sábado, 11 de agosto de 2012

Formicidas

Empiezo a estar desesperado.Y no, no se trata de la lectura que estoy haciendo ahora aunque se lo está trabajando mucho para arrasar con mi psique. No. Resulta que desde inicios de verano que tenemos una pequeña plaga que intentamos controlar, pero que vuelve a emerger de las profundidades desestabilizando nuestro día a día. No es una familia de Cuenca que se haya venido a vivir con nosotros ni visitantes de otros planetas. Es mucho peor.


Hormigas.

Sé que dentro del mundo de los insectos las hormigas gozan de mucha popularidad. Películas como Bichos, Cariño he encogido a los niños u Hormigaz presentan a estos seres como criaturas simpáticas, sociales, majas, trabajadoras, solidarias y firmes defensoras del orden social establecido. Son una de las primeras dietas de los bebés y una de las víctimas más propicias de interminables veranos cuando los críos juegan a ahogar el hormiguero a meados, quemar hormigas con lupa (los científicos) o con un mechero (los poco pacientes) y protagonistas de miles de chistes sobre campistas o picniceros. Y del mítico chiste de la hormiga y el elefante, la vaselina y la paciencia. Son dos conocidas y muy irritantes marionetas televisivas que le hacen a uno consciente de las virtudes del asesinato y la tortura y recuerdan a aquella que era atómica y era un héroe de la infancia. Sea como sea, las hormigas son populares.


Las odio.

Antes me eran indiferentes, pero ahora mismo las odio. Desde que consiguen colarse en mi casa desde cualquier resquicio y pequeño agujero, escalan por el interior de las paredes y se dedican a asaltar la comida de mis gatas (y a mis gatas no hay quien las toque que me pongo muy tonto) que mi indiferencia por los formicidas está derivando a un deseo de extinción. Y las gatas se estresan porque va a sus platos a comer sus galletas (bueno, Sigilo sus galletas y Arya las de las dos) y están llenos de hormigas saqueando. ¿Y si las gatas se estresan, qué hacen? Se van a buscar a maese Jorge para que lo solucione todo. No importa si duerme, lee, mira una película o está sentadito en el lavabo haciendo sus cosas y leyendo una revistas de cine atrasada. Y ya está Jorge, esclavo de las gatas, medio adormilado o hambriento enfrentándose a batalla épica contra las hormigas.


Y que si tiros por aquí, que si explosiones por allá, que si perfume por mi escote, que si picadas, que si guerra química a base de limón, que si miradas de reproche de las gatas con su podrías ser más limpio... Cada día la misma historia. Localizar el hormiguero, poner trampas, limpiar, eliminar y durante unos cuatro o cinco días tranquilidad para volver a empezar. Y así una y otra vez esperando que llegue el invierno y les hiele el culo.


De momento, la pelea casi diaria contra unos bichejos que almacenan lo que pueden para cuando llegue el frío y si te he visto no me acuerdo y a los actores y músicos los dejo en la calle para que mueran de hambre.

4 comentarios:

Mara Oliver dijo...

Pues estamos igual, tronco :S
Al final he quitado los libros al ultimo estante de una de las librerias del pasillo y ahi tengo la comida de Coco.
Hace ya un mes y todavía no han aprendido a subirse ahí, porque las patas quedan lejos. ¡Qué hijas de puta! así, me sale solo, me sigo encontrando exploradoras solitarias por el pasillo y en la cocina y antes me daba penita (por Hormi de "Cariño he encogido..." y el karma :P), pero ahora las pisoteo y las tiro por el WC y lo que sea y no llevo un collar de antenas porque todavía no me encanta como huele el hormicida por las mañanas, pero todo se andará.
besotes!!!

Alba Úriz dijo...

Id a una droguería y preguntad por algún remedio, que seguro que hay. Yo tuve cucarachas (asco profundo... eran gordas, grandes y corrían), y con un aparatito de esos desaparecieron (inofensivo para gatos, perros y otros bichejos queridos). Creo que era Raid...

Veritas dijo...

Es lo bueno de un piso 16... Que ni les merece la pena jejeje. Suerte en tus batallas, esperemos que llegue pronto el otoño por el bien de la humanidad :P

Anónimo dijo...

Hola, soy la señora de capdemut. Encantada. Voy a solucionarte la vida, así de un plumazo. Pensarás que soy un poco exagerada o cosas peores incluso, pero nosotros tuvimos este mismo problema hace un tiempo. La cosa llegó al extremo de tener hormigas en pleno diciembre y no poder tener ni un papel en la mesa porque intentaban comérselo, una súper pesadilla. El remedio mágico, y que no se enteren los de raid, es el ácido bórico (de venta en farmacias) disuelto con agua y azúcar, por ejemplo, y las hormigas se ponen locas pero ya no vuelven más. Es tan efectivo que a veces me cuesta creérmelo.