lunes, 16 de agosto de 2010

Cosas que los nietos...

Abres una caja de novedades llena de libros desconocidos y alguna que otra reedición inexplicable y la entras en la base de datos. Novela, ensayo, cocina, ocultismo, etc. En principio todo parece muy claro aunque las etiquestas y los géneros siempre son falsos y todo es algo de otra parte. Luego todo se apila y se coloca en las estanterías correspondientes. Pero, de vez en cuando, un libro presenta un problema. Cosas que los nietos deberían saber, es uno de esos libros. ¿Por qué? Porque podría entrar en biografía (explica una vida), música (explica la vida de un músico), autoayuda (habla del duelo, de superar la pérdida y presenta unas directrices vitales) e, incluso, novela o ficción (porque toda autobiografía es a la vez una obra de ficción).

Para mí supone un problema leer biografías o autobiografías. Leo muy pocas (por no decir que no leo) y el motivo es muy sencillo: no me importa la vida de esa gente. Quiero decir, adoro a Jane Austen y adoro sus novelas (Orgullo y prejuicio es una de las historias más importantes de mi vida), pero sinceramente me da igual saber dónde nació, quién era su mejor amigo o si los espárragos le daban miedo o le excitaban. Además, las biografías siempre me parecen inexactas e interesadas y las autobiografías me parecen complacientes y llena de invenciones.

Pero estas últimas semanas me he leído Cosas que los nietos deberían saber, que es una autobiografía aunque la primera vez que la viera no lo supiera y empezara leyéndola como una novela porque ni sabía quién era Mark Oliver Everett, ni cómo sonaba Eels. Y esa ignorancia jugó a favor y, la verdad, es que no es una autobiografía al uso.

A ver, algo de complacencia hay y algo de considerarse alguien especial, también (aunque lo reconoce y parodia en las primeras páginas). Pero también es un buen libro sobre una vida que podría ser desgraciada y triste, pero que gracias al arte y a la creación, deviene en algo hermoso. O, por lo menos, en la creación de algo hermoso. Vamos, que si algo se puede aprender de estas páginas y del relato de una vida jalonada en muertes es que una via triste no tiene porque convertir a una persona en triste y que una vida desgraciada, no tiene porque convertir a alguien en desgraciado. Existen un montón de cosas a las que aferrarse, por las que luchar y, especialmente, mucho que crear. Y ese sentido nos lo da, una vez más, el arte. Ya se llame escritura, pintura, música o lectura (que bien leer también es un arte). Todo con un estilo ágil, divertido, llano y directo.

Vamos que me ha gustado. Y, señor, como se nota que estoy espeso... qué mal que me he explicado.

4 comentarios:

Starlet dijo...

Me lo pido! =)

Carlos Pérez Cruz dijo...

Me pasa lo mismo... siempre he sido reacio a las autobiografías, biografías y demás exaltaciones del ego. Muchas veces obras extraordinarias de arte no se corresponden con vidas extraordinarias y, además, lo que nos ocupa, al fin y al cabo, es la creación que nos afecta.

Recientemente tuve que hacer (nadie me puso la pistola en la sien, conste) una colaboración en un programa de radio a partir de la vida privada y sexual de Miles Davis recogida en su autobiografía. Ok, perfecto pero... ¿de qué sirve contar que golpeó a su mujer o que fotografiaba mujeres desnudas? ¿sirve subrayar sus problemas con las drogas? Seguramente simplemente sirvió para confirmar el estereotipo de Jazz, drogas y problemas.

No sé, de momento me he mantenido al margen de este tipo de literatura. De hecho tengo la impresión de que son más interesantes las (auto)biografías que no se presentan como tal, que forman parte de un relato donde se intuye la vida personal.

Bueno, vamos, que tengo más preguntas que respuestas al respecto...

Jorge dijo...

Starlet, creo que lo disfrutarás muchísimo.

Carlos, esta en concreto es interesante y se sale de la norma (aunque en ocasiones peca de "he conocido a...", "o estoy un poco encantado de conocerme...", pero seamos sinceros, si nosotros escribiéramos nuestra vida haríamos lo mismo). La lectura que yo he hecho es más sobre el valor del arte (en este caso de la música) para salvar lo que parecía insalvable, que para aprenderme la vida de E. Lo chulo de este libro es que hay momentos que parece que estás leyendo una novela.

Es lo que dices, me da igual que Miles Davis tuviera problemas con las mujeres. Yo quiero escuchar "Kind of the blue". Si al final lo que queda del artista es la obra, no la vida. Y si es su vida lo más se recuerda, entonces es mala señal.

Bellota dijo...

Me gusta esa editorial. Hace poco conseguí gracias a un amable librero La pesca de la trucha en América y me he quedado con ganas de más. Me lo apunto en mi cada vez más interminable lista.

Para servirle, Bellota.