martes, 21 de septiembre de 2010

Sobre el sueño que tengo y no tengo

Sigo con ese encantador y fantástico trastorno del sueño. En principio, como muchos ya sabéis, se trata de narcolpesia. Aun me lo tienen que certificar cien por cien un señor con bata blanca y estudios, pero para eso me tienen que hacer la prueba del sueño que os comenté en una entrada anterior, pero las cosas de palacio van despacio y las de la seguridad social ya no te digo como van. Lo que no sé si el insomnio galopante que tengo se relaciona también con la narcolepsia, o no es narcolepsia si no otra cosa, o soy un vampiro no practicante con el sueño cambiado, total... que por las noches no duermo.

Sí, lo sé, es paradójico porque durante el día cabeceo, duermo y voy cansado y medio arrastrándome, y por las noches estoy fresco, lozano, activo e insomne. Me tumbo en cama y memorizo las grietas del techo, las formas de los reflejos de la farola que se cuelan por la ventana, redacto mentalmente enormes epopeyas y grandes y definitivas novelas americanas, escribo cartas a gente que no conozco, medito qué haría si de repente descubro un familiar desconocido que me lega una de pasta, pero una de pasta... que vamos... No me desespero porque no serviría de nada, pero acumulo cansancio de tres/cuatro horas de mal sueño por las noches (porque encima las horas que duermo me las paso soñando... y me cansó más todavía porque ahora tengo una racha de sueños de enigmas... ya sabéis, personas que no son los que creía que eran, sorpresas, combinaciones para abrir cajas, pistas falsas, etc. Agotador) y al final pasa lo que pasa.


Que peto. Que es lo que paso el viernes/sábado. No pude más y peté. Tuve que anular un discurso que tenía que dar en el Teatre de l'Aurora en la inauguración de su temporada teatral (es lo que tiene ser presidente de la asociación de espectadores), una cena con amigos porque estaba demasiado cansado. Y el sábado... PAM... Jorge se convirtió en un ser gimoteante y agotado.

Vivir así es duro. Con sueño por el día y despierto por la noche. Algunos me han dicho que tome pastillas para dormir, pero, la verdad, me resisto a ello. Quiero decir, no me apetece acabar como Judy Garland. Adicta a las pastillas, tomando para estar despiertar, tomando para dormir, bebiendo más de la cuenta, teniendo una hija con mis mismos problemas, cantar en Las Vegas y convirtiéndome en un mito para la comunidad gay. La verdad es que no me veo.

Valoro la posibilidad de recurrir a un naturista, o acupuntura, o reiki, o... algo fuera de la medicina convencional. A lo mejor con cambio de hábitos y agujas en los párpados y en el bajo vientre puedo descansar mejor, pero desde que vi Audition que la idea de la acupuntura me produce pánico.

Kirikirikirikirikirikirikirikiri hija de tu madre que me has arrebatado las ganas de probar una medicina alternativa y milenaria. Eso sí, la película es estupenda.

Si ya tengo miedo de ir a la peluqueria (y eso que mi peluquera es encantadora, ¡hola Nuria!) por si un día se le cruza los cables y en vez de cortarme el pelo me corta la yugular, estar en una habitación con un desconocido/a armado con un montón de agujas que irán perforando mi hermoso y redondo cuerpo que vete tú a saber si no quiere vengarse de mí por algo que le he hecho sin saberlo (que también he visto Old Boy) y decide que mira, que mi salud no le importa tanto como explorar mi resistencia al dolor (que ya lo digo aquí es mínima. Coges un libro de Jane Austen y me haces el intento de romperlo y ya me ves chillando y explicando todos los secretos de las personas que conozco. Naturalmente sólo explicaré los secretos que pueden hacer daño y son comprometidos; los inofensivos no importan a nadie).

Pero me estoy descentrando con mis miedos (que son... fua... es que soy muy conspirarnóico y muy aficionado a sacar miedos y terrores de todas partes y más desde aquella noche en que A. me dejó sólo y me absurdizé todavía más). Que vamos que he pasado unos días bastante malos con lo de sueño y supongo que no serán los únicos que pasaré. A media tarde de hoy estoy mejor. Estas últimas noches he descansado bastante bien y sólo me pican los ojos y ando media mañana así como mareado, pero manteniendo la dignidad.

Siempre digno, que para algo soy

Jorge Jiménez del Moral, Conde Duque de la Alta Anoia y Co-Principe de Igualada

declarado por unanimidad por mí mismo y por Jordi, que es Conde Duque de la Baja Anoia y el otro Co-Principe porque pensamos que, qué demonios, si queremos ser Condes Duques pues lo somos y a tomar por culo, ¿no? Que motivos más tontos ha habido para hacer a alguien noble. Así que ya lo sabéis, a partir de ahora tengo título nobiliario. ¿A que mola?

Próximamente, mi escudo de armas diseñado por A.
Que salga un cefalópodo, que salga un cefalópodo


Y sí, toda esta entrada del sueño explicando el trastorno y cómo he pasado estos días sólo era una excusa para decir a todo el mundo que me acosté plebeyo y me levanté noble. ¿Que me complico la vida? Sí. Pero ya deberíais estar acostumbrados, ¿no?

4 comentarios:

Carlos Pérez Cruz dijo...

Vaya, espero que tu nuevo y nobiliario título te despiste de los males del sueño. Suerte en el intento.

Dormir siempre ha sido una de mis grandes tragedias. En realidad, y por ser justos, para mi madre antes que para mí dado que era de los que de pequeños no dejaba pegar ojo y por ello, en justa venganza, me maltrató a base de chucherías varias que me dejaron los dientes mirando para Norte y Sur indistintamente.

Me desvelo al mínimo susurro, los mosquitos son taladradoras por la noche y cualquier pensamiento del vecino de arriba se amplifica en mi cerebro. Para colmo uno de mis felinos compañeros de piso es casi sordo y sus maullidos no son tales sino gritos que quiebran el descanso noche sí y noche también...

Vamos, que estoy pensando en lo de las pastillas... pero para mi gato.

Starlet dijo...

uffff! que no sabia del trastorno del sueño, jejeje me he reido muchisisimo con tu entrada jaja como 100pre viendo lo comico en todo... Prueba con la terapia floral...a mi me viene divina...que tu sabes que a veces se me va el nivel....mañana te escribo con calma...un beso mi adorado imsomne!...un beso A. un beso a jordi...un beso MOntse...y mis respetos Noble caballero

Jordi Vivancos dijo...

¡Cuán lejanos me parecen ahora mis tiempos de plebeyo! Hay que ver lo rápido que se acostumbra uno a las mieles de la aristocracia, ¿no?

Ni que decir tiene que ya ha habido un par de aguafiestas que han querido hacerme ver que nuestra reclamación nobiliaria no es legal, pero ya se sabe cuál es el mal de este país: la envidia. Y si no, que se lo digan a esa mártir llamada Isabel Pantoja.

En cualquier caso, y si repasamos la historia, veremos que los méritos "legales" para acceder a un título nobiliario rara vez han sido dignos de encomio: en su mayoría han sido braguetazos o botines de guerra, así que no veo por qué nuestro título, que no ha costado sangre ni ningún otro fluido corporal derramado (bueno, a decir verdad, el otro día me corté abriendo una lata de sardinas y sangré un poco), va a ser menos legal que los otros. Nosotros somos nobles porque sí, y ya está.

Por otro lado, si a estas alturas del siglo XXI en la "civilizada" Europa todavía hay quien quiere jugar a reyes, príncipes y demás cuentos, ¿por qué no íbamos a jugar nosotros? Y si jugamos, está claro que no nos conformaremos con ser meros plebeyos.

Suyo,

Jordi Vivancos i Junyent
Conde-Duque de la Baja Anoia i Co-Príncipe de Igualada.

Jorge dijo...

Carlos, no te preocupes. Los títulos nobiliarios no se me subirán a la cabeza y no dejaré de ser este sencillo muchacho de pueblo que duerme mal, sueña mucho y se despierta raro. Comparto su rada nocturno. El apareamiento de un mosquito con su novia en el piso de al lado me desvela. Aunque, estoy seguro, de que el día que tuviera que hacer guardia me quedaría dormido profundamente y no me despertaría nada.

Starlet, ¿no te lo había dicho? Pues sí, mis sueños se atormentan uno detrás de otro. Se intenta llevar con humor y ahora que soy noble, llevarlo con dignidad en correspondencia con mi nueva naturaleza.

Jordi, es que ese día tenía que llegar. El día en que tú y yo nos levantáramos un día siendo nobles, de sangre azul, de alta alcurnia, sin posibles y todo apariencia. Si hemos nacido para eso. Y como usted dice, ¿por qué ellos sí y nosotros no? Hemos democratizado definitivamente la nobleza al hacer que los títulos nobiliarios sean accesibles a todo el mundo. Además, pocos nobles más campechanos que nosotros encontrarán los periodistas esos de Lecturas que van a las fiestas esas del suplemento de color raro.