miércoles, 30 de marzo de 2011

Una inocente diversión que no cuesta dinero

En tiempos de crisis los hábitos de ocio cambian. Hoy presentamos una forma divertida y barata de pasar un rato tanto solo como en familia o con amigos: crispar a un librero. Es más fácil de lo que parece. Atentos que van unos pocos consejos.

1. Llámele "Niño" si es chico, "Niña" si es chica. No importa la edad del librero. No, tampoco importa si el librero es treinta años mayor que usted. Verá a la voz de "Niño / Niña" la mandíbula del librero/a se tensa. Si se pronuncia con voz aguda y repetidamente mientras el objetivo del ataque transporta pesadas cajas conseguirá que se parta un diente.

2. De datos insuficientes cuando pregunte por un libro e insista. Ejemplos.

- ¿Tiene un libro de cocina del que hablaron por la radio y que enseña a cocinar? Sí, a cocinar platos diferentes. En la radio, sí, hombre, en la radio.

O lo he visto en la tele, que ahora no sé.

3. De muchos datos, pero ninguno consistente. Ejemplo.

- Estoy buscando un libro del que hicieron una película y va de una chica que es joven y luego ya no es joven, pero tampoco vieja, que conoce a un chico y se enamoran, pero no pueden estar juntos porque pasan cosas y sale un malo y pasa en una ciudad. La editorial no es muy conocida, pero es famosa porque edito otro libro que iba de un chico que se enamora de una chica y salía un coche, este no lo leí pero un amigo sí y le gustó, pero yo quería el otro. Y me parece que tiene una franja azul, o a lo mejor no, que lo vi un momento por internet.

4. Trabuque un autor por otro e insista en su error pese a que el librero le de el dato correcto. Sea faltón, gritón, exagerado y diríjase al librero como si ése sufriera una lesión cerebral que le impidiera pasar de los seis años. Importante: la confusión debe hacerse con un libro de imposible error por parte de librero; un último best seller y dos autores muy conocidos. Para que joda más la condescendencia. Ejemplo real.

- ¿Tienes el último libro de Ken Follet?
- Sí, éste es, La caída de los gigantes.
- No, ese no es.
- Sí, el último de Ken Follet es La caída de los gigantes.
- No, yo quiero el último. Si han hablado de él esta mañana en el Cuní (detalle magistral citar una autoridad).
- Es que no hay otro...
- ¿Me escuchas? Que quiero el último de Ken Follet.
- Es éste.
- No, joder. ¿Y tú eres librero? El último de Ken Follet se llama Cobra, inútil.
- Cobra es de Frederick Forsyth.
- No. Es de Ken Follet que lo han dicho en la tele.
Todo esto debe ser dicho en un tono condescendiente. Cuando el librero nos demuestre que Cobra es de Frederick Forsyth, cambiar el tono por uno campechano y decir algo como "pues vaya en la tele se han confundido" como si se tratara de una broma compartida.

4. Pida descuentos. Por todo. No importa el importe de lo comprado. Pida descuentos por tres libros, por cinco, por un bolígrafo, por una libreta, por una pregunta, por ir al lavabo, cuando atraque la librería, por todo. Al decir que no ponga cara de oler mierda, decir la frase "tenía que intentarlo" y crear una palpable tensión entre ambos.

5. Si tiene que hacer un encargo niéguese en redondo a dejar algo a cuenta, decir su nombre o su teléfono. Aduzca como motivo que a usted nunca le han pedido los datos para hacer un encargo y si no confían en él.

6. De un paseo por la librería llevando en la mano un inestable helado de chocolate o patatas fritas con ketchup. Si esto puede dejarlo en manos de un niño hiperactivo y tocón, mejor.

Y después de esto directo a la mesa de novedades.

7. Hágase una herida pequeña en el dedo. Lo suficiente como para que sangre. Después de eso, deje una muestra de esa sangre en la tapa blanca de un libro. Vaya con él a caja y trate de guarros y de sucios a los libreros. Tras recibir las disculpas y ver como el librero se hunde en el apuro, descubra que es suya la sangre con sorpresa y ríase.

8. Mantenga una conversación que tienda al monólogo con el librero empezando todas las frases por construcciones como:
- "Lo que tenéis que hacer..."
- "Esto yo lo haría..."
- "Lo estáis haciendo mal..."
- "¿Quieres vender más? Pues mira..."


9. Quéjese continuamente de que la librería organiza pocas actividades (entendiendo por actividades presentaciones, charlas, conferencias, talleres, contacuentos, etc.). Diga que le gustan esas actividades y que irá a muchas. No asista a ninguna. Y luego siga quejándose de que se organizan pocas actividades.

10. Diga frases como 

- ¿Y esto es todo lo que tenéis de arquitectura babilónica?. Pues vaya librería de segunda.
- ¿No tenéis sección de filatelia canadiense?
- ¿Por qué las cartas del tarot las tenéis en ocultismo?

11. Un clásico que nunca fallan:

- tras media hora de cola preguntar a la persona que está al otro lado del mostrador "¿trabajas aquí?".

12. Pida un libro que sepa que no tienen en existencias (puede haber llamado antes o ser un libro que no exista). Cuando le digan que no está en la tienda, pida explicaciones por qué no lo tienen y exponga que ha tenido que venir de otra ciudad, que era urgente, que lo necesitaba para un regalo. Diga que qué clase de librería es esa que no tienen ese libro, que no son profesionales, etc. Ejemplo real:

- ¿Tenéis la segunda parte de X?
- Aun no ha salido publicada.
- Pues qué bien... y la necesito para el sábado que es un regalo. ¿Y si la pido cuándo me llegará?
- Es que no está publicada.
- ¿Y? ¿La puedes pedir o no?

13. La frase "¿No lo tenéis?, pues en la V (librería de la competencia), sí. Muy mal".

14. Pida que le recomienden un libro y diga a todos que no. Tras media hora despida al librero con la frase "ya veo que tendré que hacerlo solo/a. Gracias por tu no ayuda". Sí, real.

15. Y, sobre todo, quéjese por todo. Y pida descuentos por todo.

Próximamente enseñaremos a los libreros cómo crispar a un cliente. Porque el trabajo no tiene porque estar reñido con la diversión.


3 comentarios:

Bellota dijo...

pues pensaba que ibas a hablar de dormir...

Sobrasada Cósmica dijo...

Ánimo, que seguro que tenéis ganado ya un trocito de cielo...
:D

Jorge dijo...

Bellota, es que para mí dormir no es un placer ni una diversión... casi que podría llamarse una obligación.

Sobrasada, un trocito no, un rancho.