martes, 30 de septiembre de 2008

Ben Stiller es Dios

El sábado fui al cine a ver el acontecimiento cinematográfico del año. ¿Una película inédita de John Ford? ¿El hallazgo de la primera película catalana rodada ¡un año antes del invento del cine!? ¿Una película donde solo aparecen mujeres besándose y monstruos dándose de hostias? (Esta película existe y es una maravilla). No. Algo mucho más importante. El estreno de Trophic Thunder, última película dirigida, protagonizada, producida y escrita por ese Dios de la comedia y de las artes en general llamado Ben Stiller.


Fueron dos horas de película que se hicieron un suspiro. Dos horas de disfutar como un chiquillo con una sátira enorme del mundo del cine, de los actores, productores, del género bélico, del teatro... de todo. Pasándolo bien como hacía tiempo que no lo ocurria. Cuando salí del cine iba en una nube. Hay cosas en esta vida que no fallan, y éste hijo de Nueva York es una de ellas.

Para mí Ben Stiller es Dios. Cada treinta de noviembre celebro su natalicio en compañía de un buen amigo con una cena y el tradicional intercambio de regalos de obtejos tontos que hayan aparecido en una película de Ben Stiller. Tengo en casa películas suyas que suelo revisitar una y otra vez. Una de mis películas favoritas es Zoolander, obra maestra que no acepta discusión y un clásico desde el momento mismo de su estreno. Soy fan absoluto pese a Noche en el museo (hasta Dios puede equivocarse y si no mira el ornitorrinco) porque me ha regalado cosas como Algo pasa con Mary, Mistery Man, Starchy y Hutch, Los Tennembauns, Matrimonio compulsivo (película donde mi buen amigo Jordi estuvo a punto de morir por un ataque de risa tan descomunal que olvidó respirar) y tantas tantas otras con las he pasado unos grandes momentos. Y lo considero un Dios, y un Dios guay. De los que hacen gracia y se humillan y no van todo el día enfurruñados por la creación diciendo que todo es pecado y que debemos arrepentirnos por cosas de las que no somos conscientes. Además, con una religión como ésta en algo supero a las religiones mayoritarias: yo sí he visto a Dios y contemplado su obra.

Os dejo una pequeña muestra de su obra. Una escena de su antiguo programa de televisión The Ben Stiller Show donde se hizo muy conocido por sus parodias de Bono, Bruce Springsteen, Tom Cruise o la que he puesto aquí.

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Seguramente será una chorrada, pero a mí cosas como esta son las que hacen que el mundo sea un lugar maravilloso.

lunes, 29 de septiembre de 2008

A unos abismales 60 kilómetros...

Hay momentos en que los clientes te dejan sin respuesta. Ya sea porque tu cerebro no procesa de forma veloz una réplica ingeniosa que haga tambalear los cimientos de la comedia, ya sea porque el comentario o pregunta del cliente colapsa el cerebro acercándolo a un estado de ficus disecado. Me refiero a comentarios del tipo:

a) Una chica entra y pide recomendación de algún libro. Es lectora habitual de historias de vampiros sensibles y enamorados, pero ahora quiere cambiar un poco de genero. Algo sobre amistad entre mujeres. Le enseño Mil soles esplendidos de Khaled Hosseini. Lo mira por encima.
- ¿Es de moros?
- Bueno... sí... pasa en Afganistán.
- No, nada de moros ni de chinos que me dan mucho asco.

b) Un señor muy bien vestido se acerca al mostrador con una biblia en la mano.
- ¿Qué coño hace la biblia al lado del corán?
- Bueno, está en la sección de religión.
- Hombre, entiendo que la biblia esté en la sección de religión. Pero el corán tendría que estar en mitología... no es la religión verdadera. Y es una falta de respeto para los bueno católicos.
Porque estoy trabajando, pensé, que si no te iba a enseñar a ti lo que faltarle el respeto a un católico, gilipollas.

Pero hay un tipo de comentario que de verdad me deja sin palabras. Me refiero a lo que me he tenido que enfrentar hoy y que ha provocado que cambiara por completo mi agenda de entradas:
- Buenas tardes, ¿tenéis tal libro de tal autor?
Consulto con el ordenador si mi prodigiosa memoria no me ha facilitado el dato antes.
- No, ahora no. Pero se lo podría pedir si quiere.
- No, gracias. ¿Sabes que pasa? Es que soy de Barcelona.
- ¿Y?
- Y supongo que allí sí que lo encontraré. Imagino que es difícil que lleguen los libros a provincias... Como estáis tan lejos de Barcelona. Y aquí muchos libros no llegan, ¿verdad? Porque el último del Zafón tampoco lo tenéis, ¿verdad?

Bueno... reconozco que en este caso nuestro estimado cliente de capital tiene razón.

Igualada está a unos inacabables sesenta kilómetros de Barcelona, en una región pantanosa infestada de mosquitos del tamaño de un cerdo, rodeada de inaccesibles montañas de cuatro mil metros de altura y a la que solo se puede acceder tres meses al año cuando finaliza la temporada de las grandes nevadas y las autoridades abren el paso. Hasta hace poco no llegó a nosotros la electricidad (aún hay abuelas que saltan por las ventanas cuando se enciende una bombilla diciendo que es obra del diablo) y en las librerías estamos empezando a recibir las primeras obras de Dickens, Tackeray, Galdós y Bertrana. Esperamos ansiosos la primavera porque es cuando los trovadores vienen a nuestra ciudad y nos cuenta las nuevas del mundo. ¿Sabíais que la tierra es redonda? ¿Qué se ha descubierto algo llamado América? ¡Cómo es posible que Isabel II no sea reina de España!

Aunque algunos barceloneses puedan no creerme, esto no es Igualada.

Un viajero que quiera ir a Igualada desde Barcelona tiene que enfrentarse a:
- enfermedades tropicales.
- salteadores de caminos en el tramo Esparraguera-El Bruc.
- el yeti.
- caminos sin asfaltar (en Abrera todos los coches se detienen y se pasa a coche de caballos o diligencia).
- ataques apaches.
- disfunciones temporales.
- hordas de familias caníbales que secuestran a los despistados viajeros.
- desbandadas de ñus, sendas de elefantes y ataques de periquitos salvajes.

Y cuando llegan a Igualada se encuentran con un páramo solitario donde no hay dos teatros con programación estable, conferencias, presentaciones de libros, restaurantes, bares, discotecas, locales de copas, cibercafés, entidades culturales, cines, conciertos, varias librerías con buena oferta, tiendas de cómics, colegios y guarderías, fábricas, tiendas, gente por las calles, familias que pasean a sus hijos, terrazas en verano, un festival de cine, uno de teatro infantil y uno de cortos, globos aerostáticos, conciertos gratuitos al iniciarse el verano, muchachas guapas, una provincia preciosa y por descubrir con hectáreas y hectáreas de bosque virgen y uno de los pulmones verdes de Catalunya, etc. No... todo esto pertenece a la fantasía de cuatro fanáticos e integristas igualadinos. En verdad, sólo hay un desierto donde la gente solo puede hacer tres cosas:
1. Malvivir.
2. Suicidarse.
3. Soñar con vivir en Barcelona un día.

Imagen del catalán de provincias que tienen algunos barceloneses

Porque visto desde Barcelona, sesenta kilómetros es todo un mundo, otra dimensión. Y no puede haber nada más allá de la imponente Collserola con sus urbanizaciones adosadas. Tras pasar el Corte Inglés de la Diagonal finaliza la civilización y da comienzo una tierra que empieza a ser mítica y que tiene nombres tan exóticos como Lleida, Ripoll, Vic. Donde no existe la cultura, donde no tienen mar aunque nunca un barcelonés vaya a verlo (pero sabe que está allí) y donde la gente utiliza los lavabos y no se mea en la calle.

Estoy harto de la imagen de la provincia que tienen los señoritingos de la capital (y ya se que no todos, pero esta minoría todavía no me la he encontrado) y desde hoy empieza mi turno de replica. Por favor señoras y señores de nuestra capital, existe un mundo más allá de la Diagonal y que no es la Costa Brava.

Y les aseguro que ir proclamando a los cuatro vientos que son de Barcelona no hace que se despierten mayores simpatías por ustedes.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Requiescat in pace - Paul Newman

Ayer por la tarde, mientras me tomaba el consabido café con leche antes de entrar a trabajar, recibí un mensaje en el móvil donde Jordi me notificaba la muerte de Paul Newman. Me dejó triste. Se había ido una de esas figuras cinematográficas que, como en su momento Jack Lemmon o Deborah Kerr, parecían eternas.

No fue uno de mis actores favoritos, lo confieso, y hubo momentos de su carrera que me cabreó o me puso directamente en su contra; su manía de hacer de rompechochos con setenta y cinco años o la sola existencia de Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, George Roy Hill, 1969). Pero me ha dejado algunos momentos impagables que forman parte de mi crecimiento personal y cinematográfico (que en mi caso, van unidos).

Mi primer recuerdo de él es El largo y cálido verano (The long, hot summer, Martin Ritt, 1958), película que vi de chiquito porque salía Orson Welles y que supuso mi primer contacto con el universo de William Faulkner. Aún recuerdo a mi madre diciendo cada vez que aparecia Paul Newman sudado, "qué guapo que es".

El sexo reprimido, el desprecio, los rencores y el calor asfixiante de La gata sobre el tejado de zinc (Cat in a hit tin Roof, Richard Brooks, 1962); película de ciencia ficción porque ningún hombre podría resistirse a una bellísima Elisabeth Taylor en ropa interior.

Y la que para mí es su mejor película y su mejor interpretación, El buscavidas (The Hustler, Robert Rossen, 1961) donde era sencillamente un perdedor, un don nadie aspirando a cuatro dólares y a la siguiente partida de billar. Melodrama contenido, cine negro, ambientes asfixiantes, mucho humo de sudor y cigarrillos, el tapete verde de las mesas, las bolas, los tacos, la inquietante presencia de George C. Scott y una escenas de amor y desengaño con Piper Laurie que me hacen saltar las lágrimas cada vez que las veo. Una de mis películas favoritas que revisaré seguramente esta noche como último homenaje.

Paul Newman (1925-2008)

jueves, 25 de septiembre de 2008

Hay días que empiezan siendo una...

Pues eso, que para un día que tengo fiesta me lo paso con dolor de cabeza, cansancio, sueño, ganas de meterme en la cama y estarme el resto del día quejándome en silencio. Una noche poblada de pesadillas con gente que se va, que dice cosas raras, que no me ve, que me pierdo, que no me encuentro, en blanco y negro y con subtítulos (sí... he vuelto a soñar con subtítulos, yo, aquí donde me veis, hablando en francés e inglés según la persona y subtitulado en castellano).

Me levanto. Demasiado tarde para hacer todo lo que tenía que hacer. El bar donde desayuno lleno de gente y dos críos en su cochecitos llorando y chillando como si tuvieran sanguijuelas dentro de los pañales mientras las respectivas madres hablan del nuevo gran hermano y les tiran la ceniza del cigarrillo en la cabeza. El día es de esos tontos que ahora sale el sol, ahora hace frío y tú como un idiota chaqueta puesta, chaqueta fuera. Y por si fuera poco me para un tipo por la calle para preguntarme si ha llegado el libro que tenía encargado en la librería. Reprimo las ganas de golpearle la cabeza con una barra de acero (no llevo ninguna encima) y me limito a decirle que es mi día libre y que no recuerdo todos los encargos que hacemos (unos cincuenta al día). El dolor de cabeza persiste.

Abres el periódico. La película que se estrena una mierda, no hacen nada interesante en la tele. Políticos sonrientes dedicados a pelearse entre ellos, peloteo a famosillos, una guerra, un asesinato, violencia contra las mujeres, contra los niños, contra los indefensos.

Paseo por la ciudad. Me gusta Igualada, pero hoy cansa. A casa a comer. ¿Me echo una siesta? No, que a la noche entonces no habrá quien me duerma (si es que empiezo como los abuelos). Intento de escribir una entrada en el blog. Nada. Cantidad de temas en la cabeza, pero no articulo ni una sola frase coherente. Me dedico a vagar por la red. Nada interesante. Ni siquiera pornografía. Traduciré la canción de Amélie-Les-Crayons. Las cinco de la tarde. Me largo a dar una vuelta.

Intento leer en un bar, pero el libro se cae de las manos. Creo que se me está reblandeciendo el cerebro. Información para el viaje de estas vacaciones (las tendré en noviembre y vuelvo otro año a La Habana a ver a mi amiga Aurora a quien hecho demasiado de menos y con la que tengo muchas cosas de las que hablar). El viaje demasiado caro. Tampoco me ha confirmado Aurora que le vayan bien las fechas. Miro por internet. Una compañía de tercera es la única opción. Aunque con la suerte que tengo ya me veo empujando el avión para que despegue. Mejor me voy a tomar un café. Encuentro con conocido. Me charla de temas que no llevo yo y de los que no puedo decidir. Me duele la cabeza. Entro en el bar. Un café con leche. Me abordan tipas extrañas pidiendo tabaco. Me pierdo en la belleza serena de la camarera y en su precioso acento cubano. Si no fuera tan cobarde...

Salgo del bar. Podría comprarme un libro. Podría ver si hay algo nuevo en música. Vuelvo a casa. Intento leer. Escucho una y otra vez la misma canción. Miro el mail. No confirman nada. Podría escribir. Tengo historias empezadas que podrían llegar a algo. Naturalmente no lo hago. Empiezo a ver vídeos por youtube. Y ocurre.

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Es una tontá que me salva el día. Adoro a esta panda de gilipollas con su humor generacional y chorra. Así que durante una hora he estado viendo vídeos, riendo, reconociendo sus mismos referentes ochenteros (Marty McFly, los Bicivoladores, Hulk Hogan, Rosa León...). Y el dolor de cabeza se ha ido... quizá no del todo, pero ha decidido darme un pequeño respiro, una tregua hasta próximamente.

Bueno, pues escribiré sobre esto en el blog. Sobre un mal día y como algo tan tonto como un tipo vestido de mujer lo ha salvado. Y lo segundo. Esa adorable criatura llamada Cloe ha actualizado su blog. Y me ha dado un premio (según parece en la blogsfera se entregan premios y se dicen cosas bonitas unos a otros). Es el premio Parasceldo 2008 y se entrega porque este blog:

"Otorga a la palabra un sentido mágico. Un sentido que en la magia se le llama verbo. Y eso quiere decir que se puede crear. La palabra es la fuerza, pero hay palabras que tienen más o menos fuerza. Hay poder en la palabra, pero también hay palabras de poder. Este poder no se limita a la palabra, sino que está presente también, de alguna manera, en los símbolos, en la magia, las imágenes, y las letras."

No sé muy bien qué significa todo esto, pero es bonito.

Quiero darle las gracias a Cloe por pensar en mí y decir que esto que escribo la anima. Me ha emocionado. Una de las muchas cosas buenas que me ha traído tener un blog es poder entrar en contacto con personas como ella.

Y aquí van mis premiados:

- A María porque unas palabras suyas me hicieron abrir un blog. Por su mirada, por su mundo y por Camille.

- A Amanda por permitirme entrar en su cabaret. He encontrado músicas, películas, a Celia Jonhson y Trevor Howard. Y, si ella me lo permite, una buena amiga y un amor platónico.

Y ya está. Como dijo Meryl Streep después de disparar a Goldie Hawn, hay días que empiezan siendo una mierda pero acaban arreglándose. Buenas noches y, como dice un gran amigo, salud y pajillas.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Ilustradores - Jimmy Liao


Y además, hoy es uno de esos días en que parece que todo lo interesante ocurre tras una ventana que alguien no te deja abrir.

martes, 23 de septiembre de 2008

Amélie-Les-Crayons

El noviembre pasado estuve en París por asuntos de trabajo (había una feria del libro infantil y juvenil y para allá nos fuimos un grupo de libreros para ver qué hacen nuestros vecinos del norte). Aunque la intención primera era ver libros infantiles y hablar con libreros para conocer sus problemáticas, el verdadero motivo de mi viaje era otro... quería música. Así que la última tarde de nuestro viaje, me metí en una tienda y salí con varios discos bajo el brazo y una cuenta corriente que me pedía a gritos que la sacrificara porque semejante sangría en tan poco tiempo era demasiado para ella (hay que tener en cuenta que yo acababa de volver de vacaciones y me había encontrado cara a cara con la factura del teléfono...).

Entre los discos que me compré se encontraban los imprescindibles Aldébert y Vincent Delerm, Zazie y Olivia Ruiz. Más o menos conocía a todos estos cantantes y sabía qué podía esperar de ellos. Cuando ya me iba me encontré con un cd que no había cogido en las manos. ¿Cómo había llegado hasta allí? Amélie-Les-Crayos, leí. Le porte plume. Si allí había aparecido sería por algún motivo.

Y la tortura del regreso a casa en tren con discos en las manos que no puedes escuchar, sólo imaginar qué músicas y letras habrán allí dentro. En la portada el dibujo de una chica rodeada de limones da una imagen ingenua, un poco naïf, colorista y de sueño. En la contraportada una preciosa muchacha de ojos grandes y labios entreabiertos que algo me dice que ya conozco. Las canciones no son muy largas (3.40 minutos la más larga) y llevan por título Después o La flacucha o El errante. Traduciendo alguna de las letras me encuentro con:

La flacucha tiene un corazón más grande que ella
que nadie acepta cobijar bajo su ala
La flacucha nunca se consuela
de amar demasiado.

Llegar a casa y poner el cd. Suena una guitarra, una voz dulce, pequeña, tranquila. Campanillas. Es un cuento. Una niña con gafas y desgarbada que camina por la ciudad y que acaba lanzándose de un acantilado volando con el viento. Una canción sobre las líneas de las manos que tienen las madres y que los hijos no sabemos leer. El horror de la primera cana. ¿Qué me pongo antes de salir de casa? O encontrar una piedrecita en el camino y guardarla solo porque nos gusta.

Tiene algo de melancolia, algo de tristeza. Algo de sueños que se van y de palabras no dichas que nunca nacerán. Tiene algo de la alegría del verano y la mañana de reyes. Tiene algo de juegos inocentes y juegos de médicos con una amiga. Es ingenuo y pícaro, tiene lo cotidiano lleno de magia y sorpresa, y lo fantástico entre las manos. Música con el sabor de lápices prendidos en el pelo de una desconocida y de muchas cosas por soñar.



Por petición popular dejo una traducción casera de la canción del vídeo. He hecho lo que he podido.

TU PEQUEÑA LLAMA de Amélie-Les-Crayons

Hay algo de la vida
en tus ojos que ríen.
Hay esa pequeña llama que grita
que arde y que ríe.
Sólo una mirada para comprender
que es en tus ojos
donde me siento la mejor.
Sólo una sonrisa para decirte
que te necesito.
Quédate y mírame.

Hay algo de felicidad
que vibra en tu voz.
La respuesta de mi corazón
es que se siente libre.

Libre de ser yo cuando
me aprietas entre los brazos;
libre de vivir un amor que me enseña todos los días
cuando estoy lejos, a pensar en ti,
en tu pequeña llama, en tus ojos.
Y me siento mejor.

...y me siento dos.

Hay algo universal
en nuestra historia.
Una pequeña centella
para algo más que una noche.

¿Me quieres dar la mano?
por todo el tiempo que nos parezca bien?
¿Quieres compartir mi camino?
Yo digo sí, para compartir el tuyo.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Crónica de una obra II

Resumen de lo publicado: Durante unos meses la librería donde trabajo ha estado en obras. Por una serie de circunstancias donde se mezcla el azar, el destino y un díptero (también conocido como mosca) descubrimos lo que parecía un túnel desconocido bajo el suelo igualadino. Se decidió que un grupo de valientes investigaría este misterio. Éstos éramos un paleta, un yesero, un electricista, un mimo y yo.
Cargados con cuerdas y un par de linternas, los cinco expedicionarios estábamos preparados para iniciar la aventura. El único detalle que quedaba por solucionar era el tema de la comunicación con el exterior. El tema móviles quedó descartado porque en la librería no tenemos cobertura para ningún móvil gracias en gran parte al revestimiento de amianto de las paredes y al hecho de haber cedido parte de nuestro terreno para pruebas de tipo nuclear. Después de discutir unos instantes se decidió que mi amigo Jordi fuera el enlace con el exterior. Al ser bulímico tiene una innata capacidad para leer las mentes y la comunicación telepática. Él mantendría un contacto casi continuo con nosotros e iría informando de nuestros descubrimientos. Al darle este papel de enlace su humor mejoró; había estado chillando y poniendo morros porque habíamos preferido al mimo que a él. Ahora podía colaborar con la expedición y tenía una excusa para no ir al trabajo.

Los cinco expedicionarios nos situamos en la entrada del túnel. Lanzamos una cuerda que previamente habíamos atado a la mesa de novedades. Solo quedaba elegir quién sería el primero en descender. La tensión se palpaba entre nosotros. ¿Y si emergía un monstruo antidiluviano? ¿Y si había una nueva deflagración? Después de discutirlo decidimos que bajara primero el más inútil para la sociedad.

Fui el primero en bajar.

Mis pies tocaron suelo y no pasó nada.
¿Cómo estás?
Era Jordi en mi cabeza.
-
Bien - dije - no parece haber nada. Todo está óscuro.
¿Y si enciendes la linterna?
- Oh, sí. Una gran idea.

Encendí la linterna. El haz de luz fue posándose sobre las paredes. No presumo de mis conocimientos de arquitectura porque no tengo ninguno, pero aquellas paredes no se parecían a ninguna que hubiera visto antes. Oi un ruido a mi espalda. Me giré asustado, pero solo era el paleta.
Sólo es el paleta.

- Gracias Jordi, ya lo he visto.
De nada...
- ¿Qué te parecen estas paredes?
- Extrañas - dijo el paleta. - No reconozco la técnica. No es cemento, ni excrementos de vaca ni...

Mientras daba unas explicaciones que nadie escuchaba fueron descendiendo los otros miembros de la expedición. El mimo estaba exultante de felicidad como nos lo demostró haciendo aparecer una flor de la nada y comiéndosela después. Además, era la primera vez que tocaba una cuerda real y no una imaginaria. Aunque no lo compartí con nadie, su jersei a rayas y la cara pintada de blanco no me parecían un buen equipamiento.

- ¿Vamos a la puerta? - dijo el yesero. Era el más joven del grupo y por tanto el más valiente, inconsciente y aguerrido.
- Creo que nos estamos equivocando... Creo que deberíamos advertir a las autoridades y que ellos se encarguen.
Era el electricista el que así hablaba.
Sí, esos... anda que van a hacer algo... si son una panda de corruptos que están destruyendo el país, ignorando nuestra cultura y...
- Jordi, - dije - no estamos en tu blog. Cálmate.
Mientras hablábamos el yesero se había acercado a la puerta.
- Es preciosa...
Nos acercamos a él. Nos quedamos maravillados. Estaba hecha de madera, pero no podíamos identificar el material. Pasé la mano por el pomo. Eran tan delicado, tan suave, casi como las nalgas de una... Lancé un chillido. Me miré la mano. Sangraba. Algo me había cortado.
- ¿Qué demonios ? - dijo el paleta.
Mi sangre regaba el pomo y parecía que éste la absorviera. A la luz de las linternas la puerta pareció hincharse y adquirir un tono rojizo.
¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Nadie dijo nada. Estábamos mudos de asombro y empezábamos a sentir miedo.

La puerta se abrió. Al otro lado, solo oscuridad.

- ¿A qué esperamos? - dijo el yesero. Y se internó en la oscuridad con el entusiasmo de los dieciocho años.
- ¡Espera! - dijimos los demás.
Se oyó un chillido de espanto.
- Joder - dije.
- Lo más prudente sería volver a buscar ayuda - el electricista estaba pálido.
- Lo más prudente sería no haber bajado... Joder... - el paleta dudaba - joder... a tomar por culo... de perdidos al río. - y se internó en la oscuridad.
El mimo fue detrás de él corriendo como si estuviera en una cinta mecánica.
- Vamos, dije.
Y el electricista y yo cruzamos el umbral.

La oscuridad nos envolvía. ¿Qué pasa joder? Recibo señales muy extrañas... y he perdido el contacto con el yesero. Me estoy empezando a asustar. ¿Esta puta ha publicado un libro?

La puerta se cerró detrás de nosotros. El electricista intentó volver a abrirla, pero no tenía pomo. Estábamos atrapados.

Fotografía del túnel echa con mi móvil.

CONTINUARÁ...

sábado, 20 de septiembre de 2008

viernes, 19 de septiembre de 2008

Doce canciones

Una de las cosas que más me gustan en la vida son las listas. Hacer listas de la compra, de los libros leídos, de lo que odio, etc. Me encantan esos programas de televisión donde te enseñan "Las 12 obras más bestias de la historia" o "Los edificios más altos joder qué altos" o "Los animales más feos de la creación, joder que bichos la hostia". Y otra cosa que me gusta son los test... no puedo resistirme. Me encanta hacer los test tontos y ridículos de las revistas. Y si son revistas para adolescentes y salen test del tipo "¿Eres una muñequita sexi?", lo confieso, me dedico a hacer las cruces en las casillas correspondientes (esto suele pasar cuando la hija de pequeña del jefe aparece por la librería armada con la última revista para preadolescentes de turno). Una tontería, lo sé, pero me divierte (y, por cierto, según me dijo el test soy una muñequita sexy...)

Así que cuando en el elegante y divertido blog de Girl from Lebanon me encontré con algo que unía una enumeración de más de dos y una especie de test de personalidad, no lo pude resistir y lo copié. Así que aquí va. El juego consiste en una serie de preguntas y la respuesta debe ser el título de una canción de el cantante que se escoja. Vamos, tan sencillo que solo he necesitado quince horas para entenderlo... casi.

Y aquí va, una entrada que no lleva a nada, que es inútil y que solo ha servido para que yo escuchara las canciones elegidas. Pero como dijo una persona muy sabia, este tipo de entradas son cojonudas porque te ahorras el pensar qué escribo hoy. Va por ustedes.

Doce canciones -- el elegido es Javier Ruibal (¡como no!)

1. ¿Eres hombre o mujer? -- Señor Troncoso.
2. Descríbete -- Fugitivo en Hamelín.
3. ¿Qué sienten las personas acerca de ti? -- Cosas mías.
4. ¿Cómo te sientes? -- Toda la mar por delante.
5. ¿Cómo describirías tu anterior relacion sentimental? -- Sueño.
6. Describe tu acutal relación con novio/a o pretendiente -- El naufrago del Sáhara.
7. ¿Dónde quisieras estar ahora? -- Habana mía.
8. ¿Cómo eres respecto al amor? -- Vino y besos.
9. ¿Cómo es tu vida? -- La bella impaciente.
10. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo? -- Aurora.
11. Escribe una cita o frase famosa -- Tabaco y tinto de verano.
12. Ahora despídete -- Pasará.

Y ya está. ¿A qué es tonto? Ahora se supone que tengo que elegir a cinco personas y proponerles seguir el juego. Pero paso. Si alguien lo encuentra gracioso, que lo haga en su blog. No pienso obligar a nadie. Por cierto, se aceptan sugerencias. No se, que haga la lista con canciones de Dolly Parton o con los nocturnos de Chopin. Tengo tiempo libre y me divierten estas chorrada.

Donde quiero estar y con quien quiero estar -- Balcón de La Habana

jueves, 18 de septiembre de 2008

Hace 25 años

Hace 25 años, en 1983 sucedieron algunas cosas importantes, algunas ridículas, otras olvidables y un par, necesarias.

- Se emite por primera vez en televisión El equipo A, serie con la que creció toda mi generación y que aun recordamos entre risas.

- Por primera vez en las tiendas de música podemos encontrar un CD.

- Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, llama "imperio del mal" a la URSS, y éstos respondieron con algo igual de elegante y conciliador... Prefiero recordar a RR como el malo de Código del hampa (The Killers, Donald Siegel, 1964) y a los rusos como Cyd Charisse en La bella de Moscou.

- Juan Pablo II retira la condena a Galileo Galilei... 350 años después de atreverse a decir que la tierra gira alrededor del sol y que éste no es el centro del universo.

- Se estrena El retorno del jedi.

- Se estrena la serie Cheers. Imprescindible.

- La fuerza del cariño (Terms of endearment, James L. Brooks) gana el óscar a la mejor película. Actriz para Shirley McClaine, actor para Robert Duvall. Ingmar Bergman gana el óscar a la mejor película extranjera por Fanny y Alexander. Junto con los otros tres que ganó, creo que fueron los únicos justos de ese año.

- Fallecen: Mercè Rodoreda, escritora. Louis de Funes, cómico. Tennesse Williams, autor teatral. Joan Miró, pintor. Luis Buñuel, director de cine. Ira Gershwin, compositor. Gloria Sawson, actriz. George Cukor, director de cine. Hergè, dibujante de cómics. Charlie River, payaso.

- Y nace María un 18 de septiembre. Así que todo esto no es más que una forma de desearle un feliz cumpleaños y recordarle que veinticinco años no son nada. Aquí te dejo mis regalos.

























miércoles, 17 de septiembre de 2008

Santoral - Georges Perec

Bola de nieve (derretida)

Cada verso no comporta más de una palabra. Cada palabra-verso tiene el número de letras que corresponde a su posición en el poema. Ej.: el quinto verso tiene cinco letras. La bola de nieve está derretida cuando, después de constituirse por aglomeración, redesciende hasta su desaparición.

J
AI
CRU
VOIR
PARMI
TOUTES
BEAUTÉS
INSIGNES
ROSEMONDE
RESPLENDIR
FLAMBOYANTE
PANTELANTE
ÉCARTELÉE
ÉVOQUANT
QUELQUE
CHARME
TORDU
SCIÉ
SUR
UN
X

martes, 16 de septiembre de 2008

Le escucho

Un día como hoy hace quince años, la NBC emitió el primer capítulo de la que considero que es la mejor sitcom (o comedia de situación, o telecomedia o lo que sea) de la historia de la televisión, y casi que diría de la historia de la humanidad: Frasier.


Fue un 16 de septiembre de 1993 cuando el doctor Frasier Crane, psiquiatra, snob, pedante, bueno, comprometido, cariñoso, inmaduro, volvió a las pantallas de televisión después de estar años en Boston como lugareño con tamburete propio en otra obra maestra de la televisión, Cheers. Ahora lo encontramos en Seattle, divorciado de la castradora Lilith y como celebridad menor de la radio gracias a su programa. Soltero de oro en el mejor apartamento que se ha visto jamás en televisión, de repente su perfecto mundo se va al traste cuando tiene que llevarse a vivir con él a su padre, policía retirado, la terapeuta de éste, a Eddie, el mejor perro de la televisión, y una horrible butaca. Así da inicio uno de esos milagros que de vez en cuando se dan en televisión.

Lo mio con Frasier fue amor a primera vista. Llegué a ella un par de años después, cuando Canal+ la emitió un verano a las 21:00 (creo recordar y si me equivoco me corregís) y en seguida me vi en ese humor y cogí cariño a los personajes. No solo a Frasier, que es casi una representación televisiva de algunas de mis obsesiones y manías como bien me han recalcado muchas veces mis amigos, sino a su padre, a Niles, el hermano aun más snob, o a la maravillosa Rose, uno de esos personajes que quieres como amiga y amante.

Creo que es una de las representaciones de comedia más puras que existen y la demostración que la mayor parte de las veces, menos es más. En Frasier hay pocos personajes pero perfectamente construidos y con fuertes lazos entre sí, poco escenarios (casi se pueden reducir al maravilloso apartamento de Frasier, la radio y el Café Nervossa) y espisodios de veinte minutos de duración con unos guiones de hierro donde en muchas ocasiones pasaban más cosas que en esa hora y media a la que nos tienen acostrumbrados las telecomedias de este país.

Y para mí tiene el valor de ser terapéutica. Me explico... de vez en cuando tengo uno de esos días duros con un millón de cosas en la cabeza (trabajo, responsabilidades, soledad, desengaños amorosos, etc.) y en los que solo se tienen ganas de descansar en silencio. Pongo un dvd de Frasier y eligo un capítulo al azar solo para que me haga reír y me haga olvidar uno de esos asuntos amorosos que llenan los días de silencios. Y entre la comedia me encuentro con esto:

Bueno, es difícil decir qué quiero. Ha pasado tanto tiempo desde que me enamoré realmente de alguien. ¿Conoces esa sensación que tienes después de la primera cita, cuando ni siquiera puedes quedarte dormido? Simplemente te quedas en la cama, despierto, pensando en ella. Eso es lo que quiero.

O cuando curé un dolor de espalda al ver un capítulo donde Frasier tenía un dolor de espalda producido por el estrés que le provocaba un trabajo que no le satisfacía del todo, de tener cuarenta años y seguir soltero y llevar tiempo sin salir con una mujer, por vivir con su padre, etc. Su caso se alejaba de mi caso solo en un hecho (yo tengo treinta años) y en el momento en el que Frasier se da cuenta de esto, yo me doy cuenta de que también es estrés. Y el dolor desaparece.

En mi vida Frasier ha sido muy importante. Especialmente por lo que me ha hecho reír, por su humor ácido, por la ternura, por las veces que mis amigos me han dicho que soy Frasier Crane y por la esperanza que, como él, yo acabe un día de estos con mi Laura Linney.

Os dejo dos fragmentos de la serie. Me hace especial gracia esta escena porque describe muy bien la personalidad de los dos hermanos y la relación con su padre.

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Y éste lo pongo por lo que os comentaba antes de mi identificación con Frasier. Como a él, también me cuesta ver las señales que me manda una mujer... o no las entiendo o las entiendo mal o acabo haciendo el ridículo...

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Y espero que no os veáis afectados por lo que se conoce como Sindrome de Frasier Crane, algo que sólo ven gracioso una persona de cada diez.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Requiescat in pace - David Foster Wallace

Hoy he recibido un mazazo emocional; el escritor David Foster Wallace ha muerto. Se ha ahorcado. No puedo añadir mucho más al hecho de que era uno de mis escritores favoritos, un autor difícil, complicado, exigente, duro. Leer La broma infinita fue una de las experiencias más devastadoras, extenuantes y gratificantes de mi vida. He adaptado e interpretado en teatro alguno de sus cuentos. He leído y releído una y otra vez sus historias maravillado ante el lenguaje, la imagen y la fuerza. Me reía con su humor negro, irónico, cruel en ocasiones. Moralista sin doctrina, posmoderno con sentido del humor y de la autoparodia, exprimidor de todas las posibilidades del lenguaje. Era el mejor de su generación y sin un escritor como él, sin concesiones ni a la industria ni al lector, la literatura pierde algo indefinible y valioso.

Os recomiendo que os lancéis a su libro de relatos La niña del pelo raro y a la colección de artículos Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer ambos publicados por Mondadori. Encontraréis alta literatura, historias duras y grandes carcajadas.

David Foster Wallace (1962-2008)

Os dejo uno de sus microrelatos.

HISTORIA RADICALMENTE CONCENTRADA DE LA ERA POSTINDUSTRIAL

Cuando fueron presentados, él hizo un comentario ingenioso porque quería caer bien. Ella soltó una risotada estrepitosa porque quería caer bien. Luego los dos cogieron sus coches y se fuero solos a sus casas, mirando fijamente la carretera, con la misma mueca en la cara.

Al hombre que los había presentado no le caía demasiado bien ninguno de los dos, pero fingía que sí porque le preocupaba mucho tener buenas relaciones con todo el mundo. Después de todo, nunca se sabe, ¿verdad que no? ¿Verdad? ¿Verdad?

domingo, 14 de septiembre de 2008

Para ayudarme a vivir

Es curioso lo que pasa con la música. Hay momentos que para explicarnos con alargar una canción es suficiente. Y hay cantantes que se hacen tan nuestros que parece que nuestra vida se cuente por ellos, por su voz, por las letras y el suave rasgueo de una guitarra. Es lo que a mí me ocurre con Javier Ruibal.

Hasta que no me di de bruces con su disco Lo que me dice tu boca (2005), no podría decir que tenía eso que llaman "un cantante favorito". Sí, había muchos cantantes que me gustaban. Estaba Aute y Jorge Drexler y Tom Waits, que tan bien explica mis momentos desesperados en Rain Dogs, y Aldebert o Vincent Delerm. Pero en ninguno llegaba a encontrar ese repertorio de canciones que explican una forma de ver el mundo, de entender las relaciones, de entender el amor... y las mujeres... libres, carnales, alegres, hermosas, sueños y realidades.

Y todo eso lo he encontrado en el mundo musical de este hijo del Puerto de Santa Cruz, gaditano hasta los huesos y en unas canciones que mezclan y confunden los ritmos flamencos, latinos, magrebies, jazzisticos. Que se escapa a la canción, a la copla, a chirigotas... a los ritmos populares y a letralizar música de Satie. A una voz cálida y próxima de amigo de copas y confidencias amorosas, de humor en los momentos tristes, de auroras que se pierden en el recuerdo, de la huella de tus labios en mi copa.



sábado, 13 de septiembre de 2008

Crónica de una obra

Durante los últimos meses hemos estado de obras en la librería. Supongo que ya lo sabéis porque en alguna entrada he hecho alguna referencia a la presencia de albañiles y paletas (que es lo mismo, pero muy diferente), electricistas y diferentes forma de polvo, algunas desconocidas para mí, que han ido pupulando por allá. El punto álgido de las obras llegó en pleno mes de agosto cuando cerramos la tienda por unas semanas para desmontar estanterías, poner baldosas nuevas en el suelo (en idioma paletiense catalanis rachola) y acabar de una vez por todas con la instalación eléctica (que se ha hecho nueva de arriba a abajo). Lo que no he hecho en estos meses es entrar en detalles. Y lo que ahora me propongo es iniciar una serie de cróncias que se iran desarrollando en las próximas semanas donde haré un relato concreto y veraz de lo que sucedió cuando estuvimos encerrados una semana en la tienda por obras y de las cosas maravillosas que allí vi.

DIA UNO

La culpa de todo lo que sucedió la tuvo una mosca. Nunca llegaremos a entender como pudo una mosca en pleno verano colarse en la tienda y posarse justo en aquella baldosa. Hablando entre los supervivientes hemos llegado a la conclusión de que quizá todo formaba parte de un plan, que lo que ocurrió tenía que pasar.

Según aprendí esos días, cuando se ponen baldosas nuevas en un suelo no se pueden pisar por lo menos en veinticuatros horas bajo riesgo de que acaezcan grandes desgracias. Alrededor de un fuego, los paletas me explicaron increíbles relatos de infortunados a los que se les ocurrió transgredir unas de las normas sagradas de las obras. No pisar bajo ningún concepto las baldosas recién puestas. Como hijo de la ilustración que soy no podía dejar de arquear una ceja ante esa superstición. Por favor, pensaba, éste es el siglo del acelerador de partículas, Futurama y Feist cantando en Barrio Sesamo, no podemos dejarnos llevar por viejos cuentos de paletas. ¡Qué ingenuo que era! En unos pocos minutos iba a descubrir que en el mundo hay más cosas de las que podemos llegar a entender.

Y en cierta manera, soy el responsable de todo lo que sucedió después. Yo vi a la mosca entrar en la tienda. Vi su vuelo errático y curioso, como planeaba por los escombros, por los restos de reses muertas y vi como traspasaba la frontera de la botella de agua (esa era la marca que separaba lo que se podía pisar de lo que no se podía pisar). Y no hice nada. Iba cargado con unos libros de cocina y aunque vi perfectamente como la mosca iniciaba el vuelo de aproximación hacia la baldosa, en ningún momento tiré los libros al suelo y salté para impedir que se posara. Sencillamente esbocé una sonrisa y deseé, sí, deseé que tomará suelo para demostrar a aquellos paletas que todas sus creencias no eran más que cuentos de albañiles. La mosca posó grácil sus patas en la baldosa. Y empezó todo.

El suelo se hundió a sus patas.

Por unos breves instantes la tienda se convirtió en una nube de polvo que llenó gargantas y ojos. Se oyó un estruendo y algo parecido a la risa del diablo emergió del suelo. Cuando el polvo se posó entre los libros y a nuestros pies, la mosca había desaparecido. Donde antes estaba orgullosa sobre la baldosa se abría un agujero, una fosa negra que parecía no tener fondo.

Uno de los obreros se asomó al agujero.

- ¡Hay una puerta! Al fondo hay una puerta.

Nos reunimos al calor de una botella de Vega Sicilia para discutir qué hacer. Habíamos descubierto por accidente un túnel en el subsuelo igualadino. ¿Teníamos que avisar a las autoridades? Esto se desestimó al primer momento. ¿Qué hacer? Podríamos estar ante un descubrimiento arqueológico de primera magnitud. Quizá unos túneles de la guerra civil, un vestigio romano o pruebas de la existencia de la civilización hibórea. Después de mucho discutir se decidió que un grupo de nosotros iniciase una exploración preliminar para determinar el alcance del descubrimiento.

El grupo estaba formado por cinco personas. Un albañil, un electricista, un yesero, un mimo que pasaba por allí y yo, en representación del gremio de libreros. Armados sólo con un par de linternas descendimos al recién descubierto túnel.

Y empezó la mayor aventura de mi vida; una aventura que me permitió conocer el terror, la abominación, el honor, el significado de la palabra sacrificio, el amor verdadero y que me ha transformado en otro, en un hombre diferente que sigue soltero y sin compromiso, con trabajo estable, de buena conversación y aspecto agradable.

Imagen de las obras en la librería en su punto álgido

CONTINUARÁ...

viernes, 12 de septiembre de 2008

... Y ya son 50

Buenas a todos,

ésta es la entrada cincuenta. La verdad, no pensaba que llegaría tan lejos.

Tenía medio preparada una entrada algo conmemorativa, algo sentimental, donde hablaba de lo que me ha aportado tener un blog, de las personas que he conocido, de lo que he ido descubriendo en libros, música, países y culturas. Pero paso de todo. Que esta entrada sea la número cincuenta tiene la misma importancia que el día de mi cumpleaños, algo meramente anecdótico. Así que lo único que quiero dar las gracias a los que leéis todo esto. Y no encuentro mejor forma de hacerlo que no sea por medio de la música, el baile, las luces y la alegría.

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Too Darn Hot, Letra y música de Cole Porter

miércoles, 10 de septiembre de 2008

martes, 9 de septiembre de 2008

Consejos para jóvenes que quieren "quedar bien"

Nota aclaratoria: esta entrada no contiene ninguna técnica para ligar ni ninguna frase infalible para entrar a una muchacha en la discoteca. Sería muy cínico por mi parte pretender imitar al gran Ovidio y lanzarme a dar consejos para conquistar a una mujer. Los que me conocen saben que ese es un campo que no domino y que me suelo considerar contento cuando estoy delante de una chica que me gusta y no quedo como un perfecto imbécil.

Entre las competencias de todo libreto está aconsejar libros a los clientes; la tan temida frase de "recomiéndame un libro". Dejando a parte los tópicos sobre los gustos personales y todo eso, es un asunto muy delicado. Personalmente es una faceta del negocio que me gusta y a la que me aplico con humor, rigor y generosidad. Y tengo unas reglas básicas: no recomendar libros que se vendan solos o que estén en las listas de los más vendidos, dar preferencia a las pequeñas joyas que pueden pasar desapercibidas por la avalancha de novedades con las que nos torturan las editoriales, hablar con el cliente para saber qué le gusta, qué ha leído antes, dar una respuesta sincera a una pregunta, etc.

De vez en cuando, de toda estas personas que vienen a la librería buscando consejo, aparece un chico buscando un libro para una chica. Suelen ir bastante perdidos y se confían plenamente a lo que se les recomienda,. Hablando con ellos descubres, y todo gracias a la confidencialina que desprendo, que lo que en verdad buscan es un libro para "quedar bien" con una chica con la que acaban de empezar una relación, o que tienen esperanzas puestas en que ésta empiece pronto. Es un asunto delicado y lleno de responsabilidad. No puedes despacharlo en un momento largándole un manual de taxidermia y diciendo que eso seguro que le encanta. Estos asuntos me los tomo muy en serio. Y debo decir que gracias a mi tangencial y anecdótica intervención he visto nacer tres relaciones que, de momento, no han acabado en incendio.

Así que entre lo que he oído en la tienda, lo que he visto, me han dicho y mi propia experiencia he decidido hacer una pequeña recopilación de una serie de libros para "quedar bien" y una serie de reglas de lo que no debe hacerse. Es una lista parcial, personal y que no garantiza absolutamente nada.


1. Si a ella no le gusta leer, no le compres un libro.

2. No regalar ni un best-seller ni un libro de moda. Los motivos son sencillos: tiene un alto número de posibilidades de haberlo leído, de tenerlo, de que se lo hayan dejado, etc. Además, da la sensación de no haber pensado demasiado y haberse lanzado a lo fácil. Entrar en la librería y preguntar qué es lo que más se vende para regalarlo. Ejemplo de esto es el caso de una clienta habitual, una muchacha preciosa de diecisiete años que en los últimos meses ha tenido que cambiar tres ejemplares de El niño con el pijama de rayas regalado por tres admiradores diferentes. Lo mejor del caso es que el libro no le gustó. Por tanto, nada de juegos de ángeles, secretos, alquimistas, cuentos para que pienses tonto o mundos que no se acaban.

3. Por favor, no regales libros de autoayuda. ¿Quieres que piense ella que tú crees que necesita ayuda? Te aseguro que títulos como Evite ser utilizado no son una buena idea.

4. Si ella trabaja como sesadora de pollos, no le compres un ejemplar sobre cómo sesar pollos. Si estudia educación infantil, no le compres un libro sobre cómo hay que tratar a los niños de tres años en el aula. Y si es cocinera, por favor, olvida el libro Cocina para inútiles. No creo que sea buena idea comprar algo relacionado ni con lo que estudia ni con el trabajo. Si la intención es "quedar bien", hay que sorprender con algo diferente.

5. Un libro de poesia es una buena opción, pero hay que saber elegir bien el título. Oliverio Girondo es una buena opción, Gemma Gorga, también. Nuna, nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto se debe regalar Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Nunca, de verdad. Nunca. Este libro está muy sobado, es un tópico y la imagen que da es la de tío que intenta venderse y hacer creer que lee poesia. Asistí a una conversación entre dos amigas en que una de ellas se quejaba de que otro tío le había regalado los Veinte poemas de amor... y que, como todos, lo había firmado con unos versos de Becquer. La imagen que había quedado de este tipo no era muy buena, precisamente.

6. Una buena opción y original sería un álbum ilustrado. Sí, un libro infantil, no me miréis así. Títulos como Enamorados de Rebecca Dautremer (ed. Kokinos), El árbol rojo de Shaun Pan o Desencuentros de Jimmi Liao (ambos editados por la maravillosa Barbara Fiore) consiguen el punto justo de originalidad, sentimiento, sentido del humor, encanto, maravilla y momento especial.

7. Una buena novela sería La historía del amor de Nicole Krauss (Salamanda en castellano, La magrana en catalán) porque habla de todo tipo de amor, porque aparecen personas que se dan la mano para compartir su soledad, porque tiene humor, etc. Otra opción es Lo único que queda es el amor de Agustín Fernández Paz, un libro de relatos deliciosos, bellamente encuadernado que deja una ligera sensación de melancolía en los ojos.

8. Un ejemplar de Rayuela lleno de anotaciones es un buen regalo, Trópico de cáncer es más atrevido, pero creo que merece la pena intentarlo.

Seguro que hay más títulos y seguro que en la libreta de pensar tengo apuntados muchos más, pero de momento bastará con éstos. Creo que son libros perfectos para "quedar bien", para hacer un regalo especial a una persona que se quiere hacer más especial. Y algunos de estos libros son los que han hecho que esas parejas que he citado al principio se unieran. También tengo que decir que siguiendo el mismo consejo que he dado a los clientes he regalado alguno de estos libros a alguna muchacha que me gustaba y bueno... digamos que los resultados distaban de la expectativa (básicamente no ha habido resultados)... aunque eso sí "quedar bien" he quedado bien.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Anécdotas librescas

A raíz de mi anterior entrada sobre anécdotas que me han sucedido en la librería, varias personas se han dirigido a mí para defender sus derechos como clientes diciendo que ellos también pueden explicar anécdotas sobre la inutilidad de los libreros que no saben escribir la palabra fenomenología de una tirada o que desconocen si Ortega y Gasset son uno o dos. Completamente de acuerdo. Inútiles hay en ambos lados del mostrador, y en ningún momento he querido decir los clientes que entran en una librería sean en su inmensa mayoría idiotas, vengan sin información o dentro suyo anide un psicópata en potencia. Pero para esta sección, del 95% de los clientes no vale la pena hablar porque producen anécdotas como ésta:

- Hola, buenos días.
- Buenos días.
- ¿Tenéis Los girasoles ciegos de Alberto Méndez? Creo que está publicado en Anagrama.
- Sí... Aquí tiene.
- Gracias, ¿cuánto es?
- Catorce euros.
- Tenga. ¿Lo ha leído?
- Sí.
- ¿Y qué tal?
- Lo mejor escrito en castellano en lo que va de siglo. Una maravilla. Aquí tiene su cambio.
- Gracias, buenos días.
- Buenos días. ¿A quién le toca?
- A mí. Buenos días. ¿Tiene Incerta gloria de Joan Sales?
- Sí, si me acompaña...

Esto es un rollo. Buenos clientes, pero aburridos. Si hablo de los clientes extraños, los curiosos, los extravagantes o los directamente imbéciles lo hago por vosotros para que no os aburráis y conseguir al menos que esbocéis una media sonrisa. Así pues, después de este innecesario preambulo vamos al tajo.


Un sábado por la tarde extrañamente tranquilo entró en la librería una mujer atractiva, elegante, sofisticada que buscaba doce libros para regalar a su hijo de dieciséis años. Me explicó que su hijo lee mucho, es muy inteligente y quería libros que entrarían en categorías de literatura para adultos. Hizo un especial hincapié en que le proporcionará clásicos. Como no había mucha gente me dediqué al encargo con entusiasmo. No solo porque fuera una buena venta (que lo era, fácilmente llegaría esta mujer a los 200 euros), sino porque para el librero que le gusta su trabajo ésta es una ocasión perfecta para lucirse. No recuerdo todos los libros que le elegí, pero entre ellos estaba Matar a un ruiseñor, Cosecha roja, La isla del tesoro (¡como no!), La piedra lunar, etc.
- Bueno, pues aquí tiene... doce libros - le dije con mi mejor sonrisa de un trabajo bien hecho.
- Gracias. Me encanta la selección, es preciosa. A mí hijo le encantará. Muy buen trabajo.
- Gracias. ¿Se los envuelvo para regalo?
- No, antes de envolverlos... ¿Tienes estos mismos libros del mismo tamaño?
Momento de silencio.
- ¿Qué? - dije.
- Pues que todos tengan el mismo tamaño. Es que estos que me has dado son muy diferentes.
Y en esto tenía razón, había libros de tapa dura, rústica, ediciones de bolsillo, de 15 centímetros de alto, de 21, de... doce libros diferentes entre sí.
- No, las ediciones son estas.
- ¿Pero no los hacen todos iguales? ¿Al menos con la misma encuadernación?
- No, quiero decir... una editorial edita un libro con su criterio y otra lo edita con otro criterio y...
- Pues podrían ponerse de acuerdo.
- Sí, si hablarán entre ellas...
- Sabes que pasa - me dijo con una sonrisa lupina en los labios - que me ponen muy nerviosa el desorden. Y lo que más nerviosa y de mal humor me pone son las montañitas. Ver libros más altos que otros... a mí me gustan que los libros sean todos del mismo tamaño, que todo esté en su sitio, ordenado, controlado...
- Ya.
- Y estos libros... que me encanta la seleccción de verdad... pero son muy diferente entre sí y me estaría muy nerviosa pensado en las montañitas que formarían estos libros en la habitación de mi hijo... ¿De verdad no los tienes del mismo tamaño?
- No, de verdad.
- ¿Y no puedes darme ninguna solución?
- Pues tiene dos opciones. O los compra así con todo el desorden que supone, o los compra y les doy un tajo de guillotina y se los dejo en un momento como paridos de una misma madre.
Me miró como si fuera un monstruo.
Poco después salió de la librería. No compró ningún libro porque los que le gustaba no tenían el mismo tamaño o tenían el mismo tamaño, pero la encuadernación era muy diferente entre sí. Yo perdí una buena venta por no conseguir que todas las editoriales de este país unifiquen sus criterios de edición y con la sensación de que veinte minutos de mi vida se habían ido por el retrete.

***

Un chico entra en la tienda. A primera vista no pertenece a ninguna tribu concreta de desorientados adolescentes. Se espera a que acabemos con algunos clientes. Le atiende mi jefe. Hablan entre ellos hasta que mi jefe me llama.
- Jorge - me dice - ¿te suena si tenemos en la tienda el Necronomicon?
Observo en sus ojos un brillo de jubilo y una expresión del tipo "no pienso reírme de este chaval".
- ¿La recopilación de relatos de Lovecraft?
- No - dice el chaval - el Necronomicon original. La Biblia negra, el libro que dicto Satanás al poeta Abdul Al-Hazred.
- ¿Y que está forrado con piel humana, escrito con sangre de inocentes y permite el acceso a otros mundos y dimensiones? ¿El que sale en Posesión infernal?
- Sí, ése. ¿Lo tenéis?
- No, lo siento. No está a la venta. Piensa que hacer una edición con piel humana es muy cara y se hacen muy pocos números.
- Claro... Bueno, pues nada, gracias.
Y salió tranquilamente de la tienda quizá pensando que por Internet podría conseguirlo.

***
La última anécdota de hoy no me pasó a mí directamente sino a mi compañero de cuitas librescas Cristóbal. Entró un tipo de unos veinte años con el aspecto de persona que acaba de salir de un after hours a las seis de la tarde después de 72 horas de despedida de soltero. No parecía muy acostumbrado al ambiente de la librería. Se acerca a Cristóbal.
- ¿Tenéis libros de poesía? De esos para decirles cosas bonitas a la niñas...
- ¿Es para un regalo?
- Pues claro.
- Mira - dice Cristóbal con toda su buena voluntad - tenemos éste que perfecto para un regalo. Son poemas de Lorca, Neruda y Salinas. Con fotografías. Es un buen libro.
El tipo abre el libro y lo ojea...
- No, esto no. Las frases son muy largas. Y yo quiero un libro con frases cortas. Para decirle cosas bonitas a las niñas, ¿sabes lo que te quiero decir?
Cristóbal lo acompañó a la sección de poesia.
- Mira un poco por aquí. Aquí hay alguna antología de poesia amorosa.
- ¿Pero sabes lo que te quiero decir? Para decirle cosas bonitas a las niñas...
- Mírate este libro.
- No, joder, son muy largas... frases cortas.
Cristóbal empezó a roerse los sesos para volver a sus tiempos de instituto en la clase de literatura cuando hablaron de métrica intentando recordar qué verso era el más corto y si teníamos algún libro.
- Pues ahora...
- ¿Sabes lo que te quiero decir? Frases cortas... para decirles cosas bonitas a las niñas... ¿sabes lo que te quiero decir? ¿lo sabes? ¿lo sabes?
- No...
- Pues me largo - y se dirigió a la salida como Clint Eastwood al final de La muerte tiene un precio.
Cristóbal, colapsado, solo acertó a dirigirle una réplica dura e incisiva.
- Pues adiós.
Y le quedó la sensación horrible e injustificada de que había quedado como un imbécil.

Y el próximo día os explicaré la historia del tipo que se enfadó conmigo porque no teníamos en la tienda una sección dedicada a la filatelia canadiense.

sábado, 6 de septiembre de 2008

viernes, 5 de septiembre de 2008

Palabras silenciadas

Issac Babel (Rusia, 1890-1941). Escritor. Autor de Caballería roja y multitud de cuentos sin los que no se explicaría la evolución de la literatura en el siglo XX. Murió fusilado después de incontables torturas a manos de las fuerzas estalinistas en los años de las purgas masivas de intelectuales.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Música de bolsillo

Cantar es bueno.
Cantar es importante.

Me gusta ver a gente cantando. Cuando estábamos en plena temporada de obras en la librería teníamos de hilo musical a los paletas destrozando los últimos éxitos de los 40 siempre iguales. Me gusta salir algunos días a la terraza de casa y oír una vecina medio entonar de forma ininteligible una canción que no es consciente que canta. A mi amiga Montse haciendo esfuerzos épicos por seguir la letra de una canción en japonés y a una camarera que en voz baja y sin darse cuenta cantaba a Carlos Varela mientras preparaba un capuccino y me enamoraba. Uno de los mejores recuerdos que tengo de mi pasado viaje a La Habana es esta con los amigos de allá sentado en la Avenida de los Presidentes, cuando ya había caído la noche, y entreteníamos el tiempo con una guitarra y viejas canciones de Aute. Me gusta cantar, aunque no lo hago nunca por respeto a quien me rodea. Me gusta ver gente cantando por la calle y me gusta descubrir nuevas músicas, nuevas voces y rostros, nuevas emociones en lenguas que no conozco.

Todo esto viene a cuento de una página web que encontré gracias a Maria. Uno de los enlaces que tenía me llevó a un enlace que me llevó a un enlace que me llevó a Brasil donde encontré a un grupo de gente que une música y calle. La página que encontré se llama Musica de bolso y es uno de los proyectos musicales y audiovisuales más interesantes que de momento he encontrado. Me explico.

Según la declaración de principios que hacen en su web, Musica de bolso quiere ser un proyecto audiovisual que haga música para ver y vídeos para oír. Se trata de simplificar al máximo el lenguaje de los videoclips volviendo a lo que sería más primario y básico: un músico, una cámara y un lugar. Que la música fluya de forma directa entre el artista y el público, en este caso la persona que está sentada delante de un ordenador. Así que en esta página llena de vídeos encontramos músicos de Brasil a los que se les ofreció grabar una canción (en la mayoría de los casos la solo acompañado con una guitarra o una sencilla percusión) en un lugar donde no fuese habitual cantar. Así nos encontramos canciones interpretadas en una sauna, en una zanja de una obra, en balcones, tiendas de ropa, entre dos coches, en medio de flores, etc.

Os invito a visitar esta página, a explorarla, a engancharos a cantantes que no conocéis, dejaros transportar por un idioma desconocido, por la calidez y la proximidad, por lo sencillo, por lo maravilloso que es que en el mundo haya personas que montes estos proyectos para que todos los demás podamos disfrutarlos.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

martes, 2 de septiembre de 2008

Lecturas

Fotografía encontrada por Montse Muñoz Serrano