lunes, 6 de diciembre de 2010

Sobre una de mis series favoritas y mi mentor en esto de conquistar el mundo

Existe un tópico acuñado hará un par de años que dice que en la actualidad, la mejor producción cinematográfica se realiza en la televisión. Supongo que se refiere a las producción norteamericana porque la calidad de la producción española de ficción televisiva tiene la misca calidad que la cinematográfica, o sea una m****a. Como todos los tópicos es exagerado, pero se debe reconocer la inmensa calidad de series como Los Soprano, The Wire, Breaking Bad, Stargate Universe, Fringe, Mad Men, Carnivale, etc. que consiguen cotas de calidad visual y conceptual que cuesta encontrar en una sala de cine (y más en el cine de Igualada al que sólo llega lo más comercial de lo comercial y desde hace unos meses lo más malo de lo comercial de lo comercial... ese cine que ni Jordi ni yo, acostumbrados a tragar la mayor mierda, nos podemos zampar).

Reconozco que soy un mal visionador de series de televisión por un motivo muy sencillo: no me gusta estar "enganchado" (odio esa palabra, la odio, la odio, la odio... dame un libro que enganche, solo me gusta la literatura que engancha, es que he visto cinco segundos de la película y no me ha enganchado... joder, joder, joder... como si la calidad de un producto dependiera de ese "enganche"... bueno, calma, habla otro día de eso...). No me gusta la dependencia del siguiente capítulo, la espera y todo eso. Quizá por eso siempre he preferido series mas autoconclusivas en sus propios cuarenta minutos o series cómicas con sus maravilloso veinte minutos de concentración narrativa (hablo, naturalmente, de ficción americana. Todos sabemos que las telecomedias españolas si no pasan de hora y media no son telecomedias). Seinfeld, Frasier, My name is Earl, The big bang theory o The Office tanto versión inglesa como americana y un montón más. Últimamente A. y yo nos estamos poniendo al día en tema de series y entre las que he visto he encontrado una que se ha convertido desde el primer minuto de visionado en fetiche y en imprescindible para seguir vivo. ¿Cuál? Pues ésta:


Sí, Phineas y Ferb, una serie de dibujos animados y de Diseny Channel. Toma ya. ¿Y por qué me gusta tanto y está entre mis imprescindibles? Vayamos por partes.

Phineas y Ferb narra las aventuras de dos hermanastros en sus vacaciones de verano, de la constante vigilancia a la que les somete su hermana Candace para chivarse a sus padres y a las aventuras de la mascota de ambos hermanos, Perry un ornitorrinco que en verdad es una agente secreto encargado de fastidiar todos los planes al Dr. Heinz Doofenshmirtz, un científico malvado con absurdos planes para hacer cosas (a veces tiene el plan, pero no el por qué o para qué hacerlo).

Los títulos de credito son toda una declaración de principios y sientan las bases de lo que encontraremos después:


Una apuesta por la acción, por la fantasía, por el humor, por la ciencia ficción, por el homenaje y la autoreferencialidad. Cada capítulo parte de la misma premisa que verbaliza Phineas, ¿qué hacemos hoy? La angustia de los niños a no aburrirse y a ocupar los días de verano. Hay que hacer algo. Tenemos que pasarlo bien. Y para los niños, no existen los límites. Ya sea con la imaginación en la realidad, ya sea con todos los recursos al alcance en la realidad alternativa de los dibujos animados (y que son realidad en algún universo paralelo donde nosotros no somos más que una serie de televisión de Diseny Channel). 

Phineas es el líder. Resolutivo, animoso e imaginativo. Habla mucho y sabe ganarse a la gente. Ferb es el músculo, el cerebro y el silencio. Habla poco y cuando habla el mundo se detiene. Cada día es una aventura y estos dos hermanastros junto con un grupo de amigos (Isabella, una encantadora niña secreta y platónicamente enamorada de Phineas en una vuelta al tópico de chico enamorado de animadora/exploradora, un matón de colegio perfectamente integrado con los empollones - el verano da una tregua en la lucha en el colegio -, un ejercito de exploradoras con infinitos recursos, un grupo de empollones como perfectors personajes secundarios) deciden aprovechar y exprimir cada día de su vida. Y para ello la serie se convierte en un continuo festival de referencias a la serie b americana y a la ciencia ficción: clones, extraterrestres, inventos, momias (en homenaje directo a las películas de Abbot y Costello), robots gigantes, viajes en el tiempo en una máquina muy parecida a la que utilizó Rod Taylor y experimentos que salen mal. Todo con un único objetivo: pasar un verano genial y no aburrirse.

Todo esto con el contrapunto del personaje de Candace, la histérica hermana que solo sueña con pillar a sus hermanos en alguna de sus aventuras y chivarse a su madre (genial personaje en su tranquilidad y en su fantasma relación con esa figura del padre casi eternamente austente). Aunque éste es el personaje que recibe todos los palos y el que está dedicado a fastidiar las aventuras de sus hermanos, emana una ternura infinita. Sobre todo en su relación con Jeremy; una relación que es resumen y parodia del romance adolescente. Candace deja de ser la histérica acusica, para pasar a ser un manojo de nervios que solo desea gustar a un encanto de chico (porque hay que reconocer que Jeremy es un encanto). El personaje de Candace siempre acaba arrastrada a las aventuras de sus hermanos y suele acabar en evidencia. El histerismo de la adolescente que ya quiere ser adulta en contra de la fantasía de los niños que le despiertan esa parte infantil que no debería abandonar.

Pero claro, con sólo estos elementos y personajes la serie sería simpática, pero no sería la genialidad que es. Porque la puntilla de la obra de arte la ponen dos personajes y su relación. Y, reconozco, que es la parte de la serie que me enamoró y me tiene alelado y adicto. Perry el Ornitorrinco y el Dr. Heinz Doofenshmirtz.


Estos dos personajes construyen la parodia definitiva de las películas y series de superagentes secretos. Allí donde Austin Powers no llegó, llegan Perry y Heinz arrasando. Los científicos locos con absurdos planes tienen un antes y un después en Heinz Doofenshmirtz. Desde el primer segundo al último las apariciones del agente Perry el Ornitorrinco y de Heinz Doofenshmirtz se mueve en la parodia y refleja a la perfección la relación de dependencia que se establece entre héroe y villano. El uno sin el otro no serían nada (como se ve en el capítulo en el que Heinz Doofenshmirtz traiciona a Perry el Ornitorrinco con el agente Peter el Panda) y son el motivo de la existencia de su antagonista. Los planes son absurdos y geniales a la vez (cambiar la poralidad de la tierra sin un motivo claro, construir una máquina que lo disminuye todo y quien quiera algo no disminuido pues tendrá que comprarlo, etc.) y son largamente explicados en los momentos en los que Hans capturaa Perry. Cada plan tiene su máquina absurda con nombre acabado en sufijo "-eitor" y, naturalmente cada plan fracasa (algunos por la intervención del Ornitorrinco, otros porque Heinz se niega a vender su creatividad artística) y siempre acaba con la recurrente frase de "Maldito seas, Perry el Ornitorrinco".

Pero, claro, no es solo parodia genial. Heinz Doofenshmirtz es un personaje lleno de sorpresas y de una inusitada profundidad para un villano malvado, loco, patético y entrañable: una infancia infernal, una madre que lo ignoraba a favor de un hermano más guapo, más listo y más bueno, una relaciones con las mujeres complicadas (con un divorcio a cuestas), una hija adolescente (la muy atractiva Vanessa Doofenshmirtz; una chica que entra de ello en ese club selecto de "¿Cómo puede ser tan guapa con un padre tan feo?" donde estan personas como Liv Tyler, Asia Argento o Natasha Kinsky) y la necesidad de que lo tomen en serio como villano. Y lo genial de todo es que en otra vuelta de tuerca, Heinz Doofenshmirtz es consciente de su papel como científico malvado que fracasa en todos sus planes (como el capítulo en el que por una resaca le pide a Perry el Ornitorrinco que acaben cuanto antes para poderse acostar) y si algo rompe con eso, se le rompe su papel y su sentido. Es el científico loco definitivo y sí, lo que yo quiero ser de mayor. Cuando vi por primera vez un capítulo de esta serie y vi en acción a Heinz Doofenshmirtz encontré mi modelo en esta vida. Todos mis sueños de dominación del mundo, mis malvados y absurdos planes cobraban sentido porque tenía al fin un maestro. Heinz Doofenshmirtz es uno de los mejores personajes cómicos que la televisión ha parido en este siglo XXI.

Resumiendo, Phineas y Ferb es una de las mejores series que actualmente se pueden ver en televisión y una de las mejores series cómicas. Y su comicidad funciona en todos los niveles: la aventura y la acción pura para los crios, las referencias a la cultura popular, la parodía definitiva a las películas de superagentes (con el ojo más puesto en Flint que en James Bond), a la serie B de los cincuenta y a las historias de amores adolescentes (repito, la historia de amor de Candace y Jeremy es lo mejor que he visto en este sentido). Y, sin dudarlo, se ha convertido en una de mis series favoritas y en una de las que más ha influido en mí como persona, como escritor de comedia y como ser que sueña con conquistar el mundo.

3 comentarios:

Larserfam dijo...

¡¡¡GENIAL!!!
De su seguro archienemigo, Jean Larserfam.

Anónima de las 9:59 dijo...

Ná.
Mucho mejores son "Los pingüinos de Madagascar".
¡Ande va a parar!
;)

Jorge dijo...

Laserfam, gracias. Le aseguro que aprendo mucho de esta serie para fastidiarle su vida próximamente.

Anónima, es que los pingüinos no los he catado, pero ya que tengo su "Ná" como recomendación, pues ire a por ellos. Próximo análisis en este blog.