lunes, 27 de septiembre de 2010

Presentando a Niña Zombi y Niño Lobo

Ayer fue domingo. Me desperté al oír una voz que susurraba. Miré el reloj y sorprendido. Las siete y cincuenta de la mañana. Joder. Miré a mi alrededor. No me encontraba en mi cama ni en mi habitación. Estaba en la litera. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Cuándo? ¿En qué momento? ¿Por qué llevaba puestos pantalones de pijama cuando suelo dormir desnudo? ¿Qué hacía allí? ¿Y dónde estaba A.? Recordé que a media noche Niña Zombi entró en la habitación y con una simple, pero consistente serie de patadas directas a los lumbares, me invitó a abandonar la cama, el cuerpo dormido de A. y trasladarme a la litera pequeña, estrecha y conquistada por peluches con forma de animales que me miraban sin sentimientos y con algo parecido al... al... hambre. 

Cerré los ojos para volver a dormir y regresar a ese agradable sueño donde dejaba de lado los apocalipsis, las epidemias, las muertes y soñaba con que era jurado en el apasionante mundo de los concursos de stripscrable. Imposible porque volví a oír esa voz que susurraba mi nombre, un susurro de grito callado, de ese grito bajo que hacemos cuando queremos gritar, pero sabemos que hay personas que duermen y queda como un grito apagado o un susurro amplificado.

- Jorge, Jorge, Jorge...

¿Quién era y por qué gritaba susurrando mi nombre? Me quedé paralizado en la cama. Oi unos pasos que se acercaban. Cerré los ojos y finjí un sueño que tenía, pero que no podía recuperar. Un aliento calido empezó a recorrer mi cuerpo. Unas pequeñas manos me tocaron la cara.

Joder. Apreté con fuerza los ojos, dejé escapar uno de esos pedos que señalizan de forma clara que uno está dormido. Intenté trabajar una respiración que se acercara al ronquido. Nada parecía funcionar. Unas pequeñas manos me volvieron a tocar la cara. Mi nombre susurrado.

- Jorge, Jorge, Jorge.

Abrí los ojos. Era Niño Lobo.

- Jorge... es que no llego al bote de colacao y quiero desayunar.

Y como es bien sabido, lo que un niño de cuatro años dice en calzoncillos a las siete y cincuenta de la mañana es ley. Así que me levanté también yo en calzoncillos, le di el bote de colacao para que se hiciera el desayuno y me preparé un café para dar la pronta bienvenida a este domingo. Resulta irónico, pensé, uno se está levantando todos los días a las ocho y media soñando con el domingo, y cuando éste llega uno se levanta a las siete y cincuenta. Hay que joderse. Y todo por la presencia de Niña Zombi y Niño Lobo, dos personitas que entraron en mi vida cuando A. entró en mi vida.

 Con vosotros, Niña Zombie y Niño Lobo.

Los domingos por la mañana nunca han vuelto a ser igual.

6 comentarios:

A dijo...

Jor,jor, jor, y yo durmiendo!!! Los has clavado, son monstruitos adorables.

Jo Grass dijo...

Es cierto que son adorables pero yo me pregunto por qué cuesta tanto levantarlos para ir al cole o a su casa de mosntruos y en cambio les resulta tan placentero pegarse esos madrugones dominicales!
Menos mal que son adorables!

Carlos Pérez Cruz dijo...

¡Santo cielo! Tu vida es un infierno... ¿Ado...qué?

Patricia dijo...

:-)
Los pequeños monstruitos tienen un despertador especial para los dias especiales.
Saludos.

Dara Scully dijo...

yo me habría comido al niño lobo y habría seguido durmiendo como si nada.




(a mi elefante
le gusta)

Jorge dijo...

Sí, A., estabas durmiendo. Y jo jo jo... ya veremos el domingo que viene.

Jo, son adorables y esa es su arma. Esos ojos que lanzan piruletas y corazones a las siete y media de la mañana. Pero un día encontrarán que tenemos un exceso de legañas y esa estratagema no funcionará y entonces... entonces...

Carlos, tanto como infierno, no. Infiernito, pero de los agradables, calentitos y madrugadores.

Patricia, el despertador lo tienen todos los días, los cabroncetes. Saludos pa ti también.

Dara, no creo que hubieras podido con Niño Lobo. Yo por lo menos no puedo. ¿Un recién despertado y fresco y lleno de energía niño de cuatro años contra un treintañero medio dormido y narcolépsico? No hagáis vuestras apuestas.

(Y me alegra que al elefante le guste)