1. Acumulación de cansancio que ya me provoca Sant Jordi (de lo que hablaremos en los próximos días), y
2. Los nervios por la polisomnografía que me tenían que hacer por todo ese rollo de mi ya tan querido y entrañable trastorno del sueño (que es de lo que hablaremos ahora).
Pues bien, el lunes 4 de abril ingresé a las 19:23 de la tarde en el Hospital Clínic de Barcelona. Emergí del mismo hospital con mis facultades tanto físicas como psicológicas como espirituales como rectales intactas (creo) al día siguiente a las 18:48 de la tarde. Ente medio, casi un día entero de un profundo e insoportable aburrimiento.
Descendimos del autobús A. y yo a las 17:00 horas del día cuatro de noviembre en la parada de la Hispano Igualadina que tiene en María Cristina (parada que se conoce comúnmente por los usuarios como "la que queda por delante del Corte Inglés" aunque en realidad queda delante un poco más atrás de los edificios de La Caixa). Iba cargado con una bolsa con ropa para el día siguiente y ropa "por si acaso" hace frío, llueve, se me cae un café encima, me ensucio con un potaje o mato a alguien y tengo que salir huyendo por piernas que se mueven primero una y después otra y me tengo que quitar la ropa toda pringada de sangre que es más difícil de limpiar que qué sé yo. También llevaba el neceser, libros de lectura y libros de repuesto (un total de cinco), un libretita para escribir pensamientos elevados, que se quedó en blanco, y... ya está.

- Para los niños gordos el patio de un colegio es como en la cárcel. Entras, ves al negro enorme...
- ... y se la chupas. Si quieres sobrevivir, claro.
A. y J.A. Martín Piñol hicieron intercambio de libros y dedicatorias bajo presión, un abrazo y para el clínico (y supongo que Piñol para su casa o para algún sitio donde lo quieran bien). Entramos, escalera octava, cuarta planta. Dejamos las moderneces de la escalinata principal y nos adentramos en unos pasillos sacados de Riget, subimos a un ascensor y puertas a un lado, puertas a otro y un bip, bip, bip que venía de detrás de una puerta dando un punto malrollero. Llegamos a destino. Un enfermero me pregunta el nombre y me indica una habitación.
- Aquí es. Quítate la ropa, ponte lo que te pongas para dormir y siéntate en esta silla.
(Vale, inciso, quiero aprovechar para agradecer a mi madre que me comprara un pijama porque el que tengo no es pijama, sino pantalón de estar por casa, y yo duermo en bolas porque soy un espíritu libre que no quiere dormir encorsetado e imaginaba que en el hospital no me iban a dejar estar to espelotonao).
Así que me quité la ropa, me puse el pijama y me senté en la silla. Y procedieron a colocarme los primeros electrodos.
Muy graciosos.
Ahora sí. ¿Quedan bien, no? Pues con esos claves conviví durante mi estancia de casi un día en el hospital. Una tocada de huevos en toda regla. A. se fue al poco porque tenía que ir a pillar autobuses y metros para llegar a dormir a casa de una amiga. Besos, besos y me quedé solo. Con la cena. Espinacas. No estaban mal. Las ocho y media. A las once me dijeron que me meterían en la cama. ¿Qué me quedaba? Para evitar emparanoiarme antes de tiempo y empezar a creer que las novelas de Robin Cook son ensayos de investigación periodística, decidí que todas las horas libres que tuviera las dedicaría a la lectura. Me senté y primera novela.
Extrañas apariencias. Tercera parte de la serie Generación Dead del desde ahora mismo imprescindible Daniel Waters. Una de las series de literatura juvenil más inteligentes que he leído en toda mi vida; una vida corta pero provechosa en lo que son leer y leer y vuelven a leer.
Pero no todo lo justifica la sonrisa de un niño.
Lo mismo que a las dos y media que me entran ganas de ir al baño. Pero no puedo ir porque sí porque estoy enganchado a los cables así que llama al enfermero y me traen en una cuña y, venga, hazme un pipí hay dentro y yo con cuidado no vaya a ser que se escape una gota y caiga en las máquinas y ya estamos electrocutándome de nuevo. O tirándomelo todo por encima y ya me quiero, pero no quiero hacerme una autolluvia dorada porque me parece asqueroso y no quiero repetir aquellos errores que cometí en Manila.
Vamos que caí en un duermevela del que no salí hasta que a las siete y media de la mañana (que mandan huevos) se abre la puerta de repente, se enciende la luz y que yo ya me veo a un tipo entrando con una escopeta y diciendo que los muertos se han levantado y que vienen a por nosotros y que no hay escapatoria y yo hay, va, quitándome cables y corriendo con lo poco que me gusta correr y zombis por aquí y por allí que me quieren comer y yo chillando y huyendo y empujando a la abuela porque lo que tengo es que soy cobarde y como me jode que el apocalipsis me pille en Barcelona con lo poco que me gusta, pero no. Era el enfermero que venía a despertarme.
- ¿Has descansado?
- No.
- ¿No? - dice sorprendido. Y me sorprende que se sorprenda si ha estado toda la noche mirando por la cámara y viendo que no he dormido, que joder, tanto cable y tanta mierda y tanto control del sueño y todo eso y mierda, cojones, claro que saldrá que he dormido mal, como si uno pudiera dormir bien con electrodos por todo el cuerpo y un ojo anónimo que observa desde la oscuridad.
- Cama extraña...
- Ya. Bueno, levántate que en nada viene el desayuno.
Y nada, desayuno y empieza la ronda de cinco siestas a razón de una siesta de media hora cada dos. Me duermo en tres. Las otras las paso con los ojos cerrados escribiendo una puta obra maestra en mi mente. Ahora ya no hay enfermero, sino enfermera a la que tengo miedo. Detrás de sus cielos, guapo y cariños creo que se esconde una ex-agente de la Stasi, una dominatrix enfundada en tela blanca o admiradora de Lotte Lenya en James Bond.

A. viene y va. Le duelen las botas y ha dormido poco. A las seis acabo la última siesta. Me quitan los electrodos de la cabeza y me duele. Mucho. Me quejo ligeramente en un susurro y el enfermero me salta un "vamos, vamos, aguanta que no es nada". No digo nada, pero pienso que un poco de superglu en los pelos de los cojones es lo que se merece y te lo vas arrancando poco a poco y entonces digo yo vamos, vamos, que no es para tanto. Acaba. Tengo el pelo lleno de pegamento asqueroso. Una ducha y no se va. El enfermero me dice que paciencia. Quitaesmalte de uñas, crema suavizante, paciencia y adiós muy buena. Recojo mis cosas y salimos A. y yo a las calles.
Hambre.
Y paramos en un bar. Y mientras comemos y bebemos y reímos y nos quejamos y nos queremos horrores A. dice cinco palabras que lo han cambiado todo.
- ¿A qué no hay huevos?
Pero de esto hablaremos mañana. ¿Una pista?
11 comentarios:
Qué pequeño es el mundo... ¿sabes? ¡¡estoy dibujando una serie infantil con Piñol!! pronto se publican los dos primeros números... pronto en tu librería :)
Un saludo!!
¡¡¡No me digas que es la de loz zombis!!! ¡Gore para niños! Ahora ya no hay excusa para una quedad a tres bandas...
ESA ESA!!!! jajajaja...
Ay ay ay.... que si va a haber huevos.
Sí, Bellota, hubo huevos, dos para ser más exactos.
;D
Vaya veo que has pasado por una experiencia escalofriante jajaj.Me alegro de ver que no te ha afectado el cerebro en exceso.
Un saludo y a ver cuando nos vemos un lunes,se te hecha de menos(aunque nos tocan mas patatas y olivas por cabeza).
Me encanta la etiqueta "el bello durmiente". Te vi a enviá un poema infantil que le envié a tu tocaya femenina, a ver si te gusta.
Yo, insomne. A lo sumo duermo al día 5 horas. ¿Harían algo por mi unos electrodos de esos?
Cuídese, señor Jorge.
Un beso.
Perdón, que le dediqué a tu tocaya femenina La belle au bois dormant. XD
¿Y todo eso? Me he quedado anonadada OO
Novelón esa tercera parte?
Al final me has puesto los dientes largos con los zombies juveniles esos xD
Un saludo y un abrazo.
Enhorabuena por superar tan jodida prueba del sueño!! Ya te digo, que yo no aguantaba ni cinco minutos en tal estado de "claustrofobiaclabéstica", o que es lo mismo que sin moverte y lleno cables.
Lo de los güevos... avisa con antelación porque sabiendo tus gustos para "ciertas" cosas es mejor estar preparado.
Annabel, coincidimos en lo de dormir poco. Tu no sé, pero yo... juntar los conceptos "padre" y "friki", conlleva consecuéncias.
Saludos y pajillas
Jorge, déjate caer un lunes por la partida que la cosa se pondrá buena a partir de ahora... muhahahaha, master-cabrón, muhahahaha...
Alcalde, el cerebro está más o menos igual lo que no se si es bueno o malo, pero ya veremos. Pronto vuelvo, pronto. Con mis ansias devoradoras de patatas por estar sin cenar...
Annabel, no paliarán el insomnio, pero detectarán donde está el problema y a lo mejor se puede reconducir. Entiendo lo del insomnio porque alguna noches no duermo y luego me voy transponiendo por los rincones. Envía, porfa, envía.
Hechicera, bienvenida a la parte oscura y anárquica de mi hermoso cerebro. No solo de literatura vive el hombre y la vida de cada uno son un millón de sorpresas. Y, sí, novelón. Ya haré reseña extensa, pero te puedo adelantar que me ha encantado. Hasta el salto de las lágrimas y todo. Es una serie brutal... soy uno de los defensores y paladines a ultranza.
Chistorra, que vuelvo pronto, que vuelvo pronto... alguien tiene que estar ahí para fastidiar los planes del master cabrón... ji ji ji... Un superhéroe como tú tiene que aguantar lo que le hechen, joder...
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