lunes, 9 de agosto de 2010

Dos de las caras de la comedia

De momento el no tener vacaciones no me está afectando. Ya llegarán los tiempos (la primera semana de octubre para ser más concretos) en los que Jorge se paseará por Igualada en calzoncillos, con un hacha mientras persigue a señoras respetables gritanto "se lo envuelvo para regalo", "no ha llegado", "se lo puedo encargar si quiere" porque tiene la psique cargada y el ánimo revuelto. La necesidad del descando de verdad. Aunque, claro, con la suerte que tengo seguro que la prueba del sueño me la harán en periodo vacacional y me lo revientan todo. Es que lo preveo... entre mi innato pesimismo y los poderes de ver el futuro que me ha dado la narcolepsia veo unas vacaciones cargadas de sueño, paseando por casa con cojines atados en la cabeza para evitar que me haga daño, sin tomarme la medicación (tengo que estar limpio para la prueba), sin poder comer sopa y teniendo continuas visiones del futuro... una y otra vez... visiones de lo por llegar...

Pero de momento no hay vacaciones y los días los dedico a vender texto, buscar lectura y ver primeros capítulos de series por... por... como decirlo sin buscarme problemas... por... bueno, de forma legal, claro. Entre las que he visto destaco dos grandes experiencias, ambas dos series extremadamente locales, hechas en los únicos paises donde se pueden hacer, pero que consiguen hacerse universal. Ya sabéis, el viejo adagio de lo pequeño se hace grande y de lo local al edificio entero.

La primera de ellas sólo podía ser americana y, más en concreto, sólo podía ser de Nueva York.


Bored to death
. De la prestigiosa HBO. Una serie cuyo piloto es tirando a aburrido, pero progresivamente va ganando en calado, en calidad y en diversión hasta convertirse en una pequeña joya y un descubrimiento. Las vidas de tres fracasados que intentan ser felices por todos los medios aunque, la mayor parte de las veces por no decir todas, sean los medios equivocados o que les harán más infelices. En una serie de humor intelectual, llena de referencias a la sociedad culta de Nueva York (en concreto, Brooklyn), hija bastarda del mejor Woody Allen (el de los ochenta, vamos, no ese de ahora que parece una mala copia de sí mismo... casi que se ha convertido en Edward Burns y eso es para chillar de pánico), de la estética de las películas de Wes Anderson (sobre todo Academia Rushmore y Los Tenembaums), la banda sonora compuesta por grupos indis, el humor puramente judio con el que me identifico tanto...

¿Y de qué va? Un escritor semifracasado para superar una ruptura amorosa y en plena depresión se ofrece como detective privado sin licencia. A partir de ahí empieza a "investigar". Naturalmente, esto es solo una excusa para hacer un retrato despiadado del artista pseudointelectural neoyorkino. Tras fracasados que no lo saben, tres seres patéticos que aspiran a la felicidad, pero boicotean los recursos para conseguirla. Eso sí, a la serie se le puede achacar que en ocasiones se recrea en su propia intelectualidad y parece diseñada y dirigida al mismo público que el que retrata su protagonista: pseudointelectuales de ciudad. Lo mejor sin duda es un inmenso Ted Danson que se ventila sin compasión a todo bicho viviente que aparece en escena.

En el otro extremo tenemos la otra serie que he estado viendo estos días.


Una serie que empecé a ver con A. y que a ella, pese a que un par de gags le hicieron mucha gracia, renuncia a ver. "Vela tú solito y a mí déjame en paz". ¿Cómo definir esta serie? Bueno... primero de todo decir que es británica, más en concreto de la BBC2 y... busca de adjetivos... bueno... pues... se le podrían aplicar los siguientes: desagradable, opresiva, escatológica, molesta, políticamente muy incorrecta, incómoda, repulsiva. Vamos, que me encanta. ¿De qué va? Bueno... en verdad es una de esas series estructuradas en escenas o gags independientes protagonizados por un cuarteto de actores que interpretan a casi la totalidad de los infraseres que aparecen en escena, pero que en verdad conforman un argumento único. ¿Cuál? El de sacar toda la mierda y todos los secretos del desde ya mismo mítico pueblo de Royston Vasey (del que el cartel de bienvenida promete que nunca volverás a irte).

Los dueños de una de la tiendas del pueblo.
Por una vez, la belleza interior y la exterior van unidas.


Una serie basada en un humor inteligente, surreal y atrevido, a la vez que cafre, desagradable y molesto heredero directo de Monty Phyton, The young ones o Little Britain. Impagables todos los personajes, pero de momento me quedo con el veterinario (adoro cada vez que aparece) y los tios del "protagonista", una adicta al orden y la limpieza y un extraño señor de físico más extraño todavía que colecciona sapos y le da una larga charla a su sobrino sobre por qué no debería mastubarse mientras esté bajo su propio techo.

Ambas series me gustan y con ambos tipos de humor me siento identificado y encuentro escenas, situaciones o momentos que me hacen mucha gracia o que me llevan a la carcajada (sobre todo en la segunda, pero es que la humillación y el dolor siempre me han parecido muy graciosos en la ficción). Son muy diferentes con unos recursos cómicos muy disntintos y casi contradictorios, pero ambas me llegan, me llenan y me conducen a la risa. Que en el fondo es lo que uno le pide a la comedia.

4 comentarios:

A dijo...

Tengo la impresión de que lo que le pide usted a la comédia es lo mismo que lo que espera de la vida en general.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Pues yo me voy enganchando poco a poco a su blog (perdón por entrar así de abrupto, sin holas ni un ¿se puede? ni na) y consigue hacerme reír, que no es poco...

Ya que estamos, un libro que me hizo reír mucho hace unos días: "Guía de Mongolia" de Svetislav Basara. Cosas de la acidez de su primera mitad que para mí fueron como un Almax.

Buenas noches (que, por lo menos, habrá que ser educado en la despedida).

Jorge dijo...

A, claro. A la comedia y la vida le pido que me diviertan, me hagan reír y me permitan sobrevivir en este mundo.

Carlos, me emociona hacerte reír y más con ese "no es poco" de coletilla. Eso ayuda a seguir escribiendo.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Reír ya es mucho (que es otra posibilidad). Eso sí, no hace falta que me envuelvas la risa para regalo... me la llevo puesta.