"¿Parecemos el tipo de individuos que entrarían en un campamento en la noche, a hurtadillas, anestesiar a alguien amputarle una pierna y llevársela?". Monty Phyton, El sentido de la vida.
La fui a ver exclusivamente por el señor que la dirige, David Fincher, ya que su cine me suele gustar mucho, es especial Seven, Club de la lucha y Zodiac. Si la hubiera dirigido otro con seguridad que me hubiera quedado en la comodidad de mi casa dejando que Sigilo me destrozara la mano derecha. Pero fui a verla y, la verdad, pft.
Me gusta el cómo está hecha. La elegancia del plano y la cámara, algunos momentos de montaje, la fotografía oscura de la hostia y, sobre todo, la banda sonora y cómo se utiliza el sonido. Las interpretaciones funcionan sin ser ninguna la gran maravilla del siglo y acaba proporcionando un rato entretenido. Los títulos de crédito me sacaron de la película. Lo siento, visualmente poderosos, pero estridentes.
Pero... la historia... es que no me importa lo que me cuenta y el cómo, aunque intenso, no es lo suficiente como para que me vea arrastrado. Una sensación tan bestia de que todo eso ya lo sabía, me lo habían contado y con mejores palabras. La misma sensación que tuve cuando leí la novela. Frío toda la película. Por momento, incluso algo aburrido. Lo siento, la historia no da para mucho.
Pensándolo ahora... tendría que haberme quedado en casa.
Como propina, la penúltima que vi en el cine fue
Más grande, más rápida, más histriónica, más larga, más ruidosa y más oscura (?) no signficia mejor. La sana diversión desmitificadora de la primera parte queda diluida en ruido, ruido y ruido. Película repleta de escenas que no hacen avanzar la narración, sino que están para una pelea, una explosión o un chascarrillo. No es que me aburriera, pero vamos... lo mejor es, quizá, la penúltima escena, una consersación en las cataratas. (la última que cierra la historia con el signo de ? es para sonrojarse). Me sigo preguntando qué pintaba Noomi Rapace en todo esto.
Ando algo descompuesto del estómago. Así que no me pidáis mucho. Haré flashes que ya desarrollaré en otras entradas. O no. Que ya me conocéis.
* La sátira y desmitificación cinematográfica del superhéroe no se llama Watchmen o Kick-Ass ya que ambas película acaban en cierta glorificación del héroe. Se llama
y es una salvaje, violenta y muy divertida historia sobre dos personas con serios problemas mentales que se enfundan en mallas y se van a combatir el crimen. Con la aparición especial del dedo de Dios y una delirante serie de superhéroes cristianos. Dejo títulos de crédito.
* Llegó hoy y ya se leyó.
El mejor título de la serie. Acción, humor, zombis, amores callados, monstruos tentaculares, fantásticos dibujos y 0 moralina.
* Calma chicha en la librería. Nadie por aquí, nadie por allá. Esperando que enero se vaya y empecemos a preparar Sant Jordi. Por favor, rezad tanto si creéis como si no por un Sant Jordi sin lluvia. Un tercero no lo soportaría.
* Me voy al lavabo corriendo. Ya he dicho que ando descompuesto.
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Sigo con juego piniculero.
3. Una película que te asustó
Difícil porque no soy de asustar. El cine de terror me deja frío y suelo pasarlo entre risas e indiferencia. Para muestras, esta entrada que es resumen de mis vivencias en cuestión de cine de terror. Pero sustos los ha habido. Recuerdo el medio visionado de Zombi, de Romero que me dio un mal rollito tremendo entre muertos que andan y sitios estrechos. Ver El pueblo de los maltidos (las dos versiones) y mi posterior desconfianza con los niños rubios. Los visionados de pequeño de Tiburon y Alien y otros terrores que detallé aquí. Pero puestos a elegir una película me quedó con la última película que me asustó. Y hablo de hace unos cuantos años. Audition de Takashi Miike.
Soy de la facción a la que le gusta la película. El ritmo lento y moroso de casi la mayor parte del metraje y luego la caída en picado en una pesadilla diabólica, cruel y retorcida. Su cruel sentido del humor. Su sadismo. La violencia. La tensión y el saco que se mueve. Y todo esto porque no tenía ni puta idea de lo que iba a ver cuando la alquilé.
Y como propina, una escena que me asustó de una película que, en principio, no es de terror.
(Siento no haber encontrado un vídeo en v.o.subt)
Aunque cada día estoy más convencido de que sí es una película de terror.
El estupendo calendario con el que este año se ha lucido la editorial Impedimenta me recuerda que hoy es el cumpleaños de Anne Brontë con el epígrafe, a la sombra de sus hermanas en flor. Y es que debe ser duro ser escritora y tener por hermanas a Charlotte y Emily.Y más cuando una practica una literatura más fría, más cerebral, más controlada y, en apariencia, menos apasionada y, seguro, menos visceral que sus hermanas.
Me gusta mucho las dos novela de Anne Brontë. Agnes Grey en su perfecta configuración del personaje de la institutriz que tan importante fue para la narrativa inglesa del siglo XIX. Me gustan las historia de personajes tan cotidianos y vidas tan anodinas. Y La inquilina de Wildfell Hall, una novela llena de sutileza psicológica que fue masacrada por la crítica del momento atacando sus valores morales. No se puede presentar de forma tan cruda la corrupción de un hombre, decían. Y eso de que la protagonista abandonara a su marido por maltrato psicológico... Alejada del romanticismo de sus hermanas, de la pasión de una y la redención de otra, Anne Brontë se apoyaba más en el realismo y en lo posible. Los pobres pocas veces dejan de serlo y los cabrones solo lo dejan de ser cuando asoman las orejas del lobo...
Y esto, además, me ha recordado que tengo el siglo XIX muy dejado en estos momentos de lectura de novela negra, ciencia ficción, fantasía, juvenil y demás ejemplos de cultura literaria popular y de género. Así que el calendario de Impedimenta me ha hecho pensar que tengo que volver a ese siglo tan querido en el aspecto literario.
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Y siguiendo con el juego piniculero que empecé ayer, hoy toca...
2. Una película que odies
Soy muy consciente que hay otras películas que merecen, y tienen, mi odio, pero con Titánic tengo una relación especial. Fui al cine y sufrí tres horas y pico de tontería cinematográfica condensada. Algunos de mis mayores odios expuestos sin pudor en una película. El melodrama barato, la historia de chico pobre / chica rica, el abuso tecnológico, el guión endeble, personajes caricaturescos, situaciones forzadas, metraje alargado porque sí, música machacona, canción central horripilante, el pelo del DiCaprio al que me ha costado mucho perdonarle esta película, manipulación emocional, etc. Y al salir lo pagué a gritos con mi buen, pero irritable amigo Jordi que se tuvo que tragar todos los sapos que me produjo la historia de la vieja pesada y la mierda del collar y el puto barco que no se hundía ni a tiros y los dos tortolitos que no se morirán, joder...
Unos días después comentaba mis impresiones sobre la mierda de película con un grupo de conocidos. Al decir "No me ha gustado Titánic" con estas palabras y con una inusual elegancia, una de las chicas del grupo me soltó la perla "Pues si no te ha gustado Titánic tú no debes querer a tu novia, ni tener sentimientos, ni ser bueno, ni cariñoso ni nada. No me extrañaría que hasta le llegaras a pegar".
En el estupendo blog No me des pataditas en la butaca que administra Lola Alted (no comentes las películas... las frases lacónicas dejan universos de interpretaciones y lo hace muy adictivo) propone este juego. Ella lo vio en un facebook e imagino que si se sigue el camino se llegará al origen. El juego es sencillo y cinematográfico. Treinta días, treinta películas. Cada película bajo un epígrafe. No soy mucho de estos juegos de blog, pero éste me ha hecho gracia y me ha hecho pensar en las películas vistas, casi vistas y por ver. No prometo cumplir a rajatabla el tema de los treinta días consecutivos porque hay días que no querré hacerlo, no tendré tiempo o hablaré de otra cosa. Pero que antes de que acabe el año he hecho 30 días, 30 películas, seguro.
Y empezamos.
1. Tu película favorita
Va cambiando. Cuando era muy joven era el primer Indiana Jones, luego Casablanca, luego Magnolia, luego Zoolander, etc. A día de hoy y sin saber lo qué durará:
Sí, la pedazo de obra maestra de David Lead. Los amores de un tipo normal / una tipa normal. Diálogo cotidianos. Miradas fugaces y trenes que llegan y se van. La música, los recuerdos, el guión de hierro y uno de los finales más terribles de la historia del cine en su dolorosa cotidianidad. Pero de todo esto ya hablaba aquí.