sábado, 31 de enero de 2009

Solución al acertijo

Lo mejor de plantear un acertijo que a priori no tiene solución es que se pueden encontrar mil soluciones distintas. Sólo es necesario un poco de imaginación y ganas de jugar.

Pero vayamos por partes.

En el capítulo séptimo de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, el Sombrerero insta a Alicia a responder a un sencillo acertijo en el transcurso de esa maravillosa merienda a la que creo todos nos haría gracia asistir alguna vez.

"¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?"

Después de pensarlo unos minutos, Alicia se da por vencida.

"- Me doy por vencida - replicó Alicia -. ¿Cuál es la respuesta?
- No tengo ni la menor idea - dijo el Sombrero.
- Ni yo - afirmó la Liebre."


A Lewis Carroll le solían preguntar por la solución del engima y él siempre declaró que no tenía ninguna.

Muchos años después un señor llamado Sam Lloyd, experto en acertijos y cosas varias, encontró la solución.

¿En qué se parecen un cuervo y un escritorio?

Pues en que sobre ambos escribió Edgar Allan Poe.

De esta manera hago mi pequeño homenaje en su aniversario.

A partir de aquí las variantes:
- Ambos tienen patas.
- Ambos en castellano acaban con la letra "o".
- Ambos tienen plumas.
etc.

Y los ganadores.

- La amiga Bellota por ser la primera en citar la fuente del acertijo.
- Silvia por ser la primera en citar una de las posibles respuestas con seguridad y no como probabilidad. Y resaltar que a veces las soluciones a los problemas está en lo obvio.
- Anna por decir: "el cuervo como un gran personaje del poema de Poe y el escritorio que es quien le daría asilo al papel". Lo que no deja de ser una parafrasis de la solución propuesta por Lloyd.

Agradecería a la triada de ganadora que me mandaran un mail con su dirección postal para poder hacerles llegar el regalo en la mayor prontitud posible (en mi perfil aparece el mail).

El premio no consistirá ni en un crucero por las islas griegas, ni un apartamento en Torrevieja, ni en un viaje organizado con muestras gratuitas de aceite ni en una fantástica colección de fotografías mías en poses sexis y lascivas.

Tengo una foto en una pose parecida a ésta, pero con mucha menos ropa.

Pero, tranquilas, será un buen premio.

Y a los demás, bien jugado. Próximamente habrá otro concurso. Más de creación, más de imaginación. Basado en un chiste... Sí, amigos, será ese chiste (quien lo escuchó, lo sabe).

viernes, 30 de enero de 2009

Últimas horas del acertijo

Escritorio y cuervo.
Escritorio y cuervo.
Escritorio y cuervo.

Alicia me manda esta posible solución al enigma. No es la solución que buscaba, pero no se puede negar que es ingeniosa, poética e imaginativa.

Así que mañana al mediodía, lista de ganadores.

Y solución al enigma. Retiro lo de permanecer en silencio.

miércoles, 28 de enero de 2009

En qué se parecen...

Pues eso, ¿en qué se parecen

un cuervo

y un escritorio?


Existen tres posibles respuestas a este enigma (por lo menos tres son las respuestas que yo he encontrado), pero sólo una tiene premio. Y es un fantástico premio. El primero que diga la respuesta lo recibirá en su casa. Y si además ese alguien me cita la fuente del enigma, pues premio doble que consistiría en... bueno, ya se verá.

A jugar, pues.

P.S. Si nadie acierta, no se dirá la solución.
P.S.S. Y, por favor, que todo el mundo piense un poco antes de darle al google. No es tan difícil.

martes, 27 de enero de 2009

El secreto del oso polar

Delante de un café, Nanuk me descubrió uno de los grandes secretos del oso polar.

Un oso polar no es blanco...

es transparente.

domingo, 25 de enero de 2009

Actes Sud

El viento vino y se fue dejando algunas hojas de los árboles moviendose en la incercia. Luce el sol, hace buen tiempo. El viento dejó en la ciudad tejas por los suelos, semáforos arrancados, árboles caídos (el mítico árbol del Punto Blanco ha pasado a la historia con todos los honores), el techo de un instituto por los suelos, heridos, muertos en parte de Catalunya, etc. El viento ha sido un visitante peligroso.

Ayer por la noche cena de cumpleaños en casa de mi buen amigo Cesc. Un buen ambiente y un buen rato entre nuevos y muy queridos amigos. Muchas risas, dedicatorias que dejaban el listón alto, frío mortal (como diría Montse) en el balcón, mientras los fumadores nos reuníamos para alabar nuestro alto grado de masoquismo al aguantar temperaturas heladas a cambio de unas pocas caladas de alquitrán y nicotina. Partidas de dominó contra un rival digno de reconocimiento. Al final me llevé a casa el título de "Emperador del universo". Se que llegará el día que me pidan la revancha.

El regalo para Cesc: el libro Las hermanas Brown, del fotógrafo Nicholas Nixon. Treinta y dos años fotografiando a cuatro hermanas. El proyecto de toda un vida, la captura del presente para preservarlo, el paso del tiempo detenido, las marcas de la vida, la historia de cuatro mujeres.



La promesa de una entrada para el blog hecha entre frío y risas y la posibilidad de que toda mi credibilidad desaparezca de un plomazo. Próximamente.

Llegar a casa después de tantas risas y tantas palabras. Leer un poco. Una buena noche. De vez en cuando se agradece.


Musica para este día: Sophie Auster. Actes Sud, 2005.
Lo estoy escuchando con mucho cariño, Cesc.

Hoy será un buen domingo.

sábado, 24 de enero de 2009

El viento, el frío viento...

Estamos en pleno temporal de viento. Según las noticias de los últimos días, Catalunya vive una entrada de "viento huracanado" (viento que sopla muy fuerte) que está siendo la noticia comentada del día. Naturalmente, nadie recuerda nada parecido a esto y empiezan las leyendas urbanas de abuelas montadas en sus mecedoras surcando los aíres mientras intentan controlar los refajos, árboles arrancados de sus raíces que reaparecen a tres mil kilómetros de distancia en el jardín de una honrada familia de traficantes de órganos, de colegios que pierden el techo y miles de expedientes y exámenes desaparecen por los aíres impidiendo la evaluación de los alumnos.

No se que hay de cierto en estas historias. Posiblemente no sean más que pequeñas exageraciones. Aunque eso sí, hace mucho viento. Y un día como hoy me ha traído algunas cosas en mente.

1. Que haga mucho viento es malo para las ventas. Nadie se asoma a las calles y prácticamente nadie ha entrado en la tienda. He aprovechado para hacer unas devoluciones, buscar libros y hablar con mi compañero de trabajo Cristóbal de temas bastante soeces.

2. La vuelta a casa ha sido un desfile de árboles partidos y tirados por el suelo, tejas sueltas, personas que no podían avanzar dos pasos, sonido de ambulancias y bomberos. Si no fuera porque la gente se puede hacer daño y la ausencia de música graciosa que acompañe las caídas, podía ser bastante divertido.

3. Una frase que me dijo Aurora hace ya bastantes años cuando, como ahora, no podíamos comunicarnos con regularidad: si el viento sopla es que pienso en ti y estoy hablando contigo sentada en el Malecón. Consciente de la cursilada, me gusta pensar que un poco de eso hay.

No he encontrado ninguna foto de viento que me gustara. Así que pongo ésta. Podemos imaginar que el gato mira un árbol mecido por el viento o algo así.

4. Aunque siempre he creído que el viento me odia.

5. Una canción de los sesenta que oi por primera vez en mi única experiencia en un karaoke y que con el tiempo se ha convertido en una de esas canciones que sin saber muy bien por qué, me gustan.




viernes, 23 de enero de 2009

jueves, 22 de enero de 2009

De dragones y curiosidad

Hace ya unos seis años se estrenó la película El reino de fuego (Reign of fire, Rob Rowman, 2002), una película de acción que fue un estreno más entre un montón de estrenos. Tampoco es que la película mereciese especial atención. Es bastante aburridilla, tópica y con un par de escenas de acción que no están mal. Si la vi en su momento fue por un solo motivo. Salen dragones. Y los dragones molan.
La película para mí no tiene ningún interés (según un par de amigas los protas tienen mucho interés, pero ese es otro tema). ¿De qué va la película? Bueno, pues resulta que pasa en Londres. Un crío de unos doce años no sé porqué motivo despierta a un dragón dormido que vivía en el subsuelo. La criatura resulta que tenía un mal despertar y junto a unos colegas destruyen la ciudad, se cargan a un montón de inocentes y dominan el mundo sumiendo a la humanidad en una segunda edad oscura. Los supervivientes se reúnen en ciudades esperando que aparezca un héroe que restablezca el orden y extermine a esas criaturas voladoras tan chulas hasta que llega un guerrero misterioso y bla bla bla. Los protagonistas son Christian Bale (chulo él) y Matthew McConaughey (más chulo todavía) y no se llevan bien, pero aprenden a respetarse y admirar los respectivos músculos y sale una rubia buenorra con metralleta. Vamos, un alarde de originalidad que tira de espaldas.

Pero si recuerdo esta película que podría haber olvidado perfectamente (mi cerebro es un hervidero de asuntos inútiles increible) es por una escena. Al haber arrasado con toda cultura, el nuevo orden no tiene televisión (¡no puede ser!), ni teléfonos móviles (no, eso no me lo creo), ni facebook (¿entonces como quedaba la gente y veían las fotos de las borracheras?), ni cine (esto me afecta y no es para bromas). ¿Y cómo se entretiene la gente? Pues se vuelve a la tradición oral y al teatro. A la magia de lo físico y la épica.

video

Lo que me gusta de esta escena (dejando a un lado el componente de frikismo que nunca he tenido porque no soy un especial fan de la saga de La guerra de las galaxias) es el entusiasmo y la mirada inocente de los niños. Estar asistiendo a algo importante (y, seamos sinceros, el "No, yo soy tu padre", fue algo importante). Y no están viendo una película. Es una obra de teatro. El poder la oralidad.

Pero lo que me emociona es la mirada inocente. La sorpresa. Cuando vi esta escena me di cuenta que ése es mi objetivo en la vida al enfrentarme al arte. Contemplarlo desde la mirada limpia y sin prejuicios, dejándome llevar por la sorpresa. Porque esa capacidad para la maravilla se pierde cuando crecemos y adoptamos una pose más escéptica y chulesca. Diciendo cosas como "a mí ya nada puede sorprenderme", "no pienso hacer eso porque es infantil" (¿por qué llega cierto momento en la vida que utilizamos la palabra "infantil" como si fuera algo peyorativo?), dejamos de leer novelas de aventuras, imaginar mundos distintos, creer en las hadas y pasamos el día diciendo la tan temida frase de "eso es cosa de críos". Es una verdadera lástima que cuando crecen, la mayor parte de la gente deje de creer en la magia y empiece a buscar los trucos.

Desde siempre he oído decir que la vida hay que vivirla como si cada segundo fuera el último. La verdad, yo paso. Creo que resulta agotador estar exprimiendo a cada momento todas las posibilidades. Además, con la presión de que a lo mejor es el último segundo de vida que me queda no creo que pudiera llevar con dignidad tanta intensidad. Prefiero vivir, como dice la canción de Aldebert, cada segundo como si fuera el primero. Con esa mezcla de sorpresa, maravilla e infinita curiosidad.

martes, 20 de enero de 2009

Sobre Sant Jordi y un café

Pues bueno, que ayer empezó de forma casi oficial la campaña de Sant Jordi. Sí, ya se que estamos en enero y que hasta abril no toca, pero ayer recibimos la visita de dos representantes (Jordi de Àgora y Gerard de Random) y empezaron con las insinuaciones de campaña, presentando algunas de las apuestas, algunos títulos mediáticos y cosas de esas.

¿Qué? ¿Qué hay un par de personas que no saben qué es la fiesta de Sant Jordi? Pues lo explico, pero breve. Que si ahora me entretengo echo a perder un montón de entradas para los próximos días.

Sant Jordi es la fiesta importante en Catalunya. Se celebra cada 23 de abril no importa en que caiga. Digamos que es un día festivo (aunque se trabaja) y cultural. La tradición arranca de una leyenda muy arraigada en estos pagos (que ya explicaré con calma y lujo de detalles cuando la fecha se acerque) y de la voluntad de unos libreros de vender más. Porque en este día lo más importante es el libro.

La tradición dicta que los libreros sacan sus negocios a la calle. Se montan paradas en las plazas de la ciudad (de todas las ciudades y pueblos y aldeas y villas de Catalunya) y se exponen los libros. La gente compra y regala libros. Porque la tradición dicta que las muchachas regalan un libro a sus enamorados. Y viceversa. Y enamoradas a enamoradas y enamorados a enamorados. Y se regala también entre la familia, a los amigos, y a los que se llaman Jorge, Jordi, Jordina, Yuri, Georges, Gorgina, George, Giorgio, etc. (que para algo es su santo y espero que todos os acordéis). Y una rosa. Estos son los regalos de Sant Jordi: un libro y una rosa. Una fiesta muy de enamorados (en verdad, en Catalunya se considera que este día es el verdadero día de los enamorados). Las calles se llenan de gente que busca libros, compra, chafardea, consulta y, en ocasiones, roba. Prácticamente a todo el mundo le gusta esta fiesta porque se hace en primavera, porque la gente está más contenta, porque hay libros, etc.

Aspecto a primera hora de la mañana de la Plaça de Cal Font (centro neurálgico de la fiesta en Igualada) y de la parada que los de la Llibreria Aqualata montamos el año pasado. Yo estoy detrás de la cámara.

Y para los libreros es el día grande. Muchas librerías viven el resto del año de los réditos que les ha dejado este día. Porque se venden muchos libros. Pero muchos. Muchos, muchos, muchos. Algunos de ellos serán acogidos con ilusión y cariños, otros se olvidarán en la mesilla de noche o en alguna estantería. Porque es un día que se regalan libros, muchos de ellos porque lo dicta la tradición.

Era mi fiesta favorita del año. El día que esperaba con ilusión y me zambullía en las paradas de libros a un euro y llegaba a casa cargado con veinte o treinta libros viejos, amarillos, rotos o escritos. Me encantaba ese día y solía pasarlo en la calle. Hasta que empecé a trabajar como librero.

Desde ese día odio Sant Jordi.

Da mucho trabajo un solo día. Demasiado. Existe la creencia que un librero empieza a preparar la campaña Sant Jordi un par de días antes, como mucho una semana. No señores. Es un trabajo de meses. De ver novedades, comprarlas, meter en cajas, preparar la parada, buscar gente que trabaje ese día, libros arriba y abajo, representantes que llegan y se van y todos tienen en su fondo el libro que más se venderá ese año, etc.

Algunas de las cajas llenas de libros que llevamos a la Plaça de Cal Font el año pasado para Sant Jordi.

¿Y por qué me dedico ahora a hablar de Sant Jordi si la fiesta es en abril? Porque estamos a punto de empezar la campaña y he decidido que iré escribiendo entradas para que sepáis todo el trabajo que comporta ese día. Si os interesa, claro.

Y porque quiero hacer un retrato del trabajo del librero en la fiesta grande del libro y reparar así un agravio histórico: cuando al día siguiente se hace balance de lo que ha traído el día de Sant Jordi siempre se habla de tres factores, autores, lectores y editoriales. Del librero, nunca. Y, en mi modesta opinión, creo que es importante.

Y así vuelvo al principio. Ayer llegaron dos representantes con las primeras novedades para Sant Jordi y las primeras promesas de ventas astronómicas de sus libros. Empezamos a ordenar el almacén con vistas a todo los que nos llegará. Empezamos a decidir qué haremos este año, pocos títulos y mucha cantidad, o muchos títulos y poca cantidad. Aunque el resultado está más que claro, muchos títulos y mucha cantidad. De eso no nos libramos.

***

Y no creáis que me he olvidado de lo que había prometido. La relación café-libros. Pues es muy sencilla. A finales del siglo XVII se fundaron las muchas revistas literarias que permitieron la difusión de la lectura a más potenciales clientes. Este aumento de las revistas coincidió con la popularización en Europa del café como bebida social y como local (no sin pocas polémicas... los vecinos solían quejarse del humo, el ruido y las personas indeseables que empezaron a rondar por las calles... ¿os suena de algo todo esto?).

Quiso la historia que muchos de estos cafés se abrieran en los mismos distritos donde había librerías por lo que el siguiente paso estaba cantado. Comprar un libro o una revista en la librería e ir a tomar un café. Poco a poco los clientes empezaron a intercambiar opiniones y se crearon tertulias literarias donde se discutía de lo divino y lo humano. Todos juntos y de todas las profesiones alrededor de una taza de café. Y a esta mágica alquimia de libros y café se añadió muy poco después otro invitado: el tabaco. La ecuación ya estaba completa: el café alteraba los ánimos, soltaba la lengua y daba vitalidad. El tabaco calmaba, relajaba y daba a la conversación un tono moderado. El libro daba el tema de conversación.

Y así ha sido hasta ahora. La importancia que ha tenido para la evolución de la literatura los cafés literarios, las tertulias, las largas charlas. Y el placer personal de entrar en una cafetería o en un bar, pedir un café y sentarse en una mesa para leer con placer e intimidad en medio de la gente, para subrayar, discutir con nadie, escribir, pensar y disfrutar.

Como siempre, nos vemos en los bares. Pero si nos encontramos con un libro entre las manos, antes asegurarnos de que no vamos a interrumpir algo importante.

lunes, 19 de enero de 2009

Algunas frases que me han dicho a lo largo de mi vida

Como las entradas preparadas aún necesitan un poco de reposo, y como hoy tengo ganas de escribir y recordar a personas que pasaron por mi vida y, por suerte, ya se fueron, una serie de curiosas frases que me han dicho.

Una mujer

- Hablar contigo es fácil. Me siento cómoda y puedo ser yo. Ya sé que tienes polla, pero en tu caso es como si estuvieras castrado.

***

Una amiga que prometía

- Estar contigo es tener todas las ventajas de tener novio. Ir al cine, charlar, ver la tele, cocinas. Todas las ventajas, pero con la suerte de no tener que acostarme contigo y poder follar tranquila con otros.

***

Un cliente

- Quiero un libro para regalar del tipo de libros que leen las personas a las que no le gusta leer.
- Pues no sé...
- Sí, hombre. Novela negra, novela de intriga y de detectives. Literatura para tontos y fracasados.

***

Eligiendo el camino para ir a una discoteca

- ¿Y si vamos por aquí?
- Mejor no.
- ¿Por qué?
- Hay muchas... muchas... putis.
- ¿Y?
- Lo dijo por nuestras novias. Mejor que no sepan que existen ese tipo de mujeres.

***

Una chica que me gustaba

- Es que con vosotros los gays es muy fácil hablar.
- No soy gay.
- Ah... pues eso lo cambia todo.
Dos días después dejó de hablarme.

***
Un conocido al ver que estaba leyendo La zona muerta de Stephen King

- ¿Te gustan las novelas de Stephen King?
- Sí.
- ¿Por qué?
- No sé, son entretenidas.
- Vaya, y yo que pensaba que eras inteligente.

***

La novia (futura ex) de un conocido que no me caía especialmente bien

- ¡No te gustó Titánic!
- Pues no, me pareció una mierda.
- Entonces tú no quieres a tu novia ni nada. No me extrañaría que la pegaras y todo

***

Y algún día, si me armo de valor y honestidad, haré una entrada con esas frases horribles que yo he dicho. Que haberlas, haylas.

Conversación bajo los olivos, Matisse (1869-1954)

Y mañana hablaremos de librerías, Sant Jordi y café.

domingo, 18 de enero de 2009

El peso de un domingo

Los domingos suelen pasar como un espíritu despistado que ha perdido su mechero.

Levantarse tarde, acabar una novela negra donde se descubre quién es el muerto, fumar un par de cigarrillos paseando por el parque y tomarse un café con leche en el bar de los domingos. Escuchar conversaciones ajenas por curiosidad y ganas de aprender algo. No hacer nada de provecho. Desear que este día pase rápido, pero que no llegue mañana.

Parece que los domingos están construidos para la melancolía. Para recordar lo que no se tiene o lo que ya está olvidado.

Y echar de menos.

Sunday, Edward Hooper

Las calles de La Habana.
Aurora y Laura.
La mujer que corría por una calle y solo me dejó el destello de su pelo.
El sol del verano.
Amigos que un día se reencuentran y se vuelven a perder.
Aquellas largas conversaciones llenas de proyectos que sabías que no se harían realidad.
Amores que murieron entre risas, y amores que no eran amores sino manos mal entendidas.
La primera lectura de La isla del tesoro.
La primera mirada cruzada con una muchacha antes de saber que es imposible.
El primer cigarrillo después de meses sin fumar.
Añorar los desiertos de Finlandia aunque allí no hay desiertos y no se ha estado en Finlandia.
Una cerveza en Madrid.
Un cuento escrito con prisa en Girona que se perdió en el viaje de vuelta.
Algo que no llegó a nacer en la noche de Igualada.
Una desconocida en París que te sonríe en el metro y se baja en la siguiente parada.

Fotografía de Jose Luis Guerín
De la exposición, Las mujeres que no conocemos


Música sencilla, irónica y triste para un domingo.


Tú Garfunkel, The New Raemon
De lo mejor del 2008

sábado, 17 de enero de 2009

Aunque no soy muy dado a las citas...

... después de leer un par de periódicos mientras me tomaba una cerveza y de ver las noticias en al tele... solo puedo buscar otras palabras donde encuentre mi voz.

"La eternidad se nos escapa.
Tales días, en los que naufragan en el altar de nuestra naturaleza profunda todas las creencias románticas, políticas, intelectuales, metafísicas y morales que años de educación y cultura han tratado de imprimir en nosotros, la sociedad, campo territorial agitado por ondas jerárquicas, se sume en la nada del Sentido. Adiós a los pobres y a los ricos, a los pensadores, a los investigadores, a los dirigentes, a los esclavos, a los buenos y a los malos, a los creativos y concienzudos, a los sindicalistas y a los individualistas, a los progresistas y a los conservadores; ya no son homínidos primitivos cuyas muecas y sonrisas, adorno, lenguaje y códigos inscritos en el mapa genético del primate medio, solo significan esto: representar su papel o morir.
Esos días uno necesita desesperadamente el Arte."


Muriel Barbery,
La elegancia del erizo, ed. Seix Barral.
L'elegància de l'eriçó, ed. Edicions 62.


Natalie Dessay canta Les oiseaux dans la charmille de la ópera Los cuentos de Hoffmann de ese genio infinito que era Jacques Offenbach.

jueves, 15 de enero de 2009

Crónica de una obra VII

Resumen de lo publicado: Después de un pequeño refrigerio decidimos por unanimidad ir a buscar la llave que ocultaban las temibles amazonas. Jordi intentó convencernos para no volver a Igualada porque en Aqualata estábamos estupendamente. Aunque consideramos esa posibilidad, Ciocco nos advirtió que terribles fuerzas oscuras y malignas también iban detrás de los objetos y que si los conseguían y entraban en nuestro mundo destruirían el universo. Tras una discusión metalingüística nos pusimos en camino.

Llegar al primer pueblo, donde en teoría podríamos descansar y comprar el material que necesitábamos para la aventura, nos llevó cerca de dos horas aunque Ciocco nos dijera que en media hora de paseo tranquilo habríamos llegado. El problema fue que nos perdimos cuatro veces por culpa de las malas indicaciones del responsable del mapa.

Que eras tú.
- Eso no tenías porque comentarlo, Jordi.
Demasiado tarde. Además, si eres un inútil con los mapas no es problema mío... es tú problema y debes admitirlo.
- De acuerdo... no sé leer un mapa.
Que tonto que eres por favor... Adelante continúa.

Gracias. Pues eso que nos perdimos por culpa de un mapa mal hecho...
Sí, sí.
... y porque el paleta insistió en detenernos justo cuando la primera cúpula de la ciudad aparecía por el horizonte. Se plantó en medio del camino, puso los brazos en jarras y declaró que no daba un paso más.

- No doy un paso más - dijo el paleta. - Hasta que no desayunemos, yo no me muevo.
- ¿Qué? - preguntó incrédulo (toma palabra) Ciocco.
- Pues eso, que la hora del desayuno se ha pasado y nos hemos callado, pero llega un punto que si no me tomo mi bocadillo, una cerveza y un carajillo... pues que no funciono.
- Pero si estamos a punto de llegar.
- Mira chiquitín, lo que digas me parece bien, pero nosotros necesitamos por lo menos una hora para desayunar y hablar del fútbol. Pase lo que pase.
El mimo se unió al paleta mientras se frotaba con movimientos circulares la barriga.
Ciocco empezó a moverse de un lado a otro moviendo sus paticortos brazos de un lado a otro.
- Cada minuto que pasa es un minuto que las fuerzas de la oscuridad ganan más poder.
- Que sí, que sí. Pero que si no desayunamos aquí no se mueve ni dios. ¿Verdad, chicos?
Unanimidad.
- ¿Hay algún bar cerca? - preguntó el yesero -. Y si tiene máquina de tabaco, mejor.
- Jorge - dijo Ciocco -, tu eres el líder y el elegido para traer el equilibrio al universo... di algo. Convéncelos.
- Joder con la mierda de ser líder... Reconozco que tienes razón, Ciocco, pero un poco de hambre si que tengo... es que desde que me he levantado esta mañana sólo he tomado un café con leche y la cerveza que hemos tomado me ha abierto el apetito.
Ciocco dejó caer los brazos impotentes, pero sin un asomo de querer rendirse.

Tres horas después llegamos a un acuerdo. Iríamos al pueblo, Ciocco haría las compras pertinentes de armas, equipaje y provisiones y nosotros tendríamos dos horas libres para hacer turismo. Aceptamos. Dos horas libres era mejor que los cinco minutos que nos proponía al principio. Echamos de nuevo a andar. El mimo se avanzó un poco y empezó a hacer que hablaba por teléfono... Fue una sensación extraña, pero me pareció ver que movía los labios.

- Por cierto, Ciocco - dijo el electricista -. ¿Cómo se llama esta ciudad?
- Ciudad... si es un puñetero pueblo roñoso... Se llama Falac. Y tenemos suerte. Hoy es día de mercado.

Lo que Ciocco llamaba un "puñetero pueblo roñoso" era la ciudad más hermosa que todos habíamos visto en toda nuestra vida, si exceptuamos Igualada, claro. Grandes avenidas, edificios altos coronados por impresionantes cúpulas de mármol. Imponentes estatuas adornaban las calles. Una cascada descendía en medio de la ciudad y caía en un impresionantes lago natural. La ciudad se había construido a su alrededor. Y los habitantes... era una pequeña representación de todas las criaturas que habitaban en el reíno de Aqualata. Enanos, humanos, gules, ondinas, manairons, hadas y...
- Elfos... joder, no - dijo Ciocco.
- ¿Qué pasa?
- No habléis con ellos, sobre todo. No habléis con ellos.
- ¿Por qué?
- Son unos pesados.
Como los cristianos, vamos.
- Peor, mucho peor.
Los elfos eran criaturas bellísimas. Quien se acercó a nosotros con unos papeles en la mano era una elfa; una preciosidad de largos cabellos y enormes ojos grises que más levitaba que caminaba.
- Hola - dijo ella - ¿extranjeros?
- Largo - dijo Ciocco mientras intentaba golpearla con su bastón - no queremos nada.
- ¿Tampoco la salvación? Porque nosotros ofrecemos la salvación. Si venís con nosotros y seguís unas sencillas doctrinas os llevaremos a los Puertos Grises cuando el fin del mundo empiece. Solo tenéis que entregar vuestras posesiones materiales y ofrecer obediencia ciega.
- No es mucho - dijo el electricista.
- ¿Verdad que es un precio pequeño para obtener la gracia eterna?
- ¡Qué os larguéis pesados! - dijo Ciocco - desde que se prohibió mataros que estáis de un crecido.
- Pero si no os llevará mucho tiempo - y mientras decía esto un tirante de su vestido se deslizó tímidamente. Casi dejaba adivinar su blanca carne.
- Déjala que hable, déjala - dijimos todos.
Si hombre, que hable.
- Me llamo Merenwen. Y os traigo La Palabra.

Cuando cuarenta minutos después, tras haber dado nuestros datos, parte de nuestro dinero y voluntad a tan sabia elfa que nos salvaría del apocalipsis y que traía la palabra verdadera, nos sentamos en una pequeña plaza.

- Anda que vais a sobrevivir vosotros en este mundo si le hacéis caso al primer elfo que os encontráis.
- Es que estaba muy buena - dijo el yesero - Era una muy buena potra.
- ¡No mancilles el honor ni el nombre de mi señora! - dijo el electricista.
Ostia, sí que era guapa... ¿os habéis fijado cuando se le deslizó...?
- Jordi, no consiento que hables así de mi señora Merenwen - chilló furioso el electricista -. Es la elegida de los dioses para traer respuestas fáciles a los grandes enigmas de la humanidad.
Puto fanático.
- Atended - gritó Ciocco - dejad vuestras ridículas discusiones pseudoteológicas para después. Voy a comprar. Vosotros haced lo que queráis. Visitad con calma el mercado, dad una vuelta por el pueblo. Sólo os prohíbo una cosa. Sólo una. Y hacedme caso, por favor. Bajo ningún concepto entréis en la taberna El cerdo retozón. Aunque hacen una cerveza genial y unas patatas picantes deliciosas es un lugar lleno de pendencieros, personas de la peor calaña, gente violenta, broncas, peleas y asesinatos de forma continuada. Y además los lavabos no tienen puerta y nunca tienen papel higiénico. ¿De acuerdo?
- Sí - dijimos todos.
- Entendidos, pues.
Y Ciocco se perdió entre la multitud.
- Bueno, ¿qué hacemos?
- Podemos ir al mercado y ver qué hay.
- Yo quiero desayunar - dijo el paleta - y la verdad que esa cerveza y esas patatas picantes prometían lo suyo.
- Pero nos han prohibido entrar en El cerdo retozón... - dije.
- ¿Y tú le vas a hacer caso al pequeñín? Además, con su tamaño todo le parece un peligro.
- Bueno... ¿qué hacemos?
- Dejarlo en manos de mi señora Merenwen.
Fanático.

Si quieres que nuestros héroes se vayan a dar una vuelta por el mercado deja un comentario que incluya la palabra "Calcuta".
Si quieres que nuestros héroes entren en El cerdo retozón deja un comentario que incluya la palabra "Pandereta".

Más o menos este era el aspecto de Merenwen, la elfa pesada que nos encontramos.
El dibujo lo hizo el paleta de memoria. Y reproduce fielmente su gran sabiduría.


CONTINUARÁ

Advertencia: A partir de la próxima entrega de estas crónicas empezarán a sucederse las escenas de violencia gratuita. Lo digo para advertir a las almas sensibles.
Advertencia II: Para las escenas de sexo gratuito tendréis que esperar un poco más.

miércoles, 14 de enero de 2009

Microcuento

Lo peor de levantarme una mañana con un hacha clavada entre los omoplatos no fue el dolor en sí. Lo peor fue el recuerdo de la vocecita aguda de mi madre repitiendo una y otra vez que no dejara mis juguetes tirados por toda la habitación.

lunes, 12 de enero de 2009

Sobre el blog y mi alter-ego

Hoy desde las páginas de su blog, Lebanon nos invita a escribir una entrada con un tema muy específico. Y como las entradas que tenía yo preparadas necesitan un par de día más en el horno antes de ver la luz, me apunto encantado. Estas cosas ayudan mucho cuando quieres escribir algo, pero no tienes el qué.

El motivo de la entrada es el propio blog. Una reflexión de los cómos y porqués nos llevan a pasar tiempo de nuestras vidas escribiendo algo que leen unos pocos. Así que sobre esto irá la entrada de hoy. Unas preguntas y unas respuestas. Y para hacerlo bien y ponerle un poco de distancia a esto, no escribiré yo la entrada. Será mi buen amigo Gustav von Samenbach III, el que se encargará de ello. Ha aceptado muy amablemente este encargo pese a ser un hombre muy ocupado. Y supongo que Gustav no necesita presentación, pero por si hay algún despistado haré una muy breve.

Gustav von Samenbach III es un genial escritor de origen alemán, pero residente en Igualada desde hace unos quince años y famoso autor de novelas como La gata que no entendía que no podía ser una estalactita, Un berano con b o la fantasía heróico-musical-satirico-espitolar ¡Pos anda que tú! Asimismo es director del grupo teatral La sonrisa que no es sonrisa es queso de vaca y en un futuro debutará como director de cine con Babosa carnal no me toques no me toques, una epopeya en clave de farsa protagonizada por calcetines. Durará seis horas.

Así que yo me retiro a mi cuarto a leer un poco y dejo la palabra a Gustav. Cuando quieras.

Gracias Jorge. Perdonen mi acento. Aunque alemán no hay manera que me quite este acento italiano que me dejó de recuerdo una de mis numerosas amantes, Mónica, una bella soprano de Milán que falleció en trágicas circunstancias al verse arrollada por un cochecito de bebé. Siempre fue una muchacha delicada. Veamos esas preguntas... Como biógrafo oficial de Jorge creo que podré contestarlas todas. Y lo que no sepa lo inventaré y me quedaré tan fresco.

Mano izquierda de Gustav von Samenbach III.
Con esa mano hace auténticas maravillas. Ninguna útil, por cierto.

¿Qué te motivó a escribir un blog?

Bueno, para esta pregunta existen dos teorías. La primera, y la que Jorge me ha pedido encarecidamente que cuente, es el impacto que le supuso unas frases que encontró en el cuento que cierra el libro de Agustín Fernández Paz, Lo único que queda es el amor (ed. Anaya, 2007). El cuento en cuestión se llama "Un río de palabras" y las frases que tan honda huella le dejaron dicen así:

...volví a encontrarme con uno de esos libros que me alborotan el corazón y me devuelven la alegría de vivir. Al acabarlo, me asaltó otra vez el deseo que siempre siento en estos casos: telefonear a los amigos, salir a gritar en medio de la calle, proclamarlo a todo el mundo. Decirle a la gente que no puede seguir viviendo sin leer un libro así, hay demasiada belleza en él para ignorarlo.

Fue el deseo de compartir lo que le gusta, lo que encuentra y emociona lo que hizo que una tarde muy aburrida abriera el blog.

La otra teoría, que Jorge me ha pedido que silencie, se reduce a la influencia y presencia de una mujer. Pero para ver el desarrollo de esta trepidante historia de acción, suspense, romance, erotismo y pedantería tendrán que esperar a la publicación del primer tomo de las memorias de Jorge, Menudo pringado por dios.

¿Consideras que escribes bien?

A ver, si habláramos de mí, Gustav von Samenbach III, la respuesta sería clara. Sí. Un verbo exquisito con una construcción del discurso clásica, pero extremadamente moderna.

Pero si nos referimos al estilo de Jorge... bueno, él lo intenta. Por lo menos no hace faltas de ortografía (y las que aparecen suelen ser errores de picado). De él han dicho que tiene un estilo muy personal y peculiar. Él prefiere tomarlo como un elogio.

¿Cuál sería un adjetivo (o varios) para describir el blog?

Supongo que diría que variado. Frívolo y divertido. Aunque no sé por qué en ocasiones se deja ver entre las bromas un deje de tristeza y desengaño...

¿Has pensado a veces que se ha vuelto una obligación? ¿Cuándo?

Mientras compartíamos una botella de ron en L'ou com balla (botella que, por cierto, se bebió el solito mientras cantaba rancheras y me volvía a atosigar con última historia de amor imposible, y que tuve que pagar yo) me comentó que el día que escribir el blog deje de ser divertido, adiós muy buenas. Para obligaciones ya tiene bastantes en la vida. El blog es un juguete para divertir a los demás y divertirse él. Y actualiza tanto no porque se sienta obligado, sino porque tiene muchas cosas que compartir.

Y si nadie se lo dice ya se lo diré yo, actualizas demasiado, Jorge, deja respirar, por favor.

Seguro que hay blogs que no te gustan. ¿Cuáles son? ¿Te atreves a mencionar uno en concreto y decir por qué?

Jorge no me ha comentado nunca el nombre de algún blog que no le gustara. A veces me dice que ha encontrado este o aquel que le parecen horribles, pero no recuerda los nombres y no hace nada por recordarlos. ¿Para qué seguir algo que no gusta? Prefiere invertir el tiempo leyendo lo que le divierte o viendo crecer el cesped.

En los blogs que visitas, ¿comentas por obligación?

Nunca. Jorge solo comenta cuando cree que tiene algo que decir... aunque para lo que a veces ha dicho en algún blog mejor se hubiera estado calladito.

¿Cuál es tu post favorito de esta año?

Elegiré yo por Jorge porque él diría cosas como que no puede elegir, que le gustan todos por igual y chorradas de este tipo:

Esto no es una historia de amor porque se puede ver con diáfana claridad la influencia que mi novela Verde es nombre de algo que vete a saber qué es ha ejercido sobre él.
De momentos robados por los gratos recuerdos.
Y llegó el último día por ser un buen resumen de todo lo que pretende ser este blog.

Y si algún lector tiene alguna entrada favorita, que se pronuncie. O no.

¿Cuál es tu Blogger favorito? No valen preferencias afectivas.

En esto calla. Aunque eso sí... sus cinco blogs favoritos son de cinco mujeres.

¿Temes que un día tu blog deje de atraer a la gente y dejen de comentar?

Aunque Jorge diría que no, que no escribe por los comentarios (y en esto tiene razón), se llevaría un chasco muy fuerte si no le leyeran. Y esto por la sencilla razón que dentro de su pequeño cerebro lleno de aventuras juveniles, mujeres desnudas, lecturas pedantes y cine de todo tipo, no concibe el acto de la escritura si no existe un lector. Todo lo que escribe Jorge es para que alguien lo lea. Hasta lo más personal y privado. Si no tuviese aunque fuera un simple lector, Jorge dejaría de escribir. Para él escribir es un acto de amor. Escribir es compartir.

Para mí escribir es que me admiren y me deseen. Es lo que ocurre cuando las mujeres leen mi ditirámbico poema en alejandrinos Susuyaya y qué más.

¿Qué crees que no serías capaz de escribir?

Por favor, que Jorge nunca cuelgue sus poemas. Por respeto a sus lectores y a él mismo, los poemas no. De todo lo demás puede escribir. Y se aceptan sugerencias y peticiones (y cuanto más cafrés, jodidas y cabronas, mejor. Todo sea por putearle).

¿Piensas que un blog es una especie de terapia?

Para mí, Gustav von Samenbach III, la única terapia que funciona es la masturbación, no un blog. Pero no hablamos de mí, que es un tema fascinante, sino de Jorge. No. Para Jorge el blog es algo divertido. La terapia la hace bromeando con los amigos y viendo cine clásico.

Y para acabar, ¿una pregunta que te gustaría que contesten tus lectores?

Vaya... un momento, voy a preguntarle a Jorge... os dejo un poco de música y ahora vuelvo.



Sí, sí, leyendo... por favor, qué tiene 31 años y haciendo esas cosas.... Bueno, que le vamos a hacer. Dice que no, que no tiene ninguna pregunta en especial. Pero yo sí. Una pregunta, ¿por qué perdéis el tiempo leyendo esto cuando podríais estar leyéndome a mí?

Y si alguien tiene alguna pregunta para Jorge que se la haga. Y cuanto más humillante, mejor.

domingo, 11 de enero de 2009

Sobre los peligros de la lectura

Según afirmaba el pedagogo Karl G. Bauer en 1791,

La falta total de movimiento corporal durante la lectura, unida a la diversidad tan violenta de ideas y de sensaciones sólo conduce a la somnolencia, la obstrucción, la flatulencia y la oclusión de los intestinos con consecuencias bien conocidas sobre la salud sexual de ambos sexos, muy especialmente del femenino.

Quiere decir, entre otras cosas, que la estimulación imaginativa que produce la lectura sólo puede conducir a la enfermedad o a algo mucho peor como quiso advertir el pintor Baudouin a las jóvenes damas en su famoso cuadro La lectura (hacia 1760):

Una mano en el libro y la otra... la otra... ¿qué está haciendo la otra?

O la lectura como primer paso hacia la infidelidad como en el cuadro de Feuerbach, Paolo y Francesca (1864)


Si es que leer por placer solo puede llevar al placer...

donde los jóvenes amantes están a punto de dejarse llevar por los sentimientos que les ha inspirado la lectura de una simple novela de caballerías. El punto en suspenso antes del famoso beso. Y pensar que por una intensa lectura, el propio Dante los condenó al infierno en su Divina Comedia...

Si es que por culpa de la lectura hasta llegamos a ser desagradecidos y nos podemos llegar a convertir en personas desagradables. Si no que se lo digan a la mismísima virgen María tal como la retrató Simone Martini en su retablo Anunciación (1333).

La cara de María es un poema... por mucho que venga un ángel a a anunciarme, a nadie le gusta que le interrumpan cuando leen.

Porque seamos sinceros, salvo contadas ocasiones, la lectura es un placer íntimo y secreto. Y molesta mucho que te interrumpan por cosas tan tontas como preguntar la hora, el aburrimiento del interlocutor o un milagro. Durante los segundos después de la interrupción no somos buenas personas.

viernes, 9 de enero de 2009

Ayer

Me levanto tarde. Día libre. Pipí y ducha. Salgo a desayunar. Leer tranquilo el periódico mientras me tomo un café con leche y una magdalena con pequeñas virutas de chocolate. Compruebo por enésima vez que la sección de contactos casi gana a la de cultura. Fumo un par de cigarrillos. Escribo cuatro notas en la libreta y una frase que puede ser el inicio de algo y que creo que oí en una canción.

Era una noche convencional.

Vuelvo a casa. Como. Un rato delante del ordenador para actualizar el blog con una imagen (me siento de un vago espantoso) que creo que dice muchas cosas. Paseo por los blogs habituales.

A las dos y media salgo de casa. A las dos y cincuenta entro en el Café de Silvano. Alicia ya me espera. Tiene la misma manía que yo, o llegar puntuales hasta la exasperación o unos minutos antes. Hablamos de Harry Potter, de osos polares, de amigos que se van, de lo escrito o dibujado cuando éramos adolescentes. En cuatro encuentros nos hemos hecho grandes amigos. A las cinco menos cuarto salimos. Ella para ir a buscar a su hijo, yo a sucumbir a los encantos de comprar por comprar cuando no puedo permitírmelo. Detrás dejamos muchas palabras, dos cortados con la leche fría y dos cafés con leche. El próximo día me toca a mí pagar.


Posa'l disc. Tienda de dvd's y discos de referencia. Encargo de Scaramouche (George Sidney, 1952). Acabo comprando, claro. Dos clásicazos. Fitzcarraldo (Werner Herzog, 1982) y Novecento (Bernardo Bertolucci, 1976), pero la versión larga de cinco horas y pico. Ambas películas serán un viaje alucinante.

Compra de dos libros. Poderosa de Sérgio Kléin (Bromera, 2008) para ponerme al día de literatura juvenil y Todos los cuentos de Cristina Fernádez Cubas (Tusquets editores, 2008) autora de la que no he leído nada pero que desde siempre me ha intrigado. Leer dos frases por encima en la librería me convence que será una de esas autores importantes en mi vida.

Nunca las temí ni nada hicieron ellas por amedrentarme.
Ahora, cuando golpeaba la puerta por tercera vez...

Sin saber que rumbo tomar en mi paseo me decido por el cine. Di que sí (Yes Man, Peyton Reed, 2008), una más que agradable comedia romántica con Jim Carrey y la adorable Zooey Deschanel. Soy el único espectador de la sala. Me relajo y disfruto. Me dejo llevar por una comedia llena de los consabidos tópicos, por un Jim Carrey que relajado funciona como cómico, pero exagerado llega a cargar (aunque esto último solo pasa una vez en la película). Si me tengo que quedar con tres escenas sería la seducción de la casi septagenaria Fionnula Flanagan al protagonista, la fiesta Harry Potter y el concierto que Zooey Deschanel da con su grupo de música (que muchacha más hermosa... esos ojos azules inmensos y esa perenne actitud de "todo esto no va conmigo").


Salgo del cine contento. Voy para casa. Ceno ligero (últimamente todo parece que me sienta mal por las noches y luego sueño con lo que sueño). Un rato delante del ordenador. Me quedo largo rato mirando la portada del libro de Cristina Fernández Cubas.

A Case for Moving On, de Mark Keller

La maleta, la mirada, la ventana. ¿Qué historia encierra este cuadro? Se admiten apuestas.

A la cama. Me quedo hasta la una y media de la mañana leyendo y acabando Poderosa. Muy divertida. Una buena novela juvenil a partir de trece años. Entretenida, llena de humor, nada de la tan sobada compasión o dramatismo que suele ponerse en las historias de adolescentes, un ritmo tranquilo y lento, pausado, una protagonista simpática, agradablemente predecible.

Me quito las gafas. Apago la luz. Me duermo.

Ha sido un buen día.

jueves, 8 de enero de 2009

El amor como un cuchillo de Ikea

Las tres paradojas de Paul Hornschemeier, Editorial Astiberri, 2008.
Si pincháis sobre la imagen ser verá más grande y se leerá el texto.

martes, 6 de enero de 2009

Y para empezar de verdad el año

Hoy por fin se acaban las fiestas. Demasiada familia, demasiado trabajo, demasiada comida... Mañana vuelve la rutina de los días normales y la añoranza de los días de fiesta. El ser humano es complejo (por no llamarlo estúpido).

¿Regalos de reyes? Ropa, ropa y más ropa. Un par de libros que tuve que encargar expresamente (Los relatos completos del padre Brown y una novela negra de Fred Vargas), un lápiz y una goma. Al menos no me trajeron los calzoncillos de Robin para hacer juegos con los de Batman que me tocó en gracia el día de navidad... hubiese sido demasiado.

Mañana empieza la travesía en el desierto en la librería hasta Sant Jordi. El trabajo caerá en picado y nos dedicaremos a hacer devoluciones como locos.

Y poco más... mañana (o pasado, no sé) el blog volverá a su aparente normalidad... Veremos qué pasa.

Y para empezar bien este año de rutina, una canción divertida y antirromántica.

Je ne t'aime pas
, con Elodie Frege y Vincent Baguian.


Vincent:
Estoy en el hotel Beau Rivage
un nido cargado frente a la playa.
Podría creer que es el paraíso,
yo solo, dentro de esta enorme cama.

Elodie:
Pero, sorpresa, he abierto los ojos
y, mala suerte, éramos dos.
Soñaba que vivía sin ti,
pero tu estabas desnudo bajo mis sábanas.

Vincent:
No te quiero.
Es más fuerte que yo.
Me gustaría gritar que te quiero.
Creo que tengo un problema.

Elodie:
No te quiero.
Es más fuerte que yo.
Las lágrimas que corren por tus mejillas...
No es fácil decirlo...
Me dan igual.

Con horror, en tu sonrisa
he leído el amor y el deseo
Entonces, cerrando los párpados,
también he apagado la luz.

Vincent:
No he cedido a tus caricias
más que por fatiga y pereza.
Y no he conocido el placer
que pensándote al fin dormida.

Elodie:
No te quiero.
Es más fuerte que yo.
Me gustaría gritar que te quiero.
Creo que tengo un problema.

Vincent:
No te quiero.
Es más fuerte que yo.
Las lágrimas que corren por tus mejillas...
No es fácil decirlo...
Me dan igual.

Elodie y Vincent:
Me da igual si es un poco cruel.
Tantas canciones están consensuadas.
No podemos pasar tanto tiempo
teniendo solo buenos sentimientos.
No te quiero.

Elodie:
No te quiero.

Vincent:
Es más fuerte que yo.

Elodie:
Es más fuerte que yo.

Elodie y Vicent:
Me gustaría gritar que te quiero.
Creo que tengo un problema.
No te quiero.
Es más fuerte que yo.
Las lágrimas que corren por tus mejillas.
No es fácil decirlo pero...
No es fácil decirlo pero...
No es fácil decirlo.

lunes, 5 de enero de 2009

domingo, 4 de enero de 2009

Doce cosas que no hice en fin de año

Prometo que cuando de una vez por todas acaben las fiestas (¿por qué en este país tienen que durar tanto, joder?), el blog volverá a sus cauces más o menos habituales con las secciones que de momento se han quedado colgadas. El problema en estos días es que tengo la cabeza en siete u ocho sitios distintos y me cuesta conectar con lo que tengo escrito. A partir del día 7, cuando todo vuelva a la normalidad y los regales se hayan repartido, y empiecen los cambios de libros en la librería y el desierto que serán los tres primeros meses del año hasta la llegada de Sant Jordi comience su andadura..., espero poder conectarme con todo lo escrito. De momento, y a falta de otra cosa, una lista de cosas que no hice en fin de año.

1. Comerme las uvas. Lo siento, me dan asco.

2. Desarrollar poderes mutantes y convertirme en El asombroso hombre centesimal o Escarabajopeloteroman.

3. Salvar al mundo de una invasión alienígena. No por falta de ganas, sino por falta de invasión.


4. Pagar la entrada de una discoteca y fingir que bailo.

5. Hacerme propósitos de año nuevo en serio.

6. Mutilarme, vestirme de fallera o beber gasolina.

7. Ver una película de Chuck Norris.


8. Conocer a una condesa polaca e irme con ella a recorrer el mundo en su yate.

9. Enviar sms después de las campanadas. No me apetecía que el señor Vodafone tuviera un orgasmo cuando le llegarán los beneficios de la noche.

10. Escribir la carta a los Reyes Magos. Soy republicano hasta las últimas consecuencias.

11. Ponerme triste por un año que se acaba.

12. Pensar que el 2009 será un año mejor para el mundo que el 2008.

sábado, 3 de enero de 2009

Francesc Català Roca

Francesc Català Roca
Debe ser la propia imagen la que de la explicación, y hay que hacer el esfuerzo para comprenderla por uno mismo.




viernes, 2 de enero de 2009

Primera compra del año

Aunque me había hecho la promesa de reducir drásticamente la compra de libros (tengo muchos no leídos, las estanterías de casa claman por su sacrificio y me gasto mucho dinero), hoy no he podido resistir más una antigua tentación y lo he comprado. Desde el primer día que trabajé en la tienda hace ya cosa de tres años y medio e incluso antes, cuando iba por allí como simple curioso y fiel cliente que sabía que un día u otro el libro se vendría conmigo de bares y a casa. Desconozco por qué ha tardado tanto... El libro es la Breve guía de lugares imaginarios, de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, Alianza editorial, 2000.


Y, naturalmente, como buen aficionado a las novelas de aventura, fantasía y mundo imaginados en las dos horas que lleva conmigo se ha convertido en uno de los libros indispensables para mi supervivencia.

Un lector incauto, al abrir al azar el libro pensaría que se encuentra delante de un diccionario. Aparece todo ordenado por orden alfabético, algunas entradas te conducen a otras, etc. Craso error, querido amigo. Porque no se trata de un diccionario. Este libro no es más que una muy útil guía de viaje a los lugares imaginados por los escritores.

Me explico. Si alguien está planificando un viaje imaginario a Zenda, el país creado por Anthony Hope a finales del siglo XIX, consultando la guía de Manguel y Guadalupi descubre que

Zenda no es demasiado interesante. Sólo merece la pena visita la oficina de telégrafos, la estación de ferrocarril, deonde se detiene el tren que llega desde Dresde, y también el cementario, donde reposa el cuerpo carbonizado del rey Rudolf V.

O que si planea un viaje a Capillaria, reino de gigantescas mujeres rubias, "los hombres no deben revelar su sexo; de lo contrario, podrían exponerse a un castigo y verse en las disyuntiva de ser devorados por las oihas o de hacer trabajos forzados en compañía de los bullpops."

Para visitar la Ciudad Esmeralda del reino de Oz se recomienda llevar gafas con los cristales verdes. De esta manera uno puede contemplar en todo su esplendor su fantástica arquitectura.

Consejos para moverse por las ciudades invisibles de las que nos hablo Calvino, historia de Narnia, de Laputa, instrucciones para una visita enriquecedora por cualquiera de los países de las hadas, Hogwarts y su plan de estudios o el país subterráneo de Protocosmos.

En un viaje a la Tierra Media, siempre recomiendan prescindir de Mordor. Aunque Saurón ya no está por allí, el clima es bastante desaconsejable e insalubre.

Y, claro, no solo se habla de lugares que más o menos todos conocemos, si no que nos proponen viajes a países, ciudades y libros que desonocíamos. Como la isla de Fanattia, el castillo de Corbin, las Montañas deliciosas, o la ciudad Arroz con Bacalao, etc.

Una visita a la ciudad de Arkham corre a cuenta y riesgo del viajero. Aunque su facultad de ciencias ocultas es una de las más interesantes del mundo, el alto número de viajeros que han perdido la cordura en sus calles desaconjesa el viaje.

Aunque repasando las entradas de la guía, uno acaba preguntándose si esos lugares de los que se habla son realmente imaginarios. Porque si yo hecho atrás la vista recuerdo haber estado más de una vez en la Tierra Media, en el País de Nunca Jamás, en Lilliput. Recuerdo muy bien el olor de la selva y del mar cuando en compañía del admirado y temido John Silver "El largo" buscábamos el tesoro maldito del viejo capitán Flint. Estar perdido en la biblioteca de La Abadia (también conocida como Abadia de la Rosa) y pensar cómo es posible que estuviera encerrado en un cuento de Borges cuando faltaba tanto para que éste naciera. Haber explorado el centro de la tierra o el castillo de Chariot.

Mapa de la ya desaparecida Abadia donde se encontraba una de las mejores bibliotecas de Europa y donde se rumorea se cometieron atroces crimenes para salvar al mundo de la risa.

Quizá todo se reduce a creer con convicción y naturalidad que es posible la convivencia de varios mundos en un mismo mundo, de que a veces lo imaginado es más real que lo que dicen que es "real", que sabemos que dentro de algunas montañas aún duermen dragones custodiando sus tesoros, que por los bosques corren duendes, que un día Avalón surgirá de entre la niebla y que Moria volverá a recuperar todo su esplendor.