lunes, 15 de marzo de 2010

Sobre los pájaros que crié en tu nombre

Esta es una entrada que quería hacer desde hace un tiempo.

En julio de 2008 abrí este blog. Y empecé a visitar blogs y me metí en esto de compartir vidas ajenas por medio de palabras. Uno de los primeros blogs que visité y a los que me aficioné llevaba el nombre de una película de Abbas Kiarostima que nunca me ha acabado de convencer. En cambio ese blog sí me convencía totalmente (lo que demuestra que el nombre nunca hace a la cosa). Lo primero que me encontré fue una canción de Ham de foc.



Exploré un poco el blog y lo fui visitando regularmente. Y me encontré, entre otras cosas, con poesías. Muchas. Y aunque siento una pequeña reserva hacia todo lo que me suena a poesía (siempre he pensado que la poesía tiene que ser sinónimo de trabajo y no sinónimo de inspiración, sea esto último lo que sea y en lo que no creo) lei atentamente las palabras y me encontré con una grata sorpresa. Los poemas que iba leyendo (algunos me gustaban mucho, otros un poco, otros no tanto, otros no me gustaron en absoluto) se me antojaban hijos (y perdón por la comparación porque, parafraseando a aquella poeta, parir un poema y parir un hijo no tienen nada que ver) del trabajo. Como aquella vieja reseña de la poética romántica de la experiencia + el paso del tiempo + el recuerdo de aquella experiencia + la conciencia del trabajo.

Me fijé mejor en la muchacha que escribía esos poemas. Annabel Martínez Zamora. Y el blog, El sabor de las cerezas. Con el tiempo empezamos a dejarnos comentarios en los blogs respectivos, nos intercambiamos algún mail y seguimos a veces con palabras, a veces con silencios, los recorridos blogeros respectivos. Hasta que un día de abril del 2009, Annabel entró por la puerta de la librería y pude conocerla en persona. Encantadora. Hermosa. Tímida. Lástima que fuera de paso y yo estuviera entrando en las fauces de Sant Jordi, porque fue un encuentro corto que dejó con ganas de un par de cafés, o cervezas o lo que se tercie.

Y así seguimos hasta que un día Annabel anuncia que publica un libro. Como tengo un morro que me lo piso, le pedí si me podía enviar un ejemplar firmado. Dijo que sí. Al mismo tiempo, pedí un par de ejemplares al distribuidor correspondiente para tenerlos en la librería. Al cabo de unos días el libro me llegó. Lei la dedicatoria con emoción y me sumergí en su lectura.

Los pájaros que crié en tu nombre, Annabel Martínez Zamora, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009. Accesit premio de poesia en castellano XXI Concurso Literario Universidad de Zaragoza. 18 poemas. Infinitas lecturas. En el momento de plantearme una valoración sobre un libro de poesía siempre me salta la inseguridad al cuello. ¿Cómo se hace?Así que me olvido de lo que me desenseñaron en la universidad y de buscar referentes (aunque me recuerda mucho a la poesia de Gemma Gorga en su uso poético de la cotidianidad, de lo más cercano, de la olla que hierve) y me lanzo a ese pantanoso terreno tan masacrado por la crítica profesional de contestar a la pregunta de por qué me gusta, y mucho, este libro.

Quizá el motivo principal es que está bien escrito. Lo dicho más arriba, los poemas de Annabel parecen forjados en un momento de inspiración, en reflexión y en mucho de trabajo. No estoy diciendo que sean poemas trabajados para formalizar un canón o un discurso, sino que son poemas que antes de llevarse al lector se han trabajado en la mente o en el papel. Y eso se agradece porque el mayo daño que se le ha hecho a la poesia es considerarla que todo lo que sale directamente de la "inspiración" es poético. Repito, para mí la poesía es trabajo. Y emoción canalizada por ese trabajo. En esto poemas se habla de enfermedad, de ausencia, de silencios, de reproches, de cuerpos, de palabras que no se acaban de decir, de cotidianidad, de decadencia. Todo con un aire cotidiano. Mi lectura es la de un diálogo mudo, una necesidad de expresar con palabras aquello que no se dice. Percibo una violencia latente, todo un mundo a punto de explotar que se mantiene quieto, controlado, rígido. El reproche y la acusación en los oidos sordos. O quizá es la voz poética la que solo habla, pero no dice.

No es un poemario de lectura agradable. Entendedme. No se encuentran poemas de flores y noches estrelladas. Hay violencia y exigencia al lector. Se obliga al lector a leer bien, entender las palabras y los espacios blancos entre las palabras. Un ritmo en las palabras a veces caprichoso (y que en contadas ocasiones me sigue sin convencer como una vez le comenté a Annabel), un muestrario muy interesante y personal de metáforas, un viaje apasionante a un mundo poético que empieza a expandirse.

Tengo ganas de leer los próximos libros de Annabel donde su voz se ira asentando, donde tomará cada vez más cuerpo y donde podremos hallar algo muy grande e importante. Lo único que le pido es que nunca pierda la exigencia y se deje llevar a su límite.

PERO YO ESCRIBO SOBRE LA LLUVIA

Las frases inacabadas que cuelgan de las ramas.
Tantas veces hablar a las nubes me responden con lluvia.

Esa forma de andar. Bifurcarme.
Una cara que es de otras vidas.
Bajar las persianas y hacer preguntas, dejar
que me preguntes lo que nunca he oído
es lo que quiero escuchar
mientras te miro más de cerca
(te miro por tercera o cuarta vez).

Escudos antidisturbios en los bolsillos y lenguas bífidas.

Pero yo escribo sobre la lluvia
que puedes beber.

Y como cuando me fui de una red social me dejaste una canción, yo decido dejarte aquí una.


1 comentario:

Annabel M. Z. dijo...

¡Menuda sorpresa!
¿qué podría decir, Jorge?
GRACIAS (de parte de una aprendiz de jeroglífica, eso, aprendiz)
:))))
Y que lo pequeño es lo hermoso, nada de grandezas ni de importancias. Sí lo bueno y buscar la calidad, intentarlo.
Ni idea de si habrá segundo libro, es decir, sí, está escrito pero no sé si alguna vez tocará papel impreso.
La vida irá diciendo.

Un beso grande.
Te leo en el blog.
XD