sábado, 24 de septiembre de 2011

Volver al cole

Septiembre es ese mes que huele a forro de libros y a preguntas de si tienes deberes. Los colegios se abren y vuelven a tragar a los niños que expulsaron con los primeros calores. Como buenos niños normales, Niño Lobo y Niña Zombi vuelven a sus clases (girasoles y pingüinos, respectivamente) y al reencuentro de los amigos, conocidos y saludados. De vez en cuando los acompaño ya sea a llevarlos, ya sea a recogerlos. En el primer caso salen corriendo y se abalanzan a sus amigos, en el segundo, salen corriendo y se te abalanzan exigiendo YA su merienda porque se mueren de hambre. En ambos casos mis sentimientos y mis pensamientos son los mismos y me doy cuenta de que no. Definitivamente, no. Sin lugar a dudas, no. No lo he superado.

Odiaba el colegio y sigo odiando el colegio a mis treinta y tres años.

Me encuentro en el patio rodeado de padres y de niños y de profesores y de canguros y del conserje y de ese señor de la gabardina que reparte caramelos, y sigo teniendo las mismas palpitaciones, las mismas ondas de mal rollo y las mismas ganas de salir corriendo de cuando tenía nueve años. Veo a un chaval de ocho años un poco más alto y más fuerte de la media que camina en mi dirección y me entra ese sudor frío de terror conocido y acabo en la mayor parte de los días dándole mi dinero para el desayuno o, los menos, un empujón a traición y salir corriendo.

Porque un día, una visita al cole acabará así.

Volver al colegio de acompañante es como viajar en una máquina del tiempo malrollera y aparecer en el patio de mi infancia cuando me dedicaba a ser saco de boxeo... porque en  mis recuerdos de aquellos años no hay espacio para un patio de Sevilla ni el huerto donde madura el limonero, porque entre hostia que va, hostia que viene, soy el niño gordo con gafas al que se le pegaba. Una de las partes contendientes de la expresión "son cosas de críos" antes de que se le pusiera nombre en inglés. Debo decir, eso sí, que se me pegaba muy bien. Era agradecido. Unos explicaban chistes, otros jugaban bien al futbol, uno hacía cosas raras con el pito. A mí se me pegaba. Hasta venían de otros colegios a pegarme... En honor a la verdad, también debo decir que al ser un niño pequeño de lloro fácil, era tentador... me decían, "mira una..." y yo ya estaba llorando. Algo miedica era. Cosas de ver demasiado pronto a Michael Jackson echando pelo y una película desconocida de un imitador de Charlie Chaplin que se cargaba a una vieja pelleja (¿alguien sabe que película es esta?). Luego me volví algo víctima, pero se me pasó pronto y me convertí en abusado que zurraba. Mesas que volaban, mesas que se caían sobre compañeros, hostias a lo bruto, patadas en la espalda hasta que dejaron de pegarme... me había convertido en "el gordo que daba hostias". Si es que la influencia de Bud Spencer fue maná del cielo. Los gordos también saben pegar.



Y se acabó el cole y empezó el instituto y esa es otra historia porque no volví a pegarme con nadie.

No me gustó el colegio y no me gustan el colegio. Están llenos de niños. Pequeños psicopatas. El colegio está repleto de crueldad, abusones, empujones, hostias, mala hostia, humillaciones y bla bla bla. Lo mejor del colegio es salir un día y no volver. Porque esa es otra de mis pesadillas. Que resulte que un día mi jefe descubre que me falta una asignatura para aprobar la EGB (matemáticas de tercero) y tenga que volver al colegio para enfrentarme a un director tirano, unos abusones y termine haciendo llover sujetadores del cielo gracias a la ayuda de un  grupo de marginados aficionados al espiritismo. Lo único buen de esto es que A. me vendría a buscar a las cinco y me traería la merienda...

2 comentarios:

carina dijo...

El teu text és molt dur, gairebé podria ser un conte de D. F. Wallace o Carver. M'encanta el final, però el que dius és fort. Salut

Jorge dijo...

Carina, les referències que dones em fan envermellir...

Es curiós com hi ha coses que no es superen... potser es una visió distorsionada d'aquells anys, però es la que m'ha quedat... però tot pasa... la vostra feina te tots els meus respectes i més.