no sin pocas polémicas... los vecinos solían quejarse del humo, el ruido y las personas indeseables que empezaron a rondar por las calles... ¿os suena de algo todo esto?).

Quiso la historia que muchos de estos cafés se abrieran en los mismos distritos donde había librerías por lo que el siguiente paso estaba cantado. Comprar un libro o una revista en la librería e ir a tomar un café. Poco a poco los clientes empezaron a intercambiar opiniones y se crearon tertulias literarias donde se discutía de lo divino y lo humano. Todos juntos y de todas las profesiones alrededor de una taza de café. Y a esta mágica alquimia de libros y café se añadió muy poco después otro invitado: el tabaco. La ecuación ya estaba completa: el café alteraba los ánimos, soltaba la lengua y daba vitalidad. El tabaco calmaba, relajaba y daba a la conversación un tono moderado. El libro daba el tema de conversación.

Y así ha sido hasta ahora. La importancia que ha tenido para la evolución de la literatura los cafés literarios, las tertulias, las largas charlas. Y el placer personal de entrar en una cafetería o en un bar, pedir un café y sentarse en una mesa para leer con placer e intimidad en medio de la gente, para subrayar, discutir con nadie, escribir, pensar y disfrutar.

Como siempre, nos vemos en los bares. Pero si nos encontramos con un libro entre las manos, antes asegurarnos de que no vamos a interrumpir algo importante.

lunes, 19 de enero de 2009

Algunas frases que me han dicho a lo largo de mi vida

Como las entradas preparadas aún necesitan un poco de reposo, y como hoy tengo ganas de escribir y recordar a personas que pasaron por mi vida y, por suerte, ya se fueron, una serie de curiosas frases que me han dicho.

Una mujer

- Hablar contigo es fácil. Me siento cómoda y puedo ser yo. Ya sé que tienes polla, pero en tu caso es como si estuvieras castrado.

***

Una amiga que prometía

- Estar contigo es tener todas las ventajas de tener novio. Ir al cine, charlar, ver la tele, cocinas. Todas las ventajas, pero con la suerte de no tener que acostarme contigo y poder follar tranquila con otros.

***

Un cliente

- Quiero un libro para regalar del tipo de libros que leen las personas a las que no le gusta leer.
- Pues no sé...
- Sí, hombre. Novela negra, novela de intriga y de detectives. Literatura para tontos y fracasados.

***

Eligiendo el camino para ir a una discoteca

- ¿Y si vamos por aquí?
- Mejor no.
- ¿Por qué?
- Hay muchas... muchas... putis.
- ¿Y?
- Lo dijo por nuestras novias. Mejor que no sepan que existen ese tipo de mujeres.

***

Una chica que me gustaba

- Es que con vosotros los gays es muy fácil hablar.
- No soy gay.
- Ah... pues eso lo cambia todo.
Dos días después dejó de hablarme.

***
Un conocido al ver que estaba leyendo La zona muerta de Stephen King

- ¿Te gustan las novelas de Stephen King?
- Sí.
- ¿Por qué?
- No sé, son entretenidas.
- Vaya, y yo que pensaba que eras inteligente.

***

La novia (futura ex) de un conocido que no me caía especialmente bien

- ¡No te gustó Titánic!
- Pues no, me pareció una mierda.
- Entonces tú no quieres a tu novia ni nada. No me extrañaría que la pegaras y todo

***

Y algún día, si me armo de valor y honestidad, haré una entrada con esas frases horribles que yo he dicho. Que haberlas, haylas.

Conversación bajo los olivos, Matisse (1869-1954)

Y mañana hablaremos de librerías, Sant Jordi y café.

domingo, 18 de enero de 2009

El peso de un domingo

Los domingos suelen pasar como un espíritu despistado que ha perdido su mechero.

Levantarse tarde, acabar una novela negra donde se descubre quién es el muerto, fumar un par de cigarrillos paseando por el parque y tomarse un café con leche en el bar de los domingos. Escuchar conversaciones ajenas por curiosidad y ganas de aprender algo. No hacer nada de provecho. Desear que este día pase rápido, pero que no llegue mañana.

Parece que los domingos están construidos para la melancolía. Para recordar lo que no se tiene o lo que ya está olvidado.

Y echar de menos.

Sunday, Edward Hooper

Las calles de La Habana.
Aurora y Laura.
La mujer que corría por una calle y solo me dejó el destello de su pelo.
El sol del verano.
Amigos que un día se reencuentran y se vuelven a perder.
Aquellas largas conversaciones llenas de proyectos que sabías que no se harían realidad.
Amores que murieron entre risas, y amores que no eran amores sino manos mal entendidas.
La primera lectura de La isla del tesoro.
La primera mirada cruzada con una muchacha antes de saber que es imposible.
El primer cigarrillo después de meses sin fumar.
Añorar los desiertos de Finlandia aunque allí no hay desiertos y no se ha estado en Finlandia.
Una cerveza en Madrid.
Un cuento escrito con prisa en Girona que se perdió en el viaje de vuelta.
Algo que no llegó a nacer en la noche de Igualada.
Una desconocida en París que te sonríe en el metro y se baja en la siguiente parada.

Fotografía de Jose Luis Guerín
De la exposición, Las mujeres que no conocemos


Música sencilla, irónica y triste para un domingo.


Tú Garfunkel, The New Raemon
De lo mejor del 2008

sábado, 17 de enero de 2009

Aunque no soy muy dado a las citas...

... después de leer un par de periódicos mientras me tomaba una cerveza y de ver las noticias en al tele... solo puedo buscar otras palabras donde encuentre mi voz.

"La eternidad se nos escapa.
Tales días, en los que naufragan en el altar de nuestra naturaleza profunda todas las creencias románticas, políticas, intelectuales, metafísicas y morales que años de educación y cultura han tratado de imprimir en nosotros, la sociedad, campo territorial agitado por ondas jerárquicas, se sume en la nada del Sentido. Adiós a los pobres y a los ricos, a los pensadores, a los investigadores, a los dirigentes, a los esclavos, a los buenos y a los malos, a los creativos y concienzudos, a los sindicalistas y a los individualistas, a los progresistas y a los conservadores; ya no son homínidos primitivos cuyas muecas y sonrisas, adorno, lenguaje y códigos inscritos en el mapa genético del primate medio, solo significan esto: representar su papel o morir.
Esos días uno necesita desesperadamente el Arte."


Muriel Barbery,
La elegancia del erizo, ed. Seix Barral.
L'elegància de l'eriçó, ed. Edicions 62.


Natalie Dessay canta Les oiseaux dans la charmille de la ópera Los cuentos de Hoffmann de ese genio infinito que era Jacques Offenbach.

jueves, 15 de enero de 2009

Crónica de una obra VII

Resumen de lo publicado: Después de un pequeño refrigerio decidimos por unanimidad ir a buscar la llave que ocultaban las temibles amazonas. Jordi intentó convencernos para no volver a Igualada porque en Aqualata estábamos estupendamente. Aunque consideramos esa posibilidad, Ciocco nos advirtió que terribles fuerzas oscuras y malignas también iban detrás de los objetos y que si los conseguían y entraban en nuestro mundo destruirían el universo. Tras una discusión metalingüística nos pusimos en camino.

Llegar al primer pueblo, donde en teoría podríamos descansar y comprar el material que necesitábamos para la aventura, nos llevó cerca de dos horas aunque Ciocco nos dijera que en media hora de paseo tranquilo habríamos llegado. El problema fue que nos perdimos cuatro veces por culpa de las malas indicaciones del responsable del mapa.

Que eras tú.
- Eso no tenías porque comentarlo, Jordi.
Demasiado tarde. Además, si eres un inútil con los mapas no es problema mío... es tú problema y debes admitirlo.
- De acuerdo... no sé leer un mapa.
Que tonto que eres por favor... Adelante continúa.

Gracias. Pues eso que nos perdimos por culpa de un mapa mal hecho...
Sí, sí.
... y porque el paleta insistió en detenernos justo cuando la primera cúpula de la ciudad aparecía por el horizonte. Se plantó en medio del camino, puso los brazos en jarras y declaró que no daba un paso más.

- No doy un paso más - dijo el paleta. - Hasta que no desayunemos, yo no me muevo.
- ¿Qué? - preguntó incrédulo (toma palabra) Ciocco.
- Pues eso, que la hora del desayuno se ha pasado y nos hemos callado, pero llega un punto que si no me tomo mi bocadillo, una cerveza y un carajillo... pues que no funciono.
- Pero si estamos a punto de llegar.
- Mira chiquitín, lo que digas me parece bien, pero nosotros necesitamos por lo menos una hora para desayunar y hablar del fútbol. Pase lo que pase.
El mimo se unió al paleta mientras se frotaba con movimientos circulares la barriga.
Ciocco empezó a moverse de un lado a otro moviendo sus paticortos brazos de un lado a otro.
- Cada minuto que pasa es un minuto que las fuerzas de la oscuridad ganan más poder.
- Que sí, que sí. Pero que si no desayunamos aquí no se mueve ni dios. ¿Verdad, chicos?
Unanimidad.
- ¿Hay algún bar cerca? - preguntó el yesero -. Y si tiene máquina de tabaco, mejor.
- Jorge - dijo Ciocco -, tu eres el líder y el elegido para traer el equilibrio al universo... di algo. Convéncelos.
- Joder con la mierda de ser líder... Reconozco que tienes razón, Ciocco, pero un poco de hambre si que tengo... es que desde que me he levantado esta mañana sólo he tomado un café con leche y la cerveza que hemos tomado me ha abierto el apetito.
Ciocco dejó caer los brazos impotentes, pero sin un asomo de querer rendirse.

Tres horas después llegamos a un acuerdo. Iríamos al pueblo, Ciocco haría las compras pertinentes de armas, equipaje y provisiones y nosotros tendríamos dos horas libres para hacer turismo. Aceptamos. Dos horas libres era mejor que los cinco minutos que nos proponía al principio. Echamos de nuevo a andar. El mimo se avanzó un poco y empezó a hacer que hablaba por teléfono... Fue una sensación extraña, pero me pareció ver que movía los labios.

- Por cierto, Ciocco - dijo el electricista -. ¿Cómo se llama esta ciudad?
- Ciudad... si es un puñetero pueblo roñoso... Se llama Falac. Y tenemos suerte. Hoy es día de mercado.

Lo que Ciocco llamaba un "puñetero pueblo roñoso" era la ciudad más hermosa que todos habíamos visto en toda nuestra vida, si exceptuamos Igualada, claro. Grandes avenidas, edificios altos coronados por impresionantes cúpulas de mármol. Imponentes estatuas adornaban las calles. Una cascada descendía en medio de la ciudad y caía en un impresionantes lago natural. La ciudad se había construido a su alrededor. Y los habitantes... era una pequeña representación de todas las criaturas que habitaban en el reíno de Aqualata. Enanos, humanos, gules, ondinas, manairons, hadas y...
- Elfos... joder, no - dijo Ciocco.
- ¿Qué pasa?
- No habléis con ellos, sobre todo. No habléis con ellos.
- ¿Por qué?
- Son unos pesados.
Como los cristianos, vamos.
- Peor, mucho peor.
Los elfos eran criaturas bellísimas. Quien se acercó a nosotros con unos papeles en la mano era una elfa; una preciosidad de largos cabellos y enormes ojos grises que más levitaba que caminaba.
- Hola - dijo ella - ¿extranjeros?
- Largo - dijo Ciocco mientras intentaba golpearla con su bastón - no queremos nada.
- ¿Tampoco la salvación? Porque nosotros ofrecemos la salvación. Si venís con nosotros y seguís unas sencillas doctrinas os llevaremos a los Puertos Grises cuando el fin del mundo empiece. Solo tenéis que entregar vuestras posesiones materiales y ofrecer obediencia ciega.
- No es mucho - dijo el electricista.
- ¿Verdad que es un precio pequeño para obtener la gracia eterna?
- ¡Qué os larguéis pesados! - dijo Ciocco - desde que se prohibió mataros que estáis de un crecido.
- Pero si no os llevará mucho tiempo - y mientras decía esto un tirante de su vestido se deslizó tímidamente. Casi dejaba adivinar su blanca carne.
- Déjala que hable, déjala - dijimos todos.
Si hombre, que hable.
- Me llamo Merenwen. Y os traigo La Palabra.

Cuando cuarenta minutos después, tras haber dado nuestros datos, parte de nuestro dinero y voluntad a tan sabia elfa que nos salvaría del apocalipsis y que traía la palabra verdadera, nos sentamos en una pequeña plaza.

- Anda que vais a sobrevivir vosotros en este mundo si le hacéis caso al primer elfo que os encontráis.
- Es que estaba muy buena - dijo el yesero - Era una muy buena potra.
- ¡No mancilles el honor ni el nombre de mi señora! - dijo el electricista.
Ostia, sí que era guapa... ¿os habéis fijado cuando se le deslizó...?
- Jordi, no consiento que hables así de mi señora Merenwen - chilló furioso el electricista -. Es la elegida de los dioses para traer respuestas fáciles a los grandes enigmas de la humanidad.
Puto fanático.
- Atended - gritó Ciocco - dejad vuestras ridículas discusiones pseudoteológicas para después. Voy a comprar. Vosotros haced lo que queráis. Visitad con calma el mercado, dad una vuelta por el pueblo. Sólo os prohíbo una cosa. Sólo una. Y hacedme caso, por favor. Bajo ningún concepto entréis en la taberna El cerdo retozón. Aunque hacen una cerveza genial y unas patatas picantes deliciosas es un lugar lleno de pendencieros, personas de la peor calaña, gente violenta, broncas, peleas y asesinatos de forma continuada. Y además los lavabos no tienen puerta y nunca tienen papel higiénico. ¿De acuerdo?
- Sí - dijimos todos.
- Entendidos, pues.
Y Ciocco se perdió entre la multitud.
- Bueno, ¿qué hacemos?
- Podemos ir al mercado y ver qué hay.
- Yo quiero desayunar - dijo el paleta - y la verdad que esa cerveza y esas patatas picantes prometían lo suyo.
- Pero nos han prohibido entrar en El cerdo retozón... - dije.
- ¿Y tú le vas a hacer caso al pequeñín? Además, con su tamaño todo le parece un peligro.
- Bueno... ¿qué hacemos?
- Dejarlo en manos de mi señora Merenwen.
Fanático.

Si quieres que nuestros héroes se vayan a dar una vuelta por el mercado deja un comentario que incluya la palabra "Calcuta".
Si quieres que nuestros héroes entren en El cerdo retozón deja un comentario que incluya la palabra "Pandereta".

Más o menos este era el aspecto de Merenwen, la elfa pesada que nos encontramos.
El dibujo lo hizo el paleta de memoria. Y reproduce fielmente su gran sabiduría.


CONTINUARÁ

Advertencia: A partir de la próxima entrega de estas crónicas empezarán a sucederse las escenas de violencia gratuita. Lo digo para advertir a las almas sensibles.
Advertencia II: Para las escenas de sexo gratuito tendréis que esperar un poco más.