jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre adolescencia

Últimamente he leído bastantes novelas para adultos que tratan el tema de la adolescencia y he encontrado unas variables que en ellas se repiten sin importar ni el país de origen, la lengua, el sexo o la dimensión. A saber:

- Ni un apice de sentido del humor.
- Mucho drama.
- Mucho paraíso perdido.
- Mucho final con explosión de violencia (violación, accidente, asesinato, muerte, suicidio, etc.)
- Sexo traumático.
- Mucha mirada turbia y paseo solitario.
- Mucha reflexión y...
- Un exceso de influencia de Salinger, Hinton, Kerouac y Welsh (entre otros).

La calidad de las novelas es variable (que se traduce en un algunas me han gustado mucho, otras menos) y el entretenimiento que me han proporcinado, también (con la curiosidad que alguna de las que más me han entretenido eran de las de calidad más bien así así justita vamos), pero todas me han llevado a un mismo punto.


Joder... ¿tan jodida es la adolescencia? ¿tan jodida fue la adolescencia de estos autores?

Porque si yo tuviera que escribir un libro sobre mi adolescencia... bueno... ni drama, ni trauma, ni putas, ni drogas... una novela sobre mi adolescencia sería la historia de un chico con gafas que ni es guapo ni feo ni gordo ni delgado que va al instituto y se queja de levantarse temprano y se viste y queda con los amigos en una plaza y se van juntos al instituto y allí estudia o hace que estudio y odia las matemáticas y le gustan como cuatro o cinco compañeras de clase pero más una en concreto y vuelve a casa a comer y escribe una novela y lee mucho y queda con los amigos el fin de semana y le dice a su madre que sale con un amigo, pero en verdad se va al cine, y sale los fines de semana y se toma una copa y un par de veces se emborracha y piensa qué estudiar en la universidad, y se mata a pajas pero sin tristeza ni derrota, sino con la alegría de la masturbación adolescente de "me aburro, pues me la casco".

Porque otra de las características de esas novelas es que en muchas el protagonista se hace una pajilla y cuando acaba face una reflexión llena de tristeza y profundidad sobre el deseo contenido y la futilidad y el deseo no correspondido, sobre la culpabilidad, sobre lo efimero de todo mientras el esperma emprende una nueva aventura a lomos de un trozo de papel de water salvaje... joder... En mi adolescencia reconozco que me toqué más de una vez (y lo confieso ahora que el papa de Roma se ha vuelto a casa y así no me oye) y no recuerdo ni sensación de fracaso, ni luego me emborraché, ni sentirme mal. Lo que hacía era seguir estudiando o apagar la luz y dormir.

Vamos, resumiendo, que en mi adolescencia ni dramas ni nada. Ni me maté a una puta por accidente, ni robé una pistola, ni me emborraché y conduje una vespa robada en contradirección por la autopista desnudo y cubierto con miel, ni hice paseos por la playa reflexionando sobre el gigante de barro que era mi padre y enfadado con él porque ya no era un dios, sino solo un hombre (si acaso estaba enfadado porque no me daba más paga para el fin de semana y no podía comprarme el cómic de La patrulla X). Tampoco recuerdo a mi grupo de amigos machacados por la vida, destrozados, debiendo dinero a los malos, poniendo en peligro su vida, con grandes dramas existenciales o con mucho nihilismo. No éramos mucho de nihilismo, es verdad. Eramos más de chistes, golpes de codazo de mira, mira esa y andar mucho porque ninguno tenía coche.

¿Me perdí algo? ¿Quiere decir que no hice el paso a la madurez? ¿Qué esos escritores lo pasaron así de mal? ¿O que la adolescencia es jodida es verdad, pero no tanto y que el tanto éste no es más que un tópico más de la literatura? La mía fue tranquila. Además, en aquellos años sólo tenía un tema en la cabeza, así que no podía preocuparme nada más.

5 comentarios:

Dann Dune dijo...

Interesante reflexión, amigo Montemayor. Y es que como usted dice, la adolescencia es un asunto muy trivial y un poco más tarde aprendemos que la vida es otra cosa. Pero déjeme apuntar, sin saber qué novelas ha leído (y reconociendo que no tengo ni idea del género, más allá de Salingers y compañía), que quizá ese dudoso tono dramático se debe al público al que va dirigido en principio: adolescentes. Y es que a la adolescencia le puede pedir cualquier cosa, menos sentido del humor. Le resumo en unas pocas líneas mi adolescencia: yo era un chico feo de cojones, en el grupo de los feos de instituto, odiándolos a ellos y también a los guays -porque no podía ser parte de ellos-, avergonzado de mí mismo, planeando constantemente un estúpido suicidio que jamás iba a tener el valor de cometer y enamorado de mi profesora de latín, a la que le dedicaba poemas empalagosos y gloriosas pajas llenas de ternura y amor. Así que ahora el tema de la adolescencia me lo tomo a risa, claro, pero en aquella época yo me creía un pequeño joven Werther (mientras jugaba a la Supernintendo, of course).

Jorge dijo...

Apreciado Dan Dunne, las novelas dedicadas a adolescentes es otro tema que dedicaré en otra ocasión. Aquí me refería a esas novelas donde se hacen ejercicios de nostalgia sobre una época y donde todo es drama, tragedia y sexo ultratrumático.

Y qué grandes obras "literarias" se creaban y qué profundas que parecían y luego qué cosas que se llegaban a escribir... Tú un joven Wherter y a mí me dio por un malentendido Bukowski.

enrojecerse dijo...

no, tu adolescencia fué normal y corriente. yo no sé de donde sacaran las ideas esta gente, la verdad.

gracias por rescatar el trauma que tengo de mis 0 cartas recibidas! jajaj:)

Casteee dijo...

Muy buena reflexión sobre la adolecencia, la mía fue idem de la tuya pero la versión chica y oyee que quiere que te diga mejor así que esos traumas inventados para hacer al lector que ha tenido una adolencencia de mierda.

Besos

Jorge dijo...

Enrojecerse, lo de las cartas tiene fácil solución... Lo otro, supongo que es tópico.

Castee, no sé si es buena, pero siempre que leo algo sobre la rememoración de los años mozos me viene a la cabeza. No sé... el paso a la madurez no es tan traumático, ¿no?