domingo, 13 de julio de 2008

El pequeño señor Paul

Antepenúltima lectura (las últimas: relecturas de La peste de Camus y Las aventuras de Tom Sawyer, indudablemente el personaje que quiero ser de mayor).

El martes me tomé un pequeño descanso en la librería. Dejé de confeccionar las listas de los libros de texto y me dediqué a entrar algunas novedades. Puedo asegurar que en los últimos días, eso es todo un cambio. Julio no se caracteriza por la cantidad de novedades. Suele llegar poca cosa y poco interesante. Sin embargo, se encuentran sorpresas. Entre ellas me encontré un librito de Anaya bellamente editado titulado El pequeño señor Paul de Martin Baltscheit e ilustrado por Ulf K; uno de esos libros que ninguno recordaba haber pedido, pero que aparecen por voluntad divina (aunque generalmente suele ser por voluntad del comercial).

¿Qué tenía este libro que me llamó la atención? La ilustración de la portada. Un hombre normal y corriente, vestido de gris, con un maletín, con toda seguridad oficinista o vendedor de seguros, con una ligera sonrisa en los labios y ojos de quien sabe hacia donde se dirige. Aparté a un lado los libros de informática y abrí el libro buscando la primera frase.

Cuando el pequeño señor Paul todavía era un pequeño señor Paul mucho más pequeño, vivía en un mundo lleno de libros.

Me gustó esta frase y como estoy en un momento de lectura de libros sobre la lectura de libros me lo llevé a casa haciendo una pequeña pausa por L'Agulla para tomarme una cerveza fría y empezar la lectura. Y me encontré catorce pequeños cuentos donde con humor y fantasía se nos explica el día a día del pequeño señor Paul, un oficinista contento con su trabajo porque le deja tiempo libre para leer libros y vivir pequeñas aventuras cotidianas en un mundo dominado por la fantasía y la magia. Con el paso de las páginas nos encontraremos con libros que cambian de final según quien los lea, con trajes que se hacen más pequeños para que nos sintamos mayores, con hombres forzudos que cargaran nuestros días pesados, con vendedores de talento, risas perdidas, el verano en el salón de nuestra casa o con la forma de diferenciar un mal día de un buen día (es sencillo, un mal día tiene forma de chimpancé borracho pseudointenlectual y existencialista, y un buen día es una simpática foca aficionada al chocolate y con una conversación muy estimulante).

Son cuentos para niños pequeños que aun no han perdido la capacidad de sorpresa o para hombretones como yo que creemos en las hadas. Es una lectura tranquila y sosegada que deja una sonrisa en los labios y hace reflexionar. Porque como el pequeño señor Paul, muchas veces nosotros cargamos con días que no nos apetecen y que son muy pesados de transportar. La diferencia es que mientras que el pequeño señor Paul deja que el día pesado se lo transporte una persona contratada para eso (y que vive dentro de un espejo), nosotros nos empeñamos en cargarlo nosotros sin darnos cuenta que quizá nos están ofreciendo ayuda.

Quizá sea un libro que no cambiara la historia de la literatura, quizá entre las páginas encontremos alguna errata en la edición (la plaga de gramásitos parece que no acabará nunca), pero me ha proporcionado una compañía entrañable y conocer a un personaje que en su sencillez y buen humor me encantaría invitar a tomar un café.

Música para acompañar: El Nino Rota más inocente y fantasioso, o la música que Alain Rosmans compuso para Mon Oncle de Jacques Tati.

5 comentarios:

Anita dijo...

Ahhh un blog de libros...que lindo!!!! Personalmente soy adicta, aunque encuentro muy poco tiempo libre para leer por gusto, prácticamente todo lo que leo es de la universidad...pero en las vacaciones me desquito.

Me gustó la presentación de este libro y estaré pendiente para leerlo.

Por cierto, creo que tener una librería es uno de mis sueños...quizás para cuando sea más grande :)

Un gustazo andar por acá Jorge.
Saludos!

Jorge dijo...

Un blog de libros, de ciudades, de cómicos... un poco de todo y nada en concreto...

Un gustazo que hayas pasado de visita. Otro día avisa con tiempo y preparo café.

Annabel M. Z. dijo...

Bueno, por aquí veo a Anita, también la veo desde mi blogroll, qué sorpresa.
Jorge, y tú, por lo de Teresa Salgueiro, me has dado ganas de todo lo que cuentas tan bien. :)

Anónimo dijo...

Hace tiempo que busco ese libro... y no lo encueeentrooo!!!!

Milá y Teté dijo...

Espero que no te importa que haya añadido esta reseña a mi blog.
http:milaytete.blogspot.com