lunes, 31 de mayo de 2010

viernes, 28 de mayo de 2010

Crónica de una obra XVII

Resumen de lo publicado: Después de salvar el culo en el último momento gracias a la aparación estelar de Tolo, la esposa y cerebro del enano, entramos en su carromato y nos invitaron a cenar. Comprobamos las excelencias de vivir en un carromato mágico. Nos explicaron que el mejor modo de ir al reino (¿es un reino o una república o un sindios o una anarquía?) de las amazonas era cruzar por los páramos Heathcliff, Heathcliff pese a sus peligros y de que allí viviera la bruja Leola. Cuando Chistorra estaba a punto de hablarnos de los peligros de los páramos Heathcliff, Heathcliff, uno de sus hijos nos informó que una banda de goblins quería atacar el carromato. Chistorra nos invitó a unirnos a él y a sus pequeños en la matanza.

- Bueno, ¿qué? ¿Venís o no?
Nos quedamos en silencio mirándonos unos a otros. El mimo empezó a construir la maqueta de un telescopio atómico con las migas del pan. Se le daba bien. Iba mojando poco a poco las migas con sus saliva y las iba disponiendo una sobre otra para darle la consistencia adecuada a cada parte. Empezó con uno de los tornillos, las tuercas, el átomo, puliendo las lentes que había creado con un poco de la corteza...
- Pero contestad... ¿venís?
El paleta sacó su palillo de la boca, examinó lo que había en él y se lo volvió a meter en la boca musitando un "comer por comer, pues comamos dos veces". El electricista empezó a remendarse los calzoncillos por dentro de los pantalones porque le daba vergüenza. El yesero intentaba tocarse el cerebro metiéndose un tenedor por la nariz. Yo me dormí.
- ¿Pero que os pasa?
- Papá - oímos la voz de la pequeña Fyrlynn que venía de donde se estaba produciendo la batalla con los goblins y los lobos huargos - acabo de arrancarle a mordiscos la cabeza a un lobo. ¿Me la puedo quedar de juguete? Va... porfaaa...
Me desperté. Nos miramos. ¿Qué nos estaba pasando? Era una pura inactividad... una nada que nos impedía hacer una cosa u otra... Queríamos quedarnos en la comodidad del carromato, pero a la vez algo nos impulsaba a salir a luchar. Pero no hacíamos ni una cosa ni otra.
- ¡Cobardes! ¡Inútiles! ¡Para eso os doy cobijo en mi hogar!
Sabes que pasa, Chistorra.
- ¿Quién ha dicho eso? ¿El brujo?
Que no... que soy Jordi... el bulími...
- ¡Muestrate criatura infernal! ¡Cómo saque mi espada +3 te vas a enterar!
- Papá, he matado a otro. ¿Por qué no vienes? ¿No quieres jugar con nosotros? - Shalagha empezó a llorar desconsolado porque parecía que su padre prefería quedarse hablando con unas personas que... bueno... es que... ¿qué podíamos hacer? ¿Qué elegir? ¿Salir o no salir? ¿Pelear o quedarnos jugando a ver quién tenía las uñas más feas?
Que no soy un brujo...
- No pienso quedarme aquí y perderme la sangre de los corrompidos - y lanzándo su famoso grito de guerra de "Chistorras a mí", saltó por una ventana mientras oíamos a Tolo salir corriendo detrás de él diciéndole que porqué no podía utilizar la puerta como todo el mundo y que ya estaba bien de esa manía de saltar por las ventanas.
- ¿Qué nos pasa Jordi?
Es muy sencillo.
- ¿Por qué no podemos decidirnos a hacer una cosa u otra?
El paleta se iba sacando y metiendo el palillo en la boca. El mimo no sabía si ponerle puntillas o no a su telescopio. ¿Agujero izquierdo o derecho para llegar al cerebro? ¿Vuelta puntada vuelta o puntada vuelta puntada? Dormir, despertar.

Lo que ocurre es lo siguiente... - pude percibir que Jordi se levantaba y empezaba a caminar por la librería. Iba a lanzar un discurso - en la anterior entrada lanzaste una pregunta a los lectores de esta inmensa chorrada sobre qué debíais hacer, si luchar o no. Nadie contestó. El por qué del silencio de tus lectores (que supongo que es la cada vez más visible decadencia de este blog) no es el tema que nos ocupa (aunque creo que se debe a que salgo poco porque me tienes envidia ya que soy el robaescenas de esta historia), pero sí que es importante. Al pedir que decidieran ellos, no podéis decidir vosotros. Es un sencillo asunto de personalidad. O, en vuestro caso, ausencia de personalidad. Al ser simples personajes de una historia sin sentido escrita por un narcolepsico que se está bebiendo una cerveza cuando sabe que no le convendría
Oye, bebo lo que quiero... y no te pases que tú no eres más que un personaje más de esta historia y si quiero te tiro encima la obra completa de Sierra i Fabra y mueres, gilipollas.
- Hala - dije - ya se ha metido por medio el autor.
Es que el tontolaba este me pone enfermo cada vez que sale.
Pues no me hagas salir y ya está... pero no puedes porque soy el personaje más popular.
- ¿No lo era yo? - preguntó el electricista.
- ¡No! - dijimos todos.
- Porque vosotros lo digáis. Pregunta a los lectores.
Vale, al final de la entrada lo preguntaré.
Tú no preguntarás una mierda que para eso escribo yo.
- Venga, muchachos, centrémonos - dijo el paleta mirando fijamente el verduz de su palillo sin saber si meterselo o no en la boca.
Bueno, pues lo que ocurre...
¡Lo iba a explicar yo!... Sí, sí, ok, de acuerdo... que estáis trabajando aquí y que la librería no se monta sola... sí... si ya suben... si es un momento... de acuerdo, ya me vuelvo a sentar y no molesto más...
Molestar, eso es lo que haces.
- Estoy de acuerdo con el autor.
Pero que autor ni que pollas...
A que te inflo a hostias.
- Hostias - dijo el yesero con un tenedor entrando por el agujero izquierdo de su nariz y saliendo por la oreja derecha - hostias...
Gilipollas.
Desgraciado.
Imbécil.
- Jordi - dije - no te pases que el autor no deja de ser una emanación mía.
Al revés, tarado... tú eres algo mío.
- No, perdona. Yo soy libre.
Y una puta mierda.
¿Pero qué se ha creído este imbécil?
- Gracias por tu apoyo, Jordi.
No, si el imbécil eres tú.
- Pues si Jorge es imbécil no sé lo que serás tú.
- Un chulo - dijo el yesero.
- Y un niño mimado que no hace nada. Solo crítica y sentadito sin jugarse el cuello para salvar el universo.
Anda que vosotros hacéis mucho.
- Tarado.
Fascista.
-Piojo.
-Desgraciado.
Pichacorta.
Desenvainamos las armas. Nos miramos con odio.

Se oyeron entonces dos palmadas y unas patadas al suelo. Callamos y miramos al mimo. Estaba llorando. Empezó a mover las manos. Sus movimientos eran gráciles cual bailarinas de striptease. Movía las nalgas arriba y abajo. Entraba y salía de jaulas de cristal y flores, flores, flores que nacían de sus dedos. Después, calló.
Nos miramos avergonzados.
- Lo siento.
- Yo...
No sé qué ha pasado.
- Es que... juar...
Se nos ha ido de las manos.
- Tios, si somos amigos.
- Sí, no sé.
El mimo hinchó los carrillos.
- Pero eso no resuelve nuestra inactividad.
Explícaselo tú, Jordi.
No tú.
No tú.
No tú.
No tú.
DEJAD DE CHUPAROS LAS POLLAS DE UNA PUTA VEZ QUE LA ENTRADA ES LARGA DE COJONES.
- ¿Y tú quien eres?
UN LECTOR DEL FUTURO QUE LEE ESTA ENTRADA MIENTRAS LA ESCRIBE EL AUTOR. ASÍ QUE AL GRANO QUE QUIERO IR A COMER, HOSTIAS.
Vale, la explico yo. El tema de la inactividad se resuelve con una palabra. Libertad. Como personajes pseudoliterarios podéis hacer lo que os de la gana. ¿Acaso a alguien le importa a esta alturas la coherencia de todo eso? Ni siquiera al autor.
Eso es verdad.

Así que si queréis ir a luchar, luchad. Si queréis quedaros aquí, pues os quedáis. Como si queréis vestiros de gallina y jugar a ver quién tiene los huevos más peludos. Dejad de preocuparos de lo que quiere el público, de la opinión de los demás. Sois libres para equivocaros todo lo que queráis, para hacer las tontás por vuestros propios meritos. Libres.

Las palabras de Jordi resonaron en nuestros oidos como cambio mal devuelto en el super a nuestro favor. Éramos libres. Ni lectores, ni autor, ni narrador, ni nada. Podíamos hacer lo que quisieramos. Luchar, sentarnos, vestirnos de faralaes.
De este modo, ¿qué haréis con vuestra recién estrenada libertad?
- ¿Salimos a luchar?
- Sí.
- Dale.
- Venga.
Alcé mi espada al techo.
- ¡Los inútiles de Aqualata se disponen a luchar!
- SI - gritamos todos.

- Hala - dijo Chistorra entrando en la cocina - ya están muertos. ¿Y vosotros que coño hacéis?
- Ser libres.
- Pues mira tú qué bien. Pues con vuestra libertad me ponéis una cerveza para mí y para los críos.
- ¿Cómo ha ido la pelea?
- Como todas las peleas con goblins, lobos huargos e inferioridad de condiciones. Divertidas. ¿Y vosotros? Al final qué, ¿por los páramos...
- Heathcliff, Heathcliff.
- ...o todo recto?
Nos miramos unos a otros.
- Por los páramos.
- Heathcliff, Heathcliff.
- Así me gusta, con dos cojones. Venga, muchachos - se bebió la cerveza de un trago - vamos a saquear a los muertos.
Salieron todos. Me quedé un momento sentado en la cocina. Solo.
¿Pasa algo, Jorge?
- Sí, Jordi.
¿El qué?
- Todo eso que has dicho... ha sido muy sensato...
¿Verdad?
- ¿Desde cuando dices cosas sensatas?
...
- Ha sido muy raro.
Sí.
- Tengo miedo.
Yo también.
Y un inquietante frío se colo por una ventana.

De estos había un huevo. Pedazo batalla bestia os habéis perdido.

Nota a los lectores: Pedimos disculpas por la entrada de hoy. Esto ha pasado por dejar a los personajes que decidieran ellos. Si es que no se les puede dejar solos.
- Lo de la popularidad.
Ah sí, lo que dice el electricista. ¿Qué personaje de la Crónica es el más popular entre los lectores? Entre los participantes se sorteará... no sé... algo.

jueves, 27 de mayo de 2010

Buena música para antes de ir a dormir


Duo para dos cellos, op. 52, n3
del gran, enorme, mítico, inextingible, fastarruoso, pantagruélico, mágico, eterno e inmortal
Jacques Offenbach


miércoles, 26 de mayo de 2010

Esos clientes sin los cuales la vida sería más sencilla

Los que trabajamos de cara al público desarrollamos por las personas que vemos casi diariamente unas extrañas afecciones. Nos caen mal, nos caen bien, nos son simpáticos, nos parecen imbéciles, nos atraen o nos repelen. Es normal. Es inevitable. Estoy convencido de que hasta a Jesús, que en los últimos años de su vida trató con mucha gente, le pasaba lo mismo.

- Pues, nada, que suelto así como muy serio lo de "El que esté libre de pecado, que tiré la primera piedra".
- ¿Y qué?
- Pues que coló. Macho, qué risa, todos ahí soltando las piedras. Y, claro, la puta luego estaba de un agradecido.
- Cuenta, cuenta.
- Pues nada que me dice de ir a su casa y... Mierda...
- ¿Qué?
- Que viene Pedro.
- Jesusito, muchacho, ¿cómo andas?
- Bien, bien... ¿y tú?
- Mira, tirando... oye a ver cuando me avisas para entrar en el club gastrónomico que tenéis, eh JC.
- Sí, sí.
- Yo creo que lo que tendrías que hacer con eso del pan y el vino es montar negocio. Tú confía en mí, que yo sé lo que me digo.
- Sí, sí.
- ¿Irás alguna noche al Monte de los Olivos?
- Sí, alguna.
- Pues nos vemos por allí, ¿vale? Nada, muchacho, hasta luego.
- Halá, adiós... Gilipollas.

La mayoría de la gente que pasa por la librería es lo que se cataloga como normal. Gente que entra, charla un poco, compra un libro y se va. Con algunos hablo más, con otros menos. Pero hay algunos, hay algunos....

1. Los que SÍ saben de libros, vamos. Los que te vienen con aire de suficiencia para resolver problemas de primero de librero. Los que te tratán de tonto, de idiota o de deficiente.

Entra un día en la tienda un conocido político catalán. Pero muy conocido. De los que tienen poder y eso. Todos los compañeros huyen y me toca atenderle a mí.
- Buenas tardes.
- Buenas tardes.
- Mira, te voy a pedir una cosa muy especial.
"Como diga que me desnude, me cubra el cuerpo con ortigas y le recite el Orlando furioso va listo".
- Diga.
- Soy coleccionista de ediciones de una novela muy especial. No sé si la conocerás. Se llama L'estrany en catalán, El extranjero en castellano, L'etranger en francés, The stranger en inglés. Es de Albert Camus, ¿te suena de algo?
"Gilipollas"

Un señor peripuesto con un amigo más peripuesto se me acercan y me dicen.
- El libro ese del tipo que se ha muerto.
- ¿Cuál de ellos?
- Pues el que se ha muerto ahora. El famoso.
Pensando, pensando imagino que se refieren a Salinger.
- ¿Salinger?
- Ese. Pues quiero su libro.
- ¿Cuál de ellos?
- Pues su libro. El único que escribió.
- Bueno, escribió poco, es verdad, pero más de uno.
- ¿A sí?
- Sí. El guardián entre el centeno es el más conocido. Pero también está Fanny y Zoey y los Nueve cuentos, por ejemplo.
- ¿Estás seguro de eso? ¿No te confundirás con otro? Mira que lo hemos mirado en el google está mañana.
"Gilipollas".

- A ver, niño, te lo pondré fácil. Dame algo de Scott Fitgerald. ¿Sabes quién es, no? Aunque supongo que solo te suena El gran Gatsby y serás incapaz de decirme tres libros más de él aparte de ese. ¿Tengo o no tengo razón?
"Gilipollas".

2. El descuentos. Cliente que viene una vez al año como mucho y que considera que cada vez que entra debe ponerse música


Perdonad la publicidad... no es cosa mía.

la alfombra roja, las esclavas tirando petalos de rosa, los niños con banderitas, las consabidas genuflexiones, el desfile de elefantes, los fuegos artificiales y las monedas a los pobres. Compra dos libros y cuando está en caja pasa de la cola, se planta delante del librero que está atendiendo a otra persona y exige por ser quien es un descuento de por lo menos el quince por ciento. ¿Motivos? Por ser un cliente de toda la vida.

Sus frases: "Arreglame el precio", "¿Cómo que no me haces descuento?", "¿Pero tú sabes quién soy?", "Quiero hablar con tu jefe" y "Ya me encargaré yo de que no vuelvas a trabajar en nada relacionado con el libro".

Suelen salir cabreados, con los libros, sin descuento y hasta el año que viene.

3. Los listos. Son aquellos que se dedican a arreglar la vida al otro con un par de palabras y frases manidas. Los que te dicen qué hacer con tu negocio, cómo dirigirlo y cómo aumentar beneficios. Los que dan ideas que nadie ha pedido y opiniones que ha nadie le importan.

"Lo que tendríais que hacer es tener una sección más guapa de caza mayor".
"Más descuentos."
"Tendríais que potenciar más las presentaciones y los cuentacuentos. No se hacen esas cosas en Igualada y gente inquieta como yo lo agradeceríamos." (Naturalmente, no van nunca a presentaciones ni cuentacuentos, ni a ningún acto que se haga en la ciudad. Pero quejarse, joder si se quejan).
"Sabéis qué teneis que hacer para que venga gente. Una muchacha con la falda bien corta disfrazada de Mamá Noel."
"Solo vendéis mierda. Tendríais que tener más libros en latín. Para diferenciaros."
"Lo que tendríais que hacer..."
"Lo que tendríais que hacer..."
"Lo que tendríais que hacer..."
"Lo que yo haría..."
"Que yo sí se de esto..."
"A ver, que yo del mundo del libro no sé mucho, pero lo que tendríais que hacer..."

Como bien nos enseña Marcial, solo hay una forma de tratarlos.



Ya continuaremos.

lunes, 24 de mayo de 2010

Vuelta al trabajo

Lunes. Domingo mal dormido. Ocho y media de la mañana. Café y a trabajar. Devoluciones. Mayo. Y eso significa...

Vamos, que a la librería no entra casi nadie y los que entran el cincuenta por ciento preguntan si hacemos fotocopias. Esperando que empiece la temporada de cuadernos de vacaciones y... y... el monstruo del texto.

Este mes tendremos que acabar de matarlo recordando las vacaciones ya hechas y las que me quedan por hacer... allá por el lejano mes de octubre.

Así que para paliar la espera un poco de musiquita.


Uno de esos diablos que no mueren.