jueves, 24 de mayo de 2012

Malos augurios, que dicen esos.

El martes vino a cenar a casa mi buen, pero insufrible amigo Jordi (quien, por cierto, es el archiduque de  la Baja Anoia y el otro copríncipe de Igualada). Hablamos de todo un poco mientras hacía la cena y disfrutamos con la sensacional ensalada de cuscus, aguacate, queso, lechuga y un montón de cosas más que hizo A (ensaladas y postres son cosa de ella, el resto, mío). Entre los temas que salieron, como no podía ser de otra forma, estuvo el de los vaticinios catastrofistas que muchos listos con título aventuran sobre la crisis en este país que nadie sabe muy bien como llamar. 

Hablando entre risas, interrupciones y tacos nos dimos cuenta de que todos estos malos augurios nos la traían más bien floja y que no nos fiábamos de esos seres que se hacen llamar economistas. Para nosotros, los economistas se han convertido en los nuevos gurús de la sociedad ocupando un cargo que antes detentaban los sacerdotes cazadores de brujas y los tertulianos del debate de Gran Hermano. Con sus apariciones públicas, sus previsiones económicas llenas de fuego, azufre y horror, sus llamadas a la alarma social (habrá corralito, los bancos dispararán a los abuelos que no utilicen el cajero, habrá decrecimiento y nos inventaremos palabras nuevas y complicadas para que nadie nos entienda, buuuuuu) nos daba la impresión de que no eran otra cosa que una nueva generación de adivinos y pitonisos que deberían reclamar su espacio televisivo a altas horas de la madrugada.


Puede sonar injusto con la especie economista, pero nos da igual. Y nos da igual por la rabia que produce sus previsiones a todo pasado y su actitud de "si por mí fuera...", "lo que hay que hacer...", "esto ya se preveía..." que me recuerda a esos que si se lo hubieses dicho antes te sacan el coche por la mitad de precio porque conoce a alguien o qué tienen la receta para llenar las librerías de clientes, pero nunca la dicen. 

Pero, sobre todo, nos cabrea la actitud reverente que parte de los seres humanos que nos rodean dispensan a estos nuevos gurús de la crisis. Sale un tipo que no conoce nadie, del que nadie a oído a hablar y dice 

- Bla, blah, blag, blaf, blad. Vais a morir todos.

A los diez minutos ya oyes a alguien 

- Bla, blah, blag, blaf, blad. Vamos a morir todos.
- Pero esos son previsiones y es su opinión.
- No, que lo ha dicho por la tele y es premio nobel.

Acabáramos con el argumento. Uno, lo ha dicho la tele y todo el mundo sabe que lo que sale por la tele es verdad, y, dos, es un premio nobel. ¿Y? ¿Qué clase de argumentos son esos? No es que los míos sean muy elaborados, pero joder... sale en la tele como argumento de autoridad es como mínimo inquietante y, ¿premio nobel? ¿Pero qué credibilildad tiene los Premios Nobel? Si le dieron uno a Obama por buenas intenciones, Kissinger por llevar la paz a todos los rincones del mundo, a Echegaray en detrimento de Galdón... no me jodas...

Pero funciona y todo mediatizados y creyendo la santa palabra de los mismos que asesoraron a los que mandan a meternos en el fregado donde estamos. Sin duda, sin matiz ni análisis. Ya piensan otros.

Con todo esto no sé muy bien qué quiero decir. Me he levantado rallado pese al buen día que hace y con frío, pese a que el mundo parece ir con manga corta. Incubando algo, que dicen.

4 comentarios:

Mara Oliver dijo...

Jejeje, es como esas gitanas que te paran en la calle para leerte la mano y como les dices que no, te dicen gratis que te vas a morir pronto.
:D

Y cuidate esos virus!!!
Mi hermano ha tenido un brote de fiebre raro, por lo visto hay epidemia, así que no te lo tomes a coña si te sientes febril... La mala leche es normal es la pandemia por los políticos apandadores ;)

besotes!!!

Carlos Pérez Cruz dijo...

Y sin embargo, los pájaros siguen piando y la tierra rotando sobre su eje... qué cosas...

Jorge dijo...

Mara, me taparé bien tapado y estaré al tanto. A comer bien e intentar dormir.

Carlos, al menos tenemos eso... aunque un día hablaré del pájaro que pía a las seis de la mañana en el patio del vecino...

Carlos Pérez Cruz dijo...

Pío Jorge (pretendía un pío onomatopéyico, nada de cargos eclesiales, conste). Yo algún te hablo de la gata que considera que las 6 de la mañana es la hora ideal para iniciar la jornada. Tu pío por mi miau.