jueves, 7 de enero de 2010

El mundo desde otra óptica

Como ya dije hace un par de entradas, he tenido que comprarme gafas nuevas porque las que me han acompañado durante estos últimos años han sucumbido al paso del tiempo y un buen día decidieron emprender el camino del que ninguna gafa regresa.

- ¿La basura?

No. El olvido en la mesa del comedor de los padres. Estoy seguro que dentro de unos años aparecerán en un cajón y la voz de mi madre emergerá a mis espaldas diciendo que las guardaba por si algún día las necesitaba.

Así que ahora voy con gafas nuevas y estoy de un guapo... Son de montura fina, de color azul oscuro y me sientan de maravilla aunque mi hermana pequeña me diga que no me quedan bien. Bueno, no pasa nada. A mí no me gusta el lápiz de labios que utiliza, así que estamos en paz. Sólo hay un problema... y es que tengo que acostumbrarme a los nuevos cristales y a la nueva visión que tengo del mundo. Al haberme aumentado la miopía y nacerme una... una... bueno... lo de no ver de cerca, pues que estos primeros pasos que doy por el mundo se han convertido en una odisea de proporciones... muy grandes.

- ¡Madre de Dios! ¿Qué ha pasado con tu lenguaje? ¿O es que has perdido tu libro de sinónimos?

Me explico. Resulta que con las gafas nuevas el mundo me aparece más nítido, no controlo las distancias entre el bordillo y la carretera y el mundo se me presenta como inclinado. Mis pasos se hacen vacilantes y no tengo un total control de mi cuerpo. Me siento desproporcionado y no calculo bien las distancias. Hay momento en que tengo la sensación de que algo ha entrado en mi cuerpo y lucha para dominarme o que he vuelto a mi adolescencia. Siento mi cuerpo enorme y que no soy yo quien lo controla. Es como si... no sé...

- La vaina.
- ¿El qué?
- La vaina que encontraste debajo de la cama y que pensaste que era un extraño regalo de reyes.
- ¿Quieres decir qué?
- Sí...
- Joder... ¿por qué?
- Esta claro, ¿no?
- Entonces... ¿por qué no me siento diferente? Solo desconcertado.
- Porque suplantan personalidad.
- Claro... y como yo no tengo personalidad.
- El parásito se suicidará de desesperación al ver qué tiene que suplantar y toda la mierda que tiene en el cerebro.
- Claro...
- Si es que ver tanto cine español de destape al final ha sido una suerte.
- Pero me sigo encontrando algo desorientado.
- En una semana se te pasa.
- Gracias.
- De nada.
- ¿Y tú quién eres?
- Ya lo descubrirás.
- Vale.

Algo parecido a esto debajo de mi cama.
A veces los reyes tienen un extraño sentido del humor.


Bueno, me tranquiliza sabe que en una semana el mundo volverá a tener sus dimensiones normales. Es complicado andar pensando que el suelo está más lejos de lo que en realidad está. Suspiro de alivio.

Y bueno, los reyes llegaron y se fueron dejándome un vale para una película, una cosa que sirve para enfriar vinos y una envidia malsana por los clicks de playmovil que le regalaron a una personita que no soy yo.

No son estos los del regalo. Ya me gustaría tener legiones de ellos.

Los quiero para mí. Los quiero. Quiero estos muñecos para llamar a mis amigos e invitarlos a una merienda de pan con nocilla y colacao y luego pasarnos horas jugando a batallas hasta que sus respectivas parejas los vengan a buscar y A. me diga que toca recoger porque hay que cenar e irse temprano a dormir que mañana hay que ir al trabajo.

¿Por qué no nos pueden regalar juguetes a los atractivos treintañeros? Ayer mientras estaba en casa de una tía celebrando la comida de reyes, miraba a los adultos sentados alrededor de la mesa todos correctitos ellos hablando de cosas importantes y sesudas, y miraba un suelo lleno con cinco niños abriendo paquetes, jugando, compitiendo, peleando, montando, imaginando, contentos, felices e ilusionados. ¿Por qué ellos sí y nosotros no? ¿Qué privilegios tuvieron que yo no puedo gozar ya? ¿Por qué dejamos de jugar? Y cuando hablo de jugar me refiero a esto, a sentarse en el suelo con unos muñecos y organizar fantásticas batallas.

Algunas voces dicen que nunca dejamos de jugar, solo que cambiamos la óptica de los juegos. Otros que es lo que se llama madurar. Otros dicen que el autobús pasa cada media hora. Estos últimos son ese tipo de persona que nunca escucha. Pues yo, por mi parte me niego a madurar y dejar de jugar. Nop. No pensarlo. No sólo el amor es una forma de desmadurar, también tendría que serlo nuestra vida. No podemos permitirnos el lujo de dejar de contemplar la vida desde un punto lúdico-festivo con un punto justo de inocencia, de sorpresa y de magia. La madurez es una trampa. Y por poco que pueda no pienso caer en ella.

Así que para los próximos reyes quiero cliks de playmovil. No para coleccionar, sino para jugar.

Y punto pelota.

5 comentarios:

Girl From Lebanon dijo...

Cuanto hace que no siento esa sensacion de que la carretera está al fondo del precipicio...afortunadamente hace tiempo que no me cambian la graduación...pero era horrible...recuerdo ir de la mano de mi madre y tener panico a echar el pie :S

vuelve a escribir la carta...mira lo mio...que habrá salido a relucir una de hace 20 años y me han traido unos patines!!! XD

Bss!!!

Jordi Vivancos dijo...

¡Jo, qué pasote! ¡¡Un ejército romano de clicks de Playmobil!! Uff, por favor... ¡¡Yo también quiero unoooo!! ¿Y A. nos hará para merendar sus famosas magdalenas o uno de esos postres suyos que te devuelven la placidez del útero materno y acabas acurrucado en el suelo en posición fetal?

Casteee dijo...

Yo también reivindico jueguetes para los treintañeros, también tenemos derecho de jugar, donde hay que firma? xD

Besos!

A dijo...

Me uno a la reivindicación del derecho a los juguetes a cualquier edad. Y como no, al derecho a los cuentos, aunque tengo que reconocer que gracias a ti Jorge no me faltan, de todo tipo puedo añadir. Así que a modo de compensación invito a los amigotes y amigotas, (¿se me notan los celillos chicas?) a merendar y jugar a casa. Yo juego a ser mamá de trentañeros, y vosotros/as al juguete que queráis traer. Como única condición es que no puedan considerarse juguetes de adultos.
¿Quién se apunta?
Pan con nocilla, ganchitos, mortadela de aceitunas...
Los postres caseros si me lo permiten ustedes los reservo para Jordi que es mi bebitobonito.
Lo siento Jorge, es que Jordi me robó el corazón antes.

Albert {in itinere} dijo...

Siempre he pensado algo muy parecido a lo que tu has escrito en este post. Pq dejamos de jugar??? Pq???

Te propongo que le pidamos unos playmovil a los reyes del 2011 y quedemos para jugar... en mi casa? en la tuya? No! No! En un parque que todavía esté sin asfaltar!