jueves, 28 de abril de 2011

El bello no durmiente del bosque

Ayer bajé a Barcelona para que me dieran los resultados de la polisomnografía para intentar poner nombre de una vez al trastorno del sueño que padezco. Para los que no han seguido esta historia desde su principio (y a los que invito a repasar de forma rápida las entradas con la etiqueta de El bello durmiente) resulta que duermo mal, con sueños muy vívidos y tengo frecuentes episodios de sueño diurno. O sea, que estoy en el trabajo y me duermo. O en un restaurante y me duermo. O en un mitin político y me duermo. Hasta ahora lo llamaba narcolepsia porque era lo que más se acercaba a lo que estaba viviendo aunque no estaba seguro cien por cien.


Pues bueno, después de la visita de ayer al especialista del Hospital Clínic de Barcelona ya puedo decir con tranquilidad que no sufro de narcolepsia. Más aún, que no tengo ningún trastorno del sueño y que nunca lo he tenido aunque mi experiencia directa diga lo contrario. Vamos, que pese a que me duerma por los rincones, nunca me he dormido. ¿Me explico? Lo explico.

Miércoles 27 de abril de 2011. Cumpleaños de mi hermana Montse y santo de muchas Montses que conozco (a todas, felicidades). Niña Zombie está malita así que A. no puede acompañarme a la visita del neurólogo que tengo programada a las 11:15 en el Hospital Clínic de Barcelona, pero en consultas externas que no está en el Clínic sino más abajo. Mi buen amigo Jordi impone su compañía y tiene la gentileza de no dejarme ir solo. A las 9:15 nos encontramos en la parada de la Hispano Igualadina. Tras muchas conversación, demasiadas paradas del autobús y una hora y cuarto para recorrer 60 kilómetros llegamos a Barcelona. Descendemos con brío y elegancia que para algo describimos nosotros como descendemos, viaje en metro y llegada al clínico donde se nos recibe con un ejemplo perfecto de bordería tras el mostrador.

- Ya te puedes sentar.

Y nos sentamos. Hablamos de aquello y lo otro y quedamos que para no levantar sospechas a partir de ese mismo momento me llamaría Michelle Camps. De esta manera si la CIA busca a un hombre llamado Jorge Jiménez se llevarán una sorpresa y será más sencillo despistarles. Tras unos veinte minutos de espera me han llamado. Al despacho 51. Entro. Jordi me acompaña porque una oreja oye más que otra y tomamos asiento. El médico se sienta delante y me suelta la bomba. La conversación ha sido más o menos así.

- Pues ya tenemos el resultado de las pruebas - me tiende un sobre que voy a abrir. - ¡No! El sobre es para tu médico. Tú no lo abras. Te lo voy a explicar yo.
- Vale, vale.
- Pues las pruebas que hicimos sale que tienes un ciclo de sueño normal y que no tienes ningún trastorno de somnolencia diurna.
- Pero me duermo.
- No tienes narcolepsia ni nada de eso. Las pruebas dicen que duermes normal. No te duermes durante el día.
- ¿Y entonces por qué me duermo?
- No lo haces.

Tócate los huevos.

El doctor negando mi realidad. Las pruebas médicas contra mi experiencia diaria. Tengo dos piernas. No las tienes porque las pruebas indican que tienes un piano, un francés y un coleóptero. Ya, pero es que yo tengo dos piernas. No las tienes. Me duermo por el día. Me tengo que meter en el lavabo de la tienda para hacer una cabezada. He llegado tarde al trabajo porque no me he podido despertar. Me he dormido de pie, en un restaurante, hablando con amigos. A. me ha visto, y amigos, y compañeros de trabajo, y desconocidos. Pero las pruebas médicas hechas una noche dicen que no tengo trastorno del sueño. Tócate los huevos. Y yo que pensaba que me dormía, pues no.

¿Tú, dormir, de qué?

Naturalmente, me he puesto un poco borde.

- Pero me duermo. Será normal, pero yo me duermo.
- Tienes un sueño normal, pero, vale, tu sueño es un poco raro. Tardas entre una y dos horas en conciliar el sueño.
- Entonces...
- Estudiaremos eso... pero tus pruebas son normales... te explico (jerga médica) y (más jerga médica) y (interrupción para hablar de otro caso con una chica que entra y se sienta) y (más jerga) y (tono más alto al replicar yo) y (jerga) y hemos detectado también una pequeñas apneas sin importancia. No son determinantes y no creemos que afecte a tu sueño.
- Entonces...
- Tenemos que adivinar por qué tardas tanto en dormirte.
- Entonces tengo algo.
- No porque las pruebas son normales.
Para unos minutos después decirme que...
- Tienes una apneas que tienes que corregir y es donde vamos a atacar porque afectan a tu sueño.
- ¿Pero no me decías que tenía un sueño normal y ahora es raro y con apneas?
- Vendrás a dormir otra noche, te pondremos una mascarilla y luego te la recetamos porque tienes un sueño raro de cojones y puedes morir por las horribles apneas que tienes. ¿Contento? Pues a la puta calle.

El médico a palos, adaptación en cómic de la obra de Moliere que ha hecho Enrique Lorenzo.

Y a la calle me he ido con la sensación de haber estado haciendo el gilipollas durante un año y medio. Y con la sensación de que me han tomado el pelo. ¿Para esto tanto nervio? ¿Para esto tan preocupada ha estado A.? ¿Para que me hagan una prueba y nieguen algo con lo que convivo cada día? Y viendo que me pongo a replicar, me dan cita para una prueba de consuelo. Porque luego he abierto el sobre prohibido y de forma explícita se dice que las pequeñas apneas que tengo son normales y NO son importantes. ¿Entonces? ¿Acaso es que los doctores no tenían ni puta idea de lo que me pasaba y prefieren dar palos de ciego a confesarlo? ¿Por qué niegan mi realidad? ¿Por qué resulta que no me pasa nada cuando sí me pasa? ¿Me han dado alguna solución para el día a día? Sí, dos. La primera es que pierda peso. La segunda es que procure dormir más.

Tócate los huevos.


Pues eso, que para la medicina occidental no tengo ningún trastorno del sueño y lo que me proponen (una segunda prueba del sueño para ver qué pasa, pero sin estar seguros de nada) me suena a premio de consolación para que no replique más. No me creo a ese médico. No tiene idea de lo que me pasa, pero antes que reconocerlo niego tu verdad. Paso. Así que he decidido explorar otras opciones. Investigaré la rama oriental para ver qué me pueden decir. Comprobar si me escuchan, si me creen y deciden confiar antes en el paciente con problemas que en la máquina. Si alguien tiene alguna idea o sugerencia serán bienvenidas.

Así que dejo la etiqueta de El bello durmiente e inauguro la etiqueta de El bello no durmiente ya que la medicina ha negado que me vaya durmiendo, pese a que lo haga. Seguiré contando mis desventuras. Y recordad que si en algún momento explico que me he dormido en el trabajo, en verdad no lo he hecho.

4 comentarios:

Carlos Pérez Cruz dijo...

Querido, estadísticamente si tú te comes dos rosquillas y yo ninguna significa que cada uno se ha comido una. Es lo que hay. Así que si la gráfica (o lo que fuere que fuere lo que se te hubiere dado para que no lo abras tú si no tu doctor... no vaya a ser que entiendas algo) dice que no te duermes pues no te duermes... ¡y punto! Si es que os empeñáis en negar la teoría, que es la sal de la vida...

Luna de Plata dijo...

dios santo... como van los medicos de este pais.
A una amiga (es argentina) que lleva toda su vida siendo asmatica, y cuando viene aqui le dicen que no, que no es asmatica. Asi que si tiene una taque de asma... Nooooooooo no es asmatica ¿cierto? ¬¬ Hay que joderse...
Para darle de hostias, como al que te atendio ahi.
Creo que algunos medicos ganan su carera en una tombola.

Jorge dijo...

Carlos, nunca he pretendido fastidiar la teoría de nadie con mi realidad... dios me libre... ni las estadísticas... que, por cierto, ¿cuándo hemos quedado para comer rosquillas? Y si me comí dos, ¿es por qué a ti no te apetecían?

Luna, bienvenida a mi otro rincón. Supongo que en este caso me encontraba ante un buscador de apneas y sí o sí tenía que entrar por ahí. Pero no entraré.

Vík! dijo...

Podría ser peor: quedarte dormido con dos rosquillas a medio masticar en la boca... oye..! a ver si va a ser eso...
Y esto de dormirte durante el día, ¿no requiere, digo yo, una prueba durante el día? que no quiero ir yo de listo, pero... no sé, como el chiste del tío al que le duele el ojo cada vez que toma café...
Gilipolleces a parte, espero que alguien te ayude pronto, Jorge. Aunque, volviendo a las gilipolleces, entonces dejaríamos de disfrutar leyendo la historia del bello no durmiente...
vaya, se me empiezan a pasar los efectos del Red Bull...