domingo, 25 de abril de 2010

Pequeña crónica de Sant Jordi de un librero narcolépsico

¿Qué cómo fue Sant Jordi? Bueno, supongo que quien más o quien menos habrá visto las películas de El señor de los anillos. ¿Recordáis la segunda parte? ¿La escena de la batalla del Abismo de Helm cuando los uruk-hai están sitiando la fortaleza y los héroes no pueden salir y está lloviendo de la hostia y todos están empapados y sus armas también y sólo tienen ganas de que se acabe el día y llegue Gandalf con su palo de luz y todo los malos se vayan y los héroes puedan quitarse la ropa mojada y meterse en la cama y dormir hasta que sea moralmente deleznable?

Pues Sant Jordi fue más o menos así.


Llovió.

Que es lo tercero peor que le puede pasar a un librero el día de Sant Jordi.* Pero vayamos por partes que el día empezó a las ocho de la mañana.

Bueno, mentira. A las siete y veinte que es cuando sonó el despertador. Levantarse. Pipí. Ducha rápida. Vestirse y para la libreria. Cargar las cajas en la furgoneta. Ir a la Plaça de Cal Font que es donde se colocan las paradas con los libros. Descargar cajas... Bueno, lo del año pasado, pues igual.

Un calor horrible. Mal presagio. Cierro la primera venta. Un tebeo de Mortadelo y un libro de economía. Y no, no envolvemos para regalo. Acabámos de montar la parada. Algunos se quedan y algunos se van a la librería. Y a pasar el día. Mucho calor. Y lo agoreros también llamados los listos. Estos no faltan en ninguna parte. Son ese tipo de gente que va en el Titánic y se pasa el viaje diciendo que anda que si esto se hunde y que cuando se hunde dicen eso de si ya lo decía yo. Vamos, la gente que se para a hablar con el librero y dice lo de pues anda que si empieza a llover. Y no uno, sino tres, cuatro, cinco, siete, catorce. Y tanto deseo junto de listos para que llueva provocó que a las cuatro empezara a llover.

Y que todo se fuera a la mierda.

Las ventas iban bien. El día prometía. A. me había traído a la parada un termo enorme de café con leche para ir dosificando la cafeína y que el sueño no construyera un campamento de verano en mí. Lo estaba pasando bien. Se iban vendiendo los libros esperados y alguna sorpresa muy agradable. Sobre las dos me fui a comer a casa y a las dos y cuarenta estaba de nuevo en la parada porque si me llego a quedar un minuto más sentado en la butaca no me levanto. Se van a comer los compañeros y a las cuatro...

- ¿Qué está lloviendo?
Una chica que estaba al otro lado de los libros me mira, veo en sus ojos un atisbo de pena y me dice mientras levanta ambas manos.
- Sí.
- Joooodeerrr.....
Salgo corriendo para el bar donde estaba comiendo el jefe.
- Llueve.
El jefe se levanta. Agarramos los plásticos, los colocamos como buenamente pudimos encima de los libros.Las gotas de lluvia aumentaban en velocidad. Me refugié bajo la carpa. El jefe me dice que en el momento en que deje de llover quitemos los plásticos con cuidado. Claro, le digo.

El único problema es que no dejó de llover. Toda la puta tarde lloviendo con lo que supone eso:

1. Descenso de las ventas.
2. Libros mojados.
3. Cajas de reposición anejadas de agua.
4. Libreros mojados.
5. Y clientes que compran libros.

Sí, porque pese a la fuerte lluvia la plaça de Cal Font estaba llena de gente que deambulaba con sus paraguas chorreantes, se acercaban a las paradas y sin permiso y consideración, alzaban los plásticos que protegían los libros y miraban, tocaban y husmeaban con sus manos mojadas. Alzaban a sus niños y los incrustaban bajo los plásticos para que buscaran el libro que el niño decía querer. Si advertías que vigilaran, que los libros se podían mojar te miraban como quien mira a un esclavo castrado al que le quedan pocas horas de vida y no decían nada, sólo metían al niño más adentro de los plásticos.

¿Y por qué la gente estaba en la calle con lo que caía? Bueno, es que el catalán es un animal de costumbres y una de ellas dice que por Sant Jordi se tiene que salir a la calle a comprar un libro. No importa si llueve, nieva, truena, hay lluvia radiactiva, francotiradores, monstruos gigantes, extraterrestres, soldados romanos perdidos en un tiempo que no es el suyo y que con la confusión se lanzan a una matanza descabellada y ligeramente sobredimensionada. No importa. Hay que salir a la calle y comprar un libro.

- ¡Dios mío! Un kraken está saliendo del río Anoia y amenaza con destruir toda la ciudad de Igualada. - No me importa. Aun no me he comprado el libro más vendido de Sant Jordi
- Entonces te acompaño. No creo que venga de un par de minutos.

Cuando todo parecía perdido, el inefable Capitán Chistorra se abistó por la plaza y soltó uno de sus chascarrillos.
- Tranquilo, esto es solo un chirimiri un poco fuerte.
Abusando de la confianza que tengo con el más grande superhéroe (en todos los sentidos) que jamás de los jamases ha habido le digo si no podría utilizar su superaliento o su superpeo o su superalgo para alejar las nubes de lluvia. Pone cara de concentración y dice algo así como...
- Es que... no sé...
- Por favor, eres un superhéroe.
- Si hacerlo podría hacerlo, pero... es que ahora... bueno... que mi superoído capta que los hermanos Fregona y Fregoneta están atracando una tienda de ultramarinos. ¡Capitán Chistorra al rescate!
Y lo vio alejarse con esa ágil forma de correr que le caracteriza. El agua no sólo le tocaba, sino que llegaba a encharcarse en él.

Las horas iban pasando, la gente comprando, el agua cayendo y los libreros calados. La mala leche, el cansancio y el mal humor se iban convirtiendo en la tónica general. Libros amontonados, agujeros en los plásticos, zapatos que se rompieron, ganas de salir de allí e irse a casa a tomar un chocolate caliente, poner a Billie Hollyday y olvidarse de todo. Lluvia mía, que jodidamente irritante que eres.

Uno de los clientes habituales. Hablamos.
- Si resulta que es sólo una pequeña nube que nos ha tocado de pleno. En el resto de Cataluña no llueve. Por aquí y por Girona.
Encima eso. Dios mío... ¡y para eso el sacrificio de cinco vírgenes la noche anterior para tener el favor de los dioses y que no lloviera! ¡Para eso las marcas de tiza, la sangre de cabra, el fuego purificador y los bailes ancestrales desnudo ante una cámara de vídeo! ¡Para esto tanto esfuerzo, tantos delitos, tantos crímenes y tanta música hortera! Joder... ahora si que estoy cabreado. Hago los sacrificios pertinentes, me porto bien, estoy de humor y se me recompensa con lluvia... Muy bien dioses en los que no creo, la habéis cagado. Me tendré que vengar.

Va pasando la tarde. Una chica pide un libro para su novio que sea muy chorra y que vaya de como hay que tratar a las mujeres. Pero que sea muy chorra, repite una y otra vez. Un señor pregunta si tenemos un libro donde salga un menorquín. Otra señora nos piden el libro Fundamentos de calculo computacional y se sorprende de que no lo tengamos en la parada. Otro señor nos pide una novela larga, pero donde no haya mucho que leer. Un chico me pide una novela de aventuras con un poco de fantasía y le doy una novela de aventuras con un poco de fantasía (sí, a veces las cosas son fáciles). Alguien me pregunta donde tenemos los libros en inglés. Y si no hay en inglés, dónde están los de portugués. Una señora me pide le libro más vendido de Sant Jordi, pero el más vendido de verdad. Tentado estoy de decirle que el libro más vendido es El hombre sin atributos de Robert Musil, pero que aquí no lo tenemos que pase por la tienda. Ocho veces me piden un libro para alguien que no le gusta leer.

Y llueve. Mucho. En algún momento ha aparecido mi madre y me ha traído un chubasquero. Me lo pongo y parezco una versión sin sentido del humor de Bruce Willis en El protegido. Los libros parecen a cubierto y no habrá males mayores, pero la gente no se va. Los libreros de la parada estamos empapados, cansados y de mal humor. Pero poco a poco vamos recuperando el humor. No mucho, pero lo suficiente para acabar de pasar la tarde. Sobre las nueve de la noche deja de llover y empezamos a recoger la parada.

Pocas veces se ha visto en la historia de la humanidad recoger una parada de Sant Jordi de forma tan rápida. A. aparece y nos hecha una mano con las cajas y los bartulos. Sobre las once de la noche está todo recogido y estamos A., mi hermana Mo y yo sentados en una terraza comiendo un bocadillo y quejándonos de que nos duele todo.

Otro Sant Jordi ha pasado. Ahora sólo queda:

1. Deshacer la parada.
2. Hacer albarán negativo y entrar el estoc sobrante de parada en la tienda.
3. Reponer.
4. Hacer las devoluciones.
5. Visitas de los representantes.
6. Comentar cómo ha ido.
7. Oir los mismos comentarios sobre la lluvia.
y sobre todo y muy especialmente la frase,
8. "Pero me harás el descuento de Sant Jordi, ¿no? Sólo han pasado dos días."

Pero de todo eso ya hablaré.

Jorge contemplando con su chubasquero a un gilipollas que seguro que se ira a mirar libros a la parada y los dejará todos bien mojaditos.

* Lo peor es morir. Lo segundo peor es haber montado la parada y darse cuenta de que se ha olvidado los libros.

3 comentarios:

enrojecerse dijo...

bueno, espero que a pesar de eso, "fuera bien". aquí en girona también llovio, menuda mierda.

Anónima e las 9:59 dijo...

En Barcelona sólo un rato y sobre las 20:15. ;D

Oye, ¡que no has contado cúal fue el libro que más vendiste! ¿Cúal fue el más vendido, por cierto? ¿cúal vendiste más?

XDDD

Martín Piñol dijo...

¡Magistral! ¿Para cuándo un bestseller de crónicas libreras para que se moje en un sant Jordi?