sábado, 19 de septiembre de 2009

Sobre recomendados y el restaurante de la calle Morgue.

Sigue habiendo mucho trabjao, muchas colas y muchos nervios aunque oficialmente ha acabado la temporada de texto, empieza su segunda parte. Esta parte consiste en:

1. rezagados.
2. rebotados.
3. cursos de idiomas.
4. lecturas recomendadas.

Éstas últimas son las más pesadas, pero las que pueden proporcionar momentos divertidos. Sobre todo las notas escritas que llevan las madres, siempre ellas, para comprar el libro que sus nenes tienen que leer el primer trimestre. Suelen venir, esperar turno y pasarnos la nota que le ha dado su niño con la frase "¿Tenéis este libro?". A veces nos encontramos con cosas como éstas en las notas.

1. Reglamento de baja tensión (más o menos) de la editorial Marc Congo (por editorial Marcombo). Sé que nos es graciosos, pero a los que trabajamos habitualmente con esa editorial nos hizo gracia el trueque.

2. Amor y psicología de Miguel de Unamuno y Guimerà. Interesante cruce entre Unamuno y Ànguel Guimerà para crear un nuevo título y quizá una nueva obra en una dimensión paralela.

3. Jason y los astronautas. Cuando me enseñó esto un compañero pensé que se trataba de una continuación a la saga, y puta obra maestra, Ilión de Dan Simmons (la Iliada en clave de ciencia ficción), pero no. Lo mejor es que cuando el compañero le dio Jason y los argonautas, la señora insistía e insistía que ese no era el libro que habían pedido en el colegio, que se lo diéramos bien y que parecía que quisiéramos que suspendieran a su hijo. No compró el libro porque pensaba que le queríamos encasquetar el primer libro que pillamos y las últimas noticias que tengo es que se embarcó en un paquebote dirección Manila para buscar un libro que no había encontrado en el continente europeo.

Clásico de los clásicos en lecturas recomendadas en institutos.
Lo mejor para que un libro sea odiado es que lo pidan leer en la escuela.

4. Cristóbal me para en mitad de la tienda.
- ¿Sabe dónde está esto?
Leo. Las raciones extraordinarias, de Edgard Allan Poe.
- No sé, mirá en cocina.
Unas risas.
Pero me deja preocupado. Miró al niño que ha traído la nota. ¿Cómo lo sabe?

Porque existe un libro de Poe llamado Las raciones extraordinarias. Seguramente se trata de su libro más desconocido, pero el que mejor explica la obra y la vida de uno de los autores menos entendidos, comprendidos y peor estudiados de la historia de la literatura.

Aquí va la historia:

Cuando Edgard Allan Poe llegó a Nueva York era el joven muchacho que siempre había sido, jovial, alegre, despreocupado, sano y con ganas de comerse el mundo. Bajo su brazo llevaba un libro de cuentos agrupado bajo el simpático título de Las raciones extraordinarias, unos cuentos llenos de gracia, simpatía, viveza y ganas de vivir que se centraban en las divertidas aventuras de unos personajes en un restaurante familiar en la calle Morgue. Maravillosos cuentos como "La factura de la casa Usher", "El pato laqueado negro", "El aperitivo prematuro", etc. Una colección que invitaba a la vida, al placer la comida, a las reuniones con amigos, a la sobremesa de licor y cigarro, a la risa y la despreocupación. En definitiva, Poe había escrito el mejor libro cómico de la historia.

Y seguro del material que llevaba bajo el brazo se presentó a un editor. El editor rio y lloró, se emocionó, se enguajó los mocos en las mangas y llegó a dejar escapar un par de gotas de pis de la risa. Cuando acabó la lectura, felicitó a Poe diciendo que era lo mejor que había leído en todos sus años de edición.
- Pero no se lo voy a publicar.
- ¿Por qué no? - dijo Poe.
- La comedia no vende. Lo siento.
- Pero...
- Sí, pero la gente en pleno siglo XIX no quiere comedia, buenos sentimientos y alegría. Por ejemplo, "Salsa Morella". Brillante, ingenioso, pero demasiado alegre. Nadie quiere eso. Ahora lo que se lleva es lo gótico, los fantasmas, la locura, el más allá, los crímenes, el horror... Si me rehace estos cuentos con esa temática, se los publico.
- Pero es que yo quiero ser autor de comedia... quiero hacer reir a la gente, demostrarle que la vida es hermosa y que merece la pena... el lado bueno de la vida...
- Ya... ya... pero es lo que hay. Yo soy editor, me dedico a publicar libros y a venderlos, no a hacer feliz a la gente. Piénseselo.
- De acuerdo. Lo haré. Pero mi siguiente libro será cómico. Un poema cómico titulado "El cuervo cachondo y la puta de tres tetas".
- Sí, sí... ya hablaremos. Por cierto, ¿usted bebe?
- No, soy abstemio.
- Pues empiece a hacerlo. El público adora a los autores malditos.

Y así, con una simple conversación se cambió la historia de la literatura.


Aquí donde lo véis, un cachondo.
Sobre todo cuando explicaba el chiste del cura, el imán y el rabino que entrán en un puticlub y se encuentran con un loro...

3 comentarios:

Capitán Chistorra dijo...

Si es que hay gente pa to!
Por cierto, no tendras en la tienda un libro que me han recomendado sobre unas señoritas de esas que te hablan de "tu", prestan su amor al mejor postor, pero son muy limpias y educadas? Como era el título... Ah, sí: "Finas y plebeyas" de Gustavo (la rana?) Adolfo Verne (el de las "20.000 lenguas de trajes submarinos").
Ya me dirás.

Saludos y pajillas

Gabi Martínez dijo...

Como padre, me siento bastante identificado con el contenido de este certero artículo. Sobre los libros del colegio, no creo que se trate exactamente de que sean odiados por ser obligatorios, sino al revés, de que quizás son elecciones muy poco acertadas. Sólo así se entiende que alguien haga leer "Amor y pedagogía", "Nada" u otras aberraciones como "Tiempo de silencio", cuando la literatura de nuestro país estaría mejor representada, y de una manera mucho más refrescante, con otra clase de novelas, como por ejemplo las del malogrado Casavella.

Saludos cordiales y un placer haber encontrado este blog.

Jorge dijo...

Capitán Chistorra: el libro que me pides está descatalogado, lo siento. El gremio de señoras que te hablan de tú hizo presión para sacarlo del mercado. Veré si en algún grupusculo de libreros pervertidos te lo puedo conseguir.

Gabi: de acuerdo. Las lecturas recomendadas no siempre son las mejores. Considero que hacer leer "Amor y pedagogía" es matar el interés de las personas por una época literaria. Es un libro desfasado con un mensaje que no cuaja. De acuerdo con lo de Casavella. Y, por cierto, me gusto Sudd.